miércoles, 4 de mayo de 2022

Capítulo 5.6. La economía compartida y el bien común



Hoy me duele y sé por qué es,

todo dolor viene de la separación,

me siento con una mano y un pie en el puente, con el arnés puesto y la cuerda colgando,

todos me miran esperando mi decisión,

ya he decidido que voy a saltar del puente al vacío,

pero no acabo de saltar,

ya, salta, salto.

Es como estar conduciendo por el barro, me voy hundiendo,

solo necesito dar un volantazo brusco y apretar el acelerador,

o rompo o no sobrevivo.

De lo mío separado a lo de todos compartido hay la solidaridad,

me fascina la solidaridad de médicos y personal sanitario,

los donantes de contenidos audiovisuales, el Ballet del Bolshoi, los museos de arte,

es una visión diferente e innovadora de nuestra sociedad, economía y medioambiente,

como bien común,

es la década del altruismo y la cooperación como formas alternativas de mercado,

de la economía compartida y el bien común,

de modelos de negocio como Airbnb, Car2go y Zilok,

donde la propiedad privada sigue existiendo,

pero el uso ya no es privativo de la propiedad sino de múltiples y sucesivos usuarios,

posible gracias a la capacidad de Internet de generar mercados

de costes de transacción bajos y accesos altos,

decimos que el gran bien común del siglo es Internet, compartición y cooperación.

El Premio Nobel de Economía en 2009, por cierto, el primero otorgado a una mujer,

fue recibido por la estadounidense Elinor Ostrom,

quien desafía la creencia anterior de que la propiedad común

es gestionada de manera pobre y debería ser regulada por el Gobierno y privatizada,

analiza prados en ganadería, pesca, bosques y lagos,  

y concluye que los resultados en la gestión cooperativa de los mismos

son mejores de lo previsto,

frecuentemente desarrollan sofisticados mecanismos de toma de decisiones

y regulación para manejar el conflicto, que los convierte en exitosos.

Entender el software open source y el fenómeno Wikipedia

es esencial para entender el siglo XXI,

en la sociedad del individualismo y el materialismo hay también toda una serie de elementos,

como el espectro de radio, los espacios urbanos o el genoma humano,

que son de todos,

como la pesca, la tierra y el agua, nadie los posee pero son compartidos por todos.

David Bollier (*) relata que en Hyderabad, India,

una comunidad de mujeres vivía como trabajadoras mal pagadas en una fábrica,

hasta que se han liberado y convertido en agricultoras, vendiendo semillas de colores,

son 5000 mujeres dedicadas a cultivar semillas tradicionales, sin modificación genética,

vienen de la casta dalit, una de las más pobres y de más bajo nivel social,

supone un trabajo de recuperación de conocimiento popular,

al contrario de las habituales políticas gubernamentales de transferencia de tecnología.

Un bien común necesita un recurso, una comunidad y un conjunto de protocolos sociales,

lo que caracteriza este proyecto no solo es el conocimiento de un recurso común

y una política de uso colectivo,

sino un enfoque a lo equitativo, acceso universal y sostenibilidad,

es además rentable, es decir,

rompen el mito de que la única forma de gobernanza rentable es el mercado.

Es exitoso porque hay amor hacia el recurso,

y porque las relaciones entre las personas son lo que importa.

Uno de los proyectos históricos de éxito es Linux,

en 1991, Linus Torvalds, con 21 años, finlandés,

decidió diseñar un sistema operativo completo,

un reto de esta magnitud parece solo conseguible por una gran multinacional

con un plan de negocio de mercado,

sin embargo, un esfuerzo colectivo de cientos de programadores,

sin ánimo de lucro, voluntarios,

hizo posible uno de los sistemas operativos mejores de la historia de la computación.

Hoy son posibles proyectos de crowdfunding, fundraising,

el Global Village Construction Set (equipos de granja siguiendo el modelo Linux)…

no es fácil encontrar qué tienen en común en términos de lecciones aprendidas,

qué funciona y qué no, qué es justo o qué es bueno,

¿Cuál es la mejor forma de regar muchas hectáreas cuando el recurso agua es escaso?

¿Qué tipo de acceso es justo a un área de pesca?

¿Qué es justo hacer con vándalos y egoístas, los que tratan de beneficiarse sin adquirir responsabilidades?

¿Cómo evitar la sobreexplotación de un bosque? …

yo opto por la cooperación.

Por ejemplo, la comunidad surfista de Hawái,

tiene unos protocolos implícitos desarrollados por las personas,

igual que el monte Everest,

en tanto que entornos peligrosos, sería un caos sin ellos,

hay una etiqueta como comportamiento, un código de violación e incluso un castigo,

en el Himalaya, el respeto a la montaña es compartido por la comunidad,

la pregunta es: ¿quién es el legítimo “servant”, el Estado o los montañeros?

¿Cuál es el medio más eficaz para su protección?

Un bien común es un entendimiento compartido

sobre los derechos de uso de un bien compartido.

Desde la óptica del Estado, la solución es constituir un cuerpo de policía,

que asegure el cumplimiento de las reglas,

y esto es más caro y menos eficaz que la imaginación y el compromiso de los practicantes,

que de forma informal gobiernan el recurso.

Es más, en la cooperación, se convierte en hábito la negociación explícita del recurso,

y la costumbre se convierte en ley vernácula,

es decir, un orden efectivo y una legitimación moral en sí,

por ejemplo, esperar una cola o la etiqueta en la mesa,

que dicta no servirse la última porción, son costumbres ya interiorizadas.

El bien común viene asociado a un cuerpo de valores éticos,

representados por la participación, la transparencia, la justicia,

el acceso para uso personal…

pero, sobre todo, la adaptación, es un ser vivo que depende de las contingencias locales,

y que varía según el ecosistema, la economía y la historia cultural.

El conocido mito de la tragedia de los bienes comunes (o dilema del prado)

viene de una posible mala gestión del recurso,

Garret Hardin en Science, 1968, imaginaba un pasto, una pradera verde,

si todos los ganaderos llenan la pradera lo más posible con su ganado,

llega un día en que se rebasa la capacidad,

la pregunta es: ¿cuál es la utilidad marginal de introducir un animal más?

Si cada uno de los ganaderos ven el problema desde la racionalidad,

no encuentran el límite, se rebasa la capacidad y acaba en tragedia,

como el recurso es limitado, es la ruina,

es decir, la libertad de uso de un bien común trae la ruina para todos.

La imposibilidad de la acción colectiva, en tanto que mito,

queda implantado en el inconsciente de todo estudiante de economía,

bien común es sinónimo de caos, ruina y fracaso.

Para entender el mito, es necesario diferenciar

un régimen de acceso libre y abierto para todos,

de un sistema informal de límites, reglas, normas sociales

y sanciones al “free rider”, al beneficiario gratuito, al parásito, al polizón,

al oportunista egoísta e insolidario.

El bien común necesita una comunidad que actúe como sirviente (“servant”) del recurso.

Hay multitud de juegos y argumentos para promover la eficacia de los mercados

y demostrar el mito de la tragedia del bien común.

Por ejemplo, el dilema del prisionero estudia el comportamiento de individuos racionales

para con los dilemas sociales,

analiza qué incentivos tienen dos encausados de crimen

para delatar a su cómplice o proclamar su inocencia,

es un juego no cooperativo, de suma no nula, del tipo equilibrio de Nash,

¿debería el prisionero cooperar con otros o debería hacer un uso ilimitado del recurso?

la conclusión es que el éxito mayor viene de equilibrar una acción colaborativa y competitiva

cuando se juega un numero grande de veces,

pero es un juego y por tanto aislado de su sociedad, historia y cultura.

En el juego no hay comunicación ni confianza entre los jugadores,

por eso no nos lleva a conclusiones reales a la hora de diseñar la gestión de un bien común.

Ostrom dedicó su investigación a entrevistar cooperativas reales,

preguntaba por qué mecanismo se establecía el límite de cantidad de pesca,

cómo lidiaban con situaciones de parasitismo oportunista,

cómo resolvía la comunidad los problemas de acción colectiva,

qué variables facilitaban el diseño de la auto-organización,

cómo hacían esa auto-organización sostenible en el tiempo,

qué problemas no se resuelven y es necesario la intervención externa.

En Europa hemos sabido desde hace un milenio gestionar nuestras montañas,

nuestros bosques y nuestra agua,

el regadío compartido en el sur de España es una tradición,

habiendo sobrevivido crisis y años de sequía,

reglas como que solo se puede pescar peces de un tamaño,

recoger fruta después de una fecha o utilizar leña caída del bosque,

se han desarrollado durante siglos.

El bien común global (el mar o la atmósfera) y digital sigue las mismas pautas,

aunque por ejemplo Internet se considera un bien reproducible a prácticamente coste cero,

y por lo tanto el problema del parasito es menos importante.

El mercado está siempre tentado de ejecutar el confinamiento de los bienes comunes,

por ejemplo, el agua potable podría ser un servicio público por parte de los gobiernos,

pero no faltan inversores comprando yacimientos acuíferos,

ni gobiernos privatizando la gestión del agua municipal.

Por ejemplo, Warner tiene el copyright de la canción “cumpleaños feliz”.

El ciberespacio tiene solo tres décadas de historia,

pero es un espacio ideal para innovadores e idealistas,

sorprendentemente demuestra capacidad enorme

para promover la compartición y la cooperación social,

como si fuera combustión espontánea,

nuevas especies de producción creativa crecen constantemente,

que no son basadas en mercados ni controladas por los gobiernos.

La primera revelación de este bien común digital online

es el software de código abierto como Perl, Sendmail, Apache o Linux,

después viene la blogosfera, las redes sociales,

y Wikipedia, una especie de república digital en sí misma,

cada día aumenta el contenido educacional libre abierto

de libros de texto y materiales de cursos.

Mucho de esto es posible gracias a las licencias Creative Commons,

invierten la idea tradicional de control estricto de uso a autorización legal de compartición,

es posible crear contenidos que pueden ser compartidos libremente,

salvo para apropiación privada o comercialización.

Por ejemplo, en 2012, Harvard University declaró públicamente

su consejo a los profesores de no publicar en journals que requerían acceso de pago

la espiral de viralidad que empezó con el software abierto y las licencias CC

sigue expandiéndose a sectores como el diseño de ropa, muebles e incluso automóviles.

Arduino permite la customización abierta de placas de computación

para los usos más innovadores,

Wikispeed tiene por objeto diseñar un coche de carreras modular y sostenible,

Crisis Commons organiza voluntarios en respuesta a desastres naturales,

la ciudad de Linz, Austria, se ha comprometido

al uso de Software Abierto y licencias CC en todos los sectores.

Quiero promover la innovación alrededor del bien común,

como un nuevo paradigma de desarrollo,

puede resultar la nueva visión del desarrollo humano,

de alguna forma rompe el gap entre medioambiente

y nuestras políticas socioeconómicas humanas,

y nos alinea con el flujo de nuestro entorno, nos hace sostenibles, nos hace regenerativos.

(*) Think like a commoner

 

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