Quiero ser un hombre, un hombre que pueda navegar el
presente y el futuro.
Las cosas son según el cristal a través del que las miro,
y es que en el mundo traidor,
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color,
del cristal con que se mira,
decía Ramón de Campoamor en su poema Dos Linternas.
Yo soy capaz de conocer mi mundo, de generar una relación
con él,
pero no directamente, siempre a través de una capa mediadora
que llamo percepción,
el diseñador Escher nos da ejemplos visuales de la
percepción omnipresente,
todas estas dudas han constituido la disciplina de la Teoría
del Conocimiento desde hace 30 siglos.
Narra un cuento oriental que se encontraron tres ciegos,
a tratar de entender la forma de un elefante,
el primero tocó el lomo y lo describió como un muro,
el segundo tocó una pata y lo describió como un pilar,
el tercero tocó el rabo y lo describió como una cuerda,
cada uno dio su descripción certera,
pero no se dieron cuenta de que dependía de qué parte
analizasen.
Se trata de contestar la siguiente pregunta: ¿Todo cambia?
¿Todo parece cambiar?
según Advaita Vedanta, filosofía hindú de hace 26 siglos, el
universo no cambia;
es el perceptor quien lo recuerda constantemente diferente.
De igual manera que el agua,
al cambiar las condiciones de temperatura y presión
atmosférica,
adopta un estado sólido, líquido o gaseoso,
también el color de las gafas o las varias condiciones de
sujetos y objetos,
genera la representación de universos diferentes percibidos
por distintos sujetos.
En términos kantianos, si tomo una realidad única e inmóvil,
y le aplico las categorías innatas de tiempo y espacio con
las que nace la mente,
tengo un mundo cambiante y mutable.
Ni mucho menos ya el espacio y el tiempo son absolutos como
los entendía Newton,
son más bien una intuición.
Un día de 1987 le dije a mi tío Miguel que había decidido
dedicar mi vida al conocimiento,
a aprender,
desde entonces no me importó demasiado lo material,
más bien fue un colateral con el que me encontré en el
proceso del saber y del aprender bien.
Descubrí que la teoría sin práctica es nada,
la filosofía no es más que un mar confuso para el aprendiz
poco diestro en la vida real,
para algunos que experimentan afecto por la filosofía,
ésta se convierte en un cuerpo de ideas profundamente
metafísicas,
que suelen parecer altamente teóricas y prácticamente
inalcanzables.
Desgraciadamente, muchas de las conclusiones de la filosofía,
parecen afirmaciones lejanas solo alcanzables por unos pocos
elegidos,
aquellos que aprecian la vida real y que aprecian la
autoindagación,
como San Agustín, que tuvo que vivir una vida de rico, de
pobre.. diversa,
además de una introspección sistemática para poder escribir
La Ciudad de Dios.
¿Robar es malo?
¿Encontrar las zonas alegales para beneficiarse
personalmente de ellas es malo?
¿Empujar los límites de las normas en beneficio propio es
malo?
Yo diría que fundamentalmente crea agitación mental,
inestabilidad, desequilibrio en mí,
y hay una enorme brecha existente,
entre una mente equilibrada que percibe la realidad del
mundo y,
en contraste, aquella realidad que suele aparecer a los ojos
de quien lo observa,
a través de las agitadas olas de sus incontrolados
pensamientos.
No existe tal cosa como el mundo, solo existe la
representación del mundo que yo hago,
libre de agitaciones mentales, esta representación y la
experiencia en el mundo,
es radicalmente diferente.
Parménides de Elea, en el siglo VI a.C., escribió “Sobre la
Naturaleza”,
un mito en el que es conducido hasta la Diosa de la Verdad,
y tiene una revelación de carácter filosófico:
lo que es, el Ser, puede pensarse; lo que no es, el No-ser,
no puede pensarse.
Esta afirmación sitúa al ser como unidad y rechaza el
devenir, el cambio y la multiplicidad,
para él, todo lo relacionado con la multiplicidad es
solamente una ilusión,
el ser es unidad, indivisible e inmutable.
¿Cómo describiría el funcionamiento de la percepción?
Primero está el objeto externo, la forma en el mundo,
mutante, efímera y externa,
a través del sentido de la vista (uno de los cinco sentidos)
es percibida por el perceptor.
Más tarde, la mente percibe el sentido de la vista.
Finalmente, la Conciencia percibe la mente,
esta última Conciencia que no es percibida por ningún otro
agente previo ni posterior,
ha sido a veces denominada Dios, o Ser Humano, o Conciencia
No-dual, o Testigo,
no importa la etiqueta que le pongamos en cada cultura.
¿Es posible que el perceptor pueda conocer realmente lo
percibido?
¿Es el perceptor el agente activo de conocimiento o, es lo
percibido?
¿Cuál es la frontera entre el sujeto y el objeto?
¿Qué es entonces la mente?
¿Podríamos definirla como la codificación de la información
del sujeto?
Una forma de relacionar el objeto externo y la mente es el
estado de conciencia de sueño,
como decía Calderón de la Barca,
“Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es
pequeño; que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son”,
en el sueño, la mente es ambos, sujeto y objeto.
Otra forma de relacionar el objeto externo y la mente es el
pensamiento,
aquí la mente mezcla el aquí y ahora con la memoria, el
pasado,
es una herramienta tan potente como peligrosa para extraer
conclusiones y tomar decisiones.
Finalmente, otra forma de relacionar el objeto externo y la
mente es la observación pura,
el aquí y ahora se percibe por la mente sin intervención,
las formas son múltiples, amarillas, azules, densas,
sutiles, cortas, largas…
porque el sentido de la vista es capaz de hacer estas
diferencias,
sin embargo, el sentido de la vista se mantiene uno e
invariable.
En Advaita Vedanta, se diferencia entre el “Citta”,
que es todo ese conjunto agitado de pensamientos, emociones,
pasiones y sentimientos,
el “Manas”, que son las actividades que se ejecutan a partir
del citta,
es decir, inteligencia, lógica, ordenación, razonamiento y
duda,
el “buddhi”, la actividad de conocer indudable cuando el
manas se desactiva.
Así, el “Manas” ve cambio y diversidad, como decía
Heráclito,
mientras que el “buddhi” ve permanencia y el ser inmutable,
son dos capacidades diferentes.
El Budismo afirma que la impermanencia y la dualidad inducen
dolor psicológico,
a través de educación mental, es posible llegar a una
representación del universo no dual,
donde el perceptor es no-diferente de aquello que conoce,
no existe el nacimiento ni la muerte,
es el ser de Parménides.
Yo lo veo así,
un hombre, que podía ser una mujer, rellenito y sonriente
sentado,
mucho más pequeño, un muñequito delgado y flemático,
que da vueltas corriendo alrededor del primero.
Normalmente da vueltas sonriendo, pero de vez en cuando el
enorme ser sentado tose,
el primero se asusta y sigue corriendo sin parar con miedo
en el rostro.
El primero es el ser, el inconsciente, la Conciencia no-dual,
el segundo es el ego, la mente.

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