viernes, 6 de mayo de 2022

Capítulo 18. Mi niño interior

 


En mi día a día, experimento situaciones donde se reflejan asuntos no resueltos de mi niñez,

me impactan impacto psíquica y emocionalmente, me paralizan y limitan ciertos espacios de mi vida.

Siguiendo patrones de conducta y creencias que adopté en mi infancia,

que en su momento servían como escudo protector,

me llevan a pensamientos y conductas no deseadas,

pero inevitables.

Estas emociones son de diferente índole, dolor, enfado, miedo, desconfianza, etc...

por eso, mi motivación máxima es reestructurar estas creencias y pensamientos,

y por consiguiente sus emociones,

con la finalidad de disminuir la cantidad de momentos desagradables.

Por ejemplo, reconozco que tengo pensamientos en los que otros me atacan,

también me siento abandonado cuando no logro el nivel de atención de los demás que necesito,

a veces duermo mal porque mis pensamientos y angustias tienen demasiada presencia,

crea desasosiego.

Mi impresión es que esto sucede porque a lo largo de mi vida he construido frases,

unas las he oído y otras son resultado de mis acciones y experiencias,

se han ido asentando,

hasta el punto de que soy inconsciente de la existencia de muchas de ellas,

o están tan automatizadas como si fuera una máquina previamente programada.

Estas creencias son la base de mis decisiones, mis acciones, mis frustraciones y mis miedos,

Necesito revisar el rol que juegan mis creencias, su impacto y su relación con la percepción,

esa capa intermedia entre la realidad y nosotros.

Esas creencias disfuncionales las creé yo, sobre todo en mi infancia,

desde mi nacimiento hasta la adolescencia,

configuran lo que se llama el Niño Interior, con gran impacto en mi vida presente y futura.

Busco líneas terapéuticas para poder ayudar a otras personas a ser conscientes,

y a sanar temas parecidos a los que yo he experimentado,

al desarrollo del elemento niño interior, como lo entiende Stefanie Stahl.

Stef es psicóloga en Alemania,

ha escrito libros "¡Sí y no!" o "¡La vida también puede ser sencilla!".

Yo necesito un lugar donde sentirme seguro, protegido y bienvenido,

anhelo un lugar donde poder relajarme y ser yo mismo,

idealmente, mi propio hogar paterno-materno era un lugar así,

cuando me sentí aceptado y amado por mis padres, tuve un hogar cálido, reconfortante.

Tengo interiorizado este sentimiento desde la infancia, de ser acogido,

me siento seguro en el mundo y en mi vida, tengo confianza en mí mismo y en otras personas.

Mi confianza básica es como un hogar en mí mismo, me brinda apoyo y protección internos,

a veces asocio mis recuerdos desagradables con mi infancia, incluso traumáticos,

a veces tuve una infancia infeliz,

en parte ya he dejado de lado esas experiencias y apenas puedo recordarlas,

a veces tuve una infancia "normal" o incluso "feliz", con un poco de autoengaño.

De ahí vienen algunos de mis problemas de autoestima,

dudo a menudo si a la otra persona, pareja, jefe o alguien nuevo,

les agrado de verdad y si soy bienvenido,

no me quiero del todo a mí mismo, siento ciertas inseguridades,

tengo dificultades en mis relaciones,

sin confianza básica siento poco apoyo interno.

En cambio, necesito de los demás seguridad, protección y hogar,

busco un hogar con mi pareja, mis compañeros,

y me siento atrapado, si no tengo un hogar dentro, tampoco lo puedo encontrar fuera,

me quedan huellas de la infancia.

Mi niño interior es la suma de huellas infantiles, buenas y malas,

experimentadas a través de padres y otros cuidadores, la mayoría a nivel inconsciente,

miedos y anhelos.

Son los miedos, las preocupaciones y las penurias que he vivido desde la niñez,

y también las influencias positivas de mi infancia.

Las huellas negativas me causan dificultades como adulto,

el niño que hay en mí se esfuerza a muerte en no tener que revivir las heridas de la niñez,

y, al mismo tiempo, se esfuerza en que se cumplan sus deseos de seguridad y reconocimiento,

que fueron descuidados en su infancia.

A nivel consciente, soy un adulto independiente que doy forma a mi vida,

pero mi niño interior tiene una influencia decisiva,

en mi percepción, sentimiento, pensamiento y actuación a nivel inconsciente,

mucho más fuerte que mi mente, de hecho.

Ignorar al niño interior me mete en muchos apuros en mis relaciones de pareja,

solo conociendo las conexiones puedo ver

que no es mi adulto quien resuelve el conflicto con confianza en mí mismo,

sino que son los niños internos que luchan entre sí.

Igual en el resto de mis relaciones personales,

como empleado reacciono a las críticas del jefe, o renuncio al trabajo,

ignorar a mi niño interior me hace sentir insatisfecho conmigo mismo y con mi vida,

surgen conflictos con otras personas y, a veces, escala la violencia de manera descontrolada.

Incluso si hubiera tenido una infancia feliz y hubiera adquirido la confianza básica,

no pasaría por la vida completamente libre de preocupaciones y problemas,

mi niño interior habría experimentado ciertas heridas,

porque no hay padres ni infancias perfectos.

No me gusta tomar grandes decisiones,

prefiero quedarme por debajo de mis posibilidades a colgarme demasiado lejos de la ventana,

las huellas negativas de la infancia me limitan, entorpecen mi desarrollo y mis relaciones.

Sólo cuando conozca y haga amistad con mi niño interior,

experimentaré los profundos anhelos y heridas que llevo dentro,

y podré aceptar esta parte herida del alma e incluso curarla hasta cierto punto.

Mi autoestima crece como resultado, y el niño dentro de mí finalmente encuentra su hogar,

requisito previo para que las relaciones con otras personas sean pacíficas, amistosas y felices,

y requisito previo para poder romper con relaciones tóxicas que incluso enferman.

Necesito conocer a mi niño interior y hacer amistad con él,

necesito deshacer los viejos patrones que llevan constantemente a callejones sin salida,

necesito encontrar actitudes y comportamientos nuevos y útiles.

Algunos problemas parecen confusos y difíciles de resolver,

si los miro en la superficie de mi conciencia,

me resulta difícil comprender las acciones y los sentimientos de otras personas,

no tengo la perspectiva correcta, ni conmigo ni con los demás,

en realidad, hay partes de niño en mí y partes de adulto,

y hay un nivel consciente e inconsciente de mi psique.

Aprender esta estructura de la personalidad, trabajar con ella conscientemente,

me permite resolver problemas que antes parecían irresolubles.

El "niño interior" es una metáfora que describe las partes inconscientes,

mi vida emocional está asignada al niño interior:

miedo, dolor, tristeza, ira, pero también alegría, felicidad y amor.

También está mi ego adulto, mi "adulto interior", mi mente racional y razonable, mi pensamiento,

consciente y deliberado,

en este modo puedo asumir la responsabilidad, planificar, actuar con previsión,

reconocer y comprender las conexiones, sopesar los riesgos,

y regular el ego del niño.

Sigmund Freud fue el primero en dividir la personalidad en diferentes instancias,

el ello, que se llama niño interior o yo infantil en la psicología moderna,

el ego, llamado ego adulto,

y el superyó, una especie de autoridad moral.

Stef subdivide en el niño interior feliz (el niño sol), el niño interior herido (el niño sombra)

y el adulto interior.

El niño interior no es siempre un sentimiento inconsciente,

tan pronto como trabajo en él, se vuelve consciente,

su efecto es inmediato en casos de problemas en las relaciones, estados de ánimo depresivos,

estrés, miedo al futuro, falta de entusiasmo por la vida, ataques de pánico, acciones compulsivas…

es decir, lo relacionado con mi autoestima.

Mis creencias inconscientes tienen aquí una influencia importante,

una creencia es una afirmación profundamente anclada,

que expresa una actitud hacia nosotros mismos o nuestras relaciones interpersonales,

muchas creencias surgen en los primeros años de vida,

por ejemplo, "¡Estoy bien!" o "¡No estoy bien!".

Las creencias positivas como "Estoy bien" surgieron en situaciones,

en las que me sentía aceptado y amado, me fortalecen,

las creencias negativas como "no estoy bien", mal y rechazados, me debilitan.

A veces me enfado, desilusiono o me frustro,

para regular mis rabietas me tengo que hacer consciente,

de la conexión entre ofensas infantiles de mis padres,

y el comportamiento de la persona ante la que me siento ofendida,

mi niño sombra tiene una herida permanente,

que siempre duele cuando el niño sombra piensa que sus deseos no se respetan lo suficiente.

Necesito separar deliberadamente mi niño sombra de mi parte adulta,

con esta corrección de percepción, no surge enojo,

enfoco mi conciencia en el niño sombra y sus heridas,

y cambio conscientemente al modo del yo adulto benevolente y sensato,

que reacciona de manera apropiada y amorosa a los impulsos del niño sombra.

Mi niño sombra son mis creencias negativas y los sentimientos estresantes resultantes,

como tristeza, miedo, impotencia o ira,

que se traduce en estrategias de autoprotección,

con las que hago frente a sentimientos, incluso para no sentirlos en absoluto.

Las estrategias de protección típicas son, por ejemplo:

retirarse, luchar por la armonía, luchar por la perfección,

atacar o también luchar por el poder y el control.

Mi niño sol son mis impresiones positivas y buenos sentimientos,

lo que hace feliz a un niño: espontaneidad, sed de aventura, curiosidad,

olvido de sí mismo, vitalidad, sed de acción y alegría de vivir,

es la parte intacta de mi autoestima,

explica mi momentos felices, curiosos y juguetones, mi niño sol juega.

Aliento a mi niño sol y consuelo a mi niño sombra,

para que se sienta atendido, pueda calmarse y deje suficiente espacio para el niño sol.


No hay comentarios:

Publicar un comentario