La culpa es una nube que no me deja ver el sol,
solo en la liberación de la culpa, sin nube, aparece obvio y
visible el sol y la verdad,
así finalmente hay una mente libre que no puede sufrir,
sufrimiento/culpa/liberación son las tres patas de la silla
que sujetan la vida.
Para mí la culpa es la inductora de los miedos a las
represalias y al abandono,
es más, sin culpa solo queda dicha,
sin crueldad solo queda amor,
sin dolor solo queda paz.
La pregunta es, si yo debo sentir culpa por haber tomado
decisiones equivocadas,
¿O malintencionadas? ¿O ignorantes?,
yo creo que los seres humanos somos impecables,
y que es una blasfemia percibirnos como culpables.
Dice Helen Schucman que sólo tú puedes privarte a ti mismo
de algo,
y yo entiendo que significa dejar de echar la culpa a algo
que está fuera,
y evitar la tendencia de albergar a la culpa dentro, que
tampoco es así,
la culpa debe ser des-hecha, no recolocada en otra parte.
Además, si no me sintiese culpable no podría atacar,
pues la condenación es la raíz del ataque.
Condenar es hacer un juicio sobre alguien que es indigno de
amor y merecedor de castigo,
la paz y la culpabilidad son conceptos antitéticos.
El sentimiento de culpa es terrible,
aunque la mayoría de las veces está soterrado en el fondo
del inconsciente y no aparece.
Yo tengo ese sentimiento de culpa con mi madre,
a ella la considero una persona sabia, con consciencia y
experiencia, con amor,
interesantemente, a mí me habla en clave,
como si fuera el Buda de hace siglos hablando desde la
puesta de sol,
me hace bien recibir su sabiduría,
pero, algunas veces, por el contrario, lo único que veo es
una máscara.
Su máscara dice: “No nos dejemos adentrar en donde
deberíamos adentrarnos
y sanar lo que está esperando ser sanado”,
“No hablemos de lo que tenemos que hablar”,
“Mantengámonos en una distancia, yo desde mi pedestal de
gurú sabelotodo”,
Un día me dijo una frase:
“Parece que tú todavía no has creado consciencia sobre el
daño que me has hecho
durante muchos años, y el impacto tan negativo que eso tiene
en mí”,
“No veo ninguna señal de que hayas reflexionado y seas
consciente
de tantas faltas de consideración y respeto que se
sucedieron durante tiempo
y sus graves consecuencias para mí.
Tengo la sensación de que el alto grado de violencia
emocional de tu entorno
te ha hecho considerar que la ira y la agresividad, aparte
de otros, en la convivencia son “normales”.
Yo solo le contesté: “Mamá, somos Uno con Dios. Y damos
gracias. Vivamos en paz.”
Esto podía haberme enterrado en una capa de culpa por mucho
tiempo,
no ha sido así, por el contrario, es un regalo que la vida
me ha hecho,
el universo me ha traído la oportunidad de iluminar una zona
antes oscura de mí,
me ha obsequiado con un trabajo de niño interior, en forma
de meditación,
ha abierto algunas puertas de mi inconsciente que estaban
cerradas,
puertas que yo no había descubierto y me ha permitido
sentir.
Y en ese sentir, se sana.
La veo como una persona, somos todos uno, ni inferior ni
superior,
hace lo que puede, sobrevive como puede, busca su salvación
como puede,
en ese proceso le perdona sinceramente.
Es interesante que ella tiene que decir esa frase para que
yo me ponga,
y note que ahí hay algo, que me lleve a meditar,
para que yo busque, para que yo me haga consciente,
y tenga conversaciones interesantes conmigo mismo cuando
tenía 5 años.
La vida me regala estas oportunidades, donde al principio
parece que el día empieza mal,
pero que, sin embargo, es al contrario, empieza el día bien,
empieza el día con un juguete nuevo.
Veo la igualdad en ella, independientemente de lo que su
personaje esté manifestando,
y me trae la conexión que entre ella y yo hay,
ese cordón umbilical que nunca se ha cortado del todo,
no hay inferioridad ni superioridad,
simplemente no me creo la frase, sino que trabajo yo mismo
en mi meditación,
una de esas conversaciones conmigo mismo a los 5 años de
edad, ha sido especialmente bonita.
Eran las 5 de la mañana y yo estaba sin dormir, dándole
vueltas no estaba claro a qué,
sin poder dormir;
claramente había algo por lo que no me dormía,
se me ocurrió hacer algo,
me coloqué en un lado de la cama, en el lado en que yo
habitualmente habito, y tenía 5 años,
ahí se canalizaba perfectamente mi niño de 5 años con sus
cosas, con su madre, su entorno,
hablando en alto en medio de la noche,
me cambié al otro lado de la cama, y le hablé como adulto,
fue una conversación con varios cambios.
Tenía que ver con la culpa:
“siéntete culpable, latígate, conciénciate de tus faltas,
mereces tu castigo”,
soy culpable, he hecho las cosas mal.
Sin embargo, no podía aceptarlo, yo había hecho bien, lo que
había podido, soy invulnerable,
había una sensación muy fuerte de dolor,
también de no, yo no soy culpable, no, yo no he hecho nada
malo a ti,
si sufres lo haces por ti, no porque yo haya hecho nada
erróneo,
sentí muy fuerte el no aceptar su mensaje.
Me daba cuenta de que, en otras ocasiones, en otras
conversaciones con mi madre,
yo me hago humilde y adopto mi culpa,
no es pose, sino que de verdad lo siento.
Digo falsamente humilde porque esa no es verdadera humildad,
con ello, ella se apacigua, se calma y deja de atacar,
esta vez, sentí algo profundo de no, ya no voy a volver a
hacerlo.
No tenía sentido decírselo a ella,
no siento que sea la conversación que quiero tener con ella
sino conmigo mismo,
me doy cuenta de que por mucho que quiera separarme de mis
padres,
de todo el mundo, pero sobre todo de mis padres,
son los dos entes más difíciles de separación posible,
esto es así, desgraciadamente y afortunadamente, es así,
estamos conectados sí o sí,
es fundamental estar a bien, hacer las paces, quitar los
conflictos y las diferencias.
A veces, he sido humilde y he hecho lo que ella quería, y
con eso la he hecho feliz,
pero no, así no le hago ningún favor, ni a mí ni a ella,
esa falsa humildad le hace a ella pequeña,
crea inferioridad,
es denigrarla.
Para sanar la culpa, es necesario que mi madre canalice
frases como “me haces sufrir”,
incluyendo una serie larga de detalles que son pruebas
fehacientes para ella,
al final, está muy escondido, pero hay una parte de mí que
siente esa culpa,
y una parte que siente que, si yo lo hiciera de forma
diferente, sería más fácil para ella.
Ahí aparece el testigo de mi hermana,
que aconseja hacerlo de la otra manera,
al ser yo mismo, auténtico, causo revoltijo a mi alrededor,
bienvenido ese revoltijo porque es un detonante de
crecimiento,
estamos todos ayudándonos a crecer, son grandes maestros.
Por eso la conversación con ella no hace falta,
ella es solo la canalización del hecho,
se trata de mí, de mi mente,
soy inocente,
y puedo ser yo, llego a mi autenticidad,
a ella le llegará por la vía indirecta,
ella solo percibe que el mensaje no es contestado, percibe
el vacío,
contestar no sería más que enredarnos en el conflicto
mundano y generar más separación,
ella no percibirá, y si no lo percibe es que no querrá ver,
no estará en su momento de hacerse consciente,
todo empieza por el trabajo en mí mismo.
Aprendo a tener cuidado con este pensamiento que aparece en
mí mismo:
“tú me haces infeliz, tú con tu crianza me generaste
traumas,
tú cuando me hablas así me haces sufrir”,
echando la culpa a que lo de fuera nos da y nos quita,
otras personas no nos pueden dar ni quitar, no pueden
ponernos en diferente estado de ánimo.
Perdonar funciona,
hay un perdón intransitivo,
que significa que mi madre no ha hecho lo que yo creo que ha
hecho,
yo lo he percibido erróneamente,
el sufrimiento es mío y no es causado por nada exterior;
también hace falta un “te perdono” con un cómo detrás,
y el cómo concreto con mi madre es “te perdono porque somos
iguales”,
ambos buscando nuestra salvación, ambos hijos del Universo y
hermanos, somos lo mismo.
Eso es razón para perdonar,
no porque ella haya hecho o no,
no hay que hacer para, no tenemos que hacer méritos.
Te perdono porque somo uno,
siento que yo no recibo ni doy perdón como consecuencia de
una acción.
¿Cómo te perdono?
Sintiendo nuestra conexión, ella no puede hacerme sufrir a
mí,
entonces no hay nada que perdonar,
se deshace aquello que perdonar.
Así se deshacen cosas,
sabiéndome inocente puedo dormir mucho mejor que sintiéndome
culpable.
Y a la larga me quedan buenas moralejas.
Quizás exagero si digo que el pasado no existe, que solo
existe el aquí y el ahora,
el pasado solo existe porque existe culpa,
la culpabilidad determina que serás castigado en el futuro
porque hiciste algo malo en el pasado,
la culpabilidad, pues, es una forma de conservar el pasado y
el futuro en mi mente,
esto tiene una consecuencia durísima,
siempre que revivo el pasado, no es necesariamente porque
fue bonito,
sino porque allí se produjo una culpa.
Al sanar la culpa, se olvida el pasado.
Cuando siento culpa y su fuente reside en el pasado,
es que no estoy mirando en mi interior, el pasado no está en
mi interior,
y no tiene sentido en el ahora.
La culpa del pasado es solo una invención mía de mi mente,
que está llamada a desvanecerse y olvidar,
la culpa puede ser desvanecida porque es solo una locura sin
sentido.
La culpa me resulta intolerable, soy inocente, y por ello,
invulnerable.
Además, que proyecto para deshacerme de la culpa,
culpabilizo a los demás,
no puedo soportar la culpa en mí, y la veo en otras personas,
es decir, que los que considero culpables, se convierten en
los testigos de mi propia culpabilidad,
y es en mí donde únicamente la puedo ver, pues está ahí
hasta que sea des-hecha.
La culpabilidad se encuentra siempre en mi mente, la cual se
ha condenado a sí misma,
seguir proyectando culpabilidad no permite su
desvanecimiento.
A un hombre le culpabilizaron de que había ejecutado mal la
matrícula universitaria de su hija y,
¿Cómo respondió?
diciendo que la culpa era suya por haberse ido de viaje.
A otro hombre se le cayó un vaso cuando movió sin querer el
codo, ¿cómo respondió?
echando la culpa a otra persona de que había dejado el vaso
demasiado cerca del borde,
eso es proyectar la culpa,
podemos proyectar, pero solo es tapar la fuerza de maldad
que existe en nosotros.
Pecado y castigo.
Creer que alguien ha cometido un pecado contra mí,
significa creer que yo mismo me ataría en ese mismo pecado.
Creer en el castigo, significa que estaría proyectando la
responsabilidad de la culpa sobre otro,
y ello refuerza la idea de que está justificado culpar.
Proyectar es solo esconder, porque la culpa también es
intransitiva,
siento culpa punto,
como si hubiera un surtido de ideales a los que he fallado,
unos “tengo que” que no he satisfecho, simplemente no puedo
identificar su fuente.
Aprendo que ese “secreto por el que me siento culpable” no
es nada,
y si lo saco a la luz, la Luz lo desvanece,
la nube y sus miedos se desvanecen, es la vuelta a casa.

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