Creo que muchos seres humanos, incluido yo, necesitamos sanar,
hay una especie de mar de fondo en el ser humano que crea
desconcierto y sufrimiento,
y una necesidad de salir de ahí, de cambiar,
y de transformarse hacia el modelo diferente de la paz
interior,
yo lo siento así.
¿De dónde viene ese sufrimiento?
En cierto modo del niño interior herido,
desde pequeñito, he ido acumulando frustraciones,
desasosiegos y pérdidas,
debido a que el mundo que me encontré al nacer nunca fue lo
que esperaba,
pero, es cierto que esas expectativas fueron creadas por un
cerebro,
todavía en proceso de crecimiento,
¿qué podía esperar cuando tenía meses o pocos años?
un poco absurdo, sufrí porque con cinco días de vida me
frustraba por unas expectativas absurdas,
y mantengo esa lucha el resto de nuestras vidas, sin revisar
racionalmente.
Esto se me conforma en forma de molestia interna, sutil pero
constante,
algo que enturbia la armonía y me aleja de la ansiada paz
interior.
Quizás puedo hablar de una necesidad de salvación común a
todos los mortales,
pero cada ser humano se construye sus propios objetivos para
salir de ello,
cada uno entiende la salvación en la consecución de un
mérito o un reto, de manera diferente,
para algunos, la felicidad llegará cuando tengan el último
modelo de BMW,
para otros, la felicidad llegará cuando tengan la casa más
bonita,
para otros, la felicidad llegará cuando por fin estén con su
media naranja, su familia,
o su añorada descendencia, o cuando curen su enfermedad,
para otros, llegará cuando consigan construir el puente más
largo o visitar la luna,
otros buscarán la sanación en el Dios de las pequeñas cosas:
comer una lata de caviar,
beber un buen vino, visitar un museo o tener buen sexo.
La experiencia me dice que todos ellos fracasan en sus
objetivos como yo he fracasado,
y que los que lleguen a conseguirlos, sentirán desasosiego,
deberán marcarse retos más y más lejanos para seguir
luchando por ellos.
Esas promesas no se suelen cumplir, es más, a veces acaban
con desposesión de todo,
se parece más a una esclavitud que a la libertad.
Necesito una guía para la salvación.
Sanación, curación, salvación y liberación, son cuatro
formas de entender el mismo sentimiento,
que se convierte en dos preguntas:
¿Qué es lo que hay que salvar? ¿Cómo se puede salvar?
Hay formas radicales de buscar la paz interior, y simples a
la vez que poderosas,
requieren intuición, esa intuición última que nos permite
percibirnos,
no como separados del mundo sino como unidos en lo íntimo a
la naturaleza y a los demás.
La salvación es una empresa de colaboración, no es fácil
emprenderla en solitario,
sino a través del resto de personas con las que compartimos
esa necesidad,
cada una de ellas, desde este punto de vista, se nos muestra
como una oportunidad,
que nos dona la vida para poder resolver ciertos conflictos
y resentimientos,
eso supone reconocer a los demás como hermanos,
e identificar aquello que nos une en lugar de aquello que
nos separa.
Siguiendo a Aristóteles, todos participamos de una misma
entidad,
somos parte, aunque partes diferentes, pero en tanto que
partes,
compartimos ciertas características y necesidades,
eliminando la separación, eliminamos el rechazo.
Esta Verdad ayuda a hacernos libres,
y hacernos libres, según muchas corrientes, significa
deshacernos de resentimientos y rencores,
proceso que consensuadamente llamamos perdón.
La salvación es más fácil y posible cuando no la busco en
parajes remotos,
sino en mi mundo interior.
¿Cómo se puede salvar?
Difícil responder, porque tengo de alguna manera asociada la
salvación al sacrificio,
el sacrificio es un elemento tan esencial en mi sistema de
pensamiento,
que la idea de salvación sin tener que hacer ningún
sacrificio no significa nada para mí.
Sin embargo, el sacrificio es una forma de ataque y está
asociado a la culpabilidad,
si hay sacrificio, alguien tiene que pagar para que alguien
gane,
y la única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de
qué.
El sacrificio es una manera de descargar la culpabilidad y
de esta manera comprar paz,
y no parezco ser yo el que paga.
El amor exige sacrificio.
El amor da miedo.
La culpabilidad es el coste del amor y el amor se paga con
miedo,
amar totalmente exigiría un sacrificio total.
Veo que muchos exigen algún sacrificio de mí,
no me doy cuenta de que soy yo el único que exige
sacrificios, y únicamente de mí mismo,
exigir sacrificios es algo tan brutal y tan temible que no
puedo aceptar
dónde se encuentra dicha exigencia,
y todavía miro hacia atrás con nostalgia cuando recuerdo mi
sacrificio.
Mi intuición me dice que la salvación debe estar en algo más
incondicional
y que tenga menos que ver con mis méritos y mis logros,
más con estar vivo independientemente de mis acciones o
inacciones, mis actitudes o mis deseos.
Debería ser que la salvación no me pidiera nada que no
pudiese dar ahora mismo,
intuyo que la salvación no es algo que se me pueda negar,
yo deseo la salvación, no el dolor de la culpabilidad.
A lo mejor, solo está en mis manos,
no puede ser que la salvación sea imposible,
tal vez es tan simple como chasquear los dedos y ya,
tal vez la salvación es inmediata y el camino se alumbra,
tal vez no existen las limitaciones o son solo una ilusión
producto de mi imaginación,
tal vez un click, y el tiempo cesa, y en el click solo queda
el presente, el instante y la paz.
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