Llevamos años
hablando de sostenibilidad y definiendo el negocio del año 2000 como
necesariamente sostenible. Ya bien entrado el siglo XXI nos damos cuenta de que
ya no es suficiente, que dejar a nuestros nietos el mismo planeta que hemos
recibido solo les deja a ellos con una pocas décadas de mala calidad de vida.
Ahora vemos retos fuertes, los bosques, el cambio climático, la confianza en la
economía, una versión de globalización altamente polucionante y enajenante, la
cultura…
En este momento
de incertidumbre e impredecibilidad necesitamos cambiar la narrativa, salir de
antiguos modelos mentales y hacernos nuevas preguntas, como sugiere Daniel
Christian Wahl (1). Es posible entender las crisis que estamos viviendo como
crisis sanadoras y como transformaciones económicas y culturales. Estas están
ya ocurriendo en múltiples localidades del planeta y se están esparciendo
rápidamente.
Desde este punto
de vista, podemos sustituir nuestros miedos por un futuro inestable y diferente
por una sensación de belleza y abundancia. Diseñar nuevos modelos de negocio
significa entonces la satisfacción de co-crear una economía más sana y próspera
para todos.
Virtualmente cada
estructura e institución necesita innovación, rediseño y transformación. A
nivel local, regional, nacional y global, necesitamos transformar nuestra
educación, gobernanza, industria, transporte, infraestructura, sistemas
energéticos, gestión del agua, agricultura, sanidad, alimentación, población …
y los sistemas sociales. A nivel cultural debemos rediseñar la presencia humana
en el planeta tierra. Debemos regenerar todo el ecosistema tecnológico, social,
económico y humano.
Necesitamos
movernos hacia la colaboración, pensar en construir puentes, de una negociación
win-lose a una win-win, a una win-win-win en la que la naturaleza también gane,
una especie de bioproductividad.
Regenerar
significa identificar y promover los mecanismos que el planeta tiene para
reconstruir lo que ha sido destruido. Estamos viendo un caos climático
inminente en el que las funciones vitales de nuestro ecosistema para la
supervivencia de nuestra especie y otras pueden dañarse. Regenerar la erosión
por ejemplo es necesario para regular el clima. Pensábamos que la naturaleza
tenía un valor en tanto que utilidad, que ofrecía servicios a la humanidad,
ahora empezamos a sentir que la naturaleza es parte de nosotros y nosotros
parte de la naturaleza.
Conversar
creativamente supone generar preguntas radicales, orientadas al fundamento de
nuestras creencias y valores:
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Qué tipo de mundo nos gustaría dejar a nuestros nietos?
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Por qué mantenemos un sistema económico que no sirve a la supervivencia de
las especies a largo plazo?
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Qué podemos aprender de re-percibir el presente?
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Qué podemos aprender de confiar más en nuestra experiencia subjetiva?
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Cómo podemos mantener redes de esperanza?
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Por qué deberíamos mantener la humanidad?
Diseñar
intervenciones creativas se parece a la acupuntura social, es decir, poner la
aguja del cambio en el lugar exacto, buscar intervenciones pequeñas y enfocadas
que actúen como un catalizador con efecto transformacional.
El rol de la
tecnología es central, y un arma de doble filo. Una economía regenerativa debe
ser saludable, resiliente y adaptable. Según el World Charter for Nature de
Naciones Unidas, el Principio de Precaución nos obliga a analizar si una
intervención tiene un efecto negativo en el medio ambiente. Ante la
incertidumbre, es bueno practicar precaución.
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Cómo
aplicar el principio de precaución para las nuevas tecnologías?
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Cómo
elegir elegantemente entre una solución tecnológica y otra?
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Por
qué no retar a los diseñadores, tecnólogos, diseñadores de políticas (“policy
makers”) a evaluar sus propuestas según su potencial regenerativo? Necesitamos
un Juramento Hipocrático para diseñadores.
En lugar de hacer
menos daño al ambiente, es necesario aprender a participar con el ambiente.
Primero, esto requiere la asunción de que todo está conectado y es necesario
crear conciencia sobre esto, que el comercio, la construcción, la sociedad y la
geología son en realidad una misma realidad. Segundo, es reconciliador,
reintegra al ser humano como parte integral de la naturaleza.
Clayton
Christensen acuñó el concepto de innovación disruptiva, según el cual una
situación sostenible actual se convierte en obsoleta, y es necesario cambiar el
juego radicalmente. No solamente ocurre un cambio en la tecnología, sino en la
industria en su conjunto, creando una cultura de transformación profunda.
El International
Futures Forum, IFF, 2009, lo expresa como “innovación tranformativa”. Una de
las preguntas es si las relaciones existentes son nutritivas y saludables, o
son agresivas y patológicas. El objetivo de la innovación transformativa es
migrar de la escasez y el conflicto a la abundancia y la colaboración.
Probablemente el
mayor poder de transformación viene de la innovación social (2). Algunos
ejemplos son los modelos de negocio de consumo colaborativo, los microcréditos
de Muhammad Yunus, el préstamo entre peers, tipo Zopa, el crowdfunding de
Kickstarter y PPP, la coproducción de servicios sociales en colaboración con
gobiernos locales, proveedores de servicios y usuarios.
Internet apoya
nuevos modelos de negocio hacia la innovación transformativa. Un ejemplo es
Avaaz.org,
una organización civil global fundada en
2007, promueve activismo entre los ciudadanos para innovar en cambio climático,
derechos humanos, corrupción, pobreza, derechos de los animales, paz y
conflicto. Consigue movilizar a ciudadanos del mundo para disminuir la brecha
entre el mundo que tenemos y el mundo que la mayoría queremos. Conectando
millones de personas en cientos de países y decenas de idiomas, Avaaz
contribuye en llevar la política de las personas a la toma de decisiones
global. Desde campañas para frenar la deforestación, apoyar los derechos
indígenas, iniciativas de biodiversidad, a temas de género, paz y cambio
climático, modelos de negocio como
Avaaz innovan en sectores como el
agroindustrial, farmacéutico y petroquímico.
Según el libro What’s
Mine is Yours (3), se trata de un cambio a una cultura participativa que está
ocurriendo fuertemente. Menciona casos
como los bancos de tiempo, el préstamo social, las monedas peer to peer,
intercambio de herramientas, compartición de tierras, espacios de trabajo,
viviendas, viajes, bicicletas, CouchSurfing. Zilok y Erento permiten alquilar o
compartir de forma privada. Etsy da acceso a pequeños artesanos a comercializar
sus productos. ImpactHubs permite compartir espacios de trabajo. ServiceSpace
ofrece servicios profesionales a organizaciones sin ánimo de lucro, por
ejemplo, Karmatube, una colección de videos sostenibles. http://p2pfoundation.net/Main_Page
es una página muy inspiradora de iniciativas participativas.
(1)
Designing regenerative cultures. Daniel Christian
Wahl, Triarchy Press, 2016
(2)
The Open
Book of Social Innovation (Murray et al., 2010)
(3)
What’s Mine is Yours, Rachel Botsman and Roo
Rogers (2011)