lunes, 13 de julio de 2020

Economía regenerativa



Llevamos años hablando de sostenibilidad y definiendo el negocio del año 2000 como necesariamente sostenible. Ya bien entrado el siglo XXI nos damos cuenta de que ya no es suficiente, que dejar a nuestros nietos el mismo planeta que hemos recibido solo les deja a ellos con una pocas décadas de mala calidad de vida. Ahora vemos retos fuertes, los bosques, el cambio climático, la confianza en la economía, una versión de globalización altamente polucionante y enajenante, la cultura…

En este momento de incertidumbre e impredecibilidad necesitamos cambiar la narrativa, salir de antiguos modelos mentales y hacernos nuevas preguntas, como sugiere Daniel Christian Wahl (1). Es posible entender las crisis que estamos viviendo como crisis sanadoras y como transformaciones económicas y culturales. Estas están ya ocurriendo en múltiples localidades del planeta y se están esparciendo rápidamente.

Desde este punto de vista, podemos sustituir nuestros miedos por un futuro inestable y diferente por una sensación de belleza y abundancia. Diseñar nuevos modelos de negocio significa entonces la satisfacción de co-crear una economía más sana y próspera para todos.

Virtualmente cada estructura e institución necesita innovación, rediseño y transformación. A nivel local, regional, nacional y global, necesitamos transformar nuestra educación, gobernanza, industria, transporte, infraestructura, sistemas energéticos, gestión del agua, agricultura, sanidad, alimentación, población … y los sistemas sociales. A nivel cultural debemos rediseñar la presencia humana en el planeta tierra. Debemos regenerar todo el ecosistema tecnológico, social, económico y humano.
Necesitamos movernos hacia la colaboración, pensar en construir puentes, de una negociación win-lose a una win-win, a una win-win-win en la que la naturaleza también gane, una especie de bioproductividad.

Regenerar significa identificar y promover los mecanismos que el planeta tiene para reconstruir lo que ha sido destruido. Estamos viendo un caos climático inminente en el que las funciones vitales de nuestro ecosistema para la supervivencia de nuestra especie y otras pueden dañarse. Regenerar la erosión por ejemplo es necesario para regular el clima. Pensábamos que la naturaleza tenía un valor en tanto que utilidad, que ofrecía servicios a la humanidad, ahora empezamos a sentir que la naturaleza es parte de nosotros y nosotros parte de la naturaleza.

Conversar creativamente supone generar preguntas radicales, orientadas al fundamento de nuestras creencias y valores:
  1. -        Qué tipo de mundo nos gustaría dejar a nuestros nietos?
  2. -        Por qué mantenemos un sistema económico que no sirve a la supervivencia de las especies a largo plazo?
  3. -        Qué podemos aprender de re-percibir el presente?
  4. -        Qué podemos aprender de confiar más en nuestra experiencia subjetiva?
  5. -        Cómo podemos mantener redes de esperanza?
  6. -        Por qué deberíamos mantener la humanidad?


Diseñar intervenciones creativas se parece a la acupuntura social, es decir, poner la aguja del cambio en el lugar exacto, buscar intervenciones pequeñas y enfocadas que actúen como un catalizador con efecto transformacional.

El rol de la tecnología es central, y un arma de doble filo. Una economía regenerativa debe ser saludable, resiliente y adaptable. Según el World Charter for Nature de Naciones Unidas, el Principio de Precaución nos obliga a analizar si una intervención tiene un efecto negativo en el medio ambiente. Ante la incertidumbre, es bueno practicar precaución.

  1. -        Cómo aplicar el principio de precaución para las nuevas tecnologías?
  2. -        Cómo elegir elegantemente entre una solución tecnológica y otra?
  3. -        Por qué no retar a los diseñadores, tecnólogos, diseñadores de políticas (“policy makers”) a evaluar sus propuestas según su potencial regenerativo? Necesitamos un Juramento Hipocrático para diseñadores. 

En lugar de hacer menos daño al ambiente, es necesario aprender a participar con el ambiente. Primero, esto requiere la asunción de que todo está conectado y es necesario crear conciencia sobre esto, que el comercio, la construcción, la sociedad y la geología son en realidad una misma realidad. Segundo, es reconciliador, reintegra al ser humano como parte integral de la naturaleza.

Clayton Christensen acuñó el concepto de innovación disruptiva, según el cual una situación sostenible actual se convierte en obsoleta, y es necesario cambiar el juego radicalmente. No solamente ocurre un cambio en la tecnología, sino en la industria en su conjunto, creando una cultura de transformación profunda.

El International Futures Forum, IFF, 2009, lo expresa como “innovación tranformativa”. Una de las preguntas es si las relaciones existentes son nutritivas y saludables, o son agresivas y patológicas. El objetivo de la innovación transformativa es migrar de la escasez y el conflicto a la abundancia y la colaboración.

Probablemente el mayor poder de transformación viene de la innovación social (2). Algunos ejemplos son los modelos de negocio de consumo colaborativo, los microcréditos de Muhammad Yunus, el préstamo entre peers, tipo Zopa, el crowdfunding de Kickstarter y PPP, la coproducción de servicios sociales en colaboración con gobiernos locales, proveedores de servicios y usuarios.

Internet apoya nuevos modelos de negocio hacia la innovación transformativa. Un ejemplo es 
Avaaz.org,  una organización civil global fundada en 2007, promueve activismo entre los ciudadanos para innovar en cambio climático, derechos humanos, corrupción, pobreza, derechos de los animales, paz y conflicto. Consigue movilizar a ciudadanos del mundo para disminuir la brecha entre el mundo que tenemos y el mundo que la mayoría queremos. Conectando millones de personas en cientos de países y decenas de idiomas, Avaaz contribuye en llevar la política de las personas a la toma de decisiones global. Desde campañas para frenar la deforestación, apoyar los derechos indígenas, iniciativas de biodiversidad, a temas de género, paz y cambio climático, modelos de negocio como 
Avaaz innovan en sectores como el agroindustrial, farmacéutico y petroquímico.


Según el libro What’s Mine is Yours (3), se trata de un cambio a una cultura participativa que está ocurriendo fuertemente.  Menciona casos como los bancos de tiempo, el préstamo social, las monedas peer to peer, intercambio de herramientas, compartición de tierras, espacios de trabajo, viviendas, viajes, bicicletas, CouchSurfing. Zilok y Erento permiten alquilar o compartir de forma privada. Etsy da acceso a pequeños artesanos a comercializar sus productos. ImpactHubs permite compartir espacios de trabajo. ServiceSpace ofrece servicios profesionales a organizaciones sin ánimo de lucro, por ejemplo, Karmatube, una colección de videos sostenibles. http://p2pfoundation.net/Main_Page es una página muy inspiradora de iniciativas participativas.
  
(1)    Designing regenerative cultures. Daniel Christian Wahl, Triarchy Press, 2016
(2)    The Open Book of Social Innovation (Murray et al., 2010)
(3)    What’s Mine is Yours, Rachel Botsman and Roo Rogers (2011) 


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