miércoles, 23 de marzo de 2022

Capítulo 5.1. Uroboros

 

Como dice mi hijo, hoy me he comido mi propio intestino,

soy una pescadilla que se muerde la cola,

el Uroboros animal mitológico que se devora a sí mismo.

Yoshinori Ohsumi obtuvo el premio Nobel de Medicina,

en 2016, 

por su trabajo sobre autofagia,

descubrió el APG1, una proteína que genera la autofagia,

es decir, la capacidad del cuerpo para devorarse a sí mismo.

La autofagia o autofagocitosis es un proceso metabólico,

durante el cual, las células se deshacen y pierden sus componentes disfuncionales,

una forma de reciclar la basura celular y

convertirla en energía que el cuerpo puede usar.

Este proceso viene regulado por sustancias,

la insulina, el glucagón, mTOR, AMPK, AKT y otros.

La baja presencia de insulina en sangre,

que significa bajo nivel de azúcar y falta de nutrientes,

lanza el proceso de autofagia.

El glucagón libera el glucógeno del hígado para extraer energía,

aumentando más todavía la autofagia.

La eliminación de mTOR mediante la presencia de rapamycin y CCI779 induce autofagia,

como lanza la autofagia el NF-KB, el oxígeno reactivo, calcio, AMPK, etc…

El mayor inhibidor de autofagia es el AKT, que activa mTOR y FoxO3.

Mi cuerpo responde al equilibrio entre anabolismo y catabolismo,

durante el anabolismo, convierte energía en creación celular,

durante el catabolismo, convierte la célula disfuncional en energía.

Algunos deportistas promueven el anabolismo mediante suplementos de aminoácidos,

pero, sin catabolismo, el cuerpo va acumulando volumen disfuncional,

que podría acabar generando enfermedad.

En el ser humano, la autofagia en el cerebro, hígado, músculo y grasa

trae beneficios para la salud,

como la desinflamación de los tejidos, el rejuvenecimiento,

la claridad mental y la sensibilidad a la insulina,

que evita la diabetes.

Voy a estar bien, necesito un poco de autofagia y catabolismo.

Capítulo 2.7. SCRUM y el Manifesto Agil

Voy a trabajar ágil,

SCRUM me enseña a ser ágil y empírico en mi proyecto,

disfruto más, mejoro la calidad del producto diseñado,

y soy más rápido, reduzco el tiempo de desarrollo.

Creo en el “Agile Manifesto” y en sus 12 principios ágiles,

si rompo el proyecto en pequeñas unidades, puedo observarlos por separado,

puedo monitorizar, realizar cambios y adaptarme a los resultados finales.

Puedo iterar y aproximarme incrementalmente,

e involucrar al cliente final en el testeo.

Soy empírico, estoy viendo siempre al cliente,

Incorporo el sentido común.

De las 7 etapas, en la primera, desarrollo mi visión, el producto diseñado alineado con la estrategia,

en la segunda, pinto mi hoja de ruta, mi roadmap, el camino a seguir en el mapa,

en la tercera, pongo fechas de llegada,

en la cuarta, entro en un sprint, uno de esos micro elementos de proyecto troceado,

en la quinta, veo el día y pongo prioridades enfocadas y realista,

en la sexta, reviso el producto viable de cada sprint,

y en la séptima, descanso, visualizo la retrospectiva, refino, me hago eficiente.

Según Peter Drucker, “no hay nada tan inútil,

como trabajar con eficiencia en aquello que no debería hacerse”.

Repito este ciclo de siete etapas una y otra vez,

pongo feedback y

desarrollo solo la más alta de las prioridades.

Si somos de 7 a 9 personas, el “scrum master” se hace el dueño del proceso,

el “product owner” gobierna el qué y cuándo.

No es el PMBOK tradicional, aquí el énfasis es

en el individuo y sus interacciones, más importantes que procesos y herramientas;

en el producto funcional sobre extensa documentación;

en la colaboración con el cliente, sobre negociación contractual;

en la respuesta al cambio, sobre planificación y seguimiento.

Lo fundamental es

la simplicidad, el arte de maximizar la cantidad de trabajo que no se hace;

la auto-organización, que trae el mejor diseño;

la efectividad, que se va construyendo en intervalos regulares, con el equipo en reflexión.

En Scrum lo visual siempre aporta más valor que lo escrito,

los seres humanos pensamos pictóricamente y recordamos imágenes,

bocetos, croquis, dibujos, diagramas y gráficos en una pizarra.

lunes, 14 de marzo de 2022

No soy especial

¿Qué es mi vida? Un instante, agradezco que la vida sea un instante.

Tenía que ver para creer, dejar una casa en la que ha vivido medio siglo,

ha trabajado en cada rincón para crear un espacio íntimo y agradable,

y lo deja ir, al espacio y a todas las posesiones allí albergadas.

No es de las que, a los 91 años, han acumulado miedos y se hunden en situaciones sin cerrar;

no vive en la queja constante ni en la crítica ubicua.

Es de las que han puesto amor en cada día de su existencia; vive en la gratitud constante.

Mi tía ha conseguido entender el desapego, y deja ir por lo que luchó durante casi un siglo.

Entiende que viajar ligero es una oportunidad que le permite degustar,

aun no pudiendo físicamente salir de 4 paredes, degusta cada segundo de su vida.

Entre dolores corporales, ve que no se va a llevar nada material a ningún sitio,

ser siervo de pertenencias no es buena idea, por eso, decide dejar ir.

Sabe buscar la calma clara y segura, la que viene de visualizar,

esos recuerdos son percepciones falsas que la mantienen en un yugo,

no son más que una nube pasajera en un cielo eternamente despejado.

Probablemente ya ni puede recordar dónde compró cada uno de esos pequeñitos jarrones,

ni con qué vana pretensión lo hizo.

¡Hay tantas cosas que tenemos que esperar a los 91 años para interiorizar!

Lo que es un poco más difícil es dejar ir el resentimiento a las personas,

poder perdonar todos esos ataques que percibimos recibir durante décadas,

y que se van acumulando hasta colapsar la vida,

no permitiendo descubrir la alegría antes de que la muerte se ponga en nuestro camino.

Me empeño a ratos en ser especial,

y lo hago a través de compararme sutilmente con lo demás,

sin embargo, en el amor no hay ninguna comparación.

Busco diferencias en los demás y elementos que escasean en ellos, los encuentro,

pese a que eso me ciega,

no veo que aquel a quién hago de menos es en realidad mi salvador.

No es sino a la proyección de mis debilidades a la que hago de menos.

Para ser especial pago el precio de la paz.

¿Cómo puedo bajar de mi omnipotencia y compartir mi poder?

¿Quién puede liberarme de las cadenas?

No soy especial, pero al intentar serlo, vivo en el ruido que esconde la voz de mi silencio,

me pierdo la Verdad con mayúsculas.

El especialismo en el que creo no es más que un ensueño, me olvidaba de que somos Uno.

Necesito aprender el arte de ensoñar,

aprender que todo el mundo que ensueño como especial,

y todos los artefactos que ensueño para defenderlo,

se pueden desvanecer en un abrir y cerrar de ojos.

Aprender que pago un coste por ser especial, mi paz y mi tranquilidad,

aprender que, por el contrario, creo pagar un coste por la Verdad:

dejar de ver lo que nunca fue, dejar de escuchar lo que no creó ningún sonido.

Tengo que esperar a los 91 años para entender que no hay que dejar nada para recibir el amor.

Empero, a esta altura del camino, ya no hay vuelta atrás, ya hay esperanza y honestidad,

ya sé que el amor es Uno y no puede ser dividido.

Universo, te amo, y a tu hijo también,

tu hijo tampoco es especial, ambos participamos del mismo Universo,

yo soy él, él es yo, él soy yo,

no existe el compromiso ni el chollo con él,

no somos especiales, somos Uno.

miércoles, 2 de marzo de 2022

El ayuno de dopamina: La homeostasis

Esta semana voy a hacer un ayuno de dopamina, que consiste en renunciar a azúcar, café, Internet y otras fuentes artificiales de placer.

¿Por qué? La homeostasis es la capacidad del Universo para equilibrar todo. Cualquier cosa que pase crea una fuerza oponente que hace que todo se equilibra. Si intento provocarme placer, en mi cerebro reptiliano, aparece una fuerza dolorosa. Llega la tristeza y la sensación de vacío. Son Gremlins en mi cerebro encargados de generar placer.

La comida, una película… empiezan bien, pero acaban siempre en respuesta contraria dolorosa. Es la dopamina. Absorbemos una dosis de dopamina, que genera la sensación contraria. Consumo mucha más dopamina de la que mi ser puede digerir. Y ocurre la aleostasis, un estado cambiante que no consigue llegar a la homeostasis, los gremlins se hacen Schwarzenegger, y lleva a la depresión, dolor físico y suicidio.

Al final, el dolor y el placer son las dos caras de una misma moneda. No tiene sentido tratar de desvanecer el sufrimiento si no desvanece también el intento del ego por artificialmente atraer al placer. Ambos deben juntos dejarse ir, en un proceso de aceptación consciente.