martes, 21 de junio de 2022

Sirvo para alguien

 

Hegel lo llamaba el tonante ruido del día,

y el ensordecedor griterío de la imaginación.

En el mismo día me han pasado dos cosas,

por la mañana estaba tomando café y un hombre se ha caido sobre mí,

exactamente sobre mí,

y ahí se ha quedado confuso y desvanecido durante media hora,

hasta que los servicios médicos le han recogido,

su corazón era muy débil, en cualquier momento habría tenido que reanimarle.

Más tarde, una mujer desorientada incapaz de sacar su coche de una posición cruzada,

podría haber yo rescatado el prejuicio de mujer sin habilidades de conducción,

me metí en el coche y se lo enfoqué rumbo a la carretera,

estaba en el camino al hospital y muy nerviosa,

al final tremendamente agradecida y efusiva.

Los seres humanos creamos los escenarios en el mundo que necesitamos para sanar,

yo probablemente necesitaba que Carlos o Verónica me dijeran que me necesitaban,

yo sirvo para algo, que soy útil.

¿Por qué a mí me ocurren estas situaciones?

Confío en el mundo porque está regido por un poder que está en él, pero que no es de él,

comprendo que los cambios que se producen en esta vida son siempre beneficiosos,

acontecimientos, encuentros y circunstancias son persistentemente provechosos,

aprendo a desaprender, porque mucho de lo que antes valoraba,

ahora lo veo como obstrucción de mi capacidad para lidiar

 con las nuevas situaciones que se me presentan,

aprendo a dejar de lado todo juicio.

Por eso soy honesto y congruente,

poco de lo que digo, hago y pienso está en oposición.

No juzgo, juzgar es ser deshonesto, es asumir un papel que no me corresponde,

juzgar implica haber perdido la confianza en los demás,

sin juicio, todos los hombres somos iguales.

El daño es el resultado de juzgar, yo soy manso.

 

miércoles, 15 de junio de 2022

Mi mansedumbre

 

Hegel lo llamaba el tonante ruido del día,

y el ensordecedor griterío de la imaginación.

Siento infidelidad,

engaño por parte de a quien más quiero,

rechazo y abandono con alevosía,

adquiero datos de mis sentidos, mi intuición y mi intelecto,

hago el puzzle de la forma más objetiva y ordenada,

con toda la lógica existente en las paredes en que vivo,

y emito un juicio, hacia mí y hacia el mundo,

un juicio de injusticia, de molestia, de no ser lo que debería ser.

Sucumbo a la tentación de conectar ese juicio a otros pasados,

para así construir todo un castillo tóxico y dañino,

compuesto por todos esos juicios que me hacían daño,

que hacían daño a los demás y al mundo,

y con este castillo mantengo ágil y maciza mi cosmovisión,

mi lucha constante en un mundo enemigo y hostil,

de ataques y defensas, de tú y yo, de ahora sí ahora no.

En este análisis me creo sabio y se me escapa el orgullo,

me siento superior, y en posesión de la Verdad,

me duele, algo me dice que es radicalmente absurdo.

Mi educación dice que hay juicios buenos y juicios malos,

me empuja a potenciar los buenos e ignorar los malos,

el juicio sobre la infidelidad sería bueno, porque la verdad por delante,

por mucho que duela, como valor social fundamental,

soy cínico, asevero lo obviamente falso.

Siento infidelidad, pero no me rompe las entrañas de mi corazón,

la experiencia me demuestra que lo que es bueno hoy, deja de serlo mañana,

esa inconsistencia me empuja a salir corriendo,

no existe criterio universal.

Solo uno, que yo humilde no soy capaz de juzgar,

renuncio a juzgar, me vuelvo honesto,

no es sacrificio, solo que no sé, suelto, dejo de intentarlo.

Solo juzgo que soy inocente, que somos inocentes,

que el pecado no existe, esto es evidente.

Para poder juzgar, necesitaría una lista infinita

de información pasada, de cada detalle acontecido,

de todos los efectos de mi juicio sobre personas,

y seguridad de que mi percepción funciona sin ninguna distorsión,

simplificar, olvidar un detalle, invalida mi juicio.

Soy humilde, no soy capaz, he juzgado mucho erróneamente,

me creía en la razón y me demostraron equivocado.

Aprendo a no tomar decisiones con cimientos frágiles,

enjuiciar no es sabio, renunciar sí,

delego en el Universo, sin pesar y con gratitud,

sin mi mochila que me hacía perder el equilibrio y caerme,

así no puedo cometer errores y puedo reír,

suelto el conflicto y abrigo la paz, tan difícil y anhelada,

la ataraxia, la serenidad por ausencia de turbación, de las escuelas aristostélicas.

Ya no te juzgo, sé quien eres, si vienes, vienes,

me calmo si no estás, nos disfrutamos si apareces,

mis vísceras me hablan y me dicen que espere, paciente,

que viva el instante de mis sentidos, de mi corazón,

en confianza y mansedumbre, sin hacer daño,

esa es mi fuerza infalible, sin miedo, te perdono.


miércoles, 1 de junio de 2022

Mi abandono

 


 

El café es descafeinado, la leche de soja,

el pastel sin gluten de dulce de leche,

tengo hambre de café y pastel,

que mezclo con mi hambre de propósito,

te entrego mi aquí y mi ahora, dirígeme, quiero seguirte,

bajo tu dirección encuentro mi paz.

Me dedico a enseñar sobre las cosas del mundo,

mi mente sigue empeñada en sus cosas,

la soledad, el abandono, la dependencia, mi adicción.

¿Por qué cultiva la creatividad,

si todavía no soluciono la autoestima y la confianza?

Todo cambia, es efímero, ¿qué hay estable que pueda creer?

 

Me preguntan por mis miedos,

me sale el miedo a la soledad, me reconozco en ella.

Por eso me hago dependiente de los demás,

acepto indignidades a cambio de migajas de cariño,

admito situaciones complicadas a cambio de no sentirme abandonado,

puedo hacerme la víctima si hace falta,

o hacer de salvador de quien lo necesite si me halagan,

no quiero volver a sentirme abandonado,

recuerdo haberlo sentido a menudo de niño,

mi madre me daba cuidados y ponía atención en mí,

pero no era la atención amorosa que yo esperaba de ella,

soy capaz de pasar por cualquier cosa con tal de no repetir aquella vivencia.

Fui abandonado por mi madre, definitivamente,

ella se alejó, se marchó para distanciarse, se comportó así,

no lo percibo como una cuestión de repeler y no querer tenerme,

sino de que se comportaba esquivamente, no había comunicación,

era demasiado reservada para sus cosas.

Me siento que mi cuerpo pierde el tono, mis músculos no me sostienen,

estoy encorvado, mi cuerpo se ablanda,

siento mis ojos tristes y grandes.

Me agobia la palabra dejar,

un final de algo agradable para mí es un abandono.

Me gusta el pan, es mi tierra nutricia,

busco fusionarme fácilmente con las personas que me atraen.

 

Hay cosas que no entiendo, me enfado o me entristezco,

y recibo un castigo, me prohíben hacer algo que yo consideraba bueno.

¡Qué rueda más tóxica!

Me siento mal y busco un abrazo y claridad,

que me expliquen claras y concisas mis ideas,

y amor, un abrazo que me baje la adrenalina y el cortisol,

que me colme de oxitocina.

Pero no me entienden,

me prohíben montar en bici,

me prohíben algo maravilloso de mí,

es malo, montar en bici es malo,

me confunden, me implantan valores erróneos,

que alguien me lo explique,

eso me va a enfadar más todavía.

Necesito que alguien vea detrás,

que entienda lo que yo no entiendo,

que me de la mano y me lleve,

que disuelva mis miedos en su amor.

Cuando siento miedo a la soledad, quiero cariño,

no que me prohíban montar en bici.

Si lo expreso mal, lo siento, pero eso no cambia mi sentimiento.

Lo que necesito es un beso,

una tonelada de oxitocina, pilas recargadas,

la mejor medicina contra la soledad,

contra el no pertenezco a este mundo,

contra la tristeza,

contra la sensación de falta de tono en mis músculos.

Es sinfonía de Haydn para mis oídos,

ahora cada nota me lleva suave a la siguiente,

me siento seguro y querido.

¿Dónde estaban mi tristeza y mi ira?

La armonía fluye y yo sigo mi camino,

a veinte centímetros del suelo.