miércoles, 15 de junio de 2022

Mi mansedumbre

 

Hegel lo llamaba el tonante ruido del día,

y el ensordecedor griterío de la imaginación.

Siento infidelidad,

engaño por parte de a quien más quiero,

rechazo y abandono con alevosía,

adquiero datos de mis sentidos, mi intuición y mi intelecto,

hago el puzzle de la forma más objetiva y ordenada,

con toda la lógica existente en las paredes en que vivo,

y emito un juicio, hacia mí y hacia el mundo,

un juicio de injusticia, de molestia, de no ser lo que debería ser.

Sucumbo a la tentación de conectar ese juicio a otros pasados,

para así construir todo un castillo tóxico y dañino,

compuesto por todos esos juicios que me hacían daño,

que hacían daño a los demás y al mundo,

y con este castillo mantengo ágil y maciza mi cosmovisión,

mi lucha constante en un mundo enemigo y hostil,

de ataques y defensas, de tú y yo, de ahora sí ahora no.

En este análisis me creo sabio y se me escapa el orgullo,

me siento superior, y en posesión de la Verdad,

me duele, algo me dice que es radicalmente absurdo.

Mi educación dice que hay juicios buenos y juicios malos,

me empuja a potenciar los buenos e ignorar los malos,

el juicio sobre la infidelidad sería bueno, porque la verdad por delante,

por mucho que duela, como valor social fundamental,

soy cínico, asevero lo obviamente falso.

Siento infidelidad, pero no me rompe las entrañas de mi corazón,

la experiencia me demuestra que lo que es bueno hoy, deja de serlo mañana,

esa inconsistencia me empuja a salir corriendo,

no existe criterio universal.

Solo uno, que yo humilde no soy capaz de juzgar,

renuncio a juzgar, me vuelvo honesto,

no es sacrificio, solo que no sé, suelto, dejo de intentarlo.

Solo juzgo que soy inocente, que somos inocentes,

que el pecado no existe, esto es evidente.

Para poder juzgar, necesitaría una lista infinita

de información pasada, de cada detalle acontecido,

de todos los efectos de mi juicio sobre personas,

y seguridad de que mi percepción funciona sin ninguna distorsión,

simplificar, olvidar un detalle, invalida mi juicio.

Soy humilde, no soy capaz, he juzgado mucho erróneamente,

me creía en la razón y me demostraron equivocado.

Aprendo a no tomar decisiones con cimientos frágiles,

enjuiciar no es sabio, renunciar sí,

delego en el Universo, sin pesar y con gratitud,

sin mi mochila que me hacía perder el equilibrio y caerme,

así no puedo cometer errores y puedo reír,

suelto el conflicto y abrigo la paz, tan difícil y anhelada,

la ataraxia, la serenidad por ausencia de turbación, de las escuelas aristostélicas.

Ya no te juzgo, sé quien eres, si vienes, vienes,

me calmo si no estás, nos disfrutamos si apareces,

mis vísceras me hablan y me dicen que espere, paciente,

que viva el instante de mis sentidos, de mi corazón,

en confianza y mansedumbre, sin hacer daño,

esa es mi fuerza infalible, sin miedo, te perdono.


No hay comentarios:

Publicar un comentario