jueves, 25 de junio de 2020

El riesgo



Fundamentals of Risk Management. Paul Hopkin.
Nosotros planificamos y la realidad dispone. Existe riesgo porque existe una probabilidad de que ocurra algo que no estaba planificado. Algunos riesgos son extremos, puede haber una crisis sanitaria o un cambio climático. Otros son más cercanos, como la falta de aceptación de los usuarios de un determinado cambio.
Cuando el riesgo solo puede traer consecuencias negativas lo llamamos “peligro”, por ejemplo un fuego o un accidente de tráfico. Los “riesgos de conformidad” legal (“compliance”) son también a menudo considerados peligros, asumiendo que no cumplir trae consecuencias negativas. Sin embargo, algunas organizaciones dan la vuelta al riesgo y ven los beneficios extra que pueden derivarse de cumplir con una conformidad.
Otro tipo de riesgo es el “riesgo de control”. Llevar el coche al mecánico reduce la probabilidad de avería pero no la elimina, es un riesgo de control y tiene un nivel muy alto de incertidumbre.
Si esperamos un retorno positivo, por ejemplo invertimos activos financieros esperando un beneficio, o apostamos en un juego esperando una ganancia, o competimos en un deporte de riesgo esperando orgullo, autoestima o respeto social, el riesgo es un “riesgo de oportunidad”.
Gestionar el riesgo supone detectar riesgos posible, evaluar posibles respuestas y tomar las decisiones más adecuadas en cada caso. También incluye desarrollar una estrategia completa de riesgos, monitorizarla, comunicarla a los stakeholders involucrados y asegurar la disponibilidad de recursos necesarios, financieros y no financieros.
Un estándar de gestión del riesgo incluye también los procesos, recursos, etc que aseguran el resultado, por ejemplo el British Standard BS 31100:2011, el COSO ERM o el ISO 31000.
Hay varias motivaciones por las que una organización se embarca en el proceso formal de gestión del riesgo:
-        Puede ser motivada por una conformidad legal o regulatoria, o por un requisito de un cliente;
-        También puede ser una garantía, exigida por el Consejo de Administración para poner controles específicos;
-        Tomar decisiones informadas necesita entender los riesgos;
-        Un beneficio es mejorar la eficacia y eficiencia de las operaciones;
-        Permite la innovación y mejora de los procesos.
Según la personalidad de cada organización, ésta puede ser aversa al riesgo o agresiva frente al riesgo (“averse vs aggressive”). Puede aceptar y trabajar en un entorno de incertidumbre o necesitar una plataforma estable en el tiempo. Sie el riesgo puede definirse como la incertidumbre frente a los resultados de un proyecto, es una variable subjetiva y la misma situación puede ser para una organización un riesgo de alto impacto y para otra un riesgo de impacto bajo.
Una misma organización puede tolerar o no un peligro, aceptar la exposición a un riesgo de control o invertir en un riesgo de oportunidad.  En el caso de riesgos de seguridad y sanidad, las organizaciones deben ser intolerantes y eliminarlos. En el caso de robo, por ejemplo, las empresas pueden asumir un cierto nivel de robo, porque eliminarlo puede tener un coste alto poco eficiente.
Son riesgos:
-        Coste variable o disponibilidad de materias primas;
-        Velocidad del cambio organizativo;
-        Fiabilidad de los sistemas de información;
-        Protección de datos y Propiedad Intelectual;
-        Reputación;
-        Temas regulatorios o legales;
-        Globalización y cambios de mercado;
-        Aumento de expectativas de los clientes;
-        Innovación de producto;
-        Cambios tecnológicos.
El modelo de las 4Ts nos dice que hay cuatro aproximaciones de gestión: tolerar, tratar, transferir y terminar.

domingo, 7 de junio de 2020

Miedo al hambre, miedo a la escasez


Me doy cuenta de que cuando voy de viaje siempre llevo una cantidad exagerada de comida, y también de que como antes de salir por la mañana a trabajar, por si acaso tuviese hambre a lo largo del día. En realidad, esto no es racional, no pasa nada por estar 8 o 10 horas sin ingerir alimento.

Es un miedo a la escasez, a no permitir la menor probabilidad de que nada falte bajo ninguna circunstancia, una falta de confianza hacia mí mismo, hacia los demás, que siempre alguien nos daría comida, hacia el mundo, que siempre dispondrá de un mecanismo compensador,  y hacia Dios, Dios proveerá.

¿Cómo quitar el miedo? ¿Generando confianza? Ayer tuve una buena experiencia, ayuné durante 48 horas y me di cuenta de que no pasa nada, de que no tuve hambre, de que no desarrollé ninguna enfermedad y de que no sufrí. De hecho, tuve una sensación de liviandad y de agilidad desacostumbrada. Tenía enormes cantidades de energía para moverme sin esfuerzo. Subí a la Maliciosa a 2200 metros de altura y al volver, salí a dar una vuelta en bici de una hora.

Tiene algo de sensación de domar el cuerpo, nosotros somos los amos y no él. Todas las religiones históricamente animan a sus fieles a ayunar, no solo para balancear el poder del alma y del cuerpo, sino también porque el miedo al hambre es un miedo a la muerte encubierto, es lo que nos mantiene estancados en la negatividad.

Otra sensación que he tenido del ayuno es la de dignidad. Son solo 48 horas, no quiero ni imaginarme lo que sería ayunar 40 días en el desierto. Me da la impresión de que ese miedo al hambre y a la escasez es una potente arma de manipulación y esclavitud. Si mi dignidad como ser humano para mí fuera más importante que el hambre del cuerpo físico, la esclavitud sería imposible. Por eso ayunar es libertad, es perder el miedo al hambre y de paso a la muerte.

Y el miedo al hambre se pierde pasando hambre, ayunando. El miedo al hambre se pierde también comprendiéndolo. El ayuno no es solo no comer, sino también la práctica interior de ser consciente del hambre y del rol que el hambre tiene en nuestra dignidad. Me pregunto por qué el comer se considera uno de los mayores placeres a nivel físico y por qué ese placer de estar lleno de comida se asocia con el placer de estar lleno de positividad, amor, felicidad, paz, alegría etc.

Estar delgados no es un truco de la publicidad ni un engaño social, es algo trascendental, es la fuerza que nos lleva a ayunar y a concienciarnos de la relación con nuestro cuerpo. No es un tema estético de belleza sino uno ontológico sobre el sentido de la vida.

Ayunar desarrolla la autoestima porque a través de la voluntad se expresa “Tú no vas a ser más que yo, tú no vas a poder someterme”. No se trata de comer más o menos sano, vegano o vegetariano, se trata de enfrentarse al miedo al hambre, a la escasez y a la muerte para buscar nuestra libertad.

Además, es una experiencia fisiológica. Ayunar es apelar al hambre. Al hambre de verdad. Siento que nunca he conocido el hambre. Me refiero a esa sensación que es capaz de salvarte la vida, que te impele a buscar comida para sobrevivir.

El hambre es la necesidad de alimento, y yo nunca he tenido necesidad de alimento. Sin necesidad de alimento no hay hambre y no deberíamos comer. No se debe confundir el hambre con otras sensaciones habituales que nos llevan a comer.

Yo pensaba que el hambre se sentía en la parte alta del estómago, en forma de contracciones, un dolor, una punzada en la parte baja del pecho, el epigastrio. Algo que puede llegar a provocar dolores de cabeza, falta de vigor vital, debilidad o quemazón.

Ahora sé que eso es apetito, una sensación de búsqueda de comida, cualquier cosa, rápida, sin importar la cualidad solo la cantidad. Esa sensación de quemazón y de debilidad en realidad es el efecto de echar de menos el café, el té, las especias y la comida sin hambre. Viene por un estado congestionado de irritación del estómago, una indigestión.

No es lo mismo el hambre que el apetito. El hecho de que la comida inmediata suavice el dolor viene de la congestión, es decir, que la membrana mucosa del estómago está congestionada. Incluso ingiriendo varias comidas copiosas al día no desaparece la sensación de apetito. Comer palía temporalmente el dolor nervioso y gástrico, pero es un comer que no supone la capacidad de digerir y asimilar lo ingerido. El apetito es la sensación morbosa que representa la irritación gástrica, la neurosis, la úlcera gástrica, la indigestión, la inflamación gástrica, la reacción ante la retirada de la estimulación continua, pero no hambre. El dolor de estómago durante el ayuno viene de la inflamación crónica de la membrana del estómago.

Es una especie de alcoholismo de comida. Yo a veces comía varias veces al día y nunca se quitaba la sensación de apetito, la comida era un paliativo a la adicción.

Cuando aparece ese dolor en el estómago, no deberíamos comer sino ayunar hasta hacerlo desaparecer. Es verdad que comer palía temporalmente ese dolor pero no por hambre. No hay que confundir la falta de nutrientes con la ausencia de los estímulos habituales en el estómago. Es un síndrome de abstinencia de la droga de comer continuamente sin hambre.

El gluten también causa síntomas de abstinencia. Aunque es una proteína problemática, es muy adictiva. Una razón es que produce exorfinas A5, B4 y B5 que son opiáceos naturales, muy estimulantes. Quitar radicalmente el gluten de la dieta conlleva ansiedad, distensión, molestia estomacal, irritabilidad, dolor articular, niebla cerebral, diarrea, cansancio o pérdida de peso. Quitarme el gluten de mi dieta hace 8 años fue como recuperarme de una adicción, eso sí, con energía, vitalidad, deshinchado y con mejor humor.

Lo que el hambre de verdad provoca es sensación de alerta y bienestar. La sensación de hambre no es una patología ni un síntoma ni una adicción. Representa la necesidad de nutrientes. La persona con hambre de verdad no busca cantidad sino cualidad, busca un zumo de frutas y sabe cuándo parar porque no necesita más. A través del ayuno, una vez vacías las reservas de energía del cuerpo, emana la sensación verdadera de hambre. No se siente en el estómago, sino en la boca y en la garganta.

Es una sensación desconocida que probablemente no había sentido desde la infancia. El gusto y el apetito lo tenemos pervertido por la sobrealimentación en la infancia. Probablemente se inició la primera vez que mi madre o la enfermera, con buena voluntad, me obligaron a comer cuando yo no estaba preparado todavía. El proceso siguió así hasta que décadas más tarde empezó a ser problemático y cualquier llamada de la naturaleza del cuerpo empezó a interpretarse como signo de hambre.

Por eso tenemos miedo al hambre, porque creemos que el hambre es un demonio. Pero como el sueño, el cansancio o la sed, es un protector del cuerpo.


Ayunar ayuda a descubrir que el hambre es algo placentero, casi una sensación exquisita que merece la pena experimentar. El flujo de saliva genera agua en la boca. Se siente en la boca, la garganta y la nariz, íntimamente asociada al gusto y al olor.  De mucha sensibilidad. Sin dolor ni sufrimiento. Genera un deseo consciente y distinto para la comida. Es una sensación de confort.