martes, 22 de junio de 2021

Suspender el juicio

 


Juzgar a los demás significa dar un significado a sus acciones, sus valores o sus emociones. Eso quiere decir que vemos una dualidad, lo que realmente es y lo que a nosotros nos gustaría que fuese, o lo que creemos que debería ser. Y esos dos niveles no concuerdan.

Es terriblemente agotador juzgar constantemente a los demás, porque no tiene ningún efecto positivo en los demás, pero sí un efecto drenador de energía en nosotros. Para ser una actividad tan negativa es curioso que sea tan popular. ¿Por qué lo hacemos?

Cuando juzgamos a alguien, tendemos a sustituir a la persona por el juicio generado. Un juicio negativo una vez conlleva que posteriormente bloqueamos los sentidos y dejamos de percibir la realidad, la sustituimos por nuestra mente y el juicio allí almacenado en el pasado.

Según Vipassana, y la teoría del conocimiento, hay seis fuentes del conocimiento, los cinco sentidos por un lado y la memoria por el otro lado. La meditación y las técnicas de mindfulness y concentración plena nos enseñan a utilizar los sentidos y poner en duda lo que nos llega a través de la mente y los pensamientos. Nos enseña a licuarnos y deshacer esa esencia que creemos que somos y que no nos hace ningún bien.

Incluso el papá Francisco pide a los cristianos que suspendan el juicio. “No juzguen y no serán juzgados”, según se lee en el Evangelio (Lc 6, 36-38). Dice Francisco: “¡Cuántas veces el tema de nuestras conversaciones es juzgar a los demás!”. “Pero, a ti, ¿quién te ha hecho juez?”, “el único juez es el Señor”. Lo contrario es la misericordia y la humildad.

Según Helen Schucman, el hombre no se crea a sí mismo, pero tiende a olvidarse de ello cuando se vuelve egocéntrico. Pero siente el miedo a través del Juicio Final, creyendo que juzgar es un atributo de Dios

Sin embargo, el Juicio Final no se trata de que vayamos a ser juzgados, sino que es un recurso de aprendizaje que los humanos tenemos en nuestro camino de expiación a través de nuestra vida en nuestro mundo. El Juicio Final es la última curación, en vez de un reparto de castigos, por mucho que pienses que los castigos son merecidos.

Schucman ve siete fuentes de conocimiento. La séptima es la mente en su capacidad por reconocer la Verdad, ese uno de Plotino o Demiurgo que es sí o sí y siempre. La mente puede conocer a Dios cuando no se ve bloqueada por el Ego y la percepción errada de la mente.

El demiurgo (en griego: Δημιουργός, Dēmiurgós), en la filosofía gnóstica, es la entidad que, sin ser necesariamente creadora, es impulsora del universo. En la filosofía idealista de Platón y en la mística de los neoplatónicos es considerado un dios creador del mundo y autor del universo.

Cuando la Biblia dice “No juzguéis y no seréis juzgados” quiere decir que si juzgas la realidad de otros no podrás evitar juzgar la tuya propia. La decisión de juzgar en lugar de conocer, en el sentido pleno de la Verdad, es lo que nos hace perder la paz. Los juicios siempre entrañan rechazo, nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto permanece en tu mente.

Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Pero sí, estás dotando de significado a lo que no lo tiene. Estás generando energía y poder donde no la hay. Podemos decir que no existe tal cosa como el pensamiento privado, que todos somos uno como hijos de Dios, y que cualquiera de mis pensamientos tiene un impacto contundente en las personas a mi alrededor.

Juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca.

Pero es un tremendo alivio y una profunda paz estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Reconoces lo que eres y lo que tus hermanos son, y juzgar deja de tener sentido.

No abrigues ningún juicio, ni seas consciente de ningún pensamiento, bueno o malo, que jamás haya cruzao tu mente con respecto a nadie. Ahora no lo conoces, pero eres libre de conocerlo, de conocerlo bajo una nueva luz. Ahora él renace para ti, y tú para él, sin el pasado que lo condenó a morir, y a ti junto con el. Ahora él es tan libre para vivir como lo eres tú porque una viaj alección que se había aprendido ha desaparecido, dejando un sitio donde la verdad puede renacer.

Hay una creencia tóxica de que es imprescindible juzgar. No tienes que juzgar para organizar tu vida y no tienes que hacerlo para organizarte a ti mismo. Cuando te sientes cansado es porque te has juzgado a ti mismo como capaz de estar cansado. Cuando te ríes de alguien es porque has juzgado a esa persona como alguien que no vale nada. Cuando te ríes de ti mismo te ríes de los demás, no puedes tolerar la idea de ser menos que ellos. Todo esto hace que te sientas cansado.

La tentación es muy grande de juzgar cualquier situación y de determinar tu reacción basándote en los juicios que has hecho de la misma. Sin embargo, los juicios siempre aprisionan, porque fragmentan la realidad con las inestables balanzas del deseo, y los deseos no son hechos, sino el ejercer la voluntad. Los juicios se basan siempre en el pasado, pues tus experiencias pasadas constituyen su base. Es imposible juzgar sin el pasado pues sin él no entiendes nada. No intentarías juzgar porque te resultaría obvio que no entiendes el significado de nada. Esto te da miedo porque todo sería caótico.

No solo es que los juicios estén vinculados al pasado, sino que tampoco tienes idea de lo que debió haber ocurrido. Ahora el único dictamen que puede hacerse es si al ego le gusta lo que pasó o no, si es aceptable para él o si clama por venganza. La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final, hace que sea dudoso el que se pueda entender y que sea imposible evaluarlo.

Los valores son juicios mentales, y por eso relativos. Son ilusiones, que perduran mientras les sigas atribuyendo valor. La única manera de desvanecer las ilusiones es retirando de ellas todo el valor que les has otorgado.  Al hacer eso dejan de tener vida para ti porque las has expulsado de tu mente.  Mientras sigas incluyéndolas en tu mente estarás infundiéndoles vida.

Tienes miedo de aquello que has percibido y te has negado a aceptar. Y lo ves en pesadillas o disfrazado bajo apariencias agradables en lo que parecen ser tus sueños más felices. Nada que te hayas negado a aceptar puede ser llevado a la conciencia. De por sí, no es peligroso pero tú has hecho que a ti te parezca que lo es.

¿Te has cuestionado alguna vez cómo es realmente el mundo y qué aspecto tendría se contemplase con ojos felices? El mundo que ves no es sino un juicio con respecto a ti mismo. Tus juicios te imponen una sentencia, la justifican y hacen que sea real. Ese es el mundo que ves: un juicio contra ti mismo, que tú mismo has emitido. Tú te ves obligado a adaptarte a ese mundo mientras sigas creyendo que esa imagen es algo externo a ti y que te tiene a su merced. Ese mundo es despiadado, y si se encontrase fuera de ti, tendrías ciertamente motivos para estar atemorizado. Pero fuiste tú quien hizo que fuese inclemente, y si ahora esa inclemencia parece volverse contra ti, puede ser corregida.

La reprogramación de estos pensamientos puede llevar a un nuevo comienzo, en el que los sueños de juicios den paso a los de perdón, liberándote así del dolor y del miedo. El amargo sueño de juicios puede ser des-hecho para siempre. El juicio que habías emitido sobre el mundo queda anulado mediante tu decisión de tener un día feliz.

Es curioso que una habilidad tan debilitante goce de tanta popularidad.

 

Experiencia transpersonal

 

Por imposible y absurdo que parezca a nuestra mente racional y sentido común, he podido en algunos momentos experimentar a Dios y la Santidad, y la Salvación, y ser bendito.

Normalmente, en el día a día, camino de un sitio a otro con un plan de trabajo. En ese estado de conciencia, existe el tiempo y el espacio, y solo ellos. Me experimento como existiendo dentro de los límites de mi cuerpo físico y mi percepción del mundo externo está restringida por el rango de los órganos sensoriales, el olor, el tacto, la vista… así como por las características físicas de mi entorno.

Como decía no sé quién, esta experiencia es de "ego encapsulado en la piel".  En el estado ordinario de conciencia, me experimento a mí mismo como objeto material separado del resto del mundo por mi piel.

Sin embargo, hay algunos momentos específicos donde se puede visualizar claramente una realidad sin espacio ni tiempo. Como ser psicópata durante un rato. En las experiencias transpersonales, parece que se trasciende una o varias de las limitaciones anteriores.

A mí me pasa a menudo en la montaña, caminando, observando o durmiendo en la naturaleza. Es como una experiencia de conciencia grupal, me puedo identificar con un ciervo o una mariposa, me puedo identificar con un árbol o una flor. Puedo comunicarme telepáticamente con alguien que esté lejos. Por milésimas de segundo puedo convertirme en un águila, en una realidad sin espacio o sin tiempo. Puedo ser mica o granito.

En esos momentos lo que veo parece un cuadro de Esher y no me parecen alucinaciones erráticas de un cerebro enfermo. Tal vez sea madurez y desarrollo.

La pregunta es cómo promover ese tipo de experiencia transpersonal, en qué circunstancias puede darse y en qué circunstancias no se da.

 

 


 

Según Stanislav Grof, cuando trabajamos con estados holotrópicos de conciencia, tenemos que expandir la cartografía de la psique humana utilizada por los psiquiatras y psicólogos convencionales agregando un vasto dominio transbiográfico.

Las experiencias que pertenecen a esta categoría fueron conocidas en todas las culturas antiguas y aborígenes y jugaron un papel importante en su vida ritual y espiritual. Los psiquiatras modernos están familiarizados con estas experiencias, pero las ven como productos de un proceso patológico desconocido, más que como componentes genuinos y relevantes de la psique humana.

Estas experiencias son manifestaciones normales de los profundos recovecos de la psique y partí de la posición oficial de la psiquiatría convencional, acuñé para ellos el nombre transpersonal. Este término significa literalmente "ir más allá de lo personal" o "trascender lo personal".

El denominador común en este rico y ramificado grupo de experiencias es la comprensión de que nuestra conciencia se ha expandido más allá de los límites habituales del cuerpo / ego y ha trascendido las limitaciones del tiempo lineal y el espacio tridimensional.

En el estado de conciencia cotidiano ("normal"), nos experimentamos como existiendo dentro de los límites de nuestro cuerpo físico (la imagen corporal) y nuestra percepción del mundo externo está restringida por el rango de nuestros órganos sensoriales, así como por las características físicas de nuestro entorno.

Nuestras experiencias también están claramente definidas por las categorías de espacio tridimensional y tiempo lineal. En circunstancias ordinarias, experimentamos vívidamente solo nuestra situación actual y nuestro entorno inmediato; recordamos eventos pasados ​​y anticipamos el futuro o fantaseamos con él. En las experiencias transpersonales, parece que se trasciende una o varias de las limitaciones anteriores.

La mejor manera de describir las experiencias transpersonales es compararlas con nuestras experiencias cotidianas de nosotros mismos y del mundo. En el estado ordinario de conciencia, nos experimentamos a nosotros mismos como objetos materiales separados del resto del mundo por nuestra piel.

El escritor y filósofo británico-estadounidense Alan Watts se refirió a esta experiencia de uno mismo como una identificación con el "ego encapsulado en la piel". No podemos ver objetos de los que estamos separados por una pared opaca sólida, barcos que están más allá del horizonte o el otro lado de la luna. Si estamos en Praga, no podemos escuchar de qué hablan nuestros amigos en San Francisco. No podemos sentir la suavidad de la piel de cordero a menos que la superficie de nuestro cuerpo esté en contacto directo con ella.

En los estados transpersonales de conciencia, ninguna de las limitaciones anteriores es absoluta; cualquiera de ellos puede trascenderse. No hay límites para el alcance espacial de nuestros sentidos. Podemos experimentar, con todas las cualidades sensoriales, episodios que ocurrieron en cualquier lugar y en cualquier momento del pasado y, en ocasiones, incluso aquellos que aún no han sucedido.

El espectro de experiencias transpersonales es extremadamente rico e incluye fenómenos de varios niveles diferentes de conciencia. En la Tabla, se enumera y categoriza tipos de experiencias que, en mi opinión, pertenecen al dominio transpersonal.

Extensión experiencial dentro del espacio-tiempo:

·        Trascendencia de los límites espaciales

o   Experiencia de unidad dual

o   Identificación experiencial con otras personas

o   Experiencia de conciencia grupal

o   Experiencia de identificación con animales

o   Identificación con plantas y procesos botánicos

o   Identificación con la vida y toda la creación

o   Experiencia en procesos y materiales inorgánicos

o   Experiencias de seres y mundos extraterrestres

o   Fenómenos psíquicos que involucran la trascendencia del espacio (telepatía, OBE, proyección astral, clarividencia horizontal)

·        Trascendencia de los límites temporales

o   Experiencias fetales y embrionarias

o   Experiencias ancestrales

o   Experiencias raciales y colectivas

o   Experiencias de vidas pasadas

o   Experiencias filogenéticas

o   Experiencias de la evolución de la vida

o   Experiencias cosmogenéticas

o   Fenómenos psíquicos que involucran la trascendencia del tiempo (psicometría, clarividencia vertical, lectura de vidas pasadas)

·        Exploración experiencial del micromundo

o   Conciencia de órganos y tejidos

o   Conciencia celular

o   Experiencia de ADN

o   Experiencias de los mundos molecular, atómico y subatómico

Extensión experiencial más allá del espacio-tiempo y la realidad consensuada

  • ·        Fenómenos energéticos del cuerpo sutil (auras, nadis, chakras, meridianos)
  • ·        Experiencias de espíritus animales (animales de poder)
  • ·        Encuentros con guías espirituales y seres suprahumanos
  • ·        Experiencias de arquetipos universales
  • ·        Secuencias que involucran deidades dichosa e iracunda específicas
  • ·        Comprensión intuitiva de los símbolos universales.
  • ·        Inspiración creativa e impulso prometeico
  • ·        Experiencia del Demiurgo y conocimientos sobre la creación cósmica.
  • ·        Experiencia de la conciencia absoluta
  • ·        El vacío supracósmico y metacósmico

 

Las experiencias transpersonales se pueden dividir en tres grandes categorías. El primero implica principalmente la trascendencia de las barreras espaciales y temporales habituales. Una extensión experiencial más allá de las limitaciones espaciales del "ego encapsulado en la piel" conduce a experiencias de fusión con otra persona en un estado que puede llamarse "unidad dual", asumiendo la identidad de otra persona o identificando con la conciencia de todo un grupo de personas.

Por imposible y absurdo que parezca a nuestra mente racional y sentido común, podemos tener la experiencia de convertirnos en todas las madres o niños del mundo, guerreros de todas las edades, toda la población de la India o todos los presos de prisiones y campos de concentración.

Nuestra conciencia puede incluso expandirse hasta tal punto que parece abarcar a toda la humanidad. Se pueden encontrar descripciones de experiencias de este tipo en la literatura espiritual de todo el mundo.

De manera similar, podemos trascender los límites de la experiencia específicamente humana e identificarnos con la conciencia de varios animales y plantas en el árbol evolutivo darwiniano: convertirnos en un águila, un gorila de espalda plateada, un dinosaurio o una ameba, un árbol de secuoya, algas marinas, o una planta carnívora.

Incluso podemos experimentar una forma de conciencia que parece estar relacionada con objetos y procesos inorgánicos, como la conciencia de un diamante, granito o una vela encendida.

En los extremos, es posible experimentar la conciencia de la biosfera, de todo nuestro planeta o de todo el universo material. Por increíble que pueda parecerle a un occidental que se suscribe al materialismo monista, estas experiencias sugieren que todo lo que podemos experimentar como objeto en el estado cotidiano de conciencia tiene, en el estado holotrópico de conciencia, una representación subjetiva correspondiente.

Es como si todo en el universo tuviera su aspecto objetivo y subjetivo como se describe en las grandes filosofías espirituales de Oriente. Por ejemplo, los hindúes ven todo lo que existe como una manifestación de Brahman, y los taoístas consideran que todo en el universo ha sido creado por transformaciones del Tao.

Otras experiencias transpersonales en esta primera categoría se caracterizan principalmente por superar los límites temporales más que espaciales, como en la trascendencia del tiempo lineal. Ya hemos hablado de la posibilidad de revivir importantes recuerdos de la infancia y la niñez, y del recuerdo del nacimiento biológico y la existencia prenatal.

Según la cosmovisión materialista, los recuerdos requieren un sustrato material. Sin embargo, a medida que la regresión temporal continúa más atrás en la historia, se vuelve cada vez más difícil encontrar un medio material creíble para estos recuerdos. Parece más plausible ver que implican la trascendencia del tiempo o algún sustrato inmaterial, como el campo Akáshico de Laszlo, el campo morfogenético de Sheldrake, la memoria de von Foerster sin un sustrato material o el campo de la conciencia misma (Laszlo 2016, Sheldrake 1981, von Foerster 1965).

Es posible experimentar recuerdos auténticos de diferentes períodos de desarrollo embrionario temprano e incluso identificación con el esperma y el óvulo en el momento de la concepción a nivel de conciencia celular.

El proceso de retroceso experiencial de la creación no se detiene aquí. En los estados holotrópicos, podemos experimentar episodios de la vida de nuestros antepasados ​​humanos o animales, o incluso aquellos que parecen provenir del inconsciente racial y colectivo, como lo describe C. G. Jung.

Con bastante frecuencia, las experiencias que parecen estar sucediendo en otras culturas y períodos históricos se asocian con un sentido de recuerdo personal, un sentimiento convincente de déjà vu o déjà vecu (algo que uno ya ha visto o experimentado). Luego, la gente habla de revivir recuerdos de vidas pasadas o de encarnaciones anteriores.

Las experiencias en estados holotrópicos también pueden llevarnos al micromundo, a estructuras y procesos que normalmente no son accesibles a nuestros sentidos sin ayuda. Estos pueden recordar a la película Fantastic Voyage de Isaac Asimov, que retrata el mundo de nuestros órganos internos, tejidos y células, o incluso pueden implicar una identificación experiencial completa con ellos.

Particularmente fascinantes son las experiencias del ADN, que están asociadas con la comprensión del misterio último de la vida, la reproducción y la herencia. En ocasiones, este tipo de experiencia transpersonal puede llevarnos al mundo inorgánico de moléculas, átomos y partículas subatómicas.

El contenido de las experiencias transpersonales descritas hasta ahora consiste en varios fenómenos existentes en el espacio-tiempo. Involucran elementos de nuestra realidad familiar cotidiana: otras personas, animales, plantas, materiales y eventos del pasado.

En lo que respecta a estos fenómenos en sí mismos, no hay nada aquí que normalmente consideremos inusual. Pertenecen a una realidad que conocemos; aceptamos su existencia y la damos por sentada. Lo que nos sorprende con respecto a las dos categorías de experiencias transpersonales descritas anteriormente no es su contenido, sino el hecho de que podemos presenciar o identificarnos completamente con algo que normalmente no es accesible a nuestros sentidos.

Sabemos que hay ballenas preñadas en el mundo, pero no deberíamos poder tener una experiencia auténtica de serlo. Aceptamos fácilmente que hubo una vez la Revolución Francesa, pero no deberíamos poder tener una experiencia vívida de estar realmente allí y estar heridos en las barricadas de París.

Sabemos que están sucediendo muchas cosas en el mundo en otros lugares, pero generalmente se considera imposible experimentar algo que está sucediendo en otro lugar (sin la mediación de una cámara de televisión, satélite y televisor o computadora). También nos puede sorprender encontrar la conciencia asociada con animales inferiores, plantas y con la naturaleza inorgánica.

La segunda categoría de fenómenos transpersonales es aún más extraña. En los estados holotrópicos, nuestra conciencia puede extenderse a reinos y dimensiones que la cultura industrial occidental no considera "reales".

Aquí pertenecen numerosas visiones o identificación con seres arquetípicos, deidades y demonios de diversas culturas, así como visitas a fantásticos reinos mitológicos. A menudo se extraen de mitologías de las que anteriormente no teníamos conocimiento intelectual. También podemos lograr una comprensión intuitiva de los símbolos universales, como la cruz, la cruz del Nilo o ankh, la esvástica, el pentáculo, la estrella de seis puntas o el signo yin-yang.

Es posible tener un encuentro y comunicarse con entidades desencarnadas y suprahumanas, guías espirituales, seres extraterrestres o lo que parecen ser habitantes de universos paralelos.

En sus confines más lejanos, nuestra conciencia individual puede trascender todos los límites e identificarse con la Conciencia Cósmica, o la Mente Universal, también conocida con muchos nombres diferentes: Brahman, Buda, el Cristo Cósmico, Keter, Allah, el Tao, el Gran Espíritu y muchos otros.

La última de todas las experiencias parece ser la identificación con el Vacío supracósmico y metacósmico, el vacío y la nada misteriosos y primordiales, el Abismo Cósmico que es la cuna última de toda la existencia. No tiene un contenido concreto, pero contiene todo lo que hay en forma germinal y potencial. Tiene la inteligencia y la inmensa energía necesarias para crear universos.

La tercera categoría de experiencias transpersonales comprende fenómenos que llamo psicoides, utilizando el término acuñado por Hans Driesch, el fundador del vitalismo, y adoptado por C. G. Jung.

Este grupo incluye situaciones en las que las experiencias intrapsíquicas están asociadas con eventos correspondientes en el mundo externo que están significativamente relacionados con ellos. Las experiencias psicoides cubren una amplia gama desde sincronicidades, curación espiritual y magia ceremonial hasta encuentros OVNI, psicoquinesis y otros fenómenos de la mente sobre la materia conocidos en la literatura yóguica como siddhis (Grof 2006a).

Las experiencias transpersonales tienen muchas características extrañas que hacen añicos los supuestos metafísicos más fundamentales de la cosmovisión materialista y del paradigma newtoniano-cartesiano.

Los investigadores que han estudiado y / o experimentado personalmente estos fascinantes fenómenos se dan cuenta de que los intentos de la ciencia convencional de descartarlos como juegos irrelevantes de fantasía humana o como productos alucinatorios erráticos de un cerebro enfermo son ingenuos e inadecuados.

Cualquier estudio imparcial del dominio transpersonal de la psique debe confirmar que los fenómenos encontrados aquí representan un desafío crítico no solo para la psiquiatría y la psicología, sino también para la filosofía materialista monista de la ciencia occidental.

Aunque las experiencias transpersonales ocurren en el proceso de autoexploración individual profunda, no es posible interpretarlas simplemente como fenómenos intrapsíquicos en el sentido convencional.

Por un lado, aparecen en el mismo continuo experiencial que las experiencias biográficas y perinatales y, por tanto, proceden del interior de la psique individual. Por otro lado, parecen estar accediendo directamente, sin la mediación de los sentidos, a fuentes de información que están claramente mucho más allá del alcance convencional del individuo.

En algún lugar del nivel perinatal de la psique, parece ocurrir un extraño cambio experiencial: lo que hasta ese momento era un sondeo intrapsíquico profundo se convierte en una experiencia extrasensorial de varios aspectos del universo en general.

Algunas personas que experimentaron esta peculiar transición del interior al exterior lo compararon con el arte gráfico del pintor holandés Maurits Escher, mientras que otros hablaron de una “tira experiencial multidimensional de Moebius”. La tablilla de Esmeralda (Tabula smaragdina) de Hermes Trismegistus, que se convirtió en el principio básico de sistemas esotéricos como el Tantra, la Cabalá o la tradición Hermética, confirma estas observaciones con su mensaje: "como es arriba es abajo" o "como fuera, es dentro. " Cada uno de nosotros es un microcosmos que contiene, de alguna manera misteriosa, el universo entero.

Estas observaciones indican que podemos obtener información sobre el universo de dos formas radicalmente diferentes. El modo convencional de aprendizaje se basa en la percepción y el análisis sensorial, así como en la síntesis de la información recibida. La alternativa radical que se hace disponible en los estados holotrópicos es el aprendizaje mediante la identificación experiencial directa con varios aspectos del mundo.

En el contexto del pensamiento del viejo paradigma, las afirmaciones de los sistemas esotéricos antiguos de que el micromundo puede reflejar el macromundo, o que la parte puede contener el todo, parecían completamente absurdas, ya que parecían ofender el sentido común y violar los principios elementales de la lógica aristotélica.

Esto ha cambiado radicalmente después del descubrimiento del láser, que abrió nuevas y asombrosas formas de entender la relación entre la parte y el todo. El pensamiento holográfico u holonómico ha proporcionado, por primera vez, un marco conceptual para un enfoque científico de este fenómeno extraordinario (Bohm 1980, Pribram 1971,1981, Laszlo 1993).

Los informes de sujetos que han experimentado episodios de existencia embrionaria, el momento de la concepción y elementos de la conciencia celular, tisular y orgánica abundan con conocimientos médicamente precisos sobre los aspectos anatómicos, fisiológicos y bioquímicos de los procesos involucrados.

De manera similar, los recuerdos ancestrales, raciales y colectivos y las experiencias de encarnaciones pasadas a menudo brindan detalles muy específicos sobre la arquitectura, la vestimenta, las armas, las formas de arte, la estructura social y las prácticas religiosas y rituales de las culturas y períodos históricos correspondientes, o incluso eventos históricos concretos.

Las personas que experimentaron experiencias filogenéticas o se identificaron con formas de vida existentes no solo las encontraron inusualmente auténticas y convincentes, sino que a menudo adquirieron conocimientos extraordinarios sobre la psicología animal, la etología, los hábitos específicos o los ciclos reproductivos inusuales.

En algunos casos, esto iba acompañado de inervaciones musculares arcaicas no características de los humanos, o incluso comportamientos tan complejos como la realización de una danza de cortejo de una especie en particular.

El desafío filosófico asociado con las observaciones ya descritas se ve agravado por el hecho de que las experiencias transpersonales que reflejan el mundo material a menudo aparecen en el mismo continuo que, e íntimamente entretejidas con, otras que contienen elementos que el mundo industrial occidental no considera verdadero.

El concepto general de la Gran Cadena del Ser, según el cual la realidad incluye toda una jerarquía (o holarquía) de dimensiones que normalmente están ocultas a nuestra percepción, es muy importante y está bien fundado.

Sería erróneo descartar esta comprensión de la existencia como superstición primitiva o delirio psicótico, como se ha hecho con tanta frecuencia. Cualquiera que intente hacer eso tendría que ofrecer una explicación plausible de por qué las experiencias que sustentan sistemáticamente esta visión elaborada y comprensiva de la realidad han ocurrido de manera tan consistente en personas de diversas razas, culturas y períodos históricos.

Cualquiera que intente defender la posición monista-materialista de la ciencia occidental también tendría que dar cuenta del hecho de que estas experiencias continúan emergiendo en personas altamente inteligentes, sofisticadas y mentalmente sanas de nuestra era (Grof 1998).

Esto sucede no solo bajo la influencia de los psicodélicos, sino también en circunstancias tan diversas como sesiones de diversas formas de psicoterapia experiencial, meditaciones de personas involucradas en la práctica espiritual sistemática, en experiencias cercanas a la muerte y en el curso de episodios espontáneos de crisis psicoespirituales. (“Emergencias espirituales”).

No es una tarea fácil resumir, en unas pocas páginas, las conclusiones de las observaciones acumuladas en el curso de más de sesenta años de investigación de los estados holotrópicos y hacer que esas declaraciones sean creíbles. Aunque tuve la oportunidad de escuchar los relatos de experiencias transpersonales de miles de personas y tuve muchas de ellas yo mismo, me tomó años absorber completamente el impacto del shock cognitivo que me impartió el descubrimiento de su existencia. Debido a consideraciones de espacio, no puedo presentar historias de casos detalladas que puedan ayudar a ilustrar la naturaleza de las experiencias transpersonales y los conocimientos que brindan. Sin embargo, dudo que incluso eso, en sí mismo, sea suficiente para contrarrestar los programas profundamente arraigados que la ciencia occidental ha inculcado en nuestra cultura. Los desafíos conceptuales que están involucrados son tan formidables que nada menos que una profunda experiencia personal sería adecuado para esta tarea.

La existencia y la naturaleza de las experiencias transpersonales violan algunos de los supuestos más básicos de la ciencia mecanicista. Implican nociones aparentemente absurdas como la relatividad y la naturaleza arbitraria de todos los límites físicos, las conexiones no locales en el universo, la comunicación a través de medios y canales desconocidos, la memoria sin un sustrato material, la no linealidad del tiempo.

Muchas experiencias transpersonales involucran eventos del microcosmos y el macrocosmos, reinos que normalmente no pueden ser alcanzados por los sentidos humanos sin ayuda, o de períodos históricos que preceden al origen del sistema solar, la formación del planeta tierra, la aparición de organismos vivos, el desarrollo. del sistema nervioso, o la aparición del homo sapiens.

El estudio de las experiencias transpersonales revela una paradoja notable sobre la naturaleza de los seres humanos. Observados en el estado de conciencia cotidiano (hilotrópico u "orientado hacia la materia"), parece que somos objetos newtonianos separados que existen en el espacio tridimensional y en el tiempo lineal.

En un estado holotrópico, funcionamos como campos infinitos de conciencia que trascienden el espacio y el tiempo. Esta naturaleza complementaria de los seres humanos parece tener un análogo distante en la naturaleza onda-partícula de la luz descrita por el principio de complementariedad del físico danés Niels Bohr. Es interesante que Bohr creyera que el principio de complementariedad eventualmente será relevante para otras disciplinas científicas.

Se pueden encontrar declaraciones paradójicas similares en sistemas esotéricos y tradiciones místicas: "El ser humano es un microcosmos que contiene el macrocosmos" y "Como es arriba, es abajo, como fuera, es dentro". Los místicos han hecho pronunciamientos similares, aparentemente absurdos, sobre la separación y la unidad o la identidad y la diferencia: “Sabemos que estamos separados, pero todos somos Uno” y “Sabemos que somos partes insignificantes del universo, pero cada uno de nosotros es el universo entero ".