El café es descafeinado, la leche de soja,
el pastel sin gluten de dulce de leche,
tengo hambre de café y pastel,
que mezclo con mi hambre de propósito,
te entrego mi aquí y mi ahora, dirígeme, quiero seguirte,
bajo tu dirección encuentro mi paz.
Me dedico a enseñar sobre las cosas del mundo,
mi mente sigue empeñada en sus cosas,
la soledad, el abandono, la dependencia, mi adicción.
¿Por qué cultiva la creatividad,
si todavía no soluciono la autoestima y la confianza?
Todo cambia, es efímero, ¿qué hay estable que pueda creer?
Me preguntan por mis miedos,
me sale el miedo a la soledad, me reconozco en ella.
Por eso me hago dependiente de los demás,
acepto indignidades a cambio de migajas de cariño,
admito situaciones complicadas a cambio de no sentirme
abandonado,
puedo hacerme la víctima si hace falta,
o hacer de salvador de quien lo necesite si me halagan,
no quiero volver a sentirme abandonado,
recuerdo haberlo sentido a menudo de niño,
mi madre me daba cuidados y ponía atención en mí,
pero no era la atención amorosa que yo esperaba de ella,
soy capaz de pasar por cualquier cosa con tal de no repetir
aquella vivencia.
Fui abandonado por mi madre, definitivamente,
ella se alejó, se marchó para distanciarse, se comportó así,
no lo percibo como una cuestión de repeler y no querer
tenerme,
sino de que se comportaba esquivamente, no había
comunicación,
era demasiado reservada para sus cosas.
Me siento que mi cuerpo pierde el tono, mis músculos no me
sostienen,
estoy encorvado, mi cuerpo se ablanda,
siento mis ojos tristes y grandes.
Me agobia la palabra dejar,
un final de algo agradable para mí es un abandono.
Me gusta el pan, es mi tierra nutricia,
busco fusionarme fácilmente con las personas que me atraen.
Hay cosas que no entiendo, me enfado o me entristezco,
y recibo un castigo, me prohíben hacer algo que yo
consideraba bueno.
¡Qué rueda más tóxica!
Me siento mal y busco un abrazo y claridad,
que me expliquen claras y concisas mis ideas,
y amor, un abrazo que me baje la adrenalina y el cortisol,
que me colme de oxitocina.
Pero no me entienden,
me prohíben montar en bici,
me prohíben algo maravilloso de mí,
es malo, montar en bici es malo,
me confunden, me implantan valores erróneos,
que alguien me lo explique,
eso me va a enfadar más todavía.
Necesito que alguien vea detrás,
que entienda lo que yo no entiendo,
que me de la mano y me lleve,
que disuelva mis miedos en su amor.
Cuando siento miedo a la soledad, quiero cariño,
no que me prohíban montar en bici.
Si lo expreso mal, lo siento, pero eso no cambia mi
sentimiento.
Lo que necesito es un beso,
una tonelada de oxitocina, pilas recargadas,
la mejor medicina contra la soledad,
contra el no pertenezco a este mundo,
contra la tristeza,
contra la sensación de falta de tono en mis músculos.
Es sinfonía de Haydn para mis oídos,
ahora cada nota me lleva suave a la siguiente,
me siento seguro y querido.
¿Dónde estaban mi tristeza y mi ira?
La armonía fluye y yo sigo mi camino,
a veinte centímetros del suelo.

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