Tengo miedo.
Lo he descubierto recientemente, antes no era consciente de
su existencia en mí,
tengo miedo cuando me pongo a trabajar,
tengo miedo de irme a dormir,
tengo miedo de despertar y tener que enfrentar el nuevo día,
Mafalda dice que le duele el mundo.
No es sensación de miedo a, sino sensación de miedo, sin
acusativo ni dativo,
un verbo intransitivo,
es una sensación de vértigo y no importa lo que hay al final
del abismo,
es miedo y no miedos.
Lo he leído, pero no me convence, según la psicología, el
miedo es una emoción humana natural,
poderosa y primitiva, que implica una respuesta bioquímica,
el miedo nos alerta sobre la presencia de peligro o la
amenaza de daño,
ya sea que ese peligro sea físico o psicológico.
A veces, el miedo proviene de amenazas reales,
pero también puede originarse en peligros imaginarios,
en cuyo caso, el miedo puede ser un síntoma de algunas
afecciones de salud mental,
como el trastorno de pánico, el trastorno de ansiedad
social, las fobias
y el trastorno de estrés postraumático (TEPT).
A mí, lo que antes se me mostraba en forma de angustia,
incertidumbre, desasosiego,
ansiedad o nervios,
ahora lo veo con la óptica del miedo, que es otra cosa que
lo que dice la psicología.
Yo antes evadía esos momentos incómodos entreteniéndome con
alguna superficialidad,
alguna película, alguna conversación o el teléfono,
ahora el miedo tiene otro significado y no lo quiero,
trae consigo la necesidad de resolverlo;
de entender miedo por qué y de sustituirlo por amor y
creatividad.
Ahora quiero liberarme del miedo,
poder vivir sin esa sensación que entorpece y que limita mi vida
quiero poder pensar en creativo sin esa sensación corporal
de temblor en el estómago,
quiero encontrar al guía interior mío que me enseñe el
camino sin que me palpite el estómago,
quiero no tener que comer para fracasadamente alejar esa
sensación de miedo.
Quiero incluso quitarme el miedo de mirarme adentro,
reconozco una insondable cavidad dentro de mí
que alberga recuerdos, traumas, proyectos, visiones, a mi
niño interior, el inconsciente freudiano.
Está bien tapada y no sale sino en momentos realmente
complicados,
pero, veo que hay que abrir, dejar salir, airear los
traumas, dejarlos respirar,
hasta dejar la cavidad limpia y digna de ser la sala de
visita.
Me parece posible des-hacer el miedo,
tengo la sensación de que el miedo ha sido fabricado, que no
estaba ahí antes de forma natural,
y de que he sido yo quien ha construido mis miedos.
Conjeturo que yo podría ponerme delante de ellos
y comenzar la labor de desarmar cada una de sus piezas,
supongo que puedo dedicar el tiempo e invertir mi dedicación,
para convertir el miedo en espacio libre y que habrá
merecido la pena la transformación.
Un abrazo puede quitar el miedo, y lo hace de forma radical,
puedo sentir los flujos energéticos desapareciendo a través
del sumidero,
encontrar el abrazo especial que logra este proceso es
quizás lo más mágico que nunca pueda darse.
En mí, el miedo también se desvanece cuando me enfoco en el
presente,
cuando me enfoco en lo que mis sentidos están enviando a mi
mente
y evito que sea mi mente la que llena mis pensamientos de
pasados y de futuros,
el tacto, la vista, el olor…
Cuando empiezo a destripar mi miedo, me encuentro con mis
padres,
no ser suficiente frente a las expectativas que ellos me han
generado en la vida,
desde pequeño he vivido en la creencia de que mis padres
tenían una forma de entender la vida para mí no tan buena,
y, por tanto, yo me he impuesto el objetivo de cambiar, de
mejorarla.
Se parece a la sensación de cuando un coche me adelanta en
la carretera
y se queda pegado delante obligándome a reducir la velocidad,
cuando alguien me adelanta, espero verlo desaparecer en el
horizonte
y sentir la liberación de su presencia limitadora.
Yo tengo miedo de haber necesitado adelantar,
pero no ser capaz de acelerar hasta perderme en el horizonte,
esa creencia de padres insuficientes con miedo a yo no ser
suficiente
es un juego mental como tela de araña en el que yo he estado
atrapado.
Cuando excavo en mis miedos me encuentro con mi sentido de
la culpa,
no ser suficiente, no ser capaz de dar amor a los demás tal
como se me requiere,
tal como yo me lo exijo, tal como mis creencias me dicen que
es apropiado,
tal como es obligatorio.
La culpa me lleva a cargar mochilas sobre mis espaldas,
con los comportamientos de otras personas, mis hijos, otros;
son así, actúan inapropiadamente, porque yo no he hecho lo
suficiente.
Hay una creencia básica detrás de esto, que el mundo es un
lugar hostil,
y que yo estoy abandonado a mi suerte,
me duele el mundo hostil que me ataca y me exige,
en esos momentos el amor llega a rescatarme y me saca del
pozo,
los pensamientos de amor que significan entender cada
ataque, cada resentimiento, cada acción
desde un punto de vista amoroso,
me contradicen esa creencia básica y me hacen sentirme
libre.
Cada pequeña acción, palabra o frase, es posible entenderla
desde dos ópticas diferentes,
desde la hostilidad con ataque y abandono, y desde el amor.
Es una decisión radical en cada momento,
o doy el siguiente paso con el pie derecho o lo doy con el
izquierdo,
es un entrenamiento de la mente constante, como en las COES,
decidir siempre el pie del amor.
Esa vía amorosa, ese pie entrañable, consiste en dejar de
juzgar y en perdonar,
cuando dejo de juzgar a los demás y a mí mismo,
solo me queda ver el niño interior que siempre ha estado
conmigo, ese ser maravilloso,
así pierdo momentáneamente el miedo a ser rechazado y a no
ser querido.
La acción es amorosa cuando entendemos al otro como un
igual,
sin complejos de inferioridad ni superioridad, sin
debilidades ni fortalezas, sin poder,
si el otro es igual, es natural perdonar.
Ese niño interior es entrañable y amoroso,
me encantaría ser capaz de despejar los obstáculos que me
impiden experimentar su presencia,
ese niño interior es un fin en sí mismo,
quiero quitarme las creencias que me lo impiden dictándome
otros objetivos más importantes
o más urgentes,
deseo dejar de pensar que tengo que hacer méritos para
conseguir algo de reputación y de prestigio,
anhelo dejarme el honor y la honra en la cuneta,
para abrazar a mi niño interior cariñosamente y dejarnos ir
juntos de la mano.
Me gusta ser capaz de hablar de mis miedos, de sacarlos del
cuarto oscuro,
a veces asocio el miedo y la oscuridad,
como si la oscuridad fuera capaz de ocultar lo que está ahí,
se me ha inculcado creer que lo que no puedo ver con los
ojos del cuerpo no existe,
y con esa creencia no es posible ver ni la energía, ni el
espíritu ni el miedo.
Des-hacer el miedo se me parece a encender la luz y ver a mi
niño interior,
acurrucado en un rincón abrazado a sus piernas,
expresión amarga y ojos grandes,
pidiendo ayuda para salir de ello.
Encender la luz no hace que el miedo desaparezca,
pero supongo es un buen primer paso para acabar
des-haciéndolo.
Sueño con liberarme del miedo,
con sentir ese estado de Whatsapp en el que mi miedo ha sido
ya abolido,
en ese estado hay luz, ganas, ilusión y un mundo ilimitado a
disfrutar,
en ese estado, mis sentidos funcionan con intensidad, me
dictan el camino,
y no existe pasado ni futuro, se hace camino al andar.
La luz me produce un estado de suspensión completa, aunque
temporal, de la duda y el miedo,
es temporal, como el hambre o el deseo,
cuando tengo hambre como y se des-hace la situación,
pero, coma lo que coma, antes o después, el hambre
reaparece,
y es necesario empezar por el principio, comprar, cocinar,
comer, limpiar,
así en un círculo sin salida.
La duda y el miedo desaparecen temporalmente cuando
encuentran su alimento,
hasta que vuelven a la presencia.
La liberación del miedo me exige pensar que la oscuridad
podría ocultar,
pero la realidad es que no hay nada que yo tenga para
ocultar, aunque pudiese hacerlo;
cuando ya no esté dispuesto a ocultar nada,
podré entrar en un estado de comunión en el que se dé la paz
y la dicha.
¿Qué significa exactamente dejar de ocultar nada?
¿Significa compartir todo con todos y conmigo?
¿Significa dejar de percibir y juzgar, y hacerlo en voz
alta?
¿Significa poner en público mis miedos y mis pensamientos?
¿Significa esperar que los demás entiendan y acepten mis
sombras,
sin importarme que me tilden de loco?
Quizás significa entender que no hay pensamiento privado,
que el pensamiento es público y que somos uno,
y que los pensamientos del ego no existen porque solo son
una creación mía,
quizás.
Mi miedo es intransitivo,
es posiblemente mi propia invención,
depende de mis propias creencias que he inventado yo mismo,
y que no tienen existencia en mi exterior,
es difícil controlar por mí mismo los efectos de mi miedo,
si he sido yo su creador,
y no puedo dejar de creer en lo que yo he inventado.
Tal vez los miedos son falsos porque no existen en absoluto,
es posible que esas creencias fueran creadas en algún
momento de la infancia o antes,
posiblemente funcionales en aquel momento, pero nunca más
revisados y deconstruidos.
El amor perfecto expulsa el miedo y atrae ser libre,
creo en mi capacidad de entrenar mi mente para pensar
siempre en amoroso,
para decidir lanzar el pie entrañable,
y creo que eso produce una sensación máxima de libertad y
falta de ataduras.
Según Helen Schucman, en un momento se dio una separación y
un desvío hacia el miedo,
nos separamos de nuestra verdadera fuente de luz que
llevamos dentro,
el Jardín del Edén, la condición que existía antes de la
separación,
era un estado mental en el que no se necesitaba nada;
cuando Adán dio oídos a las mentiras de la serpiente, lo
único que oyó fueron falsedades;
y tuvo miedo, sobre Adán se abatió un sueño profundo del que
todavía no ha despertado,
todo eso puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos,
porque no es más que una percepción falsa.
¿Son falsas mis creencias de que para mis padres no eran
suficientes?
¿De que yo no era o no soy suficiente para sus expectativas?
¿De que yo tengo que hacer méritos para ganarme algo?
¿De que si no trabajas no tienes dinero y no comes?
¿De que, si eres antisocial, te vas a quedar solo y sufrirás
por ello?
Podría hablar de la curación del miedo,
como si fuera un fallo de la glándula tiroides,
debe haber una forma de encontrar un cirujano que corte,
extirpe y cierre,
de forma que tras un posoperatorio uno encuentre la paz, la
dicha y la felicidad.
Pero no lo hay.
A pesar de los enormes avances en neurociencia, y las
explicaciones conquistadas sobre la ansiedad,
muy poco progreso veo desde el punto de vista terapéutico,
no hay pastillas ni tratamiento que tenga que ver con el
cuerpo. Nada.
Dice Helen Schucman en “un curso de milagros” que el miedo
es un signo de tensión,
que surge cuando hay conflicto entre lo que deseas y lo que
haces,
al corazón le resulta intolerable y la parte de la mente que
quiere hacer otra cosa se enfurece,
esto suscita una sensación de coerción que produce furia y
da lugar a proyecciones,
siempre que tienes miedo es porque estás indeciso.
Para mí, esta es la punta de la lanza en mi vida,
puedo identificar el deber ser, más o menos tengo claro qué
se espera de mí,
que me han exigido familiar y socialmente,
lo que no tengo claro es lo que es,
lo que yo soy no está claro porque solo es posible escucharlo
a través de la percepción,
y éste es un órgano en el que no puedo confiar.
A veces mi ser viene tapado por mis ideas de educación, mis
padres y mi zona de comfort,
sin duda, seguir a las expectativas de los demás y a lo que
es igual que en el pasado,
no es la solución.
A veces mi ser viene tapado por mis propias convicciones,
principios y valores,
tampoco es por ahí,
eso es más el deber ser.
El ser solo aparece cuando uno se limpia de principios y
valores,.
“No se preocupe, señora, tengo mis principios, pero si no le
gustan, tengo otros”,
dijo Groucho Marx.
“Be wáter,
my friend”, dijo Bruce Lee.
Que se me permita aquietarme y así poder escuchar la Verdad,
solo cuando tengo paz y tranquilidad externas, pero sobre
todo internas,
tengo la visión de la Verdad.
Yo reconozco que estoy experimentando esta forma de miedo,
y que el miedo procede de una falta de amor;
la curación del miedo significa encontrar esa verdad con
mayúsculas y seguirla,
una vez descartada la percepción y el deber ser.
El sacrificio proviene del miedo,
algunas de mis acciones se parecen a sacrificios,
no están motivadas por el amor sino por la percepción de
alguna escasez,
por miedo a perder algo.
Creo que puedo perder cosas, me siento en vilo en algunos
aspectos,
y pudiese ser que se desmoronase el castillo de un momento a
otro,
ésta es la sensación de miedo que me lleva a autosacrificarme,
la experiencia me dice que nunca es suficiente,
nunca el sacrificio consigue un castillo indestructible que
no pueda desmoronarse,
sacrificarme no me ha eliminado el miedo.
Los que tienen miedo pueden ser muy crueles,
es así que el miedo y la escasez llevan al sacrificio y a la
crueldad,
pero raramente provee de los regalos y de los premios que
había prometido,
¿Sacrificio para qué?

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