jueves, 12 de mayo de 2022

Capítulo 37.5.1. La tramoya del amor

 


El amor es una fuerza tan poderosa que es capaz de cambiar el mundo físico,

el poder de la mente es valiente y tiene un impacto en el mundo tal como lo veo,

mis pensamientos marcan una huella en los demás,

en este sentido, cuando amo con templanza, modifico mi biología.

¿Qué pasaría en nuestras neuronas y órganos,

si miráramos con un microscopio mientras pensamos en amor?

Desde la neurociencia, es un problema describir emociones y sentimientos,

es más fácil buscar los ingredientes químicos que nos provocan ciertas emociones.

Hay sustancias transmisoras, los llamados neurotransmisores,

que transmiten la emoción de una célula nerviosa a otra,

sabemos, por ejemplo, que cuando amamos, disparamos los niveles de la acetilcolina,

la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, que son los que nos causan excitación.

Acrecentamos la cantidad de acetilcolina, que es como el deportista y el entrenador,

lleva la excitación a los músculos y estimula las glándulas sudoríparas.

Aumentamos la serotonina, que es el diplomático y mediador,

regula la tensión arterial y el ritmo de sueño y vigilia,

con eso, causamos bienestar y felicidad,

más allá que la que ya genera la mente en el enamoramiento,

en el miedo, por el contrario, provocaríamos su disfunción y sería causante de migrañas.

Los neurocientíficos saben que el amor causa cambios biológicos en ciertas áreas cerebrales,

que gobiernan el apetito sexual, en el hipotálamo, en las mujeres, en el núcleo ventromedial,

y en los hombres en el núcleo preóptico medial.

Con la mente, a través del enamoramiento, incrementamos los niveles de oxitocina,

el efecto de liberar oxitocina es comparable a un opiáceo, excita y relaja,

se la llama «hormona de la fidelidad» y «hormona del vínculo»,

un bloqueador de oxitocina acabaría con la fidelidad,

me volvería lujuriosos en conducta de copulación indiscriminada,

si se me inyectase vasopresina, hormona parecida a la oxitocina,

le encontraría el gusto a la fidelidad.

En situación de amor incondicional,

la mente utiliza la oxitocina para que actúe como adhesivo de larga duración,

en las mujeres desencadena el parto,

determina el aporte de lactancia e intensifica la relación con el hijo,

en la pareja, genera en las relaciones sexuales una unión de larga duración, genera apego.

Además, el amor interviene en el córtex singular, región involucrada en la atención;

en el sistema mesolímbico, que constituye una especie de centro de gratificación;

y en las feniletilaminas, que permiten los sentimientos exaltados.

El amor extiende la dopamina, que estimula la euforia,

es estimulante y motivadora,

regula la circulación sanguínea y el estado hormonal,

en cambio, el desamor está relacionada con las psicosis,

por ejemplo, un nivel extremadamente alto de dopamina,

tiene alta correlación con la esquizofrenia.

También la noradrenalina, que es un acelerador,

aumenta la presión sanguínea y actúa en la excitación.

El amor amplía los niveles de dopamina y noradrenalina,

a la vez que disminuye el de la serotonina, de efectos sedantes,

lo que origina cierta sensación de vértigo.

A todo ello hay que añadir que el amor provoca una buena dosis de sustancias embriagadoras,

como la endorfina y el cortisol.

El efecto biológico se reduce al cabo de cierto tiempo; en promedio de tres a doce meses,

las relaciones duran más por el poder puro de la mente,

porque a partir de ese momento, el éxito de la relación de pareja,

se basa únicamente en el amor mental,

y la única sustancia bioquímica que permanece es la oxitocina.

Se dice que Pasteur, químico, bacteriólogo y pionero de la microbiología moderna,

consintió a su muerte en 1895 el concepto de homeostasis,

que significa que las enfermedades las originan los microorganismos,

perturbando el trabajo de órganos y tejidos,

pero que también incluyó la pregunta

¿si en nuestra sangre, en nuestro intestino, en nuestro cuerpo,

existen miles de millones de microbios, por qué unas veces nos enferman y otras no?

El cuerpo se vuelve susceptible a los agentes infecciosos,

solo si se perturba el medio interno, la capacidad inmunitaria del organismo.

Este es el cimiento de la medicina china desde hace más de treinta siglos,

el Taoísmo nos señala que la enfermedad se provoca por un estancamiento de la energía,

si la energía circulara libremente en el cuerpo, la enfermedad no podría enraizar.

Parecido ocurre en el amor,

¿si en nuestra sangre, en nuestro cuerpo existen miles de millones de neurotransmisores,

por qué unas veces me enamoran y otras no?

Según el Tao, el amor se provoca por una ruptura de bloqueos en la energía,

si la energía circula libremente en el cuerpo, el amor puede enraizar.

Con este objetivo, en China se practican ejercicios,

que mantienen libre y armoniosa la circulación del Qi y la sangre, el Chi Kung y Tai Chi Yang,

éstos elevan la frecuencia vibratoria, regulan la energía interna, sanan,

y posibilitan el enamoramiento.

 


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