Dicen los psicólogos que las relaciones de pareja sanas se
apoyan en el respeto,
en valorar al otro y respetar sus sentimientos, opiniones,
amigos, actividades e intereses,
la pareja se establece de común acuerdo entre dos personas,
basada en el interés y el afecto, y en cuidarse mutuamente.
Durante muchos años, creo que he tenido medias parejas,
con respeto, interés, afecto y cuidado mutuo,
me llenaban en ciertos o muchos aspectos, he vivido mucho,
he aprendido mucho,
he sonreído a la vida,
pero no dejaban de estar impregnadas de ansiedad, desesperación,
culpa y ataques.
Los ataques y la culpa van unidos,
lo que yo he vivido es “me siento culpable, te ataco a ti
para traspasarte la culpa”,
ha sido por ambas partes, y de forma bastante inconsciente,
en cosas nimias y en las grandes cosas,
este juego yo lo he visto en el lenguaje,
con una violencia que nunca es física ni fácil de detectar,
muchas veces coloreado con toques de humor,
disfrazado de confianza con solera por el tiempo común
vivido,
y el desarrollo de costumbres comunes y fáciles.
En perspectiva, llego a una muy importante conclusión,
veo que el ataque siempre ha ido hacia mi libertad, mi
invulnerabilidad,
y mi capacidad de ver más allá,
no solo molestaba que me gustase dormir con el aire fresco,
renovado y frío,
sino que lo que de verdad era atacado era aquello que me
hacía erguir mi espalda,
caminar sin mirar hacia atrás y decidir sin dudar.
En esos tipos de relaciones, es muy difícil liberarse y
crecer,
es común normalizar esas formas de amar mezcladas con
láminas de resentimiento,
confundo el amor con los celos, con la sensación de
propiedad,
y con la necesidad de cumplir ciertas necesidades físicas,
psicológicas y sociales.
He visto a esa parte de resentimiento hacerse consciente,
y parecía que iba a desaparecer en ese camino,
la mayoría de las veces se convertía en culpa, en mal
sentimiento, cargo de conciencia,
pero sin hacer por corregirlo.
La seguridad es un elemento crítico en una relación,
estas relaciones crean la ilusión de seguridad,
es doloroso buscar la seguridad allá donde no está.
Ya no quiero esto.
Al mismo tiempo, otra característica de las medio relaciones
es sentir empatía de forma errónea,
es decir, sentir empatía no significa que debas unirte al
sufrimiento de la otra persona,
pues el sufrimiento es precisamente lo que debo negarme a
comprender.
Así, se justifican comportamientos inadmisibles,
el triunfo de la debilidad no es lo que deseo ofrecer,
la verdadera empatía es aquella en la que le permito
que se valga de su capacidad para ser fuerte y no débil,
no trato de ser Su maestro, yo soy el estudiante,
permite que me ofrezca Su fortaleza.
He descubierto que el ingrediente de éxito en una pareja es
la indefensión,
una relación es tal en tanto que no me defiendo,
sin defenderme, esto no deja de impresionarme, me siento
invulnerable,
y al ser invulnerable tampoco tengo la necesidad de atacar,
ni de sentirme culpable,
ni de jugar al juego de la competición,
ni de tener que convertirme en algo especial para ser digno
de ser amado.
Ahora creo mucho más en el amor inmutable incondicional,
y mucho menos en las relaciones que están sujetas a tantos
cambios y variaciones,
porque si tanto cambian, es que están motivadas por los
miedos,
el miedo a quedarme solo, el miedo a necesitar ser especial
a los ojos de la sociedad,
el miedo a no ser suficiente para los requisitos de la
educación…
el amor y el miedo no van bien en la misma frase.
Además, no puedo amar sólo a algunas partes de la realidad,
y al mismo tiempo entender el significado del amor,
esto me gusta, aquello quiero cambiarlo,
es la actitud pueril de creer que el mundo debe ser de otra
manera,
pero como no lo es, me frustro y me salen emociones como la
ira, la tristeza o el asco.
La verdadera relación de amor es aquella que se percibe como
unión y no como separación,
se siente que se achica hasta desaparecer la distancia hasta
el otro yo,
desaparecen los pensamientos privados, para hacerse públicos
y compartidos.
En la unidad, la comunicación es perfecta,
no hay que decir las cosas para que se entiendan,
porque si no se entienden de natural,
tratar de convencer será el comienzo del siguiente juego
ataque-culpa.
Vivir el instante, dejando al lado el pasado y el futuro es
amor,
en el instante se vive la eternidad, y allí no hay nada
especial,
no hay otras personas que sean diferentes,
no hay nadie ni nada por lo que competir,
no existe la quimera artificial de ganadores ni perdedores.
Al aparcar el pasado, allí se quedan también los valores,
y sin valores, todas las personas somos iguales y semejantes,
solo entonces se puede empezar a escuchar al corazón.

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