Me han enseñado que tener valores es la clave de la
felicidad,
y del buen comportamiento en mi sociedad,
y yo veo que las grandes atrocidades vienen de valores
estructurados,
la esclavitud, el genocidio… son el corazón de las tinieblas,
los valores se sitúan por encima de los seres humanos,
me queda el dilema,
¿reforzar mis valores o flexibilizarlos?
fidelidad, justicia, tolerancia, disciplina, respeto, honor,
prudencia, abnegación, ambición,
perseverancia, autodominio, puntualidad, fortaleza...
Muchas de mis frustraciones vienen de considerar que algo
debe ser de una manera,
cuando en realidad es de otra,
o alguien debería comportarse de forma diferente.
El otro se convierte en una etiqueta,
en lo que yo me construyo que debería ser ese otro según mis
intereses,
tengo emociones positivas cuando ambas concuerdan,
y me siento náufrago cuando no se muestra como yo me lo había
construido.
Dice Kant que de poco sirve el conocimiento si no va
asociado a una escala de valores,
muchas de las disciplinas académicas que estudiamos tienen
algo en común,
una prescripción de lo que el mundo debería ser,
la medicina apunta a una determinada perspectiva de lo que
es estar sano,
la política señala a una visión particular del bien común,
la psicología propone como meta poder vivir en sociedad,
son una prescripción de las conductas más correctas.
Del ser al deber ser.
Esto supone que yo trasciendo mis propios intereses y puedo
ver más lejos,
puedo ver el futuro deseable y diseñar el mejor camino hacia
él.
Yo me pregunto si es posible establecer ese futuro deseable,
concreto y nítido, comúnmente consensuado,
¿Existen los Derechos Humanos Universales?
¿Cuándo es el uso de la fuerza legítimo?
Hay decisiones que son globales, otras individuales,
me pregunto si existe tal cosa como una escala de valores
única y compartida,
me pregunto si vivo en un mundo de pluralismo de valores.
Hay una parte que me convence de que sí.
Desde el constructivismo o la teoría crítica,
los valores son el centro del fenómeno,
la toma de decisiones es el eje de la actuación humana,
la decisión no solo viene de conocer profundamente la
realidad,
sino también conduce al deber ser,
veo el pliegue de una sábana, y advierto la necesidad de ser
planchada.
No dudo que sea posible una base fundacional crítica, los
valores,
por ejemplo, el abuso de los Derechos Humanos, el trabajo
infantil, los niños soldados,
esta base incuestionable viene ya históricamente de lejos,
de la ética aristotélica basada en la virtud, los estoicos,
el Jus Naturale, e incluso el contrato social,
Rousseau dice que el hombre gana a través del contrato
social su libertad civil,
conquista un derecho ilimitado a todo cuanto le tienta y que
puede alcanzar.
Las religiones hacen una fuerte contribución,
la universalidad de los valores se ha desarrollado desde las
religiones,
a través de la dignidad humana, la justicia y la equidad.
Todos somos parte de una comunidad humana,
independiente de la diversidad de las culturas.
El imperio romano se construyó sobre estas bases
y la influencia de Séneca o Marco Aurelio,
es el Jus Gentium.
Otros han contribuido a construir esta idea,
para Thomas Hobbes, en el siglo XVII,
el humano como cazador en la naturaleza responde únicamente
a principios de auto-interés,
el rol de la autoridad soberana es promover la colaboración
y los contratos,
es la única forma de orden y seguridad.
Para Kant, ya en el siglo XVIII,
las dos grandes fuerzas son el cielo estrellado sobre
nosotros y la ley moral interior,
la conducta moral es cognoscible,
es posible conocerla a través de mis capacidades limitadas.
El Imperativo Categórico Kantiano,
actúa según la máxima de convertir tus actos en ley
universal,
establece una obligación a observar la ley moral,
trata a la humanidad y a tu persona como un fin en sí mismo,
nunca como un medio.
En el siglo XIX, John Stuart Mill y la corriente utilitarista
establece el objetivo de las decisiones
como maximizar el grado de satisfacción para la mayor
cantidad de personas posibles.
No confundo el respeto a las minorías,
y la apertura de mente necesaria para entender al prójimo y
sentir en sus zapatos,
con la imposibilidad de valores comunes.
Cuando me pongo el rol de empiricista, no me interesa el
deber ser,
trato de ver la realidad tal como es,
hago un gran esfuerzo por eliminar los valores asociados, que
actúan como un sesgo, como un bias,
como un velo que me esconde parte de la realidad,
veo el pliegue de la sábana, y es eso, un pliegue de una
sábana.
El relativismo moral sostiene que no es fácil encontrar ese
común denominador,
que establece una base sólida para la crítica.
Esto presenta algunos dilemas habituales:
¿Qué hacer cuando la distribución desigual de la riqueza
maximiza el beneficio para la comunidad?
Según John Rawls, la libertad, la oportunidad y el
autorespeto,
deben ser distribuidas por igual en la sociedad,
excepto si una desigual distribución de estos valores actúa
como ventaja para todos.
Por ejemplo, ¿es la guerra siempre algo a evitar o es a
veces justificado?
¿Puede legitimarse una acción violenta en defensa propia?
¿Debe utilizarse solamente como último recurso?
¿Puede en ciertos casos justificarse la muerte y la
destrucción?
De ahí vienen las cuatro fuentes del Derecho Internacional,
la Ley Natural o Principios Generales, la Costumbre y
Práctica (“Customary international practice”),
la jurisprudencia y las Convenciones y Tratados
voluntariamente aceptados.
En el año 1948, se ratificó la Declaración Universal de los
Derechos Humanos,
adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas.
El hecho de que seis de sus treinta artículos tenga
contenido socio-económico-cultural,
es la justificación para la expansión de la Organización de
las Naciones Unidas, tratados y acuerdos.
Algunas veces las necesidades de los individuos en derechos
humanos,
e intervenciones humanitarias basadas en Tratado,
son diferentes de las entendidas por la soberanía Estatal.
A veces un Estado reclama un derecho bajo Ley Internacional,
en su jurisdicción sobre los individuos en su territorio,
pero los promotores de derechos humanos ven bases legales y
morales para la acción en contra.
Yo quiero una escala de valores que me proteja,
que me lleve de la mano y decida por mí,
y quiero no dejarme caer en la rutina,
que cada decisión deba ser pensada como una sola situación,
deseo encontrar la verdad y dejarme de universos construidos
en mi mente.

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