viernes, 6 de mayo de 2022

Capítulo 26. Mis límites y los milagros

 



Vivo en un mundo de límites,

esto no se puede, aquello no es posible,

me lo prohíben las leyes de la física, las leyes de los abogados,

o las normas y costumbres que nos han transmitido en la educación y en la familia,

de pequeño no nos dejaban a los chicos llevar el pelo largo,

a las chicas corto.

La libertad es solo tal en tanto que no colisiona con la libertad del prójimo,

es una libertad limitada.

Tiendo a amputarme trozos de mí para no dañar al prójimo y tengo cicatrices en el cuerpo.

Vegeto en un mundo donde lo que está aquí está separado de lo que está allí,

y lo que sucede en el pasado está ordenado en una línea secuencial,

que va desde el pasado al futuro.

Lo que ocurre en un momento no ocurre en otro,

y yo no puedo ejercer ningún efecto en lo que ocurrió en el pasado o en el futuro,

estoy limitado en la cuadrícula del espacio y del tiempo.

Me aprisionan también las leyes del volumen y de la masa, no pueden ser transgredidas,

si una viga de hierro cae sobre una caja de vidrio no podemos dudar del resultado esperado.

Estoy limitado por la relación causa y efecto, que reina en el lenguaje y la realidad,

existen consecuencias y no hay resultado sin esfuerzo y dedicación previa,

solo hay sacrificio y es imposible el amor incondicional,

ese que nos merecemos sí o sí, por ser humanos,

y no porque tengamos que hacer méritos para recibirlo.

Me limita la idea de opuesto,

por la que hay elementos excluyentes imposibles de coexistir,

que me lleva a entender nuestro mundo así,

no entiendo la luz si no es un opuesto a la oscuridad, ni la limpieza sin la suciedad.

Si yo gano, tú pierdes. Si tú ganas, yo pierdo.

¿No habría un hueco para la cooperación y la colaboración,

de forma que, si nosotros ganamos, nosotros ganamos?

En su vertiente social, el límite es la herramienta reina,

necesitamos convivir sin conflicto,

la necesaria convergencia hace que se expulse todo outlier,

toda persona diferente, con necesidades, capacidades o visiones distintas

ha de encuadrarse en límites prediseñados o ser medicada para que no moleste,

es disfuncional.

Sin embargo, mi intuición me dice que esto tiene ranuras por las que se cuela una realidad diferente,

en la que no existen los límites y en la que la libertad no tiene excepciones.

Veo sus manifestaciones,

hay testigos que me hablan de ello,

como si hubiera un testigo que me certificase que de verdad existe,

siento que es de verdad, siento mariposas en el estómago.

Veo que mi pensamiento tiene una implicación,

el hecho de que yo piense algo, trae de pronto la consecuencia de que algo en el mundo cambia,

no puedo negar el fenómeno, si bien no tiene sentido en ese mundo de limitaciones.

Yo percibo momentos en los que los problemas crecen y la situación se llena de limitaciones,

hasta ser imposible la salida,

esto me genera una sensación de agobio y ansiedad,

de dar vueltas siempre sobre el mismo eje,

y volver continuamente al mismo punto.

Ésta es la razón por la que lo juegos de Escape son tan populares,

siempre existe una salida, que persistentemente está en un cambio de percepción,

en otra realidad diferente, en un nivel separado,

al crear esa realidad diferente se produce el milagro de la solución.

Dar es lo mismo que recibir,

esto no tiene sentido en un mundo en el que un vaso se cae siempre hacia abajo

y nunca hacia arriba,

cuando doy siento estar recibiendo, y cuando recibo no puedo dejar de dar,

doy y recibo en un mismo acto.

Hoy me intereso por esos resquicios por los que se salen los milagros,

se rompen las leyes y desaparece el espacio y el tiempo,

esos momentos son a la vez instante y eternidad, y

lo más fascinante es que en ellos no cabe el miedo,

o, de otra forma, el milagro es la liberación de los miedos.

Escalar una pared, conducir moto o vivir un momento sensual

son claros ejemplos donde no existe el miedo, no existen los límites,

esto le puede sonar muy contraintuitivo a quien cree en el peligro,

pero la prueba es que existen los escaladores, y muchos, y con la cabeza muy bien amueblada.

También lo es un momento de luz mental,

cuando estoy esperando a que el semáforo se ponga en verde,

en ese micro-momento de esbozada sonrisa no hay espacio ni tiempo,

hay percepción verdadera.

Al pensar en esa realidad alternativa, sonrío.

Curiosamente, no existe tal cosa como medio milagro, ni tampoco uno más difícil que otro,

o se dan o no se dan, blanco o negro,

o estoy en el mundo de los límites o fuera de él.

Casi siempre proceden del amor,

siento esa fuerza que une todo, ese todo que es uno,

la naturaleza que es una sola e integrada,

ver al prójimo como mi hermano,

ver a mi hermano como alguien intentando sanar igual que yo lo hago,

es amor, y todo lo que ahí sucede es un milagro.

Cuando sucede un milagro, siento que no he sido yo el que ha ejecutado,

sino más bien, algo se ha canalizado a través de mí, las musas me han inspirado,

a la griega usanza, así se relata en la Odisea,

alguien actúa a través de mí,

es decir, para hacer milagros, hay primero que elegir dejarse guiar,

suelto, confío y me dejo llevar de su mano.

Todavía quedan atisbos de resentimientos en mi mente que me limitan,

pero el milagro me permite ver a la otra persona libre de su pasado,

y así percibir que ha renacido.

Sus errores se encuentran en el pasado, y al percibirlo sin ellos lo libero,

y puesto que su pasado es también el mío, comparto esa liberación.

Yo puedo hacer milagros, entendidos de una forma natural, correctiva, sanadora y universal.

Que sean correctivos significa que son capaces de identificar el error,

romper las creencias falsas que llevan a comportamientos dementes y absurdos,

ahí veo la esencia,

al corregir las creencias falsas, es posible sanar comportamientos, actitudes y personalidades,

el milagro es el remedio y la curación el resultado.

No hay nada que no se pueda lograr cuando desaparece el miedo,

necesito concienciarme de que hay un miedo asociado a toda situación indeseada,

y que exponerme prematuramente a un milagro podría precipitarme al pánico,

en algún lugar escondido, tengo la creencia de que los milagros son algo temible.

Se puede decir que, para obrar un milagro, es:

primero, necesario salirse del miedo,

segundo, dejarse actuar por la musa inspiradora,

tercero, romper las creencias falsas, y

finalmente olvidarse del espacio y el tiempo, concentrándose en el ahora presente.

Romper las creencias falsas significa que mi tarea como obrador de milagros

es negar la negación de la verdad,

solo así, puedo empezar a pensar con la mente milagrosa y a sanar la percepción errónea.

El Ego sigue poniéndose en el camino,

he construido mucho con dedicación y sacrificio,

que veo se desvanece como si nunca hubiera existido,

un castillo de arena en la playa que se vuela cuando viene la tormenta,

duele, me siento apegado a ello,

a la vez que siento que me estoy agarrando a una plantita sin raíces,

que jamás me podrá sostener como un árbol con metros de raíz.

El vehículo de los milagros es el mantra del perdón,

porque los que han sido perdonados lo tienen todo.

El mantra “te perdono” hecho rutina lleva a suspender el juicio,

¿quién soy yo para entender y enjuiciar a otro?

y a entrar en mentalidad milagrosa.

La repetición hace la perfección,

no es extraño que el mantra se practique repitiendo y repitiendo hasta 108 veces,

108 son las deidades del Hinduismo,

108 es el doble del número de letras del lenguaje sánscrito,

Krishna tenía 108 siervos Gopis,

1 es el universo, 0 el vacío y 8 el infinito,

muchos templos budistas tienen 108 escalones,

e incluso en Nepal dejándolo escrito y hecho ondear con banderas.

El mantra me lleva a percibir al otro como en la misma necesidad de sanación que yo,

en el mismo camino hacia la luz, y así concibo que no haya nada que perdonar.

No puedo obrar milagros sin creer en ellos,

y sin tener la confianza en que pueden cambiar,

no solo las creencias sino las acciones y el mundo.

Un milagro es capaz de curar una mente dividida,

donde antes había una mente en la que yo soy yo y tú eres tú, y sufro por ello,

aparece una mente que se conecta.

Necesito los milagros en mi vida porque tengo necesidades,

yo puedo emitir cualquier petición de ayuda y que un milagro responda,

si no responde es porque la necesidad no era real sino adquirida,

pero si responde es porque la necesidad era verdad,

nunca podría quejarme de que un milagro no se ha cumplido,

simplemente es que era falso, mi ser no lo deseaba.

No hay situación a la que los milagros no sean aplicables,

y al aplicarlos a todas las situaciones el mundo real es mío,

en esta percepción, acepto que la sanación es posible, completa y radiante,

el milagro enseña que he optado por la inocencia, la libertad y la dicha.

Y más cuando es compartido con mi hermano,

el instante milagroso dura una eternidad,

compartido, un instante es liberación que ofrezco y que recibo.

¿Debemos educar solamente en límites o también en milagros?


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