miércoles, 4 de mayo de 2022

Capítulo 10. Miedo líquido

 



Tengo miedo y no es obvio a qué,

Me siento devorado por Saturno, Cronos, por el tiempo,

Goya fue capaz de pintar la escena con brutalidad, en fondo negro, con movimiento,

con inercias corporales, con expresión,

Cronos se come a su hijos, a los hombres, a nosotros, a mí.

Como decía Zygmunt Bauman (*), no hay más sano alivio que cuando, después del desasosiego,

consigo ver y tocar el peligro real,

acaba la incertidumbre terrible y obstinada que me envenenaba y no me dejaba dormir,

entiendo cómo puedo repelerla, si saldré indemne del ataque,

o, por lo menos, conozco la pérdida y dolor que tengo que aceptar.

El miedo que estoy experimentando es temible porque es difuso,

es incertidumbre y es ignorancia.

Los animales también sienten miedo,

pero hay otro miedo estrictamente humano,

el que describía Lagrange como reciclado social y culturalmente (**),

es el miedo secundario como sedimento de una experiencia pasada,

mis antepasados tuvieron miedo y me lo han transmitido inconscientemente,

una especie de miedo vicario,

crea una sensación de inseguridad en un mundo lleno de peligros y vulnerabilidad,

una parte importante del miedo atávico es que aprendimos cuando éramos reptiles,

y se ha quedado ahí una vez que ya no hay el peligro,

lo que siento viene de otros momentos de nuestra historia humana.

Hoy vivo, en parte, un miedo a la amenaza a mi cuerpo, al sufrimiento en mi cuerpo,

al de mis seres queridos y mis posesiones,

pero también un miedo a la fiabilidad del orden social (zona de comfort),

el empleo, las normas, las instituciones…

y tengo otro miedo de naturaleza diferente,

el de la degradación y exclusión social por la pérdida de nuestra posición en la jerarquía social

y pérdida de nuestra identidad.

Vivo un momento de alertas globales, virus, inseguridad, cambio climático, crisis económica…

y un largo etcétera, el precio del petróleo, las armas nucleares...

todas parten de la base de que mañana no puede ser, no debe ser y no será como es hoy.

Silenciosamente he aprendido a vivir con ese miedo líquido,

he aprendido que solo se muere temporalmente,

que la moda ya pasada reaparece como “retro”,

que del mal de las vacas locas no desapareció la humanidad,

que del SARS y del MERS ya no nos acordamos,

que los alimentos transgénicos no causaban discapacidad,

que los miedos vienen y van, son efímeros.

He aprendido a no tener miedo al miedo,

parece que quedé marcado por el hecho de que la crisis informática del 2000,

llegó de la mano de quien tenía la solución por un módico precio.

Nos meten miedo y nos hemos inmunizado.

Inmanuel Kant proponía dominar el miedo y controlar las amenazas racionalmente,

hoy, casi al contrario, he incorporado el miedo a mi vida de forma permanente,

estoy viviendo y reviviendo Apocalypse Now,

el corazón de las tinieblas de Joseph Conrad,

la “descivilización”,

la naturaleza hobbesiana de guerra todos contra todos,

como en el Titanic, lo que me da miedo es la falta de botes salvavidas, de plan de salvamento,

el horror que se produjo en las bodegas del trasatlántico.

¿Cuál es el rol de los medios de comunicación?

Me recuerdan cada minuto que mis miedos no son en absoluto imaginarios,

los medios de comunicación son los representantes visibles y palpables

de una realidad imposible de conocer y acariciar sin su apoyo.

Siento terror a la muerte,

el miedo primario a la muerte es el arquetipo de todos los miedos,

la muerte es lo único irremediable e irrevocable,

se caracteriza porque cualquier otra variable deja de tener sentido ante la muerte,

nuestros sueños, nuestros proyectos y nuestras acciones,

los otros miedos son solo pequeños mieditos a pequeñas muertes.

Aún así, tiendo a deconstruirla, a banalizarla,

Sigmund Freud decía que enfatizamos su causalidad fortuita, como accidente,

enfermedad, infección, edad… necesitamos controlarla,

¿La muerte siempre tiene una causa o es un accidente?

nos empeñamos en reducir la muerte de una necesidad a una casualidad,

en una autopsia, por ejemplo, solamente es posible una causa si es evitable, en caso contrario,

hablamos de ineptitud profesional,

nos olvidamos de la muerte por causas naturales, de la muerte por “mortalidad”,

lo que en filosofía llamaríamos el mito de la contingencia de la muerte.

¿La idea de la muerte y el miedo que genera están íntimamente relacionados

con los desastres naturales y la muerte fisiológica médica?

Las pandemias son amenazas reales del mundo real, desastres naturales científicamente probados,

y no son selectivos, atacan a los culpables y a los inocentes, a los ricos y a los pobres,

con la misma ecuanimidad.

Es por tanto muy diferente de otros desastres naturales,

que acaban teniendo impacto negativo en unos y no en otros,

por cierto, así fortaleciendo la idea de que ser pobre es peligroso,

e inspirando miedo al fracaso, a la pobreza y a la exclusión social.

Quizás Internet nos libere de tener que acercarnos a menos de dos metros de otro ser humano,

de realizar transacciones burocráticas y de tener que negociar cara a cara.

 John von Neumann, ya en 1948, introdujo la idea del mundo digital con capacidad de inteligencia,

decía que un día la tecnología se comportaría como los desastres naturales,

y nos hallaríamos así de indefensos ante nuestra creación,

se podría convertir en una fuerza inhumana con mecanismos ciegos y sin intención,

pero destinada a liberar a los hombres de la carga de la libertad y la autonomía

denominaba fetichismo tecnológico a la posición naif de buscar el cambio,

pero asumiendo que en realidad nada va a cambiar,

salvo elementos superficiales como el abaratamiento de la música digital.

Tendría razón Hannah Arendt cuando describía al humano,

como criatura terrestre con ínfulas de trascendencia cósmica,

por eso tengo miedo a lo que no puedo controlar,

por eso me imagino existen los SUV, esos vehículos todoterreno que dan a entender

que la metrópoli es una selva que hay que asediar y de la que hay que escapar,

esto nos llevaría a reflexionar sobre el éxito de los usos comerciales y políticos del miedo.

Como dice mi madre, yo puedo reflexionar gracias a que estoy todavía vivo,

es sabia, tiene razón:

Solamente la muerte de alguien cercano y querido

nos puede exponer a una experiencia filosófica privilegiada,

nos puede enseñar lo definitivo e irrevocable de la propia muerte.

 

(*) Liquid Fear, 2006, Polity Press, Cambridge, RU

 

(**) Hugues Lagrange, La civilité a l´epreuve. Crime et sentiment dínsecurité, PUF, 1996

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