Tengo que tomar una decisión respecto a mis hijos,
ha ocurrido algo y tengo que compartirlo con ellos,
tengo que cuidarles para que no sufran,
pero también tengo que ser sincero y auténtico con ellos,
es un dilema.
Tengo que acompañarlos en su digestión de la nueva
situación,
pero no quiero que sientan incertidumbre,
¿Tengo que esforzarme en hacerlo bien, o puedo confiar en su
crecimiento como personas,
con capacidad de enfrentarse a las cosas con aprendizaje?
La película “Only you”, 1994, muestra el dilema de la
libertad o el destino,
la adolescente Faith recibe la información de que su destino
es un hombre llamado Damon Bradley,
a partir de ahí lo busca sin pausa,
en un momento, en olvido,
está a punto de casarse con la persona que socialmente es
apropiada,
sin embargo, el destino ataca en el momento justo,
y Faith abandona las convenciones familiares y sociales para
embarcarse en la exploración,
suena el teléfono y es el mismo Damon, tomando un vuelo a
Venecia,
una llamada, una señal, para que Faith persiga su rastro por
toda Italia.
Me pregunto si mi vida está escrita, lo visualizo como si
estuviera escrita en las estrellas,
o si, por el contrario, está en mis manos construirla,
¿Existe ese libro gigante en la noche estrellada donde se
dicta lo que me está ocurriendo?
¿Puedo relajarme y dejar de construir, confiando en que la
construcción va a seguir sin mi liderazgo?
No dudo de mi libre albedrío,
yo puedo tomar decisiones y las tomo constantemente, yo
construyo mi vida,
puedo incluso decidir en contra de ese libro,
la pregunta es: ¿Existe ese libro?
Me visualizo como un niño que, desvalido, cede su mano a un
gigante,
y se deja, despreocupado, llevar,
ya solo tengo que ocuparme de disfrutar de lo sublime del
paisaje,
confiando en que voy con quien y a donde tengo que ir.
Yo puedo construir estrategias y erigir edificios del “deber
ser” kantiano,
en los que las cosas sean como a mí me gustaría, y se
desarrollen como yo querría,
pero al lado está la humilde realidad, la que existe sí o
sí, la que no puedo cambiar,
ver la realidad y aceptarla como real, me permite “soltar”,
“desapegarme”, “fluir”.
El río dirige su corriente hacia el mar,
yo puedo nadar en contra,
pero solo voy a conseguir agotarme para seguir estando en el
mismo sitio,
¿Qué tal tumbarse estilo muerto y dejar que la corriente me
lleve?
La psicología positiva lo llama estado de flow o “be in the
zone”,
en este estado mental, en mi actividad del día a día me
siento inmerso, enfocado y energético,
me siento involucrado y contento,
estoy absorbido en lo que hago,
desaparece el tiempo.
Me dejo en las manos de mi destino,
es como estar en el cielo,
es paz y certidumbre,
prefiero la certidumbre, aunque lleve un “flavour” oscuro,
que la incertidumbre,
la incertidumbre me mata.
En estado de Flow, desaparece mi ansiedad y mis miedos,
ya no siento la oscuridad de mi depresión,
ya no siento la culpa de nada,
es liberador, se me sueltan los grilletes y las cadenas.
Ya no siento el dolor, se ha ido mi sufrimiento,
no hay tristeza, ya no puedo perder nada,
ha muerto la muerte,
dejo mi mano a ese gigante que me guíe,
la realidad manda, yo acepto.
Quiero que este pensamiento esté siempre ahí conmigo,
quiero entrenar mi mente para que este pensamiento sea parte
de mí,
que sea mi hábito para la resolución de problemas que se me
presenten,
quiero vivir mi presente y confiar en mi gigante,
hacerle mi maestro interior,
quiero paz y amor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario