El amor empieza por mí mismo, por el amor propio,
una vez en el camino de reconocer el amor, se va extendiendo
a los demás,
de esta manera y no de otra entiendo el amor al prójimo,
no es posible extender un amor que no se tiene,
voy a hablar del amor como experiencia individual y luego de
su extensión a los demás.
Siempre experimento que el amor no puede sino extenderse,
una vez que yo estoy en mi centro, desde el amor,
este amor se extiende hacia afuera,
simplemente porque no puede ser contenido,
nunca deja de fluir porque es ilimitado.
Hay que confiar, pero una vez en la confianza,
es bello reconocer que el amor a uno mismo, sin querer, sin
poder impedirlo,
empieza a dibujar círculos concéntricos desde uno hasta los
demás y hasta el infinito,
sin extensión no puede haber amor,
por medio de mis creaciones extiendo mi amor.
El obstáculo al amor es el miedo,
si me muevo con miedo, mis pulmones se comprimen, se me
arquea la espalda,
veo peligros y riesgos, y me asusto,
sin embargo, si actúo desde el amor, se me abre el pecho,
bajan las pulsaciones,
se despeja la duda, se reavivan los colores,
me emociono de alegría por cualquier detalle y me siento uno
con los demás.
El miedo procede de una falta de amor, es el amor perfecto
quien expulsa el miedo,
si hay miedo, es que no hay amor, por eso el miedo no es
nada realmente y el amor lo es todo,
no me cuesta nada hacer el cambio,
desde el miedo, un segundo de chasquear los dedos y ya,
estoy en el amor.
Hay algunas creencias que me paran de actuar
irremediablemente siempre así,
y que necesito urgentemente modificar,
honestamente, a veces me es más difícil decir "te
quiero” que "te odio",
asocio el amor con la debilidad y el odio con la fuerza,
y parece que el verdadero poder es realmente la debilidad,
estaría desamparado en presencia del amor,
y quiero salvarme del amor porque creo que éste me
aniquilaría,
tengo miedo de que pueda alejarme completamente de mí mismo,
y empequeñecerme,
porque creo que la magnificencia radica en el desafío y la
grandeza en el ataque,
detrás de esto no está más que mi necesidad de pedir ayuda.
Éstas son algunas de mis experiencias cuando siento amor,
veo que el amor es todo o no es nada,
no existe tal cosa como un poquito de amor, o un amor más
difícil que otro,
no hay escalas de amor,
es como acercar un bolígrafo al papel, o escribes o no
escribes,
no hay escalas de grises en esto,
el amor es incapaz de hacer excepciones,
salvo en el miedo parece tener sentido la idea de las
excepciones,
son amedrentadoras porque las engendra el miedo,
o estás embarazada o no lo estás,
el amor produce alegría, el miedo no, no hay intermedios,
una lealtad parcial es imposible.
Actuar desde el amor me hace invulnerable,
me ofrece la ecuanimidad necesaria ante cualquier falta de
paz procedente de afuera,
por mucho que perdone, sigue habiendo ataques del mundo de
fuera,
y vienen cuando menos los espero y en la forma que menos
espero,
toneladas de ecuanimidad me permiten visualizar esos ataques,
entrando por un oído y saliendo por el de enfrente,
y dejando tanta paz como se llevan, irónicamente hablando,
en definitiva, recordar el amor, me trae invulnerabilidad.
El amor no se construye y no se encuentra,
el amor incondicional se da solo, no hay que ganárselo, no
se consigue con méritos,
es aceptación y no se rige por virtudes ni defectos,
no espera nada a cambio, ni dolor, ni ingratitud, ni
felicidad,
es o no es.
Para ganar tengo que dar,
no regatear, pues regatear es imponer límites en lo que se
da, y eso no es,
yo recibo dones, una puesta de sol, un cielo dramático en
Madrid,
un sorbito de agradecimiento,
pero no recibo regalos en modo alguno limitados,
tampoco mis regalos pueden ser limitados.
La solidaridad no es más que un pálido reflejo de un amor,
mucho más poderoso y todo-abarcador,
sentirme con los demás es la verdadera expresión del amor,
podría pensar en el amor que los animales sienten por sus
crías,
y en la necesidad que sienten de protegerlas,
se debe a que las consideran parte de sí mismos,
y nadie repudia lo que considera parte de sí mismo,
ubuntu.
La sanación significa reinterpretar todo lo que percibo como
temible,
y reconstruirlo como amoroso y cierto,
cuando me decido a hacer este intercambio,
reemplazo simultáneamente la culpabilidad por la dicha,
la crueldad por el amor y el dolor por la paz,
consiste únicamente en desatar las cadenas que aprisionan mi
voluntad para liberar.
Mi ego no puede aceptar esta libertad,
se opone a ella siempre que puede y en cualquier forma que
puede,
todos los pensamientos no amorosos tienen que ser
des-hechos,
palabra ésta que el ego ni siquiera puede entender,
hice mi ego sin amor, y él no me ama.
Construyo un castillo para mirar desde la altura,
y con él me separo del mundo, me veo diferente, sobre mi
propio pedestal,
tan orgulloso como me siento, me doy cuenta de que he dejado
al amor en el camino.
La salud del cuerpo también es el resultado de abandonar
todo intento de utilizar el cuerpo,
sin amor,
igualmente, la salud es el comienzo de la correcta
perspectiva,
con respecto a la vida bajo la dirección de mi Maestro
Interior,
que sabe lo que ésta es, al ser la Voz de la Vida Misma.
La decisión de despertar refleja la voluntad de amar,
puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por
el amor.
El amor, como formulaba Johann Wolfgang von Goethe,
“Liebe will ich liebend loben, Jede Form, sie kommt von
oben”,
viene de arriba, y yo soy solo el medio a través del cual se
expresa,
no lo puedo aceptar nada más como mi voluntad,
pues, veo el amor en mí y lo veo en todas partes porque está
en todas partes,
veo su abundancia en todos, ellos forman parte de mí,
tal como yo formo parte del Todo.
Examino el mundo que he fabricado y juzgo su valor
imparcialmente,
¿Es quizá digno de ser lo que merezco?
¿Protege tal mundo mi paz e irradia amor?
¿Evita que mi corazón se vea afectado por el miedo,
y me permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación
de pérdida?
¿Me enseña que esa forma de dar es mi dicha?
Ése es el único ambiente en el que puedo ser feliz.

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