Cuanto más difícil es el mundo,
más fuerte siento la necesidad de liberarme y abrir la
puerta del ahora,
concentrar mi foco mental en mi aquí y ahora.
Decían en China que ellos no tienen psicólogos,
y lo justifican diciendo que no tienen depresión,
cuando yo pregunté qué entienden como depresión me
contestaron algo muy esclarecedor,
que la depresión es un exceso de pasado en el individuo.
Ellos no parecen sufrir ese pensamiento constante y vicioso,
que me hace revivir las malas experiencias del pasado una y
otra vez,
en forma de tortura sin solución.
Asimismo, tampoco tienen ansiedad ni estrés,
en China se entiende como exceso de futuro en el individuo,
tampoco parecen tener ese miedo constante a la
incertidumbre, al riesgo, al qué pasará.
Solo existe el aquí y el ahora.
En todas las filosofías orientales y muchas occidentales,
se pone el énfasis fundamental y foco en el aquí y ahora,
sin permitir a la mente divagar hacia otros pensamientos
ilusorios imaginados del pasado y el futuro.
Conquistar el ahora tiene muchos beneficios, como la
ausencia de miedo,
solo es posible sentir miedo al recordar el pasado o
proyectar el futuro,
y como dicen en China, la curación de la depresión, la
ansiedad y el estrés.
Algunos teólogos dicen que quizás el ahora sea un sinónimo
de Dios.
Eckart Tolle, en el Poder del Ahora, lo expresa como una oda
a los sentidos,
entiende que la forma de estar en el ahora supone poner foco
mental,
en uno o varios de los sentidos, la vista, el oído, el
tacto, … para percibir la realidad,
sin mente, solo los sentidos desnudos.
Significa que, si utilizamos la memoria para percibir,
estamos leyendo lo que la memoria dice sobre el pasado,
y no vemos la realidad de aquí y ahora.
Leer el pasado implica una proyección al futuro;
en él no podemos hacer nada, es solo fuente de ansiedad.
Todo lo que se proyecta al futuro se ve como incertidumbre y
como impotencia,
no hay nada que hacer, no se puede cambiar, no es posible
diseñar el futuro,
de ahí la sensación de dolor y sufrimiento permanente.
El sufrimiento viene de la mano del miedo,
no poder hacer nada da miedo, al vernos sujetos pasivos de
la vida,
fardos en la montaña rusa.
De forma parecida a como ocurre con el futuro,
vivir excesivamente en el pasado nos hace sentir la
impotencia de cambiarlo,
lo revivimos, pero no podemos modificarlo,
querríamos, nos empeñamos en haber dicho otra frase o haber
actuado de manera diferente,
y eso da miedo y depresión, a la larga enfermedad.
Es solamente en el ahora donde, una vez instalados, podemos
reaccionar,
lanzar nuestros automatismos corporales,
ver, sentir e incluso actuar para cambiar las cosas y hacer
que el mundo sea diferente.
El poder del ahora es el poder de la felicidad,
la atención plena y el mindfulness son técnicas que tienen
este objetivo,
una de las técnicas es la respiración,
concentrarme en la respiración implica empezar a mirar hacia
dentro,
y dejar de mirar en la memoria, evadiendo el pasado y el
futuro,
por eso la respiración trae ese estado de meditación,
que incluso los científicos son capaces de medir como un
cambio de constantes vitales,
la expresión electromagnética del cuerpo cambia en estado de
meditación,
la meditación genera y cambia el estado de ánimo,
la meditación es el ahora.
Otras técnicas Vipassana incluyen, por ejemplo,
concienciarse de las distintas partes del cuerpo, desde los
dedos de los pies a la frente,
hacerse consciente de lo que está pasando en cada elemento
del cuerpo,
se potencian los sentidos,
se da valor y realidad a los mensajes que recibimos de
nuestros sentidos,
ignorando aquellas capacidades mentales que nos están
apuntando hacia el pasado y el futuro.
A un sabio le preguntaron:
“¿qué puede hacer un sabio como tú que no pueda hacer
cualquier otra persona?”
Y el anciano le contestó: “Cuando yo como, solo como. Cuando
duermo, solo duermo.
Y cuando hablo contigo, solo hablo contigo. Eso es todo.”
Parece que eso también puedo hacerlo yo, pero no es obvio,
cuando duermo, pienso en lo malo del día o en lo que espera
la mañana siguiente,
cuando como, estoy pensando qué hacer más tarde,
y cuando hablo, pienso qué respuestas daré en lugar de
escuchar,
para ser sabio, el secreto está en vivir cada momento del
presente,
ser consciente de lo que vives y así poder disfrutar de cada
minuto de la vida.
Esto no se entiende con la mente racional sino más bien con
la intuición última,
que los humanos tenemos en tanto que humanos.
Es fascinante darme cuenta de cuánto tiempo paso dedicado al
pasado y al futuro,
y cuánto de poco vivo la realidad que tengo delante.
En general, mi mente está absorbida con pensamientos del
pasado,
en realidad, nadie ve nada,
lo único que ve son sus propios pensamientos proyectados
afuera,
por eso, la mente no puede captar el ahora.
El único pensamiento completamente verdadero que se puede
tener acerca del pasado,
es que no está aquí ni ahora,
pensar acerca del pasado, por lo tanto, es pensar en
ilusiones inventadas.
Según Helen Schucman, el poder del ahora es sanar el pasado
y liberar el futuro,
permitir que el presente se acepte tal como es, como un regalo,
el único tiempo que queda es el ahora,
aquí y ahora es donde el mundo queda liberado,
pues al dejar que el pasado quede cancelado y al liberar el
futuro de los viejos temores, yo encuentro escape.
El pasado es un enorme monstruo temible,
es una gran ilusión sin existencia actual,
me ataca cuando me despisto,
¿y quién se defendería a sí mismo a menos que se creyera
atacado?
me defiendo del pasado y eso es insensato,
le otorgo absoluta realidad al pasado,
intento lidiar con mis atacantes como si fuesen reales.
Vivir el ahora requiere reconocer que vivo defendiéndome de
ataques imaginados,
como Quijote cuando ve monstruos en los molinos de viento.
Lo mismo hago cuando trato de planificar el futuro,
reactivar el pasado y organizar el presente de acuerdo con
mis deseos,
actúo basándome en la creencia de que tengo que protegerme
de lo que está ocurriendo,
porque ello encierra una amenaza para mí,
nadie andaría por el mundo cargando con una pesada armadura,
si no fuese porque el terror le encoge el corazón,
porque ve un malvado detrás de cada esquina.
La confianza me salva del monstruo,
es la única defensa que me promete un futuro tranquilo,
sin ningún vestigio de sufrimiento y lleno de un júbilo,
que es cada vez mayor, a medida que esta vida se vuelve un
instante bello,
solo la confianza puede dirigir el futuro con dignidad,
el eterno presente.
¿Por qué me empeño en no atender mi aquí y ahora?
Me cuesta un triunfo estar en el ahora,
para mí, la gran dificultad para vivir el ahora es la
culpabilidad,
actúa de forma que trae el pasado al presente, y lo hace con
muy poderosa fuerza,
y así asegura la continuidad, haciendo que el futuro sea
igual que el pasado.
Dicho de otra manera, la culpa,
la noción de pagar por lo que he hecho en el pasado, en el
futuro,
hace que el pasado se vuelva el factor determinante del
futuro,
ahí no hay hueco para el ahora,
que se queda tan sólo una breve transición hacia el futuro,
la culpa me lleva a interpretar el presente en función del
pasado,
y a llevar el pasado hasta el futuro,
un futuro sin valor.
En esta forma de vivir sin ahora, donde el ahora no
significa nada,
persisto en recordar viejas heridas,
en reaccionar reiteradamente ante ellas como una vez lo hice,
siento un rechazo fuerte a liberarme del pasado,
y un intento de proteger la imagen propia,
reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí y
fuera muy valioso,
no me puedo desapegar de él porque es muy valioso.
El pasado me dicta mis reacciones hacia aquellos con los que
me encuentro,
tomando como punto de referencia el pasado,
empañando así la realidad actual.
A veces incluso reacciono ante algunas personas como si se
tratase de una persona diferente,
y esto sin duda impide conocerlas tal como son,
podría, por ejemplo, sentir ira contra alguien nuevo a quien
conozco con bigote,
solo porque un día tuve un profesor con bigote que no me
consideraba en clase,
sin querer suplantamos su personalidad en nuestra mente,
dejamos de ver con los ojos.
¿Y qué es lo peor? Que me niego a mí mismo el mensaje de
liberación,
que cada persona me ofrece en el ahora,
porque yo creo que las personas y las situaciones llegan
para traer un regalo,
la oportunidad de sanar algo en mí,
en tanto que esas personas, algo relacionado con quien me
trae el regalo,
pero también sobre otras del pasado,
a quienes indirectamente relaciono por razones inconscientes.
Cuando algo me duele o me molesta en una situación, hay dos
formas de enfrentarlo,
una es con ira, enfado y queja,
otra es preguntarme cuál es la causa de ese dolor y qué hay
de trauma en ello,
y por fin cómo es posible sacar al consciente algo que
estaba en el inconsciente.
Mi reacción en la situación concreta viene en forma de
sombra,
esa sombra que sale al consciente es algo valioso que hay
que sanar,
es mi niño interior hablando,
y no es real, sé que no puede ejercer dominio sobre mí ahora,
esas ilusiones, delirios, espejismos y quimeras me incitan a
atacar ahora,
como represalia por un pasado que no existe,
y no existe porque fue formado por un niño pequeño en el
miedo y con su cerebro sin formar,
o en una situación sin conciencia ni análisis,
y en una circunstancia muy diferente del ahora.
Si no veo esto y decido defenderme,
es una decisión que una vez más acarreará dolor en el futuro,
es crucial aprender que todo el dolor del pasado es una ilusión,
una ofuscación, una alucinación,
me he construido esa novela por un engaño, es ficción, un
espectro irreal.
Aprendo a dudar,
en Descartes adquiere un carácter metodológico,
al conferir a la verdad sólo un valor provisional,
en tanto no se alcance alguna verdad de la que no se pueda
dudar.
Me obligo a ver la incertidumbre ante la verdad o falsedad
de un enunciado sobre mi pasado,
los escépticos griegos consideraban la duda como la
condición suficiente para suspender el juicio.
Hago un elogio a la duda,
dudar es sospechar de cómo interpreté los recuerdos del
pasado,
para darle una oportunidad a la verdad,
tener el coraje de la verdad,
esa es la duda filosófica.
En la duda y la sospecha, dejo de conservar mis pesadillas,
y puedo despertar y darme cuenta de que pertenecen al
pasado.
El propósito del tiempo es que éste finalmente se haga
innecesario,
la función del tiempo es temporal,
ya que el ahora es lo que más se aproxima a la eternidad en
este mundo,
en la realidad del "ahora", sin pasado ni futuro,
es donde se puede empezar a apreciar lo que es la eternidad,
así lo pensé cuando enseñaba Cálculo Infinitesimal para
Ingenieros.
¿Qué hago? La sanación no se puede llevar a cabo en el
pasado,
tiene que llevarse a cabo en el ahora para así liberarme del
futuro,
tengo que encontrar mi ahora.
Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la
realidad,
a través de la conciencia de la propia realidad,
para que esto tenga lugar no debe haber ninguna ficción,
percibo a los otros solamente como se ven ahora, ahora
mismo, en este instante.
Pongo muchos esfuerzos y mucha meditación,
en repasar lo que veo en el ahora,
y reconocer si recuerdo el pasado cuando contemplo o percibo
la realidad que está aquí ahora.
Lo que estoy percibiendo, ¿viene de mis ojos o de mi
memoria?
Consideramos "natural" utilizar las experiencias
pasadas,
como punto de referencia desde las que juzgar el ahora,
la Estadística nos permite cuantificar el pasado y pretender
predecir el futuro,
pero todo esto, con todo el respeto, no me sirve a mi para
disfrutar de mi ahora,
cuando observo a la culpa cumplir su función de ocultar mi
realidad,
siento necesario renacer, abandonando el pasado y contemplar
el ahora sin condenar.
Dudar el pasado puede llevar a comenzar a ver al otro libre
de su pasado,
y percibirlo como que ha renacido,
y, puesto que compartimos pasado, compartimos también esa
liberación,
ellos se liberan y yo me libero.
Eso es dejar los juicios y la condenación.
En el ahora no hay juicio,
se encierra lo único que es verdad eternamente,
en el ahora, se encuentran todas las cosas que son eternas,
las cuales son una,
el ahora me muestra a mis hermanos bajo una luz que me
uniría a ellos,
escribo en todas las pareces que me rodean la palabra “ahora”,
me la tatúo en el brazo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario