Me reconozco en ese arisco cretense que desde lo alto de su acantilado disparaba dardos de desdén. El desdén es caprichoso. No me gusta esa mirada de indiferencia y desatención para con las cosas o las personas. La falta de garbo y gracia implica desinterés por las pequeñas cosas de la vida. Supone que algo no vale la pena, pero todo y todos somos dignos en esta existencia.
Me gusta la planta verde y vigorosa, después de regarla. Me
gusta la persona lozana, joven y saludable. Me quedo con la lozanía del
corazón.
Me gusta más todavía otro desdén, el que fluye con la
Naturaleza. José Zorrilla decía: “Róbale al mar, que con desdén se mece en su
lecho de arena, su murmullo: y a la brisa que el árbol estremece, y a las
tórtolas tiernas, que guarece, con su ondulante pabellón, su arrullo.” Así es
el flujo de la existencia si se le despoja de ilusiones y entelequias. Sobre sus
sueños de la infancia dice: “El fecundo jardín, que cultivasteis es hoy salvaje
selva enmarañada; nada hallaréis de lo que aquí dejasteis”.
Hoy me he subido a la báscula y me indica cinco kilos más que la última vez.
Con este desdén veo el alimento que necesita mi cuerpo tres
veces al día. Me da la sensación de que guardo miedo en mis michelines. Todos
los días ingiero emociones, afortunadamente hay algunas que soy capaz de
procesar adecuadamente y las dejo ir, pero hay otras que me las como,
literalmente, y las guardo en mi barriga en forma de kilos. Ese baúl está lleno
de joyas del pasado que ya no existen. La energía no procesada de materializa
de forma densa. La sombra pesa.
Si es cierto que la mente es la causa y el cuerpo es el
efecto, igualmente reprogramar la conciencia es actuar en el nivel causa, y por
eso revisitar y dejar ir las emociones no digeridas apropiadamente tiene un
efecto directo en la báscula moviendo su manilla hacia la izquierda.
Teresa de Jesús habla de dejar los problemas más relevantes
en las manos de la Divina inteligencia. Porque cuando la mente se alinea con su
propia esencia, entonces el cuerpo tiene los mecanismos naturales inteligentes
para mantener el peso perfecto.
Es el miedo el que se convierte en un comer compulsivo y una
adicción, y lo hace de forma violenta y destructiva. Es adicción cuando las
fuerzas del inconsciente conducen al comportamiento autodestructivo crónico, no
dejando a la mente consciente pilotar. Siento que no puedo parar.
Conocer la ciencia detrás de la biología y la fisiología del
ejercicio, o la realidad del metabolismo alimenticio no traen mucho beneficio
ante la situación de adicción. Freud decía que la inteligencia es usada en
servicio de la neurosis. Me invento argumentos como que ciertos nutrimentos me
alimentan emocionalmente, pero no es posible ser más listo que una compulsión o
una adicción.
Trabajo
en que se acalle en mí toda voz que no sea la de la naturaleza. Hoy deseo oír
sólo Tu Voz, llego a Ti en el más hondo de los silencios para escuchar Tu Voz y
recoger Tu Palabra, para que me suministres la verdad.
Y la
verdad no se corresponde sino con Tu Voluntad, que hoy quiero participar
Contigo. Igual que el agua del río tiene voluntad de seguir curso río abajo
hasta desembocar en el mar.
Hoy no
dejaré que los pensamientos del ego gobiernen mis labores. Cuando se muestren,
simplemente los observaré con serenidad y luego los retiraré, no optaré por almacenarlos.
Una vez acallados, en sosiego, la Naturaleza me anuncia mi voluntad.
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