domingo, 23 de enero de 2022

Capítulo 9. Mi confianza


Una tarde subí a la montaña a ver la puesta de sol desde la cima,

es un momento de gran claridad con la vista en el infinito,

me disponía a tomar algo de comer mientras disfrutaba del momento,

cuando algo pasó fuera de lo esperado, algo especial;

desde lejos vi como un zorro se acercaba poco a poco a mí hasta sentarse a mi lado,

al principio, yo le debía parecer un ser extraño, hasta peligroso,

pero con el tiempo fue tomando confianza.

Un rato más tarde ya ni siquiera me miraba,

más bien miraba hacia donde yo miraba,

el zorro tenía la confianza de que nada le podía pasar conmigo,

algo bueno debía sentir con mi cercanía,

pues si no, no había razón para quedarse y no irse,

comida que compartir no tenía,

más allá de una crema de verduras seguramente no de su gusto.

Yo me daba cuenta de que ambos emanábamos una energía de paz y satisfacción

que nos hacía estar a gusto juntos.

Me pasa otras veces tener el placer de compartir tiempo con animales salvajes,

los jabalíes, por ejemplo, necesitan más respeto, pueden pesar hasta 300 kilos,

pero solo atacan si se sienten acorralados o para proteger a sus crías,

salvo en esos momentos, es un animal social

que se reúne en grupos liderados por una hembra,

en general es bastante escurridizo y no es fácil acercarse,

cuando confía, es capaz de estar buscando su comida tranquilamente

e ignorar a un humano cercano.

Se oyen historias de personas que conviven incluso con los leones,

son las fieras más salvajes de la selva,

no dudarían en cazar a un humano y llevarlo de cena a su manada,

sin embargo, es posible pensar en que un humano pueda llegar a ser parte de la manada,

incluso uno de los miembros más respetados, una vez ganada la confianza.

Con suficiente confianza,

aunque los leones saben que el humano es diferente y menos fuerte,

pueden llegar a respetar,

cuando son jóvenes y no agresivos es más fácil,

después hay que aplicar mucho tiempo y compromiso,

mucha magia que consiste en respeto y amor,

entender su comportamiento y personalidad y adaptarse a ellos,

todo sin látigos ni intimidación para domar a las fieras.

La confianza es una creencia,

muy estable y dentro de mí, muy difícil de cambiar,

muchas veces ni siquiera la evidencia ni la razón son suficientes para cambiar una creencia.

Es desafortunado que, que ataquen mis creencias me hace sentir amenazado,

emoción que me hace aumentar la desconfianza y hace que me resista,

es nefasto que mis creencias sean difícilmente negociables,

que tengan tanto que ver con los modelos de mi propio yo y mi identidad personal.

Esto es la confianza, algo inconsciente, difícil de cambiar,

que está influyendo mi comportamiento en el día a día.  

Mi mayor necesidad es la confianza, y ha sido mi primer miedo,

se dice que la confianza se gana durante años, pero se pierde en un minuto,

hoy es el riesgo más sutil que tomo cada día, cada minuto,

mi vida está llena de momentos en los que alguien me tendió la mano

y encontré grandes dosis de lealtad;

les debo mi mayor apreciación y gratitud,

también de momentos en los que me sentí traicionado

por quien yo esperaba estuviera ahí pero que no estaba, situaciones terribles.

Uno de los grandes retos de mi vida es recibir la lealtad de los demás con gratitud,  

y manejar los momentos de traición sin dolor, represalias ni venganzas.

He sido educado y preparado para lidiar

con situaciones de traición por parte de personas lejanas,

para ello tengo multitud de herramientas,

pero soy tremendamente vulnerable a la traición sufrida en el seno de mí mismo,

de mi pequeño círculo de identidad,

con los más cercanos he tenido el sentimiento más triste,

me he dado cuenta de que una traición me llevaba a sentir

no poder volver a confiar en nadie.

Me retuerce asentir que la traición es la suma de todas las traiciones

sufridas a lo largo de mi vida y que están medio escondidas medio inconscientes.

La confianza es una moneda con dos caras,

no solamente es la condición de confiables que tienen los demás,

la otra es mi capacidad de confiar en ellos,

que viene de la seguridad que he encontrado en los que me han acompañado durante mi vida,

empezando por mis padres.

Mi maestro interior me guía para saber quién y qué son confiables y dignos de confianza,

esta decisión es intuitiva y no muy racional,

incluso yo mismo a veces no soy confiable,

pero sin duda tengo el compromiso hecho,

estoy abierto a reparar las situaciones en las que no lo consigo.

He aprendido que para no sentirme devastado cuando soy traicionado,

la mejor manera es firmar un compromiso fuerte de hacerme digno de confianza,

es dejar a un lado el sentimiento de víctima,

para en su lugar instalar fuertemente mi propio compromiso de confiabilidad hacia los demás.

Por ejemplo, en la piscina yo no puedo dejar mi llave a cualquier persona mientras nado,

pero es seguro que cualquiera de ellos podría dejarme su llave y la recibiría intacta.

Reviso las situaciones de un tipo y otro en el pasado,

¿en qué personas he confiado? ¿han sido confiables?

¿me han hecho promesas y las han mantenido?

¿he tenido expectativas fuera del acuerdo explícito con la persona?

¿en momentos de traición, esa persona quería admitirlo, repararlo y recuperar la confianza?

¿yo seguía confiando incluso cuando era obvio que no llegaba la confiabilidad?

¿hay patrones repetitivos?

¿alguna vez he experimentado un dolor que no me dejaba seguir viviendo?

¿yo actuaba confiablemente independientemente de cómo fui tratado?

¿he mostrado gratitud con quien ha confiado en mí?

¿Qué es la confianza?

Me puedo aproximar a conocer la confianza a través de experimentar la desconfianza,

igual que el pez no tiene el concepto de agua

hasta que está fuera del agua y no puede respirar.

Entiendo la desconfianza cuando me falta algo que he asumido como dado,

está basada en mi percepción y en mis expectativas,

puede darse en una situación normal,

pero no mantenerse cuando la situación se pone complicada.

Siento que no puedo hacer mucho, considero que está en manos de los otros,

como cualquier cosa que no está bajo mi control, es fuente de mi ansiedad y mi complejidad.

No me gusta asumir que alguien es confiable cuando es previsible y está bajo mi control,

no quiero que mi confianza dependa del sentimiento de certidumbre,

de mis miedos,

de que algo o alguien pueda cometer fallos y no me sea predecible,

no quiero solo confiar en los demás cuando puedo contar con su fidelidad,

quiero confiar siempre.

La confianza ocurre en el presente,

no me gusta conectar la experiencia pasada con la probabilidad de futuro.

Mi confianza es un sentimiento interno de que no va a haber daño

después de libremente ser yo mismo en sentimiento, palabra y escritura.

Es un sentimiento interno de que alguien va a estar ahí para mí,

confío en otros cuando me siento seguro y a salvo en su presencia.

Ser adulto no significa “nadie me va a hacer daño”, sino

“confío en mí mismo independientemente de lo que tú hagas”,

eso no me quita que la traición me confunda ni me duela,

sin embargo, “por favor no me hagas daño”

desarrolla el papel de víctima,

es normal que las personas rompan sus promesas,

cambien de opinión respecto a nuestras expectativas

y adquieran otras preferencias,

la respuesta adulta es

“Estoy preparado para lidiar con mi decepción si llega a ocurrir, con suerte nunca”.

Esa experiencia no puede hacerme víctima,

son simplemente los altos y bajos normales de la vida,

efímera como es.

Es más probable que los demás quieran quedarse conmigo,

cuando no sientan la carga, consciente o inconsciente,

de mis proyecciones, juicios, derechos o expectativas no realistas.

Desde pequeño, he aprendido de mis padres, que cuidan de mí,

que el mundo y los demás tienen todo lo que necesitamos,

construyo una capacidad para confiar que es muy resiliente,

cuando soy traicionado, aprendo de la experiencia, y la vida sigue.

Si no hubiera aprendido confianza de mis padres,

me habría vuelvo cínico y pesimista en la vida.

A nivel neuroquímico tengo una hormona que me calma y reduce el stress,

la oxitocina del hipotálamo.

La oxitocina se dispara cuando me acerco, acaricio, toco o en el orgasmo,

menos stress significa más seguridad, confort, … los elementos de la confianza.

A nivel físico, el cortex orbitofrontal alberga la capacidad de manejar emociones,

lo desarrollo en el contacto con mis padres en la infancia,

depende de si, en mi experiencia, mis padres estaban presentes,

no de si me cuidó con medidas objetivas.

El tocarse es central, sin el tacto no es posible saber si me puedo fiar,

muchos de nosotros estamos hambrientos de tocar,

sin embargo, nos da miedo.

A veces tardamos mucho tiempo en aprender a dar un abrazo

o poner el brazo sobre un hombro,

lo asimilo y me desinhibo.

Si mis padres no hubieran cuidado de mí,

la oxitocina no la hubiera desarrollado y se me dificultaría confiar en otras personas.

Si mis padres me hubieran controlado, criticado o menospreciado,

me habrían indicado que no confíaban en mí y esto haría difícil mi autoconfianza,

podría haber recibido mis necesidades básicas, pero no obtenido las más profundas.

Maslow describe las necesidades básicas del ser humano;

empieza por la comida, techo, seguridad y pertenencia,

pero está también la autorealización, más intangible, no por eso menos necesidad.

Esto significa darme tiempo, espacio y recursos para llegar a ser lo que soy en lo profundo,

reconocer mis dones, llevar a cabo y cumplir mi llamada,

ser amado por ser yo,

desarrollar relaciones que respeten todo esto.

He desarrollado mi confianza porque me he sentido atendido,

aceptado, apreciado, expresado afecto y permitido.

Al permitirme, he experimentado mi vida sin restricciones,

puedo vivir según mis emociones, autoexpresión y decisiones,

puedo comunicar mis sentimientos sin ser ridiculizado,

vivo según mis necesidades, valores y deseos,

estoy protegido cualquier decisión que tome.

No solo busco una relación que me de seguridad,

persistentemente busco el objetivo humano, una relación de intimidad.

Henry David Thoreau dice

“Vendré a ti, amigo mío, cuando ya no te necesite,

entonces tú encontrarás un palacio, no un asilo de ancianos”.

Las relaciones de verdad son posibles y necesarias,

yo no necesito alguien que me rescate o que actúe por mí,

sino alguien que esté a mi lado, presente,

que se involucre en lo que nos esté sucediendo.

Confío en esa persona presente, pero sin juzgarme,

mi valentía se potencia con el apoyo de quien respeto,

quiero ser el espejo y la comprensión que la otra persona necesita,

quiero ser el apoyo a la valentía de la otra persona,

tú no me castigas, yo no te castigo, me quiero rendir al miedo de la traición.

Cuando no confío en lo que alguien va a hacer,

estoy dando testimonio de mi creencia de que esa persona no está en su mente recta,

cuando estoy en mi mente recta me doy cuenta de que no es real,

la confianza que deposito en otro es la confianza que deposito en mi maestro interior.

Me falta confianza en mi maestro interior, aún sabiendo que es digno de toda confianza,

la confianza podría resolver cualquier problema ahora mismo,

no muevo montañas con mi confianza si mi confianza no es absoluta,

tengo derecho al perfecto bienestar que resulta de tener perfecta confianza,

mi maestro interior tiene una confianza en mí ilimitada, aunque yo no le oiga,

nada tiene importancia para mí que viajo lleno de confianza y más allá del miedo,

nada que emprenda con un propósito firme, con absoluta determinación

y lleno de una feliz confianza,

llevando a los demás de mi mano y en armonía con el cielo,

es difícil de lograr,

miro directamente hacia adelante, camino lleno de confianza,

mi corazón late con dicha, esperanza y sin temor.




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