Una tarde subí a la montaña a ver la puesta de sol desde la cima,
es un momento de gran claridad
con la vista en el infinito,
me disponía a tomar algo de comer
mientras disfrutaba del momento,
cuando algo pasó fuera de lo
esperado, algo especial;
desde lejos vi como un zorro se
acercaba poco a poco a mí hasta sentarse a mi lado,
al principio, yo le debía parecer
un ser extraño, hasta peligroso,
pero con el tiempo fue tomando
confianza.
Un rato más tarde ya ni siquiera
me miraba,
más bien miraba hacia donde yo
miraba,
el zorro tenía la confianza de
que nada le podía pasar conmigo,
algo bueno debía sentir con mi
cercanía,
pues si no, no había razón para
quedarse y no irse,
comida que compartir no tenía,
más allá de una crema de verduras
seguramente no de su gusto.
Yo me daba cuenta de que ambos
emanábamos una energía de paz y satisfacción
que nos hacía estar a gusto
juntos.
Me pasa otras veces tener el
placer de compartir tiempo con animales salvajes,
los jabalíes, por ejemplo,
necesitan más respeto, pueden pesar hasta 300 kilos,
pero solo atacan si se sienten
acorralados o para proteger a sus crías,
salvo en esos momentos, es un
animal social
que se reúne en grupos liderados
por una hembra,
en general es bastante
escurridizo y no es fácil acercarse,
cuando confía, es capaz de estar
buscando su comida tranquilamente
e ignorar a un humano cercano.
Se oyen historias de personas que
conviven incluso con los leones,
son las fieras más salvajes de la
selva,
no dudarían en cazar a un humano
y llevarlo de cena a su manada,
sin embargo, es posible pensar en
que un humano pueda llegar a ser parte de la manada,
incluso uno de los miembros más
respetados, una vez ganada la confianza.
Con suficiente confianza,
aunque los leones saben que el
humano es diferente y menos fuerte,
pueden llegar a respetar,
cuando son jóvenes y no agresivos
es más fácil,
después hay que aplicar mucho
tiempo y compromiso,
mucha magia que consiste en
respeto y amor,
entender su comportamiento y
personalidad y adaptarse a ellos,
todo sin látigos ni intimidación para domar a las fieras.
La confianza es una creencia,
muy estable y dentro de mí, muy
difícil de cambiar,
muchas veces ni siquiera la
evidencia ni la razón son suficientes para cambiar una creencia.
Es desafortunado que, que ataquen
mis creencias me hace sentir amenazado,
emoción que me hace aumentar la
desconfianza y hace que me resista,
es nefasto que mis creencias sean
difícilmente negociables,
que tengan tanto que ver con los
modelos de mi propio yo y mi identidad personal.
Esto es la confianza, algo
inconsciente, difícil de cambiar,
que está influyendo mi comportamiento en el día a día.
Mi mayor necesidad es la
confianza, y ha sido mi primer miedo,
se dice que la confianza se gana
durante años, pero se pierde en un minuto,
hoy es el riesgo más sutil que
tomo cada día, cada minuto,
mi vida está llena de momentos en
los que alguien me tendió la mano
y encontré grandes dosis de lealtad;
les debo mi mayor apreciación
y gratitud,
también de momentos en los que me
sentí traicionado
por quien yo esperaba estuviera
ahí pero que no estaba, situaciones terribles.
Uno de los grandes retos de mi
vida es recibir la lealtad de los demás con gratitud,
y manejar los momentos de
traición sin dolor, represalias ni venganzas.
He sido educado y preparado para
lidiar
con situaciones de traición por
parte de personas lejanas,
para ello tengo multitud de
herramientas,
pero soy tremendamente vulnerable
a la traición sufrida en el seno de mí mismo,
de mi pequeño círculo de
identidad,
con los más cercanos he tenido el
sentimiento más triste,
me he dado cuenta de que una
traición me llevaba a sentir
no poder volver a confiar en
nadie.
Me retuerce asentir que la
traición es la suma de todas las traiciones
sufridas a lo largo de mi vida y que
están medio escondidas medio inconscientes.
La confianza es una moneda con
dos caras,
no solamente es la condición de confiables
que tienen los demás,
la otra es mi capacidad de
confiar en ellos,
que viene de la seguridad que he
encontrado en los que me han acompañado durante mi vida,
empezando por mis padres.
Mi maestro interior me
guía para saber quién y qué son confiables y dignos de confianza,
esta decisión es intuitiva y no
muy racional,
incluso yo mismo a veces no soy
confiable,
pero sin duda tengo el compromiso
hecho,
estoy abierto a reparar las
situaciones en las que no lo consigo.
He aprendido que para no sentirme
devastado cuando soy traicionado,
la mejor manera es firmar un
compromiso fuerte de hacerme digno de confianza,
es dejar a un lado el sentimiento
de víctima,
para en su lugar instalar
fuertemente mi propio compromiso de confiabilidad hacia los demás.
Por ejemplo, en la piscina yo no
puedo dejar mi llave a cualquier persona mientras nado,
pero es seguro que cualquiera de ellos podría dejarme su llave y la recibiría intacta.
Reviso las situaciones de
un tipo y otro en el pasado,
¿en qué personas he confiado? ¿han
sido confiables?
¿me han hecho promesas y las han
mantenido?
¿he tenido expectativas fuera del
acuerdo explícito con la persona?
¿en momentos de traición, esa
persona quería admitirlo, repararlo y recuperar la confianza?
¿yo seguía confiando incluso
cuando era obvio que no llegaba la confiabilidad?
¿hay patrones repetitivos?
¿alguna vez he experimentado un
dolor que no me dejaba seguir viviendo?
¿yo actuaba confiablemente
independientemente de cómo fui tratado?
¿he mostrado gratitud con quien
ha confiado en mí?
¿Qué es la confianza?
Me puedo aproximar a conocer la
confianza a través de experimentar la desconfianza,
igual que el pez no tiene el
concepto de agua
hasta que está fuera del agua y
no puede respirar.
Entiendo la desconfianza cuando me
falta algo que he asumido como dado,
está basada en mi percepción y en
mis expectativas,
puede darse en una situación
normal,
pero no mantenerse cuando la
situación se pone complicada.
Siento que no puedo hacer mucho, considero
que está en manos de los otros,
como cualquier cosa que no está
bajo mi control, es fuente de mi ansiedad y mi complejidad.
No me gusta asumir que alguien es
confiable cuando es previsible y está bajo mi control,
no quiero que mi confianza
dependa del sentimiento de certidumbre,
de mis miedos,
de que algo o alguien pueda
cometer fallos y no me sea predecible,
no quiero solo confiar en los
demás cuando puedo contar con su fidelidad,
quiero confiar siempre.
La confianza ocurre en el
presente,
no me gusta conectar la
experiencia pasada con la probabilidad de futuro.
Mi confianza es un
sentimiento interno de que no va a haber daño
después de libremente ser yo
mismo en sentimiento, palabra y escritura.
Es un sentimiento interno de que
alguien va a estar ahí para mí,
confío en otros cuando me siento
seguro y a salvo en su presencia.
Ser adulto no significa “nadie me
va a hacer daño”, sino
“confío en mí mismo
independientemente de lo que tú hagas”,
eso no me quita que la traición me
confunda ni me duela,
sin embargo, “por favor no me
hagas daño”
desarrolla el papel de víctima,
es normal que las personas rompan
sus promesas,
cambien de opinión respecto a
nuestras expectativas
y adquieran otras preferencias,
la respuesta adulta es
“Estoy preparado para lidiar con
mi decepción si llega a ocurrir, con suerte nunca”.
Esa experiencia no puede hacerme
víctima,
son simplemente los altos y bajos
normales de la vida,
efímera como es.
Es más probable que los demás
quieran quedarse conmigo,
cuando no sientan la carga,
consciente o inconsciente,
de mis proyecciones, juicios, derechos o expectativas no realistas.
Desde pequeño, he aprendido de mis
padres, que cuidan de mí,
que el mundo y los demás tienen
todo lo que necesitamos,
construyo una capacidad para
confiar que es muy resiliente,
cuando soy traicionado, aprendo
de la experiencia, y la vida sigue.
Si no hubiera aprendido confianza
de mis padres,
me habría vuelvo cínico y pesimista en la vida.
A nivel neuroquímico tengo
una hormona que me calma y reduce el stress,
la oxitocina del hipotálamo.
La oxitocina se dispara cuando me
acerco, acaricio, toco o en el orgasmo,
menos stress significa más
seguridad, confort, … los elementos de la confianza.
A nivel físico, el cortex
orbitofrontal alberga la capacidad de manejar emociones,
lo desarrollo en el contacto con mis
padres en la infancia,
depende de si, en mi experiencia,
mis padres estaban presentes,
no de si me cuidó con medidas
objetivas.
El tocarse es central, sin el
tacto no es posible saber si me puedo fiar,
muchos de nosotros estamos
hambrientos de tocar,
sin embargo, nos da miedo.
A veces tardamos mucho tiempo en
aprender a dar un abrazo
o poner el brazo sobre un hombro,
lo asimilo y me desinhibo.
Si mis padres no hubieran cuidado
de mí,
la oxitocina no la hubiera desarrollado
y se me dificultaría confiar en otras personas.
Si mis padres me hubieran
controlado, criticado o menospreciado,
me habrían indicado que no confíaban
en mí y esto haría difícil mi autoconfianza,
podría haber recibido mis
necesidades básicas, pero no obtenido las más profundas.
Maslow describe las necesidades
básicas del ser humano;
empieza por la comida, techo,
seguridad y pertenencia,
pero está también la
autorealización, más intangible, no por eso menos necesidad.
Esto significa darme tiempo,
espacio y recursos para llegar a ser lo que soy en lo profundo,
reconocer mis dones, llevar a
cabo y cumplir mi llamada,
ser amado por ser yo,
desarrollar relaciones que
respeten todo esto.
He desarrollado mi confianza porque
me he sentido atendido,
aceptado, apreciado, expresado afecto
y permitido.
Al permitirme, he experimentado
mi vida sin restricciones,
puedo vivir según mis emociones,
autoexpresión y decisiones,
puedo comunicar mis sentimientos
sin ser ridiculizado,
vivo según mis necesidades,
valores y deseos,
estoy protegido cualquier
decisión que tome.
No solo busco una relación que me
de seguridad,
persistentemente busco el
objetivo humano, una relación de intimidad.
Henry David Thoreau dice
“Vendré a ti, amigo mío, cuando
ya no te necesite,
entonces tú encontrarás un
palacio, no un asilo de ancianos”.
Las relaciones de verdad
son posibles y necesarias,
yo no necesito alguien que me
rescate o que actúe por mí,
sino alguien que esté a mi lado,
presente,
que se involucre en lo que nos
esté sucediendo.
Confío en esa persona presente,
pero sin juzgarme,
mi valentía se potencia con el
apoyo de quien respeto,
quiero ser el espejo y la
comprensión que la otra persona necesita,
quiero ser el apoyo a la valentía
de la otra persona,
tú no me castigas, yo no te
castigo, me quiero rendir al miedo de la traición.
Cuando no confío en lo que alguien va a hacer,
estoy dando testimonio de mi creencia de que esa persona no está en su
mente recta,
cuando estoy en mi mente recta me doy cuenta de que no es real,
la confianza que
deposito en otro es la confianza que deposito en mi maestro interior.
Me falta confianza en mi maestro
interior, aún sabiendo que es digno de toda confianza,
la confianza podría
resolver cualquier problema ahora mismo,
no muevo montañas con mi
confianza si mi confianza no es absoluta,
tengo derecho al perfecto
bienestar que resulta de tener perfecta confianza,
mi maestro interior tiene una confianza en mí ilimitada, aunque yo no le
oiga,
nada tiene importancia
para mí que viajo lleno de confianza y más allá del miedo,
nada que emprenda con
un propósito firme, con absoluta determinación
y lleno de una feliz
confianza,
llevando a los demás
de mi mano y en armonía con el cielo,
es difícil de lograr,
miro directamente
hacia adelante, camino lleno de confianza,
mi corazón late con dicha, esperanza y sin temor.


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