domingo, 23 de enero de 2022

Capítulo 5. La pandemia de 2019

 



Yo estaba bien, aunque estábamos encerrados en casa, hacer una hora de zumba diaria, respirar el aire libre y escuchar los pajaritos cantar en ese ambiente de silencio me hacía estar bien. Pero fuera de estos muros no olvidaba que estábamos viviendo un momento muy complicado, una crisis sistémica que nos iba a dejar un planeta que en poco se iba a parecer al que conocíamos y acostumbrábamos.

La punta del iceberg ya se veía. Durante años habíamos estado estudiando pormenorizadamente los pros y los cons de la educación a distancia. De la noche a la mañana la educación era a distancia sin pensar, pura acción, como lo hubiera dictado Bruce Lee. No solamente la educación de postgrado, sino incluso la educación primaria.

También habíamos debatido hasta la saciedad las ventajas de teletrabajar, evitando los atascos, sin tener que vestirse, sin tener que aceptar ciertas formalidades, y las desventajas, el aislamiento, la falta de dinámica social, la dificultad de convencer y persuadir sin el contacto cara a cara. Hoy es un hecho, así, sin reflexión, muchos trabajando desde casa.

Y estos cambios estaban para quedarse, no se iba a volver a la situación anterior. Quien ha degustado los aromas de trabajar en casa no va a volver a ponerse la corbata y entrar en el atasco mañanero. Tampoco se iba a volver a las aulas.

Muchas organizaciones habían tenido que suspender operaciones, y muy probablemente con muy bajo impacto. Esas organizaciones tampoco iban a volver a ponerse en marcha una vez demostrada su irrelevancia.

La bolsa había caído y habían caído las economías, lo cual suponía un nuevo orden mundial, pero tal vez al ser un fenómeno planetario seguíamos funcionando como si no hubiese pasado nada.

Charles Dickens comenzaba su libro “Historia de dos ciudades” así:

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual…

Me gusta el poema de Kitty O’Meara:

Y la gente se quedó en casa.

Y leyó libros y escuchó.

Y descansó y se ejercitó.

E hizo arte y jugó.

Y aprendió nuevas formas de ser.

Y se detuvo.

Y escuchó más profundamente. Alguno meditaba.

Alguno rezaba.

Alguno bailaba.

Alguno se encontró con su propia sombra.

Y la gente empezó a pensar de forma diferente.

Y la gente se curó.

Y en ausencia de personas que viven de manera ignorante.

Peligrosos.

Sin sentido y sin corazón.

Incluso la tierra comenzó a sanar.

Y cuando el peligro terminó.

Y la gente se encontró de nuevo.

Lloraron por los muertos.

Y tomaron nuevas decisiones.

Y soñaron nuevas visiones.

Y crearon nuevas formas de vida.

Y sanaron la tierra completamente.

Tal y como ellos fueron curados.

Y la gente empezó a pensar de otra manera

Y tomaron nuevas decisiones

Y sanaron la tierra tal como ellos fueron curados.

Hoy nadie, ni siquiera los think tanks sabemos qué va a pasar. Decía Mark Twain, “Cuando encuentres que estás del lado de la mayoría, es hora de hacer una pausa y reflexionar profundamente”. Si hoy la mayoría dice que es una catástrofe, seguro que no hay ventaja competitiva en pensar así, seguro que hay una salida diferente. Hay que saber arrancar la página. Lo que nos hizo fuertes hace un mes, puede ser lo que nos hunda hoy. Seguro que hay que aprovechar este momento.

Dice Enrique Sueiro, profesor IE, que “La clave no está en el cronometro, sino en la brújula.”. Es momento para la humildad, pensar que tienes el derecho a que te vaya bien es una bomba hoy.

Walt Wittman en Hojas de Hierba dice:

“¿Qué de bueno hay en medio de estas cosas, Oh, mi yo, Oh, vida?

Que estás aquí - que existe la vida y la identidad,

Que prosigue el poderoso drama, y que

puedes contribuir con un verso.”

No es momento para resignarse, sino para huir hacia delante. El análisis estratégico no es para quien se queja, sino para quien se moja. Estrategia es hacer algo diferente.

En términos empresariales, Michael Porter explica que la estrategia se basa en actividades únicas, significa ser diferente. Esto quiere decir, escoger deliberadamente un conjunto distinto de actividades para brindar una combinación única de valor. ¿Qué conjunto distinto de actividades elijo para esa combinación única de valor? El ciclo de vida de una industria es siempre el mismo: introducción, crecimiento, madurez, declive. Aunque la curva puede ser más vertical o más horizontal, en crecimiento hay que buscar la ventaja competitiva. En madurez, hay que defender esa ventaja competitiva. Es el declive hay que manejar el fin del juego, cosechar, salvar los muebles y a otra cosa mariposa.

En el tiempo, al principio tenemos la innovación de producto, que cada vez es menos importante, llega a ser commodity. Entonces, se hace más importante la innovación de proceso. Más tarde, todo se copia y la innovación deja de ser importante. En la última fase, solo funciona la innovación estratégica, una nueva combinación de valor: Empezar con algo nuevo y regenerador.

La estrategia está en el medio, entre la empresa y el entorno. El entorno cambia, y por tanto el interior tiene que cambiar sí o sí. La empresa son: objetivos, valores, recursos, capacidades, estructura sistemas. El entorno son: competidores, clientes, proveedores.

Qué es estrategía? Es el plan general para el despliegue de recursos que permita establecer una posición favorable. Táctica es un plan para una maniobra específica. En el mundo militar la estrategia se inventó para ganar la guerra. Cada uno defina la guerra como le dé la gana. Hay que luchar batallas y fabricar tanques.

Era el momento de cambiar las tácticas para proteger la estrategia. Cambiar la estrategia en momento de convulsión es de alto riesgo.

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