viernes, 6 de mayo de 2022

Capítulo 22. Carta a mi madre

 



Eres milagro, prodigio, grandeza y maravilla.

Miro a mi madre y veo un milagro que me pertenece a mí,

permíteme no sentir resentimiento contra tí, mamá,

sino ofrecerte el milagro que a ti ya te pertenece,

aunque visto en verdad, esto no hace sino ofrecerme a mí el milagro.

Este resentimiento no es independiente de mi salvación,

sustituyamos nuestros resentimientos por milagros, mamá,

éste es el milagro que sustituye todos mis resentimientos.

Te perdono.

Mamá, hoy te has convertido en mi salvadora,

desde hace muchos años debo reconocer que albergo un resentimiento contigo,

ese resentimiento que yo tengo me nubla y no me deja ver el milagro

que significa tener una madre preciosa como lo eres tú.

Ya es hora de deshacer esos nubarrones y permitir que permee la luz que hay detrás,

ésta es una relación santa,

cada vez que en un momento del día hay conexión contigo a nivel divino,

probamos que tú y yo somos uno y que nada hay que nos pueda separar.

Lo que yo veo en ti no es más que una parte de mí,

lo que yo veo en ti no es sino lo que yo soy,

y si yo te viera como una persona con carencias,

no estaría sino reafirmando que yo mismo soy un ser con carencias.

Pero no, tú eres un milagro, tú eres luz, eres un ser infinito que se extiende allá donde va,

y donde no va,

tú tienes derecho a ser un milagro porque eres hija del Universo,

y ser hija te concede la participación en el Todo.

Yo te perdono,

te perdono porque en realidad no hay nada que perdonar,

te perdono porque todo fue una equivocación,

y porque tú solo diste amor malentendido.

Acepto que tú no quisiste tener hijos,

que fuiste obligada y que por tanto no te salió el cariño que tus hijos necesitaban.

Tus hijos sufrieron la sensación de abandono, pero la Verdad con mayúsculas me dicta

que eso no es así, porque eso solo supone aceptar mi propia limitación y mi propia escasez

en el terreno del cariño, del amor y del cuidado.

Me he sentido a veces abandonado y rechazado, sin poder confiar en nada ni nadie,

implorando más cariño y sensación de conexión con cualquiera que se acercaba a mí.

Siento escasez de amor, y también miedo a perderlo,

por eso, he sido incluso capaz de desamarme a mí mismo, de ningunearme,

y de aniquilarme con tal de mantener las migajas de amor que cualquiera pueda echar a mis pies,

necesito esas escasas migajas de pan que los demás dejan caer a mis pies.

Yo me siento escaso y te siento escasa a ti,

me da miedo perderte y mucha intranquilidad, desasosiego y mucha tristeza,

que no quieras verme o hablarme libremente,

pero, te entiendo, hoy estoy trabajando la idea de que tú no eres un ser escaso,

sino un ser luminoso y perfecto, en perfecta conexión con lo divino,

eres santa,

mi madre es santa.

Los milagros se ven enturbiados por mis resentimientos,

el resentimiento hacia ti es el símbolo del resentimiento hacia la mujer en general,

yo no he disfrutado plenamente del amor femenino, lo he a veces utilizado,

y solo he sabido disfrutar de ver chispazos de reflejos de él,

turbio, ha sido todo turbio,

porque estaba rodeado de nubarrones oscuros dramáticos de resentimiento y rencor,

que no me permitían ver nítido.

No siempre me hacías caso, a menudo estabas preparando comidas en la cocina,

limpiando la casa o tomando café con tus amigas,

así lo veía tu bebé inexperto con la mente sin construir,

así lo construyó en su cerebro ese niño herido que imploraba una mirada, agarrado a tus piernas,

ese niño herido rogaba humildemente por un abrazo amoroso que poco le fue concedido.

Ese niño se tuvo que construir fantasmas y objetivos alternativos,

que le sacaran del sufrimiento de no tener una abrazo maternal,

poco se le dio un feedback positivo de algo que hubiera hecho,

cuando cocinaba era un desastre,

porque te ocasionaba el dolor de tener que limpiar su suciedad detrás de él,

cuando hacía algo, era el sucio hombre incapaz y vago que viviría en la oscuridad.

Ese niño rogaba por un comentario positivo en algún aspecto,

como no lo había en el terreno emocional, lo buscó estudiando mucho,

y ejecutando los valores de viajar, aprender, hablar idiomas…

pero tampoco ahí hubo nunca un aliento de apoyo,

nunca se le dijo que no iba por ahí la vida,

nunca se le dijo claro que siendo así jamás iría a conseguir alabanza sincera,

consiguió muchas pero sin satisfacción plena,

ahí no estaba en puridad su salvación.

A ese niño, mamá, lo educaste en la asunción de que no era querido,

de que fue un error de la naturaleza,

le hiciste sentir culpable de existir,

él se sintió culpable de existir,

él se construyó un mundo falso en el que él era culpable de existir,

él desarrolló una realidad percibida demente en la que mucho era hostil y un ataque,

porque necesitaba ser suficiente, ser útil, ser digno,

necesitaba demostrar algo.

Ese niño era luz,

ese niño era digno por el solo hecho de ser hijo del Universo y por haber sido creado,

ese niño vino al mundo hijo del Universo y solo a través coyunturalmente de tu vientre,

no se tenía que ganar su dignidad a base de méritos,

ese niño era santo por haber nacido, solo por haber nacido vivo,

y no por estudiar más que los demás, ser más deportista que los demás,

hacer su cama o ayudar a poner la mesa.

¡Qué poco le exigiste a ese niño!

simplemente que colocase los tenedores y remetiera las sábanas de su cama.

Tú venías todas las noches a darme un beso antes de dormir,

de hecho, no era capaz de conciliar el sueño sin tu beso,

nunca me preguntabas cómo estaba, qué me preocupaba, qué era lo que me causaba desasosiego,

de qué tenía miedo, cómo había dormido, qué había soñado,

no tenías tiempo, no te importaba demasiado lo que pasase por mi ser humano vivo,

más allá de que estuviera bien alimentado y bien planchado.

Ese niño percibía su realidad como traición, hostilidad y ataque constante,

ese niño aprendió a necesitar defenderse cada minuto de su existencia,

ante todos los leones que constantemente le agredían,

desconfiaba de todo y de todos, todo el tiempo.

Le podrías haber mirado a los ojos en algún momento y haberle dicho: Tú puedes. Tú eres.

Tú eres suficiente. Tú eres digno de tu propia existencia. Le podías haber mirado a los ojos.

Tú vivías en un mundo de obligaciones y percibías tu propio mundo como limitante y agobiante,

pero, no voy ahora a pensar así, tú elegiste tu propia vida, a tu familia y jugaste tu juego,

y la vida te dio todas las oportunidades de aprendizaje que tú necesitabas.

Y yo tengo la madre que tengo para guiarme a sanar lo que necesito sanar,

tú eres un regalo que la vida que me ha puesto ahí, quizás para que tropiece,

pero, sobre todo, para que avance como consecuencia de tropezar e intentar no caer,

tú me puedes ayudar, aún sin ser consciente, a limpiar mis nubarrones de resentimiento,

de forma que se desvele el milagro que esconden.

Que los milagros reemplacen mi resentimiento,

no voy ya a elegir el resentimiento sino el milagro,

hay luz detrás de la nube y ahora lo veo claramente,

creo en mi intuición que me guía en el camino,

ya voy viendo la luz,

tengo la visión de lo que es mi vida y se van difuminando mis miedos,

ya no me voy a hacer el ciego,

ahora veo claro y nítido, con absoluta certeza,

tengo alguien en mis espaldas que me ilumina y me guía el camino.

Te temía, te odiaba, te amaba y me hiciste enfadar,

exigente e irritante como eras, yo no era capaz de complacerte,

ahora te descubro como hija del Universo,

ya no eres mi enemiga, sino mi salvadora,

tienes una función en el plan del Universo y vas a ayudarme en mi camino de la expiación.

En mi percepción, has cometido muchas faltas y me has causado mucho dolor,

ha habido muchos disgustos grandes y pequeños,

pero, tu cuerpo es bello, por mucho que lo opaques fumando,

hueles bien,

eres bella y elegante, con esa piel resplandeciente y clara.

Hoy te contemplo como mi salvadora para que me guíes hasta la luz que tú tienes,

quiero unirme a ti,

en mi mente ahora se muestra la luz que veo en ti,

tú has esperado largo tiempo esto, porque necesitas liberarte y sentirte una conmigo,

esto te va a liberar, aunque no me veas y escuches.

Eres hija del Universo y puedes salvarme,

dejo a un lado mis imágenes oscuras para ver el milagro de amor que eres,

estoy agradecido,

de la mano vamos juntos,

voy hacia la luz que tú eres,

eres mi salvación,

mis nubarrones se caen y apareces detrás de ellos como la luz de mi salvación,

el milagro reemplaza todos mis resentimientos.

Eres mi luz, mi salvación, voy hacia ti,

espérame que voy, te necesito, eres mi expiación,

en ti está mi salvación, en ti en tu dignidad de ser humano,

de madre que me amamantaste.

Voy, aguanta, ten paciencia, que estoy llegando.

Capítulo 21. ¿Qué dice la Filosofía sobre la Sanación?

Creo que muchos seres humanos, incluido yo, necesitamos sanar,

hay una especie de mar de fondo en el ser humano que crea desconcierto y sufrimiento,

y una necesidad de salir de ahí, de cambiar,

y de transformarse hacia el modelo diferente de la paz interior,

yo lo siento así.

¿De dónde viene ese sufrimiento?

En cierto modo del niño interior herido,

desde pequeñito, he ido acumulando frustraciones, desasosiegos y pérdidas,

debido a que el mundo que me encontré al nacer nunca fue lo que esperaba,

pero, es cierto que esas expectativas fueron creadas por un cerebro,

todavía en proceso de crecimiento,

¿qué podía esperar cuando tenía meses o pocos años?

un poco absurdo, sufrí porque con cinco días de vida me frustraba por unas expectativas absurdas,

y mantengo esa lucha el resto de nuestras vidas, sin revisar racionalmente.

Esto se me conforma en forma de molestia interna, sutil pero constante,

algo que enturbia la armonía y me aleja de la ansiada paz interior.

Quizás puedo hablar de una necesidad de salvación común a todos los mortales,

pero cada ser humano se construye sus propios objetivos para salir de ello,

cada uno entiende la salvación en la consecución de un mérito o un reto, de manera diferente,

para algunos, la felicidad llegará cuando tengan el último modelo de BMW,

para otros, la felicidad llegará cuando tengan la casa más bonita,

para otros, la felicidad llegará cuando por fin estén con su media naranja, su familia,

o su añorada descendencia, o cuando curen su enfermedad,

para otros, llegará cuando consigan construir el puente más largo o visitar la luna,

otros buscarán la sanación en el Dios de las pequeñas cosas: comer una lata de caviar,

beber un buen vino, visitar un museo o tener buen sexo.

La experiencia me dice que todos ellos fracasan en sus objetivos como yo he fracasado,

y que los que lleguen a conseguirlos, sentirán desasosiego,

deberán marcarse retos más y más lejanos para seguir luchando por ellos.

Esas promesas no se suelen cumplir, es más, a veces acaban con desposesión de todo,

se parece más a una esclavitud que a la libertad.

Necesito una guía para la salvación.

Sanación, curación, salvación y liberación, son cuatro formas de entender el mismo sentimiento,

que se convierte en dos preguntas:

¿Qué es lo que hay que salvar? ¿Cómo se puede salvar?

Hay formas radicales de buscar la paz interior, y simples a la vez que poderosas,

requieren intuición, esa intuición última que nos permite percibirnos,

no como separados del mundo sino como unidos en lo íntimo a la naturaleza y a los demás.

La salvación es una empresa de colaboración, no es fácil emprenderla en solitario,

sino a través del resto de personas con las que compartimos esa necesidad,

cada una de ellas, desde este punto de vista, se nos muestra como una oportunidad,

que nos dona la vida para poder resolver ciertos conflictos y resentimientos,

eso supone reconocer a los demás como hermanos,

e identificar aquello que nos une en lugar de aquello que nos separa.

Siguiendo a Aristóteles, todos participamos de una misma entidad,

somos parte, aunque partes diferentes, pero en tanto que partes,

compartimos ciertas características y necesidades,

eliminando la separación, eliminamos el rechazo.

Esta Verdad ayuda a hacernos libres,

y hacernos libres, según muchas corrientes, significa deshacernos de resentimientos y rencores,

proceso que consensuadamente llamamos perdón.

La salvación es más fácil y posible cuando no la busco en parajes remotos,

sino en mi mundo interior.

¿Cómo se puede salvar?

Difícil responder, porque tengo de alguna manera asociada la salvación al sacrificio,

el sacrificio es un elemento tan esencial en mi sistema de pensamiento,

que la idea de salvación sin tener que hacer ningún sacrificio no significa nada para mí.

Sin embargo, el sacrificio es una forma de ataque y está asociado a la culpabilidad,

si hay sacrificio, alguien tiene que pagar para que alguien gane,

y la única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué.

El sacrificio es una manera de descargar la culpabilidad y de esta manera comprar paz,

y no parezco ser yo el que paga.

El amor exige sacrificio.

El amor da miedo.

La culpabilidad es el coste del amor y el amor se paga con miedo,

amar totalmente exigiría un sacrificio total.

Veo que muchos exigen algún sacrificio de mí,

no me doy cuenta de que soy yo el único que exige sacrificios, y únicamente de mí mismo,

exigir sacrificios es algo tan brutal y tan temible que no puedo aceptar

dónde se encuentra dicha exigencia,

y todavía miro hacia atrás con nostalgia cuando recuerdo mi sacrificio.

Mi intuición me dice que la salvación debe estar en algo más incondicional

y que tenga menos que ver con mis méritos y mis logros,

más con estar vivo independientemente de mis acciones o inacciones, mis actitudes o mis deseos.

Debería ser que la salvación no me pidiera nada que no pudiese dar ahora mismo,

intuyo que la salvación no es algo que se me pueda negar,

yo deseo la salvación, no el dolor de la culpabilidad.

A lo mejor, solo está en mis manos,

no puede ser que la salvación sea imposible,

tal vez es tan simple como chasquear los dedos y ya,

tal vez la salvación es inmediata y el camino se alumbra,

tal vez no existen las limitaciones o son solo una ilusión producto de mi imaginación,

tal vez un click, y el tiempo cesa, y en el click solo queda el presente, el instante y la paz.

Capítulo 20. El enfoque transpersonal y la respiración holotrópica

 

Abraham Maslow y Anthony Sutich suponen el nacimiento de la psicología transpersonal,

en la década de 1960, las observaciones de la investigación de estados de conciencia no ordinarios,

y el estudio de Maslow de experiencias místicas espontáneas ("experiencias máximas"),

revolucionaron la imagen de la psique humana,

habían omitido un elemento extremadamente importante:

la dimensión espiritual de la psique humana (Sutich 1976).

Renacía el interés por las filosofías espirituales orientales,

las diversas tradiciones místicas, la meditación y la sabiduría antigua y aborigen,

quedó claro que una psicología integral y con validez transversal a las culturas,

necesitaba incluir observaciones de áreas tales como los estados místicos,

conciencia cósmica, fenómenos de trance, creatividad, e inspiración religiosa, artística y científica.

En 1967, un pequeño grupo de trabajo, que incluía a Abraham Maslow, Anthony Sutich,

Stanislav Grof, James Fadiman, Miles Vich y Sonya Margulies,

se reunieron en Menlo Park, California, con el propósito de crear una nueva psicología,

que honrara a todo el espectro de la experiencia humana,

incluidos los estados de conciencia no ordinarios.

Maslow y Sutich aceptaron la sugerencia de Grof y la llamaron "psicología transpersonal",

este término reemplazó su propio nombre original,

"transhumanista" o "más allá de las preocupaciones humanistas".

Stanislav Grof habla de la respiración holotrópica,

reúne e integra elementos de varias aproximaciones de la psicología profunda,

la teoría y la práctica de las escuelas freudiana, reichiana, rankiana y junguiana,

agregando conocimientos de la investigación de la conciencia moderna, la antropología,

las prácticas espirituales orientales y las tradiciones místicas del mundo.

Es un método de autoexploración y terapia que utiliza respiración acelerada, música evocadora,

y un tipo de trabajo corporal que ayuda a liberar bloqueos bioenergéticos y emocionales residuales.

Incluye sesiones de respiración, los participantes expresan sus experiencias pintando mandalas,

y comparten relatos de sus viajes internos en pequeños grupos.

 

La característica única de la respiración holotrópica

es que utiliza el potencial curativo intrínseco de los estados de conciencia no ordinarios.

La conciencia puede cambiar profundamente por una variedad de procesos patológicos,

por traumatismos cerebrales, por intoxicación con sustancias químicas nocivas,

por infecciones o por procesos degenerativos y circulatorios en el cerebro.

Provocan lo que se puede llamar "delirios triviales" o "psicosis orgánicas",

las personas que padecen estados delirantes suelen estar desorientadas;

no saben quiénes son ni dónde están ni cuál es la fecha,

su funcionamiento mental se ve significativamente afectado,

muestran una alteración de las funciones intelectuales

y tienen amnesia posterior por estas experiencias.

Estos métodos combinan de diversas formas la batería y otras formas de percusión, música,

cánticos, danzas rítmicas, cambios de respiración y cultivo de formas especiales de conciencia.

Aislamiento social y sensorial extendido, como una estadía en una cueva, desierto, hielo ártico…

La montaña también juega un papel importante

como medio para inducir esta categoría de estados no ordinarios,

las intervenciones fisiológicas extremas utilizadas para este propósito incluyen el ayuno,

la privación del sueño, la deshidratación, el uso de laxantes y purgantes potentes.

Los psiquiatras convencionales inicialmente descartaron

e incluso ridiculizaron los eventos rituales nativos como productos de superstición primitiva

basada en la ignorancia y el pensamiento mágico,

relegaron los estados de conciencia no ordinarios de cualquier tipo al dominio de la psicopatología.

Esta situación cambió cuando los científicos occidentales hicieron contribuciones

al arsenal de las tecnologías de lo sagrado.

Según Grof, 1992, merecen no ser vistos como manifestaciones de enfermedades mentales graves,

y comienza a referirse a ellos como holotrópicos,

palabra que significa literalmente “orientado hacia la plenitud” o “moviéndose hacia la plenitud”,

del griego holos = total y trepein = moverse hacia o en la dirección de algo.

El nombre holotrópico sugiere algo que podría sorprender a un occidental promedio,

que en nuestro estado cotidiano de conciencia nos identificamos con solo una pequeña fracción

de lo que realmente somos y no experimentamos la extensión completa de nuestro ser.

Los estados holotrópicos de conciencia tienen el potencial de ayudarnos a reconocer

que no somos “egos encapsulados en la piel”

como lo llamó el filósofo y escritor británico Alan Watts,

y que, en última instancia, estamos a la altura del principio creativo cósmico mismo.

Pierre Teilhard de Chardin, paleontólogo y filósofo francés decía

“no somos seres humanos teniendo experiencias espirituales,

somos seres espirituales teniendo experiencias humanas” (Teilhard de Chardin 1975).

Esta asombrosa idea no es nueva,

en los antiguos Upanishads indios, la respuesta a la pregunta "¿Quién soy yo?" Es "Tat tvam asi",

que significa literalmente: "Tú eres Eso" o "Tú eres Dios",

sugiere que no somos namarupa, nombre y forma (cuerpo / ego),

sino que nuestra identidad más profunda es una chispa divina en nuestro ser más íntimo (Arman),

en última instancia, idéntica al principio universal supremo (Brahman).

Y el hinduismo no es la única religión que ha hecho este descubrimiento,

la revelación sobre la identidad del individuo con lo divino es el secreto último

que se encuentra en el núcleo místico de todas las grandes tradiciones espirituales.

El nombre de este principio podría ser Tao, Buda, Cristo Cósmico, Alá, Gran Espíritu, Sila …,

las experiencias holotrópicas tienen el potencial de ayudarnos a descubrir

nuestra verdadera identidad y nuestro estado cósmico (Grof 1998).

 

Capítulo 19. El desarrollo de mi niño interior

 



Nací pequeño, desnudo y completamente indefenso,

era vital tener una persona que me cuidase, de lo contrario habría muerto,

por eso durante mucho tiempo después,

me encuentro en una situación inferior y dependiente,

hay un niño sombra en mí inferior y pequeño, que cree que no está bien.

Incluso los padres más amorosos no pueden conceder a sus hijos todos los deseos,

cuando yo ya podía caminar, aparecieron las prohibiciones y restricciones,

no podía romper el juguete, tocar el jarrón, jugar con la comida…

sentía que estaba haciendo algo mal, de alguna manera no estaba bien.

También me sentía bien y valioso, sentía cuidado, seguridad, juego, diversión y alegría,

mi niño sol.

Mis padres estaban abrumados con crianzas y cuidados, gritaban, golpeaban y descuidaban,

como niño pequeño no podía juzgar si las acciones de mis padres eran buenas o malas,

desde mi niño, mis padres eran geniales e infalibles,

cuando me gritaban, yo no pensaba:

"¡Papá no puede lidiar con agresiones y necesita psicoterapia!",

sino que me sentía malo, castigado y equivocado.

Así aprendí si era bienvenido o no,

necesitaba alimento, higiene y cambiar pañales,

y muy importante: caricias, miradas amorosas y voces de cuidadores de bienvenida a este mundo.

La pregunta es cómo resolver los conflictos típicos entre padres e hijos.

Mi niño tiene necesidades,

de ahí viene la confianza básica, confiar en mí mismo y en los demás,

según Klaus Grawe son apego, autonomía y control,

satisfacer el placer o evitar la incomodidad, y autoestima o reconocimiento.

Cuando me enfado, me siento frustrado por mi necesidad de autoestima y reconocimiento,

cuando experimento estrés, dolor, ira o miedo, por mi necesidad de placer y control,

cuando sufro de enfermedad de amor, mi necesidad de vincularme se frustra,

también mi necesidad de control porque no puedo influir en el ser querido,

mi necesidad de placer, me siento ofendido en mi autoestima debido al rechazo.

Necesito apego desde el nacimiento hasta la muerte, muero si se me niega el contacto físico,

necesito apego, pertenencia y comunidad, vincularme.

reunirme con amigos, charlar, descansar con colegas o escribir una carta.

Mi niño se puede sentir abandonado solo porque mis padres estén estresados y abrumados.

Necesito autonomía y seguridad, quiero explorar y descubrir mi entorno,

necesito actuar de forma independiente,

me enorgullece poder hacer algo sin la ayuda de mis padres,

necesito control y seguridad,

tengo el deseo de poder, influenciar mi entorno, al principio llamar la atención gritando o llorando,

luego a través del lenguaje y hechos, incluso de la política.

Los padres sobreprotectores, muy controladores, que imponen demasiadas reglas

y establecen límites demasiado estrechos, perjudican el desarrollo de la autonomía,

el niño interioriza este temor y control excesivo de los padres,

y se limita una y otra vez en su vida futura, duda tanto de sus habilidades.

Asimismo, los padres que eliminan demasiados obstáculos del camino del niño,

hacen niños dependientes de una persona que se hace responsable de ellos.

Quiero encontrar el equilibrio entre apego, vinculación, autonomía e independencia,

dependencia no solo es negativo, también seguridad,

vínculo puede significar seguro y digno de confianza.

Necesito satisfacción de placer,

mientras me alimento, hago deporte o veo una película,

me esfuerzo constantemente por obtener placer y evitar disgusto,

necesito adquirir habilidades para tolerar la frustración,

retrasar las recompensas y renunciar a los instintos,

manejar placer e incomodidad,

hambre, sed, calor, frío, dolor.

Necesito autoestima y reconocimiento.

David Schnarch habla de autoestima reflejada,

son los cuidadores del niño los que reflejan si está "bien" o no,

cuando una madre sonríe a su hijo, muestra que está feliz por su existencia.

De adulto sigo reconocimiento,

estoy condicionado a experimentar autoestima a través del espejo de los demás.

Yo quiero resolver mis problemas en mi vida hoy,

reconocer dónde están los puntos débiles, los factores desencadenantes,

quiero entrar en contacto con esta parte de mi personalidad,

quiero sentir mis heridas y miedos internos,

no quiero suprimir mis lesiones internas,

quiero escuchar a mi niño sombra cuando quiere hablar,

quiero que reciba atención por sus preocupaciones,

y pueda retirarse contento y volver a jugar por sí mismo por un tiempo.

Si no le permito que su miedo, vergüenza o enojo expresen su opinión,

continúan teniendo un efecto en el subsuelo de mi conciencia,

causan estragos sin que el adulto se dé cuenta,

el niño sombra desagradable y reprimido se abre paso de vez en cuando,

con todas sus fuerzas y descarga su ira.

Un niño que se siente amado y aceptado por sus padres,

desarrolla creencias como "Soy bienvenido", "Soy amado", "Soy importante",

si siente frío y rechazo, "No soy bienvenido", "Soy una carga", "Me quedo corto" …

creencias que moldean inconscientemente la percepción en la actualidad,

las creencias son los lentes a través de los cuales veo la realidad.

Mi niño sombra mimado, al que los padres permiten demasiado y lo miman,

tiene la convicción de que todo tiene que salir según su voluntad, que apenas necesita esforzarse,

da por sentado que obtiene lo que quiere,

reacciona dolido y enojado cuando ése no es el caso,

desarrolla una baja tolerancia a la frustración,

se adapta mal, no encaja, era el jefe o la princesa con mamá y papá,

¡Soy muy importante!, ¡Siempre soy bienvenido!, ¡Consigo todo lo que quiero!,

¡Todo depende de mí!, ¡Soy más fuerte que los demás! o ¡Soy el mejor!,

tiene que aprender que no todo es gratis en la vida y que tiene que esforzarse.

Mis creencias profundas e inconscientes son un filtro para mi percepción,

influyen en sentimientos, pensamientos y acciones.

¡No valgo nada! ¡No soy querido! ¡No soy bienvenido! ¡No soy adorable! ¡Soy malo!

¡Estoy gordo! ¡No soy suficiente! ¡Soy culpable! ¡Soy pequeño! ¡No soy importante!

¡No puedo nada! ¡No se me permite sentir! ¡Me estoy quedando corto! ¡Soy un perdedor!

¡Estoy equivocado! ¡Soy una carga! ¡Soy responsable de tu estado de ánimo!

¡No puedo confiar en ti! ¡Siempre tengo que estar en guardia! ¡Soy inferior!

¡Tengo que cuidarte! ¡Soy más fuerte que tú! ¡Estoy indefenso! ¡Tú no me quieres!

¡Me odias! ¡Te decepciono! ¡Soy indeseado!

¡Tengo que ser amable y bueno! ¡No puedo defenderme! ¡Tengo que hacer todo bien!

¡No se me permite tener voluntad propia! ¡Tengo que adaptarme! ¡Tengo que hacerlo solo!

¡Tengo que ser fuerte! ¡No debo mostrar ninguna debilidad! ¡Tengo que ser el mejor!

¡Tengo que llegar a casa con buenas notas! ¡Tengo que quedarme contigo siempre!

¡Tengo que cumplir con tus expectativas! ¡No se me permite escapar!

¡El mundo es malo / peligroso! ¡No se te da nada en la vida! ¡Eso va mal de todos modos!

¡Hablar es inútil! ¡La confianza es buena, el control es mejor!

Una creencia que gesté hace décadas,

y que seguramente fue útil en aquel momento,

tiene muchas probabilidades de ser ineficaz y disfuncional en el presente,

necesito hacerme consciente de que sigue presente y marcando cada una de mis decisiones.

Llamamos percepción a esa capa intermedia entre la realidad y nosotros,

cuando veo o escucho a otra persona,

no es en realidad a ella a quien veo o escucho,

sino a mi capacidad de percepción,

que integra la información recibida de mis sentidos,

con la enorme mochila de significados que he ido asignando en el pasado.

Todo esto genera un error, veo y oigo lo que verdaderamente no está ahí,

comprendo lo que no existe,

desarrollo un mundo de ilusiones

y creo juicios sin fundamento,

así me frustro, no soy capaz de cumplir mis expectativas y en definitiva sufro.

Es dolor, un dolor que va creciendo,

por mucho umbral de dolor que tenga,

llega un momento en el que es tan fuerte,

que no puedo dejar de pensar que debe haber mejores caminos en la vida.

Mi juego es construir creencias, sentir que me dan miedo,

y, en consecuencia, sufrir por el miedo emitido por algo que es pura ilusión,

como decía Calderón, una sombra, una ficción...porque los sueños, sueños son.

A veces creo que el mundo es un lugar hostil, en el que estoy abandonado a mi suerte,

es un mundo de nacimientos y muertes basado en mi creencia de escasez y de pérdida,

creo que estoy, en más o menos grado, disgustado con el mundo por mis creencias,

de que es el exterior o los demás quienes me hacen sentir desdichado.

Creo que no puedo ver más que con los ojos del cuerpo, y si no, no existe;

esta creencia me lleva a negar la visión espiritual,

en última instancia, incluso espacio y tiempo son meramente creencias,

aquello de lo que doy fé, demuestra mis creencias y así las refuerzo,

es como ir engordando una bola de nieve,

cuando uno piensa que está en proceso de deshacerse de ella, reaparece con renovada fuerza,

las creencias están en vilo,

en la medida en que esté dispuesto a someter a duda a mis creencias,

en esta misma medida quedarán corregidas mis percepciones.

Por eso, las aproximaciones terapéuticas tradicionales basadas en la racionalidad y la palabra,

no son capaces de crear una verdadera diferencia.

Solo es posible la sanación a través de una línea terapéutica,

en la que se induzca un estado alternativo de percepción,

y se posibilite ver lo que habitualmente no es posible ver.

La meditación guiada es un método experimentado,

a través de estas meditaciones he experimentado varios viajes al pasado,

he podido ponerme en los pies de ese niño que vivía lo que yo ahora no recuerdo,

y he podido comprender y sanar muchos de mis problemas que actualmente sufro.

Capítulo 18. Mi niño interior

 


En mi día a día, experimento situaciones donde se reflejan asuntos no resueltos de mi niñez,

me impactan impacto psíquica y emocionalmente, me paralizan y limitan ciertos espacios de mi vida.

Siguiendo patrones de conducta y creencias que adopté en mi infancia,

que en su momento servían como escudo protector,

me llevan a pensamientos y conductas no deseadas,

pero inevitables.

Estas emociones son de diferente índole, dolor, enfado, miedo, desconfianza, etc...

por eso, mi motivación máxima es reestructurar estas creencias y pensamientos,

y por consiguiente sus emociones,

con la finalidad de disminuir la cantidad de momentos desagradables.

Por ejemplo, reconozco que tengo pensamientos en los que otros me atacan,

también me siento abandonado cuando no logro el nivel de atención de los demás que necesito,

a veces duermo mal porque mis pensamientos y angustias tienen demasiada presencia,

crea desasosiego.

Mi impresión es que esto sucede porque a lo largo de mi vida he construido frases,

unas las he oído y otras son resultado de mis acciones y experiencias,

se han ido asentando,

hasta el punto de que soy inconsciente de la existencia de muchas de ellas,

o están tan automatizadas como si fuera una máquina previamente programada.

Estas creencias son la base de mis decisiones, mis acciones, mis frustraciones y mis miedos,

Necesito revisar el rol que juegan mis creencias, su impacto y su relación con la percepción,

esa capa intermedia entre la realidad y nosotros.

Esas creencias disfuncionales las creé yo, sobre todo en mi infancia,

desde mi nacimiento hasta la adolescencia,

configuran lo que se llama el Niño Interior, con gran impacto en mi vida presente y futura.

Busco líneas terapéuticas para poder ayudar a otras personas a ser conscientes,

y a sanar temas parecidos a los que yo he experimentado,

al desarrollo del elemento niño interior, como lo entiende Stefanie Stahl.

Stef es psicóloga en Alemania,

ha escrito libros "¡Sí y no!" o "¡La vida también puede ser sencilla!".

Yo necesito un lugar donde sentirme seguro, protegido y bienvenido,

anhelo un lugar donde poder relajarme y ser yo mismo,

idealmente, mi propio hogar paterno-materno era un lugar así,

cuando me sentí aceptado y amado por mis padres, tuve un hogar cálido, reconfortante.

Tengo interiorizado este sentimiento desde la infancia, de ser acogido,

me siento seguro en el mundo y en mi vida, tengo confianza en mí mismo y en otras personas.

Mi confianza básica es como un hogar en mí mismo, me brinda apoyo y protección internos,

a veces asocio mis recuerdos desagradables con mi infancia, incluso traumáticos,

a veces tuve una infancia infeliz,

en parte ya he dejado de lado esas experiencias y apenas puedo recordarlas,

a veces tuve una infancia "normal" o incluso "feliz", con un poco de autoengaño.

De ahí vienen algunos de mis problemas de autoestima,

dudo a menudo si a la otra persona, pareja, jefe o alguien nuevo,

les agrado de verdad y si soy bienvenido,

no me quiero del todo a mí mismo, siento ciertas inseguridades,

tengo dificultades en mis relaciones,

sin confianza básica siento poco apoyo interno.

En cambio, necesito de los demás seguridad, protección y hogar,

busco un hogar con mi pareja, mis compañeros,

y me siento atrapado, si no tengo un hogar dentro, tampoco lo puedo encontrar fuera,

me quedan huellas de la infancia.

Mi niño interior es la suma de huellas infantiles, buenas y malas,

experimentadas a través de padres y otros cuidadores, la mayoría a nivel inconsciente,

miedos y anhelos.

Son los miedos, las preocupaciones y las penurias que he vivido desde la niñez,

y también las influencias positivas de mi infancia.

Las huellas negativas me causan dificultades como adulto,

el niño que hay en mí se esfuerza a muerte en no tener que revivir las heridas de la niñez,

y, al mismo tiempo, se esfuerza en que se cumplan sus deseos de seguridad y reconocimiento,

que fueron descuidados en su infancia.

A nivel consciente, soy un adulto independiente que doy forma a mi vida,

pero mi niño interior tiene una influencia decisiva,

en mi percepción, sentimiento, pensamiento y actuación a nivel inconsciente,

mucho más fuerte que mi mente, de hecho.

Ignorar al niño interior me mete en muchos apuros en mis relaciones de pareja,

solo conociendo las conexiones puedo ver

que no es mi adulto quien resuelve el conflicto con confianza en mí mismo,

sino que son los niños internos que luchan entre sí.

Igual en el resto de mis relaciones personales,

como empleado reacciono a las críticas del jefe, o renuncio al trabajo,

ignorar a mi niño interior me hace sentir insatisfecho conmigo mismo y con mi vida,

surgen conflictos con otras personas y, a veces, escala la violencia de manera descontrolada.

Incluso si hubiera tenido una infancia feliz y hubiera adquirido la confianza básica,

no pasaría por la vida completamente libre de preocupaciones y problemas,

mi niño interior habría experimentado ciertas heridas,

porque no hay padres ni infancias perfectos.

No me gusta tomar grandes decisiones,

prefiero quedarme por debajo de mis posibilidades a colgarme demasiado lejos de la ventana,

las huellas negativas de la infancia me limitan, entorpecen mi desarrollo y mis relaciones.

Sólo cuando conozca y haga amistad con mi niño interior,

experimentaré los profundos anhelos y heridas que llevo dentro,

y podré aceptar esta parte herida del alma e incluso curarla hasta cierto punto.

Mi autoestima crece como resultado, y el niño dentro de mí finalmente encuentra su hogar,

requisito previo para que las relaciones con otras personas sean pacíficas, amistosas y felices,

y requisito previo para poder romper con relaciones tóxicas que incluso enferman.

Necesito conocer a mi niño interior y hacer amistad con él,

necesito deshacer los viejos patrones que llevan constantemente a callejones sin salida,

necesito encontrar actitudes y comportamientos nuevos y útiles.

Algunos problemas parecen confusos y difíciles de resolver,

si los miro en la superficie de mi conciencia,

me resulta difícil comprender las acciones y los sentimientos de otras personas,

no tengo la perspectiva correcta, ni conmigo ni con los demás,

en realidad, hay partes de niño en mí y partes de adulto,

y hay un nivel consciente e inconsciente de mi psique.

Aprender esta estructura de la personalidad, trabajar con ella conscientemente,

me permite resolver problemas que antes parecían irresolubles.

El "niño interior" es una metáfora que describe las partes inconscientes,

mi vida emocional está asignada al niño interior:

miedo, dolor, tristeza, ira, pero también alegría, felicidad y amor.

También está mi ego adulto, mi "adulto interior", mi mente racional y razonable, mi pensamiento,

consciente y deliberado,

en este modo puedo asumir la responsabilidad, planificar, actuar con previsión,

reconocer y comprender las conexiones, sopesar los riesgos,

y regular el ego del niño.

Sigmund Freud fue el primero en dividir la personalidad en diferentes instancias,

el ello, que se llama niño interior o yo infantil en la psicología moderna,

el ego, llamado ego adulto,

y el superyó, una especie de autoridad moral.

Stef subdivide en el niño interior feliz (el niño sol), el niño interior herido (el niño sombra)

y el adulto interior.

El niño interior no es siempre un sentimiento inconsciente,

tan pronto como trabajo en él, se vuelve consciente,

su efecto es inmediato en casos de problemas en las relaciones, estados de ánimo depresivos,

estrés, miedo al futuro, falta de entusiasmo por la vida, ataques de pánico, acciones compulsivas…

es decir, lo relacionado con mi autoestima.

Mis creencias inconscientes tienen aquí una influencia importante,

una creencia es una afirmación profundamente anclada,

que expresa una actitud hacia nosotros mismos o nuestras relaciones interpersonales,

muchas creencias surgen en los primeros años de vida,

por ejemplo, "¡Estoy bien!" o "¡No estoy bien!".

Las creencias positivas como "Estoy bien" surgieron en situaciones,

en las que me sentía aceptado y amado, me fortalecen,

las creencias negativas como "no estoy bien", mal y rechazados, me debilitan.

A veces me enfado, desilusiono o me frustro,

para regular mis rabietas me tengo que hacer consciente,

de la conexión entre ofensas infantiles de mis padres,

y el comportamiento de la persona ante la que me siento ofendida,

mi niño sombra tiene una herida permanente,

que siempre duele cuando el niño sombra piensa que sus deseos no se respetan lo suficiente.

Necesito separar deliberadamente mi niño sombra de mi parte adulta,

con esta corrección de percepción, no surge enojo,

enfoco mi conciencia en el niño sombra y sus heridas,

y cambio conscientemente al modo del yo adulto benevolente y sensato,

que reacciona de manera apropiada y amorosa a los impulsos del niño sombra.

Mi niño sombra son mis creencias negativas y los sentimientos estresantes resultantes,

como tristeza, miedo, impotencia o ira,

que se traduce en estrategias de autoprotección,

con las que hago frente a sentimientos, incluso para no sentirlos en absoluto.

Las estrategias de protección típicas son, por ejemplo:

retirarse, luchar por la armonía, luchar por la perfección,

atacar o también luchar por el poder y el control.

Mi niño sol son mis impresiones positivas y buenos sentimientos,

lo que hace feliz a un niño: espontaneidad, sed de aventura, curiosidad,

olvido de sí mismo, vitalidad, sed de acción y alegría de vivir,

es la parte intacta de mi autoestima,

explica mi momentos felices, curiosos y juguetones, mi niño sol juega.

Aliento a mi niño sol y consuelo a mi niño sombra,

para que se sienta atendido, pueda calmarse y deje suficiente espacio para el niño sol.


jueves, 5 de mayo de 2022

Capítulo 17. Perdonar, dejar ir

 



Tengo la bañera llena de agua, atascada, tengo que quitar el tapón para que se vacíe,

aprendo a perdonar, o lo que es lo mismo, a dejar ir lo que necesito que se vaya,

hoy quiero compartir mi experiencia brillante frente al perdón,

yo lo uso como mantra de forma repetitiva hasta que va calando, lo voy interiorizando,

lo utilizo para sanar situaciones que tenía categorizadas como heridas,

es fascinante sentir que también se abren otras situaciones de mi pasado,

que ya tenía sanadas e, incluso, me sentía orgulloso de haberlas sanado tan eficazmente.

Mi corazón me conduce a padres, antiguos jefes e incluso viejos amigos,

a todos los que mi recuerdo ha traído les he aplicado la Ley del amor con hermosos resultados.

Asumo sin dudas que el secreto está en sacar la pólvora emocional que tengo dentro,

y sus implicaciones, lo que la crea constantemente,

y que detona ante cualquier chispita.

En el pasado, yo he creído que perdonaba,

era capaz de decir “perdóname” cuando algo no había ido de la forma más fluida,

perdonar era para mí la intención de que algo torcido dejase de estarlo,

una intención de asegurar que los malos momentos quedaban en su cajita,

para no ser reabiertos jamás.

Ese procedimiento había acumulado dosis de pólvora en mi inconsciente,

que me hacía reaccionar emocionalmente antes pequeños detalles sin aparente importancia,

sé que no era fácil a veces estar a mi lado,

porque ni siquiera yo entendía esos exabruptos,

que por cierto la mayoría de las veces se ofrecían en forma de tristeza o de simple molestia,

alguna vez anómala también en forma de ira.

Un día, en un viaje, tuve que parar en un bosque a darme un paseo solo,

y dejar que el malestar se fuera pasando antes de volver al coche y seguir camino,

me sentía fatal por la persona que compartía viaje conmigo,

puede que ese día, en algún momento, me diera cuenta de que algo debía ser diferente.

Me di cuenta de que el perdón no está en los demás,

no podía depender de que los demás me perdonasen,

el verdadero perdón estaba en mí: había que cambiar el “perdóname” por el “te perdono”.

El auténtico perdón no puede consistir en cerrar al vacío los problemas,

como si de tarros de mermelada se tratase,

pues con el tiempo la mermelada se convierte en pólvora,

y aumenta el riesgo de explosión.

El perdón genuino, en mi caso, incorpora la visión, la idea clara indudable,

de que la ofensa no existió, nunca en realidad existió,

¿Por qué no existió? Porque nadie tuvo ninguna culpa,

no es que los demás, la otredad como la llamaba Ricardo Rorty, no exista,

parece que otras personas, instituciones y hasta el clima me ataca constantemente,

me obligan a una realidad que es diferente de lo que creo que debe ser.

No trato de dejar de ver el ataque real,

me pregunto si de verdad la persona, la institución o el clima tienen la culpa,

incluso si tienen la intención explícita de ofender y molestar,

¿tienen la culpa?

¿Son ellos libres y deciden realmente comportarse como se comportan?

¿O por el contrario son consecuencias de las heridas de su niño interior,

de su inconsciente freudiano, de su genética darwinista?

¿En el caso de las instituciones, no serán una conclusión del diseño de procesos humanos?

¿En el caso del clima, hay una intención en llover para molestar?

Si no hubiera culpa, no habría ofensa, y por tanto el perdón se caería por su propio peso,

el perdón genuino es entender conscientemente que no hay ofensa, que no hay culpa.

Ahora utilizo el mantra “Te perdono” para amigos, compañeros, conocidos,

relaciones, aliados, padres, hijos, familia y para quien me cruzo por la calle,

tengo la sensación de que desaparecen las nubes negras sobre mí y puedo ver que hay sol detrás,

tengo la impresión de que ha llegado la luz,

tengo la emoción de que hay paz y tranquilidad.

Llego a la conclusión de que el perdón es una componente importante de la felicidad,

y que el perdón es un gesto vacío a menos que conlleve cambio de creencias,

sin corrección de creencias, lo que hace básicamente es juzgar,

y juzgar me pone siempre en una posición de frustración y sufrimiento.

El perdón no posee elementos de juicio en absoluto,

la frase “perdónalos porque no saben lo que hacen”

no evalúa en modo alguno lo que las personas en cuestión estén haciendo,

es, como mucho, una dosis de empatía en la que relativizo la percepción

de que el otro es algo separado,

y tal vez las otras personas no son tan entidades separadas como parecen,

somos todos uno, como decían los Beatles.

Ya no veo el error analíticamente para luego pasarlo por alto,

ahora veo que no es posible pasar por alto algo que yo he hecho realidad,

que creo firmemente que existió, existe y existirá,

al verlo claramente, lo doto de realidad y no lo puedo pasar por alto,

necesito primero cambiar mi creencia.

¿Es posible aceptar que somos víctimas de un ataque real, que existe sí o sí,

podemos aceptarlo y perdonar?

Solamente yo puedo dejar ir si creo firmemente

que aquellos pensamientos de ataque habían sido solo ilusiones irreales.

El perdón amoroso es perfecto.

Además, hay otro elemento fundamental,

a veces me altero y pierdo mi paz,

y es porque el otro está tratando de resolver sus problemas valiéndose de sus fantasías,

el perdón puede restituir la verdad que ambos habíamos estado negando.

A mí me ha pasado que he creado una fantasía y me he convertido en prisionero de ella,

puedo recordar muchos casos,

solo a veces es posible ver con mayúsculas,

y ese es el mundo real de la belleza,

el pasado deja de estar en contra del presente.

Helen Schucman va más lejos, llega a un pensamiento más radical,

al decir que los demás están ahí porque tienen que estar,

y porque vienen a traer oportunidades de sanarnos,

tanto si nos insultan como si nos alaban,

llegan a nuestras vidas para sacarnos de nuestra zona de comfort,

y permitir enfrentarnos a nuestras heridas desde perspectivas distintas.

Ahí nunca de forma natural hubiéramos buscado,

la otra persona aparece en mi plano para que yo pueda lavar una herida,

para que yo pueda ver,

su ataque me hace buscar la felicidad donde yo no la veo,

no le puedo juzgar negativamente,

porque en realidad le tengo que agradecer, es mi salvador.

A mí me gusta mucho la idea de que el perdón solo hace deshacer lo que no es verdad,

y así despeja las sombras del mundo y lo conduce sano y salvo, dentro de su dulzura,

al mundo luminoso de la percepción diáfana.

El perdón positivo me libera, me permite crear sin limitaciones, sentir mi abundancia sin miedo,

dejo ir.

Capítulo 16. Suspender el juicio

 



No me gusta hacer juicios,

juzgar a los demás significa dar un significado a sus acciones, sus valores o sus emociones,

veo una dualidad, lo que realmente es,

y lo que a mí me gustaría que fuese, o lo que creo que debería ser,

y esos dos niveles no concuerdan.

Es terriblemente agotador juzgar constantemente a los demás,

porque no tiene ningún efecto positivo en nadie,

pero sí un efecto drenador de energía en mi ser.

Para ser una actividad tan negativa es curioso que sea tan popular, ¿Por qué lo hago?

Cuando juzgo a alguien, tiendo a sustituir a la persona por el juicio generado,

ya no veo con mis sentidos, guardo en mi memoria,

un juicio negativo que una vez he creado, conlleva que posteriormente bloqueo mis sentidos,

y dejo de percibir la realidad,

la sustituyo por mi mente y el juicio allí almacenado en el pasado.

Según Vipassana, y la teoría del conocimiento, mis fuentes del conocimiento son seis,

los cinco sentidos por un lado y la memoria por el otro lado.

La meditación y las técnicas de mindfulness y concentración plena me enseñan

a utilizar los sentidos y poner en duda lo que me llega a través de la mente y los pensamientos,

me enseña a licuarme y deshacer esa esencia que creo que soy y que no me hace ningún bien.

Incluso el papá Francisco pide a los cristianos que suspendan el juicio,

“No juzguen y no serán juzgados”, según se lee en el Evangelio (Lc 6, 36-38),

“¡Cuántas veces el tema de nuestras conversaciones es juzgar a los demás!”,

“Pero, a ti, ¿quién te ha hecho juez?”, “el único juez es el Señor”,

juzgar es lo contrario de la misericordia y la humildad.

Según Helen Schucman, el hombre no se crea a sí mismo,

pero tiende a olvidarse de ello cuando se vuelve egocéntrico,

siente el miedo a través del Juicio Final, creyendo que juzgar es un atributo de Dios.

Mas el Juicio Final no se trata de que vayamos a ser juzgados,

sino que es un recurso de aprendizaje que los humanos tenemos,

en nuestro camino de expiación a través de nuestra vida en nuestro mundo,

el Juicio Final es la última curación,

no un reparto de castigos, por mucho que pienses que los castigos son merecidos.

Schucman ve una séptima fuente de conocimiento,

la mente en su capacidad por reconocer la Verdad,

ese Uno de Plotino o Demiurgo que es sí o sí y siempre,

la mente puede conocer a Dios cuando no se ve bloqueada,

por el Ego y la percepción errada de la mente.

El demiurgo (en griego: Δημιουργός, Dēmiurgós), en la filosofía gnóstica,

es la entidad que, sin ser necesariamente creadora, es impulsora del universo,

en la filosofía idealista de Platón y en la mística de los neoplatónicos

es considerado un dios creador del mundo y autor del universo.

Cuando la Biblia dice “No juzguéis y no seréis juzgados”

quiere decir que si juzgo la realidad de otros no podré evitar juzgar la mía propia,

es la decisión de juzgar en lugar de conocer, en el sentido pleno de la Verdad,

es lo que me hace alejar de la paz.

Los juicios siempre entrañan rechazo,

raramente ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan,

no me creo los juicios constructivos.

Lo que percibo y rechazo, o lo que juzgo y determino imperfecto permanece en mi mente.

Una de las ilusiones de las que adolezco

es la creencia de que los juicios que emito no tienen ningún efecto,

pero sí, estoy dotando de significado a lo que no lo tiene,

genero energía y poder donde no la hay.

No existe tal cosa como el pensamiento privado, todos somos uno como hijos de Dios,

cualquiera de mis pensamientos tiene un impacto contundente en las personas a mi alrededor.

Juzgar implica que abrigo la creencia de que la realidad está a mi disposición,

para que pueda seleccionar de ella lo que mejor me parezca, y solo lo que me parezca.

Es un tremendo alivio y una profunda paz estar con mis hermanos o conmigo mismo,

sin emitir juicios de ninguna clase,

reconociendo lo que simplemente soy y lo que mis hermanos simplemente son,

juzgar deja de tener sentido.

Que no abrigue ningún juicio,

ni sea consciente de ningún pensamiento, bueno o malo, con respecto a nadie,

ahora no lo conozco, pero soy libre de conocerlo, de conocerlo bajo una nueva luz,

ahora él renace para mí, y yo para él, sin el pasado que le condenó a morir, y a mí junto con él,

ahora él es tan libre para vivir como lo soy yo,

una vieja lección que se había aprendido ha desaparecido,

dejando sitio donde la verdad puede renacer.

Tengo la creencia tóxica de que es imprescindible juzgar, no,

no tengo que juzgar para organizar mi vida y no tengo que hacerlo para organizarme a mí mismo,

cuando me siento cansado es porque me he juzgado a mí mismo como capaz de estar cansado,

cuando me río de alguien es porque he juzgado a esa persona como alguien que no vale suficiente,

cuando me río de mí mismo me río de los demás, no puedo tolerar la idea de ser menos que ellos.

Todo esto hace que me sienta cansado.

La tentación es muy grande de juzgar cualquier situación

y determinar mi reacción a través de los juicios que yo he hecho de la misma,

sin embargo, los juicios siempre me aprisionan,

porque fragmentan la realidad con mis inestables necesidades de deseo,

y los deseos no son hechos, sino el intento de ejercer mi voluntad.

Juzgo solo en el pasado, pues mis experiencias pasadas son sus cimientos,

me es imposible juzgar sin el pasado, pues sin él no entiendo nada,

sin entender no intentaría juzgar,

me da miedo lo caótica que sería la realidad.

No solo es que mis juicios estén vinculados al pasado,

sino que tampoco recuerdo lo que ocurrió,

ahora el único dictamen posible es si al ego le gusta lo que pasó o no,

si es aceptable para él o si clama por venganza.

La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final,

hace que sea dudoso el que se pueda entender y que sea imposible evaluarlo.

Hay valores que solo son juicios mentales, y por eso relativos,

son ilusiones que perduran mientras les sigo atribuyendo valor.

La única manera de desvanecer las ilusiones es retirando de ellas su valor,

al hacerlo dejan de tener vida para mí, las he expulsado de mi mente. 

Tengo miedo de haber percibido y haberme negado a aceptarlo,

aparece en pesadillas,

o disfrazado bajo apariencias agradables en sueños felices,

solo puedo llevarlo a mi conciencia al aceptarlo,

cuando ya no lo entienda como peligroso.

¿Te has cuestionado alguna vez cómo es realmente el mundo

y qué aspecto tendría se contemplase con ojos felices?

Según la ley del espejo, y asumiendo que yo veo el mundo desde mí,

el mundo que veo no es sino un juicio con respecto a mí mismo,

mis propios juicios me imponen una sentencia, la justifican y hacen que sea real,

yo mismo he emitido un juicio contra mí mismo,

y mientras siga creyendo que esa imagen es algo externo a mí, me tiene a su merced,

me veo obligado a adaptarte a ese mundo,

ese mundo despiadado,

yo fui quien lo construyó inclemente,

hasta que lo corrija.

Reprogramar mis pensamientos me lleva a comenzar de nuevo,

mis sueños de juicios dan paso a los de perdón,

me libero del dolor y del miedo,

deshago el amargo sueño de juicios para siempre,

anulo el juicio que había emitido sobre el mundo,

suspendo mi juicio,

y decido la felicidad en cada instante.

 

miércoles, 4 de mayo de 2022

Capítulo 15. Mi experiencia transpersonal


 

Por imposible y absurdo que parezca a mi mente racional y a mi sentido común,

puedo en algunos momentos experimentar a Dios y la Santidad, y la Salvación, y ser bendito.

Normalmente, en el día a día, camino de un sitio a otro con un plan de trabajo,

en ese estado de conciencia, existe el tiempo y el espacio, y solo ellos,

me experimento como existiendo dentro de los límites de mi cuerpo físico,

y mi percepción del mundo externo está restringida por el rango de los órganos sensoriales,

el olor, el tacto, la vista…

así como por las características físicas de mi entorno.

Como decía no sé quién, esta experiencia es de "ego encapsulado en la piel",

en el estado ordinario de conciencia,

me experimento a mí mismo como objeto material separado del resto del mundo por mi piel.

En momentos específicos, visualizo claramente una realidad sin espacio ni tiempo,

como ser psicópata durante un rato,

son mis experiencias transpersonales,

en ellas, me parece que trasciendo una o varias de las limitaciones anteriores.

Me pasa a menudo en la montaña, caminando, observando o durmiendo en la naturaleza,

es como una experiencia de conciencia grupal,

me puedo identificar con un ciervo o una mariposa,

me puedo identificar con un árbol o una flor,

puedo comunicarme telepáticamente con alguien que esté lejos,

por milésimas de segundo puedo convertirme en un águila,

en una realidad sin espacio o sin tiempo,

puedo ser mica o granito.

En esos momentos, lo que veo parece un cuadro de Escher,

y no me parecen alucinaciones erráticas de un cerebro enfermo,

tal vez sea madurez y desarrollo.

Mi pregunta es cómo promover ese tipo de experiencia transpersonal,

en qué circunstancias puede darse y en qué circunstancias no se da.

Según Stanislav Grof, en estados holotrópicos de conciencia,

se expande la cartografía de la psique humana,

se agrega un vasto dominio transbiográfico.

En muchas culturas antiguas y aborígenes, se desarrollaron estas experiencias,

y jugaron un papel importante en su vida ritual y espiritual,

los psiquiatras modernos las ven como productos de un proceso patológico desconocido,

más que como componentes genuinos y relevantes de la psique humana.

Estas experiencias son manifestaciones normales de los profundos recovecos de la psique,

significa literalmente "ir más allá de lo personal" o "trascender lo personal",

nuestra conciencia se expande más allá de los límites habituales del cuerpo / ego,

y trasciende las limitaciones del tiempo lineal y el espacio tridimensional.

En el estado de conciencia cotidiano ("normal"), en circunstancias ordinarias,

mi experiencia está claramente definida por las categorías de espacio tridimensional y tiempo lineal,

experimento vívidamente solo mi situación actual y mi entorno inmediato;

recuerdo eventos pasados ​​y anticipo el futuro o fantaseo con él.

En las experiencias transpersonales, parece que se trascienden las limitaciones anteriores,

puedo experimentar con todas mis cualidades sensoriales,

episodios que ocurrieron en cualquier lugar y en cualquier momento del pasado,

y, en ocasiones, incluso aquellos que aún no han sucedido.

Puedo trascender los límites de la experiencia específicamente humana,

e identificarme con la conciencia de animales y plantas en el árbol evolutivo darwiniano:

convertirme en un águila, un gorila de espalda plateada, un dinosaurio o una ameba,

un árbol de secuoya, algas marinas, o una planta carnívora.

Las experiencias transpersonales tienen muchas características extrañas,

que podrían hacer añicos los supuestos metafísicos fundamentales de la cosmovisión materialista,

y del paradigma newtoniano-cartesiano.

Algunos investigadores que han estudiado y experimentado estos fenómenos,

se dan cuenta de que los intentos de la ciencia convencional de descartarlos,

como juegos irrelevantes de fantasía humana,

o como productos alucinatorios erráticos de un cerebro enfermo,

pueden ser ingenuos.

Quizás represente un desafío crítico para la filosofía materialista monista de la ciencia occidental.

Por un lado, parecen experiencias biográficas del interior de la psique individual,

por otro, parecen estar accediendo directamente, sin la mediación de los sentidos,

a fuentes de información mucho más allá del alcance convencional del individuo,

comparable con el arte gráfico del pintor holandés Maurits Escher,

una “tira experiencial multidimensional de Moebius”,

la tablilla de Esmeralda (Tabula smaragdina) de Hermes Trismegistus,

que se convirtió en el principio básico de sistemas esotéricos,

como el Tantra, la Cabalá o la tradición Hermética,

cada uno de nosotros es un microcosmos que contiene, de alguna manera misteriosa,

el universo entero.

Esto no tiene por qué solo suceder bajo la influencia de psicodélicos,

sino también en circunstancias mucho más habituales,

como sesiones de diversas formas de psicoterapia experiencial,

meditaciones, experiencias cercanas a la muerte,

o en episodios espontáneos de crisis psicoespirituales (“Emergencias espirituales”),

funcionamos como campos infinitos de conciencia que trascienden el espacio y el tiempo.

Los místicos han observado la separación, la unidad, la identidad y la diferencia:

“Sabemos que estamos separados, pero todos somos Uno” y

“Sabemos que somos partes insignificantes del universo,

pero cada uno de nosotros es el universo entero ".


Capítulo 14. Mi voluntad

 


Quiero que cada noche tenga un significado,

que cada día sea para la paz, la esperanza y la felicidad.

Por supuesto que quiero ver cumplidos los anhelos y aspiraciones de todos,

cada minuto en esa paz interna que tan difícil y escasa es a veces.

En mi familia desde pequeño hemos recordado a los que no están ya,

lo que somos hoy es porque la familia fue y ha sido,

tenerles presentes nos demuestra que no estamos solos ni aislados,

sino que somos parte de un algo más grande y más estable.

Cada segundo también tiene el sentido de la solidaridad,

no quiero dejar de recordar que muchos viven situaciones difíciles,

por razones personales, económicas y sociales, o están lejos de su hogar y sus seres queridos,

quiero estar llenos de alegría y celebración,

mas también sentimos en sus zapatos y les deseamos que dejen todas esas circunstancias atrás.

Es de biennacido ser agradecido,

y no todo el mundo tiene una familia y comida sobre la mesa,

ni siquiera ganas de celebrarlo.

Por eso, agradecemos estar aquí todos juntos,

hemos pedido estar juntos y la vida nos lo ha concedido,

por tanto, agradezcamos a la vida la generosidad de regalarnos estas horas de placer.

Quiero examinar mis actos, las palabras están bien, pero al final demuestro con mis actos,

hoy sé si estoy unido con mi vida, si realmente tengo la vida que quiero,

y sé poner las prioridades donde realmente deben estar,

solo yo sé si realmente he cultivado la paz, la felicidad y la esperanza.

Es un error estar en otro momento y otro espacio de donde realmente estoy,

si estoy en Bangkok, imaginarme en Madrid,

si estoy con una persona, me apetece estar con otra,

si elijo una opción, sigo soñando con la opción no elegida,

me olvido de lo que dicen mis sentidos, de lo que veo, de lo que puedo tocar,

de lo que escucho y de la fecha que marca mi reloj,

hoy es un día para estar aquí y ahora, en el presente, tocando tierra y viviendo de verdad.

Creo que uno de los regalos del paso del tiempo es la llave a lo íntimo y lo entrañable,

crear momentos sensibles, emotivos y de mucha empatía, con las personas más queridas.

Brindo.

Capítulo 13. Mi percepción

 


Quiero ser un hombre, un hombre que pueda navegar el presente y el futuro.

Las cosas son según el cristal a través del que las miro,

y es que en el mundo traidor,

nada hay verdad ni mentira:

todo es según el color,

del cristal con que se mira,

decía Ramón de Campoamor en su poema Dos Linternas.

Yo soy capaz de conocer mi mundo, de generar una relación con él,

pero no directamente, siempre a través de una capa mediadora que llamo percepción,

el diseñador Escher nos da ejemplos visuales de la percepción omnipresente,

todas estas dudas han constituido la disciplina de la Teoría del Conocimiento desde hace 30 siglos.

Narra un cuento oriental que se encontraron tres ciegos,

a tratar de entender la forma de un elefante,

el primero tocó el lomo y lo describió como un muro,

el segundo tocó una pata y lo describió como un pilar,

el tercero tocó el rabo y lo describió como una cuerda,

cada uno dio su descripción certera,

pero no se dieron cuenta de que dependía de qué parte analizasen.

Se trata de contestar la siguiente pregunta: ¿Todo cambia? ¿Todo parece cambiar?

según Advaita Vedanta, filosofía hindú de hace 26 siglos, el universo no cambia;

es el perceptor quien lo recuerda constantemente diferente.

De igual manera que el agua,

al cambiar las condiciones de temperatura y presión atmosférica,

adopta un estado sólido, líquido o gaseoso,

también el color de las gafas o las varias condiciones de sujetos y objetos,

genera la representación de universos diferentes percibidos por distintos sujetos.

En términos kantianos, si tomo una realidad única e inmóvil,

y le aplico las categorías innatas de tiempo y espacio con las que nace la mente,

tengo un mundo cambiante y mutable.

Ni mucho menos ya el espacio y el tiempo son absolutos como los entendía Newton,

son más bien una intuición.

Un día de 1987 le dije a mi tío Miguel que había decidido dedicar mi vida al conocimiento,

a aprender,

desde entonces no me importó demasiado lo material,

más bien fue un colateral con el que me encontré en el proceso del saber y del aprender bien.

Descubrí que la teoría sin práctica es nada,

la filosofía no es más que un mar confuso para el aprendiz poco diestro en la vida real,

para algunos que experimentan afecto por la filosofía,

ésta se convierte en un cuerpo de ideas profundamente metafísicas,

que suelen parecer altamente teóricas y prácticamente inalcanzables.

Desgraciadamente, muchas de las conclusiones de la filosofía,

parecen afirmaciones lejanas solo alcanzables por unos pocos elegidos,

aquellos que aprecian la vida real y que aprecian la autoindagación,

como San Agustín, que tuvo que vivir una vida de rico, de pobre.. diversa,

además de una introspección sistemática para poder escribir La Ciudad de Dios.

¿Robar es malo?

¿Encontrar las zonas alegales para beneficiarse personalmente de ellas es malo?

¿Empujar los límites de las normas en beneficio propio es malo?

Yo diría que fundamentalmente crea agitación mental, inestabilidad, desequilibrio en mí,

y hay una enorme brecha existente,

entre una mente equilibrada que percibe la realidad del mundo y,

en contraste, aquella realidad que suele aparecer a los ojos de quien lo observa,

a través de las agitadas olas de sus incontrolados pensamientos.

No existe tal cosa como el mundo, solo existe la representación del mundo que yo hago,

libre de agitaciones mentales, esta representación y la experiencia en el mundo,

es radicalmente diferente.

Parménides de Elea, en el siglo VI a.C., escribió “Sobre la Naturaleza”,

un mito en el que es conducido hasta la Diosa de la Verdad,

y tiene una revelación de carácter filosófico:

lo que es, el Ser, puede pensarse; lo que no es, el No-ser, no puede pensarse. 

Esta afirmación sitúa al ser como unidad y rechaza el devenir, el cambio y la multiplicidad,

para él, todo lo relacionado con la multiplicidad es solamente una ilusión,

el ser es unidad, indivisible e inmutable.

¿Cómo describiría el funcionamiento de la percepción?

Primero está el objeto externo, la forma en el mundo, mutante, efímera y externa,

a través del sentido de la vista (uno de los cinco sentidos) es percibida por el perceptor.

Más tarde, la mente percibe el sentido de la vista.

Finalmente, la Conciencia percibe la mente,

esta última Conciencia que no es percibida por ningún otro agente previo ni posterior,

ha sido a veces denominada Dios, o Ser Humano, o Conciencia No-dual, o Testigo,

no importa la etiqueta que le pongamos en cada cultura.

¿Es posible que el perceptor pueda conocer realmente lo percibido?

¿Es el perceptor el agente activo de conocimiento o, es lo percibido?

¿Cuál es la frontera entre el sujeto y el objeto?

¿Qué es entonces la mente?

¿Podríamos definirla como la codificación de la información del sujeto?

Una forma de relacionar el objeto externo y la mente es el estado de conciencia de sueño,

como decía Calderón de la Barca,

“Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son”,

en el sueño, la mente es ambos, sujeto y objeto.

Otra forma de relacionar el objeto externo y la mente es el pensamiento,

aquí la mente mezcla el aquí y ahora con la memoria, el pasado,

es una herramienta tan potente como peligrosa para extraer conclusiones y tomar decisiones.

Finalmente, otra forma de relacionar el objeto externo y la mente es la observación pura,

el aquí y ahora se percibe por la mente sin intervención,

las formas son múltiples, amarillas, azules, densas, sutiles, cortas, largas…

porque el sentido de la vista es capaz de hacer estas diferencias,

sin embargo, el sentido de la vista se mantiene uno e invariable.

En Advaita Vedanta, se diferencia entre el “Citta”,

que es todo ese conjunto agitado de pensamientos, emociones, pasiones y sentimientos,

el “Manas”, que son las actividades que se ejecutan a partir del citta,

es decir, inteligencia, lógica, ordenación, razonamiento y duda,

el “buddhi”, la actividad de conocer indudable cuando el manas se desactiva.

Así, el “Manas” ve cambio y diversidad, como decía Heráclito,

mientras que el “buddhi” ve permanencia y el ser inmutable,

son dos capacidades diferentes.

El Budismo afirma que la impermanencia y la dualidad inducen dolor psicológico,

a través de educación mental, es posible llegar a una representación del universo no dual,

donde el perceptor es no-diferente de aquello que conoce,

no existe el nacimiento ni la muerte,

es el ser de Parménides.

Yo lo veo así,

un hombre, que podía ser una mujer, rellenito y sonriente sentado,

mucho más pequeño, un muñequito delgado y flemático,

que da vueltas corriendo alrededor del primero.

Normalmente da vueltas sonriendo, pero de vez en cuando el enorme ser sentado tose,

el primero se asusta y sigue corriendo sin parar con miedo en el rostro.

El primero es el ser, el inconsciente, la Conciencia no-dual, el segundo es el ego, la mente.