domingo, 23 de enero de 2022

Capítulo 2. Sobre las operaciones económicas y los recursos humanos

 

En esa época, trabajaba en F., una empresa del sector alimentación que tiene como misión la introducción de productos congelados sanos y sostenibles en el mercado europeo y latinoamericano.

El sector en crecimiento obligaba a estrategias de expansión, a incorporar tecnología, innovación y nuevos modelos de negocio. La empresa se aventuraba en una transformación digital que le permitiera el crecimiento y la adaptación a ese sector en expansión.

Cuando hablamos de Transformación Digital, Blockchain, eCommerce o toma de decisiones con Big Data, decíamos necesitar implementarlos sin olvidarnos del departamento de Operaciones 4.0, sin olvidarnos de las personas.

Y ese es el rol del director de Operaciones 4.0. Desde un punto de vista tradicional, esta área es responsable de las actividades, los tiempos y los recursos humanos que las realizan. Define y mantiene los procesos operativos de la producción y la venta.

La versión 4.0 exige una profunda transformación de este concepto. Primero, tiene necesidad de una relación directa con la Estrategia de la Organización. Por ejemplo, si la estrategia es de expansión, los procesos tienen que diseñarse para ir aumentando la producción. Si la estrategia es de expansión geográfica, los procesos tienen que incluir nuevas formas de logística. De hecho, es común que los directores de Operaciones 4.0 conquisten un espacio en el Comité de Dirección.

Esta versión transformada es más holística, está interrelacionada con el plan de marketing, el plan financiero y la estrategia de recursos humanos. Es importante añadir la variable costes y retornos de la inversión durante el diseño de los procesos.

También incluye la toma de decisiones en tiempo real, permitiendo entender los mercados, reaccionar a sus cambios y adaptarse a sus tendencias. Esto quiere decir que debe definir cuáles son los objetivos de los procesos y cómo medirlos y monitorizarlos.

“Disrupt or be disrupted” refleja el estado de miedo que viven las organizaciones hoy. ¿Miedo a qué? ¿Qué pueden hacer, cómo pueden reaccionar? ¿De qué hablamos cuando hablamos de transformarse digitalmente?

Cuando se habla de transformación digital, se habla de nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones que posibilitan nuevos modelos de negocio en las empresas. En su aspecto más práctico, es un plan de operaciones 4.0 como la herramienta básica para iniciar un proceso de transformación digital.

El plan de operaciones 4.0 es un documento, no más de 20 páginas, que incluye cuatro elementos: 

·        Análisis de los procesos AS IS

·        Desarrollo TO BE

·        Proyectos individuales

·        Monitorización y evaluación de impacto

El primer capítulo de un plan de producción 4.0 en una organización que funciona describe los procesos necesarios para el funcionamiento, para las operaciones. Es una descripción de la realidad percibida en la organización. Normalmente se llega a esta descripción a través de la observación, de encuestas a colaboradores y otras técnicas más sofisticadas como focus groups, visual thinking o design thinking. Se representa con cajas y flechas de forma visual, que permite entender esa a veces compleja relación entre tareas, personas y tiempos.

El segundo capítulo representa las posibilidades de mejora. Habitualmente, los responsables de estos proyectos comienzan por un objetivo clave, la optimización de la productividad, es decir, el uso inteligente de los recursos en los procesos con unos objetivos predefinidos. Por ejemplo: va a ser pronto hora de cenar, el lector entra en un restaurante, ¿cuáles son sus expectativas? La primera es probablemente el tiempo que el cliente tiene que esperar. La segundo, la variedad de la comida. Por último, el precio. Asumiendo que estos son los objetivos, ¿cómo podemos conseguirlos en la mayor medida, con la cantidad de recursos menores?

El siguiente objetivo clave suele ser la calidad, es decir, diseñar la organización con el objeto de cubrir las necesidades de los clientes, tal como éstos las perciben y tal como se generan sus expectativas. Por ejemplo, una sala de espera de un hospital. Las variables de productividad incluirían el tiempo de espera, la variedad de la oferta médica y el coste. Aquí la variable clave sería la expectativa del paciente de ser no solo atendido sino también tratado, y al final curado, una variable de calidad.

Todo son equilibrios. Se trata de optimizar estos elementos, no de maximizar cada uno de ellos. Por ejemplo, si minimizamos el coste no podremos minimizar el tiempo de espera. Cuando hablamos de eficiencias y eficacias, vemos el conjunto del sistema y buscamos los valores mejores para el conjunto.

Por ejemplo, un call center. Imaginamos un “nivel de servicio” de 80% de las llamadas en menos de 20 segundos. Mejorar esto implicaría aumentar el número de recursos y por tanto la ineficiencia. El punto óptimo requiere sacrificios en algunas de las variables.

A esto lo llamamos posicionamiento, cada empresa toda la decisión de posicionarse en un determinado nivel de servicio y eficiencias, y esto le permite competir mejor o peor en sus mercados.

Recordemos que el objetivo de un plan de operaciones 4.0 es detectar dónde, cómo y cuándo pueden introducirse qué tecnologías con el fin no solo de encontrar mayores eficiencias y eficacias, sino para servir al Plan Estratégico y para encontrar nuevos modelos de negocio en nuevos o tradicionales mercados.

Las operaciones se expresan como un conjunto de procesos (que a su vez es un conjunto de tareas). Los expertos analizan cada uno de los procesos para mejorar su eficacia, eficiencia y los beneficios que generan.

Aunque la matemática y la ingeniería ofrecen una miríada de herramientas conceptuales en este sentido, en realidad sería posible simplificar a tres herramientas básicas:

·        El throughput es el número de unidades que recorren el proceso por unidad de tiempo

·        El tiempo de flujo es el tiempo que tardan desde el inicio hasta el final

·        El inventario es el número de unidades que están en el proceso en cada momento

Si analizamos por separado cada uno de los empleados de un restaurante tenemos:

·        Tiempo de proceso. Lo que se tarda en cada tarea.

·        Capacidad: El número de unidades que un empleado puede procesar por unidad de tiempo

·        Cuello de botella: El paso de un proceso con menor capacidad

·        Capacidad del proceso: Capacidad del cuello de botella

·        Throughput: min (ratio demanda, capacidad del proceso)

·        Utilización: Throughput/capacidad

El tercer capítulo del Plan de Operaciones 4.0 es la lista de proyectos que van a constituir la transformación. La diferencia entre proceso y proyecto es que el proceso tiene vocación de repetirse muchas veces, mientras que el proyecto solo una vez con una clara fecha de comienzo y de fin. Algunos de estos proyectos tendrán por objeto la automatización de procesos, otros la incorporación de tecnologías InternetOfThings, otros la capacitación de empleados.

El cuarto capítulo incluye los mecanismos de medición y monitorización que permiten la toma de decisiones en tiempo real y de la forma más informada posible.

Esta transformación digital es un viaje, no un destino preciso, y la habilidad para implantar estas herramientas hace la diferencia entre las compañías que tendrán éxito y las que quedarán atrás “disrupted”.

Un ejemplo es el inventario "cero" en logística.

La inteligencia artificial, big data e Internet of Things están revolucionando el mundo de la logística y la gestión de la cadena de suministro.

A través de la tecnología, las empresas consiguen encontrar el punto de volumen de inventario óptimo. Es necesario desmontar el mito del inventario zero, una práctica mítica de reducir inventario mediante la producción JIT (“just in time”), el cual no es ni panacea ni deseable en la mayoría de los modelos de negocio.

Fue Toyota en Japón en los años 80 quien introdujo por primera vez la producción JIT, bajo la asunción de que las cadenas de suministro son 100% fiables y entregan las materias primas y los componentes requeridos exactamente cuando hacen falta.

Amazon, la segunda empresa global con valoración superior al trillón (9 ceros) de dólares, no sería lo que es sin la práctica de inventario Zero. El uso más obvio de esta práctica es en Amazon Marketplace, una plataforma para vendedores externos donde Amazon no mantiene ninguno de estos productos en sus almacenes.

Otro ejemplo de modelo de negocio zero inventario y producción “just in time” es Dell, la empresa de producción informática. Dell utiliza incluso como mensaje de marketing el hecho de la fabricación según pedidos, en la que el cliente configura su ordenador favorito en la web.

Para entender el inventario óptimo se utiliza el medidor “Inventory turns”. Es el tiempo que un euro está en el proceso de producción, y mide la productividad de la organización, muy útil para comparar productividades sectoriales entre competidores. Se calcula como Inventario/COGS. Su inverso también se usa mucho, el número de veces que se rota el inventario, COGS/inventario. COGS es el coste de venta de los bienes.

Por ejemplo, Dell es un fabricante de tecnología conocido por sus portátiles Windows. Si para Dell el COGS fuese de 20 mill $ por año, y el inventario fuese 391m$, podríamos calcular t=(391/20000)*365=7 días. En el caso de uno de sus competidores, si su COGS fuera 25263 mill$/year, y su inventario 2003 mill$, el throughput o el flow rate sería T=2003/25263=29 días.

Entonces, Dell está rotando su inventario 52 veces al año, lo cual se calcula como el inverso de T, es decir, si se mantiene el inventario durante 7 días, su inverso es 52 rotaciones al año.

El cálculo del número de rotaciones de inventario no está afectado por los márgenes que se obtienen en la venta. Por ejemplo, Una empresa tiene 24000 € en inventario, 96000 € anuales en COGS y 120000€ en ingresos, ¿cuántas veces al año rota su inventario?

4,3,5,6?

Respuesta correcta: 4

El coste de capital (WACC), alrededor del 10%, tiene un impacto en financiamiento del inventario. Para calcular este impacto, el coste anual de inventario hay que dividirlo por el número de rotaciones. Por ejemplo, si el coste de capital anual es del 10% y la empresa es capaz de hacer 4 rotaciones, el coste financiero sería del 2.5%. En industrias donde los márgenes netos son del 1% o 2%, estos números son críticos. Es decir, el inventario y la financiación del mismo aumentan considerablemente el “working capital” de la empresa y eso es un problema que ha de resolver el departamento financiero.

Por tanto, una filosofía lean disminuiría el inventario tanto como fuera posible, y en su extremo, lo haría “zero”.

Sin embargo, hay algunas razones poderosas para mantener inventario. La primera es que aumentando inventario aumenta la variedad de la oferta. La segunda es la calidad del servicio que se ofrece a los clientes, quienes pueden no estar dispuestos a esperar.

Por tanto, se podría decir que hay dos estrategias válidas de gestión de inventario:

“Make to order”, que disminuye el inventario. Tiene el beneficio de generar un producto más fresco y actualizado, más customizado y en la cantidad requerida. Y por supuesto, reducir el coste del espacio de almacenamiento. En extremo, es el mito inventario zero;

 “Make to stock”, que mantiene inventario. Tiene el beneficio de dar un servicio más rápido y generar economías de escala. Otros beneficios incluyen:

·        Si produces vino que necesita 2 años, tienes que tener inventario de 2 años;

·        Si tus ventas son en Navidades, tienes que hacer inventario durante el año;

·        Si es un producto cíclico, debes alinearte con el consumo: el cliente compra una caja de leche y no compra cada una de las botellas por separado.

En resumen, se puede decir que la práctica de inventario zero era casi imposible en los años 80. La razón fundamental era que alinear oferta y demanda no era posible.

Hoy tenemos inteligencia artificial, big data e “Internet of Things”. Las técnicas que están apareciendo de predicción de inventarios sustituyen las altas complejidades anteriores en el mundo del “supply chain” por modelos que ya predicen.

Una de las tecnologías que está haciendo posible el inventario Zero es Internet of Things (IoT). Permite la creación de datos masivos y la altísima precisión a través de millones de sensores conectados a través del protocolo Internet en toda la cadena de suministro (“supply chain”). Así, los gestores de cadena de suministro pueden conocer la ubicación, temperatura… de las materias primas y los componentes. Da una visibilidad en tiempo real y permite conocer los niveles de inventario y la demanda para la exacta toma de decisiones.


Capítulo 1. Introducción

Este libro comenzó a escribirse en agosto de 2019 en Medellín, Antioquía, Colombia. Yo sentía un renacer, brisas de libertad, y necesitaba compartir mi viaje. El objetivo era, primero, dar un curso, construir los materiales para un curso eminentemente práctico, a modo de casos de estudio, para proponer temas de debate a los estudiantes. El segundo objetivo era desarrollar un texto publicable, autocomprensible, que se pudiese leer de principio a fin por cualquier persona.

Veía un mundo en el que llevábamos décadas como pollos sin cabeza, corriendo de un lado a otro, hiperactivos, y en el que empezaba a necesitarse una nueva etapa de descanso, reflexión y tranquilidad. Necesitábamos hacer sentido de nuestras vidas, dotar nuestro hacer de una narrativa.

En el planeta nos adentrábamos en una crisis multivariable. Por un lado, la tierra estaba ya mostrando signos de callejón sin salida como ecosistema, por otro la economía dejaba de ser sostenible tal como la entendíamos.

Yo lo veía como crisis de lo extrovertido. Habíamos vivido hacia fuera y necesitábamos una época de lo introvertivido, de mirarnos hacia dentro y hacernos las preguntas que dieron ya hace tres milenios nacimiento a la Filosofía: ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿A dónde voy?

Era agosto, hacía calor, 27 grados centígrados decía el termómetro en Medellín, Antioquía. Nos disponíamos a abrazar el nuevo año académico, un año que tendría un tinte de Digital Sustainability. La tecnología digital significa sustituir la realidad física por la información alrededor de esa realidad física. Es el paraíso de la simulación y de la visualización.

Necesitamos la tecnología porque buscamos sustituir la física tradicional por la actividad mental energética. Nos damos cuenta de que no solo somos cuerpo, somos también información y energía.  

Me sorprendió mucho ver el desarrollo de la ciudad de Medellín. Hace pocos años era la casa de Pablo Escobar y el símbolo del miedo y el escaso valor de la vida humana. Hoy, en sus Airbnb viven americanos que están lanzando empresas de Internet y viajantes que deciden hacer unos años de pausa en la ciudad. Por ejemplo, Andrew Ng, fundador de Google Brain y antiguo CEO de Coursera decide abrir oficina en Medellín con el objetivo de promover el conocimiento y aplicación de la Inteligencia Artificial. Allí encuentra el entorno creativo y los profesionales adecuados.

La Sostenibilidad Digital tiene que ver con la empresa, nueva o tradicional, que busca sus ventajas competitivas en la tecnología, las operaciones y las personas. Y lo hace sin límites, sin fronteras, sin miedos, apostando por la globalización de las ideas, la innovacion en los mercados y la creatividad en las personas.

En ese sentido, hablaremos de Inteligencia Artificial, Big Data, Entrepreneurship, Innovación, Supply Chain, Fintech, Industria 4.0, Blockchain, Bitcoin y nuevas tendencias en el mundo, tales como la Vida Líquida de Zygmunt Bauman, la Gestión de las Emociones de Eckart Tolle y los Millenial Otaku. Acabaremos hablando del viaje interior y del Nirvana, de cómo tiene sentido la vida en un crescendo de aprendizaje.

Para empezar, propongo siete preguntas:

1. La cultura moderna líquida ya no es una cultura de acumulación, pero sí de denso aprendizaje. ¿Qué está haciendo la tecnología? ¿Por qué se percibe por algunos como desapego, discontinuidad y olvido?

2. Antonio Guterrez, Secretario General de Naciones Unidas describe el reto del siglo XXI como el de las inclusión de las sociedades. ¿Qué ha pasado con el digital divide? ¿Por qué no es posible ninguna cultura "moderna" sin producción de basura y de individuos basura definidos como excedentes?

3. ¿Por qué la cultura moderna ya no tiene un pueblo que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir?

4. ¿La vida social ya se ha transformado en una vida electrónica y cibervivida?

5. Cuando una cantidad más grande de información se distribuye cada vez más rápido, la creación de secuencias narrativas se dificulta. Aparece la fragmentación. ¿Qué consecuencias tiene esto en el modo en que nos relacionamos con el conocimiento, el trabajo y el estilo de vida?

6. Lo que antes era un proyecto para toda la vida, hoy se ha convertido en un atributo del momento. Una vez diseñado, el futuro ya no es para siempre, sino que necesita ser montado y desmontado sucesivamente. Montar y desmontar tienen importancia y esfuerzo similar. ¿Qué decía Daniel Goleman sobre el Emotional Intelligence?

7. Los móviles ayudan a conectar a los que están a distancia. ¿Permite a los que se conectan, mantenerse en contacto a distancia?

El realismo se convierte en realismo mágico. Como en la película “Bagdad Café”:

Es un motel en el desierto de California, y un paisaje de tormenta de desierto, con una fotografía que recuerda a ese toque inconfundible de la película “Paris Texas”. Ahí se da el encuentro fusión entre dos mujeres, Jasmin y Brenda, ambas recién divorciadas y un conjunto de personajes en principio incompatibles, sin embargo, llenos de color y parte del mismo canvas.

Aparece Palance, un pintor de Hollywood, Kaufmann, un artista de tattoos glamuroso, el hijo de Brenda, quien toca preludios de Johann Sebastian Bach en el piano sin pausa. Jasmin hace de gluten en el motel, motivada por su pasión por la limpieza y los trucos de magia, es capaz de convertir lo opaco en brillante.

La película intenta una especie de realismo mágico con una historia y una fotografía muy auténticas: por ejemplo, incluye varias parhelias, en las que en el cielo vemos dos soles y que muestran un ambiente de irrealidad, aunque es posible en este mundo, es un fenómeno debido a la refracción de la luz sobre cristales de hielo en la atmósfera.

Con guión y dirección de Percy y Eleanore Adlon, la película debate cómo una persona puede modificar las vidas de una comunidad. A través del trabajo duro y de la aceptación mutua. Es fácil sacar la conclusión de que la conexión, la empatía, la belleza, la amistad, la creatividad... llegan si estamos abiertos a ver, a cambiar, a empezar de cero, a aparcar los prejuicios, a compartir, a aceptar... a trabajar duro y a aceptarnos mutuamente.

Es un motel en el desierto de California, y un paisaje de tormenta de desierto, con una fotografía que recuerda a ese toque inconfundible de la película “Paris Texas”. Ahí se da el encuentro fusión entre dos mujeres, Jasmin y Brenda, ambas recién divorciadas y un conjunto de personajes en principio incompatibles, sin embargo, llenos de color y parte del mismo canvas.

Aparece Palance, un pintor de Hollywood, Kaufmann, un artista de tattoos glamuroso, el hijo de Brenda, quien toca preludios de Johann Sebastian Bach en el piano sin pausa. Jasmin hace de gluten en el motel, motivada por su pasión por la limpieza y los trucos de magia, es capaz de convertir lo opaco en brillante.

La película intenta una especie de realismo mágico con una historia y una fotografía muy auténticas: por ejemplo, incluye varias parhelias, en las que en el cielo vemos dos soles y que muestran un ambiente de irrealidad, aunque es posible en este mundo, es un fenómeno debido a la refracción de la luz sobre cristales de hielo en la atmósfera.

Con guión y dirección de Percy y Eleanore Adlon, la película debate cómo una persona puede modificar las vidas de una comunidad. A través del trabajo duro y de la aceptación mutua. Es fácil sacar la conclusión de que la conexión, la empatía, la belleza, la amistad, la creatividad... llegan si estamos abiertos a ver, a cambiar, a empezar de cero, a aparcar los prejuicios, a compartir, a aceptar... a trabajar duro y a aceptarnos mutuamente.

jueves, 13 de enero de 2022

Mi ego - ¿Estoy actuando desde el ego o no?


¿Estoy actuando desde el ego o no?

Un hombre ha enfermado de Covid19 y pasado 3 meses en la unidad de cuidados intensivos. Para él, hay un antes y un después. Esa experiencia le había cambiado la vida para bien. En el pre, estaba mal de salud y a punto de divorciarse. En el post, se siente transformado. De cuerpo, ahora está más fuerte y, en la relación con su pareja se ha dado un cambio radical. De alguna forma, el Covid19 le ha supuesto un reconectar consigo mismo y con su pareja.

Los escenarios sólo son escenarios. Nosotros somos quienes elegimos ponerles la tonalidad según si aceptamos el aprendizaje que llevan o nos resistimos a sumergirnos en ellos.

Imagínate que venimos de un planeta donde todo es amor, colaboración y unidad. Allí, no había escasez de nada y todo era abundancia, vivíamos en paz y armonía con nuestros hermanos. De pronto, un día nos mandaron de misión al mundo, y vimos que allí reina el resentimiento, el conflicto y la separación. Para ello nos instalaron todo un software que necesitamos para podernos comunicar, convivir e interactuar con los demás.

Estamos de misión, el objetivo es generar lazos entre los humanos e instaurar, o restaurar, el amor y la unidad, evitando sufrimiento, lo que llamamos la salvación. Lo hacemos bien, nos involucramos fuertemente, en este mundo, tanto que muchas veces casi olvidamos nuestra procedencia, pero tenemos atisbos de recuerdos de nuestro mundo anterior, neblinosos, pero de extraordinaria presencia.

En una esquina de nuestra mente una señal nos dice que hay algo más, que tenemos dos hogares, pertenecemos a dos mundos, y que el amor de allá es más piedra sólida y real que el miedo de aquí. Uno de los mundos es cambiante, etéreo y efímero, otro es permanente, esencial y atemporal. Pues bien, el ego es al mundo efímero lo que el amor es a la esencia eterna.

Durante mucho tiempo, me he sentido orgulloso de ser capaz de conseguir hazañas. Siempre bajo el rubro del servicio y de la humildad, la vida era una recolección de experiencias que podían configurarse como lista de colección, igual que otros coleccionan soldaditos de plomo. Se basaba en el reto, había un crescendo de complejidad cada vez mayor, era como un juego que consistía en ir recogiendo puntos y subiendo de nivel. Se podía narrar el sentido de construir aquella catedral rococó.

Siento que me apuntaban con el dedo a la luna y yo me quedaba fijamente observando el dedo. Ponía más énfasis en lo concreto que en lo abstracto, en el dato y el detalle que en la idea. Incluso cuando creía abstraer, era mayormente una generalización de lo concreto no siempre muy acertada. No intuía, no confiaba en mi intuición, me quedaba en el ego.

¿Es bueno tener ego?

La respuesta a esta pregunta depende por supuesto de cuán sano es el ego que construimos. La diferencia entre estar en el ego de forma sana y de forma insalubre es muy laxa. Como decía Lorca, es una frontera de nieve. O estoy en el ego, o es amor que soy capaz de canalizar al mundo. Un ejemplo de forma más fortalecida de ego puede ser la siguiente:

Hace poco he sido demandado ante los tribunales y he asistido al juicio. Iba fuerte e invulnerable, pero no desde el punto de vista de prepotencia sino de fuerza interior. He dedicado mi tiempo a esa energía superior que se hace cargo de mí en los momentos difíciles y he dejado que se obrara lo que fuera necesario a través de mí. Esto es lo que me ha hecho invulnerable.

El resultado del juicio ha sido favorable. Y me pregunto en qué sentido favorable. Desde un punto de vista de mí, ha ocurrido todo muy conmigo en el centro, muy según yo lo iba esperando, todo muy controlado. Desde un punto de vista de bien común, sutilmente también bien.

Podría decir que desde el amor todo lo que ocurre es bueno porque ocurre, y no puede dejar de ocurrir. Lo que ocurrió hace un cuarto de siglo, ya no lo puedo cambiar, mejor dejarlo ir. Por mucho que yo me empeñe, así fue, no tiene sentido seguir haciéndome cruces.

Para mí, dejar ir no es siempre obvio, nunca subestimo la intensidad del deseo del ego por vengarse del pasado, él se acuerda de todo lo que hice que lo ofendió, e intenta hacer que pague por ello. Si algún día actué por amor, no quiero aceptar que tenía un coste que he de pagar ahora. Vengarme del pasado no puede ofrecerme ninguna salvación, ¿Es posible sentirse culpable en el presente por haber actuado por amor en el pasado?

Me pregunto si quien está contento es mi ego o es el amor que canalizo. Mi prueba del algodón es la siguiente: Si fuera el ego, lo sentiría con miedo y duda, si fuera el amor lo sentiría con paz y serenidad, confiaría. Debe ser amor.

Otro ejemplo, un hombre necesitado en el medio de la calzada es una incomodidad que me hace llegar tarde al trabajo, si lo veo desde mi ego. O es una llamada de ayuda por parte de un ser humano al que si ayudo me ayudo yo a mí mismo, pues todos somos uno. Puede ser una oportunidad para detectar un elemento de mi sombra que debe ser rescatado, entregado y perdonado, un momento que puedo aprovechar para dejar ir algo.

Es como tener dos vidas, vivir dos mundos paralelos. En uno hay duda y conflicto, en otro colaboración y tranquilidad. Y en cada momento, puedo elegir poner el pie en uno o en el otro. Es mi actitud la que al final hace la diferencia. Es muy terapéutico buscar un equilibrio cada vez más sano entre ambos.

Ese equilibrio se alcanza eliminando el apego, es decir, dejando ir todos esos pequeños shocks que ocurrieron en el pasado, pero siguen ahí en la mente provocando todavía pensamientos. También hay que soltar muchas aplicaciones instaladas en nuestra mente que nos son emocionalmente limitantes, que nos generan miedo a ciertas emociones y que nos bloquean nuevas experiencias, que no nos saltar libremente cuando una nueva oportunidad se nos pone delante.

¿Qué es el ego?

Dicen que en el mundo digital tenemos LinkedIn como tubería para nuestra soberbia. Centenares de millones de soberbios alrededor del mundo. ¿De qué hablamos cuando hablamos de arrogancia, humildad y ego?

Según David R. Hawkins (*), el ego es ese sistema de aplicaciones software que nuestra mente va instalando desde que nacemos, incluso antes, y que quedan en ejecución a la vez que netamente disfuncionales. Cada vez que tenemos un conflicto con nuestros padres, nos pica una avispa o un amigo nos quita un juguete, un pequeño software se instala para dar respuesta al momento. Esto es muy eficaz para recuperar el juguete, pero ahí se queda el software ocupando memoria y procesador, lanzando sentimientos y pensamientos absurdos, en bucle, que nos dejan muy poca capacidad para vivir el presente.

A la larga, todos esos softwares crean una capa de resentimiento y de pensamientos en círculos viciosos que nos es tóxica para vivir, que no nos permite ser nosotros mismos, que poluciona cada decisión y cada minuto.

Los id, ego y super-Ego conforman el conjunto de conceptos fundamentales del psicoanálisis freudiano, los tres actores de la mente. Tienen el objetivo de ayudar al ser humano a mantener su motivación y actitud ante la vida. El ego a veces se entiende como el sentido individual de autoestima y autoimportancia, creando así mi propio concepto de mí mismo, mi personalidad y mi identidad.

Popularmente, se entiende la soberbia como sentimiento de valoración por encima de los demás. Se supone del soberbio que se cree capaz de superar cualquier obstáculo y que solo quiere ganar a los demás. No escucha, es autoritario y menosprecia, aunque la arrogancia genera temor, resentimiento y voluntad de venganza en los demás.

Un ejemplo de ego es pensar que soy la persona más inteligente del planeta. Estoy expresándome desde mi ego si constantemente me comparo con los demás que no son igual de inteligentes, ricos o no tienen mi status reputacional. Siento celos cuando percibo que los demás consiguen cosas y les va bien. Hablo de mí mismo durante 10 minutos antes de preguntar al otro cómo está. Prefiero ganar y tener la razón, antes de hacer lo mejor posible para el bien común.

Como decía San Agustín, “la soberbia no es nobleza sino un chichón; y lo que está hinchado parece grandioso, pero no está sano”. El ego puede llegar a ser presumido, vanidoso y engreído, y, desgraciadamente, puedo llegar a apegarme muchísimo a ese dragón de fuego.

Por eso, desde la consciencia, me aseguro de que antes de ser amante, padre o docente, haya podido salirme de mi ego, narcisismo y soberbia, y hacerlo con humildad.

Curiosamente, el narcisismo y la soberbia no tienen que ver con los demás, sino conmigo mismo y mi propia felicidad. El chichón de ego no solo me genera dolor de cabeza, sino dolor y sufrimiento integral, duda y mucho miedo. Y por eso identifico como ser humano la necesidad de construir un ego higiénico.

Más profundamente, en metafísica, el ego es el sujeto pensador consciente. El mundo para ser mundo debe primero ser conocido por mí, y esta actividad solo puede arrancar desde mi mente. Si yo estoy despierto y miro, veo, aprendo y conozco, durante años he ido paulatinamente construyendo el mundo tal como hoy lo conozco. Recibiendo a través de mis sentidos los fotones y la materia que había fuera, y dándole forma según mi voluntad y entendimiento.

Desde el ego, y a través de la capacidad mental que conocemos como pensamiento consciente racional, conozco el mundo, ladrillito a ladrillito. No es la única forma de conocer que tengo como humano, solo es una muy presente en nuestra civilización, que puede caracterizarse como que tiene un gran ego, está demasiado llena de ego.

Hay otra forma, la intuición o mente abstracta, que me enseña la Verdad con mayúsculas, la esencia, pero ésta no la acepta el ego.

Buscando la precisión, entonces, el ego es un intento erróneo de mi mente de percibirme tal como deseo ser, en vez de como realmente soy. Sin embargo, sólo me puedo conocer a mí mismo como realmente soy, ya que de eso es de lo único que puedo estar seguro, todo lo demás es dudable.

Cuando conozco el mundo mediante el ego, lo hago desde el miedo a la carencia, desde la necesidad. Es con interés. Por eso, creo un mundo a semejanza de mis miedos y necesidades, no a semejanza de la realidad más real, aquella que es incuestionable. El mundo que creo es efímero y cambiante porque efímeros y cambiantes son mis necesidades y miedos.

 ¿Cómo vemos que funciona el ego?

Es razonable preguntarse cómo pudo la mente haber inventado al ego. Todo el mundo inventa un ego o un yo para sí mismo, el cual está sujeto a enormes diversificaciones debido a su inestabilidad y bamboleo. También inventa un ego para cada persona a la que percibe, el cual es igualmente variable. Los egos, además, cambian cuando interaccionan entre sí, cuando lo hace cara a cara, y también cuando simplemente se piensan en la distancia.

Por cierto, que las relaciones especiales entre egos, en las que ese yo busca completarse a sí mismo, tienen una base común, la culpa y la condena. Uno condena a otro porque le encuentra culpable, no obstante, ese encontrar culpable puede solo ser una proyección de la culpa propia. La culpa viaja de un lado a otro destruyendo todo a su paso, pero es falsa en ambos casos, no puede permitirse desde su raíz.

Engrandecidos de sacrificio, unas veces de un lado y otras veces del otro, estas relaciones generan altos niveles de apego dentro de este bucle, y no es obvio, aún en la clara percepción de sufrimiento, encontrar la puerta de salida.

La salida está solamente en el amor y en la disolución del ego, que se lleva consigo la culpa y la condena.

Yo me lo he inventado, y por eso tiene un lado oscuro. Y por eso las percepciones son tan variables. El ego está siempre obsesionado con la idea de la escasez. Lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia porque él fue engendrado precisamente como un sustituto de ésta.

El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios, para él la confusión es esencial. Siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos, entiende solamente basado en la comparación y los opuestos, es dual, no entiende la unidad.

Dicho de otra forma, el ego siempre exige derechos recíprocos, ve la vida como contrato, lleno de limitaciones y exigencias, ya que es competitivo en vez de amoroso. Para él, el amor incondicional es un peligro.

No es que no lo busque, que sí lo busca y mucho, sino que, en su frenética búsqueda de amor, a menudo anda en pos de lo que teme encontrar. Y al no poder dejar de temerlo, las tentativas acaban en futilidad. La regla parece ser: “Busca pero no halles”.

¡Qué locura! Persigo el amor y en realidad me asusta y no lo quiero, lo rompo yo mismo.

La paz es otro gran enemigo del ego. De acuerdo con el paradigma de pensamiento del ego y su interpretación de la realidad, la guerra es la garantía de su propia supervivencia. El ego se hace más fuerte en la lucha, porque si crees que hay lucha, reaccionarás con la saña relacionada con esa idea de peligro que tienes interiorizada en tu mente. El peligro es un llamamiento al ego. Ego y oposición son lo mismo.

¿Es posible salirme del ego?

Teresa de Ávila hablaba del crecimiento como el proceso de conquista a nuestro castillo interior, que, por cierto, es de diamante y cristal transparente, y está formado por 7 moradas, donde la principal está en el centro y es la morada de nuestro creador y criador. Según ella lo describe, con esa simplicidad que la caracteriza, en la séptima morada, el ego se disuelve.

Es un camino largo, y hay resistencias. Una de las razones para resistir es la fuerza de supervivencia que tiene el ego. Constantemente está produciendo argumentos para autoperpetuarse, y sobre todo cuanto más acogotado se encuentra.

Su aliado fundamental es la memoria, siendo capaz de borrar de la memoria todo lo que pueda significar un ataque al ego, y utilizando un mecanismo demoledor, la proyección del pasado hacia el futuro, en un esfuerzo por diseñar la ansiedad. El ego se resiste como gato panza arriba a su disolución.

En la séptima morada, existe una clase de experiencia muy diferente de todo lo que el ego puede ofrecer, y una vez experimentada, nunca más nadie querría volver.

Conseguir que se desvanezcan poco a poco estas aplicaciones conlleva un proceso de reprogramación mental, que pasa por hacerlos primero conscientes. Es una ardua labor de minería, Antonio Molina cantaba: “Soy minero y temple mi corazón con pico y barrena”. En ese proceso de concienciación y meditación, lo que antes era sucio, se puede convertir en un simpático osito de peluche. No es malo, no podemos odiar a un peluche, lo aceptamos como lo que es, simpático, pero no sabe hacerlo mejor de lo que hace. El ego es limitado, no es malo.

Gradualmente el ego va desvaneciéndose, empiezo a darme cuenta de que el fenómeno, la parte concreta efímera cambiante de la vida, es un don, un regalo de más allá de mí mismo. Me convierto en el canal del amor, pero yo no soy su fuente. No es que yo haga, es que se opera a través de mí, como cuando pinto un cuadro o despliego y amplifico arte. Desaparece la duda y el apego.

En el instante no hay ego, el instante es un dejar ir. Me hago consciente de que hay dos sistemas basados en dos paradigmas diferentes de realidad. Uno con ego, otro sin ego.

Yo tengo la tendencia a identificarme con mi ego, yo soy mi ego, yo soy mi cuerpo. ¿Quién o qué soy yo? Es sublime dar el paso a intuir que yo no soy mi ego, desapegarme de mi ego, dejar de sentirme desposeído, sentirme libre y, en definitiva, ir quedándome vacío. Se trata de vivir de tal forma que demuestre que no eres un ego.

El ego era un invento mío, una creencia muy dentro de mí que puede llegar a dejar de existir. La voz del ego se convierte en una alucinación. Me dice: "No soy real". Le dejo ir, no le concedo el poder de interferir en mi día a día.

Ya sin ego, deja de haber tiempo y se da paso al instante eterno. La pequeñez y la grandeza no pueden coexistir. Esta visión atemoriza al ego por ser tan serena, y mantiene ese regocijo en tu mente con gran ternura. Desde esa humildad, mi plenitud es ilimitada porque el estado de ser es infinito.

Hoy te voy a proponer la lección del día, unas frases para que las repitas y medites todo el día. Cada hora es conveniente dedicar unos minutos a que inunden la mente. Son bellas una vez que entran.

Que no vea ninguna limitación en mí.

Permítaseme contemplar la vida hoy y ser un testigo de su grandeza. Que hoy no trate de empañar mi luz ni ver mi fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad.

Hoy quiero contemplar la ternura de la vida en lugar de mis ilusiones. Yo soy la vida, hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con ella.

 

(*) Letting go: the pathway to surrender. David R. Hawkins. Hay House Inc., 2014

viernes, 7 de enero de 2022

La vida como viaje – la separación de la unidad

Estos días estoy viviendo una experiencia exasperante, más allá de molesta, indigna y desilusionante, una traición máxima, donde lo que yo más sólido podía considerar, aquello que hundía mis raíces en la tierra más compacta, se ha desvanecido en un segundo ha dejado de ser duro para ser etéreo. Ya no es presente, se ha ido al pasado, que deja de existir.

Fue real en su instante eterno, pero ahora es una ilusión, una gran mentira, un magnífico engaño. Prometía grandes premios que nunca llegaron para quedarse, sino que ascendieron al cielo cual nube blanca. Cada pequeña mentira iba construyendo una burbuja gigantesca que ahora ha explotado sin dejar rastro más allá de una gota desconcertada. Era la luna llena que nos hacía sentir uno, ahora es cuarto menguante.

Hay dolor y sufrimiento. Donde había unidad ahora hay una separación artificial, social y de decisión, incomunicación e incompatibilidad. No quedan fuerzas centrípetas, solo las centrífugas. El alejamiento trae falta y ausencia, es un malestar físico casi real. A mi pequeño tigre le duele el cuerpo, y no encuentra su compota de manzana.

El sufrimiento bien entendido sirve básicamente para sufrir, pero también es una llamada al siguiente nivel de batalla. Tal vez es verdad que el ser humano no ha llegado aquí para dormir, sino para encontrarse y crecer.

Este crescendo tiene forma de viaje, y comienza cuando nacemos, incluso antes. Hay un momento en el que somos uno, vivimos en un paraíso donde todo es bienestar, somos bebés en el seno materno. No se carece de nada, no hay necesidades de ninguna clase.

Astutamente, por unas razones u otras, en un relámpago descubrimos la separación. Nos damos cuenta de que nosotros estamos separados de lo que no es nosotros. Octavio Paz lo llama la otredad y lo define como la escisión primordial y un sentimiento de confusión cuando perdemos la unidad del ser humano.

Si yo me identifico con mi cuerpo y no con el resto, me separo, me percibo aislado y desvalido, empiezo a tener miedo.

A partir de ahí, continuamos dividiendo, y nuestro yo se convierte en la separación de mente y cuerpo. Y empieza a hacer calor y frío, día y noche, risa y llanto, cóncavo y convexo, … todo es un conflicto entre opuestos. Para la separación construimos dos variables esenciales, el espacio y el tiempo, y categorizamos sin cesar entre aquí y allí, grande y pequeño, antes y después. Introducimos las nociones de grados, aspectos e intervalos.

Después de millones de categorizaciones, definiciones, vallas y fronteras, llegamos a la existencia en el mundo, al Samsara, tal como colectivamente lo conocemos, donde hay vasos de cristal y hormigón caliente. Allí, el hombre se encuentra perdido, pasmado, fascinado, aturdido y acomplejado, dividido entre el amor y el aborrecimiento de su universo de opuestos. Hay miedo, angustia y dolor.

Y empezamos a integrar. El camino de la expiación comienza cuando cambiamos de sentido, empezamos a romper las diferencias y en algún momento regresamos al nirvana donde aparece la conciencia de ser, la unidad otra vez, y ya no hay más separación. Conquistamos la paz y la serenidad.

Madurar significa derribar todas las vallas y los muros que con tanta devoción hemos levantado. Cuantas más separaciones, más vallas y más fronteras, más pequeño es el yo y más grande es lo demás. Por eso, empezar a romper la separación es percibido como ir creciendo el yo, conquistando terreno, y por tanto como un canto a la libertad.

Eros contra Tánatos. Podría haber habido amor incondicional y confianza, pero se unió a la escena el ego. A veces el camino de la sabiduría avanza y recibo puntos, otras veces retrocedo, como en el parchís mi ficha es comida y regreso a la casilla de salida. Como en un rito de iniciación, voy transcendiendo y evolucionando de nivel en nivel, empezando por el nivel cero, que llamo cobre.

El nivel cobre es la construcción del ego. En ella vamos creando el mundo tal como lo conocemos. Cuando queremos saber qué es una flor, la cortamos, la separamos de la naturaleza, creamos separación entre la flor y la no flor. En esta época, la conciencia de unidad no es más que una aberración, un estado alterado de conciencia, un algo que necesita corrección.

El cuerpo no es otra cosa que mi propiedad como mente. Puede deteriorarse y desintegrarse, es tercamente impermanente, y por tanto sucio y traicionero. El hombre busca lo inmutable y fijo, y construye su ego, una imagen de sí mismo, pero incierta, llena de aspectos infantiles, emocionales, racionales e irracionales.

Hay un desván de deseos e impulsos en el ego que son extraños, amenazadores y prohibidos, y yo decido esconderlos. Es el Dios Baco romano, del deseo, del vino, del resentimiento y de la noche. Se convierte en una zona enemiga, que niego, fuera de mí, separada. Es la sombra.

El nivel plata empieza cuando yo me hago consciente de mi insatisfacción ante la vida, la farsa social me pesa y empiezo a tener conciencia de realidades más profundas.

En esta fase me hago amigo de mi sombra, levanto la tapa del recipiente donde llevo mis secretos, y observo todos aquellos deseos y proyecciones escondidas. Permito mi depresión, ansiedad, abandono, vergüenza… y las estimulo. El no puedo se convierte en quiero, desaparecen los tengo que.

El nivel oro ve nacer al centauro (*), mitad hombre mitad caballo que representa la ruptura de la frontera mente cuerpo. El jinete no monta su caballo, sino que es uno con su caballo, no es una mente que controla su cuerpo, sino una unidad psicosomática.

Recuperar el cuerpo significa que yo no soy solo mi movimiento voluntario, ahora muevo el brazo, pero también lato el corazón y crezco el pelo. La enfermedad deja de poder existir.

Descubro que quiero deshacer mi Ego. Quiero fluir con la vida, identificar las señales que se me ofrecen, intuir mi destino y seguir lo que está escrito para mí, pero mi Ego se empeña en hacerlo diferente, en nadar contra corriente y en no creer en la confianza del amor. Mi Ego cree que sin él no hay salvación posible. Es agotador vivir desde el Ego, en un mar de duda y miedo.

El cuarto nivel, platino, supone adentrarme en mundos que no cumplen las coordenadas habituales, están más allá de su alcance. Jung, por ejemplo, encontró imágenes primordiales o arquetipos, es decir, estructuras mentales que son comunes a todos los individuos y culturas. Esa realidad es transpersonal. La conciencia se eleva sobre la mente, las emociones y el cuerpo, dejo de identificarme con ellos para llegar a ser una especia de testigo transpersonal.

En el platino, mis deseos, síndromes de abandono y resentimientos empiezan a relativizarse, ya no son cuestión de vida o muerte, porque en mí hay un ser más insondable y más primordial, a quien no afecta la sinusoide de cambios impertinentes, la insoportable levedad del ser. Se trasciende el dolor, las emociones y el miedo.

Toda sensación de separación desaparece. La separación ya solo puede entenderse como un error de percepción, no existía, era solo una forma equivocada que me llevaba a entenderme como ser carente y necesitado. Se subsana la separación y restituye la plenitud de la mente. Vuelvo a ser invulnerable al miedo. Tengo en mí la insuperable defensa eficaz contra todo pensamiento de separación.

El nivel diamante derrumba finalmente las fronteras restantes. La ola del mar se convierte en acuosidad. En la conciencia de unidad, no hay espacio ni tiempo, todo es intemporal, no hay testigo sino una simple luz.

Lo que parecía nivel diamante lleno de unidad y ausencia de tiempo, era una ilusión óptica que al desenchufar desaparece. Era una simulación muy creíble en un superordenador gigante con resolución muy detallada, super renderizada calidad premium, que se vuelve negra después de un cortocircuito en la red de energía. Era Matrix. No habíamos exhalado todavía la edad del cobre.

Dicen que el amor romántico es el último bastión del ego, y que solo su desapego es la última batalla antes de poder trepar la escalera del centauro. Ya veo crecer mis cuatro pezuñas con cascos sanos.

¡Galopa, caballo de pólvora!

(*) Ken Wilber, No Boundary: Eastern and Western Approaches to Personal Growth (La conciencia sin fronteras), 1979.


lunes, 3 de enero de 2022

El viaje de Manuel

 

Mi vida sigue siendo un viaje, con un comienzo y un ir construyendo instante a instante situaciones acumulativas. Nunca tejiendo sin hilo, de forma que cada acción tiene una influencia en la siguiente. A veces, como en el juego del parchís, la ficha vuelve a la casilla de salida. Otras veces, como en el juego de la oca, he caído en la cárcel. No todo va hacia delante, sino a veces se estanca y otras va hacia atrás.

No me gusta mirarlo en el tiempo ni en el espacio, son constructos que sirven en circunstancias, pero no para entender el viaje de la vida. La vida no es lineal, lo que ha pasado antes no es la causa siempre de lo que viene después, y lo que ocurre en un lugar es la consecuencia de lo que ocurre en otro. Una mariposa aletea aquí, y un muro se derriba allá.

Ponerlo en palabras es un reto, porque, aunque veo una conexión lógica, hay muchos de los episodios que pertenecen más al terreno de los milagros, donde el tiempo, el espacio y la lógica hacen aguas, aunque no por eso pierden su significado.

El antropólogo Joseph Campbell, después de analizar mitos del mundo, describe que todo viaje tiene una estructura común (*). Empieza por recibirse la llamada (algo en mí me dice que el camino va por allí) y sentir la resistencia (eso no es para mí, mejor me quedo en mi zona de comfort) hasta comprometerse. 

Lleva a la iniciación, cruzando el límite de la no vuelta atrás, y a la búsqueda de guardianes, de aliados, de compañeros. El clímax implica encarar y transformar a los demonios (esos monstruitos que se ponen en el camino), desarrollar el ser interior, desplegar nuevos recursos y herramientas, para transformarse en mariposa y, finalmente, volver a casa con el regalo para compartirlo.

En mi caso hubo una llamada, tuve la suerte de ser expuesto a ciertas experiencias que necesitaban una fuerza o vitalidad vital única. Además, como dice Eckart Tolle, la función del alma es despertar, que no he venido a este mundo a dormir. También se dice que, a una cierta edad, si puedes, sé, y si no, sigue actuando hasta que agonices de cansancio y aburrimiento.

Mi vida puede verse como una sucesión de crisis, visiones, y retos de supervivencia, que precisamente han desembocado en crecimiento, y lo siguen haciendo. Después de una pérdida, emana una fuerza vital que llama a la recuperación. Tras una herida, algo quiere ser sanado.

Todo esto me viene con inspiración, con alegría y con pasión, como cuando escucho a Beethoven y me inspira a entender sucesivas piezas estéticas de la vida. Tener un hijo recién nacido en mis brazos me ha llevado a querer irrevocablemente implantar mi poder arquetípico en la vida.

La llamada me viene siempre con esa mezcla orgásmica explosiva, de sufrimiento y alegría entreverados, al contrario de los sueños del ego para conseguir bienes o personas, utilizar y manipular, sueños que me vienen con vacío y tristeza. El alma solo quiere despertar, sanar, conectar y crear. Transcender, ser algo humildemente superior a ser normal.

Muchas veces me ha sonado a demasiado esfuerzo, a no saber, a falta de sentir que estaba preparado, y me he resistido a escuchar los signos de la vida. Familia, educación y sociedad han ayudado mucho a mi falta de capacidad de aceptación del reto. Bajo la insignia de la prudencia, la lógica, la gestión del riesgo, las expectativas y lo racional, se me ha transmitido que irrealizable y yo he visto prudente aceptarlo. Los demás lo han visto egocéntrico y yo me he creído mi falta de humildad.

Menos mal que la obstinación, como decía Hermann Hesse, la creatividad y la ayuda del cuerpo somatizando, han trabajado a mi favor. Mi cuerpo es sabio, y equivocarme de camino me ha hecho expresarme con un virus, un hueso fracturado, o el asma. Este es un buen ejemplo, porque he podido verlo como un hándicap, y también con agradecimiento, entre otros objetivos, me concedió evitar mi vida militar. No fue mi elección, la vida eligió y mi cuerpo lo canalizó posible.

Cruzar la barrera me ha abierto la puerta de nuevos derroteros, desconocidos, inciertos, impredecibles y sombríos. Al otro lado de la puerta, no hay zona de comfort, ahí es más difícil y doloroso.

Tener un hijo marca un punto de no retorno, es una decisión de por vida. Y en lo demás ocurre algo muy parecido, tomar la decisión significa quemar las naves y eliminar la posibilidad del retorno. Solamente queda una dirección y un sentido para la marcha, y es hacia delante.

Al otro lado de la puerta, las herramientas desarrolladas anteriormente, dejan de servir. Formas de reaccionar, modos de resolución de problemas, respuestas verbales, movimientos corporales, etc… se vuelven disfuncionales. La mente consciente se convierte en un saco de patatas inútil, y hay que cimentar nuevos recursos, rescatarlos del desván de la sombra y el inconsciente de la mente, y aceptar que vienen fuertes y funcionales, pero nunca sin parálisis, confusión y tembleque.

Recuerdo esconderme en la esquina de un sótano y llorar ante la imposibilidad de entender y poder reaccionar adecuadamente a la situación absurda pero real que la vida me presentaba. Estaba erigiendo nuevos recursos en mi vida, pero lo experimentaba con parálisis, confusión y tembleque.

Me es importante no hacer este camino solo, y rodearme de personas que me recuerdan quién soy y para qué estoy aquí. Estas personas tienen experiencia en los recursos que yo voy a necesitar, y me recuerdan que el viaje es posible, que no hay límites ni miedos. Son amigos, pero también profesores, superiores y mentores, y en algunos casos, gurús que me han enseñado herramientas básicas como la meditación, o personajes históricos como Mahatma Gandi.

Me he encontrado con muchos bloqueos, y nunca ha sido mi intención dominar ni destruir, sino como mi maestro Hector me enseñó, redirigir la energía procedente de ellos con sutileza hasta cambiar la dirección de su fuerza. Eso siempre ha implicado una transformación relacional, utilizando cada pequeña acción para transformarme a mí mismo y al mundo.

No es posible hacer esto sin conciencia, sin saber quién soy en cada momento, quién soy en esencia, pero, sobre todo, qué no soy ni nunca podría ser. Dejar que el vacío se apodere de mi mente para que pueda hablar mi intuición.

El orgasmo interesante de esta historia no es el final, por el contrario, son esos pequeños tenues y aparentemente etéreos momentos en los que han aparecido los bloqueos y se han lanzado transformaciones sustanciales.

Los bloqueos son externos reales, pero también internos y no por eso menos reales. Tienen forma de energía o fenómeno, pero obligatoriamente tienen algo en común, me dan miedo, me intimidan, y me producen ira, frustración, culpa, vergüenza, tristeza o sufrimiento, o todo a la vez.

Lo que hace difícil de resolver el problema es que el bloqueo es un espejo de mí mismo, y, aún con apariencia de crisis financiera, relación tóxica con un jefe, accidente de tráfico o enfermedad corporal, me enseña mi propia sombra, todos esos terroristas internos con los que convivo con dificultad, mis padres, mi exmujer o mi sensación de abandono.

Como siempre hay transformación, ha sido muy importante poder compartirla como profesor. He encontrado esa vocación o esa necesidad de transmitir a los demás mi viaje, y la oportunidad de aprender de los demás, más que de mí mismo.

Esta es la dinámica de mi vida. Me gusta vivir, salir, viajar, experimentar, exponerme, equivocarme, tener algunos éxitos y muchos fracasos, a la vez que todas esas experiencias ganadas necesitan digerirse en mí, y no tengo mejor digestión que compartirlas con los demás. Se dice que al cielo se entra en pareja, no solo.

Exijo compartirlo con todos. Primero con mi familia, aunque paradójicamente éste es el reto más delicado, porque nadie es líder en su propia tierra. Luego, con mis amigos y personas que confían en mí en los momentos espinosos de sus vidas, y a las que dedico tiempo y devoción a acompañar en su camino. “Nunca el juglar de la tierra tañe bien a fiesta”

“Nadie es profeta en su tierra” es un refrán de origen bíblico que implica la urgencia de abandonar el propio hogar y mi tierra para alcanzar algo. No soy excepción en haber intentado, dentro de mi propio entorno, aconsejar en función del bien común, y no he sido valorado por mi comunidad, no he alcanzado a reunir los medios para ser escuchado ni entendido.

De esta suerte, he emprendido camino fuera de mi lugar de origen, como según el evangelio de San Lucas, Jesús de Nazaret viajó 40 días en el desierto, para después regresar y anunciar el cumplimiento de las escrituras. Quienes bien le conocían, lo tomaron como una herejía y lo llevaron afuera para tirarlo al despeñadero. Él escapó de entre la multitud enardecida, y a partir de ahí, salió a predicar y sanar enfermos a Cafarnaúm, donde, allí lejos, sí fue escuchado y respetado.

También comparto mi experiencia en mis clases como profesor, donde, aunque tradicionalmente se pide un ámbito de comunicación unidireccional, en realidad es más que bidireccional, yo les transmito y ellos reciben, pero no se puede dar sin recibir, ellos me dan por lo menos tanto como reciben, y yo aprendo, como mínimo tanto como enseño.

Existe una Verdad con mayúscula, pero la vida es un camino, y esta Verdad toma diferentes formas a lo largo de la vereda. Lo que es verdad en un periodo, deja de serlo en otro. Por esto, enseñar no puede ser unidireccional, es escuchar activamente y percibir en qué momento de su vereda está cada persona en cada momento, para compartir la Verdad absoluta, pero en la forma de la verdad del momento.

Por ejemplo, en un acompañamiento de pareja, es cierto que tener conflictos con otra persona es una oportunidad de sanación, que se aprende mucho de uno mismo, que cada uno de esos conflictos son oportunidades de sacar de la sombra lo que uno proyecta, hacerlo consciente y empujarlo por el camino de la sanación.

Esto es Verdad, pero deja de ser verdad en otro momento del camino. Puede suceder que deje de haber conflicto, que la unión de pareja ya esté basada en el propósito conjunto de encontrar la Verdad, y que ya haya un caminar con el paso acompasado. Allí, el conflicto ya no es una oportunidad porque ya no tiene lugar.

El viaje supone aceptar que todos tenemos una historia que merece la pena ser vivida, y esto se da cuando además de una historia hay un proyecto, un propósito, un sentido, una aventura. Y no es un proyecto mío, sino un proyecto que la vida tiene para mí, y que ilumina un itinerario, un camino de crecimiento.

Como decía Teresa de Avila en “Las Moradas”, el camino tiene periodos de sequedad, un sentirse perdido que aparece en los inicios, pero también más tarde y en todo momento. La sensación es de no saber, no tener motivación a pesar de haber vivido momentos de efervescencia y de mucho enamoramiento.

En el camino hay sequedad, y es importante no perderse, pedir ayuda y dejarse ayudar. Vivir de las rentas, de un gusto del pasado no es suficiente para continuar. Caminar con los demás es un signo de madurez. Como el otoño y el invierno, que parecen oscuridad preparan para la primavera posterior luminosa.

El mayor obstáculo es la inconstancia. Sin aliciente fuerte, no es fácil perseverar. Sin fruto muy inmediato, es difícil encontrar la motivación para seguir. Volver a empezar y no rendirse es cuestión de vocación, eso explica la idea de que vivir me capta, me hace sentir bien, me hace respirar hondo. Sobre todo, a mí, caminar, conversar y meditar me ayudan a manejar estas infidelidades.

 (*) The hero´s journey: A voyage of self discovery, by Stephen Gilligan and Robert Dilts.

 

sábado, 1 de enero de 2022

Perdido en el mercado - Ecuanimidad

 

Soñaba que tenía 5 años y me había perdido en el mercado de Prosperidad. Mi madre estaba comprando y yo había salido a explorar. Veía muchos adultos yendo y viniendo, escuchaba mucho ruido, venían olores de todos los lados, no podía hacer sentido de dónde estaba ni dónde tenía que ir. Solo gritaba pidiendo una mano que me fuera de confianza y me sacara de aquel laberinto interminable.

Cuando me desperté, seguía en un mundo ruidoso, no podía hacer sentido de dónde estaba ni dónde tenía que ir, continuaba necesitando esa mano que me diera confianza y me guiase fuera del caos mundanal.

Ahora no la tengo, pero recuerdo que existía en mi mundo de niño. Había una mano que me llevaba y yo me dejaba llevar. Era muy bonito sentir ser guiado, poder casi cerrar los ojos y dejarme llevar.

A lo largo de los años, he buscado esa mano en muchas manos y pensado que podía confiar, pero me he equivocado muchas veces. El continuo cambio ha seguido siendo ruidoso y laberíntico, y yo seguía sin tener el mapa que me permitiría escapar.

La conclusión es la siguiente. Después de analizar altos, bajos, ciclos, cambios, transformaciones, mutaciones, evoluciones, decadencias, éxitos y fracasos, con suficiente repetición, empieza a aparecer una pregunta: ¿No habría otro modo transitar a través de la vida sin estar siempre atrapado dentro de estos altibajos? ¿Sin tener la sensación de estar siempre en vilo, en la cuerda floja? ¿No tendría el mercado una salida?

Sí la hay. Se llama armonía, estabilidad y equilibrio, la búsqueda de la unidad. Significa poner la atención en lo que siento en mi interior. Independientemente de lo que pase fuera,¿Cómo me siento en mi vida ahora mismo? ¿Cómo puedo conseguir que mis sentimientos respecto a mi vida no tengan fluctuaciones?

Si logro esta ecuanimidad, y recibo un regalo, no me pondría demasiado eufórico, ni tendría un subidón de felicidad, sino trabajaría el agradecimiento, con menor subida emocional. Si alguien me diera una mala noticia, en lugar de enfadarme y ponerme triste, dentro de mí no dejaría caer, intentaría permanecer.

Convertiría la onda sinusoidal de la vida en una línea plana. Seguiría teniendo sentimientos expresivos, pero sin esto querer necesariamente decir salirme de la estabilidad emocional.

En este estado estable puedo construir mi vida, puedo ganar un premio sin salirme de mi centro, puedo ser insultado sin perderme a mí mismo. Así soy inamovible, invulnerable.

¿Tu mano es mi mano?

jueves, 30 de diciembre de 2021

La tramoya del amor

El amor es una fuerza tan poderosa que es capaz de cambiar el mundo físico. El poder de la mente es valiente y tiene un impacto en el mundo tal como lo vemos. Nuestros pensamientos marcan una huella en los demás. En este sentido, cuando amamos con templanza, modificamos nuestra biología.

¿Qué pasaría en nuestras neuronas y órganos si miráramos con un microscopio mientras pensamos en amor? Desde la neurociencia, es un problema describir emociones y sentimientos, es más fácil buscar los ingredientes químicos que nos provocan ciertas emociones.

Hay sustancias transmisoras, los llamados neurotransmisores, que transmiten la emoción de una célula nerviosa a otra. Sabemos, por ejemplo, que cuando amamos, disparamos los niveles de la acetilcolina, la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, que son los que nos causan excitación.

Acrecentamos la cantidad de acetilcolina, que es como el deportista y el entrenador, lleva la excitación a los músculos y estimula las glándulas sudoríparas.

Aumentamos la serotonina, que es el diplomático y mediador, que regula la tensión arterial y el ritmo de sueño y vigilia. Con eso, causamos bienestar y felicidad, más allá que la que ya genera la mente en el enamoramiento. En el miedo, por el contrario, provocaríamos su disfunción y sería causante de migrañas.

Los neurocientíficos saben que el amor causa cambios biológicos en ciertas áreas cerebrales  que gobiernan el apetito sexual, en el hipotálamo, en las mujeres, en el núcleo ventromedial y en los hombres en el núcleo preóptico medial.

Con la mente, a través del enamoramiento, incrementamos los niveles de oxitocina. El efecto de liberar oxitocina es comparable a un opiáceo, excita y relaja. Se la llama «hormona de la fidelidad» y «hormona del vínculo». Un bloqueador de oxitocina acabaría con la fidelidad y nos volvería lujuriosos en conducta de copulación indiscriminada. Si se nos inyectase vasopresina, hormona parecida a la oxitocina, le encontraríamos el gusto a la fidelidad.

En situación de amor incondicional, la mente utiliza la oxitocina para que actúe como adhesivo de larga duración. En las mujeres desencadena el parto, determina el aporte de lactancia e intensifica la relación con el hijo. En la pareja, genera en las relaciones sexuales una unión de larga duración. Genera apego.

Además, el amor interviene en el córtex singular, región involucrada en la atención; en el sistema mesolímbico, que constituye una especie de centro de gratificación; y en las feniletilaminas, que permiten los sentimientos exaltados.

Extiende la dopamina, que estimula la euforia. Es estimulante y motivadora, regula la circulación sanguínea y el estado hormonal. En cambio, el desamor está relacionada con las psicosis, por ejemplo, un nivel extremadamente alto de dopamina tiene alta correlación con la esquizofrenia.

También la noradrenalina, que es un acelerador, aumenta la presión sanguínea y actúa en la excitación. El amor amplía los niveles de dopamina y noradrenalina a la vez que disminuye el de la serotonina, de efectos sedantes, lo que origina cierta sensación de vértigo. A todo ello hay que añadir una buena dosis de sustancias embriagadoras como la endorfina y el cortisol.

El efecto biológico se reduce al cabo de cierto tiempo; en promedio de tres a doce meses. Las relaciones duran más por el poder puro de la mente, porque a partir de ese momento, el éxito de la relación de pareja, se basa únicamente en el amor mental, y la única sustancia bioquímica que permanece es la oxitocina.

Se dice que Pasteur, químico, bacteriólogo y pionero de la microbiología moderna, consintió a su muerte en 1895 el concepto de homeostasis, que significa que las enfermedades las originan los microorganismos perturbando el trabajo de órganos y tejidos, pero que también incluyó la pregunta ¿si en nuestra sangre, en nuestro intestino, en nuestro cuerpo existen miles de millones de microbios, por qué unas veces nos enferman y otras no? El cuerpo se vuelve susceptible a los agentes infecciosos solo si se perturba el medio interno, la capacidad inmunitaria del organismo.

Este es el cimiento de la medicina china desde hace más de treinta siglos. El Taoísmo nos señala que la enfermedad se provoca por un estancamiento de la energía. Si la energía circulara libremente en el cuerpo, la enfermedad no podría enraizar.

Parecido ocurre en el amor. ¿si en nuestra sangre, en nuestro cuerpo existen miles de millones de neurotransmisores, por qué unas veces nos enamoran y otras no? Según el Tao, el amor se provoca por una ruptura de bloqueos en la energía. Si la energía circula libremente en el cuerpo, el amor puede enraizar.

Con este objetivo, en China se practican ejercicios que mantienen libre y armoniosa la circulación del Qi y la sangre, el Chi Kung y Tai Chi Yang. Elevan la frecuencia vibratoria, regulan la energía interna, sanan y posibilitan el enamoramiento.


miércoles, 29 de diciembre de 2021

Limpiar la casa - el ingenio y la tramoya de la proyección

El día es lo contrario de la noche, y no tiene sentido sin ella. Pensamos el mundo en dual, convertimos todo en relaciones de opuestos, y desde ahí comprendemos el mundo.

Hay veces que pequeñas cosas pueden desencadenar una crisis de pareja. ¿Qué es lo que no funciona correctamente? Se acaba solucionando por la calle del medio, poniendo el instante por delante del problema, creando conciencia de que el amor es superior a la circunstancia, y de que realmente no queremos la crisis. A pesar de ello, no está mal reconocer qué ha pasado y por qué.

El problema aparece a nivel del Ego, y no es en otro sitio donde debe estar la comprensión y la disolución del problema.

Un día, yo decidí, tuve el impulso de limpiar y ordenar la casa. Era el momento adecuado para remangarme, tenía la dosis de entusiasmo necesaria. Estaba en contacto con mi propio impulso, sin duda lo quería hacer. Por supuesto había una parte de mí que prefería salir a pasear al sol, pero el impulso de limpiar era mayor.

Recibí ayuda externa y ambos empezamos con devoción a preparar la fregona, el recogedor, las bayetas y los líquidos detergentes. Nos repartimos la tarea y nos miramos con la alegría de quien se entiende y se siente bien juntos, con complicidad.

Lo que pasó después fue el reconocimiento del desorden superior, y por eso empecé a reconsiderar la tarea. Parte del desorden tenía que ver fuera de su sitio objetos que representan para mí recuerdos, buenos momentos y muchas alegrías. Me empecé a entregar a ensoñaciones con lo que había experimentado en el pasado o lo que podría experimentar con ellos, y a ponerme nervioso.

Poco a poco el impulso empezó a dar paso a la alienación respecto al trabajo, a pensarme fuera del objetivo como un simple robot. Y empecé a proyectarlo. Empecé a construir el pensamiento, inconscientemente, de que alguien quería que yo pusiese orden, alguien externo a mí. Comenzaba a sentirme molesto con toda la actividad, nervioso, ansioso y acelerado.

Para poder ejecutar la proyección, solo necesitaba un candidato adecuado que retomase mi propio impulso proyectado, y así me olvidaría totalmente de mi propio impulso. Sabía, cada vez con mayor certeza, que otra persona me estaba presionando para la limpieza y tal presión no podía sino generarme ira.

La otra persona era la víctima perfecta. Desprevenida, ella inocentemente me preguntó si utilizar un líquido u otro, y yo grité algo impertinente. Un instante negro que se cerró con un cruce de miradas y un darse cuenta de lo ridículo del gesto.

Así, sentía que no era yo, sino ella, quien quería limpiar y ordenar. La protección estaba completada, el impulso no era mío, sino externo, suyo. Yo lo había proyectado, lo había colocado al otro lado de la verja, y desde allí parecía que me atacaba. Ella me estaba presionando. Obviamente, era mi propio impulso proyectado.

El impulso se había convertido en presión. Curiosamente, si yo no hubiera tenido el impulso, no podría haber sentido presión de nadie, simplemente habríamos decidido dejar la tarea para otro momento en el futuro.

Es bastante probable que ella también tuviese el impulso y estuviese ejerciendo presión, pero estoy convencido de que, si la causa no hubiera sido mi propio impulso, su presión me hubiera pasado desapercibida. Era una buena candidata para recibir mi proyección, pero no dejaba de ser una proyección. Perdí la ecuanimidad por causa de mis propias emociones.

¿Qué aprendo de esta vivencia? Que cuando me siento presionado, es porque tengo más impulso y energía de lo que creo. Me siento presionado significa tengo más impulso de lo que creía. Así, dado que está solo en mí y no en nadie más, es únicamente mi decisión si sigo el impulso o pospongo.

La proyección funciona siempre igual. Empieza por un impulso o un deseo de mí hacia los demás. Al proyectarlo, parece que viene de los demás hacia mí, como un boomerang. Mi propia energía me vuelve. No es que yo actúe, es que me siento empujado a actuar.

Eso es porque al nacer construimos una frontera artificial entre mi yo y mi no yo. Si desarrollásemos la conciencia de unidad, destruiríamos esa frontera ilusoria, y sentiríamos que somos uno con los demás. Mientras esté en el modo Ego, el ataque me viene desde fuera.

Hay otra característica que suele aparecer, siento que me falta aquello que proyecto. Si siento que no tengo impulso para limpiar, es porque tengo más de lo que me creo, pero lo escondo, lo ignoro, creo que no existe. Como antes, tiene que ver con la frontera ilusoria que tenemos creada entre yo y el no yo. Lo que yo soy disminuye, lo que yo no soy aumenta.

Otra característica más es que lo que proyecto lo defiendo enérgicamente, aunque sea una visión errónea de la realidad. Si alguien intentara explicarme que estoy proyectando, recibiría mi ataque, sería más fuerte mi necesidad de demostrar que mi proyección está ahí fuera amenazándome.

Es mi fuerte resistencia a admitir mi propia sombra, entendida como el conjunto de esos impulsos que se quedan en el inconsciente, que yo no alcanzo y que proyecto sin querer. Son aspectos que proyecto porque me disgustan, no soy capaz de aceptar que los tengo.

Por ejemplo, ¿Qué pienso cuando escucho reacción hacia el mundo gay? No es exactamente que quien lo lanza sea gay, pero sí que reconoce una cierta tendencia a ello, siente miedo y lo proyecta para intentar quitárselo de encima.  Reconoce una potencialidad de sí mismo que subrepticiamente le aterra, aunque sea netamente secundaria, y la proyecta hacia fuera.

¿Por qué decimos que alguien es estúpido, pervertido o inmoral? Porque algo hay que aborrecemos en nosotros mismos y que está relacionado con lo que rechazamos en él. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, dice el dicho popular.

De forma parecida, la sensación de “tengo que hacer el sacrificio por ti” puede llegar a ser visto como una obligación que me viene impuesta desde fuera. En tanto que impuesta artificialmente, puede convertirse en resentimiento y, a pesar de ser un fenómeno ilusorio, puede acabar en crisis. Se ha proyectado el deseo. Aunque si se careciese completamente del deseo de ayudar, no podría sentirse en absoluto obligado.

Se quiere ayudar, pero sin admitirlo. ¿Por qué no admitir algo bondadoso? En el fondo, debe haber un impulso paternal o maternal que no está debidamente interiorizado, que forma parte de su sombra. Al no verse por estar en la sombra inconsciente, se rechaza e intenta sacar.

De forma parecida, sentir que el mundo es un lugar hostil y lleno de violencia surge del mismo mecanismo de la proyección. En la sombra y no aceptada, y significa probablemente que hay una potencialidad de hostilidad en el individuo, que acabará, si no se crea conciencia, siendo proyectada.

Yo, sentirme rechazado, que los demás no me quieran, o sean críticos, viene de la mano de sentir que yo no tengo rechazo frente a los demás, soy cordial y no critico a nadie.  Hay una oposición de contrarios entre lo que pienso y mi inconsciente alberga. Pensar que yo carezco y los demás rebosan de ello, es un síntoma nítido. Si no me doy cuenta del juego, puedo potenciar la característica inconsciente mía y cada vez sentir más rechazo exterior, en un círculo vicioso, del que solo se sale creando conciencia.

Detectar la proyección es una maravillosa oportunidad de conocer mi mundo interior. La sombra se convierte en un síntoma. Estoy atento a cualquier elemento que me moleste, que me haga reaccionar emocionalmente. Lo diviso y lo observo.

Si analizo profundamente cada caso, cada momento en que algo me produce emoción, negativa o positiva, puedo llegar a convertir cada síntoma en su impulso causa. Convierto el “tengo que” en “quiero”. Por ejemplo, la presión en el trabajo significa que tengo el impulso de hacer mi trabajo con devoción. Es siempre una oportunidad de desarrollo.

En general, aunque suene absurdo, es buena práctica pensar siempre en el opuesto. Si odio a alguien, es bueno plantearme que le amo. Por muy extraño que parezca. Si me gusta algo, tal vez no lo soporto en mi sombra inconsciente. Toda acción tiene su opuesto, y ver ambos opuestos juntos es una excelente manera de llegar a la visión no dual de la realidad. La unidad viene como consecuencia de integrar los opuestos.

La mejor terapia para crear esta conciencia de la sombra y la proyección es el análisis transaccional, según Ken Wilber (*). La metodología mantiene la idea de inconsciente freudiano, pero lo integra con categorías más profundas del ser, siendo respetuoso con las intuiciones más recónditas humanas, permitiendo al maestro interior. Algunos de sus autores son T. Harris y Eric Berne.

(*) La conciencia sin fronteras – Ken Wilber.

Meditar la proyección, me lleva a la conclusión de necesidad de respeto hacia los demás. No me puedo olvidar de que el viaje hasta aquí ha sido acompañado por otras personas. Llegamos a limpiar y ordenar juntos porque estamos juntos en esto del desarrollo.

Además, había un maestro interior que nos guiaba el camino, todo esto no fue fruto del simple ego. No ocurrió porque el simple azar tiró los dados y salió el siete. Sucedió porque tenía que suceder.

Por eso, es mejor levantar la mirada y mirar cara a cara a los demás, porque en sus manos está la salvación. Desde la óptica de la proyección, detesto la arbitrariedad aleatoria de la otra persona porque la comparto con él o ella, y ambos juntos nos quedaremos en la arbitrariedad o conquistaremos el Cielo, nunca será posible el camino en solitario. Le miro con la inocencia nacida del perdón, y con confianza. Juntos levantaremos la mirada o no en absoluto.

En lugar de guardar resentimiento por el mal del otro, elijo aceptar el regalo que me hace. Mi enemigo es mi amigo. Lo acepto porque él o ella son los únicos que tienen la llave de perdonarme, como yo la de perdonarles. Será ofrecido y, a la vez, recibido.

Es sabio el consejo de que liberas al que perdonas y, al tiempo, participas de lo que das. Únete a él con alegría y elimina toda traza de culpa de su trastornada y angustiada mente.  Es la fuente de la paz, el descanso y la quietud.

martes, 28 de diciembre de 2021

La sexualidad

En términos tradicionales, la sexualidad es una cuestión biológica externa y no está sujeta a elección, así nacemos, así hacemos. La sexualidad se ejerce, requiere exploración, nos mueve hacia la búsqueda del placer.

Me está cambiando la sexualidad y creo que tiene que ver con desde dónde la practico. Tiene mucho que ver con la relación que yo tengo con mi propio cuerpo, pero sobre todo con quién soy. ¿Soy yo mi cuerpo? ¿Me identifico con mi cuerpo? ¿Mi identidad está fundamentada en lo que mi biología es capaz de hacer?

Tiene que ver con mis creencias. ¿Qué es lo que yo considero valioso? ¿Tener razón? ¿Competir en el juego culpa-ataque? ¿Siento atracción por la culpa? ¿El poder? ¿Las posesiones? La sexualidad tiene una parte que es una expresión de estas creencias.

Crecer y desarrollarse viene muchas veces asociado a irse del cuerpo para llegar al espíritu, y nos parece erróneamente que desarrollarnos significa obtener paz a cambio de sacrificar el placer que el cuerpo nos proporciona.

Crecer es más, es encontrarnos con nuestro propio ser, una vez retirados los velos que lo esconden, y que tienen que ver con los miedos, las creencias y esa intelequia que llamamos ego. Y hacerlo a través del cuerpo y del placer, convirtiéndolos en un medio.

Crecer es el viaje del héroe que recorre Indiana Jones. Se arrodilla ante las fuerzas superiores de la naturaleza. Esto le da fuerzas para cruzar un puente, o cualquier otro reto. Solo al final del camino, puede tomar la copa de la vida, que no es de oro, sino la de un carpintero, la copa de su ser. Se ha encontrado a sí mismo.

Desde el realismo subjetivo, yo soy quien conoce el mundo, el cual, no tiene entidad real fuera de mí, sino que es uno para cada persona. Lo existente es una creación, un reflejo, una manifestación, de algo no material, real, no físico, ni químico ni biológico: es el caso de las ideas en Platón en el Mito de la Caverna, la Idea Absoluta en Hegel, el mundo de voluntad y la representación de Schopenhauer o la subjetividad de los individuos en el constructivismo.

Tampoco el cuerpo existe, es una simple proyección de nuestra mente, y por tanto no es capaz de producirnos placer. El placer está en nuestra mente, no viene de nuestro cuerpo. El cuerpo es un medio que abraza y besa, pero todo está en la mente, no en el cuerpo.

No se trata de sacrificar la esperanza de recibir placer del cuerpo. Por el contrario, el placer del cuerpo es una sombra de la plenitud del ser, me transporta a lo eterno, fluyo a través de todo lo demás.

Yo deseo eso, encontrar la paz a través de lo eterno que hay en mí. No quiero el dolor de la culpa. Elijo la sexualidad diferente con la relación apropiada, para poder compartirlo, para que nos ayude en nuestro camino hacia lo eterno.

Juntos podemos superar cualquier obstáculo, nos encontramos ya dentro del portal. Podemos pasar todas las barreras, porque nos hemos unido a lo ilimitado. Es el fin de la culpa.

Yo soy un vagabundo en busca de paz. Quiero paz y serenidad. Y la he buscado donde ahora veo que no había. Existe una sexualidad basada en la escasez. Me falta algo, tengo miedo a que me falte, y lo lleno de sexualidad. Ahora veo lo que he experimentado, que identificarme con mi cuerpo es una invitación al dolor, aunque haya placer, ambos se confunden.

El Ego dice que el placer corporal es felicidad, pero también susurra: Es la muerte. Proporciona sensaciones que empiezan y se acaban, que alegran pero que también pueden frustrar, son incompletas a veces.

Ocurre para satisfacer una pulsión física. Satisfacer algo que va a morir, que llamamos placer. Es una ilusión de placer que es dolor. Lo que anhelamos es sentir la plenitud, que no es carente, que no necesita algo que le estimule. Algo que es la misma fuente ya.

Desde un punto de vista Advaita Vedanta, el Ego te incita a que proyectes tus resentimientos, intentando expulsarlos de ti, para que te puedas liberarte a ti mismo. Para convencerte de que esto es posible, le ordena al cuerpo que busque dolor en el ataque contra otro. Lo llama placer y te lo trae en bandeja de oro como liberación del sufrimiento.

Y así se usa parte de la sexualidad. Desde el Ego, se ve al cuerpo como un objeto. Un objeto que me satisface. ¿Cómo? Tratando de liberarnos de la culpa. Sucumbir a la atracción de la culpabilidad es la manera de escaparse del dolor. Ojalá funcionase, pero el dolor no desaparece. Identificarse con el cuerpo supone que en algún momento se va a producir una traición en alguna forma.

Hay una desconexión, una desunión, que hace se convierta en un ataque, en algo doloroso, que puede derivar en una sexualidad muy desconectada. Estoy dándole valor a ese placer físico que creo me va a liberar, pero desde ese lugar es un ataque, estoy separado del otro.

Cuando la sexualidad es desde la disposición del sistema de pensamiento Ego, hay un cansancio y unas ganas de dormir. Ese descanso no es paz.

Necesitamos reprogramar el valor que le hemos dado al cuerpo y a la sexualidad. La única forma de romper este círculo vicioso es soltar. Ahí está la armonía celeste. Es una experiencia distinta. Una relación es soltar las experiencias para abrirse a nuevas experiencias. Lo que te dolía te deja de doler, eso es perdonar.

¿Por qué razón es el cuerpo tan importante? Llego a la conclusión de que es un simple medio de comunicación. Transmite las sensaciones que yo deseo, como cualquier otro medio de comunicación, solo transmite los mensajes que se le da.

Como a Miguel Strogoff, quien portaba un mensaje del zar en el que se advertía de la invasión tártara, los contenidos de los mensajes le son completamente indiferentes, su función es tomar un papel aquí y dejarlo en otro lugar en un determinado momento.

El acto íntimo puede ser un acto de comunicación, donde no es la sensación física lo que es altar, porque la mente no está interesada en identificarse con eso. Es identificarme con la unión.

Desde la comunicación, ocurre la vida. No es cansancio, es vida. No dan ganas de dormir, sino el reconocimiento que el universo solo se regula mediante las leyes universales y no las mundanas. Es un acto de comunión en el que el cuerpo va perdiendo importancia, hasta desvanecerse.

Reconozco que tal solo con mirarte ya estamos en ese lugar de unión, no necesitamos el cuerpo. Es un reconocimiento de nuestro ser, plenitud y felicidad.

Cuando te veo desde lo más profundo del corazón, pasando por alto las formas, aparece otra experiencia, ahí es diferente. El Maestro interior, reinterpreta, conduce a la inocencia, a casa.

Nos dice el Tao que un hermano es todos los hermanos. Cuando dos personas se unen en esa relación santa, todo el universo está ahí.

Los impulsos físicos sexuales son impulsos milagrosos distorsionados. Cada vez que se dispara la libido, es un anhelo de unión, de amar, de fusión, de ser, pero que se distorsiona en la expresión física. Ahí vemos la inocencia y podemos reconducirla.

Cada vez que lo siento, siento que necesito algo, necesidad, deseo, necesidad, porque soy carente. Pero yo no soy un ser carente. Eso no puede ser verdad, soy un ser pleno, respiro, ¿qué hay aquí? Hay paz. Para investigar cada uno.

Si siento pulsión sexual y no puedo, mi mente no está entrenada ahí, y tengo un desahogo físico, es fundamental que no me sienta culpable por ello. No es nada malo, se va a redirigir mi mente, sin dar importancia a los momentos intermedios. Es como tomarse un café.

Crecer es soltar el especialismo, que todo sea lo mismo, soltarse. Desapegarse.

Amar supone trascender la separación entre seres a través de la sexualidad. Tu no amas al otro, tú eres el otro. Como dice Ramana Maharshi, un jivanmukta, un hombre liberado, hindú, del siglo XIX, no hay otro. Estar iluminado es escuchar al maestro interior, la voz que te dicta, el espíritu santo. Liberarme es ver al otro como parte de mí mismo.

Es el éxtasis, que va mucho más allá del orgasmo, es el momento de disolución en el otro. En India, se llama el samadhi, la integración total, la unión de sujeto y objeto.  Ahí, cesa la fluctuación de la mente y experimento el flujo único de mi conciencia, doy sin expectativas, me doy totalmente al ser, sin miedo a pérdidas, porque todo está en mí.

Solo existe encuentro y presencia constante en cada momento. No tengo que buscar porque no soy un ser carente, no necesito que nadie me complete. No necesito mi media naranja porque tú eres yo y yo soy tú.

El orgasmo biológico lleva escrita su propia muerte, explota todo el sistema energético para morir al hacerlo. Pero su salvación también está escrita, y consiste en revertir toda su fuerza en la unión con la energía vital y disparar un estado ampliado de conciencia.

Consiste en mantener sostenidamente la energía preorgásmica, como si durante un instante infinito estuviéramos a punto de tener un climax. Esto une no solo en el cuerpo físico, sino también en la mente y las emociones, es la unión de las almas en coherencia con el amor universal.

Lo que empieza en una mirada clara, una sonrisa luminosa, el contacto cálido, la caricia amable y el beso sutil, continúa manteniendo el placer, como avivar el fuego sin quemarse.

La energía sexual se llama Kundalini, y el orgasmo tiene por objeto llegar a un estado energético acumulativo que es necesario para despertar el libre flujo por todos los centros de energía del organismo, los chakras.