El amor es una fuerza tan poderosa que es capaz de cambiar
el mundo físico. El poder de la mente es valiente y tiene un impacto en el
mundo tal como lo vemos. Nuestros pensamientos marcan una huella en los demás. En
este sentido, cuando amamos con templanza, modificamos nuestra biología.
¿Qué pasaría en nuestras neuronas y órganos si miráramos con
un microscopio mientras pensamos en amor? Desde la neurociencia, es un problema
describir emociones y sentimientos, es más fácil buscar los ingredientes químicos
que nos provocan ciertas emociones.
Hay sustancias transmisoras, los llamados neurotransmisores,
que transmiten la emoción de una célula nerviosa a otra. Sabemos, por ejemplo, que
cuando amamos, disparamos los niveles de la acetilcolina, la dopamina, la
serotonina y la noradrenalina, que son los que nos causan excitación.
Acrecentamos la cantidad de acetilcolina, que es como
el deportista y el entrenador, lleva la excitación a los músculos y estimula
las glándulas sudoríparas.
Aumentamos la serotonina, que es el diplomático y
mediador, que regula la tensión arterial y el ritmo de sueño y vigilia. Con
eso, causamos bienestar y felicidad, más allá que la que ya genera la mente en el
enamoramiento. En el miedo, por el contrario, provocaríamos su disfunción y sería
causante de migrañas.
Los neurocientíficos saben que el amor causa cambios biológicos
en ciertas áreas cerebrales que gobiernan
el apetito sexual, en el hipotálamo, en las mujeres, en el núcleo ventromedial
y en los hombres en el núcleo preóptico medial.
Con la mente, a través del enamoramiento, incrementamos los
niveles de oxitocina. El efecto de liberar oxitocina es comparable a un opiáceo,
excita y relaja. Se la llama «hormona de la fidelidad» y «hormona del vínculo».
Un bloqueador de oxitocina acabaría con la fidelidad y nos volvería lujuriosos en
conducta de copulación indiscriminada. Si se nos inyectase vasopresina, hormona
parecida a la oxitocina, le encontraríamos el gusto a la fidelidad.
En situación de amor incondicional, la mente utiliza la
oxitocina para que actúe como adhesivo de larga duración. En las mujeres desencadena
el parto, determina el aporte de lactancia e intensifica la relación con el
hijo. En la pareja, genera en las relaciones sexuales una unión de larga
duración. Genera apego.
Además, el amor interviene en el córtex singular,
región involucrada en la atención; en el sistema mesolímbico, que
constituye una especie de centro de gratificación; y en las feniletilaminas,
que permiten los sentimientos exaltados.
Extiende la dopamina, que estimula la euforia. Es estimulante
y motivadora, regula la circulación sanguínea y el estado hormonal. En cambio,
el desamor está relacionada con las psicosis, por ejemplo, un nivel
extremadamente alto de dopamina tiene alta correlación con la esquizofrenia.
También la noradrenalina, que es un acelerador, aumenta
la presión sanguínea y actúa en la excitación. El amor amplía los niveles de dopamina
y noradrenalina a la vez que disminuye el de la serotonina, de efectos
sedantes, lo que origina cierta sensación de vértigo. A todo ello hay que
añadir una buena dosis de sustancias embriagadoras como la endorfina y
el cortisol.
El efecto biológico se reduce al cabo de cierto tiempo; en
promedio de tres a doce meses. Las relaciones duran más por el poder puro de la
mente, porque a partir de ese momento, el éxito de la relación de pareja, se
basa únicamente en el amor mental, y la única sustancia bioquímica que
permanece es la oxitocina.
Se dice que Pasteur, químico, bacteriólogo y pionero de la
microbiología moderna, consintió a su muerte en 1895 el concepto de homeostasis,
que significa que las enfermedades las originan los microorganismos perturbando
el trabajo de órganos y tejidos, pero que también incluyó la pregunta ¿si en
nuestra sangre, en nuestro intestino, en nuestro cuerpo existen miles de
millones de microbios, por qué unas veces nos enferman y otras no? El cuerpo se
vuelve susceptible a los agentes infecciosos solo si se perturba el medio
interno, la capacidad inmunitaria del organismo.
Este es el cimiento de la medicina china desde hace más de treinta
siglos. El Taoísmo nos señala que la enfermedad se provoca por un estancamiento
de la energía. Si la energía circulara libremente en el cuerpo, la enfermedad
no podría enraizar.
Parecido ocurre en el amor. ¿si en nuestra sangre, en
nuestro cuerpo existen miles de millones de neurotransmisores, por qué unas
veces nos enamoran y otras no? Según el Tao, el amor se provoca por una ruptura
de bloqueos en la energía. Si la energía circula libremente en el cuerpo, el
amor puede enraizar.
Con este objetivo, en China se practican ejercicios que mantienen
libre y armoniosa la circulación del Qi y la sangre, el Chi Kung y Tai Chi Yang.
Elevan la frecuencia vibratoria, regulan la energía interna, sanan y posibilitan el enamoramiento.
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