Me enamoro, eres la luz de mi
mundo. Cuando estás conmigo, se ilumina mi corazón, tiene sentido la vida y el
mundo es una ilusión, un sueño ajeno a mí. Siento el amor refulgir sobre mí.
¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Hay que aceptar que el amor no necesita apenas definición, solo los místicos y los poetas lo han intentado y han confeccionado hermosos juegos de pensamientos que, al final, caen en el peligro de alejarse del objeto a definir. Porque no se puede hablar fríamente de lo que no se siente en la intimidad de tu corazón.
Corresponde casi exclusivamente al absolutamente maravilloso mundo de la intimidad del ser humano, por eso es tan difícil su definición.
Cuanto más nos queremos acercar a
él, puede que se distancie más. Y, en cualquiera de los casos, si no va
acompañado de una práctica desinteresada y generosa, se puede convertir en una
nebulosa fantasmal que se disipará antes que quede algo más allá de la nostalgia
de un recuerdo, bello pero efímero.
Aunque no es menos cierto que,
por muchas que sean las dificultades, hay que seguir persiguiendo a ese ser
amado, siempre, toda la vida. Porque eso, simplemente, nos hará mejores.
En Cuba, escuché una historia que me conmovió. Un hombre regresa de un
viaje de negocios. Su mujer le espera en el hogar que ambos han alimentado.
Regresa tarde en la noche y la mujer ya duerme. Podría llamar al timbre y
despertarla, sin embargo, decide recostarse en el quicio de la puerta hasta que
por la mañana temprano ella despierte, salga y allí lo encuentre.
¡Qué bella demostración de amor
cuidar a otra persona por encima de uno mismo, dejarle a ella dormir a costa de
estar incómodo uno mismo!
Cuentan que los lobos, cuando
caminan en la nieve, lo hacen en fila. Curiosamente, siempre dejan a los
miembros más viejos o enfermos caminar delante, para que ellos decidan el ritmo
de la manada. Esto es Ubuntu, el bien común delante del bien individual. Es una
muestra de amor y agradecimiento por los años pasados de apoyo al grupo.
Leí un micro-cuento: “Ayer en
Madrid todos amanecieron con azúcar en los labios. Solo lo supieron aquellos
que se besaron”. Qué tierno mensaje en qué contenido tan profundo. El amor está
en el aire, existe en nosotros, pero no siempre le abrimos las puertas, le
permitimos que se exprese, actuamos en su nombre.
El amor llega libremente a todos, es lo que significa ser humano, está simplemente a nuestra disposición por haber nacido.
El universo del amor no se detiene porque yo no lo vea, ni mis ojos han perdido la capacidad de ver por el hecho de estar cerrados. El amor aflora de inmediato en cualquier mente que de verdad lo desee, pero tiene que desearlo de verdad.
Sentir amor para mí es
transportarme a un momento, a un instante extraordinario, en el que desaparece
el tiempo. Pasan las horas sin darme cuenta. Me impresiona sentirlo, es como viajar
a un universo paralelo, diferente, separado.
Recuerdo a mis hijos, y mi
relación con ellos es diferente a cualquier otra cosa. Por ellos daría mi vida,
prefiero yo ponerme enfermo a que se pongan ellos. Entraría yo en el quirófano
en su lugar si eso fuera posible. Ahí está mi lugar favorito, no es una
sensación de este mundo.
En la realidad del amor, todo
ocurre de forma diferente. Por ejemplo, tengo una pesadilla. En ella, tengo 6
años y mi madre me castiga en el cuarto de baño con la luz apagada. Yo grito e
imploro perdón, yo no he hecho nada, y tengo miedo, mucho miedo. Querría tener
una madre que me sacase de ahí, me abrazase y me diera amor y confianza en mí
mismo.
Puedo albergar un resentimiento o
por el contrario, verlo desde una óptica diferente, desde el amor. Puedo ver a
mi madre en un momento de supervivencia, en su camino de expiación, sintiendo
dolor por haberme castigado, aprendiendo ella misma de la situación, viendo la
luz a través de mí. No la condeno, es parte de mí, yo soy hijo y ella es madre,
pero somos solo dos participaciones de la misma realidad, el universo. La
perdono, porque no hay pecado, porque no hay nada que perdonar. Elijo verlo desde el amor.
Julio Cortázar escribe: “Y
después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se
perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son”.
Expresa con precisión la idea de que vivimos dos vidas paralelas, una donde reina
el amor, y otra donde reina el miedo y el ego.
Entiendo el ego como ese constructo que nos inventamos al nacer. Le ponemos nuestro nombre de pila y le asociamos propósitos artificiales. Poco a poco, cada ladrillo es la consecución de alguno de esos propósitos, hasta que un día es un castillo de 12 plantas exhuberante. Nos identificamos con él y nos olvidamos de quién somos en realidad.
El amor no puede ser comprendido
por el ego, son dos realidades diferentes. Muchas veces se percibe solo un
conflicto, por un lado, el sentimiento de amor y por otro la lógica del mundo. La
razón y el corazón ven distinto. Sin el ego, todo sería amor.
Augusto Monterroso escribe: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Vivimos dos vidas, una es realidad, otra es un sueño, ¿cuál es cuál? La del dinosaurio. La de verdad es la del amor. La ensoñada es un mundo de miedo, resentimientos, culpas y ataques.
Cuando despierto al amor, estoy simplemente olvidando lo que no soy, lo cual me permite recordar lo que sí soy. Qué no soy? Toda esa maraña de cables de resentimiento y atraque en la que me he encontrado viviendo. Qué soy? Amor.
Por
eso es tan difícil volver al mundo después de hacer el amor, por eso te sientes
tan desubicada después de amar. Quizás algún día me decida a dejar de volver al
mundo y me quedaré en la realidad del amor.
Jairo Aníbal Niño escribe: “Un
día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la
arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo
en un espejismo”. Construimos un mundo de ilusión, intelequia e invención,
dicen que empezamos a inventarlo después del parto en ese momento de dolor,
donde hay que respirar, hace frío y mucha luz. A veces mucho tiempo después, un
día despertamos para reconocernos en el amor. Solo el amor tiene sentido como
realidad irrefutable.
Ana María Shua escribe:
“Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño.
Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy
obstinado me sigue soñando”. Una es y uno sueña que es. El amor es despertar,
es asistir a un rayo de luz, que una vez percibido no tiene vuelta atrás.
Los biólogos del siglo XIX
estaban equivocados cuando explicaban las teorías darwinianas como competición.
Según la teoría de la evolución biológica por selección natural, las especies
sobreviven porque están más alineadas con el entorno en el que deben vivir. Una selva donde sobrevivir es competir y pisar al prójimo. Así, la selección natural hace su función y descarta a los individuos menos
preparados, pavimentando la autopista para los más adecuados.
Hoy la biología acepta la idea de
que la adecuación tiene que ver con la colaboración, con cuánta cooperación el
individuo es capaz de convivir. No sobrevive el más inteligente, sino el más
cooperador, el que es capaz de trabajar mejor en grupo, el que se entiende
parte de una comunidad y ve sus objetivos privados unificados con los objetivos
de la comunidad y cada uno de sus miembros.
Dicho de otra forma, el amor y la
paz son más adecuados que la competición, el ataque y el miedo. Sobrevive quien
se ama a sí mismo y extiende su amor.
Luis Felipe Lornelí escribe: “-¿Olvida usted algo? – Ojalá”. El amor es vivir el presente, y por tanto olvidar el pasado. Que pase el tiempo sin darme cuenta. El pasado es un sueño que habla de miedos y de resentimientos.
En el presente uno no se siente culpable de nada, se sobrepasa la
culpa, es amor en esencia. Cuando todo lo que retenga en la memoria sea digno
de amor, no habrá ninguna razón para que siga teniendo miedo. El amor crea para
siempre, aunque no en el tiempo.
Yo percibo que todo lo que
procede del amor es un milagro, transgrede todas las leyes de la lógica, el
tiempo y el espacio. Es un microsegundo que parece horas, y horas que parecen
un microsegundo. Todo pensamiento amoroso que se pueda tener es eterno. No hay
aquí y allí, la distancia se deforma inexplicablemente, porque los opuestos no
caben dentro del amor. La realidad del amor no puede ser dual.
¿Cuánto dura un instante? Dura el
tiempo que sea necesario para re-establecer la perfecta cordura, la consumada
paz y el perfecto amor por todo el mundo y por ti; el tiempo necesario para
recordar la inmortalidad; el tiempo necesario para intercambiar el infierno por
el Cielo. Dura el tiempo suficiente para poder trascender todo lo que el ego ha
hecho.
Franz Kafka escribe: “Una jaula
salió en busca de un pájaro”. El amor es libertad, la jaula es el miedo
en busca de alguien libre para encarcelarlo. Yo no soy ese mundo de cuerpo,
ataques y resentimientos, soy libertad.
El amor no limita, y lo que crea
no está limitado, por eso dar desde el amor es dar sin límites, es lo único que
puede brindarme dicha. Mi amor es tan ilimitado, ¿Cómo iba a ser posible que
una parte del universo estuviese excluida de mi amor o que una parte de mi amor
pudiese ser restringida?
Según concedas libertad, serás
liberado. De lo contrario, el amor será incapaz de encontrarte y ofrecerte
consuelo.
Es imposible alcanzar el amor sin tener confianza. La falta de confianza
siempre limita y ataca; la confianza desvanece toda limitación y brinda
plenitud. La falta de confianza siempre destruye y separa; la confianza siempre
une y sana. Tener confianza es sanar.
La poesía y la experiencia
directa de la vida tienen mucho más que decir del amor que yo. Soy incapaz de
describir el significado del amor, pues está más allá de lo que se puede
enseñar. Lo único que puedo hacer es describir los obstáculos que me impiden
experimentar la presencia del amor, a pesar de que es mi herencia natural.
Siempre experimento que el amor no puede sino extenderse. Una vez que yo estoy en mi centro, desde el amor, este amor se extiende hacia afuera, simplemente porque no puede ser contenido. Nunca deja de fluir porque es ilimitado.
Hay que confiar, pero una
vez en la confianza, es bello reconocer que el amor a uno mismo, sin querer,
sin poder impedirlo, empieza a dibujar círculos concéntricos desde uno hasta
los demás y hasta el infinito. Sin extensión no puede haber amor. Por medio de
nuestras creaciones extendemos nuestro amor.
El obstáculo al amor es el miedo.
Si me muevo con miedo, mis pulmones se comprimen, se me arquea la espalda, veo
peligros y riesgos, y me asusto; sin embargo, si actúo desde el amor, se me
abre el pecho, bajan las pulsaciones, se despeja la duda, se reavivan los
colores, me emociono de alegría por cualquier detalle y me siento uno con los
demás.
El miedo procede de una falta de
amor, es el amor perfecto quien expulsa el miedo. Si hay miedo, es que no hay
amor, por eso el miedo no es nada realmente y el amor lo es todo. No me cuesta
nada hacer el cambio, desde el miedo, un segundo de chasquear los dedos y ya,
estoy en el amor.
Hay algunas creencias que
me paran de actuar irremediablemente así, y que necesito urgentemente
modificar. Honestamente, a veces me es más difícil decir "te quiero” que
"te odio". Asocio el amor con la debilidad y el odio con la fuerza, y
parece que el verdadero poder es realmente la debilidad. Estaría desamparado en presencia del amor, y
quiero salvarme del amor porque creo que éste me aniquilaría. Tengo miedo de
que pueda alejarme completamente de mí mismo y empequeñecerme porque creo que
la magnificencia radica en el desafío y la grandeza en el ataque. Detrás de
esto no está más que mi necesidad de pedir ayuda.
Éstas son algunas de mis
experiencias cuando siento amor. Veo que el amor es todo o no es nada,
no existe tal cosa como un poquito de amor, o un amor más difícil que otro, no
hay escalas de amor. Es como acercar un bolígrafo al papel, o escribes o no escribes,
no hay escalas de grises en esto. El amor es incapaz de hacer excepciones, sólo
si hay miedo parece tener sentido la idea de las excepciones, son
amedrentadoras porque las engendra el miedo. O estás embarazada o no lo estás. El
amor produce alegría, el miedo no, no hay intermedios. Una lealtad parcial es
imposible.
Actuar desde el amor me hace invulnerable,
me ofrece la ecuanimidad necesaria ante cualquier falta de paz procedente de
afuera. Por mucho que perdone, sigue habiendo ataques del mundo de fuera, y
vienen cuando menos los espero y en la forma que menos espero. Toneladas de
ecuanimidad me permiten visualizar esos ataques entrando por un oído y saliendo
por el de enfrente. Y dejando tanta paz como se llevan, irónicamente hablando. Por
eso, recordar el amor, me trae invulnerabilidad.
El amor no se construye y no se
encuentra. El amor incondicional se da solo, no hay que ganárselo, no se
consigue con méritos, es aceptación y no se rige por virtudes ni defectos. No
espera nada a cambio, ni dolor, ni ingratitud, ni felicidad. Es o no es.
Para ganar tienes que dar, no
regatear, pues regatear es imponer límites en lo que se da, y eso no es. Yo
recibo dones, una puesta de sol, un cielo dramático en Madrid, un sorbito de
agradecimiento, pero no recibo regalos en modo alguno limitados. Tampoco mis regalos
pueden ser limitados.
La solidaridad no es más
que un pálido reflejo de un amor mucho más poderoso y todo-abarcador. Sentirse
uno con los demás es la verdadera expresión del amor. Podría pensar en el amor
que los animales sienten por sus crías y en la necesidad que sienten de
protegerlas. Se debe a que las consideran parte de sí mismos y nadie repudia lo
que considera parte de sí mismo. Ubuntu.
La sanación significa
reinterpretar todo lo que percibes como temible y reconstruirlo como amoroso y
cierto. Cuando te decides a hacer este
intercambio, reemplazas simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la
crueldad por el amor y el dolor por la paz. Consiste únicamente en desatar las
cadenas que aprisionan tu voluntad para liberarla.
Tu ego no puede aceptar esta
libertad, y se opone a ella siempre que puede y en cualquier forma que puede. Todos
los pensamientos no amorosos tienen que ser des-hechos, palabra ésta que el ego
ni siquiera puede entender. Hiciste el ego sin amor, y él no te ama.
Construimos un castillo para mirar desde la altura, y con él también nos separamos del mundo, nos vemos diferentes, sobre nuestro propio pedestal. Tan orgullosos como nos sentimos, nos damos cuenta que nos hemos dejado al amor en el camino.
La salud del cuerpo
también es el resultado de abandonar todo intento de utilizar el cuerpo sin
amor. Igualmente, la salud es el comienzo de la correcta perspectiva con
respecto a la vida bajo la dirección de mi Maestro Interior, que sabe lo que
ésta es, al ser la Voz de la Vida Misma. La decisión de despertar refleja la
voluntad de amar, puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por
el amor.
El amor, como formulaba Johann
Wolfgang von Goethe, “Liebe will ich liebend loben, Jede Form, sie kommt von
oben”, viene de arriba, y yo soy solo el medio a través del cual se
expresa. No lo puedo aceptar nada más como mi voluntad, pues, veo el amor en mí
y lo veo en todas partes porque está en todas partes. Veo su abundancia en
todos, ellos forman parte de mí, tal como yo formo parte del Todo.
Examino el mundo que he fabricado
y juzgo su valor imparcialmente. ¿Es quizá digno de ser lo que merezco?
¿Protege tal mundo mi paz e irradia amor? ¿Evita que mi corazón se vea afectado
por el miedo, y me permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación de
pérdida? ¿Me enseña que esa forma de dar es mi dicha? Ése es el único ambiente
en el que puedo ser feliz.
Una vez conquistado el amor
propio, se extiende, comienza la relación con los demás, ellos y ellas lo
notan, ven el cambio. ¿Cómo entiendo yo el hecho de que alguien me ataque?
¿Cómo reacciono cuando percibo deslealtad, bulling, o simplemente soy ignorado?
Ser vulnerable me trae la
enfermedad, por eso con otras personas intento nunca ponerme de parte de
la enfermedad en presencia de ellos. Nunca me pongo a su nivel de miedo, por
mucho que él o ella crean en su enfermedad y su miedo, que lo vean como
absolutamente reales. Creer que un ser está enfermo es adorar al mismo ídolo
que él adora, pero yo creo en el amor, no en la idolatría.
Poli Délano escribe: “Verse y
amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados.
Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro”. Hay un
amor que no es tal, sino codependencia, donde uno tiene necesidades falsas
perfectamente compatibles con las necesidades falsas del otro. Ese pseudo amor
es interés, no es incondicional.
El pseudo amor se experimenta
desde el ego, y siempre exige derechos recíprocos, ya que es competitivo en vez
de amor. Se muestra dispuesto a hacer tratos, pero no puede comprender que ser
igual a otro significa que no es posible hacer ningún trato al respecto.
Otra forma de pseudo amor es el sacrificio.
Sacrificarse tampoco es amor. El "sacrificio" que consideramos
una purificación, es algunas veces la raíz de un amargo resentimiento, cuando
no se hace desde el puro amor. Además, también a veces hace sentirse culpable
al otro, y eso es un ataque. Puede pasar que cada uno piense que ha sacrificado
algo por el otro y lo odie por ello. Puede confundirse estar enamorado del otro
con estar enamorado del sacrificio. Por ese sacrificio que se impone a sí
mismo; a veces exige que el otro acepte la culpabilidad y que se sacrifique a
sí mismo también.
Tales relaciones sólo dan la impresión de estar intactas, pues para el ego lo único que las relaciones significan es que los cuerpos están juntos. Mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz. Para él la mente es algo privado, y el cuerpo es lo único que se puede compartir.
Las ideas son básicamente algo sin
importancia, salvo si con ellas se puede atraer o alejar el cuerpo de otro. Todo
aquello que hace que el otro se sienta culpable y que le impida irse debido a
la culpabilidad es "bueno". Lo que lo libera de la culpabilidad es
"malo", pues se "marcharía". Estas alianzas son nacidas del
miedo a la soledad.
Nuestra confusión entre lo que es
el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda que resulta imposible concebir
el amor sin sacrificio, sin embargo, el amor no produce culpabilidad en
absoluto y lo que produce culpabilidad no
puede ser amor. Estar con un cuerpo no es estar en comunicación.
El sacrificio no es amor sino
ataque, solo siendo consciente, el miedo al amor desaparecería. Una vez que se
ha eliminado la idea del sacrificio ya no podrá seguir habiendo culpabilidad, pues
si hay sacrificio, alguien siempre tiene que pagar para que alguien gane. La
única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué.
El único gesto posible de amor es
entre iguales. No es posible dar amor sin recibirlo a la vez. Todo es
uno y lo mismo, no hay fronteras, nada va sin volver. Para poder tener, da todo
a todos.
Todo pensamiento amoroso que
recibo de los demás es verdadero, lo restante es simplemente una petición de ayuda
y de curación por su parte, sea cual sea la forma que adopte. ¿Cómo puede estar
justificado reaccionar con ira ante la súplica de un ser humano? Ninguna reacción
podría ser apropiada, excepto estar dispuesto a ayudarle, pues eso, y sólo eso,
es lo que está pidiendo.
Cualquier otra cosa que le
ofrezca, me estaría arrogando el derecho de atacar su realidad al interpretarla
como mejor me parezca. Al final, esto supone para mi propia mente un peligro. Si
creyese que una petición de ayuda es otra cosa, reaccionaría ante esa otra
cosa, y mi reacción, por ende, sería inadecuada.
No hay nada que me impida
reconocer todas las peticiones de ayuda exactamente como lo que son, excepto mi
necesidad imaginaria de atacar. Esta necesidad es lo único que hace que esté
dispuesto a entablar interminables "batallas" contra la realidad, en
las que niego que la necesidad de curación sea real.
Decirte que no juzgues lo
que no entiendes es ciertamente un buen consejo. Nadie que sea parte interesada
puede ser un testigo imparcial, porque la verdad se habría convertido para él
en lo que él quiere que sea. Si no estás dispuesto a percibir una petición de
ayuda como lo que es, es porque no estás dispuesto a prestar ayuda ni a
recibirla. No solamente eso, dejar de reconocer una petición de ayuda es
negarse a recibir ayuda. ¿Mantendrías que no la necesitas? Sólo respondiendo a
su súplica puedes ser tú ayudado.
La única reacción apropiada hacia
un ser humano es apreciarlo. No puedo sino estarle agradecido tanto por sus
pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las
percibo correctamente, son capaces de traer amor a mi conciencia.
¡Cuán simple es, entonces, el
plan para la salvación! No hay sino una sola manera de reaccionar, no intentes
"ayudar" a tu manera, pues así no puedes ayudarte a ti mismo. Mas oye
sus ruegos que claman por la ayuda, y reconocerás de este modo la necesidad que
tú mismo tienes.
Estás proyectando. Las
interpretaciones que haces de las necesidades de otra persona son las
interpretaciones que haces de las tuyas propias. Al prestar ayuda la estás
pidiendo, y debes percibir tan sólo una necesidad en ti.
Al aplicar cada vez más la
interpretación del amor a las reacciones de otros, irás cobrando mayor
conciencia de que su criterio es igualmente aplicable a las tuyas. Pues
reconocer el miedo no es suficiente para poder escaparse de él, aunque sí es
necesario para demostrar la necesidad de escapar. Tienes aún que transformar el
miedo en verdad.
Considera entonces lo mucho que
te va a servir la interpretación que hace el amor de los motivos de los demás.
Al haberte enseñado a aceptar únicamente los pensamientos de amor de otros y a
considerar todo lo demás como una petición de ayuda, te ha enseñado que el
miedo en sí es una petición de ayuda. Esto es lo que realmente quiere decir
reconocer el miedo. Si tú no lo proteges, el amor lo reinterpreta, y lo
desvanece.
En esto radica el valor principal
de aprender a percibir el ataque como una petición de amor. Ya hemos aprendido
que el miedo y el ataque están inevitablemente interrelacionados. Cuando tengo
miedo, ataco.
Si el ataque es lo único que da
miedo, y consideras al ataque como la petición de ayuda que realmente es, te
darás cuenta de la irrealidad del miedo. Pues el miedo es una súplica de amor.
El miedo es un síntoma de
profunda sensación de pérdida. Si al percibirlo en otros aprendes a subsanar
esa sensación de pérdida, se elimina la causa básica del miedo. De esa manera,
te enseñas a ti mismo que no hay miedo en ti. Los medios para erradicarlo se
encuentran en ti.
El miedo y el amor son las únicas
emociones que soy capaz de experimentar. Una es falsa, a erradicar, menos mal
que las defensas que son inservibles se abandonan automáticamente.
El amor siempre conduce al amor.
Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría
resplandecen con agradecimiento.
Si deseo contemplar el amor, que
es la realidad, ¿qué mejor cosa podría hacer que reconocer en toda defensa
contra el amor la súplica de amor subyacente? ¿Y de qué mejor manera podría darme
cuenta de su realidad que respondiendo a esa súplica dando amor? De esta manera
se reemplaza al miedo por el amor. Y mi sueño de separación por el hecho
innegable de la unidad, del Ubuntu.
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