martes, 21 de diciembre de 2021

El amor propio y a los demás

Amor, tú me inspiras, el amor eres tú, somos nosotros… medito, veo cómo me vacío y escucho la voz que me da preguntas y respuestas.

Me enamoro, eres la luz de mi mundo. Cuando estás conmigo, se ilumina mi corazón, tiene sentido la vida y el mundo es una ilusión, un sueño ajeno a mí. Siento el amor refulgir sobre mí.

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Hay que aceptar que el amor no necesita apenas definición, solo los místicos y los poetas lo han intentado y han confeccionado hermosos juegos de pensamientos que, al final, caen en el peligro de alejarse del objeto a definir. Porque no se puede hablar fríamente de lo que no se siente en la intimidad de tu corazón. 

Corresponde casi exclusivamente al absolutamente maravilloso mundo de la intimidad del ser humano, por eso es tan difícil su definición.

Cuanto más nos queremos acercar a él, puede que se distancie más. Y, en cualquiera de los casos, si no va acompañado de una práctica desinteresada y generosa, se puede convertir en una nebulosa fantasmal que se disipará antes que quede algo más allá de la nostalgia de un recuerdo, bello pero efímero.

Aunque no es menos cierto que, por muchas que sean las dificultades, hay que seguir persiguiendo a ese ser amado, siempre, toda la vida. Porque eso, simplemente, nos hará mejores.

En Cuba, escuché una historia que me conmovió. Un hombre regresa de un viaje de negocios. Su mujer le espera en el hogar que ambos han alimentado. Regresa tarde en la noche y la mujer ya duerme. Podría llamar al timbre y despertarla, sin embargo, decide recostarse en el quicio de la puerta hasta que por la mañana temprano ella despierte, salga y allí lo encuentre.

¡Qué bella demostración de amor cuidar a otra persona por encima de uno mismo, dejarle a ella dormir a costa de estar incómodo uno mismo!

Cuentan que los lobos, cuando caminan en la nieve, lo hacen en fila. Curiosamente, siempre dejan a los miembros más viejos o enfermos caminar delante, para que ellos decidan el ritmo de la manada. Esto es Ubuntu, el bien común delante del bien individual. Es una muestra de amor y agradecimiento por los años pasados de apoyo al grupo.

Leí un micro-cuento: “Ayer en Madrid todos amanecieron con azúcar en los labios. Solo lo supieron aquellos que se besaron”. Qué tierno mensaje en qué contenido tan profundo. El amor está en el aire, existe en nosotros, pero no siempre le abrimos las puertas, le permitimos que se exprese, actuamos en su nombre.

El amor llega libremente a todos, es lo que significa ser humano, está simplemente a nuestra disposición por haber nacido. 

El universo del amor no se detiene porque yo no lo vea, ni mis ojos han perdido la capacidad de ver por el hecho de estar cerrados. El amor aflora de inmediato en cualquier mente que de verdad lo desee, pero tiene que desearlo de verdad. 

Sentir amor para mí es transportarme a un momento, a un instante extraordinario, en el que desaparece el tiempo. Pasan las horas sin darme cuenta. Me impresiona sentirlo, es como viajar a un universo paralelo, diferente, separado.

Recuerdo a mis hijos, y mi relación con ellos es diferente a cualquier otra cosa. Por ellos daría mi vida, prefiero yo ponerme enfermo a que se pongan ellos. Entraría yo en el quirófano en su lugar si eso fuera posible. Ahí está mi lugar favorito, no es una sensación de este mundo.

En la realidad del amor, todo ocurre de forma diferente. Por ejemplo, tengo una pesadilla. En ella, tengo 6 años y mi madre me castiga en el cuarto de baño con la luz apagada. Yo grito e imploro perdón, yo no he hecho nada, y tengo miedo, mucho miedo. Querría tener una madre que me sacase de ahí, me abrazase y me diera amor y confianza en mí mismo.

Puedo albergar un resentimiento o por el contrario, verlo desde una óptica diferente, desde el amor. Puedo ver a mi madre en un momento de supervivencia, en su camino de expiación, sintiendo dolor por haberme castigado, aprendiendo ella misma de la situación, viendo la luz a través de mí. No la condeno, es parte de mí, yo soy hijo y ella es madre, pero somos solo dos participaciones de la misma realidad, el universo. La perdono, porque no hay pecado, porque no hay nada que perdonar. Elijo verlo desde el amor.

Julio Cortázar escribe: “Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son”. Expresa con precisión la idea de que vivimos dos vidas paralelas, una donde reina el amor, y otra donde reina el miedo y el ego.

Entiendo el ego como ese constructo que nos inventamos al nacer. Le ponemos nuestro nombre de pila y le asociamos propósitos artificiales. Poco a poco, cada ladrillo es la consecución de alguno de esos propósitos, hasta que un día es un castillo de 12 plantas exhuberante. Nos identificamos con él y nos olvidamos de quién somos en realidad. 

El amor no puede ser comprendido por el ego, son dos realidades diferentes. Muchas veces se percibe solo un conflicto, por un lado, el sentimiento de amor y por otro la lógica del mundo. La razón y el corazón ven distinto. Sin el ego, todo sería amor.

Augusto Monterroso escribe: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Vivimos dos vidas, una es realidad, otra es un sueño, ¿cuál es cuál? La del dinosaurio. La de verdad es la del amor. La ensoñada es un mundo de miedo, resentimientos, culpas y ataques. 

Cuando despierto al amor, estoy simplemente olvidando lo que no soy, lo cual me permite recordar lo que sí soy. Qué no soy? Toda esa maraña de cables de resentimiento y atraque en la que me he encontrado viviendo. Qué soy? Amor. 

Por eso es tan difícil volver al mundo después de hacer el amor, por eso te sientes tan desubicada después de amar. Quizás algún día me decida a dejar de volver al mundo y me quedaré en la realidad del amor.

Jairo Aníbal Niño escribe: “Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo en un espejismo”. Construimos un mundo de ilusión, intelequia e invención, dicen que empezamos a inventarlo después del parto en ese momento de dolor, donde hay que respirar, hace frío y mucha luz. A veces mucho tiempo después, un día despertamos para reconocernos en el amor. Solo el amor tiene sentido como realidad irrefutable.

Ana María Shua escribe: “Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando”. Una es y uno sueña que es. El amor es despertar, es asistir a un rayo de luz, que una vez percibido no tiene vuelta atrás.

Los biólogos del siglo XIX estaban equivocados cuando explicaban las teorías darwinianas como competición. Según la teoría de la evolución biológica por selección natural, las especies sobreviven porque están más alineadas con el entorno en el que deben vivir. Una selva donde sobrevivir es competir y pisar al prójimo. Así, la selección natural hace su función y descarta a los individuos menos preparados, pavimentando la autopista para los más adecuados.

Hoy la biología acepta la idea de que la adecuación tiene que ver con la colaboración, con cuánta cooperación el individuo es capaz de convivir. No sobrevive el más inteligente, sino el más cooperador, el que es capaz de trabajar mejor en grupo, el que se entiende parte de una comunidad y ve sus objetivos privados unificados con los objetivos de la comunidad y cada uno de sus miembros.

Dicho de otra forma, el amor y la paz son más adecuados que la competición, el ataque y el miedo. Sobrevive quien se ama a sí mismo y extiende su amor.

Luis Felipe Lornelí escribe: “-¿Olvida usted algo? – Ojalá”. El amor es vivir el presente, y por tanto olvidar el pasado. Que pase el tiempo sin darme cuenta. El pasado es un sueño que habla de miedos y de resentimientos. 

En el presente uno no se siente culpable de nada, se sobrepasa la culpa, es amor en esencia. Cuando todo lo que retenga en la memoria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que siga teniendo miedo. El amor crea para siempre, aunque no en el tiempo.

Yo percibo que todo lo que procede del amor es un milagro, transgrede todas las leyes de la lógica, el tiempo y el espacio. Es un microsegundo que parece horas, y horas que parecen un microsegundo. Todo pensamiento amoroso que se pueda tener es eterno. No hay aquí y allí, la distancia se deforma inexplicablemente, porque los opuestos no caben dentro del amor. La realidad del amor no puede ser dual. 

¿Cuánto dura un instante? Dura el tiempo que sea necesario para re-establecer la perfecta cordura, la consumada paz y el perfecto amor por todo el mundo y por ti; el tiempo necesario para recordar la inmortalidad; el tiempo necesario para intercambiar el infierno por el Cielo. Dura el tiempo suficiente para poder trascender todo lo que el ego ha hecho.

Franz Kafka escribe: “Una jaula salió en busca de un pájaro”. El amor es libertad, la jaula es el miedo en busca de alguien libre para encarcelarlo. Yo no soy ese mundo de cuerpo, ataques y resentimientos, soy libertad.

El amor no limita, y lo que crea no está limitado, por eso dar desde el amor es dar sin límites, es lo único que puede brindarme dicha. Mi amor es tan ilimitado, ¿Cómo iba a ser posible que una parte del universo estuviese excluida de mi amor o que una parte de mi amor pudiese ser restringida?

Según concedas libertad, serás liberado. De lo contrario, el amor será incapaz de encontrarte y ofrecerte consuelo.

Es imposible alcanzar el amor sin tener confianza. La falta de confianza siempre limita y ataca; la confianza desvanece toda limitación y brinda plenitud. La falta de confianza siempre destruye y separa; la confianza siempre une y sana. Tener confianza es sanar.

La poesía y la experiencia directa de la vida tienen mucho más que decir del amor que yo. Soy incapaz de describir el significado del amor, pues está más allá de lo que se puede enseñar. Lo único que puedo hacer es describir los obstáculos que me impiden experimentar la presencia del amor, a pesar de que es mi herencia natural.

Todo empieza por mí mismo, por el amor propio a uno mismo o misma. Una vez en el camino de reconocer el amor, se va extendiendo a los demás. De esta manera y no de otra entiendo el amor al prójimo. No es posible extender un amor que no se tiene. Voy a hablar del amor como experiencia individual y luego de su extensión a los demás.

Siempre experimento que el amor no puede sino extenderse. Una vez que yo estoy en mi centro, desde el amor, este amor se extiende hacia afuera, simplemente porque no puede ser contenido. Nunca deja de fluir porque es ilimitado. 

Hay que confiar, pero una vez en la confianza, es bello reconocer que el amor a uno mismo, sin querer, sin poder impedirlo, empieza a dibujar círculos concéntricos desde uno hasta los demás y hasta el infinito. Sin extensión no puede haber amor. Por medio de nuestras creaciones extendemos nuestro amor.

El obstáculo al amor es el miedo. Si me muevo con miedo, mis pulmones se comprimen, se me arquea la espalda, veo peligros y riesgos, y me asusto; sin embargo, si actúo desde el amor, se me abre el pecho, bajan las pulsaciones, se despeja la duda, se reavivan los colores, me emociono de alegría por cualquier detalle y me siento uno con los demás.

El miedo procede de una falta de amor, es el amor perfecto quien expulsa el miedo. Si hay miedo, es que no hay amor, por eso el miedo no es nada realmente y el amor lo es todo. No me cuesta nada hacer el cambio, desde el miedo, un segundo de chasquear los dedos y ya, estoy en el amor.

Hay algunas creencias que me paran de actuar irremediablemente así, y que necesito urgentemente modificar. Honestamente, a veces me es más difícil decir "te quiero” que "te odio". Asocio el amor con la debilidad y el odio con la fuerza, y parece que el verdadero poder es realmente la debilidad. Estaría desamparado en presencia del amor, y quiero salvarme del amor porque creo que éste me aniquilaría. Tengo miedo de que pueda alejarme completamente de mí mismo y empequeñecerme porque creo que la magnificencia radica en el desafío y la grandeza en el ataque. Detrás de esto no está más que mi necesidad de pedir ayuda.

Éstas son algunas de mis experiencias cuando siento amor. Veo que el amor es todo o no es nada, no existe tal cosa como un poquito de amor, o un amor más difícil que otro, no hay escalas de amor. Es como acercar un bolígrafo al papel, o escribes o no escribes, no hay escalas de grises en esto. El amor es incapaz de hacer excepciones, sólo si hay miedo parece tener sentido la idea de las excepciones, son amedrentadoras porque las engendra el miedo. O estás embarazada o no lo estás. El amor produce alegría, el miedo no, no hay intermedios. Una lealtad parcial es imposible.

Actuar desde el amor me hace invulnerable, me ofrece la ecuanimidad necesaria ante cualquier falta de paz procedente de afuera. Por mucho que perdone, sigue habiendo ataques del mundo de fuera, y vienen cuando menos los espero y en la forma que menos espero. Toneladas de ecuanimidad me permiten visualizar esos ataques entrando por un oído y saliendo por el de enfrente. Y dejando tanta paz como se llevan, irónicamente hablando. Por eso, recordar el amor, me trae invulnerabilidad.

El amor no se construye y no se encuentra. El amor incondicional se da solo, no hay que ganárselo, no se consigue con méritos, es aceptación y no se rige por virtudes ni defectos. No espera nada a cambio, ni dolor, ni ingratitud, ni felicidad. Es o no es.

Para ganar tienes que dar, no regatear, pues regatear es imponer límites en lo que se da, y eso no es. Yo recibo dones, una puesta de sol, un cielo dramático en Madrid, un sorbito de agradecimiento, pero no recibo regalos en modo alguno limitados. Tampoco mis regalos pueden ser limitados.

La solidaridad no es más que un pálido reflejo de un amor mucho más poderoso y todo-abarcador. Sentirse uno con los demás es la verdadera expresión del amor. Podría pensar en el amor que los animales sienten por sus crías y en la necesidad que sienten de protegerlas. Se debe a que las consideran parte de sí mismos y nadie repudia lo que considera parte de sí mismo. Ubuntu.

La sanación significa reinterpretar todo lo que percibes como temible y reconstruirlo como amoroso y cierto.  Cuando te decides a hacer este intercambio, reemplazas simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz. Consiste únicamente en desatar las cadenas que aprisionan tu voluntad para liberarla.

Tu ego no puede aceptar esta libertad, y se opone a ella siempre que puede y en cualquier forma que puede. Todos los pensamientos no amorosos tienen que ser des-hechos, palabra ésta que el ego ni siquiera puede entender. Hiciste el ego sin amor, y él no te ama.

Construimos un castillo para mirar desde la altura, y con él también nos separamos del mundo, nos vemos diferentes, sobre nuestro propio pedestal. Tan orgullosos como nos sentimos, nos damos cuenta que nos hemos dejado al amor en el camino.

La salud del cuerpo también es el resultado de abandonar todo intento de utilizar el cuerpo sin amor. Igualmente, la salud es el comienzo de la correcta perspectiva con respecto a la vida bajo la dirección de mi Maestro Interior, que sabe lo que ésta es, al ser la Voz de la Vida Misma. La decisión de despertar refleja la voluntad de amar, puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por el amor.

El amor, como formulaba Johann Wolfgang von Goethe, “Liebe will ich liebend loben, Jede Form, sie kommt von oben”, viene de arriba, y yo soy solo el medio a través del cual se expresa. No lo puedo aceptar nada más como mi voluntad, pues, veo el amor en mí y lo veo en todas partes porque está en todas partes. Veo su abundancia en todos, ellos forman parte de mí, tal como yo formo parte del Todo.

Examino el mundo que he fabricado y juzgo su valor imparcialmente. ¿Es quizá digno de ser lo que merezco? ¿Protege tal mundo mi paz e irradia amor? ¿Evita que mi corazón se vea afectado por el miedo, y me permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación de pérdida? ¿Me enseña que esa forma de dar es mi dicha? Ése es el único ambiente en el que puedo ser feliz.

Una vez conquistado el amor propio, se extiende, comienza la relación con los demás, ellos y ellas lo notan, ven el cambio. ¿Cómo entiendo yo el hecho de que alguien me ataque? ¿Cómo reacciono cuando percibo deslealtad, bulling, o simplemente soy ignorado?

Ser vulnerable me trae la enfermedad, por eso con otras personas intento nunca ponerme de parte de la enfermedad en presencia de ellos. Nunca me pongo a su nivel de miedo, por mucho que él o ella crean en su enfermedad y su miedo, que lo vean como absolutamente reales. Creer que un ser está enfermo es adorar al mismo ídolo que él adora, pero yo creo en el amor, no en la idolatría.

Poli Délano escribe: “Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro”. Hay un amor que no es tal, sino codependencia, donde uno tiene necesidades falsas perfectamente compatibles con las necesidades falsas del otro. Ese pseudo amor es interés, no es incondicional.

El pseudo amor se experimenta desde el ego, y siempre exige derechos recíprocos, ya que es competitivo en vez de amor. Se muestra dispuesto a hacer tratos, pero no puede comprender que ser igual a otro significa que no es posible hacer ningún trato al respecto.

Otra forma de pseudo amor es el sacrificio. Sacrificarse tampoco es amor. El "sacrificio" que consideramos una purificación, es algunas veces la raíz de un amargo resentimiento, cuando no se hace desde el puro amor. Además, también a veces hace sentirse culpable al otro, y eso es un ataque. Puede pasar que cada uno piense que ha sacrificado algo por el otro y lo odie por ello. Puede confundirse estar enamorado del otro con estar enamorado del sacrificio. Por ese sacrificio que se impone a sí mismo; a veces exige que el otro acepte la culpabilidad y que se sacrifique a sí mismo también.

Tales relaciones sólo dan la impresión de estar intactas, pues para el ego lo único que las relaciones significan es que los cuerpos están juntos. Mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz. Para él la mente es algo privado, y el cuerpo es lo único que se puede compartir. 

Las ideas son básicamente algo sin importancia, salvo si con ellas se puede atraer o alejar el cuerpo de otro. Todo aquello que hace que el otro se sienta culpable y que le impida irse debido a la culpabilidad es "bueno". Lo que lo libera de la culpabilidad es "malo", pues se "marcharía". Estas alianzas son nacidas del miedo a la soledad.

Nuestra confusión entre lo que es el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda que resulta imposible concebir el amor sin sacrificio, sin embargo, el amor no produce culpabilidad en absoluto y lo que produce culpabilidad no puede ser amor. Estar con un cuerpo no es estar en comunicación.

El sacrificio no es amor sino ataque, solo siendo consciente, el miedo al amor desaparecería. Una vez que se ha eliminado la idea del sacrificio ya no podrá seguir habiendo culpabilidad, pues si hay sacrificio, alguien siempre tiene que pagar para que alguien gane. La única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué.

El único gesto posible de amor es entre iguales. No es posible dar amor sin recibirlo a la vez. Todo es uno y lo mismo, no hay fronteras, nada va sin volver. Para poder tener, da todo a todos.

Todo pensamiento amoroso que recibo de los demás es verdadero, lo restante es simplemente una petición de ayuda y de curación por su parte, sea cual sea la forma que adopte. ¿Cómo puede estar justificado reaccionar con ira ante la súplica de un ser humano? Ninguna reacción podría ser apropiada, excepto estar dispuesto a ayudarle, pues eso, y sólo eso, es lo que está pidiendo.

Cualquier otra cosa que le ofrezca, me estaría arrogando el derecho de atacar su realidad al interpretarla como mejor me parezca. Al final, esto supone para mi propia mente un peligro. Si creyese que una petición de ayuda es otra cosa, reaccionaría ante esa otra cosa, y mi reacción, por ende, sería inadecuada.

No hay nada que me impida reconocer todas las peticiones de ayuda exactamente como lo que son, excepto mi necesidad imaginaria de atacar. Esta necesidad es lo único que hace que esté dispuesto a entablar interminables "batallas" contra la realidad, en las que niego que la necesidad de curación sea real.

Decirte que no juzgues lo que no entiendes es ciertamente un buen consejo. Nadie que sea parte interesada puede ser un testigo imparcial, porque la verdad se habría convertido para él en lo que él quiere que sea. Si no estás dispuesto a percibir una petición de ayuda como lo que es, es porque no estás dispuesto a prestar ayuda ni a recibirla. No solamente eso, dejar de reconocer una petición de ayuda es negarse a recibir ayuda. ¿Mantendrías que no la necesitas? Sólo respondiendo a su súplica puedes ser tú ayudado.

La única reacción apropiada hacia un ser humano es apreciarlo. No puedo sino estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las percibo correctamente, son capaces de traer amor a mi conciencia.

¡Cuán simple es, entonces, el plan para la salvación! No hay sino una sola manera de reaccionar, no intentes "ayudar" a tu manera, pues así no puedes ayudarte a ti mismo. Mas oye sus ruegos que claman por la ayuda, y reconocerás de este modo la necesidad que tú mismo tienes.

Estás proyectando. Las interpretaciones que haces de las necesidades de otra persona son las interpretaciones que haces de las tuyas propias. Al prestar ayuda la estás pidiendo, y debes percibir tan sólo una necesidad en ti.

Al aplicar cada vez más la interpretación del amor a las reacciones de otros, irás cobrando mayor conciencia de que su criterio es igualmente aplicable a las tuyas. Pues reconocer el miedo no es suficiente para poder escaparse de él, aunque sí es necesario para demostrar la necesidad de escapar. Tienes aún que transformar el miedo en verdad.

Considera entonces lo mucho que te va a servir la interpretación que hace el amor de los motivos de los demás. Al haberte enseñado a aceptar únicamente los pensamientos de amor de otros y a considerar todo lo demás como una petición de ayuda, te ha enseñado que el miedo en sí es una petición de ayuda. Esto es lo que realmente quiere decir reconocer el miedo. Si tú no lo proteges, el amor lo reinterpreta, y lo desvanece.

En esto radica el valor principal de aprender a percibir el ataque como una petición de amor. Ya hemos aprendido que el miedo y el ataque están inevitablemente interrelacionados. Cuando tengo miedo, ataco.

Si el ataque es lo único que da miedo, y consideras al ataque como la petición de ayuda que realmente es, te darás cuenta de la irrealidad del miedo. Pues el miedo es una súplica de amor.

El miedo es un síntoma de profunda sensación de pérdida. Si al percibirlo en otros aprendes a subsanar esa sensación de pérdida, se elimina la causa básica del miedo. De esa manera, te enseñas a ti mismo que no hay miedo en ti. Los medios para erradicarlo se encuentran en ti.

El miedo y el amor son las únicas emociones que soy capaz de experimentar. Una es falsa, a erradicar, menos mal que las defensas que son inservibles se abandonan automáticamente.

El amor siempre conduce al amor. Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con agradecimiento.

Si deseo contemplar el amor, que es la realidad, ¿qué mejor cosa podría hacer que reconocer en toda defensa contra el amor la súplica de amor subyacente? ¿Y de qué mejor manera podría darme cuenta de su realidad que respondiendo a esa súplica dando amor? De esta manera se reemplaza al miedo por el amor. Y mi sueño de separación por el hecho innegable de la unidad, del Ubuntu.

El amor Ubuntu despliega un festín sobre una mesa cubierta con un mantel inmaculado, en un plácido jardín donde sólo se oye un cántico angelical y un suave y feliz murmullo. Es un banquete en honor de nuestra relación santa, en el que todo el mundo es un invitado de honor. Y en un instante eterno todos bendecimos la mesa juntos, al unirnos fraternalmente ante ésta. 




viernes, 17 de diciembre de 2021

El ser digital – The Matrix


Llega la tecnología y me vuelve a traer las preguntas de siempre: ¿Quién soy?, ¿Qué es la realidad?, ¿Cuál es la relación entre el mundo y yo? El cine es una oportunidad maravillosa para crear conciencia, y una de los intentos más conseguidos es The Matrix.

La película es de 1999, guionizada y dirigida por Lana y Lilly Wachowski, con los actores Keanu Reeves, Laurence Fishburne y Carrie-Anne Moss. 

Aunque aparentemente es una película de ciencia ficción, de acción, con muchas escenas de efectos especiales y el efecto impactante de la tecnología, en realidad, es mucho más que eso, es un tratado claro y conciso de qué es el hombre, la relación entre el hombre, el cuerpo y el mundo.

Neo, el protagonista, trabaja para una compañía de software, pero tiene una segunda vida, busca la Verdad, y esto no le permite conectar e involucrarse con su vida en el mundo. Diríamos que tiene necesidades transpersonales, espirituales, necesita encontrarse a sí mismo en otro nivel de existencia.

Morpheus representa ese otro nivel de existencia. Es simbólicamente la Conciencia. El cuerpo humano es puramente un hardware sobre el que puede correr cualquier tipo de software. Mientras el mundo es la ejecución de un software, el hombre en el mundo vive la experiencia a modo de sueño. Es contingente, puede ser pero podría ser otra cosa, no necesita ser. Morpheus tiene el rol de decidir qué software carga en cada una de las personas en cada momento.

Utiliza la metáfora de Morpheus, Dios griego de los sueños. Él tiene la autoridad sobre qué sueño se vive en la tierra. Las capacidades de los humanos, por ejemplo, saber kung-fu o jugar a Go, son simplemente programas que se pueden cargar a voluntad.

El PNL, la programación neurolingüística, tiene el mismo principio. Aunque es muy difícil cambiar el programa ya instalado en el cerebro, es posible hacer mediante técnicas apropiadas.

Trinity está al lado de Morpheus, y hace de puente con el mundo terrenal. Utiliza la simbología del Espíritu Santo que, de forma amorosa, llega al mundo para crear conciencia de un Morpheus existente, y de una realidad onírica que subyace debajo de una realidad verdadera invisible.

Los Agentes son roles mundanos, dentro del sueño, que tienen la misión de no permitir la acción de Trinity y Morpheus. Ellos preservan la sensación de realidad que se tiene dentro del sueño. Es la metáfora del Ego humano, siempre presentando evidencias sobre la inexistencia del mundo real de Morpheus.

El Oráculo es la voz de la sabiduría desde el mundo. Representa la persona que ha apostado por la salvación y llega a ver. No se despega del mundo, pero puede compartir su visión con los demás, desde su posición más elevada. Siempre dice la verdad, pero habitualmente no es posible entenderla a corto plazo, siempre a largo plazo. El tiempo pone siempre los puntos sobre las íes y coloca a todos en su lugar.

Ahí está servida la acción. Neo se decide por el camino de la salvación y de la Verdad, apuesta todo el azul, se desapega de su vida mundana, olvida su pasado, renuncia a su futuro dentro del Matrix, para conquistar la Verdad. Los Agentes luchan con violencia y sin escrúpulos contra la acción de Morpheus y Trinity, atrayendo a Neo de vuelta a creer en el mundo. Dos formas paralelas de pensar y una incompatibilidad de coexistencia, un conflicto a resolver. Vamos por la cuarta película ya.

Según explica Morpheus, es posible cargar un programa de ropa, entrenamiento, apariencia física, cualquier cosa. Las apariencias del mundo no son otra cosa que una proyección mental del ser digital. Como las sombras y los objetos del mito de la caverna de Platón. Primero pensamos y luego proyectamos lo que pensamos, hasta el punto de creernos que tiene realidad separada a nosotros.

La realidad no es lo que podemos oler, ver o tocar. Esto son simples señales eléctricas que interpreta el cerebro. La percepción genera la ilusión de un mundo real, pero no es más que un sueño. En el mundo se vive dormido, utilizando la simbología del despertar y la iluminación como ese momento en el que se crea conciencia de que es un sueño y hay una realidad real que no percibíamos antes. Veíamos nubes, y al despejar, aparece el Sol.

Según Morpheus, lo real es, en contraposición, un desierto. Simboliza al vacío que se percibe a través de la meditación. Eso que queda cuando yo me desapego de todo lo que creo que soy pero que no soy.

La película mezcla ciencia ficción tecnológica con metafísica tradicional. A principios del siglo XXI se produjo la singularidad y apareció una raza de nuevas máquinas inteligentes. Tomaron el poder y subyugaron al hombre, convirtiéndole en una simple pila, su fuente de energía. Ya sin conciencia, sin experiencia, con solo vida biológica. Solo vale su calor corporal.

En una escena, una niña mira con detenimiento una cuchara. La mueve, la dobla, la deshace y la hace a voluntad. Le explica a Neo que no es cuestión de observar la cuchara. ¡Trata simplemente de ver la Verdad, la cuchara no existe! No es la cuchara la que se dobla, sino la percepción de quien la observa. Una vez comprendido, Neo es capaz de doblar la cuchara también.

Esta escena tiene la función de mostrar y demostrar la tesis principal, que la realidad no existe. La realidad que tenemos por tal, no es más que un sueño, una sombra de la realidad que existe a otro nivel. No existe el suelo que pisamos, no existe la silla sobre la que nos sentamos. No es que la niña doble la cuchara, Neo ve que la cuchara se dobla a causa de la acción de la niña. El sujeto de esta frase no es la niña, sino Neo.

Morpheus explica que Matrix está presente cuando pagamos los impuestos, cuando nos cortamos las uñas de los pies, cuando vamos a la Iglesia. Matrix nos hace esclavos, nacemos atados, aprisionados. Una prisión para la mente. No se puede transmitir, hay que verlo por uno mismo.

Como ejemplo, el Superior le dice a Neo: “Tiene usted un problema con la autoridad. Se cree usted muy especial y que, por algún motivo, las reglas no están hechas para usted. Obviamente se equivoca. Deberá tomar una decisión, señor Anderson. O decide estar puntualmente en su mesa de ahora en adelante, o deberá buscarse otro trabajo.”

Morpheus le dice: “Sé por qué estás aquí, Neo. Sé lo que has estado haciendo. Sé por qué apenas duermes, por qué vives solo y por qué, noche tras noche te sientas ante tu ordenador. Le buscas a él. Lo sé porque una vez estuve buscando lo mismo, pero cuando me encontró me dijo que en realidad no lo estaba buscando. Buscaba una respuesta.” Neo ya tenía la intuición de la existencia de la Verdad, ya estaba en su búsqueda.

Da a Neo una única oportunidad, sin vuelta atrás. Si toma la pastilla azul, la historia se acaba, le levanta en su cama y cree lo que quiera. Si toma la pastilla roja, se queda en el País de las Maravillas, y él mismo se encarga de enseñarle cuán profundo es el pozo del conejo blanco. Neo toma la pastilla roja, simbolizando el compromiso por la Verdad.

Quemando las naves, como Hernán Cortés. Se cuenta que el conquistador decidió la destrucción de sus barcos. Al inutilizar sus naves, dejó claro a sus hombres que la retirada era imposible. Es sinónimo de lanzarse a por un objetivo con convicción, renunciando a la posibilidad de dar marcha atrás ante un eventual fracaso. En realidad, Hernán Cortés no quemó su flota, sino que la hundió en la Playa de Villa Rica, pero evitó que su tropa regresara a Cuba y el miedo tomase la decisión por ellos. El episodio acabó entrando en Tenochtitlan y constituyendo el México moderno.

Es la simbología de la Confianza. Es lo que se le entrega a la verdad para que ésta sea su único objetivo, la confianza lleva a la verdad. La confianza, como la Fe, abarca a todo aquel que esté involucrado en la situación, pues sólo de esta manera se percibe la situación como significativa y como un todo.

Desde el Ego, la falta de confianza conduce directamente a las ilusiones, a ver exclusivamente dentro del Matrix. No hay conexión alguna entre la verdad y las ilusiones. Tanto las ilusiones como la verdad gozan de cohesión interna y constituyen un sistema de pensamiento completo en sí mismo, aunque totalmente desconectado del otro.

La confianza es lo opuesto al miedo, y forma parte del amor tal como el miedo forma parte del ataque. Neo va haciendo este viaje a lo largo de la película. Según va poco a poco creyendo que es el elegido, es capaz de liberarse del miedo, saltar de edificio a edificio y ser más eficiente en sus peleas con los Agentes. Ya no ve a través de los ojos del cuerpo. La confianza se vuelve el heraldo de la nueva percepción. Aquí, Trinity actúa de garante, es percibida y su presencia genera la confianza.

La gracia no se le otorga al cuerpo, sino a la mente. Y la mente que la recibe mira instantáneamente más allá del cuerpo. Así, la confianza brinda paz y la verdad que entra y embellece lo que ya fue preparado para la hermosura. La confianza es una de las metas del aprendizaje de Neo.

El amor aparece en una escena donde Trinity declara su amor por Neo, y decide besarlo. Por el amor, Neo resucita y vuelve al mundo para salvar a los hombres, simbología cristiana. Y destruye al Agente Smith, simbolizando al Ego.

Antes de “volar”, Neo se despide: “Sé que estáis ahí, agentes. Ahora puedo sentiros. Sé que tenéis miedo. Nos teméis. Teméis el cambio. No conozco el futuro. No vengo a deciros cómo va a terminar esto. Vengo a deciros cómo va a comenzar. Voy a colgar. Y contaré a esta gente lo que no queréis que vean. Les mostraré un mundo sin vosotros. Un mundo sin reglas ni controles, sin fronteras ni límites. Un mundo donde todo es posible. Lo que ocurra después es decisión que queda en vuestras manos…”.

Es la liberación final. Puedo esclavizar a un cuerpo, pero las ideas son libres y no pueden ser aprisionadas o limitadas en modo alguno, excepto por la mente que las concibió.

En 2021, tenemos Matrix Resurrections, la continuación. Keanu Reeves nos va a regalar 19 saltos desde un edificio de 46 pisos. Junto con Carrie-Anne Moss van a esquivar balas dentro de una piscina. Ahora Morpheus es Abdul-Mateen II. Veremos si también será un aprendizaje de autodescubrimiento, crecimiento y encuentro de mi propio camino.

Agradecer y amar


Hoy respiro y siento gratitud. He pensado que considero que mi situación es mejor que la de los demás, hay otros que sufren más, y me ha parecido triste y lamentable pensarlo. ¿Cómo voy a sufrir menos porque otro sufra más? Yo agradezco que desaparezca todo motivo de sufrimiento para todos.

En el amor no hay comparación posible.

Agradezco poder levantarme por la mañana y sentir el aire frio en mi cara.

Agradezco que existan las personas que me acompañan cada día.

Gracias por sentir que lo tengo todo.

Gracias por cada lección que recibo y por poder seguir aprendiendo.

Agradezco que me den las gracias.

Agradezco estar vivo y sano

Agradezco por cada detalle que me regala la vida.

Gracias por cada experiencia grandiosa.

Gracias por tener personas tan increíbles en mi vida.

Gracias por sonreír.

Gracias por este momento.

Gracias a la vida que me da tanto.

Gracias por sentir vínculo nutritivo

Agradezco mi capacidad de amar

Mi agradecimiento es completamente sincero

Gracias, muchas gracias, es muy amable de tu parte, realmente lo aprecio, gracias por todo, estoy muy agradecido, no puedo agradecer lo suficiente, no puedo expresar mi agradecimiento, eres un ángel, eres el/la mejor, tienes mi gratitud, me alegraste el día, me salvaste el día…

lunes, 13 de diciembre de 2021

Ubuntu y la libertad

Te lo dedico a ti, que eres mi musa, mi libertad, mi Ubuntu.

Hoy no sé si hacer una cosa o hacer otra. ¿Llevo el paraguas o salgo de casa sin él? En mi creencia, hay una diferenciación, un conflicto, la necesidad de decidir, son cosas separadas y no pueden coexistir a la vez. Me siento libre para elegir, pero frustrado por no ser capaz de elegir. ¿Por qué siento este conflicto de libertad? ¿Por qué me siento limitado? ¿Por qué disfruto del sentimiento de la libertad?

Ubuntu es una de las bases éticas de la cultura sudafricana. Se refiere a la definición de grupo, de colaboración, de la lealtad y de la manera de relacionarse. Surge del dicho popular «Umuntu, nigumuntu, nagumuntu» que en zulú significa «una persona es una persona a causa de los demás».

Se cuenta que un antropólogo propuso un juego a niños de una tribu africana. Colocó una cesta llena de frutas junto a un árbol y propuso a los niños que el primero que llegara a la cesta, ganaría toda la fruta. Dio la señal para que corrieran y todos y cada uno de los niños se tomaron de las manos para correr unidos, y después disfrutar el premio.

Cuando el antropólogo sugirió que uno de ellos podría haber sido el único ganador de la fruta, le respondieron: ¡Ubuntu! ¿Cómo uno de nosotros podría estar contento cuando los demás están tristes?

Ubuntu es más que solidaridad con el mundo, es sentirse parte del mundo, desaparece la idea de "los demás". 

Ubuntu no es incompatible con ser libre. No es cierto que si pienso Ubuntu tenga que dejar mi libertad individual. No es irrebatible que no pueda ser parte de mi valiosa comunidad y a la vez libre. No tengo que abandonar a mi grupo para poder yo expresarme libremente. Los prejuicios y los juicios de los demás no están necesariamente en conflicto con mis propias decisiones de crecimiento. ¡Qué bonito es tener una familia o comunidad donde es posible desarrollarse en libertad! ¡Qué bonito es desarrollarse en libertad y contribuir con ello al desarrollo de la familia o comunidad!

Decía Spinoza que la libertad es llegar a la consciencia de mi destino, entendido como la realidad, lo que no es posible cambiar, aceptarlo y disfrutarlo. Saber lo que en las estrellas está escrito para mí y subirme a su tren. No consiste en poder hacer lo que yo quiera, sino en querer siempre lo yo hago.

Esto rompe la idea de que yo puedo ser libre, hacer lo que me da la gana, y tomar decisiones racionalmente. No puedo hacer lo que quiera en el momento que quiera. Imploro por mi libre albedrío. Yo querría ser libre, pero no existe la posibilidad.

Y cada día un poco menos. Dos siglos después, Darwin nos quitó otra parte de ese libre albedrío, escribió que el hombre no es un ser especial, cualitativamente diferente de los animales. Y si no soy especial, soy solo el fruto de nuestro instinto y nuestra naturaleza.

Otro siglo después, Freud nos quitó otra parte más del libre albedrío. En su experiencia como psiquiatra, observó que mucha de nuestra decisión viene del inconsciente, que de alguna forma nos determina, y no viene de nuestras preferencias o nuestros gustos.

¿Somos libres? ¿O un simple producto de nuestra herencia genética, experiencia y educación, además de nuestra sombra del inconsciente? ¿No será que, cada vez que decidimos, lo hacemos porque hemos heredado un ADN, o porque tuvimos un trauma en el pasado, o porque nos educaron a comportarnos así o al revés? En este caso, no es mi entorno social y cultural el que me constriñe y anula mi libertad, sino que es muy difícil reinventarme a mí mismo porque desde dentro se me impide, es mi interior el que me pone bloqueos en el camino.

Libertad es una palabra muy bonita, es una palabra talismán, vacía de contenido real, y muy manida cultural y políticamente. Sin embargo, una de las patas críticas de la existencia humana, no puedo vivir sin ella. Hay que dotarla de contenido desde la vida personal de cada uno, solo así sirve para ofrecer la motivación necesaria para levantarse por las mañanas de la cama.

Desde la neurología, sabemos que tenemos una zona del cerebro que llamamos córtex prefrontal, donde tiene lugar la actividad de la mente consciente. Ese córtex prefrontal tiene a la conciencia por un mérito propio, nos la ganamos, la construimos a propósito, es nuestra creación. Eso parece, pero no es así, la consciencia es en realidad solo un medio auxiliar. La conducta la controla el sistema límbico, otra geografía del cerebro. Según la ciencia, tomamos las decisiones en el diencéfalo, esa zona geográfica donde moran las emociones, el enfado, el miedo, el asco, la alegría y la tristeza. Y también la confianza, el interés, la culpa, el orgullo, la complacencia y otras.

Todo esto yo lo resumo así: la libertad sí existe, pero eso no significa hacer lo que yo quiera y tomar decisiones sin limitación alguna, sin fronteras. La libertad es algo que yo puedo sentir, un mensaje que recibo desde mi estómago, un idioma, una forma de existir.

La libertad es liberación. Creo que existen todas esas constricciones de la experiencia y la educación, y de verdad son piedras en el camino, que, sin embargo, con la debida metodología, es posible eliminar esas lápidas, desvanecerlas de nuestras vidas. Crecer como personas significa pacientemente ir apartando todos esos obstáculos, hasta conquistar la libertad.

Me fascina ir detectando y apartando piedras dentro de mí, y sentir la cantidad de límites que, sin querer y sin saber, le he impuesto a mi percepción. Es impresionante toda la belleza que puedo ver cuando desaparece la niebla y puedo sentir los rayos del Sol en mi piel.

El primer paso hacia la libertad, según esta metodología, comprende separar nuestras creencias falsas de las verdaderas, etiquetar cada creencia en dos tipos. Yo creo que no soy suficiente. Yo creo que me puedo quedar solo. Yo creo que una persona me está atacando. Yo creo que fui abandonado emocionalmente por mis padres. Yo creo que en el trabajo está la salvación. Yo creo que comprar me da la felicidad y poseer tal objeto me libera de mi escasez respecto de algo. Las creencias falsas son piedras en mi camino. Ahí, la mente, de forma natural, repudiará las falsas, que dejarán de existir, se desvanecerán como si nada hubiera existido nunca.

También son piedras mis propios juicios. ¿Cómo evitar hacer juicios? Yo no me siento libre, mis juicios me aprisionan. Soy el carcelero que está más aprisionado que su preso, pues tiene que cuidar de él para que no escape. Si dejase de hacer juicios, dejaría de condenar a los demás y al mundo, liberaría a mi preso y me liberaría yo.

Me siento aprisionado por mis culpas, he oído muchas veces que soy culpable del sufrimiento de otras personas. Esas culpas me inducen miedo al abandono, siento que voy a dejar de ser aceptado y ser parte de una comunidad. Necesito limpiarme de ellas.

Así, juez y culpable, no puedo evitar sentirme más seguro repitiendo en el futuro lo que ya me ha pasado en el pasado. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Más vale pasado en mano que cientos de presentes volando. Siento aprisionamiento. ¿Dónde está mi libre albedrío? Me siento como un toro al que empujan por un estrecho pasillo hacia su muerte, lenta, pero sin remisión.

Menos mal que hay más que esto. Yo, lo más seductor que he experimentado es el existencialismo de Sartre, él veía la más pura libertad. Para él, la vida es un proyecto, con principio, fin, objetivos y desarrollo. Igual que un artista proyecta su obra de arte, yo puedo esculpir mi vida con mi cincel.

Sartre presupone que el hombre puede controlar sus instintos, costumbres, deseos, ideas y las reacciones que le fueron inculcadas en su infancia. Solo necesita mucho método y algo de fuerza de voluntad, y puede construirse a sí mismo. La libertad es autodeterminación, y la autodeterminación es buena.

La autodeterminación o autorrealización es la capacidad de esculpirme a mí mismo. Es un bien tan importante que para la mayoría de las personas una felicidad determinada por otros no resulta una idea seductora. Cada cual debe crear y trabajar su propia felicidad. Si es regalada, pierde su valor. ¿Qué importancia tiene ganar si uno no puede perder?

Sartre hablaba de la libertad de las probabilidades. Es probable que podamos tener vidas diferentes, paralelas a las que ahora tenemos. Existe una salida a través de la claraboya. Existe el libre albedrío y la libertad. Yo creo que verlo así es posible, es sublime, aún sin negar la limitación por parte de nuestra herencia genética, experiencia y educación. Así, la libertad no es un sueño, una intelequia, una frustración, que no nos hace felices, sino que es eliminar el miedo y comenzar a volar.

Querer algo diferente puede ser oponerme a las leyes de la realidad, a lo que es real y es así porque sí. Esto viola mi libertad. Prefiero conducirme firmemente por la senda de la libertad, aprendiendo cómo descartar o mirar más allá de todo lo que me impediría seguir adelante, y haciéndolo de la mano de mi Maestro Interior.

No es fácil diferenciar aprisionamiento y libertad. La realidad nunca me va a fallar, porque es lo que es. La realidad no puede concebirse sin mí porque no es su voluntad estar sin mí. Mis sueños y mis falsas ilusiones sí acaban en frustración y sufrimiento. Forzar a que las cosas sean de otra manera es solo frustración, como el bambú cuando cambia de forma en el viento y vuelve a su forma cuando cesa el viento.

¿Qué es la libertad? Es sentir paz y dicha al reconocer lo que la realidad dispone para mí. Si experimento miedo y dolor, es que estoy tratando de cambiar lo que no puede ser de otra forma.

Esto puede sonar muy tétrico, a Edad Media, pero tiene excepciones. Hay un aspecto que tiene forma de realidad eternamente inmutable, que sí tiene carácter de realidad inviolable, y que intentar cambiar no genera sino sufrimiento. ¿Dónde está mi capacidad de cambiar? Puedo cambiar ese pequeño “nitty gritty” que compone la vida mundana del día a día, puedo hacerlo porque en definitiva no está más que en mi mente.

Las leyes me gobiernan porque gobiernan todo. No puedo excluirme, si bien puedo obedecer. Por ejemplo, no puedo mantener la ilusión de estar solo si estoy acompañado. En algún momento me daré cuenta de que el Universo es uno y único, y “estar solo” no tiene sentido. La Verdad manda, y mejor reconocerla y aceptarla.

La libertad necesita ser ejercida sin sacrificio ni sumisión, pero con la alegría de espíritu. Cuando me sacrifico por otra persona o meta, muchas veces lo hago de forma que genero un reproche y acabo esperando algo de vuelta. No puedo esperar nada a cambio, debe ser la generosidad pura. Si no es libre y con alegría, es mejor no hacerlo.

La libertad está en mí, pero sobre todo en los demás. Es a través de los demás que yo encuentro mi propia libertad, entendido de la siguiente forma. Crecer significa discriminar nuestras creencias, separar las falso de las verdaderas, es decir, la culpabilidad de la inocencia. Entonces, si en un caso, yo no veo inocencia en otro ser humano, es porque veo su pasado, no le veo a él, pues en el instante todos somos puramente inocentes. Es decir, le condeno, y al tiempo le estoy diciendo: "Yo que soy culpable, elijo seguir siéndolo".

Así, niego su libertad, y al hacer eso, he negado el testigo de la mía. Con igual facilidad podría haberlo liberado de su pasado y haber eliminado de su mente la nube de culpa que lo encadena a él. En su libertad habría encontrado la mía. El “te perdono” me genera a mí mi libertad. Creer en mí es tener confianza en el otro.

El segundo paso en el camino de la libertad es la liberación del pasado, igual que el primer paso comprende separar nuestras creencias falsas de las verdaderas. En el pasado hay culpa, y en el presente hay inocencia. La liberación del pasado, y por tanto, la ausencia de culpa es invulnerabilidad.

Es inevitable relacionar libertad y culpa como las dos asas del mismo concepto. Sobre todo en una sociedad como la nuestra donde la culpa está omnipresente y es socialmente bueno promover y generar culpa. Curiosamente, en oriente también está impregnada su cultura de culpabilidad, pero sus religiones tienen por objeto minimizarla, desvanecerla de las personas.

Mi liberación de la creencia de que algo puede hacerme daño, demuestra que los demás son inocentes, ellos no pueden hacer nada que me haga daño, y al no dejarles pensar que pueden, les enseño que la salvación, que he aceptado para mí mismo, es también suya. No hay nada que perdonar.

La libertad refulge cuando, libre de pasado, vivo el presente. En el instante santo me veo resplandeciendo con el fulgor de la libertad. Es decir, no necesita mucho tiempo el camino hacia la libertad, meramente un instante. Un momento sin pensamientos de pasado ni de futuro, en plena atención a lo que los sentidos me están diciendo ahora. Sin miedo.

El tercer paso da lugar al himno de la libertad que se escucha en todas partes. En la libertad, tengo la sensación de ser transportado más allá de mí mismo. He escapado realmente de toda limitación. Es una súbita pérdida de la conciencia corporal, y una experiencia de unión con otra cosa en la que mi mente se expande para abarcarla.

Esa otra cosa pasa a formar parte de mí al unirme a ella. Y tanto yo como ella nos completamos. Lo que realmente sucede es que he renunciado a la ilusión de una conciencia limitada. El amor, que instantáneamente reemplaza a ese miedo, se extiende. La paz es no cuestionar la realidad, sino simplemente aceptarla.

En estos instantes en que me libero de toda restricción física, experimento mucho de lo que sucede en el instante santo: un levantamiento de las barreras del tiempo y del espacio, una súbita experiencia de paz y alegría. Mas por encima de todo, pierdo toda conciencia del cuerpo y dejo de dudar acerca de si todo esto es posible o no.

En este lugar de refugio puedo ser yo mismo en paz, simplemente mediante una serena fusión.

Quiero sentir esta libertad,

me sobra mucho corazón.

Quiero sentir el viento paseando por la montaña.

Quiero disfrutar la luz de un día frío de invierno.

Quiero ver levantar las nubes bajas de la mañana de brumas.

Quiero mirar la tierra para no codiciar nada, no envidiar nada.

Quiero ver caballos en libertad con las crines al vuelo,

esos caballos son mis hermanos.

Quiero ver pasar humeante un tropel de potros salvajes.

Quiero observar águilas de esplendidos plumajes,

trayendo de las cumbres magníficas visiones,

con el sereno vuelo de las inspiraciones.

Quiero oler la fragancia de la resina del pino de Peguerinos.

Quiero abrazar a esos árboles casi centenarios.

Quiero escuchar mis pisadas sobre el suelo.

Quiero sentirme el orfebre del instante

al Sol que nunca juzga los motivos terrenales.

Quiero ver en la noche lo infinito que me queda por aprender.

Y quiero hacerlo de tu mano, amor,

vigilando tu sonrisa,

buscando a ciegas tus contornos,

soñando fundirme en tu piel deshabitada.

Solo quien te ha besado sabe que es inmortal.

¿Quién es el ser humano más libre de la tierra?

lunes, 6 de diciembre de 2021

La culpa es una bola azul



Hoy he pasado un día muy bonito con personas muy bonitas. Todo paz y harmonía. Y, sin embargo, algo duele en la zona del tuétano, es un dolor que se muestra en forma de crisis de ansiedad, que me lleva a comer sin tener hambre. 

Cuando lo analizo en detenimiento, se llama "culpa". Me siento culpable por ser feliz, por no hacer propiamente el duelo de personas que se van, es decir, me siento culpable por no sufrir. Me siento culpable por sentir paz y dicha.

Antes la culpa no existía, todo estaba bien, pero ahora empiezo a hacerme sensible a ella, la visualizo. No es mía, es herencia de una sociedad en la que vivo y que promueve el sentimiento de culpa, el miedo asociado y la necesidad de expiarlo. En esta cultura, la Expiación nos lleva a flagelarnos la espalda durante las fiestas de semana santa, y a entonar un credo de “por mi culpa, por mi gran culpa”.

Visualizo una red de personas interconectadas. Cada una tiene su momento de felicidad, pero en seguida recibe una bola azul de una conexión personal cercana. Esa bola con luz azul está muy caliente y quema. Por eso, el momento de felicidad se convierte en dolor y sufrimiento. 

Tanto duele que la persona siente profundamente la necesidad de lanzar la pelota a otra persona que esté en su red. Lo hace rápida e inconscientemente para no sentir arder sus manos, sin dedicar tiempo a pensar y decidir conscientemente, en modo de pura supervivencia.

Lanzando la pelota azul al próximo, parece que momentáneamente desaparece la quemadura y el dolor, ojalá, sin embargo, no se ha desprendido de ella, la pelota sigue estando en sus manos.

Las películas japonesas representan esto muy bien, pintan con precisión los ataques lanzando bolas de energía.


En psicoanálisis, hablamos de proyección. Proyectar la culpa propia hacia los demás parece que nos va a vaciar de culpa, pero no lo hace. No nos libera.

Solo nos libera la meditación. Observar cómo queman las manos, mirar con amor a esa bola azul, como si fuera un regalo de los Reyes Magos en Enero, y dejar que se diluya, que se desvanezca poco a poco. 

Los grilletes solamente se sueltan, soy la libertad, cuando me hago consciente de que la bola no existía, era una pura construcción mía. Había yo mismo construido algo, había creído que era real, y sufría por ello. ¡Qué juego más absurdo!

Calderón de la Barca decía que la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Soñamos con la pelota, soñamos que nos quemamos, solo queda despertar de ese sueño, y mirar las manos limpias, con llagas, sin el obstáculo, la bola azul.

Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte, ¡desdicha fuerte!

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.

 

Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Ahora que he aprendido, veo un juego interminable de pelotas en movimiento, y personas que no se dan cuenta de ello. Se lo digo, les apoyo en el proceso de comenzar a visualidad las bolas azules. 

Soy inocente. El camino hacia la paz está lleno de obstáculos, y, de éstos, el más difícil es la culpa. Su apariencia impenetrable, su ser de piedra, es una quimera, parece una montaña que se puede escalar para desde la altura ver mejor el sol, pero no es capaz ni siquiera de sostener una pluma. Cuando trato de tocarla, desaparece, trato de asirla y mis manos están vacías.

Es una nube que parece un mundo entero, una cuidad, un lago, una pradera, con pruebas sensibles de realidad, pero todo es imaginación. Cuando miro con detalle, lo que parecía amoroso se vuelve grotesco.

Yo lo construyo, y al ser mi construcción, me siento orgulloso y me creo que existe. Protejo mi culpa porque es mi bebé. Sufrir por no hacer el duelo puede parecer una prueba de amor, ¡qué orgulloso estoy de sufrir por amor! Voy a latigarme un poco más.

La nube de la culpa no es sólida ni impenetrable, hay un momento en que se desvanece y hay sol detrás. La culpa se encuentra con el perdón. Esa brillantez que veo es lo real. Soy inocente. Ya no está el pensamiento ni el dolor.

Al final de este viaje está la pradera soleada, con vida animal inocente, una vaca pariendo al sol, a su ritmo, en soledad, un toro montando una vaca, una casa de piedra entre pinos y sin cobertura … el instante eterno, el hogar, la paz.



jueves, 2 de diciembre de 2021

¿Qué soy?

La luz es energía en frecuencia visible, es decir, un reducido subconjunto de las posibles energía visibles y no visibles posibles en el Universo. Ser energía es mucho más grande que ser luz.

Estos días he tenido que enfrentarme a una serie de situaciones, que así, superficialmente, las calificaría de desagradables. Por ejemplo, he sido sujeto a una demanda judicial, y tenido que ir al Juzgado a recoger la documentación con la demanda y las pruebas del demandante.

Cuando digo superficialmente desagradable, quiero decir que cuando he rascado la superficie, por debajo surgen un buen número de emociones de todos los colores. En concreto, miedo. Cuando alguien utiliza los servicios judiciales nacionales para resolver un conflicto, lo hace sin duda desde el miedo.

Por supuesto, mi primera reacción fue colocarme al mismo nivel del demandante, y sentir miedo, mucho miedo. También tristeza y depresión, incluso ira y asco. Sensación de perder la confianza en el ser humano.

Si un niño pequeño viniese y me golpease, ¿yo me pondría de rodillas a su nivel y devolvería el golpe? Seguro que no, pues en esta ocasión de la demanda tampoco.

La única manera es elevarse sobre la situación, salirme de mí mismo y cambiar radicalmente de perspectiva, volar cual zepelín. ¿Esto es posible? ¿Qué soy yo? ¿Yo soy mi cuerpo o soy libertad?

Recordé las palabras de Shariputra para sanar a su amigo:

These eyes are not me. I am not caught in these eyes.

This body is not me. I am not caught in this body.

I am life without boundaries.

The decaying of this body does not mean the end of me.

I am not limited to this body.

This body is not me. I am not caught in this body.

I am life without limit.

These eyes are not me. I am not caught in these eyes.

These ears are not me. I am not caught in these ears

This nose is not me. I am not caught in this nose.

This tongue is not me. I am not caught in this tongue.

This body is not me. I am not caught in this body.

This mind is not me. I am not caught in this mind.

Cuando repito esta meditación una y otra vez estilo mantra, me doy cuenta de que solo dice lo que no soy, pero no dice lo que soy, salvo que poco a poco mi corazón y mis intuiciones empiezan a reaccionar y a decir algo. Puedo escucharlo. Soy libertad, me siento invulnerable por parte de las cosas que me puedan pasar en la tierra. Me desapego.

These things I see are not me. I am not caught in what I see.

These sounds are not me. I am not caught in these sounds.

These smells are not me. I am not caught in these smells.

These tastes are not me. I am not caught in these tastes.

These contacts with the body are not me. I am not caught in these contacts with the body.

These thoughts are not me. I am not caught in these thoughts.

The past is not me. I am not limited by the past.

The present is not me. I am not limited by the present.

The future is not me. I am not limited by the future.

Entiendo que yo soy algo más de lo que es mi cuerpo, de lo que es mi vida de los detalles en mi entorno y mi sociedad. Soy algo más allá de una ruedita que contribuye a que el reloj funcione y marque las horas.

Ya Platón introducía el concepto de participación. Por un lado, hay ideas, perfectas, eternas e inmutables, y por otro el mundo material, perecedero, imperfecto y mudable. Lo material “participa” de las ideas, pero lo hace de forma imperfecta.

Aristóteles asume la existencia de una sustancia, un sustrato que no cambia, sino que permanece a través de los cambios. Las propiedades mutables solo tienen sentido cuando se refieren a una sustancia, así, no existe la blancura, sino una pared blanca.

Soy algo más que lo externo a mí, que mis circunstancias, tengo un maestro interior. Como decía Aristóteles soy una participación de una bola energética que es la vida en su conjunto. De ese uno permanente “emana” lo concreto, es decir, yo. Como los rayos de sol y el sol. Los primeros emana de él y dejarían de existir sin él.

Puedo odiar y sentir rencor desde la naturaleza física, pero no puedo desde la naturaleza energética. Tal vez tenía razón Einstein cuando hablaba de la dualidad onda-partícula y decía que materia física y energía son las dos caras de la misma moneda, intercambiables multiplicando por el cuadrado de la velocidad de la luz.

Las mentes están unidas, lo físico no. Por eso las mentes viven en libertad, mientras el mundo físico está limitado. Sentir la sensación de ser transportado más allá de mí mismo es una sensación de liberación, algo mucho más profundo que el sueño de libertad pequeño que me han contado.

Es una sensación de haberme escapado realmente de toda limitación. Me siento unido con otra cosa, que se hace parte de mí. En ella me completo, me siento en casa, me relajo, soy yo. El amor reemplaza al miedo inicial.

Ahí no tengo ninguna duda acerca de mi Identidad, ni deseo limitarla ni etiquetarla con palabras.  He alcanzado la paz, acepto la realidad. Es mi refugio.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

El destino y el flow

Tengo que tomar una decisión respecto a mis hijos. Ha ocurrido algo y tengo que compartirlo con ellos. Tengo que cuidarles para que no sufran, pero también tengo que ser sincero y auténtico con ellos. Es un dilema. Tengo que acompañarlos en su digestión de la nueva situación, pero no quiero que sientan incertidumbre. ¿Tengo que esforzarme en hacerlo bien, o puedo confiar en su crecimiento como personas y capacidad de enfrentarse a las cosas con aprendizaje?

La película “Only you”, 1994, muestra el dilema de la libertad o el destino. La adolescente Faith recibe la información de que su destino es un hombre llamado Damon Bradley. A partir de ahí lo busca sin pausa. En un momento, en olvido, está a punto de casarse con la persona que socialmente es apropiada, sin embargo, el destino ataca en el momento justo, y Faith abandona las convenciones familiares y sociales para embarcarse en la exploración. Suena el teléfono y es el mismo Damon, tomando un vuelo a Venecia, una llamada, una señal, para que Faith persiga su rastro por toda Italia.

Me pregunto si nuestra vida está escrita, lo visualizo como si estuviera escrita en las estrellas, o si, por el contrario, está en mis manos construirla. ¿Existe ese libro gigante en la noche estrellada donde se dicta lo que me está ocurriendo? ¿Puedo relajarme y dejar de construir, confiando en que la construcción va a seguir sin mi liderazgo?

No dudo de mi libre albedrío. Yo puedo tomar decisiones y las tomo constantemente, yo construyo mi vida. Puedo incluso decidir en contra de ese libro. La pregunta es: ¿Existe ese libro?

Me visualizo como un niño que, desvalido, cede su mano a un gigante y se deja, despreocupado, llevar. Ya solo tengo que ocuparme de disfrutar de lo sublime del paisaje, confiando en que voy con quien y a donde tengo que ir.

Yo puedo construir estrategias y erigir edificios del “deber ser” kantiano, en los que las cosas sean como a mí me gustaría, y se desarrollasen como yo querría, pero al lado está la humilde realidad, la que existe sí o sí, la que no puedo cambiar. Ver la realidad y aceptarla como real, me permite “soltar”, “desapegarme”, “fluir”.

El río dirige su corriente hacia el mar. Yo puedo nadar en contra, pero solo voy a conseguir agotarme para seguir estando en el mismo sitio. ¿Qué tal tumbarse estilo muerto y dejar que la corriente me lleve?

La psicología positiva lo llama estado de flow o “be in the zone”. En este estado mental, en mi actividad del día a día me siento inmerso, enfocado y energético. Me siento involucrado y contento. Estoy absorbido en lo que hago. Desaparece el tiempo.

Me dejo en las manos de mi destino. Es como estar en el cielo. Es paz y certidumbre. Prefiero la certidumbre, aunque lleve un “flavour” oscuro, que la incertidumbre. La incertidumbre me mata. En estado de Flow, desaparece mi ansiedad y mis miedos. Ya no siento la oscuridad de mi depresión. Ya no siento la culpa de nada. Es liberador, se me sueltan los grilletes y las cadenas.

Ya no siento el dolor, se ha ido mi sufrimiento. No hay tristeza. Ya no puedo perder nada. Ha muerto la muerte. Dejo mi mano a ese gigante que me guíe. La realidad manda, yo acepto.

Quiero que este pensamiento esté siempre ahí conmigo. Quiero entrenar mi mente para que este pensamiento sea parte de mí. Que sea mi hábito para la resolución de problemas que se me presenten. Quiero vivir mi presente y confiar en mi gigante, hacerle mi maestro interior. Quiero paz. Amor.  

jueves, 11 de noviembre de 2021

La indefensión

Estamos viviendo una miríada de cambios profundos en la sociedad en la que vivimos. Uno de los más visuales es entender el siglo XX como un siglo de extrovertidos para extrovertidos, y el siglo XXI un siglo de introvertidos para introvertidos.

Yo estoy viviendo cambios profundos en mi vida. Uno de los más visuales es el cambio de extrovertido a más introvertido. Donde mi foco antes estaba en el exterior, creyendo sin dudar la existencia fehaciente de un mundo fuere de mí, ahora, por la pandemia o por la madurez, el foco empieza a mudar al mundo interior.

Ahí, la importancia básica es mi maestro interior, la experiencia dentro de uno mismo, sobre la creencia básica de que el mundo exterior es solo un conjunto de partículas y ondas electromagnéticas, y la realidad la construye la percepción del ser viviente. 

Esa percepción procesa los impulsos recibidos y los convierte en formas y emociones. Si yo veo algo, soy yo quien construyo la emoción de alegría, y ese algo sin la emoción que yo le pongo es nada.

Mis emociones parecen venir de fuera, sin embargo, son creadas por la percepción de la mente, en base a experiencias anteriores, proyecciones futuras, creencias sociales, valores educativos… De esta forma, toda emoción es una quimera, una invención, una construcción de la mente racional.

Por ejemplo, ayer mi mente decidió construir un ataque. Yo podía ver claro que una persona externa a mí me estaba atacando, y mi reacción era una incomoda posición de necesidad de defenderme, de devolver el ataque, de alejarme de esa persona, de bloqueo hacia su acción.

Mi posición de defensa era dolorosa. ¿Por qué esa persona sin razón aparente querría hacerme sentir molesto? ¿De dónde venía toda esa injusticia? ¿Por qué yo debía reatacar para mantener mi dignidad, mi Ego y mi autoestima?

Desde la perspectiva de un mundo interior, todo esto es muy diferente. Lo único evidente en esa situación es que yo estaba experimentando una emoción desagradable de ser atacado. No es fuera, es siempre de dentro, como decía mi amigo Héctor.

Era yo que estaba construyendo en mi mente el ataque, a pesar de percibirlo que venía desde fuera. Seguramente, yo construía ese ataque porque mi niño interior herido percibió alguna vez ataque durante el embarazo o la infancia, y mis neuronas quedaron así entrelazadas de forma que ya siempre repito esa sensación de ser atacado, cuando ya no existe ese ataque.

Los mastines españoles son perros grandes, cariñosos, leales a su dueño, de mirada amable y comportamiento juguetón. Sin embargo, la práctica en los pueblos es pegarles de pequeños, maltratarles y racionarles comida y agua. Estos perros maltratados mutan su comportamiento en bestias agresivas. Son capaces de percibir atacantes y reaccionar muy violentamente, destrozando cualquier víctima. Son muy peligrosos, hoy ilegal la práctica.

A través de mi niño interior maltratado, el tigre que llevo dentro me ataca cada cierto tiempo, y yo vivo una parte de mi existencia defendiéndome de mi tigre. Y agrediéndole de vuelta. Es agotador vivir en esa lucha incesante, en un círculo vicioso de culpa, víctima, percepción de ataque, defensa, ataque, culpa…

De pronto, tengo un momento en el que me siento culpable, y ello me parece insostenible, así que decido inconscientemente victimizarme y proyectar la carga sobre otra persona que esté cerca. No hay mejor defensa que un buen ataque. Y así, refuerzo la sensación de culpa, y convierto el momento en una rueda sin fin.

Sin embargo, desde mi maestro interior, se que nadie me ha atacado, y que solo en el convencimiento profundo de que el ataque que percibo ahora nunca existió, soy capaz de perdonar al prójimo. Perdonar en el sentido más básico de la palabra, significando convencido de que no ha existido ataque real.

Perdonando ese comportamiento y esa persona, se produce el milagro de hacer desaparecer el ataque. Es una experiencia intensa, en la que es posible pasar de un claro ataque a olvidar completamente la emoción. En un momento de ecuanimidad, dejo de reaccionar negativamente ante algo externo, una vez disuadido de que está solo en mis sueños, en mi imaginación.

Ayer percibí un ataque muy doloroso, al que pude quebrar la reacción emocional en mi mente. En relación causa efecto, ataque lleva a reacción emocional, y ésta es una casi ley, muy importante de romper.

Una vez reducido el enemigo, el ataque, apareció otra persona con armas contra mí. Según iba reduciendo, los enemigos iban creciendo. De uno en uno, como puestos en fila.

Como en una película de Bruce Lee, no tenía brazos ni piernas suficientes como para bloquear los sucesivos ataques recibidos. La sensación era más parecida a una película de ciencia ficción, incluso de miedo.

Muchas horas después, la tormenta fue convirtiéndose en cielo azul y paz. Después de la tormenta siempre escampa. La sensación era de dicha, felicidad y paz. El viaje a través de la sombra veía ya luz al final del túnel.

La paz resultante se llamaba indefensión. Ya no necesita defenderme de nada, porque ya no había nada que me estuviese atacando. Mi tigre se había echado a dormir agotado.

En mi paz, todas las personas a las que había conseguido perdonar, se me imaginaban hermosos. Nada podía yo valorar tanto ni tener en tanta estima. No había comparación con la pesadilla anterior. Los gigantes volvían a ser molinos, y esta vez soleados y bellos. Mi corazón cantaba de alegría. El mundo real era resplandeciente, puro y nuevo.

La cocina había quedado hecha un caos después de cocinar, pero el detergente y el proceso la habían retornado resplandeciente y bien oliente. La belleza brota conforme contemplo el mundo con los ojos del perdón. Las quimeras que había tergiversado mi percepción habían quedado, por lo menos temporalmente, eliminadas. Ya no me sentía anclado al pasado.

Perdonar no es otra cosa que recordar únicamente los pensamientos amorosos que di en el pasado, y aquellos que se me dieron a mí. Todo lo demás debe olvidarse. Al final, me llevaré solo eso, el karma, mis pensamientos amorosos y el impacto de mis acciones.

Traigo tenebrosas figuras de mi pasado. Las traigo y las oigo. Si las conservo es porque así lo elijo, no puedo entender de dónde llegaron ni cuál es su propósito, solo sé que representa el mal que creo que se me infligió. Las traigo solo para poder devolver mal por mal, con la esperanza de pensar que otro es culpable sin que ello me afecte a mí. Esas tenebrosas figuras hablan de venganza.

Es malvado, porque todo lo que me recuerda resentimientos pasados me atrae, y me parece que es amor. Por eso esas relaciones así formadas son más corporales que espirituales, porque en realidad, la relación no se entabla con la persona que parece, sino con otra que en el pasado generó los percibidos maltratos.

Esa relación no se forja con otra persona, sino precisamente para excluirla, pues la relación es con unos sueños inexistentes. En la unión con esas fantasías se goza de una dicha ininterrumpida. El perdón deja solamente los pensamientos amorosos, y con ello, transforma el pasado en presente.

En mi indefensión radica mi seguridad. En mi indefensión soy fuerte, y descubro lo que mis defensas ocultan. El propósito de todas mis defensas es impedir que reciba el regalo que para mí hay hoy.

Las Artes Marciales me han enseñado que la indefensión nunca puede ser atacada, porque reconoce una fuerza tan inmensa, que ante ella el ataque es absurdo, un juego tonto de un niño cansado, cuando tiene tanto sueño que ya ni se acuerda de lo que quiere.

Mahatma Gandhi, el fundador del movimiento de la no violencia decía “Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”, y en esa frase se basa toda su filosofía.

Más allá de los sueños, reconozco que no necesito defensas, soy inexpugnable, el ataque no tiene sentido alguno. La indefensión me protege. En mi luz soy invulnerable.

A veces pienso que mostrarme indefenso es como estar en el hogar de mi infancia. En mi hay un niño interior que anda buscando la casa de su padre, sabiéndose un extraño fuera de ella. En ella, no se juzga, no se ataca y solo se ama incondicionalmente, sin tener que hacer méritos, solo por haber nacido en ella. Tan solo pide unos segundos de respiro, un intervalo en el que pueda volver a respirar el aire de la casa.

Ese niño necesita mi protección. Su vocecilla es una llamada de auxilio ahogada en los estridentes sonidos y destemplados ruidos del mundo.

Yo no le voy a fallar. Ese niño es mi indefensión, mi fortaleza. El confía en mí.

Él es un niño pequeño, y yo he podido aprender de él cuán fuerte es aquel que viene sin defensas, ofreciendo amor a sus enemigos. Acepto su indefensión a cambio de todas las armas bélicas que mi mente ha construido. Voy a volver a casa con él y gozar de paz por un rato.

Nos vamos a sentar a la mesa y voy a ponerle un plato a él simbólicamente.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Somos uno

 

Hay veces que las distancias desaparecen y me siento uno con la naturaleza, con otra persona o incluso con la humanidad entera. ¿Qué tipo de sentimiento es ese?

En lugar de reconocer que mi yo acaba donde acaba mi piel, parece que se extiende y lo hace hasta el infinito. Así, lo que es bueno para mí y lo que es bueno para mi no-yo es lo mismo.

No existe separación, todos formamos parte de una misma Entidad. Desde los presocráticos griegos sabemos que todo empezó en un momento que no había espacio ni tiempo, un punto en el que no había diferencias, todo era lo mismo, todos estábamos allí juntitos. El Big Bang hizo que ese punto se expandiera y apareció el mundo, cada vez extendiéndose más en el espacio.

Desde entonces la vida ocurre a forma de dialéctica, dos fuerzas opuestas que encuentran su equilibrio. Por un lado, la expansión del Universo y creación del mundo. Por otro lado, la vuelta a casa, al encuentro en la Unidad. Así, nuestra mente tiene dos capacidades, una que ve la diferencia, la racionalidad, y otra que ve la unidad, la intuición.

Por eso, cuando alguien sufre, sufrimos todos. No es el concepto de empatía, a través del cual yo puedo ponerme en los zapatos de otra persona y sentir como él. Es otro concepto más extremo, por el cual yo soy la otra persona, la otra persona es yo, y todos pertenecemos a una misma única unidad.

De forma parecida, cuando yo tengo pensamientos, los tiene el otro. Y cuando el otro tiene un pensamiento, lo tenemos todos. No es posible hablar del pensamiento privado, sino que solo hay un pensamiento del que participamos todos.

Cuando alguien está en paz y es feliz, esa felicidad también repercute sobre la gran familia. Cuando alguien es amado, también los beneficios repercuten potencialmente en todos nosotros. Maltrata al prójimo y te estarás maltratando a ti mismo; ama al prójimo y te estarás amando a ti mismo.

Como dice la sabiduría popular, “haz bien y no mires a quien”, “los humanos y los árboles somos hijos de la misma tierra”, “no hagas a los demás aquello que no quieras que te hagan a ti” o “trata al otro como tú quieres ser tratado”.

En Filosofía, hablamos de Panteísmo como símbolo de una Gran Madre en cuyo seno están contenidas todas las cosas, de la que todas las cosas emanan y hacia la que retornan, en un ciclo eterno. Esto es también el Tao chino.

La idea de emanar es de Aristóteles. El proceso de emanar de las cosas produce la separación, lo que se denomina Dualidad del mundo. En esta cultura, la especie humana queda completamente aislada de su matriz. Inventa un mundo “objetivo” y material, que está fuera y es independiente del ser humano. Friedrich Nietzsche lo describe como “¿Qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol?

En esta Dualidad, hay diferenciación, la palabra “naturaleza” significa “todo lo que el ser humano no es”, ““todo lo que no ha sido creado por la mano del hombre”.

Todo esto es una quimera, una pretensión, pero no es posible. Werner Heisenberg en 1925 afirmaba la imposibilidad de cualquier observador de medir una partícula sin modificarla en el proceso de observación. Así la mecánica cuántica rompe esa idea de mundo objetivo posible. Ya no es obvio que exista una mesa enfrente de mi y con independencia de mí. El dualismo muere cuando Erwin Schrödinger, fundador de la mecánica cuántica, enuncia: "El sujeto y el objeto son uno solo.”

Desde el Romanticismo alemán, Fichte a Schelling, no se sostiene una dualidad, sino un proceso participativo, esencialmente interdependiente, entre el hombre y lo externo a él. La realidad no está separada, no es autónoma.

La forma no existe en sí misma, sino solo como información. Un sistema, tanto un ser humano como un átomo, está constituidos por una cantidad de información integrada. A mayor información, mayor complejidad del sistema y mayor conciencia de éste. Rupert Sheldrake lo llama campos mórficos.

Volvemos al Ser del filósofo presocrático Parménides. En su visión no-dual, el Ser es aquello que es, y no puede ser de otra forma. El Ser es la vida, una, eterna, siempre presente, que está más allá de las formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte.

Plotino lo llama Uno. Es indescriptible, la unidad, lo más grande, hasta tal punto que a veces le denomina Dios, único, infinito. Es principio y última realidad, la Unidad que funda la existencia de todas las cosas. Es ilimitado, perfecto y no tiende a acabarse, por lo tanto, es una sola realidad.

Según (Eckhart Tolle, El poder del ahora, 1997), el Ser está embebido en cada persona o cosa. Sólo se le puede conocer cuando la mente se acalla, cuando estás presente, completa e intensamente en el Ahora. Trata de sentir lo que significa ser. No estamos en el universo, somos universo.

La unión es una percepción sublime. Intuir esta unión es la liberación de la oscuridad. Entrar en comunión viene asociado a entender la dicha y la paz. La Unión es la reconciliación después de la separación. Da miedo, pero es la única liberación. Es el amor.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

La Pareja

Dicen los psicólogos que las relaciones de pareja sanas se apoyan en el respeto, en valorar al otro y respetar sus sentimientos, opiniones, amigos, actividades e intereses. La pareja establece de común acuerdo entre dos personas, basada en el interés y el afecto, y en cuidarse mutuamente.

Durante muchos años, creo que he tenido medias parejas. Con respeto, interés, afecto y cuidado mutuo. Me llenaban en ciertos o muchos aspectos, he vivido mucho, he aprendido mucho, he sonreído a la vida, pero no dejaban de estar impregnadas de ansiedad, desesperación, culpa y ataques.

Los ataques y la culpa van unidos. Lo que yo he vivido es “me siento culpable, te ataco a ti para traspasarte la culpa”. Ha sido por ambas partes, y de forma bastante inconsciente. En cosas nimias y en las grandes cosas. Este juego yo lo he visto en el lenguaje, con una violencia que nunca es física ni fácil de detectar, muchas veces coloreado con toques de humor, y disfrazado de confianza con solera por el tiempo común vivido y el desarrollo de costumbres comunes y fáciles.

En perspectiva, llego a una muy importante conclusión, veo que el ataque siempre ha ido hacia mi libertad, mi invulnerabilidad y mi capacidad de ver más allá. No solo molestaba que me gustase dormir con el aire fresco, renovado y frío, sino que lo que de verdad era atacado era aquello que me hacía erguir mi espalda, caminar sin mirar hacia atrás y decidir sin dudar.

En esos tipos de relaciones, es muy difícil liberarse y crecer. Pero es común normalizar esas formas de amar mezcladas con láminas de resentimiento. Confundimos el amor con los celos, con la sensación de propiedad y con la necesidad de cumplir ciertas necesidades físicas, psicológicas y sociales.

He visto a esa parte de resentimiento hacerse consciente, y parecía que iba a desaparecer en ese camino. Sin embargo, la mayoría de las veces se convertía en culpa, en mal sentimiento, cargo de conciencia, pero sin hacer por corregirlo.

La seguridad es un elemento crítico en una relación. Estas relaciones especiales crean la ilusión de seguridad, pero es doloroso buscar la seguridad allá donde no está.

Al mismo tiempo, otra característica de las medio relaciones es sentir empatía de forma errónea, es decir, sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento de la otra persona, pues el sufrimiento es precisamente lo que debes negarte a comprender. Así, se justifican comportamientos inadmisibles. El triunfo de la debilidad no es lo que deseas ofrecerle, la verdadera empatía es aquella donde le permites que se valga de tu capacidad para ser fuerte y no débil. No trates de ser Su maestro, tú eres el estudiante, él o ella, el o la Maestro, permite que él o ella te ofrezca Su fortaleza.

Ya no quiero esto. He descubierto que el ingrediente de éxito en una pareja es la indefensión. Una relación es tal en tanto que uno no se defiende. Sin defenderse, esto no deja de impresionarme, se siente invulnerable, y al ser invulnerable tampoco tiene la necesidad de atacar, ni de sentirse culpable, ni de jugar al juego de la competitición ni de tener que convertirse en algo especial para ser digno de ser amado

Ahora creo mucho más en el amor inmutable incondicional y mucho menos en las relaciones que están sujetas a tantos cambios y variaciones. Porque si tanto cambian, es que están motivadas por los miedos, el miedo a quedarme solo, el miedo a necesitar ser especial a los ojos de la sociedad, el miedo a no ser suficiente para los requisitos de la educación… El amor y el miedo no van bien en la misma frase.

Además, no puedes amar sólo a algunas partes de la realidad y al mismo tiempo entender el significado del amor. Esto me gusta, aquello quiero cambiarlo, es la actitud pueril de creer que el mundo debe ser de otra manera, pero como no lo es, me frustro y me salen emociones como la ira, la tristeza o el asco.

La verdadera relación de amor es aquella que se percibe como unión y no como separación. Se siente que se achica hasta desaparecer la distancia hasta el otro yo. Desaparecen los pensamientos privados, para hacerse públicos y compartidos.

En la unidad la comunicación es perfecta. No hay que decir las cosas para que se entiendan, porque si no se entienden de natural, tratar de convencer será el comienzo del siguiente juego ataque-culpa.

Vivir el instante, dejando al lado el pasado y el futuro es amor. En el instante se vive la eternidad, y allí no hay nada especial, no hay otras personas que sean diferentes, no hay nadie ni nada por lo que competir, no existe la quimera artificial de ganadores ni perdedores.

Al aparcar el pasado, allí se quedan también los valores, y sin valores, todas las personas somos iguales y semejantes. Solo entonces se puede empezar a escuchar al corazón.


martes, 2 de noviembre de 2021

Mi Maestro Interior

 

En este ensayo, intento reflejar el camino de mi vida. No hubiera sido posible sin la pauta generosa de mi Maestro Interior, esa energía intangible a quien doy la mano para dejarme guiar y que me lleva sin duda, sin miedo y sin pausa a lo largo de mi camino.

Tengo la certeza de que este camino de crecimiento, lo he conformado yo. Por supuesto que me han orientado lecturas luminosas, que he recibido consejos pertinentes por parte de mis profesores y maestros, y que he admirado el tesón de otros buscadores de sentido a cuyo lado he recorrido muchos trechos. Sin embargo, mi impresión es que he sido yo y solo yo quien ha caminado, guiado por mi intuición, mi Maestro Interior.

Siempre me ha costado un triunfo compartirlo. He experimentado que todo esto es muy difícil de entender en nuestra sociedad occidental, demasiado intelectualizada e invadida por las necesarias explicaciones lógicas.

Solo podemos evitar la generalizada presencia de la racionalidad si despertamos al Maestro Interior que cada uno de nosotros llevamos dentro y le dejamos hablar. Cuando no está tapado, mi Maestro Interior me hace mucho más sabio de lo que creo, y sé bien qué es lo que se espera de mí y qué debo hacer.

Mi Maestro Interior no me dice nada que no sepa ya, solo me recuerda lo que ya se, me pone ante la evidencia real para que sonría. Gracias a él, he descubierto que todo sin excepción es una aventura. Tener un hijo, cultivar una amistad, hacer un viaje… es una aventura. También dar un paseo, leer un cuento o cocinar es una aventura. Cualquier instante, aun el más gris, es una aventura ilimitada. En lo ordinario, también es posible encontrar la aproximación sustancial y milagrosa.  

Lo que siempre he evitado es la rutina. Siempre he buscado la creatividad y la capacidad para vislumbrar y rescatar el descubrimiento. Si no recuerdo el pasado, todo lo que miro es siempre nuevo y diferente. En mi vida, he buscado con obstinación participar de ese cambio continuo que llamamos «existencia», como única promesa sensata de felicidad.

Una vez, tuve la oportunidad de pasar unos años haciendo trabajo de cooperación en campos de refugiados. Sin entrar en contexto, son áreas limitadas donde viven familias durante décadas. Desde un punto de vista occidental, en extrema pobreza, sin agua potable, sin servicio de basuras, sin sistema de alcantarillado, sin permisos para trabajar y muchas veces con sistemas sanitarios y alimenticios insuficientes.

Una tarde de invierno, casi de noche, llegaba yo con muchas ganas a impartir mis clases de inglés a un grupo de niños de diversas edades. No estoy seguro de cuánto aprenderían ellos, pero sí tengo certeza de que yo aprendía mucho más de su idioma local, y por supuesto, de la vida.

Llegué al campo con mi coche BMW nuevo y mi móvil Nokia recién comprado. Allí se quedó el coche aparcado, con el móvil en el salpicadero, y accidentalmente con la puerta abierta. Las dos horas que yo estuve en el centro social con mis alumnos.

Cuando salí, lo que vi no era creíble a mis ojos. Dentro del habitáculo había niños, muchos niños, una increíble cantidad de niños. En ese momento no pensé en la tapicería de cuero blanca, pero si en mi móvil. Seguramente no estaría ya.   

Como occidental, en seguida hice la adecuada planificación económica. Con lo que yo había pagado por el móvil, una familia de refugiados en el campo podría sobrevivir muchos meses, incluso años. Incluidos hijos, padres, abuelos y algún primo. Mi mente me convenció de verlo como una donación, como cooperación, como un acto de caridad ante aquellas pobres personas.

Para ser honesto, me encantaba jugar con aquellos niños. Hablábamos, les subía a mi espalda, corríamos, jugábamos, tanto así que finalmente olvidé el móvil y la preocupación racional alrededor del desafortunado malentendido.

Más tarde, después de jugar y compartir un zumo con una de las familias dentro de su hogar, ocurrió algo que cambiaría para siempre mi sistema de comprensión de la vida. Se aproximó un niño a mí y puso en mi mano el antes ansiado móvil. Me dijo que su abuela nunca había visto uno y había ido a enseñárselo. Se me cayó toda mi educación a mis pies.

Me arrepentí de todos mis pensamientos dementes, y comprendí en una fracción de segundo que todos los seres humanos somos iguales, que es una oportunidad de crecimiento sentir que cualquiera se acerca a mí, y que tendría confianza en las guías de mi Maestro Interior.

Soy un avezado explorador de mi conciencia, y percibí con deleite todos esos cambios.  Pero no basta percibir, hay que observar lo que sucede dentro. He aprendido que cuanto más observo, más acepto. La observación y la contemplación son motores de cambio. Dos décadas más tarde, tomo nota de ellos para así compartir la transformación de mi biografía.