martes, 22 de junio de 2021

Suspender el juicio

 


Juzgar a los demás significa dar un significado a sus acciones, sus valores o sus emociones. Eso quiere decir que vemos una dualidad, lo que realmente es y lo que a nosotros nos gustaría que fuese, o lo que creemos que debería ser. Y esos dos niveles no concuerdan.

Es terriblemente agotador juzgar constantemente a los demás, porque no tiene ningún efecto positivo en los demás, pero sí un efecto drenador de energía en nosotros. Para ser una actividad tan negativa es curioso que sea tan popular. ¿Por qué lo hacemos?

Cuando juzgamos a alguien, tendemos a sustituir a la persona por el juicio generado. Un juicio negativo una vez conlleva que posteriormente bloqueamos los sentidos y dejamos de percibir la realidad, la sustituimos por nuestra mente y el juicio allí almacenado en el pasado.

Según Vipassana, y la teoría del conocimiento, hay seis fuentes del conocimiento, los cinco sentidos por un lado y la memoria por el otro lado. La meditación y las técnicas de mindfulness y concentración plena nos enseñan a utilizar los sentidos y poner en duda lo que nos llega a través de la mente y los pensamientos. Nos enseña a licuarnos y deshacer esa esencia que creemos que somos y que no nos hace ningún bien.

Incluso el papá Francisco pide a los cristianos que suspendan el juicio. “No juzguen y no serán juzgados”, según se lee en el Evangelio (Lc 6, 36-38). Dice Francisco: “¡Cuántas veces el tema de nuestras conversaciones es juzgar a los demás!”. “Pero, a ti, ¿quién te ha hecho juez?”, “el único juez es el Señor”. Lo contrario es la misericordia y la humildad.

Según Helen Schucman, el hombre no se crea a sí mismo, pero tiende a olvidarse de ello cuando se vuelve egocéntrico. Pero siente el miedo a través del Juicio Final, creyendo que juzgar es un atributo de Dios

Sin embargo, el Juicio Final no se trata de que vayamos a ser juzgados, sino que es un recurso de aprendizaje que los humanos tenemos en nuestro camino de expiación a través de nuestra vida en nuestro mundo. El Juicio Final es la última curación, en vez de un reparto de castigos, por mucho que pienses que los castigos son merecidos.

Schucman ve siete fuentes de conocimiento. La séptima es la mente en su capacidad por reconocer la Verdad, ese uno de Plotino o Demiurgo que es sí o sí y siempre. La mente puede conocer a Dios cuando no se ve bloqueada por el Ego y la percepción errada de la mente.

El demiurgo (en griego: Δημιουργός, Dēmiurgós), en la filosofía gnóstica, es la entidad que, sin ser necesariamente creadora, es impulsora del universo. En la filosofía idealista de Platón y en la mística de los neoplatónicos es considerado un dios creador del mundo y autor del universo.

Cuando la Biblia dice “No juzguéis y no seréis juzgados” quiere decir que si juzgas la realidad de otros no podrás evitar juzgar la tuya propia. La decisión de juzgar en lugar de conocer, en el sentido pleno de la Verdad, es lo que nos hace perder la paz. Los juicios siempre entrañan rechazo, nunca ponen de relieve solamente los aspectos positivos de lo que juzgan. Lo que se ha percibido y se ha rechazado, o lo que se ha juzgado y se ha determinado que es imperfecto permanece en tu mente.

Una de las ilusiones de las que adoleces es la creencia de que los juicios que emites no tienen ningún efecto. Pero sí, estás dotando de significado a lo que no lo tiene. Estás generando energía y poder donde no la hay. Podemos decir que no existe tal cosa como el pensamiento privado, que todos somos uno como hijos de Dios, y que cualquiera de mis pensamientos tiene un impacto contundente en las personas a mi alrededor.

Juzgar implica que abrigas la creencia de que la realidad está a tu disposición para que puedas seleccionar de ella lo que mejor te parezca.

Pero es un tremendo alivio y una profunda paz estar con tus hermanos o contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase. Reconoces lo que eres y lo que tus hermanos son, y juzgar deja de tener sentido.

No abrigues ningún juicio, ni seas consciente de ningún pensamiento, bueno o malo, que jamás haya cruzao tu mente con respecto a nadie. Ahora no lo conoces, pero eres libre de conocerlo, de conocerlo bajo una nueva luz. Ahora él renace para ti, y tú para él, sin el pasado que lo condenó a morir, y a ti junto con el. Ahora él es tan libre para vivir como lo eres tú porque una viaj alección que se había aprendido ha desaparecido, dejando un sitio donde la verdad puede renacer.

Hay una creencia tóxica de que es imprescindible juzgar. No tienes que juzgar para organizar tu vida y no tienes que hacerlo para organizarte a ti mismo. Cuando te sientes cansado es porque te has juzgado a ti mismo como capaz de estar cansado. Cuando te ríes de alguien es porque has juzgado a esa persona como alguien que no vale nada. Cuando te ríes de ti mismo te ríes de los demás, no puedes tolerar la idea de ser menos que ellos. Todo esto hace que te sientas cansado.

La tentación es muy grande de juzgar cualquier situación y de determinar tu reacción basándote en los juicios que has hecho de la misma. Sin embargo, los juicios siempre aprisionan, porque fragmentan la realidad con las inestables balanzas del deseo, y los deseos no son hechos, sino el ejercer la voluntad. Los juicios se basan siempre en el pasado, pues tus experiencias pasadas constituyen su base. Es imposible juzgar sin el pasado pues sin él no entiendes nada. No intentarías juzgar porque te resultaría obvio que no entiendes el significado de nada. Esto te da miedo porque todo sería caótico.

No solo es que los juicios estén vinculados al pasado, sino que tampoco tienes idea de lo que debió haber ocurrido. Ahora el único dictamen que puede hacerse es si al ego le gusta lo que pasó o no, si es aceptable para él o si clama por venganza. La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final, hace que sea dudoso el que se pueda entender y que sea imposible evaluarlo.

Los valores son juicios mentales, y por eso relativos. Son ilusiones, que perduran mientras les sigas atribuyendo valor. La única manera de desvanecer las ilusiones es retirando de ellas todo el valor que les has otorgado.  Al hacer eso dejan de tener vida para ti porque las has expulsado de tu mente.  Mientras sigas incluyéndolas en tu mente estarás infundiéndoles vida.

Tienes miedo de aquello que has percibido y te has negado a aceptar. Y lo ves en pesadillas o disfrazado bajo apariencias agradables en lo que parecen ser tus sueños más felices. Nada que te hayas negado a aceptar puede ser llevado a la conciencia. De por sí, no es peligroso pero tú has hecho que a ti te parezca que lo es.

¿Te has cuestionado alguna vez cómo es realmente el mundo y qué aspecto tendría se contemplase con ojos felices? El mundo que ves no es sino un juicio con respecto a ti mismo. Tus juicios te imponen una sentencia, la justifican y hacen que sea real. Ese es el mundo que ves: un juicio contra ti mismo, que tú mismo has emitido. Tú te ves obligado a adaptarte a ese mundo mientras sigas creyendo que esa imagen es algo externo a ti y que te tiene a su merced. Ese mundo es despiadado, y si se encontrase fuera de ti, tendrías ciertamente motivos para estar atemorizado. Pero fuiste tú quien hizo que fuese inclemente, y si ahora esa inclemencia parece volverse contra ti, puede ser corregida.

La reprogramación de estos pensamientos puede llevar a un nuevo comienzo, en el que los sueños de juicios den paso a los de perdón, liberándote así del dolor y del miedo. El amargo sueño de juicios puede ser des-hecho para siempre. El juicio que habías emitido sobre el mundo queda anulado mediante tu decisión de tener un día feliz.

Es curioso que una habilidad tan debilitante goce de tanta popularidad.

 

Experiencia transpersonal

 

Por imposible y absurdo que parezca a nuestra mente racional y sentido común, he podido en algunos momentos experimentar a Dios y la Santidad, y la Salvación, y ser bendito.

Normalmente, en el día a día, camino de un sitio a otro con un plan de trabajo. En ese estado de conciencia, existe el tiempo y el espacio, y solo ellos. Me experimento como existiendo dentro de los límites de mi cuerpo físico y mi percepción del mundo externo está restringida por el rango de los órganos sensoriales, el olor, el tacto, la vista… así como por las características físicas de mi entorno.

Como decía no sé quién, esta experiencia es de "ego encapsulado en la piel".  En el estado ordinario de conciencia, me experimento a mí mismo como objeto material separado del resto del mundo por mi piel.

Sin embargo, hay algunos momentos específicos donde se puede visualizar claramente una realidad sin espacio ni tiempo. Como ser psicópata durante un rato. En las experiencias transpersonales, parece que se trasciende una o varias de las limitaciones anteriores.

A mí me pasa a menudo en la montaña, caminando, observando o durmiendo en la naturaleza. Es como una experiencia de conciencia grupal, me puedo identificar con un ciervo o una mariposa, me puedo identificar con un árbol o una flor. Puedo comunicarme telepáticamente con alguien que esté lejos. Por milésimas de segundo puedo convertirme en un águila, en una realidad sin espacio o sin tiempo. Puedo ser mica o granito.

En esos momentos lo que veo parece un cuadro de Esher y no me parecen alucinaciones erráticas de un cerebro enfermo. Tal vez sea madurez y desarrollo.

La pregunta es cómo promover ese tipo de experiencia transpersonal, en qué circunstancias puede darse y en qué circunstancias no se da.

 

 


 

Según Stanislav Grof, cuando trabajamos con estados holotrópicos de conciencia, tenemos que expandir la cartografía de la psique humana utilizada por los psiquiatras y psicólogos convencionales agregando un vasto dominio transbiográfico.

Las experiencias que pertenecen a esta categoría fueron conocidas en todas las culturas antiguas y aborígenes y jugaron un papel importante en su vida ritual y espiritual. Los psiquiatras modernos están familiarizados con estas experiencias, pero las ven como productos de un proceso patológico desconocido, más que como componentes genuinos y relevantes de la psique humana.

Estas experiencias son manifestaciones normales de los profundos recovecos de la psique y partí de la posición oficial de la psiquiatría convencional, acuñé para ellos el nombre transpersonal. Este término significa literalmente "ir más allá de lo personal" o "trascender lo personal".

El denominador común en este rico y ramificado grupo de experiencias es la comprensión de que nuestra conciencia se ha expandido más allá de los límites habituales del cuerpo / ego y ha trascendido las limitaciones del tiempo lineal y el espacio tridimensional.

En el estado de conciencia cotidiano ("normal"), nos experimentamos como existiendo dentro de los límites de nuestro cuerpo físico (la imagen corporal) y nuestra percepción del mundo externo está restringida por el rango de nuestros órganos sensoriales, así como por las características físicas de nuestro entorno.

Nuestras experiencias también están claramente definidas por las categorías de espacio tridimensional y tiempo lineal. En circunstancias ordinarias, experimentamos vívidamente solo nuestra situación actual y nuestro entorno inmediato; recordamos eventos pasados ​​y anticipamos el futuro o fantaseamos con él. En las experiencias transpersonales, parece que se trasciende una o varias de las limitaciones anteriores.

La mejor manera de describir las experiencias transpersonales es compararlas con nuestras experiencias cotidianas de nosotros mismos y del mundo. En el estado ordinario de conciencia, nos experimentamos a nosotros mismos como objetos materiales separados del resto del mundo por nuestra piel.

El escritor y filósofo británico-estadounidense Alan Watts se refirió a esta experiencia de uno mismo como una identificación con el "ego encapsulado en la piel". No podemos ver objetos de los que estamos separados por una pared opaca sólida, barcos que están más allá del horizonte o el otro lado de la luna. Si estamos en Praga, no podemos escuchar de qué hablan nuestros amigos en San Francisco. No podemos sentir la suavidad de la piel de cordero a menos que la superficie de nuestro cuerpo esté en contacto directo con ella.

En los estados transpersonales de conciencia, ninguna de las limitaciones anteriores es absoluta; cualquiera de ellos puede trascenderse. No hay límites para el alcance espacial de nuestros sentidos. Podemos experimentar, con todas las cualidades sensoriales, episodios que ocurrieron en cualquier lugar y en cualquier momento del pasado y, en ocasiones, incluso aquellos que aún no han sucedido.

El espectro de experiencias transpersonales es extremadamente rico e incluye fenómenos de varios niveles diferentes de conciencia. En la Tabla, se enumera y categoriza tipos de experiencias que, en mi opinión, pertenecen al dominio transpersonal.

Extensión experiencial dentro del espacio-tiempo:

·        Trascendencia de los límites espaciales

o   Experiencia de unidad dual

o   Identificación experiencial con otras personas

o   Experiencia de conciencia grupal

o   Experiencia de identificación con animales

o   Identificación con plantas y procesos botánicos

o   Identificación con la vida y toda la creación

o   Experiencia en procesos y materiales inorgánicos

o   Experiencias de seres y mundos extraterrestres

o   Fenómenos psíquicos que involucran la trascendencia del espacio (telepatía, OBE, proyección astral, clarividencia horizontal)

·        Trascendencia de los límites temporales

o   Experiencias fetales y embrionarias

o   Experiencias ancestrales

o   Experiencias raciales y colectivas

o   Experiencias de vidas pasadas

o   Experiencias filogenéticas

o   Experiencias de la evolución de la vida

o   Experiencias cosmogenéticas

o   Fenómenos psíquicos que involucran la trascendencia del tiempo (psicometría, clarividencia vertical, lectura de vidas pasadas)

·        Exploración experiencial del micromundo

o   Conciencia de órganos y tejidos

o   Conciencia celular

o   Experiencia de ADN

o   Experiencias de los mundos molecular, atómico y subatómico

Extensión experiencial más allá del espacio-tiempo y la realidad consensuada

  • ·        Fenómenos energéticos del cuerpo sutil (auras, nadis, chakras, meridianos)
  • ·        Experiencias de espíritus animales (animales de poder)
  • ·        Encuentros con guías espirituales y seres suprahumanos
  • ·        Experiencias de arquetipos universales
  • ·        Secuencias que involucran deidades dichosa e iracunda específicas
  • ·        Comprensión intuitiva de los símbolos universales.
  • ·        Inspiración creativa e impulso prometeico
  • ·        Experiencia del Demiurgo y conocimientos sobre la creación cósmica.
  • ·        Experiencia de la conciencia absoluta
  • ·        El vacío supracósmico y metacósmico

 

Las experiencias transpersonales se pueden dividir en tres grandes categorías. El primero implica principalmente la trascendencia de las barreras espaciales y temporales habituales. Una extensión experiencial más allá de las limitaciones espaciales del "ego encapsulado en la piel" conduce a experiencias de fusión con otra persona en un estado que puede llamarse "unidad dual", asumiendo la identidad de otra persona o identificando con la conciencia de todo un grupo de personas.

Por imposible y absurdo que parezca a nuestra mente racional y sentido común, podemos tener la experiencia de convertirnos en todas las madres o niños del mundo, guerreros de todas las edades, toda la población de la India o todos los presos de prisiones y campos de concentración.

Nuestra conciencia puede incluso expandirse hasta tal punto que parece abarcar a toda la humanidad. Se pueden encontrar descripciones de experiencias de este tipo en la literatura espiritual de todo el mundo.

De manera similar, podemos trascender los límites de la experiencia específicamente humana e identificarnos con la conciencia de varios animales y plantas en el árbol evolutivo darwiniano: convertirnos en un águila, un gorila de espalda plateada, un dinosaurio o una ameba, un árbol de secuoya, algas marinas, o una planta carnívora.

Incluso podemos experimentar una forma de conciencia que parece estar relacionada con objetos y procesos inorgánicos, como la conciencia de un diamante, granito o una vela encendida.

En los extremos, es posible experimentar la conciencia de la biosfera, de todo nuestro planeta o de todo el universo material. Por increíble que pueda parecerle a un occidental que se suscribe al materialismo monista, estas experiencias sugieren que todo lo que podemos experimentar como objeto en el estado cotidiano de conciencia tiene, en el estado holotrópico de conciencia, una representación subjetiva correspondiente.

Es como si todo en el universo tuviera su aspecto objetivo y subjetivo como se describe en las grandes filosofías espirituales de Oriente. Por ejemplo, los hindúes ven todo lo que existe como una manifestación de Brahman, y los taoístas consideran que todo en el universo ha sido creado por transformaciones del Tao.

Otras experiencias transpersonales en esta primera categoría se caracterizan principalmente por superar los límites temporales más que espaciales, como en la trascendencia del tiempo lineal. Ya hemos hablado de la posibilidad de revivir importantes recuerdos de la infancia y la niñez, y del recuerdo del nacimiento biológico y la existencia prenatal.

Según la cosmovisión materialista, los recuerdos requieren un sustrato material. Sin embargo, a medida que la regresión temporal continúa más atrás en la historia, se vuelve cada vez más difícil encontrar un medio material creíble para estos recuerdos. Parece más plausible ver que implican la trascendencia del tiempo o algún sustrato inmaterial, como el campo Akáshico de Laszlo, el campo morfogenético de Sheldrake, la memoria de von Foerster sin un sustrato material o el campo de la conciencia misma (Laszlo 2016, Sheldrake 1981, von Foerster 1965).

Es posible experimentar recuerdos auténticos de diferentes períodos de desarrollo embrionario temprano e incluso identificación con el esperma y el óvulo en el momento de la concepción a nivel de conciencia celular.

El proceso de retroceso experiencial de la creación no se detiene aquí. En los estados holotrópicos, podemos experimentar episodios de la vida de nuestros antepasados ​​humanos o animales, o incluso aquellos que parecen provenir del inconsciente racial y colectivo, como lo describe C. G. Jung.

Con bastante frecuencia, las experiencias que parecen estar sucediendo en otras culturas y períodos históricos se asocian con un sentido de recuerdo personal, un sentimiento convincente de déjà vu o déjà vecu (algo que uno ya ha visto o experimentado). Luego, la gente habla de revivir recuerdos de vidas pasadas o de encarnaciones anteriores.

Las experiencias en estados holotrópicos también pueden llevarnos al micromundo, a estructuras y procesos que normalmente no son accesibles a nuestros sentidos sin ayuda. Estos pueden recordar a la película Fantastic Voyage de Isaac Asimov, que retrata el mundo de nuestros órganos internos, tejidos y células, o incluso pueden implicar una identificación experiencial completa con ellos.

Particularmente fascinantes son las experiencias del ADN, que están asociadas con la comprensión del misterio último de la vida, la reproducción y la herencia. En ocasiones, este tipo de experiencia transpersonal puede llevarnos al mundo inorgánico de moléculas, átomos y partículas subatómicas.

El contenido de las experiencias transpersonales descritas hasta ahora consiste en varios fenómenos existentes en el espacio-tiempo. Involucran elementos de nuestra realidad familiar cotidiana: otras personas, animales, plantas, materiales y eventos del pasado.

En lo que respecta a estos fenómenos en sí mismos, no hay nada aquí que normalmente consideremos inusual. Pertenecen a una realidad que conocemos; aceptamos su existencia y la damos por sentada. Lo que nos sorprende con respecto a las dos categorías de experiencias transpersonales descritas anteriormente no es su contenido, sino el hecho de que podemos presenciar o identificarnos completamente con algo que normalmente no es accesible a nuestros sentidos.

Sabemos que hay ballenas preñadas en el mundo, pero no deberíamos poder tener una experiencia auténtica de serlo. Aceptamos fácilmente que hubo una vez la Revolución Francesa, pero no deberíamos poder tener una experiencia vívida de estar realmente allí y estar heridos en las barricadas de París.

Sabemos que están sucediendo muchas cosas en el mundo en otros lugares, pero generalmente se considera imposible experimentar algo que está sucediendo en otro lugar (sin la mediación de una cámara de televisión, satélite y televisor o computadora). También nos puede sorprender encontrar la conciencia asociada con animales inferiores, plantas y con la naturaleza inorgánica.

La segunda categoría de fenómenos transpersonales es aún más extraña. En los estados holotrópicos, nuestra conciencia puede extenderse a reinos y dimensiones que la cultura industrial occidental no considera "reales".

Aquí pertenecen numerosas visiones o identificación con seres arquetípicos, deidades y demonios de diversas culturas, así como visitas a fantásticos reinos mitológicos. A menudo se extraen de mitologías de las que anteriormente no teníamos conocimiento intelectual. También podemos lograr una comprensión intuitiva de los símbolos universales, como la cruz, la cruz del Nilo o ankh, la esvástica, el pentáculo, la estrella de seis puntas o el signo yin-yang.

Es posible tener un encuentro y comunicarse con entidades desencarnadas y suprahumanas, guías espirituales, seres extraterrestres o lo que parecen ser habitantes de universos paralelos.

En sus confines más lejanos, nuestra conciencia individual puede trascender todos los límites e identificarse con la Conciencia Cósmica, o la Mente Universal, también conocida con muchos nombres diferentes: Brahman, Buda, el Cristo Cósmico, Keter, Allah, el Tao, el Gran Espíritu y muchos otros.

La última de todas las experiencias parece ser la identificación con el Vacío supracósmico y metacósmico, el vacío y la nada misteriosos y primordiales, el Abismo Cósmico que es la cuna última de toda la existencia. No tiene un contenido concreto, pero contiene todo lo que hay en forma germinal y potencial. Tiene la inteligencia y la inmensa energía necesarias para crear universos.

La tercera categoría de experiencias transpersonales comprende fenómenos que llamo psicoides, utilizando el término acuñado por Hans Driesch, el fundador del vitalismo, y adoptado por C. G. Jung.

Este grupo incluye situaciones en las que las experiencias intrapsíquicas están asociadas con eventos correspondientes en el mundo externo que están significativamente relacionados con ellos. Las experiencias psicoides cubren una amplia gama desde sincronicidades, curación espiritual y magia ceremonial hasta encuentros OVNI, psicoquinesis y otros fenómenos de la mente sobre la materia conocidos en la literatura yóguica como siddhis (Grof 2006a).

Las experiencias transpersonales tienen muchas características extrañas que hacen añicos los supuestos metafísicos más fundamentales de la cosmovisión materialista y del paradigma newtoniano-cartesiano.

Los investigadores que han estudiado y / o experimentado personalmente estos fascinantes fenómenos se dan cuenta de que los intentos de la ciencia convencional de descartarlos como juegos irrelevantes de fantasía humana o como productos alucinatorios erráticos de un cerebro enfermo son ingenuos e inadecuados.

Cualquier estudio imparcial del dominio transpersonal de la psique debe confirmar que los fenómenos encontrados aquí representan un desafío crítico no solo para la psiquiatría y la psicología, sino también para la filosofía materialista monista de la ciencia occidental.

Aunque las experiencias transpersonales ocurren en el proceso de autoexploración individual profunda, no es posible interpretarlas simplemente como fenómenos intrapsíquicos en el sentido convencional.

Por un lado, aparecen en el mismo continuo experiencial que las experiencias biográficas y perinatales y, por tanto, proceden del interior de la psique individual. Por otro lado, parecen estar accediendo directamente, sin la mediación de los sentidos, a fuentes de información que están claramente mucho más allá del alcance convencional del individuo.

En algún lugar del nivel perinatal de la psique, parece ocurrir un extraño cambio experiencial: lo que hasta ese momento era un sondeo intrapsíquico profundo se convierte en una experiencia extrasensorial de varios aspectos del universo en general.

Algunas personas que experimentaron esta peculiar transición del interior al exterior lo compararon con el arte gráfico del pintor holandés Maurits Escher, mientras que otros hablaron de una “tira experiencial multidimensional de Moebius”. La tablilla de Esmeralda (Tabula smaragdina) de Hermes Trismegistus, que se convirtió en el principio básico de sistemas esotéricos como el Tantra, la Cabalá o la tradición Hermética, confirma estas observaciones con su mensaje: "como es arriba es abajo" o "como fuera, es dentro. " Cada uno de nosotros es un microcosmos que contiene, de alguna manera misteriosa, el universo entero.

Estas observaciones indican que podemos obtener información sobre el universo de dos formas radicalmente diferentes. El modo convencional de aprendizaje se basa en la percepción y el análisis sensorial, así como en la síntesis de la información recibida. La alternativa radical que se hace disponible en los estados holotrópicos es el aprendizaje mediante la identificación experiencial directa con varios aspectos del mundo.

En el contexto del pensamiento del viejo paradigma, las afirmaciones de los sistemas esotéricos antiguos de que el micromundo puede reflejar el macromundo, o que la parte puede contener el todo, parecían completamente absurdas, ya que parecían ofender el sentido común y violar los principios elementales de la lógica aristotélica.

Esto ha cambiado radicalmente después del descubrimiento del láser, que abrió nuevas y asombrosas formas de entender la relación entre la parte y el todo. El pensamiento holográfico u holonómico ha proporcionado, por primera vez, un marco conceptual para un enfoque científico de este fenómeno extraordinario (Bohm 1980, Pribram 1971,1981, Laszlo 1993).

Los informes de sujetos que han experimentado episodios de existencia embrionaria, el momento de la concepción y elementos de la conciencia celular, tisular y orgánica abundan con conocimientos médicamente precisos sobre los aspectos anatómicos, fisiológicos y bioquímicos de los procesos involucrados.

De manera similar, los recuerdos ancestrales, raciales y colectivos y las experiencias de encarnaciones pasadas a menudo brindan detalles muy específicos sobre la arquitectura, la vestimenta, las armas, las formas de arte, la estructura social y las prácticas religiosas y rituales de las culturas y períodos históricos correspondientes, o incluso eventos históricos concretos.

Las personas que experimentaron experiencias filogenéticas o se identificaron con formas de vida existentes no solo las encontraron inusualmente auténticas y convincentes, sino que a menudo adquirieron conocimientos extraordinarios sobre la psicología animal, la etología, los hábitos específicos o los ciclos reproductivos inusuales.

En algunos casos, esto iba acompañado de inervaciones musculares arcaicas no características de los humanos, o incluso comportamientos tan complejos como la realización de una danza de cortejo de una especie en particular.

El desafío filosófico asociado con las observaciones ya descritas se ve agravado por el hecho de que las experiencias transpersonales que reflejan el mundo material a menudo aparecen en el mismo continuo que, e íntimamente entretejidas con, otras que contienen elementos que el mundo industrial occidental no considera verdadero.

El concepto general de la Gran Cadena del Ser, según el cual la realidad incluye toda una jerarquía (o holarquía) de dimensiones que normalmente están ocultas a nuestra percepción, es muy importante y está bien fundado.

Sería erróneo descartar esta comprensión de la existencia como superstición primitiva o delirio psicótico, como se ha hecho con tanta frecuencia. Cualquiera que intente hacer eso tendría que ofrecer una explicación plausible de por qué las experiencias que sustentan sistemáticamente esta visión elaborada y comprensiva de la realidad han ocurrido de manera tan consistente en personas de diversas razas, culturas y períodos históricos.

Cualquiera que intente defender la posición monista-materialista de la ciencia occidental también tendría que dar cuenta del hecho de que estas experiencias continúan emergiendo en personas altamente inteligentes, sofisticadas y mentalmente sanas de nuestra era (Grof 1998).

Esto sucede no solo bajo la influencia de los psicodélicos, sino también en circunstancias tan diversas como sesiones de diversas formas de psicoterapia experiencial, meditaciones de personas involucradas en la práctica espiritual sistemática, en experiencias cercanas a la muerte y en el curso de episodios espontáneos de crisis psicoespirituales. (“Emergencias espirituales”).

No es una tarea fácil resumir, en unas pocas páginas, las conclusiones de las observaciones acumuladas en el curso de más de sesenta años de investigación de los estados holotrópicos y hacer que esas declaraciones sean creíbles. Aunque tuve la oportunidad de escuchar los relatos de experiencias transpersonales de miles de personas y tuve muchas de ellas yo mismo, me tomó años absorber completamente el impacto del shock cognitivo que me impartió el descubrimiento de su existencia. Debido a consideraciones de espacio, no puedo presentar historias de casos detalladas que puedan ayudar a ilustrar la naturaleza de las experiencias transpersonales y los conocimientos que brindan. Sin embargo, dudo que incluso eso, en sí mismo, sea suficiente para contrarrestar los programas profundamente arraigados que la ciencia occidental ha inculcado en nuestra cultura. Los desafíos conceptuales que están involucrados son tan formidables que nada menos que una profunda experiencia personal sería adecuado para esta tarea.

La existencia y la naturaleza de las experiencias transpersonales violan algunos de los supuestos más básicos de la ciencia mecanicista. Implican nociones aparentemente absurdas como la relatividad y la naturaleza arbitraria de todos los límites físicos, las conexiones no locales en el universo, la comunicación a través de medios y canales desconocidos, la memoria sin un sustrato material, la no linealidad del tiempo.

Muchas experiencias transpersonales involucran eventos del microcosmos y el macrocosmos, reinos que normalmente no pueden ser alcanzados por los sentidos humanos sin ayuda, o de períodos históricos que preceden al origen del sistema solar, la formación del planeta tierra, la aparición de organismos vivos, el desarrollo. del sistema nervioso, o la aparición del homo sapiens.

El estudio de las experiencias transpersonales revela una paradoja notable sobre la naturaleza de los seres humanos. Observados en el estado de conciencia cotidiano (hilotrópico u "orientado hacia la materia"), parece que somos objetos newtonianos separados que existen en el espacio tridimensional y en el tiempo lineal.

En un estado holotrópico, funcionamos como campos infinitos de conciencia que trascienden el espacio y el tiempo. Esta naturaleza complementaria de los seres humanos parece tener un análogo distante en la naturaleza onda-partícula de la luz descrita por el principio de complementariedad del físico danés Niels Bohr. Es interesante que Bohr creyera que el principio de complementariedad eventualmente será relevante para otras disciplinas científicas.

Se pueden encontrar declaraciones paradójicas similares en sistemas esotéricos y tradiciones místicas: "El ser humano es un microcosmos que contiene el macrocosmos" y "Como es arriba, es abajo, como fuera, es dentro". Los místicos han hecho pronunciamientos similares, aparentemente absurdos, sobre la separación y la unidad o la identidad y la diferencia: “Sabemos que estamos separados, pero todos somos Uno” y “Sabemos que somos partes insignificantes del universo, pero cada uno de nosotros es el universo entero ".

jueves, 24 de diciembre de 2020

Nochebuena


 Buenas noches,

Me gustaría decir unas palabras porque esta no es una noche cualquiera, es la noche por excelencia, por autonomasia, la noche de las noches de 2020. Esta noche tiene un significado, y desde que era niño he oído repetir y poco a poco he ido entendiendo. Es la noche para la paz y la felicidad, es la noche de la esperanza.

Por supuesto que quiero que en el 2021 podáis ver cumplidos vuestros anhelos y aspiraciones, pero esta noche lo que os deseo es que encontréis esa paz interna que tan difícil y tan escasa es a veces.

En mi familia desde pequeño hemos entendido el sentido de esta noche, primero, para recordar a los que no están ya. Lo que somos hoy es porque la familia fue y ha sido. Tenerles presentes esta noche nos demuestra que no estamos solos ni aislados sino que somos parte de un algo más grande y más estable.

Esta noche también tiene el sentido de la solidaridad. Hoy no queremos dejar de recordar que muchos viven situaciones difíciles por razones personales, económicas y sociales, o están lejos de su hogar y sus seres queridos. Nosotros estamos llenos de alegría y celebración, pero también sentimos en sus zapatos y les deseamos que dejen todas esas circunstancias atrás.

Es de biennacido ser agradecido. Y no todo el mundo esta noche tiene una familia y una cena deliciosa sobre la mesa, ni siquiera ganas de celebrarlo. Por eso agradecemos estar aquí todos juntos. Hemos pedido estar juntos y la vida nos lo ha concedido, por tanto agradezcamos a la vida la generosidad de regalarnos estas horas de placer.

Esta noche es un examen de todos nuestros actos durante el 2020. Las palabras están bien, pero al final demostramos con nuestros actos. Hoy cada uno de nosotros y todos en conjunto sabemos si estamos unidos con nuestra vida, si realmente tenemos la vida que queremos y sabemos poner las prioridades donde realmente deben estar. Solo nosotros sabemos si realmente hemos cultivado la paz, la felicidad y la esperanza.

Ayer hablaba con Millie que yo he cometido un error a menudo en mi vida. Se trata de estar en otro momento y otro espacio de donde realmente estaba. Si estaba en Bangkok, me imaginaba en Madrid. Si estaba con una persona, me apetecía estar con otra. Si elegía una opción, seguía soñando con la opción no elegida. Me olvidaba de lo que decían mis sentidos, de lo que veía, de lo que podía tocar, de lo que escuchaba y de la fecha que marcaba mi reloj. Hoy es un día para estar aquí y ahora, en el presente, tocando tierra y viviendo de verdad.

Creo que uno de los regalos del virus este año es la llave a lo íntimo y lo entrañable. Este año muchos no celebraremos con decenas de familiares en la misma habitación, pero va a ser un momento sensible, emotivo y de mucha empatía, con las personas más queridas. Va a ser íntimo y entrañable. Diferente.

Finalmente vamos a brindar por nosotros, por la familia que aquí estamos esta noche y también por todos los que ya no están, pero que sí están en nuestra conciencia.

jueves, 26 de noviembre de 2020

Futuro

 

Desarrollamos líderes actuales y emergentes para que naveguen el futuro.  La pandemia y los cambios nos enseñan la importancia de inspeccionar el horizonte buscando posibles cambios, analizar los resultados y desarrollar escenarios para prepararnos para la variedad de escenarios futuros.

En AICAD creamos individuos y organizaciones a prueba de futuro. No solo utilizamos texto, sino también herramientas prácticas de futuro, y cada sesión tiene por objeto utilizarlas en casos específicos.


martes, 24 de noviembre de 2020

Cinco amigos del teletrabajo

 



El primero es la confianza y la devoción. El teletrabajo sufre frecuentes ataques por parte de la duda y el escepticismo respecto de las tareas diarias. La confianza ciega es enemiga, necesita de inteligencia discriminatoria que solo atraiga a la devoción apropiada y aleje a la incorrecta. Como si de una persona se tratara, la devoción apropiada confía en alguien con cualidades positivas y se inspira en ella para heredar las mismas cualidades positivas. Para ser apropiada, tiene que tener sentido y tiene que ayudar.

El segundo es el esfuerzo. Tampoco debe ser ciego, pues se corre el riesgo de trabajar en la dirección menos adecuada, y no dar los resultados esperados. El esfuerzo debe ir de la mano de un entendimiento claro de cómo trabajar, y entonces lleva a buenos resultados.

El tercero es la conciencia del momento presente. No se puede ser consciente del pasado, solo se puede recordar. No se puede ser consciente del futuro, solo se puede temer, tener miedo o aspirar a él. El teletrabajo requiere desarrollar la habilidad de conciencia sobre la realidad que se manifiesta aquí y ahora.

El cuarto es la concentración, que mantiene la conciencia del aquí y ahora, sin pausa. Debe estar libre de imaginaciones, de ambiciones irreales, de rencores.  

El quinto es el conocimiento. Por un lado el análisis intelectual, pero también el de la experiencia. Para ser conocimiento debe provenir de sensaciones físicas y permanecer ecuánime frente a ellas, entendiendo que son perecederas. Este conocimiento permite mantenerse equilibrado entre las vicisitudes del día a día de teletrabajo.

Así, es posible vivir bien, con salud, ejecutar las responsabilidades del trabajo y mantener el equilibrio en paz y felicidad con uno mismo y los demás.  Mantener estas cinco amistades es un arte.

"In the middle of difficulty lies opportunity" -Albert Einstein

viernes, 13 de noviembre de 2020

Percepción

Las cosas son según el cristal a través del que se miran. Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira, como decía Ramón de Campoamor en su poema Dos Linternas.

El hombre es capaz de conocer su mundo, de generar una relación con él, pero no directamente, siempre a través de una capa mediadora que llamamos percepción. Escher nos da ejemplos visuales de la percepción omnipresente. Todas estas dudas han constituido la disciplina de la Teoría del Conocimiento desde hace 30 siglos.

Narra un cuento oriental que se encontraron tres ciegos a tratar de entender la forma de un elefante. El primero tocó el lomo y lo describió como un muro. El segundo tocó una pata y lo describió como un pilar. El tercero tocó el rabo y lo describió como una cuerda. Cada uno dio su descripción certera, pero no se dieron cuenta de que dependía de qué parte analizasen.

Se trata de contestar la siguiente pregunta: ¿Todo cambia? ¿Todo parece cambiar? Según Advaita Vedanta, filosofía hindú de hace 26 siglos, el universo no cambia; es el perceptor quien lo recuerda constantemente diferente.

De igual manera que el agua, al cambiar las condiciones de temperatura y presión atmosférica, adopta un estado sólido, líquido o gaseoso, también el color de las gafas o las varias condiciones de sujetos y objetos genera la representación de universos diferentes percibidos por distintos sujetos. En términos kantianos, si tomamos una realidad única e inmóvil y la aplicamos las categorías innatas de tiempo y espacio con las que nace la mente, tenemos un mundo cambiante y mutable. Ni mucho menos ya el espacio y el tiempo son absolutos como los entendía Newton, son más bien una intuición.

Un día de 1987 le dije a mi tío Miguel que había decidido dedicar mi vida al conocimiento, a aprender. Desde entonces no me importó demasiado el dinero, más bien fue un colateral con el que me encontré en el proceso del saber y del aprender bien.

Descubrí que la teoría sin práctica es nada. La filosofía no es más que un mar confuso para el aprendiz poco diestro en la vida real. Para algunos que experimentan afecto por la filosofía, ésta se convierte en un cuerpo de ideas profundamente metafísicas que suelen parecer altamente teóricas y prácticamente inalcanzables.

Desgraciadamente, muchas de las conclusiones de la filosofía parecen afirmaciones lejanas solo alcanzables por unos pocos elegidos, aquellos que aprecian la vida real y que aprecian la autoindagación. Como San Agustín, que tuvo que vivir una vida de rico, de pobre.. diversa, además de una introspección sistemática para poder escribir La Ciudad de Dios.

¿Robar es malo?¿Encontrar las zonas alegales para beneficiarse personalmente de ellas es malo? ¿Empujar los límites de las normas en beneficio propio es malo? Yo diría que fundamentalmente crea agitación mental, inestabilidad, desequilibrio en el ser humano. Y hay una enorme brecha existente entre una mente equilibrada que percibe la realidad del mundo y, en contraste, aquella realidad que suele aparecer a los ojos de quien lo observa a través de las agitadas olas de sus incontrolados pensamientos.

No existe tal cosa como el mundo, solo existe la representación del mundo que cada uno de los hombres nos hacemos. Libre de agitaciones mentales, esta representación y la experiencia en el mundo es radicalmente diferente.

Parménides de Elea, en el siglo VI a.C., escribió “Sobre la Naturaleza”, un mito en el que es conducido hasta la Diosa de la Verdad y tiene una revelación de carácter filosófico: lo que es, el Ser, puede pensarse; lo que no es, el No-ser, no puede pensarse.  Esta afirmación sitúa al ser como unidad y rechaza el devenir, el cambio y la multiplicidad. Para él, todo lo relacionado con la multiplicidad es solamente una ilusión. El ser es unidad, indivisible e inmutable.

¿Cómo funciona esto en el detalle? Primero está el objeto externo, la forma en el mundo, mutante, efímera y externa. A través del sentido de la vista (uno de los cinco sentidos) es percibida por el perceptor. Más tarde, la mente percibe el sentido de la vista. Finalmente la Conciencia percibe la mente. Esta última Conciencia que no es percibida por ningún otro agente previo ni posterior. Ha sido a veces denominada Dios, o Ser Humano, o Conciencia No-dual, o Testigo, no importa la etiqueta que le pongamos en cada cultura.

¿Es posible que el perceptor pueda conocer realmente lo percibido? ¿Es el perceptor el agente activo de conocimiento o, es lo percibido? ¿Cuál es la frontera entre el sujeto y el objeto? ¿Qué es entonces la mente? ¿Podríamos definirla como la codificación de la información del sujeto?

Una forma de relacionar el objeto externo y la mente es el estado de conciencia de sueño. Como decía Calderón de la Barca, “Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. En el sueño, la mente es ambos, sujeto y objeto.

Otra forma de relacionar el objeto externo y la mente es el pensamiento. Aquí la mente mezcla el aquí y ahora con la memoria, el pasado. Es una herramienta tan potente como peligrosa para extraer conclusiones y tomar decisiones.

Finalmente, otra forma de relacionar el objeto externo y la mente es la observación pura. Aquí, el aquí y ahora se percibe por la mente sin intervención. Las formas son múltiples, amarillas, azules, densas, sutiles, cortas, largas… porque el sentido de la vista es capaz de hacer estas diferencias. Sin embargo, el sentido de la vista se mantiene uno e invariable.

En Advaita Vedanta, se diferencia entre el “Citta”, que es todo ese conjunto agitado de pensamientos, emociones, pasiones y sentimientos, el “Manas”, que son las actividades que se ejecutan a partir del citta, es decir, inteligencia, lógica, ordenación, razonamiento y duda, el “buddhi”, la actividad de conocer indudable cuando el manas se desactiva.

Así, el “Manas” ve cambio y diversidad, como decía Heráclito, mientras que el “buddhi” ve permanencia y el ser inmutable. Son dos capacidades diferentes, pero el Budismo afirma que la impermanencia y la dualidad inducen dolor psicológico. A través de educación mental, es posible llegar a una representación del universo no dual, donde el perceptor es no-diferente de aquello que conoce. No existe el nacimiento ni la muerte. Es el ser de Parménides.

Yo lo veo así. Un hombre, que podía ser una mujer, rellenito y sonriente sentado. Mucho más pequeño, un muñequito delgado y flemático que da vueltas corriendo alrededor del primero. Normalmente da vueltas sonriendo pero de vez en cuando el enorme ser sentado tose, el primero se asusta y sigue corriendo sin parar pero con miedo en el  rostro.

El primero es el ser, el inconsciente, la Conciencia no-dual. El segundo es el ego, la mente.


lunes, 9 de noviembre de 2020

LinkedIn

Parece que moverse en Madrid no es imposible pero sí cada día un poco más incómodo, qué decir de cenas y networking en eventos. Por eso he desarrollado mucha actividad en LinkedIn. En las últimas semanas he movido más de 100 instituciones virtualmente. Esto no está convirtiendo enormemente a corto plazo, este mes ha dado resultados mejorables.

Es para mí el momento de rediseñar el flujo para obtener leads más sólidos. Mi ventaja competitiva son los 5000 contactos de LinkedIn más los 5000 de la red de ingenieros. Crear relaciones supone crear conversaciones, escuchar e ir sutilmente ofreciendo nuestros servicios. No estamos en el momento en que podemos esperar que alguien se gaste en formación solo por haberlo leído en la web. Ni siquiera por habernos visto en uno de nuestros eventos. La relación es la clave del acuerdo.

El cierre del acuerdo está requiriendo que yo les explique por qué creo que es su mejor opción. No creo que sea que los leads son débiles, sino más bien que necesitamos más interacción y capacidad de convicción. Para eso hay que conocer su situación de cada uno individualmente.

Empresa privada, pública, partner o franquicia: En Empresa la labor es más compleja, hay varios decisores, cada uno en su momento del ciclo, con mesas de compras y otras autorizaciones formales, presupuestos diferentes y requieren customización más avanzada. Si no encuentro el comprador económico, no va a haber cierre. Las personas tienen poco tiempo disponible y hay que adaptarse a sus agendas y consideraciones.

Identificar al usuario de la formación no es suficiente. Hay que ver qué presupuesto y quién lo aprueba, y quién hace la valoración de la tecnología y metodología de aprendizaje. En mis contactos, está sobre todo el Director de Área, de Recursos Humanos y el CEO.

Individual: Los lead que atraemos a nuestros eventos podrían estar perfilados y podríamos trabajarlos en LinkedIn, pero necesitamos sus nombres y empresas (si las hay) para identificarlos. Esos leads son de calidad, porque ya han expresado un interés.

Generar relaciones institucionales no es únicamente transaccionales, buscamos lo sostenible y de larga duración. Mi posición en LinkedIn es la de su consultor experto de confianza. Escuchar y descifrar sus necesidades, para ayudarles y acompañarles hasta llegar a la solución. Encuentro a nuestro favor todavía muchas dudas sobre la formación virtual que podemos resolver y ofrecer.

Upper funnel: los leads llegan de esfuerzos de marketing digital o de contenidos de alta calidad en LinkedIn, youtube e Instagram. Para la parte de arriba del funnel necesito hacer una prospección constante y que vayan entrando. Linkedin es una red para estar en contacto y conocer mutuamente los cambios de estado. Es una zona de investigación, no de oferta agresiva.

 

Contenidos Inbound: Tanto desde empresas como individual, muchos leads deben llegar desde el contenido de calidad, por eso la serie de videos que hemos comenzado a grabar, editar y publicar. Nos tenemos que ganar el impacto del video a través de su calidad, porque el lead que nos trae es muy probable de convertir.

No es que el outbound telefónico haya dejado de funcionar, pero en este caso, el valor está en el inbound. A veces, y más en el covid, las llamadas interrumpen y son agresivas, y disminuyen el valor y confianza en la marca.

Para poner un esfuerzo en convertir, el lead debe ser lo más cualificado posible, y para ello el contenido tiene que decir todo lo relevante y toda la verdad en metodología de aprendizaje, contenido y motivación. Por ejemplo, ignorar información sobre metodología genera muchos leads de baja calidad que es muy frustrante trabajar. El proceso de alimentación paulatina de los leads requiere éxito. Esta alimentación es larga en el tiempo. Por ejemplo, los cambios de status en LinkedIn son buenas excusas para conectar y revisar nuevas necesidades aparecidas. Otra forma de trackear cambios es https://www.theofficialboard.com/ En esta web, están los organigramas de muchísimas empresas medias y grandes del mundo. El perfil de las empresas viene publicado en Hoovers, Dun & Bradstreet, o The Vault. Analisis sectoriales pueden encontrarse en IBISWorld y FirstResearch.

Middle funnel: Para informar y formar a los leads, estoy montando una presentación powerpoint sobre ICAD con contenido de historia, estrategia, diferenciación, clientes y producto. Hay que definir bien la proposición al cliente. Asumiendo que él sabe mejor que nosotros sus propias necesidades reales. Yo tengo el método estándar de cualificación de las oportunidades: cliente individual, empresa, partner o franquicia.

Lower funnel: No es posible ofrecer una solución antes de conocer bien las necesidades reales del cliente. Cerrar el acuerdo por Zoom y Google Meet, que me permite clarificar la conversación, elegir el ritmo y velocidad, detectar si están pensándoselo o perplejos.

Generación Z: Nuestro target empieza a ser la generación Z, nacidos después de 1995. Estas personas son nativos digitales. Son culturalmente optimistas y emprendedores. Están empezando sus carreras. Así como la generación Y pregunta por posibilidades de progresar en sus carreras, la generación Z está concienciada con responsabilidad social, con el sentido de sus vidas. Decirle a la generación Z que ha estado bien su comentario es casi un insulto, ellos han crecido pensándose genios maravillosos. El lenguaje es el de la autenticidad.

jueves, 5 de noviembre de 2020

Mediación

 



Soy Mediador de conflictos civiles, mercantiles y familiares. He descubierto en esta actividad una vocación nueva que me permite ayudar a personas a resolver situaciones en las que no desean permanecer. En la mediación se crea un espacio de diálogo que facilita el encuentro y evita acudir a los tribunales cuando se alcanza un acuerdo. El mediador conoce las técnicas para que todo ello transcurra de la mejor forma posible con especial atención a las emociones y a las relaciones personales.

La mediación es un proceso flexible y confidencial en el que una persona neutral asiste activamente a dos partes en el trabajo de negociar un acuerdo en una disputa o diferencia, teniendo siempre las partes el control de la decisión y los términos de la resolución.

Es flexible porque puede darse en cualquier sitio a cualquier hora en cualquier modalidad. Es confidencial porque lo que pasa en la reunión no se hace público, salvo que se dé un permiso explícito, el facilitador se compromete a no hacer uso de esa información.

El mediador juega el rol de la negociación efectiva y lo hace al ampliar la perspectiva, re-evaluar la situación, repensar los riesgos y hacer explícitas nuevas oportunidades.

Humanismo Digital

 


1.      La sociedad del conocimiento está abriendo grandes oportunidades económicas y de relación humana, pero no es perfecta, vemos falta de privacidad, espionaje digital, comportamientos inmaduros en redes sociales y otros fenómenos a mejorar;

2.      La tecnología digital está creando una disrupción en la sociedad y poniendo en duda el significado de ser humano;

3.      La Fundación AICAD es un espacio de debate y de acción para el desarrollo tecnológico futuro.



La libertad

 


El covid, como un accidente o la pérdida de un ser querido, nos está forzando a enfrentarnos a los elementos más profundos de nuestras vidas, nos está enseñando la parte en sombra de nuestra vida, insistiendo en que nos encontremos a nosotros mismos. Nos está forzando a que revisemos la historia que nos ha sido contada desde que nacimos, y a que aceptemos y descubramos qué es y qué no tiene de verdad. Dudar de esa historia es lo más valiente a lo que un ser humano puede enfrentarse. Es el amanecer, la aurora de la libertad.

viernes, 23 de octubre de 2020

Comunidades y aprendizaje

 Comunidades

Intro. El capitalismo se ha roto. La mitad de los estudiantes de Harvard creen que el capitalismo como existía en 2019 ya no tiene cabida.

Comunidades


El tiempo en el que había clases, a un lado un profesor y a otro lado un conjunto de participantes se ha terminado. Fue así durante los dos últimos siglos y seguíamos haciéndolo por costumbre. El Covid, además de mucho sufrimiento, también ha venido con algunos regalos debajo del brazo. Una vez quebrado el hábito durante unos meses, se ha perdido una dinámica y ya no volverá a ser así.

Los participantes eran aislados del mundo exterior y sus distracciones, en la asunción de que la fuente de experiencia era el profesor. Los exámenes se parecían a combates uno a uno, el conocimiento debía ser demostrado fuera de su contexto, y la colaboración se consideraba copia, plagio y engaño. Algunos participantes llegaban a describir este proceso como irrelevante, aburrido y arduo (“No es para mí”).

A través de Coursera, Udemy, AICAD… hoy el conocimiento está en el mismo contexto de experiencia vivida por el participante, y es que aprender está al mismo nivel que comer o dormir, es necesario para la supervivencia y en inevitable. Además, es un fenómeno social, aprendemos en tanto que seres sociales. El conocimiento es una competencia para un objetivo, escribir una poesía, ejecutar una campaña de marketing o crecer como persona. El sujeto necesita participación, engagement y compromiso en el mundo. Tiene sentido.

Hoy tenemos comunidades de práctica, personas conectadas y participativas con un objetivo común, y las personas construyen sus identidades respecto a la comunidad. Es una forma de pertenencia.  Todos somos parte de varias y van cambiando con el tiempo.

Estas relaciones entre personas crean sus rutinas, rituales, símbolos y comparten historias. A veces cooperan y otras entran en conflicto, a veces están de acuerdo, a veces menos, pero todo eso las mueve hacia delante. Se desarrollan formas de lidiar con el resto del grupo, al final se cumplen los objetivos y los clientes quedan satisfechos. Tras series de intentos, la banda de música acaba acompasando las notas, los acordes, los ritmos y las melodías para parecer una entidad única.

Hoy hacemos esto de forma muy sofisticada y dinámica en el mundo virtual, a través de nuestros celulares, redes sociales, herramientas de trabajo colaborativo mientras cada uno está en un espacio geográfico diferente pero irrelevante. Las organizaciones necesitan prestar gran atención a estos procesos y mantener activamente estas comunidades.

viernes, 9 de octubre de 2020

Ecuanimidad

Gelassenheit en alemán, fairness en inglés. ¿Has sentido alguna vez algo emocionalmente pesado? ¿Te has notado en algún momento reaccionar frente a un comentario o acción de otra persona? ¿Has experimentado sufrimiento como respuesta al comportamiento de otro o de otros? ¿Hay algo alrededor tuyo que juzgas como negativo y te molesta? ¿Te has descubierto reaccionando corporalmente como consecuencia de algo?

¿Has sido consciente de que reaccionar en contra del mundo es molesto? ¿Te ha hecho sufrir? ¿Conoces el desasosiego? Kierkegaard lo llamaba angustia y lo describía como un temor muy poco definido, parecido a estar al borde de un edificio o en lo alto de un precipicio o acantilado al mar. En forma de vértigo, la persona siente miedo a caer pero también un aterrorizante impulso a saltar al vacío. Angustia o mareo de libertad, sentido como encogimiento de la base del estómago.


En esas situaciones, ¿has buscado desesperadamente paz y harmonía? ¿Has querido convertir esa agitación, irritación, sufrimiento… en felicidad? ¿Has perseguido un tipo de vida que te sea satisfactorio?

La capacidad para lidiar con esas emociones que expresa tu cuerpo se llama ecuanimidad. Algunas personas se cierran, se hacen insensibles, ignoran sus emociones, pero eso no es ecuanimidad. Otras personas se dejan invadir frecuentemente por emociones, unas veces negativas y otras positivas, eso tampoco es ecuanimidad. Cuando estas personas toman decisiones, lo hacen siguiendo esa molestia, ese sufrimiento y no desde el bien común. Deciden parcialmente, sin ecuanimidad.

Un día paseábamos plácidamente con los dos niños por el parque de Buddha Monthon, al este de Bangkok. Allí se respiraba algo que inspiraba a paz y tranquilidad. Siguió con unas sesiones de mantras y un retiro de Vipassana, que significa Conocimiento, ese tipo de conocimiento directo que uno tiene cuando experimenta la vida directamente, sin libros ni maestros ni influencias. Se parecía mucho a la experiencia cristiana que vivimos Eduardo Ruiz y yo en el Monasterio de Santa María de Oseira en Galicia, o en el Valle de Qadisha con el Padre Dario Escobar, el último eremita que con 81 años todavía vivía en la soledad de una cueva horadada en la pared de piedra.

Según Goenka (*), el Dharma, la ley de la naturaleza de Siddartha Gotama, es un eficaz camino desde el sufrimiento al nirvana, la paz y tranquilidad. En el Nirvana, ya no hay nada que te hace reaccionar, ya nada te provoca ese desasosiego. Porque así lo sientes, pura introspección, auto-observación, no porque nadie te lo ha dicho, ni siquiera porque te lo ha dicho tu inteligencia.

El camino necesita sentir la relación con el cuerpo y con la mente. Entrenamos el cuerpo para que se mueva o vaya de un sitio a otro, la parte del cuerpo es fácil, aunque sabemos que una parte del cuerpo nos es desconocida, el movimiento del corazón o el metabolismo del hígado.

Por el contrario, la mente es más difícil de entrenar, es una potente herramienta de conocimiento pero más parecida a un caballo sin domar, que vagabundea sin control.

Ese conocer ocurre en cuatro movimientos, la conciencia, la percepción, la sensación y la reacción, el sankhara. La conciencia registra la ocurrencia de un fenómeno, la percepción la clasifica y caracteriza, la sensación reconoce los sentidos. Al final, la mente reacciona, le gusta o le disgusta, le parece bien o le parece mal. Nos hace querer continuar si es agradable o parar la experiencia si es desagradable. Esa tensión de la mente es lo que genera el sufrimiento.

Muchas religiones y filosofías asumen que existe un yo, una identidad, que era, es y será invariable, permanente. Pero ese yo, esa identidad, va cambiando, no es igual en el pasado que en el presente, aparece y se desvanece tomando formas diferentes. Como decía Bruce Lee, es un flujo de agua que nunca se para en su curso hacia el mar. La metáfora es parecida a la de Jorge Manrique en sus coplas por la muerte de su padre. Heráclito de Efeso pasó a la historia por entender la verdadera esencia de la vida como el cambio, el flujo, el fuego.

La vida es entonces imperfecta e incompleta. Pero, según Buddha, nunca es aleatoria, sino que hay una relación causa efecto detrás de cada fenómeno. El karma es esa ley fundamental y universal de la existencia. La reacción de la mente es la causa del sufrimiento humano. Por tanto, eliminando reaccionar, puede desaparecer el desasosiego.

Vivimos en situación de apego. Hay un deseo agradable y una aversión negativa, ambos son tanhá,  son como la sed, constituyen un hábito mental de insaciablemente querer lo que no es. Según lo consumimos, generamos la necesidad de más. Es una adicción, es la fuente del desasosiego.

Hay otro apego más fuerte todavía, el apego al ego y a lo mío, nos asociamos con él como si fuera eterno.

Hay un apego bueno y un apego a evitar. Los padres se apegan a sus hijos y los hijos a sus padres, es necesario para la supervivencia de quien todavía no puede sostenerse solo por sí mismo. Desapegarse no tiene por qué significar indiferencia. Puede seguir habiendo responsabilidad, pero sin reacción. Si tu hijo adolescente no es como tú esperabas que fuera, no reaccionar con dolor. Una mente equilibrada buscaría otra forma de educar. Es la “indiferencia sagrada”, ni inacción ni reacción, solo acción positiva de una mente equilibrada y un sujeto ecuánime.

El apego aparece por nuestras reacciones mentales de atracción y repulsión ante las sensaciones que recibimos. La reacción ocurre por ignorancia, porque no sabemos que estamos reaccionando, porque no nos damos cuenta de la naturaleza impermanente de la existencia.  Por eso reaccionamos ciegamente. Por eso las reacciones se intensifican y vivimos en el hábito mental de reaccionar continuamente, el sanhkara.

Se produce una cadena de causa y efecto, sensaciones que generan reacciones y reacciones que generan otras reacciones, de forma que sufrimos continuamente. El karma es esa ley de causa y efecto que gobierna la vida. Este círculo vicioso solo es posible romperlo creando conciencia sobre la verdadera naturaleza de la realidad. Y experimentando el yo. Eliminando la ignorancia como causa, desaparece la reacción, y por tanto el capricho y la aversión, y por tanto el ego.

Solo así puede darse la reencarnación, el samsara.  No es que una misma identidad, un mismo ego se reencarne en sucesivos cuerpos. Es justo lo contrario, de la leche sale la mantequilla, pero cuando es leche no es mantequilla. Ahora, solo la leche es real, no lo es la mantequilla. De igual forma, las vidas pasadas y futuras no son reales. Solo existe el presente, aquí y en este cuerpo. Solo si dejamos de reaccionar, experimentamos la paz y la tranquilidad.   

La voluntad de justicia o el miedo al dolor son correctos, siempre y cuando no nos generen un desequilibrio mental, una tensión. De forma equilibrada, a través del amor, es posible conseguir muchas cosas, da los mejores resultados. 

Querer objetos materiales que nos hagan la vida más fácil no es malo, solo lo es si hay obsesión, porque entonces duele. No conseguirlo no nos debe llevar a la reacción sino a la sonrisa. Conseguirlo nos debe ayudar a disfrutar, pero siempre sin generar apego.

Planificar el futuro es bueno, pero siempre que no genere apego, reacción y dolor. La clave es aprender a dejar que la naturaleza obre como mejor decida, sin antojo por nada, sin antojo por la liberación.

El nirvana final supone la desaparición del antojo de deseo, la aversión y la ignorancia.  Y por tanto de la miseria y el sufrimiento.

Hace falta un método claro y conciso  que marque el camino hacia la liberación del sufrimiento. Una práctica precisa que seguir, ya probada exitosa por muchos otros en el pasado.

La práctica, el dharma, empieza primero por el sila, la práctica moral, comportarse sin hacer daño a nada ni a nadie. Es necesario porque nos evita toda agitación y nos lleva a la calma, necesaria para vivir el cielo y no el infierno cada día.

La práctica continúa con el samadhi, la práctica de la concentración, el bhavana, la meditación para el desarrollo mental. La meditación tiene dos objetivos,

-        primero la tranquilidad y calma (samatha-bhavana): la práctica del pensamiento “apropiado” no requiere la ausencia de pensamiento, pero sí la conciencia sostenida sobre en qué se está pensando en cada momento. Junto con la conciencia de la respiración, hace que el deseo y la aversión se calmen; y

-        segundo la sabiduría e insight (vipassana-bhavana): la comprensión “apropiada” no necesita pensar sobre la Verdad, pero sí ver las cosas tal como son, más allá de cómo parecen ser.

Hay que penetrar para experimentar la realidad última. Está bien escuchar la sabiduría de los demás, muchas veces la tenemos internalizada en forma de ideologías, creencias o religiones. Lo hacemos con gusto porque prometen futuros deliciosos, paraísos y cielos. Pero es sabiduría prestada, no es propia.

Está bien también entender intelectualmente la Verdad. Lo que entendemos como racional, beneficioso y práctico nos satisface intelectualmente y lo consideramos Verdad, pero no es sabiduría propia.

La sabiduría solo emana de nuestra propia experiencia, de lo que vivimos, de lo que nos cambia la vida. Aunque sepamos que el fuego quema, es necesario habernos quemado nosotros mismos, solo así rompemos el condicionamiento de nuestro pensamiento, es decir, el hecho de que el pensamiento venga de una reacción inconsciente a una sensación desconocida. La experiencia de los demás nos debe inspirar y darnos pautas, pero el trabajo final es solo nuestro. La experiencia de la realidad real, directa y viva está solo en nosotros.

Vipassana es una forma de ver, una observación de la realidad dentro de uno mismo. Se construye mediante la atención plena en las sensaciones que percibimos en nuestro cuerpo. Esta observación nos enseña el funcionamiento de nuestro cuerpo y de nuestra mente.

El conocimiento entra en nuestro cuerpo a través de las cinco puertas de los cinco sentidos. También a través de la sexta puerta, la mente. Pensamientos, ideas, imaginaciones, emociones, memorias, esperanzas y miedos entran por la puerta para producir sensaciones.

En la vida común, solo somos conscientes de las sensaciones más fuertes, pero la meditación nos entrena para concienciarnos de cada pequeña sensación. Por eso se trabaja de forma sistemática enfocar la atención en cada parte del cuerpo, una tras otra, prestando atención a cada una por igual.

Meditar es prestar atención a nuestra respiración. Poco a poco la respiración pasa de ser pesada e irregular a ser ligera, fina y sutil. Al mismo tiempo, las sensaciones son intensas, desagradables, incluso rescatando experiencias malas ya olvidadas, haciéndolas de nuevo conscientes. Poco a poco, con esfuerzo sostenido pero sin tensión, la mente reconquista su tranquilidad y foco. Las sensaciones intensas se disuelven en otras más sutiles y uniformes, para finalmente convertirse en meras vibraciones apareciendo y desapareciendo muy rápidamente.

La realidad se percibe como estrictamente cambiante e impermanente, anicca. Nuestra naturaleza es efímera, un flujo constante. El yo y el mío dejan de tener sentido. Al difuminarse el yo y el ego parece que el sufrimiento se calma.

La ecuanimidad es observar sin reaccionar con una mente equilibrada.  ¿Qué pasaría si en la postura nos duele un tobillo? Sentir el dolor, odiar el dolor nos lleva a sentir mayor dolor. Verlo desde fuera, como un médico que ve a su paciente, nos hace entenderlo de forma diferente, conseguimos que el dolor no se haga dueño de nosotros. No nos hace sufrir porque no nos apegamos a ella.

El camino hacia la liberación de Siddharta Gotama es de conciencia y ecuanimidad. Es el verdadero conocimiento, que viene de observar la realidad como es. Así dejamos de reaccionar por cualquiera de las sensaciones que entran por las puertas de la sensibilidad. Solo nos queda ir vaciando poco a poco ese almacén de reacciones pasadas, de condicionamientos, para que también dejen de crear sufrimiento.

(*) The Art of Living. S.N.Goenka, Pariyatti, 1987