El primero es la
confianza y la devoción. El teletrabajo sufre frecuentes ataques por parte de
la duda y el escepticismo respecto de las tareas diarias. La confianza ciega es
enemiga, necesita de inteligencia discriminatoria que solo atraiga a la devoción
apropiada y aleje a la incorrecta. Como si de una persona se tratara, la
devoción apropiada confía en alguien con cualidades positivas y se inspira en ella
para heredar las mismas cualidades positivas. Para ser apropiada, tiene que
tener sentido y tiene que ayudar.
El segundo es el
esfuerzo. Tampoco debe ser ciego, pues se corre el riesgo de trabajar en la
dirección menos adecuada, y no dar los resultados esperados. El esfuerzo debe
ir de la mano de un entendimiento claro de cómo trabajar, y entonces lleva a
buenos resultados.
El tercero es la
conciencia del momento presente. No se puede ser consciente del pasado, solo se
puede recordar. No se puede ser consciente del futuro, solo se puede temer,
tener miedo o aspirar a él. El teletrabajo requiere desarrollar la habilidad de
conciencia sobre la realidad que se manifiesta aquí y ahora.
El cuarto es la
concentración, que mantiene la conciencia del aquí y ahora, sin pausa. Debe
estar libre de imaginaciones, de ambiciones irreales, de rencores.
El quinto es el
conocimiento. Por un lado el análisis intelectual, pero también el de la
experiencia. Para ser conocimiento debe provenir de sensaciones físicas y
permanecer ecuánime frente a ellas, entendiendo que son perecederas. Este
conocimiento permite mantenerse equilibrado entre las vicisitudes del día a día
de teletrabajo.
Así, es posible
vivir bien, con salud, ejecutar las responsabilidades del trabajo y mantener el
equilibrio en paz y felicidad con uno mismo y los demás. Mantener estas cinco amistades es un arte.
"In the middle of difficulty lies opportunity" -Albert Einstein
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