viernes, 13 de noviembre de 2020

Percepción

Las cosas son según el cristal a través del que se miran. Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira, como decía Ramón de Campoamor en su poema Dos Linternas.

El hombre es capaz de conocer su mundo, de generar una relación con él, pero no directamente, siempre a través de una capa mediadora que llamamos percepción. Escher nos da ejemplos visuales de la percepción omnipresente. Todas estas dudas han constituido la disciplina de la Teoría del Conocimiento desde hace 30 siglos.

Narra un cuento oriental que se encontraron tres ciegos a tratar de entender la forma de un elefante. El primero tocó el lomo y lo describió como un muro. El segundo tocó una pata y lo describió como un pilar. El tercero tocó el rabo y lo describió como una cuerda. Cada uno dio su descripción certera, pero no se dieron cuenta de que dependía de qué parte analizasen.

Se trata de contestar la siguiente pregunta: ¿Todo cambia? ¿Todo parece cambiar? Según Advaita Vedanta, filosofía hindú de hace 26 siglos, el universo no cambia; es el perceptor quien lo recuerda constantemente diferente.

De igual manera que el agua, al cambiar las condiciones de temperatura y presión atmosférica, adopta un estado sólido, líquido o gaseoso, también el color de las gafas o las varias condiciones de sujetos y objetos genera la representación de universos diferentes percibidos por distintos sujetos. En términos kantianos, si tomamos una realidad única e inmóvil y la aplicamos las categorías innatas de tiempo y espacio con las que nace la mente, tenemos un mundo cambiante y mutable. Ni mucho menos ya el espacio y el tiempo son absolutos como los entendía Newton, son más bien una intuición.

Un día de 1987 le dije a mi tío Miguel que había decidido dedicar mi vida al conocimiento, a aprender. Desde entonces no me importó demasiado el dinero, más bien fue un colateral con el que me encontré en el proceso del saber y del aprender bien.

Descubrí que la teoría sin práctica es nada. La filosofía no es más que un mar confuso para el aprendiz poco diestro en la vida real. Para algunos que experimentan afecto por la filosofía, ésta se convierte en un cuerpo de ideas profundamente metafísicas que suelen parecer altamente teóricas y prácticamente inalcanzables.

Desgraciadamente, muchas de las conclusiones de la filosofía parecen afirmaciones lejanas solo alcanzables por unos pocos elegidos, aquellos que aprecian la vida real y que aprecian la autoindagación. Como San Agustín, que tuvo que vivir una vida de rico, de pobre.. diversa, además de una introspección sistemática para poder escribir La Ciudad de Dios.

¿Robar es malo?¿Encontrar las zonas alegales para beneficiarse personalmente de ellas es malo? ¿Empujar los límites de las normas en beneficio propio es malo? Yo diría que fundamentalmente crea agitación mental, inestabilidad, desequilibrio en el ser humano. Y hay una enorme brecha existente entre una mente equilibrada que percibe la realidad del mundo y, en contraste, aquella realidad que suele aparecer a los ojos de quien lo observa a través de las agitadas olas de sus incontrolados pensamientos.

No existe tal cosa como el mundo, solo existe la representación del mundo que cada uno de los hombres nos hacemos. Libre de agitaciones mentales, esta representación y la experiencia en el mundo es radicalmente diferente.

Parménides de Elea, en el siglo VI a.C., escribió “Sobre la Naturaleza”, un mito en el que es conducido hasta la Diosa de la Verdad y tiene una revelación de carácter filosófico: lo que es, el Ser, puede pensarse; lo que no es, el No-ser, no puede pensarse.  Esta afirmación sitúa al ser como unidad y rechaza el devenir, el cambio y la multiplicidad. Para él, todo lo relacionado con la multiplicidad es solamente una ilusión. El ser es unidad, indivisible e inmutable.

¿Cómo funciona esto en el detalle? Primero está el objeto externo, la forma en el mundo, mutante, efímera y externa. A través del sentido de la vista (uno de los cinco sentidos) es percibida por el perceptor. Más tarde, la mente percibe el sentido de la vista. Finalmente la Conciencia percibe la mente. Esta última Conciencia que no es percibida por ningún otro agente previo ni posterior. Ha sido a veces denominada Dios, o Ser Humano, o Conciencia No-dual, o Testigo, no importa la etiqueta que le pongamos en cada cultura.

¿Es posible que el perceptor pueda conocer realmente lo percibido? ¿Es el perceptor el agente activo de conocimiento o, es lo percibido? ¿Cuál es la frontera entre el sujeto y el objeto? ¿Qué es entonces la mente? ¿Podríamos definirla como la codificación de la información del sujeto?

Una forma de relacionar el objeto externo y la mente es el estado de conciencia de sueño. Como decía Calderón de la Barca, “Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. En el sueño, la mente es ambos, sujeto y objeto.

Otra forma de relacionar el objeto externo y la mente es el pensamiento. Aquí la mente mezcla el aquí y ahora con la memoria, el pasado. Es una herramienta tan potente como peligrosa para extraer conclusiones y tomar decisiones.

Finalmente, otra forma de relacionar el objeto externo y la mente es la observación pura. Aquí, el aquí y ahora se percibe por la mente sin intervención. Las formas son múltiples, amarillas, azules, densas, sutiles, cortas, largas… porque el sentido de la vista es capaz de hacer estas diferencias. Sin embargo, el sentido de la vista se mantiene uno e invariable.

En Advaita Vedanta, se diferencia entre el “Citta”, que es todo ese conjunto agitado de pensamientos, emociones, pasiones y sentimientos, el “Manas”, que son las actividades que se ejecutan a partir del citta, es decir, inteligencia, lógica, ordenación, razonamiento y duda, el “buddhi”, la actividad de conocer indudable cuando el manas se desactiva.

Así, el “Manas” ve cambio y diversidad, como decía Heráclito, mientras que el “buddhi” ve permanencia y el ser inmutable. Son dos capacidades diferentes, pero el Budismo afirma que la impermanencia y la dualidad inducen dolor psicológico. A través de educación mental, es posible llegar a una representación del universo no dual, donde el perceptor es no-diferente de aquello que conoce. No existe el nacimiento ni la muerte. Es el ser de Parménides.

Yo lo veo así. Un hombre, que podía ser una mujer, rellenito y sonriente sentado. Mucho más pequeño, un muñequito delgado y flemático que da vueltas corriendo alrededor del primero. Normalmente da vueltas sonriendo pero de vez en cuando el enorme ser sentado tose, el primero se asusta y sigue corriendo sin parar pero con miedo en el  rostro.

El primero es el ser, el inconsciente, la Conciencia no-dual. El segundo es el ego, la mente.


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