viernes, 15 de abril de 2022

Relaciones de pareja conscientes



Me gusta el olor a romanticismo, está de moda.

Dicen que las relaciones conscientes son aquellas donde el conflicto se ausenta,

hay comprensión mutua y huele el ambiente a media naranja.

Desgraciadamente, a mí esto me huele a buenismo y a máscaras en todas sus vertientes,

huele a que puede haber bien sin mal, a que puede haber blanco sin negro.

Dicen que una relación es superior cuando dura,

y a mí me suena a autoridad, sumisión, y a miedo,

veo control, celos, evitación y ansiedad.

Mi intuición me dice que preocuparse por una relación,

es como preocuparse por el color de un automóvil cuando acaba de quemarse el motor y no anda.

¿Cómo puede haber relación si no hay aceptación plena de la realidad?

¿Cómo puede arreglarse lo de fuera cuando nos olvidamos del interior?

Preocuparse de que el coche se mueva es indagar y resolver mi mundo interior,

aprender a ser uno mismo, amistarme con mi cuerpo, comunicar,

gestionar mis emociones y entender el amor, éstos son los paraqués de la relación.

No se trata de convencerme de que tengo una sombra en el inconsciente,

ni de juzgarme por dónde estoy en el proceso de sanación,

ni de hacerme creer que estoy roto y necesito reparación,

sino de aceptar lo que es y no puede no ser, e intuir amor y unidad,

y hacerlo en una visión compartida de la vida como un proceso sanador,

no solo compartir los momentos de luz y celebrar los resultados juntos en pareja,

sino trabajar la sombra unidos, meditar de la mano y prácticas similares.

Una relación es el mejor maestro posible en la parte de mí que es proyectora,

en esa parte, tengo mi sombra y soy capaz de ignorarla absolutamente,

aunque la veo aumentada en mi pareja,

y al verla la sano.

En la otra parte, en la que, por el contrario, uso máscaras porque no soy suficiente,

y tengo que continuamente demostrar aquello que no es,

encuentro la sanación en mi interior,

y la ausencia de pareja me ayuda a obligarme a confrontarme conmigo mismo.

Dicen que una relación comprometida es magia,

que está compuesta por decisiones conscientes, unas pequeñas y otras grandes,

que es sentir y dejar de estar dormido como mis tobillos cuando me siento un rato sobre ellos,

que es elegir comunicarse cuando se rompe un acuerdo tácito o explícito.

Yo también creo en ello, pero para mí tiene una condición sine qua non,

aprender a vivir sin Ego, esa capacidad que tenemos de querer lo que no es y no ha de ser,

hacerme ilusiones donde nada va a ocurrir,

y construirme objetivos que creo dignos pero que no me acaban de llenar.

Yo siento momentos de absoluta imposibilidad de relación consciente,

y son los momentos de transigir la combinación ataque-inocencia,

en ese drama, fundaríamos símbolos de terror en el camino,

e implicaría cargar un arma de la que ninguno de los dos podríamos escapar,

ninguno de los dos podríamos escapar de la culpa, ni juntos ni separados,

o nos sacrificamos los dos o ninguno,

o nos liberamos los dos o ninguno.

Acusar es el obstáculo para el amor,

obstruye la autopista de la confianza y la paz.

¿Quién, herido por el otro, podría amarlo y confiar?

Así comienza: yo me siento tratado injustamente, consiento en sufrir,

siento privación o siento cualquier tipo de necesidad,

por tanto, acuso al otro, le hago pagar la injusticia que percibo,

sufro y lo hago porque el otro es culpable de haberme atacado,

soy testigo, me convierto en una prueba viviente de que el otro ha extraviado su inocencia,

y se daría cuenta con muchísima facilidad si se mirase a sí mismo,

yo estoy pagando por una injusta venganza y es el otro el que debería estar pagando.

Espero que la justicia se encargue

de que el otro pague por todas sus injusticias ejecutadas contra mí,

solo así yo me liberaré.

Veo sus faltas escritas en el Cielo con mi sangre y con mi muerte,

considero a la muerte como un coste razonable,

si con ello puedo demostrar que ha sido por la culpa del otro,

sufro y me enfermo, una forma leve de muerte, como reflejo de la culpabilidad del otro,

en tanto que enfermo, no siento compasión por él e intento matar por contagio,

por eso amo la culpa.

Me transformo en la imagen representación de su culpa,

perdonar sus transgresiones solo haría añadir otro fardo más a la culpa ya acumulada.

Sus faltas merecen castigo, mientras que las mías, si vamos a ser justos, deberían pasarse por alto.

Sin embargo, mientras el otro consienta en sufrir, yo no voy a sanar,

condenarle no me deja a mí liberarme,

solo en su inocencia puedo yo encontrar la mía.

Estoy satisfecho de que estoy a salvo de todo ataque y veo la prueba de mi propia inocencia,

ya no voy a ver ni dolor ni reproche,

veo inocencia allí donde antes solo había un mártir testigo de su culpabilidad,

mis manos se vuelven mansas y todas mis lágrimas se enjuagan felizmente,

dejo ir,

encuentro la prueba de que nada de lo que su locura le mandó hacer ocurrió,

ni tuvo efectos de ningún tipo,

no se justifica ninguna forma de reproche.

Me transformo en un testigo de su inocencia y no de su culpabilidad,

busco la paz y la pura curación en lugar de la muerte,

así el mensaje al otro es “Descúbreme, que gracias a ti existo”.

Corregir los errores es la función que se nos ha dado a ambos,

no por separado, sino como función compartida,

corregir los errores de ambos,

estamos en manos de la Mente que está unida

y que opera como una y única, pues el propósito es indiviso.

Todo queda solucionado en el aquí y ahora,

solo se requiere un instante de mi amor sin traza alguna de ataque,

en el ahora sano completamente

el ahora brinda mi bendición al mundo,

amo al mundo y no queda nada motivo de miedo,

el aquí y ahora ilumina mis ojos.

Lo que ocurrió en aquel instante en que el amor entró sin ninguna traza de ataque,

permanecerá conmigo para siempre,

tu curación y mi curación serán uno de sus efectos,

todos los testigos que contemple serán sólo una fracción de los que realmente existen,

la infinitud no se puede entender contando todas sus partes separadas.


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