Esta mañana he recibido una respuesta negativa,
y me ha hecho sufrir.
Me he dado cuenta de que no era nada personal contra mí,
pero eso no me ha liberado del dolor.
Si veo el mundo tal como es,
no necesariamente es un mundo de ética y moral,
sino un enorme pozo del que todos, unos más y otros menos,
estamos intentando salir.
Unos estamos ya bien agarrados a las paredes escurridizas,
y otros todavía estamos en el aire.
Ver a los demás en intentos desesperados de salir del lodo
del pozo me ayuda a entender la vida,
no me defraudan porque veo sus buenas intenciones,
no me atacan, porque solo veo sus intentos de supervivencia, buscan salvarse,
al contrario, me veo lleno de amor yo
y responsable de
ayudar y acompañar a los demás en su sufrimiento.
Así, nada me puede faltar, nada puede salir mal, cada día es
un regalo.
Llueve oro, y no tiene sentido quejarme porque me estoy
mojando, sino tomar el oro y agradecerlo.
Cada momento en que recibo una negación
es una enorme oportunidad de cambiar, de mejorar, de crear y
crecer.
Ahí donde se produce el golpe o ataque, el cerebro se licúa,
antes estaba sólido y cerrado a lo nuevo, hundido en la
rutina y en la repetición del ayer,
ahora es líquido y contempla como posibles otras
alternativas,
intuiciones que estaban ahí y que nunca pudieron ver la luz.
Todo es posible, es el momento de darles la oportunidad de
respirar,
antes de que el cerebro vuelva a solidificarse,
y adiós.
Hay alguien con quien, estando a su lado, nada me puede
pasar.
¿Dónde está el fin de esta injusticia?
Todavía diferencio lo injusto de lo justo,
es lícito reaccionar con ira y atacar lo injusto,
pero eso me esconde conocer a los demás, les mantiene afuera
de mí.
Creo que soy tratado injustamente, y creo que es otro, y no
yo, quien me está privando,
pero solo estoy proyectando la causa de mi sacrificio,
lo saco de mí y percibo como injusto, en lugar de
considerarlo mi justo merecido,
y es que solo yo me estoy exigiendo a mí mismo el
sacrificio,
cometiendo una profunda injusticia contra mí mismo,
yo soy mi único enemigo,
me niego el derecho de ser yo mismo,
trato de encontrar inocencia únicamente en mí y no en ellos,
a expensas de la culpa de los demás.
Ataco para conseguir inocencia,
prefiero ser una víctima inocente,
pero no puedo comprar mi inocencia descargando mi culpa
sobre los demás,
no importa cómo juegue el juego de la culpa, alguien tiene
que perder para que yo gane,
alguien tiene que perder su inocencia para yo ganarla.
El único propósito de relacionarme con otros es conocer a
los demás,
nunca hacerles culpables,
pues el mundo se vuelve gris y perverso.
Cuando percibo injusticia me digo: prefiero conocerlos a
ellos que ver su injusticia.
Solo en los sueños puedo hacer sacrificios,
solamente puedo sacrificar las ilusiones, lo
real nunca puede ser sacrificado,
y al desaparecer, aparece el regalo que ocultaban, el Ser.

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