Dicen que el conflicto es pervasivo en nuestra sociedad, y
que se debe a la diferencia de valores de cada una de las personas, aunque mi
impresión es que ojalá hubiese conflicto, y ojalá no fuésemos tan estrictos con
nuestros valores y flexibilizásemos nuestras posiciones.
Vivo en un mundo donde los seres humanos se cruzan, no se
encuentran. Se sienten separados unos de otros, cada uno ve su pasado y su
futuro, no siempre ocurre la oportunidad de poder caminar un rato del camino
común juntos. Ver el mundo desde una óptica diferente del otro provoca una
sensación de soledad y una dificultad de colaborar en proyectos más grandes.
La comunicación muchas veces se da desde el miedo, miedo a
ser inferior, miedo a no ser suficiente, miedo a no ser merecer la pena, miedo
a no poder, miedo al fracaso, y, en estos casos, la comunicación se convierte
en dos monólogos, son dos Egos intercambiando sus propios pensamientos sin
escuchar.
Otras veces la comunicación se da desde el amor, desde el
entendimiento de que somos todos uno, y que es más importante el conjunto que
cada uno de nosotros. En esa circunstancia aparece el diálogo, la comprensión y
finalmente la toma de decisiones.
Muchas veces es necesaria una mediación, es decir, la
involucración de un tercero que es aceptado por ambas partes. El mediador facilita
creencias en las partes que permiten llegar a acuerdos con equidad.
La primera condición fundamental que tiene que cumplir un
mediador es la neutralidad, es decir, aunque debe conocer bien el objetivo del
negocio para así poder crear comunicación, no debe tener un partido concreto
por ninguna de las opciones ni de las partes.
Las partes deben aceptar el proceso en libertad y voluntad
propia. No debe haber ninguna coerción ni presión en el proceso. Deben aceptar unas
reglas de funcionamiento en el proceso con el mediador.
El mediador construye necesidades y motivaciones de forma
que el entendimiento de cada una de las personas se convierta en el
entendimiento del equipo. Los intereses, emociones e identidades de las partes quedan
a un lado respecto a la forma de entender el problema y la decisión.
Cuando las emociones son fuertes, e incluyen resentimiento o
ira, el mediador no tiene el rol de despreciarlas, sino de buscar las fuentes y
ponerlas al servicio de la resolución del conflicto.
Cuando hay una falta de confianza, que puede ser por falta
de honestidad o por falta de conocimiento concreto sobre el tema, y se
cuestiona la buena voluntad y los intereses de los demás, el mediator puede
modificar esas asunciones y percepciones.
Es necesario utilizar todos los medios psicológicos para
generar una comunicación constructiva entre las partes, transcendiendo dogmas,
pero también hay otros roles que debe representar el mediador.
El mediador toma el rol de guía o chairperson, estructurando
las interacciones y el proceso. Esto significa tener una idea sobre el viaje
que se espera, el camino que se va a ir construyendo. También el mediador toma
el rol de guardián y árbitro, un watchdog que regula comportamientos y evita
excesos innecesarios.
Además, el mediador es un investigador de problemas y recursos
disponibles, convirtiéndose en un innovador y encontrando soluciones antes
inimaginadas. Puede convertirse en el leader y en la autoridad, basada desde el
punto de vista del conocimiento, y ejercida en la realidad.
Por último, el mediador es también el gestor de riesgos,
trayendo los posibles costes escondidos y riesgos en las decisiones tomadas.
¿Por qué el acuerdo a través de la mediación es más
sostenible que el arbitraje o la resolución legal? Porque las personas están a
título voluntario, pueden dejar el proceso si lo desean, cada persona tiene el
veto en su mano hasta el último momento, y si llegan al final lo consideran
como suyo, se involucran en la implementación de la solución. Al acuerdo se
llega por consenso, y nadie tiene que ceder, por eso la implementación es más
suave.
También se llega al acuerdo en menos tiempo, pero la mayor
diferencia es que el mediador destapa las causas raíz del conflicto, aparecen
factores insospechados, y las soluciones incorporan soluciones innovadoras.
Al final, mientras que en un proceso legal la relación entre
las personas queda muy deteriorada, después de un proceso de mediación, las
relaciones llegan a sanarse. Al incorporar las relaciones interpersonales, se
facilita el trabajo en equipo después del acuerdo.
El final del proceso es un compromiso escrito firmado por
las partes. Este documento legitima el acuerdo. Es fácil comparar la situación
con el conflicto inicial, no con la intelequia imposible que cada parte tenía en
la cabeza, sino el atasco objetivo de no llegar a soluciones.
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