Hace 10 años que decidí trabajar de forma flexible y dejar un trabajo de 9 a 6pm con salario fijo a fin de mes. En esa decisión sabía que mis hijos, mis padres y mi pareja necesitaban más de mi tiempo. No quería perderme llevar a mis hijos al colegio por la mañana ni quería perderme las enfermedades de mi madre y de mi padre, y no me importaba perder las oportunidades de mi carrera profesional ni la capacidad de invertir en una vivienda y coche mejores.
En salidas a cenar fuera a veces llenas de tensión, mi mujer me hacía preguntas raras que simbolizaban su sensación de no conocerme, de una distancia progresivamente creada en la que las personas no convergían cada día un poquito más, sino lo contrario.
En salidas a cenar fuera a veces llenas de tensión, mi mujer me hacía preguntas raras que simbolizaban su sensación de no conocerme, de una distancia progresivamente creada en la que las personas no convergían cada día un poquito más, sino lo contrario.
Después de una
jornada estresante de 10 horas no era fácil llegar a casa y entender y resolver
los problemas con la mente abierta y llena de paciencia. Por el contrario,
muchas veces había explosiones de violencia y verbalizaciones no siempre
oportunas y alguno difíciles de olvidar.
Injustamente
algunas iban a los niños, quienes en el fondo pedían atención pero en la
superficie se comportaban de forma molesta y desagradable. En lugar de sentarme
en el suelo con ellos y escuchar sus caóticos sentimientos todavía en
formación, a veces intentaba exponer lo que yo creía que debía de ser en forma
de monólogo unidireccional.
La última década
me ha permitido poner mi atención a todo esto y compatibilizarlo en el tiempo
con mis labores profesionales. Cuando ha habido que salir a cenar y llegar
tarde, yo he ido más tarde a trabajar. Cuando ha habido que acompasarse a las
vacaciones escolares, yo he movido las fechas para que se alineasen.
Había relámpagos maravillosos
de unión cuando bajábamos a la vez cuestas en monopatín, cuando paseábamos en
bicicleta, cuando parábamos la bicicleta a ver pasar el tren y tomar un
bocadillo, y cuando esperábamos en un aeropuerto antes de hacer un desconocido
viaje.
No siempre se trata
de cantidad de tiempo sino de la calidad del tiempo. Tiempo de calidad tiene
que ver con pasar tiempo que haga sentir estar juntos, unidos en el sentido y
en el destino. Es aquél que ayuda a aumentar la confianza, la complicidad y las
ganas de seguir estando juntos. Trae riqueza al contacto aunque se trate de un
pequeño instante.
Se trata de
conexión y de encuentro. Mi obsesión era generar encuentro cada día y sentir
que se creaba un mundo nuevo en ese encuentro. Era bonito cuando aparecía una
nueva existencia y de ésta salía ganas de adaptarse y cambiar. Quizás era la
transformación lo que de verdad merecía la pena, y no solo el estrechamiento de
lazos infinitos y eternos.
Cuando leíamos un
cuento por la noche con Mateo y Manuel, yo sabía que ellos no lo recordarían
conscientemente en el futuro, pero habría en algún rincón de su alma el
recuerdo difuso de un instante de calidad con su padre. Vivíamos una situación
de peligro del protagonista, o una emoción suya con el mundo, o una sensación
de tener una mascota a través de la literatura. A menudo me preguntaba si en
sus mentes había de verdad una diferencia entre el mundo de la literatura y el
de fuera.
Los americanos
dicen “happy wife, happy life”. Carl G. Jung escribía que el encuentro entre
dos personas es como el contacto de dos sustancias químicas: si hay alguna
reacción, ambas se transforman. La pareja es el nexo de unión con todos los
demás, todos los encuentros pasan por y para ella. De todos los encuentros es
el esencial. Es el encuentro más intenso, la pareja siempre colabora con una
palabra, una frase un gesto o un silencio. Con la pareja, yo me encuentro
porque necesito encontrarme, necesito los dones de cada interacción.
Esa persona que
es la pareja, tenga la clasificación que tenga, es quien sin duda va a estar
ahí en los buenos y en los malos momentos, en la salud y en la enfermedad y
hasta el final de los días. Los amigos vienen y se van, incluso los hijos deben
en algún momento echar a volar, los padres desgraciadamente se hacen mayores, pero
la pareja permanece todo lo que es posible permanecer en la vida temporal.
Además, no tiene
mucho sentido salir a caza un jabalí y llegar a casa a comérselo uno solo;
tiene sentido llegar a casa y compartir la caza con la familia y los seres
queridos. Dar a los demás hace fuerte, mientras que recibir hace siervo y
débil.
Yo a este necesario
compartir quiero agregarle siempre una sonrisa, reírse mucho, hacer bromas
sobre lo cotidiano y mucho sentido del humor.
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