Se dice que si conduces mirando al retrovisor, lo más
probable es tener un accidente. También que si caminas hacia atrás, la
probabilidad de tropezar es mayor. Aunque el negocio está en el presente, el
pasado no siempre es fácil de evitar, a veces traumas y emociones nos acompañan
en nuestro camino.
“La vida secreta
de las palabras”, de Isabel Coixet, es la historia de la relación entre un
hombre que ha tenido un accidente en una plataforma petrolífera y la mujer que
le cuida. Ella es una mujer solitaria y traumatizada que intenta huir de su
pasado y él se ha quedado temporalmente
ciego. Entre ambos nace una extraña intimidad, llena de secretos, verdades y
dolor.
La comida, el
placer de cocinar y de comer bien (cuando surge la oportunidad), es uno de los
temas recurrentes de la película. Eso nos recuerda que, pese a todo, se puede
pensar que la vida es un don.
Hannah es una
obrera textil, enfermera de profesión. Aparentemente normal si no fuera por la
excesiva presencia de su pasado traumático que se va desvelando progresivamente.
En el momento culmen de la película, Hannah revela sus pechos con un gesto como
si revelara un collar de varias vueltas de perlas resplandecientes, pero no
lleva perlas. En su pecho descubierto vemos las cicatrices de las heridas que
le infligieron los soldados que la secuestraron y la violaron cerca de
Dubrovnick, durante la guerra civil. El gesto es de ofrecerse a él, a sus
caricias, el pasado se vuelve presente. Compartir el dolor pasado puede
conducir a una desnudez más íntima que la promesa de un placer compartido.
Hanna tiene
dificultades en la comunicación verbal, pero no solo por su sordera, es la
consecuencia del abuso sexual; podemos observar, por ejemplo, que se lava las
manos compulsivamente para sentirse limpia, y siempre usa una pastilla de jabón
nueva que tira inmediatamente. «Desde el momento en que uno tiene vida
interior, ya está llevando una doble vida», se dice en la película, se refiere
al estado postraumático en el que sigue viviendo.
¿A dónde va tu
mente cada mañana? A donde va tu mente, allí va tu energía.

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