sábado, 2 de julio de 2022

Creo el mundo

Creo el mundo,

creo mis propios escenarios,

cuando algo creo que me pasa,

no me doy cuenta de que he sido yo quien ha escrito el guión,

quien ha montado el escenario y quien ha representado la obra,

yo lo construyo, lo proyecto y me acabo creyendo mi propia obra,

y reacciono emocionalmente frente a ella,

me enfado, me deprimo, me alegro…

son mis propios traumas que veo como realidad,

necesito recuperar la visión,

agradecer lo que me pasa como una oportunidad de sanarme.

Si hablo con mi madre por teléfono y me dice algo intempestivo,

debo darme cuenta de que no la escucho del todo,

tengo ya prefijada en mi mente su imagen,

si pienso qué cabezona es ella, cuánto quiere hacer lo que quiere como quiere,

debo observar que es un trauma para mi lo cabezón que yo soy,

noto que soy poco indulgente, que estoy en tensión en situaciones,

me da miedo no poder llevar a cabo el escenario que me he creado,

necesito controlar y no me puedo dejar fluir.

Tengo miedo a malas interpretaciones desde fuera de mis escenarios,

necesito tener todo muy ordenado,

no me dejo fluir con el corazón,

¿qué pasaría si se desordena?

pues que algo pasaría que traería un mensaje de salvación,

agradezco la oportunidad de sanarme yo.

Me ayuda pensar que he sido yo quien ha escrito el guión,

cuando algo me molesta en el mundo de fuera,

vaya guión más pobre he desarrollado, menos mal que puedo cambiarlo.

Si no lo hago así, vuelve y vuelve, se repetirá hasta la saciedad,

hasta que sea capaz de entender el mensaje subyacente.

Tengo que vivir mi creencia, sentir las emociones que me está generando,

y solo así reaccionar cambiando de base la creencia.,

necesito vivir la emoción y escuchar qué es lo que estoy diciendo a través de ella,

al ser traumas muy atávicos, muy inconscientes,

necesito vivirlo muchas veces antes de poder traerlo a mi consciente.

Me deprime volver a ver una y otra vez la misma película,

me enfado una y otra vez con la persona que está representando la historia,

si analizo lo que me pasa, le estoy dando realidad externa,

le doy peso, me hundo en la tragedia cada vez un poco más.

Me resisto a cambiar mis propias creencias, estoy muy apegado,

es mi propio niño interior, mi sociedad, mi cultura.

Mis creencias a veces me paralizan la acción, y eso a veces genera desasosiego fuera,

lo cual es un regalo, porque esa incomodidad me obliga a enfrentarme con mi propia creencia,

así quiero cambiarla.

Tengo la creencia infantil de ser invadido,

enraizándome en ella, pongo barreras a otras personas que no pueden entrar en mí,

eso genera conflicto y me sienta mal,

hasta que me doy cuenta de que es mi propia creencia disfuncional,

la suprimo de mi mente y escribo otro programa que me sea más pacífico,

es fácil, pero tengo que darme con la cabeza en la viga muchas veces hasta que “veo”.

Por ejemplo, me han robado, y no me gusta la sensación que me ha producido,

yo he contratado unos hombres para que me representen un escenario y me manden un mensaje,

algo tengo que aprender de esa representación, pero ¿qué?

en mis sueños también hay mensaje a escuchar, no es buena idea dejarlos pasar,

dejo que mi corazón hable, quiero verlo,

antes de que llegue un escenario más extremo y obvio que me permita ver,

si no entiendo el mensaje, el guion se recrudece,

estoy intentando mandarme un mensaje para entenderlo,

busco desesperadamente como Sherlock Holmes en la zona del delito,

qué hay ahí que yo deba escuchar, dónde está la perla, me cuesta,

analizo mi reacción emocional, un posible bloqueo, un recuerdo que trae mi memoria,

lo relaciono como mi confianza, mi incapacidad, mis creencias,

me confundo si lo pienso con mi racionalidad, no tiene que ver con lo que pasó,

sino con si me estoy cuidando a mi mismo, ¿me estoy amando con ello?

pienso en los demás y debo buscar dentro de mí mismo,

siento intromisión, invasión, me tocan lo de dentro, en mi intimidad,

en definitiva, cuando algo exterior ocurre, vivencio lo mismo que tengo dentro,

de forma amplificada, mucho más potente que esa leve señal molesta del día a día,

me cuesta a veces contar lo que llevo dentro, siento intromisión.

Ser analítico es peligroso, porque tiene el riesgo de colocarme en el miedo,

en las cosas que acontecen en el mundo y que me limitan,

cuando estoy más en miedo que en amor, me acontecen cosas externas,

en el miedo despliego la capacidad de crear escenarios externos,

tiene que ver con sentirme vulnerable y abrirme a escuchar.

Tengo miedo a personas y me cuesta mucho aceptarlo,

tiendo a construirme grandes argumentos para no aceptarlo,

y es que la persona que me ama es la que me impulsa hacia mis miedos,

¿qué miedos desato yo en otras personas?

si hago aquello que estoy evitando hacer por miedo a alguien,

voy a desatar miedos concretos en esa persona,

y me va a odiar por ello,

pero me acabará amando una vez que llegue a la sanación de su miedo.

A veces siento que estoy actuando por amor a otra persona,

y sin embargo lo hago por miedo a provocarla, a lanzarla hacia sus propios miedos,

estoy actuando desde el miedo, no desde el amor,

me da miedo que no me quiera, que me odie, que lance acciones contra mí,

yo también rechazo a las personas que vienen a enfrentarme con mis miedos,

que me empoderan a través de obligarme a ver,

la otra persona me va a acabar dando las gracias.

Tengo la determinación a ver las cosas de otra manera.

Tengo la garganta bloqueada, y viene de mi niño interior,

algo querría haber dicho que no he encontrado el momento de decirlo,

algo no expresado,

¿yo me colocaba en un lugar sumiso sin expresarme?

¿necesito ponerme delante de otra persona y decirle la importancia que tiene para mí?

mi niño no tiene recursos, le queda grande, no puede gestionarlo,

como en la película amanece que no es poco,

me siento plantado dentro de la tierra como si fuera una lechuga,

atrapado sin poder volar.

Antes de mis seis años de edad, antes de mis primeros recuerdos conscientes,

en mi casa hubo mucho placer, mucha colaboración, familia extendida que disfrutaba,

mas en un momento, comenzó la desgracia,

uno tras otro de la generación anterior, todos comenzaron a irse,

enfermedades y momentos difíciles de tristeza y stress,

y mis padres no pudieron como pareja encarar la situación,

generando el mayor stress de todos,

pasamos de la alegría al recogimiento en muy poco tiempo,

mis padres se distanciaron uno del otro,

dejó de haber regalos y el aire se tornó denso,

todavía tengo ese nudo en la garganta que ahoga mi voz,

sigo intentando liberarme y trato de hacerlo en la movilidad geográfica,

es tanta la necesidad de volar, que no me importa dejarme mucho detrás,

he estado trabajando el desapego, primero a las cosas materiales, lo más fácil,

luego a las personas e incluso a mí mismo,

ya no me importa demasiado lo que pueda pasar a mí.

¿Estoy volando o me estoy escapando para no enfrentarme al toro?

Estoy en el amor o en el miedo,

Tiene también que ver con las emociones creadas por parte de mis hijos,

tengo sensación de abandono,

de que los demás no me hacen caso,

me apetece fluir con la vida, con billetes de ida,

aunque siento miedo, dudas, ¿estoy aprendiendo a fluir o a huir?

Busco oportunidades de crecimiento, a ver qué tiene el mundo que decirme,

a pesar de que la situación en el mundo está compleja,

y la opción racional sería encerrarme en mi mismo y protegerme,

sin embargo, me lanzo a volar.

Tengo miedo a la madre de mis hijos,

cada vez que hago algo, vuelve con comentarios, con demandas legales,

con expectativas frustradas,

no acabo de amar esa relación, solo lidio con ella,

no termino de generar una relación post-divorcio donde hay cariño, mutuo cuidado,

quererse en términos fuera de la pareja,

no entro en el amor, plenamente,

lo hago parcialmente, a ratos hasta que vuelve el miedo,

esa relación sueño con alejarla mediante la distancia geográfica,

consciente de que cuando me voy, me llevo mis problemas,

y siempre va a ser la madre de mis hijos, allá donde vaya,

mientras haya teléfono, ella estará ahí con su presencia.

Esa relación vuelve y vuelve con conflictos y problemas,

hasta que sea capaz de escuchar el mensaje y me desapegue,

en algún momento nos daremos un abrazo y nos diremos que nos queremos desde la amistad.

Cuando siento que algo no fluye y se empeña en no fluir,

trato de hacer un cambio brusco,

que sitúe el problema desde una perspectiva diferente,

con la esperanza de que aparezca el mensaje con más claridad,

puede parecer claro y obvio lo que antes no lo era.

¿Qué escenarios me estoy creando para que el mensaje se desvele?

Mi tía ya mayor, empieza a tener problemas de salud,

su vida se diluye y ella es plenamente consciente de ello,

llora y le duele, a mí me rompe el corazón,

necesito entender qué pasó cuando yo tenía pocos años de edad, y se fue la generación anterior,

qué se vivió en mi casa que mi mente poco hecha de niño nunca comprendió,

ella ha tenido que desapegarse a sus 91 años de su casa y sus posesiones,

y yo he vivido en primera persona muy de cerca el proceso,

si ella es capaz de volar a sus años que es cuando aparecen todos los miedos,

por qué no habría de volar yo en mi etapa de mi vida,

sin ningún problema ni ninguna obligación de volver?

Mi miedo fundamental es si me estoy escapando de algo que debería enfrentar,

qué me queda por resolver?

tengo algo que decir a alguien antes de que sea demasiado tarde?

¿Hacia dónde me da miedo y no estoy yendo?

Puede ser que pierda a mis hijos, y eso me da miedo,

pero para enfrentarme a mi miedo me tengo que marchar,

el día que mis hijos vean la foto de la playa en el Mar de Andamán,

cambiarán sus creencias y querrán vivirlo en primera persona,

necesito un paso de valentía para irme,

el primer paso es el difícil,

una vez salido de casa, la fuerza de la gravedad deja de existir.

Hay culpa asociada,

yo volví de Tailandia para cuidar a mis padres,

para que mis hijos tuviesen abuelos y mis padres nietos,

ellos nunca lo han agradecido, yo siento culpa de irme y abandonarles,

siento culpa de abandono a mis hijos,

de replicar aquello que yo sentí de niño y hacerlo ahora con mis hijos.

Además, mis padres siempre se han relacionado con nosotros a través de la culpa,

nos lanzan mensajes de culpa para atraernos hacia ellos,

nos recuerdan lo insuficientes que somos para que tratemos de remediarlo y nos acerquemos,

ahora soy consciente y lo he roto,

ya no me quedo junto a ellos para evitar que ellos me echen la culpa,

no he roto esa fuerza del todo,

solo tengo las armas para que cada vez que reaparezca pueda desvanecerla,

sigue volviendo y volviendo,

sigo construyendo escenarios para volver a sentir la culpa, y no oigo el mensaje,

soy un hombre plantado como lechuga, con la cintura abajo dentro de la tierra del huerto,

la culpa no me deja moverme,

arriba lo tengo claro en mi mente pero no puedo moverme,

llevo años en la tierra sin poder volar,

Tailandia para mí es el símbolo del pájaro,

los años que pasé allí son en neto los mejores de mi vida,

en libertad, creciendo en mi trabajo, experiencia, emoción, adrenalina, oxitocina,…

tuve que volver a la fuerza,

por problemas de salud con mis padres y porque mi mujer se empeñó en volver,

yo cedí,

me fui a la fuerza, me sacaron de volar allí para meterme en la tierra,

salgo a un espacio de confort, pero sin querer pensar hacia dónde voy a ir,

Yo a Rosa le enfrento a sus miedos para empoderarla,

ella tiene una necesidad de poseer a sus hijos, y yo le molesto en el proceso,

sin embargo, no consigue crear relación con ellos.

Sin yo hacer nada, le expongo a ella a escenarios en los que se enfrenta a sus miedos,

cualquier elemento de interacción mía con mis hijos le lleva a ella al pánico,

yo les meto libertad en su cabeza a mis hijos,

para ella es el mayor miedo, que sus hijos vuelen,

todo mi discurso con mis hijos es de confianza y empoderamiento hacia ellos,

ella hace lo contrario, meterles miedo para que se queden con ella,

mi presencia para ella es un ataque, un peligro,

mostrar mi vida en libertad, es su miedo,

nuestra vida juntos era mi libertad y su rol como ancla,

ella ha pasado mucho miedo conmigo, del que queda mucho trauma,

mi simple presencia le reaviva todos sus miedos,

ya veremos a ver cuando mis hijos digan que se van a pasar las vacaciones con su padre,

y no sé si volveré,

el Etna va a empezar a erupcionar.

Yo huyo de mis padres y de mi pasado,

ya hui a los 20 años, había algo en mis padres,

he intentado durante años resolver eso con mis padres,

y no he sido capaz de escucharles y ser escuchado,

poner el tema sobre la mesa y resolverlo conjuntamente con ellos,

pienso que al tomar una decisión e irme,

se van a mover cimientos y abrirán la puerta a conversaciones y soluciones.

Irme desata miedos y emociones en los demás,

en ese caos, es más fácil resolver, se darán situación y conversaciones,

en medio de la explosión, será fácil mudar.

Ahora he escrito mi vida y he puesto los papeles en sus manos,

desde la autenticidad y sinceridad,

durante mucho tiempo, el Manuel que se construyó una vez se fue de casa,

otro del forjado por su familia y que sintió irse,

no ha interesado en absoluto, ni él ni sus miedos,

mi familia me sigue viendo como yo fui y no cambian sus prejuicios.

Yo soy dos personas, el que vuela y el que está enraizado hasta la cintura,

el que mis padres esperan y el que yo me he construido,

me encontré yo a mí mismo,

apareció el lobo ninja que llevo dentro,

y me he seguido disfrazando para ir a trabajar,

mi vida aquí es un disfraz, el resultado de lo que mi educación ha querido,

yo conozco otra parte de mí,

en la montaña tengo la mirada de lobo, soy un ninja,

en países lejanos, hay más retos de supervivencia, aparece el ninja,

aquí está el territorio comanche de mis padres, los sitios en que he vivido de pequeño.

Tengo el dilema si estar en casa o volar,

sin embargo, me siento más en casa cuando estoy volando,

mi patria es ser ciudadano del mundo.

En qué sentido al volar a otro país,

esa parte del yo que solo sale en el círculo de los padres

sale en otro país?

Hay una parte que me llevo conmigo porque no la puedo soltar,

sale en muchos momentos,

se replica la situación aquí.

Lo que no existe son los condicionamientos,

allí, al no haber el entorno, no condiciona comportamientos.

Aún así, en otro momento, alguien jugó el rol en Colombia de mi padre,

va a venir alguien que desarrolla el personaje que me incomoda,

hasta que acabe escuchando el mensaje.

Lo que tengo que trabajar sigue estando ahí,

el guion lo sigo escribiendo sin espacio ni tiempo, allá donde vaya.

No es que tenga que hablar con mis padres,

sino con esa parte de mí que tiene problemas con ellos,

Quiero permanecer siendo yo las 24 horas del día,

no soy capaz de ser yo,

me traiciono constantemente,

y no tiene que ver con dónde.

Busco lo nuevo, la adrenalina, que me saca de mi rutina.

El lenguaje hace mucha diferencia,

cada palabra tiene sus connotaciones y sus emociones asociadas,

cambiar de idioma me cambia como persona,

si cuento algo en otro idioma, lo hago con otro nivel emocional.

Expresarse en otro idioma es una liberación,

porque parto de unas palabras libres de connotaciones.

Todo es un guion que yo me construyo para aprender,

mis padres y demás vienen a enseñarme algo,

no se sostiene pensar que están ahí para molestarme,

no son mis enemigos,

ser capaz de ser uno mismo a pesar de lo que ocurra fuera

es mi gran reto,

la familia es quien más me incomoda,

nadie me hace nada,

yo decido qué hacer con lo que me ocurre,

los acontecimientos son neutros.

No importa si me voy, acabaré volviendo para sanar todo el dolor acumulado,

volveré a buscar a mis maestros maravillosos

para poder ahondar ahí y aprender.

Si me estoy escapando, la vida no me va a dejar así que puedo irme sin preocupaciones,

acepto que mi esencia genera incomodidad y es perfecto,

acepto que necesito moverme de donde estoy, aunque no sea geográficamente,

estoy en el momento de elegir entre qué deseo crear: mundos de realidad o de mentira,

sigo eligiendo mentira,

me protejo sin querer, no vivo con autenticidad,

tengo súper integrado ser políticamente correcto, sé de manera inmediata lo que se espera,

sé quedar genial sin decir lo que de corazón pienso.

Es verdad que no importa si me voy, acabaré volviendo para sanar todo el dolor acumulado,

volveré a buscar a mis maestros maravillosos para poder ahondar ahí y aprender.

Si me estoy escapando, la vida no me va a dejar así que puedo irme sin preocupaciones.

Me gusta vivir, una vez asumido que el objetivo de mi existencia es mi sanación constante.

Estoy en el momento de elegir entre qué deseo crear: mundos de realidad o de mentira,

y sigo eligiendo mentira, me protejo sin querer, no vivo con autenticidad,

tengo súper integrado ser políticamente correcto, sé de manera inmediata lo que se espera,

sé quedar genial sin decir lo que de corazón pienso.

Veo que sigo jugando a no hacer daño a los demás por miedo a sus represalias,

me reto a incorporar definitivamente en mí la idea de que mover los miedos a los demás es molesto,

pero acabo agradeciéndolo.

martes, 21 de junio de 2022

Sirvo para alguien

 

Hegel lo llamaba el tonante ruido del día,

y el ensordecedor griterío de la imaginación.

En el mismo día me han pasado dos cosas,

por la mañana estaba tomando café y un hombre se ha caido sobre mí,

exactamente sobre mí,

y ahí se ha quedado confuso y desvanecido durante media hora,

hasta que los servicios médicos le han recogido,

su corazón era muy débil, en cualquier momento habría tenido que reanimarle.

Más tarde, una mujer desorientada incapaz de sacar su coche de una posición cruzada,

podría haber yo rescatado el prejuicio de mujer sin habilidades de conducción,

me metí en el coche y se lo enfoqué rumbo a la carretera,

estaba en el camino al hospital y muy nerviosa,

al final tremendamente agradecida y efusiva.

Los seres humanos creamos los escenarios en el mundo que necesitamos para sanar,

yo probablemente necesitaba que Carlos o Verónica me dijeran que me necesitaban,

yo sirvo para algo, que soy útil.

¿Por qué a mí me ocurren estas situaciones?

Confío en el mundo porque está regido por un poder que está en él, pero que no es de él,

comprendo que los cambios que se producen en esta vida son siempre beneficiosos,

acontecimientos, encuentros y circunstancias son persistentemente provechosos,

aprendo a desaprender, porque mucho de lo que antes valoraba,

ahora lo veo como obstrucción de mi capacidad para lidiar

 con las nuevas situaciones que se me presentan,

aprendo a dejar de lado todo juicio.

Por eso soy honesto y congruente,

poco de lo que digo, hago y pienso está en oposición.

No juzgo, juzgar es ser deshonesto, es asumir un papel que no me corresponde,

juzgar implica haber perdido la confianza en los demás,

sin juicio, todos los hombres somos iguales.

El daño es el resultado de juzgar, yo soy manso.

 

miércoles, 15 de junio de 2022

Mi mansedumbre

 

Hegel lo llamaba el tonante ruido del día,

y el ensordecedor griterío de la imaginación.

Siento infidelidad,

engaño por parte de a quien más quiero,

rechazo y abandono con alevosía,

adquiero datos de mis sentidos, mi intuición y mi intelecto,

hago el puzzle de la forma más objetiva y ordenada,

con toda la lógica existente en las paredes en que vivo,

y emito un juicio, hacia mí y hacia el mundo,

un juicio de injusticia, de molestia, de no ser lo que debería ser.

Sucumbo a la tentación de conectar ese juicio a otros pasados,

para así construir todo un castillo tóxico y dañino,

compuesto por todos esos juicios que me hacían daño,

que hacían daño a los demás y al mundo,

y con este castillo mantengo ágil y maciza mi cosmovisión,

mi lucha constante en un mundo enemigo y hostil,

de ataques y defensas, de tú y yo, de ahora sí ahora no.

En este análisis me creo sabio y se me escapa el orgullo,

me siento superior, y en posesión de la Verdad,

me duele, algo me dice que es radicalmente absurdo.

Mi educación dice que hay juicios buenos y juicios malos,

me empuja a potenciar los buenos e ignorar los malos,

el juicio sobre la infidelidad sería bueno, porque la verdad por delante,

por mucho que duela, como valor social fundamental,

soy cínico, asevero lo obviamente falso.

Siento infidelidad, pero no me rompe las entrañas de mi corazón,

la experiencia me demuestra que lo que es bueno hoy, deja de serlo mañana,

esa inconsistencia me empuja a salir corriendo,

no existe criterio universal.

Solo uno, que yo humilde no soy capaz de juzgar,

renuncio a juzgar, me vuelvo honesto,

no es sacrificio, solo que no sé, suelto, dejo de intentarlo.

Solo juzgo que soy inocente, que somos inocentes,

que el pecado no existe, esto es evidente.

Para poder juzgar, necesitaría una lista infinita

de información pasada, de cada detalle acontecido,

de todos los efectos de mi juicio sobre personas,

y seguridad de que mi percepción funciona sin ninguna distorsión,

simplificar, olvidar un detalle, invalida mi juicio.

Soy humilde, no soy capaz, he juzgado mucho erróneamente,

me creía en la razón y me demostraron equivocado.

Aprendo a no tomar decisiones con cimientos frágiles,

enjuiciar no es sabio, renunciar sí,

delego en el Universo, sin pesar y con gratitud,

sin mi mochila que me hacía perder el equilibrio y caerme,

así no puedo cometer errores y puedo reír,

suelto el conflicto y abrigo la paz, tan difícil y anhelada,

la ataraxia, la serenidad por ausencia de turbación, de las escuelas aristostélicas.

Ya no te juzgo, sé quien eres, si vienes, vienes,

me calmo si no estás, nos disfrutamos si apareces,

mis vísceras me hablan y me dicen que espere, paciente,

que viva el instante de mis sentidos, de mi corazón,

en confianza y mansedumbre, sin hacer daño,

esa es mi fuerza infalible, sin miedo, te perdono.


miércoles, 1 de junio de 2022

Mi abandono

 


 

El café es descafeinado, la leche de soja,

el pastel sin gluten de dulce de leche,

tengo hambre de café y pastel,

que mezclo con mi hambre de propósito,

te entrego mi aquí y mi ahora, dirígeme, quiero seguirte,

bajo tu dirección encuentro mi paz.

Me dedico a enseñar sobre las cosas del mundo,

mi mente sigue empeñada en sus cosas,

la soledad, el abandono, la dependencia, mi adicción.

¿Por qué cultiva la creatividad,

si todavía no soluciono la autoestima y la confianza?

Todo cambia, es efímero, ¿qué hay estable que pueda creer?

 

Me preguntan por mis miedos,

me sale el miedo a la soledad, me reconozco en ella.

Por eso me hago dependiente de los demás,

acepto indignidades a cambio de migajas de cariño,

admito situaciones complicadas a cambio de no sentirme abandonado,

puedo hacerme la víctima si hace falta,

o hacer de salvador de quien lo necesite si me halagan,

no quiero volver a sentirme abandonado,

recuerdo haberlo sentido a menudo de niño,

mi madre me daba cuidados y ponía atención en mí,

pero no era la atención amorosa que yo esperaba de ella,

soy capaz de pasar por cualquier cosa con tal de no repetir aquella vivencia.

Fui abandonado por mi madre, definitivamente,

ella se alejó, se marchó para distanciarse, se comportó así,

no lo percibo como una cuestión de repeler y no querer tenerme,

sino de que se comportaba esquivamente, no había comunicación,

era demasiado reservada para sus cosas.

Me siento que mi cuerpo pierde el tono, mis músculos no me sostienen,

estoy encorvado, mi cuerpo se ablanda,

siento mis ojos tristes y grandes.

Me agobia la palabra dejar,

un final de algo agradable para mí es un abandono.

Me gusta el pan, es mi tierra nutricia,

busco fusionarme fácilmente con las personas que me atraen.

 

Hay cosas que no entiendo, me enfado o me entristezco,

y recibo un castigo, me prohíben hacer algo que yo consideraba bueno.

¡Qué rueda más tóxica!

Me siento mal y busco un abrazo y claridad,

que me expliquen claras y concisas mis ideas,

y amor, un abrazo que me baje la adrenalina y el cortisol,

que me colme de oxitocina.

Pero no me entienden,

me prohíben montar en bici,

me prohíben algo maravilloso de mí,

es malo, montar en bici es malo,

me confunden, me implantan valores erróneos,

que alguien me lo explique,

eso me va a enfadar más todavía.

Necesito que alguien vea detrás,

que entienda lo que yo no entiendo,

que me de la mano y me lleve,

que disuelva mis miedos en su amor.

Cuando siento miedo a la soledad, quiero cariño,

no que me prohíban montar en bici.

Si lo expreso mal, lo siento, pero eso no cambia mi sentimiento.

Lo que necesito es un beso,

una tonelada de oxitocina, pilas recargadas,

la mejor medicina contra la soledad,

contra el no pertenezco a este mundo,

contra la tristeza,

contra la sensación de falta de tono en mis músculos.

Es sinfonía de Haydn para mis oídos,

ahora cada nota me lleva suave a la siguiente,

me siento seguro y querido.

¿Dónde estaban mi tristeza y mi ira?

La armonía fluye y yo sigo mi camino,

a veinte centímetros del suelo.


lunes, 23 de mayo de 2022

Mi logos

 



Hoy he visto venados, zorros, ardillas y águilas,

y un gato grande que debía ser un lince,

absoluta paz y quietud.

Todo posee un logos, yo tengo un logos,

me refiero al logos estoico como principio activo que da la vida al universo,

al mecanismo de salvación del Uno, para Plotino,

a través del logos yo me puedo comunicar con un animal, con un perro,

le siento, me habla, nos comunicamos, nos conectamos,

una de las experiencias más satisfactorias que he tenido la suerte de tener,

y también con un árbol o una roca,

el corazón me trae mareas de objetos invisibles,

se me activa el corazón, ahí reside el logos.

Cuando veo esa esencia de las sustancias, siento el poder de los objetos,

tomo aire en mis pulmones,

eso es lo que literalmente significa la aisthesis griega,

ya tenía esta habilidad a los seis años,

hoy mi racionalidad se ha desarrollado tanto que lo opaca,

todo habla a pesar de su aparente silencio.

Hildegard von Bingen lo ve como el reflejo de los patrones del cosmos,

para ella todo está presente, aunque escondido,

para mí sobre todo está en la naturaleza,

como en el desierto, es allí donde parecería estar menos presente,

y en soledad, única posibilidad de llegar a este conocimiento,

es en la naturaleza donde entro en contacto con lo más profundo en mí.

Una vez liberado de las complejidades de mi vida diaria,

puedo entrar sin obstáculos en mi propia renovación y detoxificación,

dice el carmelita McNamara que, sin periódicamente visitar el desierto,

nadie podría cumplir su visión y su vocación,

y añade que empieza por una obvia decisión de sufrir,

para luego descubrir la sorpresa de encontrarse en armonía con el universo.

Mi vida ordinaria me roba prudentemente la esencia,

me pide atención para otros negocios y vacía mi inventario.

En la naturaleza puedo vaciarme, así me dispongo a ser llenado,

como Viktor Frankl, me pregunto cuál es el propósito de mi vida,

qué luz me guía, a qué estrella seguir.

Tengo la esperanza de que la luz no me va a fallar,

que la estrella no se va a perder,

lo visible y lo invisible son lo mismo,

busco afilar las capacidades afiladas de mi percepción,

permitir que mi propósito se me haga consciente.

Necesito una llamada personal,

una razón para estar vivo, mi vida no es un accidente,

que mi vida tenga una profundidad suprema.

Mi vida es de madera,

busco el fuego que me despierte,

breves destellos de la naturaleza luminosa de las cosas,

sentimientos únicos,

coincidencias extrañas,

vueltas inexplicables de la rueda de la vida,

en esos momentos me encuentro a mí mismo.

Como dice Viktor Frankl,

no quiero ser el cuestionador, sino el cuestionado,

quiero tener preguntas sin contestar que se queden ahí.

Ayunar me da más que hambre y sed,

me coloca al lado de un fuego de alta intensidad,

encuentro maestros en cualquier parte,

todo tiene su inteligencia única y su alma,

todo se comunica,

contiene significado especial para mí, y para el camino de mi vida.

Hay cosas que parecen inocuas al principio,

y más tarde expresan su significado.

Cada olor, cada forma, tiene una presencia,

es un misterio,

quiere establecer una relación conmigo,

requiere mi humildad y atención.

Quiero cultivar esta capacidad,

en un entrenamiento de por vida,

dejar que la naturaleza me libere el corazón como órgano de percepción,

percibir los movimientos de la parte más profunda de mí,

aprender a esperar,

minuto a minuto, hora a hora, día a día,

la respuesta va a llegar,

el velo entre las cosas y yo se va a derretir,

la naturaleza es más bella de lo que palabras pueden describir.

Nado entre las comunicaciones que me lanzan,

me voy haciendo más flexible y sensible,

la tierra, las piedras, los árboles, el aire, los pájaros,

me hablan, es poesía,

experiencia lo invisible detrás de las formas,

siento el significado en que están inmersas,

me permito lamentarme,

dejo que el hambre y la sed grite la pregunta,

como dos nuevos enamorados que se mueven,

empiezan y paran,

pasan y cejan.

El oráculo está en lo más obvio,

ver lo que está enfrente de mí es lo más difícil,

los susurros divinos nunca son mandatos.

Estos mensajes alimentan más que la comida,

me dan más energía que el azúcar,

más fuerza que la carne,

más cabeza que el vino.

Me enfrento con mi soledad,

estoy solo yo,

junto con el inconmensurable vasto universo alrededor de mí,

me siento con este sentimiento

y me permito bucear en él.

La solidad es la experiencia arquetípica del hombre,

el desierto dentro de mí,

no es un castigo ni una enfermedad,

es normal y usual,

es la flecha que apunta a donde debo ir.

Mi vida diaria no me da suficiente motivación

para encontrar mis fuentes,

ni el placer incomparable de beber de ellas.

Necesito comida nueva y mejor,

siento que no soy suficiente,

pero no es así,

es mi gran acto de intimidad,

poniendo en riesgo mi vulnerabilidad,

me siento amado por lo que soy,

recuerdo las oportunidades que la vida me ha dado,

y que parecían venir de ninguna parte,

las formas tan raras en las que el universo se abre a mí,

y me trae lo que yo necesito.

Otras veces nada de lo que hacía era correcto,

todo tenía la semilla del fracaso embebida,

tenían un mensaje que yo no quería oír,

en la posesión del mensaje estaba mi madurez.

El premio es la intimidad conmigo mismo,

vivo de dentro a fuera.

Lo que antes era vivir en la pretensión del amor,

ahora me sana,

haber tomado el riesgo de preguntarme por mi propósito

me ha hecho velar por la vida de mi alma,

no he obtenido prestigio, ni dinero ni amigos,

pero una frescura que nadie me puede destruir.

 


viernes, 13 de mayo de 2022

Capítulo 8.1. El ayuno de dopamina: La homeostasis

 

Esta semana voy a hacer un ayuno de dopamina,

consiste en renunciar a azúcar, café, Internet y otras fuentes artificiales de placer.

¿Por qué? La homeostasis es la capacidad del Universo para equilibrar todo,

cualquier cosa que pase crea una fuerza oponente que hace que todo se equilibra,

si intento provocarme placer, en mi cerebro reptiliano, aparece una fuerza dolorosa,

llega la tristeza y la sensación de vacío,

son Gremlins en mi cerebro encargados de generar placer.

La comida, una película… empiezan bien,

pero acaban siempre en respuesta contraria dolorosa,

es la dopamina,

absorbo una dosis de dopamina, que genera la sensación contraria.

Consumo mucha más dopamina de la que mi ser puede digerir,

y ocurre la aleostasis,

un estado cambiante que no consigue llegar a la homeostasis,

los gremlins se hacen Schwarzenegger,

y lleva a la depresión, dolor físico y suicidio.

Al final, el dolor y el placer son las dos caras de una misma moneda,

no tiene sentido tratar de desvanecer el sufrimiento

si no desvanece también el intento del ego por artificialmente atraer al placer,

dejo ir a ambos, en un proceso de aceptación consciente.

Capítulo 37.11. El Ser, la Realidad Ultima y lo Divino

 


Según Pitágoras, ¿Por qué está el hombre en la tierra?

para contemplar el cielo,

muchas veces yo estoy en la tierra para buscar amor, riqueza, poder, crecimiento económico

o dejar una huella en el tiempo,

más tengo momentos lúcidos en los que me sé en la tierra para contemplar el cielo.

La vida me vuelve a recordar la diferencia entre las ilusiones y la verdad,

en mi día a día había algo que yo creía que era esencial y permanente,

una pequeña ventanita al aquí y ahora, a la eternidad,

y era toda una alucinación, un constructo artificial basado en lo que yo quería ver,

más no estaba ahí,

era un bastión del ego que se desquebraja como castillo de cartón piedra.

El mundo que veo, en realidad, es como yo lo quiero ver,

es la proyección que mi mente hace de mis deseos y pensamientos,

es importante entenderlo desde este punto de vista,

porque es el testimonio de mi estado mental.

Cuando veo un desastre, en realidad veo condenación y culpa en mí,

cuando veo esperanza, veo mi camino hacia la salvación.

Por otro lado, si el mundo que veo no me gusta, no tiene sentido cambiarlo,

tiene sentido cambiar mi propia percepción,

una vez interiorizado este argumento,

tengo claro que yo solo puedo portar mis propias mochilas,

y no las de los demás,

mi mochila es analizar lo que veo,

identificar las emociones positivas y negativas,

para digerirlas con ecuanimidad,

todas las demás mochilas no son mías,

como mucho yo intento acompañar y dar palabras de aliento

a los que, a mi alrededor, portar mochilas con mucho peso,

pero no son mis problemas, son los de los demás.

Voy de ilusión a desilusión, y de desilusión a ilusión, en ciclo continuo,

parece que necesito a cada una de ellas para escaparme de la angustia que la otra origina,

me estoy fijando un poco más, y son lo mismo,

tanto ilusión como desilusión tienen en común que ambas contribuyen

con el mismo sinfín de sufrimiento.

Lo opuesto a las ilusiones no es la desilusión sino la verdad,

entiendo la felicidad como el momento con menos sufrimiento del bucle continuo,

más todo lo que parece felicidad y no es duradero,

es realmente miedo,

en este caso miedo a la escasez, a estar solo, a no ser suficiente,

no es felicidad.

La salud psíquica, según Freud, consiste en ser capaz de amar y trabajar,

si tienes esa salud psíquica ya estás a salvo del infortunio neurótico,

el que viene de tu interior,

solamente expuesto a la desdicha ordinaria,

la que te viene del exterior.

Un ente es el samsara y otro es el nirvana,

solo hay dos entes, yo y lo que es solo una ilusión de mí,

por un lado, está mi ser vacío,

y por otro puedo estar imaginándome participando en una bacanal con once mil vírgenes,

esta dualidad es una idea un poco absurda,

como si los pensamientos pudiesen abandonar la mente del pensador, ser diferentes y oponerse,

si así fuera, los pensamientos no serían extensiones de la mente, sino sus enemigos.

Cuando me doy cuenta de esto,

nada que haya yo inventado puede tener poder alguno sobre mí,

una frustración en la bacanal con las once mil vírgenes

no puede significar frustración una vez que despierto y dejo de imaginar,

por extensión, nada que tenga que ver con el mundo externo que veo puede influirme,

solamente lo interior, lo estrictamente real y permanente de mi ser.

No dejo que el pasado, que ya ha dejado de existir, me interfiera,

cuando viajo, trato de aligerar mi equipaje arrancando las páginas de los libros

a medida que los voy leyendo.

Cuando me pregunto si existe algo permanente en medio de tanto efímero,

mi intuición me dicta que algo reluce desde el círculo radiante e infinito

que se extiende eternamente,

y es el aquí y ahora eterno.

Ese algo descansa sereno en el tiempo, más está más allá de él, como dice Marianne Williamson,

“A course in weight loss: 21 spiritual lessons for surrendering your weight forever”,

Marianne Williamson, HAY HOUSE, INC., 2010.

Es el ser inmortal y está en la tierra,

¡Qué grande es el poder que en él reside!

Si voy a describir el ser que reluce, debe ser una Voluntad que está por encima del tiempo,

que hace que el mundo sea lo que ella disponga,

el destino y la libertad juntos.

En caso de que nada de lo que yo imagine tenga consistencia ni poder sobre mí,

es necesario asumir que sí lo tiene el Ser,

lo que entrena mi mente a pasar por alto todos los objetivos triviales e insensatos,

y a recordar que el Ser es mi objetivo.

Dejaría los juegos y baratijas que el mundo me regala para dejar paso a la paz y la felicidad.

Intuyo la noción de un poder más transcendente que la mente mortal,

que puede lo que yo no puedo,

no me creo sus nombres ni tampoco doctrinas o dogmas,

pero sí el principio espiritual,

y también que esta creencia me ayuda a sanar del bucle ilusión-desilusión.

Dado que hay problemas que yo solo no puedo solucionar,

porque no puedo pararlo ni tengo control sobre ello,

y necesitan solución, una más grande de lo que yo soy,

busco una cura milagrosa, y creo que es posible.

Si hubiera podido yo solo, ya lo habría hecho,

el hecho de creer que el milagro es posible

ya es como asfaltar el camino a que ocurra y pueda experimentarlo.

Lo acepto, no puedo yo solo, es una compulsión como la de comer de forma excesiva,

he luchado, pero ahora es el momento de rendirme, consentir, como dice Ionesco,

no puedo negar que tengo la impresión de que simplemente rendirme es una locura,

me quedaría completamente fuera de control.

El mantra es “Yo no puedo, pero lo Divino puede”,

consiento, cedo, desisto a la Realidad Ultima.

Para que emane lo Divino, necesito desasirme,

aunque tiendo a aferrarme a todo, trato de retener el mundo entero en mis manos,

te lo ordeno, suelta las llanuras, suelta las montañas, como si todo fuera polvo.


Capítulo 37.10. Desdén y lozanía

 


Me gusta una descripción de El Greco como un arisco cretense que, desde lo alto de su acantilado,

disparaba dardos de desdén,

el desdén es caprichoso,

no me gusta esa mirada de indiferencia y desatención para con las cosas o las personas,

la falta de garbo y gracia implica desinterés por las pequeñas cosas de la vida,

supone que algo no vale la pena, pero todo y todos somos dignos en esta existencia.

Me gusta la planta verde y vigorosa, después de regarla,

me gusta la persona lozana, joven y saludable,

me quedo con la lozanía del corazón.

Solo me gusta el desdén que fluye con la Naturaleza,

José Zorrilla decía: “Róbale al mar, que con desdén se mece en su lecho de arena, su murmullo:

y a la brisa que el árbol estremece, y a las tórtolas tiernas,

que guarece, con su ondulante pabellón, su arrullo.”

así es el flujo de la existencia si se le despoja de ilusiones y entelequias,

sobre sus sueños de la infancia dice:

“El fecundo jardín, que cultivasteis es hoy salvaje selva enmarañada;

nada hallaréis de lo que aquí dejasteis”.

Hoy me he subido a la báscula y me indica cinco kilos más que la última vez.

Con este desdén veo el alimento que necesita mi cuerpo tres veces al día,

me da la sensación de que guardo miedo en mis michelines,

todos los días ingiero emociones,

afortunadamente hay algunas que soy capaz de procesar adecuadamente y las dejo ir,

hay otras que me las como, literalmente,

y las guardo en mi barriga en forma de kilos,

ese baúl está lleno de joyas del pasado que ya no existen,

la energía no procesada de materializa de forma densa,

la sombra pesa.

Si es cierto que la mente es la causa y el cuerpo es el efecto,

reprogramar la conciencia es actuar en el nivel causa,

revisitar y dejar ir las emociones no digeridas apropiadamente

tiene un efecto directo en la báscula moviendo su manilla hacia la izquierda.

Teresa de Jesús habla de dejar los problemas más relevantes

en las manos de la Divina inteligencia,

cuando mi mente se alinea con su propia esencia,

entonces el cuerpo tiene los mecanismos naturales inteligentes para mantener el peso perfecto.

Es el miedo el que se convierte en un comer compulsivo y una adicción,

y lo hace de forma violenta y destructiva,

es adicción cuando las fuerzas del inconsciente

conducen al comportamiento autodestructivo crónico,

no dejando a la mente consciente pilotar,

siento que no puedo parar.

Conocer la ciencia detrás de la biología y la fisiología del ejercicio,

o la realidad del metabolismo alimenticio no traen mucho beneficio ante la situación de adicción,

Freud dice que la inteligencia es usada en servicio de la neurosis,

me invento argumentos como que ciertos nutrimentos me alimentan emocionalmente,

no es posible ser más listo que una compulsión o una adicción.

Trabajo en que se acalle en mí toda voz que no sea la de la naturaleza,

hoy deseo oír sólo Tu Voz,

llego a Ti en el más hondo de los silencios para escuchar Tu Voz y recoger Tu Palabra,

para que me suministres la verdad.

Y la verdad no se corresponde sino con Tu Voluntad,

que hoy quiero participar Contigo,

igual que el agua del río tiene voluntad de seguir curso río abajo hasta desembocar en el mar.

Hoy no dejaré que los pensamientos del ego gobiernen mis labores,

cuando se muestren, simplemente los observaré con serenidad y luego los retiraré,

no optaré por almacenarlos,

una vez acallados, en sosiego, la Naturaleza me anuncia mi voluntad.


jueves, 12 de mayo de 2022

Capítulo 37.9. Mi ego - ¿Estoy actuando desde el ego o no?

 


¿Estoy actuando desde el ego o no?

Un hombre ha enfermado de Covid19 y pasado 3 meses en la unidad de cuidados intensivos,

para él, hay un antes y un después,

esa experiencia le ha cambiado la vida para bien,

en el pre, estaba mal de salud y a punto de divorciarse,

en el post, se siente transformado,

de cuerpo, ahora está más fuerte,

en la relación con su pareja se ha dado un cambio radical,

de alguna forma, el Covid19 le ha supuesto un reconectar consigo mismo y con su pareja.

Los escenarios sólo son escenarios,

yo soy quien elijo ponerles el color,

según si acepto el aprendizaje que conlleva o me resisto a sumergirme en ellos.

Imagínate que venimos de un planeta donde todo es amor, colaboración y unidad,

allí, no había escasez de nada y todo era abundancia,

vivíamos en paz y armonía con nuestros hermanos,

de pronto, un día nos mandaron de misión al mundo,

y vimos que allí reinaba el resentimiento, el conflicto y la separación,

para ello, nos instalaron todo un software que necesitamos,

para podernos comunicar, convivir e interactuar con los demás.

Estoy de misión, el objetivo es generar lazos entre los humanos e instaurar,

o restaurar, el amor y la unidad, evitando sufrimiento, lo que llamo la salvación,

lo hago bien, me involucro fuertemente, en este mundo,

tanto que muchas veces casi olvido mi procedencia,

pero tengo atisbos de recuerdos de mi mundo anterior, neblinosos,

de extraordinaria presencia.

En una esquina de mi mente una señal me dice que hay algo más,

que tengo dos hogares, pertenecemos a dos mundos,

y que el amor de allá es más piedra sólida y real que el miedo de aquí,

uno de los mundos es cambiante, etéreo y efímero,

otro es permanente, esencial y atemporal,

pues bien, el ego es al mundo efímero lo que el amor es a la esencia eterna.

Durante mucho tiempo, me he sentido orgulloso de ser capaz de conseguir hazañas,

siempre bajo el rubro del servicio y de la humildad,

la vida era una recolección de experiencias que podían configurarse como lista de colección,

igual que otros coleccionan soldaditos de plomo,

se basaba en el reto, había un crescendo de complejidad cada vez mayor,

era como un juego que consistía en ir recogiendo puntos y subiendo de nivel,

se podía narrar el sentido de construir aquella catedral rococó.

Siento que me apuntaban con el dedo a la luna y yo me quedaba fijamente observando el dedo,

ponía más énfasis en lo concreto que en lo abstracto, en el dato y el detalle que en la idea,

incluso cuando creía abstraer,

era mayormente una generalización de lo concreto no siempre muy acertada.

No intuía, no confiaba en mi intuición, me quedaba en el ego.

¿Es bueno tener ego?

La respuesta a esta pregunta depende por supuesto de cuán sano es el ego que construyo,

la diferencia entre estar en el ego de forma sana y de forma insalubre es muy laxa,

como dice Lorca, es una frontera de nieve,

o estoy en el ego, o es amor que soy capaz de canalizar al mundo.

Un ejemplo de forma más fortalecida de ego puede ser la siguiente:

Hace poco he sido demandado ante los tribunales y he asistido al juicio,

iba fuerte e invulnerable,

no desde el punto de vista de prepotencia sino de fuerza interior,

he dedicado mi tiempo a esa energía superior que se hace cargo de mí en los momentos difíciles,

y he dejado que se obrara lo que fuera necesario a través de mí,

esto es lo que me ha hecho invulnerable.

El resultado del juicio ha sido favorable,

y me pregunto en qué sentido favorable,

desde un punto de vista de mí, no importante, ha ocurrido todo muy conmigo en el centro,

muy según yo lo iba esperando, todo muy controlado,

desde un punto de vista de bien común, lo importante, sutilmente también bien.

Podría decir que desde el amor todo lo que ocurre es bueno porque ocurre,

y no puede dejar de ocurrir,

lo que ocurrió hace un cuarto de siglo, ya no lo puedo cambiar, mejor dejarlo ir,

por mucho que yo me empeñe, así fue, no tiene sentido seguir haciéndome cruces.

Para mí, dejar ir no es siempre obvio,

subestimo la intensidad del deseo del ego por vengarse del pasado,

él se acuerda de todo lo que hice que lo ofendió,

e intenta hacer que pague por ello,

si algún día actué por amor,

no quiero aceptar que tenía un coste que he de pagar ahora,

vengarme del pasado no puede ofrecerme ninguna salvación,

¿Es posible sentirse culpable en el presente por haber actuado por amor en el pasado?

Me pregunto si quien está contento es mi ego o es el amor que canalizo,

mi prueba del algodón es la siguiente:

Si fuera el ego, lo sentiría con miedo y duda,

si fuera el amor lo sentiría con paz y serenidad, confiaría,

es amor.

Otro ejemplo, un hombre necesitado en el medio de la calzada,

es una incomodidad que me hace llegar tarde al trabajo, si lo veo desde mi ego,

o es una llamada de ayuda por parte de un ser humano al que si ayudo me ayudo yo a mí mismo,

pues todos somos uno,

puede ser una oportunidad para detectar un elemento de mi sombra que debe ser rescatado,

entregado y perdonado,

un momento que puedo aprovechar para dejar ir algo.

Es como tener dos vidas, vivir dos mundos paralelos,

en uno hay duda y conflicto,

en otro colaboración y tranquilidad,

en cada momento, puedo elegir poner el pie en uno o en el otro,

es mi actitud la que al final hace la diferencia,

es muy terapéutico buscar un equilibrio cada vez más sano entre ambos.

Ese equilibrio lo alcanzo eliminando mi apego,

es decir, dejando ir todos esos pequeños shocks que ocurrieron en el pasado,

pero siguen ahí en la mente provocando todavía pensamientos.

También tengo que soltar muchas aplicaciones instaladas en mi mente,

que me son emocionalmente limitantes,

que me generan miedo a ciertas emociones y que me bloquean nuevas experiencias,

que no me dejan saltar libremente cuando una nueva oportunidad se pone delante.

¿Qué es el ego?

Dicen que en el mundo digital tenemos LinkedIn como tubería para nuestra soberbia,

centenares de millones de soberbios alrededor del mundo,

¿De qué hablamos cuando hablamos de arrogancia, humildad y ego?

Dice David R. Hawkins,

Letting go: the pathway to surrender. David R. Hawkins. Hay House Inc., 2014,

que el ego es ese sistema de aplicaciones software que mi mente va instalando,

desde que nazco, incluso antes,

y que quedan en ejecución a la vez que netamente disfuncionales.

Cada vez que tengo un conflicto con mis padres, me pica una avispa,

o un amigo me quita un juguete,

un pequeño software se instala para dar respuesta al momento,

esto es muy eficaz para recuperar el juguete, pero ahí se queda el software,

ocupando memoria y procesador, lanzando sentimientos y pensamientos absurdos, en bucle,

que me dejan muy poca capacidad para vivir el presente.

A la larga, todos esos softwares crean una capa de resentimiento,

y de pensamientos en círculos viciosos,

que me es tóxica para vivir, que no me permite ser yo mismo,

que poluciona cada decisión y cada minuto.

Los id, ego y super-Ego conforman el conjunto de conceptos fundamentales

del psicoanálisis freudiano, los tres actores de la mente,

tienen el objetivo de ayudarme como ser humano a mantener mi motivación y actitud ante la vida,

el ego a veces se entiende como el sentido individual de autoestima y autoimportancia,

creando así mi propio concepto de mí mismo, mi personalidad y mi identidad.

Popularmente, se entiende la soberbia como sentimiento de valoración por encima de los demás,

se supone del soberbio que se cree capaz de superar cualquier obstáculo,

y que solo quiere ganar a los demás,

no escucha, es autoritario y menosprecia,

aunque la arrogancia genera temor, resentimiento y voluntad de venganza en los demás.

Un ejemplo de ego es pensar que soy la persona más inteligente del planeta,

estoy expresándome desde mi ego si constantemente me comparo con los demás,

que no son igual de inteligentes, ricos o no tienen mi status reputacional,

siento celos cuando percibo que los demás consiguen cosas y les va bien,

hablo de mí mismo durante 10 minutos antes de preguntar al otro cómo está,

prefiero ganar y tener la razón, antes de hacer lo mejor posible para el bien común.

Como decía San Agustín, “la soberbia no es nobleza sino un chichón;

y lo que está hinchado parece grandioso, pero no está sano”,

el ego puede llegar a ser presumido, vanidoso y engreído,

y, desgraciadamente, puedo llegar a apegarme muchísimo a ese dragón de fuego.

Por eso, desde la consciencia,

me aseguro de que antes de ser amante, padre o docente,

haya podido salirme de mi ego, narcisismo y soberbia, y hacerlo con humildad.

Curiosamente, el narcisismo y la soberbia no tienen que ver con los demás,

sino conmigo mismo y mi propia felicidad,

el chichón de ego no solo me genera dolor de cabeza,

sino dolor y sufrimiento integral, duda y mucho miedo,

y, por eso, identifico la necesidad de construir un ego higiénico.

Más profundamente, en metafísica, el ego es el sujeto pensador consciente,

el mundo para ser mundo debe primero ser conocido por mí,

y esta actividad solo puede arrancar desde mi mente,

si yo estoy despierto y miro, veo, aprendo y conozco,

durante años he ido paulatinamente construyendo el mundo tal como hoy lo conozco,

recibiendo a través de mis sentidos los fotones y la materia que había fuera,

dándole forma según mi voluntad y entendimiento.

Desde el ego, y a través de la capacidad mental que conozco como pensamiento consciente racional,

conozco el mundo, ladrillito a ladrillito,

no es la única forma de conocer que tengo como humano,

solo es una muy presente en nuestra civilización,

que puede caracterizarse como que tiene un gran ego, está demasiado llena de ego.

Hay otra forma, la intuición o mente abstracta,

que me enseña la Verdad con mayúsculas, la esencia, pero ésta no la acepta el ego.

Buscando la precisión, entonces,

el ego es un intento erróneo de mi mente de percibirme tal como deseo ser,

en lugar de como realmente soy.

Sin embargo, sólo me puedo conocer a mí mismo como realmente soy,

ya que de eso es de lo único que puedo estar seguro, todo lo demás es dudable.

Cuando conozco el mundo mediante el ego,

lo hago desde el miedo a la carencia, desde la necesidad,

es con interés.

Por eso, creo un mundo a semejanza de mis miedos y necesidades,

no a semejanza de la realidad más real, aquella que es incuestionable,

el mundo que creo es efímero y cambiante,

porque efímeros y cambiantes son mis necesidades y miedos.

 ¿Cómo veo que funciona el ego?

Es razonable preguntarme cómo pudo la mente haber inventado al ego,

todo el mundo inventa un ego o un yo para sí mismo,

el cual está sujeto a enormes diversificaciones debido a su inestabilidad y bamboleo,

también inventa un ego para cada persona a la que percibe, el cual es igualmente variable.

Los egos, además, cambian cuando interaccionan entre sí,

cuando lo hace cara a cara, y también cuando simplemente se piensan en la distancia.

Por cierto, que las relaciones especiales entre egos,

en las que ese yo busca completarse a sí mismo,

tienen una base común, la culpa y la condena,

uno condena a otro porque le encuentra culpable,

no obstante, ese encontrar culpable puede solo ser una proyección de la culpa propia.

La culpa viaja de un lado a otro destruyendo todo a su paso, pero es falsa en ambos casos,

no la permito desde su raíz.

Engrandecidos de sacrificio, unas veces de un lado y otras veces del otro,

estas relaciones generan altos niveles de apego dentro de este bucle,

y no es obvio, aún en la clara percepción de sufrimiento, encontrar la puerta de salida.

La salida está solamente en el amor y en la disolución del ego,

que se lleva consigo la culpa y la condena.

Yo me lo he inventado, y por eso tiene un lado oscuro,

y, por eso, las percepciones son tan variables.

El ego está siempre obsesionado con la idea de la escasez,

lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia,

porque él fue engendrado precisamente como un sustituto de ésta.

El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios,

para él la confusión es esencial,

siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos,

entiende solamente basado en la comparación y los opuestos,

es dual, no entiende la unidad.

Dicho de otra forma, el ego siempre exige derechos recíprocos,

ve la vida como contrato, lleno de limitaciones y exigencias,

ya que es competitivo en vez de amoroso,

para él, el amor incondicional es un peligro.

No es que no lo busque, que sí lo busca y mucho,

sino que, en su frenética búsqueda de amor,

a menudo anda en pos de lo que teme encontrar,

y al no poder dejar de temerlo, las tentativas acaban en futilidad,

la regla parece ser: “Busca pero no halles”.

¡Qué locura! Persigo el amor y en realidad me asusta y no lo quiero, lo rompo yo mismo.

La paz es otro gran enemigo del ego,

de acuerdo con el paradigma de pensamiento del ego y su interpretación de la realidad,

la guerra es la garantía de su propia supervivencia,

el ego se hace más fuerte en la lucha,

si creo que hay lucha, reacciono con la saña relacionada con esa idea de peligro,

que tengo interiorizada en mi mente.

El peligro es un llamamiento al ego,

ego y oposición son lo mismo.

¿Es posible salirme del ego?

Teresa de Ávila hablaba del crecimiento como el proceso de conquista a nuestro castillo interior,

por cierto, es de diamante y cristal transparente, y está formado por 7 moradas,

donde la principal está en el centro y es la morada de nuestro creador y criador,

según ella lo describe, con esa simplicidad que la caracteriza,

en la séptima morada, el ego se disuelve.

Es un camino largo, y hay resistencias,

una de las razones para resistir es la fuerza de supervivencia que tiene el ego,

constantemente está produciendo argumentos para autoperpetuarse,

y sobre todo cuanto más acogotado se encuentra.

Su aliado fundamental es la memoria,

siendo capaz de borrar de la memoria todo lo que pueda significar un ataque al ego,

y utilizando un mecanismo demoledor, la proyección del pasado hacia el futuro,

en un esfuerzo por diseñar la ansiedad,

el ego se resiste como gato panza arriba a su disolución.

En la séptima morada,

existe una clase de experiencia muy diferente de todo lo que el ego puede ofrecer,

y una vez experimentada, nunca más nadie querría volver.

Conseguir que se desvanezcan poco a poco estas aplicaciones,

conlleva un proceso de reprogramación mental,

que pasa por hacerlos primero conscientes,

es una ardua labor de minería, Antonio Molina cantaba:

“Soy minero y temple mi corazón con pico y barrena”,

en ese proceso de concienciación y meditación,

lo que antes era sucio, se puede convertir en un simpático osito de peluche,

no es malo, no puedo odiar a un peluche, lo acepto como lo que es, simpático,

pero no sabe hacerlo mejor de lo que hace,

el ego es limitado, no es malo.

Gradualmente el ego va desvaneciéndose,

empiezo a darme cuenta de que el fenómeno,

la parte concreta efímera cambiante de la vida,

es un don, un regalo de más allá de mí mismo,

me convierto en el canal del amor, pero yo no soy su fuente,

no es que yo haga, es que se opera a través de mí,

como cuando pinto un cuadro o despliego y amplifico arte,

desaparece la duda y el apego.

En el instante no hay ego, el instante es un dejar ir,

me hago consciente de que hay dos sistemas basados en dos paradigmas diferentes de realidad,

uno con ego, otro sin ego.

Yo tengo la tendencia a identificarme con mi ego, yo soy mi ego, yo soy mi cuerpo,

¿Quién o qué soy yo?

Es sublime dar el paso a intuir que yo no soy mi ego,

desapegarme de mi ego, dejar de sentirme desposeído, sentirme libre

en definitiva, ir quedándome vacío,

se trata de vivir de tal forma que demuestre que no eres un ego.

El ego era un invento mío, una creencia muy dentro de mí que puede llegar a dejar de existir,

la voz del ego se convierte en una alucinación, me dice: "No soy real",

le dejo ir, no le concedo el poder de interferir en mi día a día.

Ya sin ego, deja de haber tiempo y se da paso al instante eterno,

la pequeñez y la grandeza no pueden coexistir,

esta visión atemoriza al ego por ser tan serena,

mantiene ese regocijo en mi mente con gran ternura,

desde mi humildad, mi plenitud es ilimitada, porque el estado de ser es infinito.

Hoy medito mi lección del día, frases para la repetición que inunde mi mente:

Que no vea ninguna limitación en mí.

Permítaseme contemplar la vida hoy y ser un testigo de su grandeza,

que hoy no trate de empañar mi luz ni ver mi fuerza menoscabada y reducida a la fragilidad.

Hoy quiero contemplar la ternura de la vida en lugar de mis ilusiones,

yo soy la vida,

hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día pueda por fin identificarme con ella.