¿Estoy actuando desde el ego o no?
Un hombre ha enfermado de Covid19 y pasado 3 meses en la
unidad de cuidados intensivos,
para él, hay un antes y un después,
esa experiencia le ha cambiado la vida para bien,
en el pre, estaba mal de salud y a punto de divorciarse,
en el post, se siente transformado,
de cuerpo, ahora está más fuerte,
en la relación con su pareja se ha dado un cambio radical,
de alguna forma, el Covid19 le ha supuesto un reconectar
consigo mismo y con su pareja.
Los escenarios sólo son escenarios,
yo soy quien elijo ponerles el color,
según si acepto el aprendizaje que conlleva o me resisto a
sumergirme en ellos.
Imagínate que venimos de un planeta donde todo es amor,
colaboración y unidad,
allí, no había escasez de nada y todo era abundancia,
vivíamos en paz y armonía con nuestros hermanos,
de pronto, un día nos mandaron de misión al mundo,
y vimos que allí reinaba el resentimiento, el conflicto y la
separación,
para ello, nos instalaron todo un software que necesitamos,
para podernos comunicar, convivir e interactuar con los
demás.
Estoy de misión, el objetivo es generar lazos entre los
humanos e instaurar,
o restaurar, el amor y la unidad, evitando sufrimiento, lo
que llamo la salvación,
lo hago bien, me involucro fuertemente, en este mundo,
tanto que muchas veces casi olvido mi procedencia,
pero tengo atisbos de recuerdos de mi mundo anterior,
neblinosos,
de extraordinaria presencia.
En una esquina de mi mente una señal me dice que hay algo
más,
que tengo dos hogares, pertenecemos a dos mundos,
y que el amor de allá es más piedra sólida y real que el
miedo de aquí,
uno de los mundos es cambiante, etéreo y efímero,
otro es permanente, esencial y atemporal,
pues bien, el ego es al mundo efímero lo que el amor es a la
esencia eterna.
Durante mucho tiempo, me he sentido orgulloso de ser capaz
de conseguir hazañas,
siempre bajo el rubro del servicio y de la humildad,
la vida era una recolección de experiencias que podían
configurarse como lista de colección,
igual que otros coleccionan soldaditos de plomo,
se basaba en el reto, había un crescendo de complejidad cada
vez mayor,
era como un juego que consistía en ir recogiendo puntos y
subiendo de nivel,
se podía narrar el sentido de construir aquella catedral
rococó.
Siento que me apuntaban con el dedo a la luna y yo me
quedaba fijamente observando el dedo,
ponía más énfasis en lo concreto que en lo abstracto, en el
dato y el detalle que en la idea,
incluso cuando creía abstraer,
era mayormente una generalización de lo concreto no siempre
muy acertada.
No intuía, no confiaba en mi intuición, me quedaba en el
ego.
¿Es bueno tener ego?
La respuesta a esta pregunta depende por supuesto de cuán
sano es el ego que construyo,
la diferencia entre estar en el ego de forma sana y de forma
insalubre es muy laxa,
como dice Lorca, es una frontera de nieve,
o estoy en el ego, o es amor que soy capaz de canalizar al
mundo.
Un ejemplo de forma más fortalecida de ego puede ser la
siguiente:
Hace poco he sido demandado ante los tribunales y he
asistido al juicio,
iba fuerte e invulnerable,
no desde el punto de vista de prepotencia sino de fuerza
interior,
he dedicado mi tiempo a esa energía superior que se hace
cargo de mí en los momentos difíciles,
y he dejado que se obrara lo que fuera necesario a través de
mí,
esto es lo que me ha hecho invulnerable.
El resultado del juicio ha sido favorable,
y me pregunto en qué sentido favorable,
desde un punto de vista de mí, no importante, ha ocurrido
todo muy conmigo en el centro,
muy según yo lo iba esperando, todo muy controlado,
desde un punto de vista de bien común, lo importante, sutilmente
también bien.
Podría decir que desde el amor todo lo que ocurre es bueno
porque ocurre,
y no puede dejar de ocurrir,
lo que ocurrió hace un cuarto de siglo, ya no lo puedo
cambiar, mejor dejarlo ir,
por mucho que yo me empeñe, así fue, no tiene sentido seguir
haciéndome cruces.
Para mí, dejar ir no es siempre obvio,
subestimo la intensidad del deseo del ego por vengarse del
pasado,
él se acuerda de todo lo que hice que lo ofendió,
e intenta hacer que pague por ello,
si algún día actué por amor,
no quiero aceptar que tenía un coste que he de pagar ahora,
vengarme del pasado no puede ofrecerme ninguna salvación,
¿Es posible sentirse culpable en el presente por haber
actuado por amor en el pasado?
Me pregunto si quien está contento es mi ego o es el amor
que canalizo,
mi prueba del algodón es la siguiente:
Si fuera el ego, lo sentiría con miedo y duda,
si fuera el amor lo sentiría con paz y serenidad, confiaría,
es amor.
Otro ejemplo, un hombre necesitado en el medio de la calzada,
es una incomodidad que me hace llegar tarde al trabajo, si
lo veo desde mi ego,
o es una llamada de ayuda por parte de un ser humano al que
si ayudo me ayudo yo a mí mismo,
pues todos somos uno,
puede ser una oportunidad para detectar un elemento de mi
sombra que debe ser rescatado,
entregado y perdonado,
un momento que puedo aprovechar para dejar ir algo.
Es como tener dos vidas, vivir dos mundos paralelos,
en uno hay duda y conflicto,
en otro colaboración y tranquilidad,
en cada momento, puedo elegir poner el pie en uno o en el
otro,
es mi actitud la que al final hace la diferencia,
es muy terapéutico buscar un equilibrio cada vez más sano
entre ambos.
Ese equilibrio lo alcanzo eliminando mi apego,
es decir, dejando ir todos esos pequeños shocks que
ocurrieron en el pasado,
pero siguen ahí en la mente provocando todavía pensamientos.
También tengo que soltar muchas aplicaciones instaladas en mi
mente,
que me son emocionalmente limitantes,
que me generan miedo a ciertas emociones y que me bloquean
nuevas experiencias,
que no me dejan saltar libremente cuando una nueva
oportunidad se pone delante.
¿Qué es el ego?
Dicen que en el mundo digital tenemos LinkedIn como tubería
para nuestra soberbia,
centenares de millones de soberbios alrededor del mundo,
¿De qué hablamos cuando hablamos de arrogancia, humildad y
ego?
Dice David R. Hawkins,
Letting go:
the pathway to surrender. David R. Hawkins. Hay House Inc., 2014,
que el ego es ese sistema de aplicaciones software que mi
mente va instalando,
desde que nazco, incluso antes,
y que quedan en ejecución a la vez que netamente
disfuncionales.
Cada vez que tengo un conflicto con mis padres, me pica una
avispa,
o un amigo me quita un juguete,
un pequeño software se instala para dar respuesta al momento,
esto es muy eficaz para recuperar el juguete, pero ahí se
queda el software,
ocupando memoria y procesador, lanzando sentimientos y
pensamientos absurdos, en bucle,
que me dejan muy poca capacidad para vivir el presente.
A la larga, todos esos softwares crean una capa de
resentimiento,
y de pensamientos en círculos viciosos,
que me es tóxica para vivir, que no me permite ser yo mismo,
que poluciona cada decisión y cada minuto.
Los id, ego y super-Ego conforman el conjunto de conceptos
fundamentales
del psicoanálisis freudiano, los tres actores de la mente,
tienen el objetivo de ayudarme como ser humano a mantener mi
motivación y actitud ante la vida,
el ego a veces se entiende como el sentido individual de
autoestima y autoimportancia,
creando así mi propio concepto de mí mismo, mi personalidad
y mi identidad.
Popularmente, se entiende la soberbia como sentimiento de
valoración por encima de los demás,
se supone del soberbio que se cree capaz de superar
cualquier obstáculo,
y que solo quiere ganar a los demás,
no escucha, es autoritario y menosprecia,
aunque la arrogancia genera temor, resentimiento y voluntad
de venganza en los demás.
Un ejemplo de ego es pensar que soy la persona más
inteligente del planeta,
estoy expresándome desde mi ego si constantemente me comparo
con los demás,
que no son igual de inteligentes, ricos o no tienen mi
status reputacional,
siento celos cuando percibo que los demás consiguen cosas y
les va bien,
hablo de mí mismo durante 10 minutos antes de preguntar al
otro cómo está,
prefiero ganar y tener la razón, antes de hacer lo mejor
posible para el bien común.
Como decía San Agustín, “la soberbia no es nobleza sino un
chichón;
y lo que está hinchado parece grandioso, pero no está sano”,
el ego puede llegar a ser presumido, vanidoso y engreído,
y, desgraciadamente, puedo llegar a apegarme muchísimo a ese
dragón de fuego.
Por eso, desde la consciencia,
me aseguro de que antes de ser amante, padre o docente,
haya podido salirme de mi ego, narcisismo y soberbia, y
hacerlo con humildad.
Curiosamente, el narcisismo y la soberbia no tienen que ver
con los demás,
sino conmigo mismo y mi propia felicidad,
el chichón de ego no solo me genera dolor de cabeza,
sino dolor y sufrimiento integral, duda y mucho miedo,
y, por eso, identifico la necesidad de construir un ego
higiénico.
Más profundamente, en metafísica, el ego es el sujeto
pensador consciente,
el mundo para ser mundo debe primero ser conocido por mí,
y esta actividad solo puede arrancar desde mi mente,
si yo estoy despierto y miro, veo, aprendo y conozco,
durante años he ido paulatinamente construyendo el mundo tal
como hoy lo conozco,
recibiendo a través de mis sentidos los fotones y la materia
que había fuera,
dándole forma según mi voluntad y entendimiento.
Desde el ego, y a través de la capacidad mental que conozco
como pensamiento consciente racional,
conozco el mundo, ladrillito a ladrillito,
no es la única forma de conocer que tengo como humano,
solo es una muy presente en nuestra civilización,
que puede caracterizarse como que tiene un gran ego, está
demasiado llena de ego.
Hay otra forma, la intuición o mente abstracta,
que me enseña la Verdad con mayúsculas, la esencia, pero
ésta no la acepta el ego.
Buscando la precisión, entonces,
el ego es un intento erróneo de mi mente de percibirme tal
como deseo ser,
en lugar de como realmente soy.
Sin embargo, sólo me puedo conocer a mí mismo como realmente
soy,
ya que de eso es de lo único que puedo estar seguro, todo lo
demás es dudable.
Cuando conozco el mundo mediante el ego,
lo hago desde el miedo a la carencia, desde la necesidad,
es con interés.
Por eso, creo un mundo a semejanza de mis miedos y
necesidades,
no a semejanza de la realidad más real, aquella que es
incuestionable,
el mundo que creo es efímero y cambiante,
porque efímeros y cambiantes son mis necesidades y miedos.
¿Cómo veo que
funciona el ego?
Es razonable preguntarme cómo pudo la mente haber inventado
al ego,
todo el mundo inventa un ego o un yo para sí mismo,
el cual está sujeto a enormes diversificaciones debido a su
inestabilidad y bamboleo,
también inventa un ego para cada persona a la que percibe,
el cual es igualmente variable.
Los egos, además, cambian cuando interaccionan entre sí,
cuando lo hace cara a cara, y también cuando simplemente se
piensan en la distancia.
Por cierto, que las relaciones especiales entre egos,
en las que ese yo busca completarse a sí mismo,
tienen una base común, la culpa y la condena,
uno condena a otro porque le encuentra culpable,
no obstante, ese encontrar culpable puede solo ser una
proyección de la culpa propia.
La culpa viaja de un lado a otro destruyendo todo a su paso,
pero es falsa en ambos casos,
no la permito desde su raíz.
Engrandecidos de sacrificio, unas veces de un lado y otras
veces del otro,
estas relaciones generan altos niveles de apego dentro de
este bucle,
y no es obvio, aún en la clara percepción de sufrimiento,
encontrar la puerta de salida.
La salida está solamente en el amor y en la disolución del
ego,
que se lleva consigo la culpa y la condena.
Yo me lo he inventado, y por eso tiene un lado oscuro,
y, por eso, las percepciones son tan variables.
El ego está siempre obsesionado con la idea de la escasez,
lo que el ego da nunca emana de una sensación de abundancia,
porque él fue engendrado precisamente como un sustituto de
ésta.
El ego no puede sobrevivir sin hacer juicios,
para él la confusión es esencial,
siempre se evalúa a sí mismo en función de otros egos,
entiende solamente basado en la comparación y los opuestos,
es dual, no entiende la unidad.
Dicho de otra forma, el ego siempre exige derechos
recíprocos,
ve la vida como contrato, lleno de limitaciones y
exigencias,
ya que es competitivo en vez de amoroso,
para él, el amor incondicional es un peligro.
No es que no lo busque, que sí lo busca y mucho,
sino que, en su frenética búsqueda de amor,
a menudo anda en pos de lo que teme encontrar,
y al no poder dejar de temerlo, las tentativas acaban en
futilidad,
la regla parece ser: “Busca pero no halles”.
¡Qué locura! Persigo el amor y en realidad me asusta y no lo
quiero, lo rompo yo mismo.
La paz es otro gran enemigo del ego,
de acuerdo con el paradigma de pensamiento del ego y su
interpretación de la realidad,
la guerra es la garantía de su propia supervivencia,
el ego se hace más fuerte en la lucha,
si creo que hay lucha, reacciono con la saña relacionada con
esa idea de peligro,
que tengo interiorizada en mi mente.
El peligro es un llamamiento al ego,
ego y oposición son lo mismo.
¿Es posible salirme del ego?
Teresa de Ávila hablaba del crecimiento como el proceso de
conquista a nuestro castillo interior,
por cierto, es de diamante y cristal transparente, y está
formado por 7 moradas,
donde la principal está en el centro y es la morada de
nuestro creador y criador,
según ella lo describe, con esa simplicidad que la
caracteriza,
en la séptima morada, el ego se disuelve.
Es un camino largo, y hay resistencias,
una de las razones para resistir es la fuerza de
supervivencia que tiene el ego,
constantemente está produciendo argumentos para
autoperpetuarse,
y sobre todo cuanto más acogotado se encuentra.
Su aliado fundamental es la memoria,
siendo capaz de borrar de la memoria todo lo que pueda
significar un ataque al ego,
y utilizando un mecanismo demoledor, la proyección del
pasado hacia el futuro,
en un esfuerzo por diseñar la ansiedad,
el ego se resiste como gato panza arriba a su disolución.
En la séptima morada,
existe una clase de experiencia muy diferente de todo lo que
el ego puede ofrecer,
y una vez experimentada, nunca más nadie querría volver.
Conseguir que se desvanezcan poco a poco estas aplicaciones,
conlleva un proceso de reprogramación mental,
que pasa por hacerlos primero conscientes,
es una ardua labor de minería, Antonio Molina cantaba:
“Soy minero y temple mi corazón con pico y barrena”,
en ese proceso de concienciación y meditación,
lo que antes era sucio, se puede convertir en un simpático
osito de peluche,
no es malo, no puedo odiar a un peluche, lo acepto como lo
que es, simpático,
pero no sabe hacerlo mejor de lo que hace,
el ego es limitado, no es malo.
Gradualmente el ego va desvaneciéndose,
empiezo a darme cuenta de que el fenómeno,
la parte concreta efímera cambiante de la vida,
es un don, un regalo de más allá de mí mismo,
me convierto en el canal del amor, pero yo no soy su fuente,
no es que yo haga, es que se opera a través de mí,
como cuando pinto un cuadro o despliego y amplifico arte,
desaparece la duda y el apego.
En el instante no hay ego, el instante es un dejar ir,
me hago consciente de que hay dos sistemas basados en dos
paradigmas diferentes de realidad,
uno con ego, otro sin ego.
Yo tengo la tendencia a identificarme con mi ego, yo soy mi
ego, yo soy mi cuerpo,
¿Quién o qué soy yo?
Es sublime dar el paso a intuir que yo no soy mi ego,
desapegarme de mi ego, dejar de sentirme desposeído,
sentirme libre
en definitiva, ir quedándome vacío,
se trata de vivir de tal forma que demuestre que no eres un
ego.
El ego era un invento mío, una creencia muy dentro de mí que
puede llegar a dejar de existir,
la voz del ego se convierte en una alucinación, me dice:
"No soy real",
le dejo ir, no le concedo el poder de interferir en mi día a
día.
Ya sin ego, deja de haber tiempo y se da paso al instante
eterno,
la pequeñez y la grandeza no pueden coexistir,
esta visión atemoriza al ego por ser tan serena,
mantiene ese regocijo en mi mente con gran ternura,
desde mi humildad, mi plenitud es ilimitada, porque el
estado de ser es infinito.
Hoy medito mi lección del día, frases para la repetición que
inunde mi mente:
Que no vea ninguna limitación en mí.
Permítaseme contemplar la vida hoy y ser un testigo de su
grandeza,
que hoy no trate de empañar mi luz ni ver mi fuerza
menoscabada y reducida a la fragilidad.
Hoy quiero contemplar la ternura de la vida en lugar de
mis ilusiones,
yo soy la vida,
hoy quiero ver verdaderamente, para que en este mismo día
pueda por fin identificarme con ella.