miércoles, 29 de diciembre de 2021

Limpiar la casa - el ingenio y la tramoya de la proyección

El día es lo contrario de la noche, y no tiene sentido sin ella. Pensamos el mundo en dual, convertimos todo en relaciones de opuestos, y desde ahí comprendemos el mundo.

Hay veces que pequeñas cosas pueden desencadenar una crisis de pareja. ¿Qué es lo que no funciona correctamente? Se acaba solucionando por la calle del medio, poniendo el instante por delante del problema, creando conciencia de que el amor es superior a la circunstancia, y de que realmente no queremos la crisis. A pesar de ello, no está mal reconocer qué ha pasado y por qué.

El problema aparece a nivel del Ego, y no es en otro sitio donde debe estar la comprensión y la disolución del problema.

Un día, yo decidí, tuve el impulso de limpiar y ordenar la casa. Era el momento adecuado para remangarme, tenía la dosis de entusiasmo necesaria. Estaba en contacto con mi propio impulso, sin duda lo quería hacer. Por supuesto había una parte de mí que prefería salir a pasear al sol, pero el impulso de limpiar era mayor.

Recibí ayuda externa y ambos empezamos con devoción a preparar la fregona, el recogedor, las bayetas y los líquidos detergentes. Nos repartimos la tarea y nos miramos con la alegría de quien se entiende y se siente bien juntos, con complicidad.

Lo que pasó después fue el reconocimiento del desorden superior, y por eso empecé a reconsiderar la tarea. Parte del desorden tenía que ver fuera de su sitio objetos que representan para mí recuerdos, buenos momentos y muchas alegrías. Me empecé a entregar a ensoñaciones con lo que había experimentado en el pasado o lo que podría experimentar con ellos, y a ponerme nervioso.

Poco a poco el impulso empezó a dar paso a la alienación respecto al trabajo, a pensarme fuera del objetivo como un simple robot. Y empecé a proyectarlo. Empecé a construir el pensamiento, inconscientemente, de que alguien quería que yo pusiese orden, alguien externo a mí. Comenzaba a sentirme molesto con toda la actividad, nervioso, ansioso y acelerado.

Para poder ejecutar la proyección, solo necesitaba un candidato adecuado que retomase mi propio impulso proyectado, y así me olvidaría totalmente de mi propio impulso. Sabía, cada vez con mayor certeza, que otra persona me estaba presionando para la limpieza y tal presión no podía sino generarme ira.

La otra persona era la víctima perfecta. Desprevenida, ella inocentemente me preguntó si utilizar un líquido u otro, y yo grité algo impertinente. Un instante negro que se cerró con un cruce de miradas y un darse cuenta de lo ridículo del gesto.

Así, sentía que no era yo, sino ella, quien quería limpiar y ordenar. La protección estaba completada, el impulso no era mío, sino externo, suyo. Yo lo había proyectado, lo había colocado al otro lado de la verja, y desde allí parecía que me atacaba. Ella me estaba presionando. Obviamente, era mi propio impulso proyectado.

El impulso se había convertido en presión. Curiosamente, si yo no hubiera tenido el impulso, no podría haber sentido presión de nadie, simplemente habríamos decidido dejar la tarea para otro momento en el futuro.

Es bastante probable que ella también tuviese el impulso y estuviese ejerciendo presión, pero estoy convencido de que, si la causa no hubiera sido mi propio impulso, su presión me hubiera pasado desapercibida. Era una buena candidata para recibir mi proyección, pero no dejaba de ser una proyección. Perdí la ecuanimidad por causa de mis propias emociones.

¿Qué aprendo de esta vivencia? Que cuando me siento presionado, es porque tengo más impulso y energía de lo que creo. Me siento presionado significa tengo más impulso de lo que creía. Así, dado que está solo en mí y no en nadie más, es únicamente mi decisión si sigo el impulso o pospongo.

La proyección funciona siempre igual. Empieza por un impulso o un deseo de mí hacia los demás. Al proyectarlo, parece que viene de los demás hacia mí, como un boomerang. Mi propia energía me vuelve. No es que yo actúe, es que me siento empujado a actuar.

Eso es porque al nacer construimos una frontera artificial entre mi yo y mi no yo. Si desarrollásemos la conciencia de unidad, destruiríamos esa frontera ilusoria, y sentiríamos que somos uno con los demás. Mientras esté en el modo Ego, el ataque me viene desde fuera.

Hay otra característica que suele aparecer, siento que me falta aquello que proyecto. Si siento que no tengo impulso para limpiar, es porque tengo más de lo que me creo, pero lo escondo, lo ignoro, creo que no existe. Como antes, tiene que ver con la frontera ilusoria que tenemos creada entre yo y el no yo. Lo que yo soy disminuye, lo que yo no soy aumenta.

Otra característica más es que lo que proyecto lo defiendo enérgicamente, aunque sea una visión errónea de la realidad. Si alguien intentara explicarme que estoy proyectando, recibiría mi ataque, sería más fuerte mi necesidad de demostrar que mi proyección está ahí fuera amenazándome.

Es mi fuerte resistencia a admitir mi propia sombra, entendida como el conjunto de esos impulsos que se quedan en el inconsciente, que yo no alcanzo y que proyecto sin querer. Son aspectos que proyecto porque me disgustan, no soy capaz de aceptar que los tengo.

Por ejemplo, ¿Qué pienso cuando escucho reacción hacia el mundo gay? No es exactamente que quien lo lanza sea gay, pero sí que reconoce una cierta tendencia a ello, siente miedo y lo proyecta para intentar quitárselo de encima.  Reconoce una potencialidad de sí mismo que subrepticiamente le aterra, aunque sea netamente secundaria, y la proyecta hacia fuera.

¿Por qué decimos que alguien es estúpido, pervertido o inmoral? Porque algo hay que aborrecemos en nosotros mismos y que está relacionado con lo que rechazamos en él. “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, dice el dicho popular.

De forma parecida, la sensación de “tengo que hacer el sacrificio por ti” puede llegar a ser visto como una obligación que me viene impuesta desde fuera. En tanto que impuesta artificialmente, puede convertirse en resentimiento y, a pesar de ser un fenómeno ilusorio, puede acabar en crisis. Se ha proyectado el deseo. Aunque si se careciese completamente del deseo de ayudar, no podría sentirse en absoluto obligado.

Se quiere ayudar, pero sin admitirlo. ¿Por qué no admitir algo bondadoso? En el fondo, debe haber un impulso paternal o maternal que no está debidamente interiorizado, que forma parte de su sombra. Al no verse por estar en la sombra inconsciente, se rechaza e intenta sacar.

De forma parecida, sentir que el mundo es un lugar hostil y lleno de violencia surge del mismo mecanismo de la proyección. En la sombra y no aceptada, y significa probablemente que hay una potencialidad de hostilidad en el individuo, que acabará, si no se crea conciencia, siendo proyectada.

Yo, sentirme rechazado, que los demás no me quieran, o sean críticos, viene de la mano de sentir que yo no tengo rechazo frente a los demás, soy cordial y no critico a nadie.  Hay una oposición de contrarios entre lo que pienso y mi inconsciente alberga. Pensar que yo carezco y los demás rebosan de ello, es un síntoma nítido. Si no me doy cuenta del juego, puedo potenciar la característica inconsciente mía y cada vez sentir más rechazo exterior, en un círculo vicioso, del que solo se sale creando conciencia.

Detectar la proyección es una maravillosa oportunidad de conocer mi mundo interior. La sombra se convierte en un síntoma. Estoy atento a cualquier elemento que me moleste, que me haga reaccionar emocionalmente. Lo diviso y lo observo.

Si analizo profundamente cada caso, cada momento en que algo me produce emoción, negativa o positiva, puedo llegar a convertir cada síntoma en su impulso causa. Convierto el “tengo que” en “quiero”. Por ejemplo, la presión en el trabajo significa que tengo el impulso de hacer mi trabajo con devoción. Es siempre una oportunidad de desarrollo.

En general, aunque suene absurdo, es buena práctica pensar siempre en el opuesto. Si odio a alguien, es bueno plantearme que le amo. Por muy extraño que parezca. Si me gusta algo, tal vez no lo soporto en mi sombra inconsciente. Toda acción tiene su opuesto, y ver ambos opuestos juntos es una excelente manera de llegar a la visión no dual de la realidad. La unidad viene como consecuencia de integrar los opuestos.

La mejor terapia para crear esta conciencia de la sombra y la proyección es el análisis transaccional, según Ken Wilber (*). La metodología mantiene la idea de inconsciente freudiano, pero lo integra con categorías más profundas del ser, siendo respetuoso con las intuiciones más recónditas humanas, permitiendo al maestro interior. Algunos de sus autores son T. Harris y Eric Berne.

(*) La conciencia sin fronteras – Ken Wilber.

Meditar la proyección, me lleva a la conclusión de necesidad de respeto hacia los demás. No me puedo olvidar de que el viaje hasta aquí ha sido acompañado por otras personas. Llegamos a limpiar y ordenar juntos porque estamos juntos en esto del desarrollo.

Además, había un maestro interior que nos guiaba el camino, todo esto no fue fruto del simple ego. No ocurrió porque el simple azar tiró los dados y salió el siete. Sucedió porque tenía que suceder.

Por eso, es mejor levantar la mirada y mirar cara a cara a los demás, porque en sus manos está la salvación. Desde la óptica de la proyección, detesto la arbitrariedad aleatoria de la otra persona porque la comparto con él o ella, y ambos juntos nos quedaremos en la arbitrariedad o conquistaremos el Cielo, nunca será posible el camino en solitario. Le miro con la inocencia nacida del perdón, y con confianza. Juntos levantaremos la mirada o no en absoluto.

En lugar de guardar resentimiento por el mal del otro, elijo aceptar el regalo que me hace. Mi enemigo es mi amigo. Lo acepto porque él o ella son los únicos que tienen la llave de perdonarme, como yo la de perdonarles. Será ofrecido y, a la vez, recibido.

Es sabio el consejo de que liberas al que perdonas y, al tiempo, participas de lo que das. Únete a él con alegría y elimina toda traza de culpa de su trastornada y angustiada mente.  Es la fuente de la paz, el descanso y la quietud.

martes, 28 de diciembre de 2021

La sexualidad

En términos tradicionales, la sexualidad es una cuestión biológica externa y no está sujeta a elección, así nacemos, así hacemos. La sexualidad se ejerce, requiere exploración, nos mueve hacia la búsqueda del placer.

Me está cambiando la sexualidad y creo que tiene que ver con desde dónde la practico. Tiene mucho que ver con la relación que yo tengo con mi propio cuerpo, pero sobre todo con quién soy. ¿Soy yo mi cuerpo? ¿Me identifico con mi cuerpo? ¿Mi identidad está fundamentada en lo que mi biología es capaz de hacer?

Tiene que ver con mis creencias. ¿Qué es lo que yo considero valioso? ¿Tener razón? ¿Competir en el juego culpa-ataque? ¿Siento atracción por la culpa? ¿El poder? ¿Las posesiones? La sexualidad tiene una parte que es una expresión de estas creencias.

Crecer y desarrollarse viene muchas veces asociado a irse del cuerpo para llegar al espíritu, y nos parece erróneamente que desarrollarnos significa obtener paz a cambio de sacrificar el placer que el cuerpo nos proporciona.

Crecer es más, es encontrarnos con nuestro propio ser, una vez retirados los velos que lo esconden, y que tienen que ver con los miedos, las creencias y esa intelequia que llamamos ego. Y hacerlo a través del cuerpo y del placer, convirtiéndolos en un medio.

Crecer es el viaje del héroe que recorre Indiana Jones. Se arrodilla ante las fuerzas superiores de la naturaleza. Esto le da fuerzas para cruzar un puente, o cualquier otro reto. Solo al final del camino, puede tomar la copa de la vida, que no es de oro, sino la de un carpintero, la copa de su ser. Se ha encontrado a sí mismo.

Desde el realismo subjetivo, yo soy quien conoce el mundo, el cual, no tiene entidad real fuera de mí, sino que es uno para cada persona. Lo existente es una creación, un reflejo, una manifestación, de algo no material, real, no físico, ni químico ni biológico: es el caso de las ideas en Platón en el Mito de la Caverna, la Idea Absoluta en Hegel, el mundo de voluntad y la representación de Schopenhauer o la subjetividad de los individuos en el constructivismo.

Tampoco el cuerpo existe, es una simple proyección de nuestra mente, y por tanto no es capaz de producirnos placer. El placer está en nuestra mente, no viene de nuestro cuerpo. El cuerpo es un medio que abraza y besa, pero todo está en la mente, no en el cuerpo.

No se trata de sacrificar la esperanza de recibir placer del cuerpo. Por el contrario, el placer del cuerpo es una sombra de la plenitud del ser, me transporta a lo eterno, fluyo a través de todo lo demás.

Yo deseo eso, encontrar la paz a través de lo eterno que hay en mí. No quiero el dolor de la culpa. Elijo la sexualidad diferente con la relación apropiada, para poder compartirlo, para que nos ayude en nuestro camino hacia lo eterno.

Juntos podemos superar cualquier obstáculo, nos encontramos ya dentro del portal. Podemos pasar todas las barreras, porque nos hemos unido a lo ilimitado. Es el fin de la culpa.

Yo soy un vagabundo en busca de paz. Quiero paz y serenidad. Y la he buscado donde ahora veo que no había. Existe una sexualidad basada en la escasez. Me falta algo, tengo miedo a que me falte, y lo lleno de sexualidad. Ahora veo lo que he experimentado, que identificarme con mi cuerpo es una invitación al dolor, aunque haya placer, ambos se confunden.

El Ego dice que el placer corporal es felicidad, pero también susurra: Es la muerte. Proporciona sensaciones que empiezan y se acaban, que alegran pero que también pueden frustrar, son incompletas a veces.

Ocurre para satisfacer una pulsión física. Satisfacer algo que va a morir, que llamamos placer. Es una ilusión de placer que es dolor. Lo que anhelamos es sentir la plenitud, que no es carente, que no necesita algo que le estimule. Algo que es la misma fuente ya.

Desde un punto de vista Advaita Vedanta, el Ego te incita a que proyectes tus resentimientos, intentando expulsarlos de ti, para que te puedas liberarte a ti mismo. Para convencerte de que esto es posible, le ordena al cuerpo que busque dolor en el ataque contra otro. Lo llama placer y te lo trae en bandeja de oro como liberación del sufrimiento.

Y así se usa parte de la sexualidad. Desde el Ego, se ve al cuerpo como un objeto. Un objeto que me satisface. ¿Cómo? Tratando de liberarnos de la culpa. Sucumbir a la atracción de la culpabilidad es la manera de escaparse del dolor. Ojalá funcionase, pero el dolor no desaparece. Identificarse con el cuerpo supone que en algún momento se va a producir una traición en alguna forma.

Hay una desconexión, una desunión, que hace se convierta en un ataque, en algo doloroso, que puede derivar en una sexualidad muy desconectada. Estoy dándole valor a ese placer físico que creo me va a liberar, pero desde ese lugar es un ataque, estoy separado del otro.

Cuando la sexualidad es desde la disposición del sistema de pensamiento Ego, hay un cansancio y unas ganas de dormir. Ese descanso no es paz.

Necesitamos reprogramar el valor que le hemos dado al cuerpo y a la sexualidad. La única forma de romper este círculo vicioso es soltar. Ahí está la armonía celeste. Es una experiencia distinta. Una relación es soltar las experiencias para abrirse a nuevas experiencias. Lo que te dolía te deja de doler, eso es perdonar.

¿Por qué razón es el cuerpo tan importante? Llego a la conclusión de que es un simple medio de comunicación. Transmite las sensaciones que yo deseo, como cualquier otro medio de comunicación, solo transmite los mensajes que se le da.

Como a Miguel Strogoff, quien portaba un mensaje del zar en el que se advertía de la invasión tártara, los contenidos de los mensajes le son completamente indiferentes, su función es tomar un papel aquí y dejarlo en otro lugar en un determinado momento.

El acto íntimo puede ser un acto de comunicación, donde no es la sensación física lo que es altar, porque la mente no está interesada en identificarse con eso. Es identificarme con la unión.

Desde la comunicación, ocurre la vida. No es cansancio, es vida. No dan ganas de dormir, sino el reconocimiento que el universo solo se regula mediante las leyes universales y no las mundanas. Es un acto de comunión en el que el cuerpo va perdiendo importancia, hasta desvanecerse.

Reconozco que tal solo con mirarte ya estamos en ese lugar de unión, no necesitamos el cuerpo. Es un reconocimiento de nuestro ser, plenitud y felicidad.

Cuando te veo desde lo más profundo del corazón, pasando por alto las formas, aparece otra experiencia, ahí es diferente. El Maestro interior, reinterpreta, conduce a la inocencia, a casa.

Nos dice el Tao que un hermano es todos los hermanos. Cuando dos personas se unen en esa relación santa, todo el universo está ahí.

Los impulsos físicos sexuales son impulsos milagrosos distorsionados. Cada vez que se dispara la libido, es un anhelo de unión, de amar, de fusión, de ser, pero que se distorsiona en la expresión física. Ahí vemos la inocencia y podemos reconducirla.

Cada vez que lo siento, siento que necesito algo, necesidad, deseo, necesidad, porque soy carente. Pero yo no soy un ser carente. Eso no puede ser verdad, soy un ser pleno, respiro, ¿qué hay aquí? Hay paz. Para investigar cada uno.

Si siento pulsión sexual y no puedo, mi mente no está entrenada ahí, y tengo un desahogo físico, es fundamental que no me sienta culpable por ello. No es nada malo, se va a redirigir mi mente, sin dar importancia a los momentos intermedios. Es como tomarse un café.

Crecer es soltar el especialismo, que todo sea lo mismo, soltarse. Desapegarse.

Amar supone trascender la separación entre seres a través de la sexualidad. Tu no amas al otro, tú eres el otro. Como dice Ramana Maharshi, un jivanmukta, un hombre liberado, hindú, del siglo XIX, no hay otro. Estar iluminado es escuchar al maestro interior, la voz que te dicta, el espíritu santo. Liberarme es ver al otro como parte de mí mismo.

Es el éxtasis, que va mucho más allá del orgasmo, es el momento de disolución en el otro. En India, se llama el samadhi, la integración total, la unión de sujeto y objeto.  Ahí, cesa la fluctuación de la mente y experimento el flujo único de mi conciencia, doy sin expectativas, me doy totalmente al ser, sin miedo a pérdidas, porque todo está en mí.

Solo existe encuentro y presencia constante en cada momento. No tengo que buscar porque no soy un ser carente, no necesito que nadie me complete. No necesito mi media naranja porque tú eres yo y yo soy tú.

El orgasmo biológico lleva escrita su propia muerte, explota todo el sistema energético para morir al hacerlo. Pero su salvación también está escrita, y consiste en revertir toda su fuerza en la unión con la energía vital y disparar un estado ampliado de conciencia.

Consiste en mantener sostenidamente la energía preorgásmica, como si durante un instante infinito estuviéramos a punto de tener un climax. Esto une no solo en el cuerpo físico, sino también en la mente y las emociones, es la unión de las almas en coherencia con el amor universal.

Lo que empieza en una mirada clara, una sonrisa luminosa, el contacto cálido, la caricia amable y el beso sutil, continúa manteniendo el placer, como avivar el fuego sin quemarse.

La energía sexual se llama Kundalini, y el orgasmo tiene por objeto llegar a un estado energético acumulativo que es necesario para despertar el libre flujo por todos los centros de energía del organismo, los chakras.


martes, 21 de diciembre de 2021

El amor propio y a los demás

Amor, tú me inspiras, el amor eres tú, somos nosotros… medito, veo cómo me vacío y escucho la voz que me da preguntas y respuestas.

Me enamoro, eres la luz de mi mundo. Cuando estás conmigo, se ilumina mi corazón, tiene sentido la vida y el mundo es una ilusión, un sueño ajeno a mí. Siento el amor refulgir sobre mí.

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Hay que aceptar que el amor no necesita apenas definición, solo los místicos y los poetas lo han intentado y han confeccionado hermosos juegos de pensamientos que, al final, caen en el peligro de alejarse del objeto a definir. Porque no se puede hablar fríamente de lo que no se siente en la intimidad de tu corazón. 

Corresponde casi exclusivamente al absolutamente maravilloso mundo de la intimidad del ser humano, por eso es tan difícil su definición.

Cuanto más nos queremos acercar a él, puede que se distancie más. Y, en cualquiera de los casos, si no va acompañado de una práctica desinteresada y generosa, se puede convertir en una nebulosa fantasmal que se disipará antes que quede algo más allá de la nostalgia de un recuerdo, bello pero efímero.

Aunque no es menos cierto que, por muchas que sean las dificultades, hay que seguir persiguiendo a ese ser amado, siempre, toda la vida. Porque eso, simplemente, nos hará mejores.

En Cuba, escuché una historia que me conmovió. Un hombre regresa de un viaje de negocios. Su mujer le espera en el hogar que ambos han alimentado. Regresa tarde en la noche y la mujer ya duerme. Podría llamar al timbre y despertarla, sin embargo, decide recostarse en el quicio de la puerta hasta que por la mañana temprano ella despierte, salga y allí lo encuentre.

¡Qué bella demostración de amor cuidar a otra persona por encima de uno mismo, dejarle a ella dormir a costa de estar incómodo uno mismo!

Cuentan que los lobos, cuando caminan en la nieve, lo hacen en fila. Curiosamente, siempre dejan a los miembros más viejos o enfermos caminar delante, para que ellos decidan el ritmo de la manada. Esto es Ubuntu, el bien común delante del bien individual. Es una muestra de amor y agradecimiento por los años pasados de apoyo al grupo.

Leí un micro-cuento: “Ayer en Madrid todos amanecieron con azúcar en los labios. Solo lo supieron aquellos que se besaron”. Qué tierno mensaje en qué contenido tan profundo. El amor está en el aire, existe en nosotros, pero no siempre le abrimos las puertas, le permitimos que se exprese, actuamos en su nombre.

El amor llega libremente a todos, es lo que significa ser humano, está simplemente a nuestra disposición por haber nacido. 

El universo del amor no se detiene porque yo no lo vea, ni mis ojos han perdido la capacidad de ver por el hecho de estar cerrados. El amor aflora de inmediato en cualquier mente que de verdad lo desee, pero tiene que desearlo de verdad. 

Sentir amor para mí es transportarme a un momento, a un instante extraordinario, en el que desaparece el tiempo. Pasan las horas sin darme cuenta. Me impresiona sentirlo, es como viajar a un universo paralelo, diferente, separado.

Recuerdo a mis hijos, y mi relación con ellos es diferente a cualquier otra cosa. Por ellos daría mi vida, prefiero yo ponerme enfermo a que se pongan ellos. Entraría yo en el quirófano en su lugar si eso fuera posible. Ahí está mi lugar favorito, no es una sensación de este mundo.

En la realidad del amor, todo ocurre de forma diferente. Por ejemplo, tengo una pesadilla. En ella, tengo 6 años y mi madre me castiga en el cuarto de baño con la luz apagada. Yo grito e imploro perdón, yo no he hecho nada, y tengo miedo, mucho miedo. Querría tener una madre que me sacase de ahí, me abrazase y me diera amor y confianza en mí mismo.

Puedo albergar un resentimiento o por el contrario, verlo desde una óptica diferente, desde el amor. Puedo ver a mi madre en un momento de supervivencia, en su camino de expiación, sintiendo dolor por haberme castigado, aprendiendo ella misma de la situación, viendo la luz a través de mí. No la condeno, es parte de mí, yo soy hijo y ella es madre, pero somos solo dos participaciones de la misma realidad, el universo. La perdono, porque no hay pecado, porque no hay nada que perdonar. Elijo verlo desde el amor.

Julio Cortázar escribe: “Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son”. Expresa con precisión la idea de que vivimos dos vidas paralelas, una donde reina el amor, y otra donde reina el miedo y el ego.

Entiendo el ego como ese constructo que nos inventamos al nacer. Le ponemos nuestro nombre de pila y le asociamos propósitos artificiales. Poco a poco, cada ladrillo es la consecución de alguno de esos propósitos, hasta que un día es un castillo de 12 plantas exhuberante. Nos identificamos con él y nos olvidamos de quién somos en realidad. 

El amor no puede ser comprendido por el ego, son dos realidades diferentes. Muchas veces se percibe solo un conflicto, por un lado, el sentimiento de amor y por otro la lógica del mundo. La razón y el corazón ven distinto. Sin el ego, todo sería amor.

Augusto Monterroso escribe: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Vivimos dos vidas, una es realidad, otra es un sueño, ¿cuál es cuál? La del dinosaurio. La de verdad es la del amor. La ensoñada es un mundo de miedo, resentimientos, culpas y ataques. 

Cuando despierto al amor, estoy simplemente olvidando lo que no soy, lo cual me permite recordar lo que sí soy. Qué no soy? Toda esa maraña de cables de resentimiento y atraque en la que me he encontrado viviendo. Qué soy? Amor. 

Por eso es tan difícil volver al mundo después de hacer el amor, por eso te sientes tan desubicada después de amar. Quizás algún día me decida a dejar de volver al mundo y me quedaré en la realidad del amor.

Jairo Aníbal Niño escribe: “Un día la ciudad desapareció. De cara al desierto y con los pies hundidos en la arena, todos comprendieron que durante treinta largos años habían estado viviendo en un espejismo”. Construimos un mundo de ilusión, intelequia e invención, dicen que empezamos a inventarlo después del parto en ese momento de dolor, donde hay que respirar, hace frío y mucha luz. A veces mucho tiempo después, un día despertamos para reconocernos en el amor. Solo el amor tiene sentido como realidad irrefutable.

Ana María Shua escribe: “Despiértese, que es tarde, me grita desde la puerta un hombre extraño. Despiértese usted, que buena falta le hace, le contesto yo. Pero el muy obstinado me sigue soñando”. Una es y uno sueña que es. El amor es despertar, es asistir a un rayo de luz, que una vez percibido no tiene vuelta atrás.

Los biólogos del siglo XIX estaban equivocados cuando explicaban las teorías darwinianas como competición. Según la teoría de la evolución biológica por selección natural, las especies sobreviven porque están más alineadas con el entorno en el que deben vivir. Una selva donde sobrevivir es competir y pisar al prójimo. Así, la selección natural hace su función y descarta a los individuos menos preparados, pavimentando la autopista para los más adecuados.

Hoy la biología acepta la idea de que la adecuación tiene que ver con la colaboración, con cuánta cooperación el individuo es capaz de convivir. No sobrevive el más inteligente, sino el más cooperador, el que es capaz de trabajar mejor en grupo, el que se entiende parte de una comunidad y ve sus objetivos privados unificados con los objetivos de la comunidad y cada uno de sus miembros.

Dicho de otra forma, el amor y la paz son más adecuados que la competición, el ataque y el miedo. Sobrevive quien se ama a sí mismo y extiende su amor.

Luis Felipe Lornelí escribe: “-¿Olvida usted algo? – Ojalá”. El amor es vivir el presente, y por tanto olvidar el pasado. Que pase el tiempo sin darme cuenta. El pasado es un sueño que habla de miedos y de resentimientos. 

En el presente uno no se siente culpable de nada, se sobrepasa la culpa, es amor en esencia. Cuando todo lo que retenga en la memoria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que siga teniendo miedo. El amor crea para siempre, aunque no en el tiempo.

Yo percibo que todo lo que procede del amor es un milagro, transgrede todas las leyes de la lógica, el tiempo y el espacio. Es un microsegundo que parece horas, y horas que parecen un microsegundo. Todo pensamiento amoroso que se pueda tener es eterno. No hay aquí y allí, la distancia se deforma inexplicablemente, porque los opuestos no caben dentro del amor. La realidad del amor no puede ser dual. 

¿Cuánto dura un instante? Dura el tiempo que sea necesario para re-establecer la perfecta cordura, la consumada paz y el perfecto amor por todo el mundo y por ti; el tiempo necesario para recordar la inmortalidad; el tiempo necesario para intercambiar el infierno por el Cielo. Dura el tiempo suficiente para poder trascender todo lo que el ego ha hecho.

Franz Kafka escribe: “Una jaula salió en busca de un pájaro”. El amor es libertad, la jaula es el miedo en busca de alguien libre para encarcelarlo. Yo no soy ese mundo de cuerpo, ataques y resentimientos, soy libertad.

El amor no limita, y lo que crea no está limitado, por eso dar desde el amor es dar sin límites, es lo único que puede brindarme dicha. Mi amor es tan ilimitado, ¿Cómo iba a ser posible que una parte del universo estuviese excluida de mi amor o que una parte de mi amor pudiese ser restringida?

Según concedas libertad, serás liberado. De lo contrario, el amor será incapaz de encontrarte y ofrecerte consuelo.

Es imposible alcanzar el amor sin tener confianza. La falta de confianza siempre limita y ataca; la confianza desvanece toda limitación y brinda plenitud. La falta de confianza siempre destruye y separa; la confianza siempre une y sana. Tener confianza es sanar.

La poesía y la experiencia directa de la vida tienen mucho más que decir del amor que yo. Soy incapaz de describir el significado del amor, pues está más allá de lo que se puede enseñar. Lo único que puedo hacer es describir los obstáculos que me impiden experimentar la presencia del amor, a pesar de que es mi herencia natural.

Todo empieza por mí mismo, por el amor propio a uno mismo o misma. Una vez en el camino de reconocer el amor, se va extendiendo a los demás. De esta manera y no de otra entiendo el amor al prójimo. No es posible extender un amor que no se tiene. Voy a hablar del amor como experiencia individual y luego de su extensión a los demás.

Siempre experimento que el amor no puede sino extenderse. Una vez que yo estoy en mi centro, desde el amor, este amor se extiende hacia afuera, simplemente porque no puede ser contenido. Nunca deja de fluir porque es ilimitado. 

Hay que confiar, pero una vez en la confianza, es bello reconocer que el amor a uno mismo, sin querer, sin poder impedirlo, empieza a dibujar círculos concéntricos desde uno hasta los demás y hasta el infinito. Sin extensión no puede haber amor. Por medio de nuestras creaciones extendemos nuestro amor.

El obstáculo al amor es el miedo. Si me muevo con miedo, mis pulmones se comprimen, se me arquea la espalda, veo peligros y riesgos, y me asusto; sin embargo, si actúo desde el amor, se me abre el pecho, bajan las pulsaciones, se despeja la duda, se reavivan los colores, me emociono de alegría por cualquier detalle y me siento uno con los demás.

El miedo procede de una falta de amor, es el amor perfecto quien expulsa el miedo. Si hay miedo, es que no hay amor, por eso el miedo no es nada realmente y el amor lo es todo. No me cuesta nada hacer el cambio, desde el miedo, un segundo de chasquear los dedos y ya, estoy en el amor.

Hay algunas creencias que me paran de actuar irremediablemente así, y que necesito urgentemente modificar. Honestamente, a veces me es más difícil decir "te quiero” que "te odio". Asocio el amor con la debilidad y el odio con la fuerza, y parece que el verdadero poder es realmente la debilidad. Estaría desamparado en presencia del amor, y quiero salvarme del amor porque creo que éste me aniquilaría. Tengo miedo de que pueda alejarme completamente de mí mismo y empequeñecerme porque creo que la magnificencia radica en el desafío y la grandeza en el ataque. Detrás de esto no está más que mi necesidad de pedir ayuda.

Éstas son algunas de mis experiencias cuando siento amor. Veo que el amor es todo o no es nada, no existe tal cosa como un poquito de amor, o un amor más difícil que otro, no hay escalas de amor. Es como acercar un bolígrafo al papel, o escribes o no escribes, no hay escalas de grises en esto. El amor es incapaz de hacer excepciones, sólo si hay miedo parece tener sentido la idea de las excepciones, son amedrentadoras porque las engendra el miedo. O estás embarazada o no lo estás. El amor produce alegría, el miedo no, no hay intermedios. Una lealtad parcial es imposible.

Actuar desde el amor me hace invulnerable, me ofrece la ecuanimidad necesaria ante cualquier falta de paz procedente de afuera. Por mucho que perdone, sigue habiendo ataques del mundo de fuera, y vienen cuando menos los espero y en la forma que menos espero. Toneladas de ecuanimidad me permiten visualizar esos ataques entrando por un oído y saliendo por el de enfrente. Y dejando tanta paz como se llevan, irónicamente hablando. Por eso, recordar el amor, me trae invulnerabilidad.

El amor no se construye y no se encuentra. El amor incondicional se da solo, no hay que ganárselo, no se consigue con méritos, es aceptación y no se rige por virtudes ni defectos. No espera nada a cambio, ni dolor, ni ingratitud, ni felicidad. Es o no es.

Para ganar tienes que dar, no regatear, pues regatear es imponer límites en lo que se da, y eso no es. Yo recibo dones, una puesta de sol, un cielo dramático en Madrid, un sorbito de agradecimiento, pero no recibo regalos en modo alguno limitados. Tampoco mis regalos pueden ser limitados.

La solidaridad no es más que un pálido reflejo de un amor mucho más poderoso y todo-abarcador. Sentirse uno con los demás es la verdadera expresión del amor. Podría pensar en el amor que los animales sienten por sus crías y en la necesidad que sienten de protegerlas. Se debe a que las consideran parte de sí mismos y nadie repudia lo que considera parte de sí mismo. Ubuntu.

La sanación significa reinterpretar todo lo que percibes como temible y reconstruirlo como amoroso y cierto.  Cuando te decides a hacer este intercambio, reemplazas simultáneamente la culpabilidad por la dicha, la crueldad por el amor y el dolor por la paz. Consiste únicamente en desatar las cadenas que aprisionan tu voluntad para liberarla.

Tu ego no puede aceptar esta libertad, y se opone a ella siempre que puede y en cualquier forma que puede. Todos los pensamientos no amorosos tienen que ser des-hechos, palabra ésta que el ego ni siquiera puede entender. Hiciste el ego sin amor, y él no te ama.

Construimos un castillo para mirar desde la altura, y con él también nos separamos del mundo, nos vemos diferentes, sobre nuestro propio pedestal. Tan orgullosos como nos sentimos, nos damos cuenta que nos hemos dejado al amor en el camino.

La salud del cuerpo también es el resultado de abandonar todo intento de utilizar el cuerpo sin amor. Igualmente, la salud es el comienzo de la correcta perspectiva con respecto a la vida bajo la dirección de mi Maestro Interior, que sabe lo que ésta es, al ser la Voz de la Vida Misma. La decisión de despertar refleja la voluntad de amar, puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por el amor.

El amor, como formulaba Johann Wolfgang von Goethe, “Liebe will ich liebend loben, Jede Form, sie kommt von oben”, viene de arriba, y yo soy solo el medio a través del cual se expresa. No lo puedo aceptar nada más como mi voluntad, pues, veo el amor en mí y lo veo en todas partes porque está en todas partes. Veo su abundancia en todos, ellos forman parte de mí, tal como yo formo parte del Todo.

Examino el mundo que he fabricado y juzgo su valor imparcialmente. ¿Es quizá digno de ser lo que merezco? ¿Protege tal mundo mi paz e irradia amor? ¿Evita que mi corazón se vea afectado por el miedo, y me permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación de pérdida? ¿Me enseña que esa forma de dar es mi dicha? Ése es el único ambiente en el que puedo ser feliz.

Una vez conquistado el amor propio, se extiende, comienza la relación con los demás, ellos y ellas lo notan, ven el cambio. ¿Cómo entiendo yo el hecho de que alguien me ataque? ¿Cómo reacciono cuando percibo deslealtad, bulling, o simplemente soy ignorado?

Ser vulnerable me trae la enfermedad, por eso con otras personas intento nunca ponerme de parte de la enfermedad en presencia de ellos. Nunca me pongo a su nivel de miedo, por mucho que él o ella crean en su enfermedad y su miedo, que lo vean como absolutamente reales. Creer que un ser está enfermo es adorar al mismo ídolo que él adora, pero yo creo en el amor, no en la idolatría.

Poli Délano escribe: “Verse y amarse locamente fue una sola cosa. Ella tenía los colmillos largos y afilados. Él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro”. Hay un amor que no es tal, sino codependencia, donde uno tiene necesidades falsas perfectamente compatibles con las necesidades falsas del otro. Ese pseudo amor es interés, no es incondicional.

El pseudo amor se experimenta desde el ego, y siempre exige derechos recíprocos, ya que es competitivo en vez de amor. Se muestra dispuesto a hacer tratos, pero no puede comprender que ser igual a otro significa que no es posible hacer ningún trato al respecto.

Otra forma de pseudo amor es el sacrificio. Sacrificarse tampoco es amor. El "sacrificio" que consideramos una purificación, es algunas veces la raíz de un amargo resentimiento, cuando no se hace desde el puro amor. Además, también a veces hace sentirse culpable al otro, y eso es un ataque. Puede pasar que cada uno piense que ha sacrificado algo por el otro y lo odie por ello. Puede confundirse estar enamorado del otro con estar enamorado del sacrificio. Por ese sacrificio que se impone a sí mismo; a veces exige que el otro acepte la culpabilidad y que se sacrifique a sí mismo también.

Tales relaciones sólo dan la impresión de estar intactas, pues para el ego lo único que las relaciones significan es que los cuerpos están juntos. Mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz. Para él la mente es algo privado, y el cuerpo es lo único que se puede compartir. 

Las ideas son básicamente algo sin importancia, salvo si con ellas se puede atraer o alejar el cuerpo de otro. Todo aquello que hace que el otro se sienta culpable y que le impida irse debido a la culpabilidad es "bueno". Lo que lo libera de la culpabilidad es "malo", pues se "marcharía". Estas alianzas son nacidas del miedo a la soledad.

Nuestra confusión entre lo que es el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda que resulta imposible concebir el amor sin sacrificio, sin embargo, el amor no produce culpabilidad en absoluto y lo que produce culpabilidad no puede ser amor. Estar con un cuerpo no es estar en comunicación.

El sacrificio no es amor sino ataque, solo siendo consciente, el miedo al amor desaparecería. Una vez que se ha eliminado la idea del sacrificio ya no podrá seguir habiendo culpabilidad, pues si hay sacrificio, alguien siempre tiene que pagar para que alguien gane. La única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué.

El único gesto posible de amor es entre iguales. No es posible dar amor sin recibirlo a la vez. Todo es uno y lo mismo, no hay fronteras, nada va sin volver. Para poder tener, da todo a todos.

Todo pensamiento amoroso que recibo de los demás es verdadero, lo restante es simplemente una petición de ayuda y de curación por su parte, sea cual sea la forma que adopte. ¿Cómo puede estar justificado reaccionar con ira ante la súplica de un ser humano? Ninguna reacción podría ser apropiada, excepto estar dispuesto a ayudarle, pues eso, y sólo eso, es lo que está pidiendo.

Cualquier otra cosa que le ofrezca, me estaría arrogando el derecho de atacar su realidad al interpretarla como mejor me parezca. Al final, esto supone para mi propia mente un peligro. Si creyese que una petición de ayuda es otra cosa, reaccionaría ante esa otra cosa, y mi reacción, por ende, sería inadecuada.

No hay nada que me impida reconocer todas las peticiones de ayuda exactamente como lo que son, excepto mi necesidad imaginaria de atacar. Esta necesidad es lo único que hace que esté dispuesto a entablar interminables "batallas" contra la realidad, en las que niego que la necesidad de curación sea real.

Decirte que no juzgues lo que no entiendes es ciertamente un buen consejo. Nadie que sea parte interesada puede ser un testigo imparcial, porque la verdad se habría convertido para él en lo que él quiere que sea. Si no estás dispuesto a percibir una petición de ayuda como lo que es, es porque no estás dispuesto a prestar ayuda ni a recibirla. No solamente eso, dejar de reconocer una petición de ayuda es negarse a recibir ayuda. ¿Mantendrías que no la necesitas? Sólo respondiendo a su súplica puedes ser tú ayudado.

La única reacción apropiada hacia un ser humano es apreciarlo. No puedo sino estarle agradecido tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda, pues ambas cosas, si las percibo correctamente, son capaces de traer amor a mi conciencia.

¡Cuán simple es, entonces, el plan para la salvación! No hay sino una sola manera de reaccionar, no intentes "ayudar" a tu manera, pues así no puedes ayudarte a ti mismo. Mas oye sus ruegos que claman por la ayuda, y reconocerás de este modo la necesidad que tú mismo tienes.

Estás proyectando. Las interpretaciones que haces de las necesidades de otra persona son las interpretaciones que haces de las tuyas propias. Al prestar ayuda la estás pidiendo, y debes percibir tan sólo una necesidad en ti.

Al aplicar cada vez más la interpretación del amor a las reacciones de otros, irás cobrando mayor conciencia de que su criterio es igualmente aplicable a las tuyas. Pues reconocer el miedo no es suficiente para poder escaparse de él, aunque sí es necesario para demostrar la necesidad de escapar. Tienes aún que transformar el miedo en verdad.

Considera entonces lo mucho que te va a servir la interpretación que hace el amor de los motivos de los demás. Al haberte enseñado a aceptar únicamente los pensamientos de amor de otros y a considerar todo lo demás como una petición de ayuda, te ha enseñado que el miedo en sí es una petición de ayuda. Esto es lo que realmente quiere decir reconocer el miedo. Si tú no lo proteges, el amor lo reinterpreta, y lo desvanece.

En esto radica el valor principal de aprender a percibir el ataque como una petición de amor. Ya hemos aprendido que el miedo y el ataque están inevitablemente interrelacionados. Cuando tengo miedo, ataco.

Si el ataque es lo único que da miedo, y consideras al ataque como la petición de ayuda que realmente es, te darás cuenta de la irrealidad del miedo. Pues el miedo es una súplica de amor.

El miedo es un síntoma de profunda sensación de pérdida. Si al percibirlo en otros aprendes a subsanar esa sensación de pérdida, se elimina la causa básica del miedo. De esa manera, te enseñas a ti mismo que no hay miedo en ti. Los medios para erradicarlo se encuentran en ti.

El miedo y el amor son las únicas emociones que soy capaz de experimentar. Una es falsa, a erradicar, menos mal que las defensas que son inservibles se abandonan automáticamente.

El amor siempre conduce al amor. Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con agradecimiento.

Si deseo contemplar el amor, que es la realidad, ¿qué mejor cosa podría hacer que reconocer en toda defensa contra el amor la súplica de amor subyacente? ¿Y de qué mejor manera podría darme cuenta de su realidad que respondiendo a esa súplica dando amor? De esta manera se reemplaza al miedo por el amor. Y mi sueño de separación por el hecho innegable de la unidad, del Ubuntu.

El amor Ubuntu despliega un festín sobre una mesa cubierta con un mantel inmaculado, en un plácido jardín donde sólo se oye un cántico angelical y un suave y feliz murmullo. Es un banquete en honor de nuestra relación santa, en el que todo el mundo es un invitado de honor. Y en un instante eterno todos bendecimos la mesa juntos, al unirnos fraternalmente ante ésta. 




viernes, 17 de diciembre de 2021

El ser digital – The Matrix


Llega la tecnología y me vuelve a traer las preguntas de siempre: ¿Quién soy?, ¿Qué es la realidad?, ¿Cuál es la relación entre el mundo y yo? El cine es una oportunidad maravillosa para crear conciencia, y una de los intentos más conseguidos es The Matrix.

La película es de 1999, guionizada y dirigida por Lana y Lilly Wachowski, con los actores Keanu Reeves, Laurence Fishburne y Carrie-Anne Moss. 

Aunque aparentemente es una película de ciencia ficción, de acción, con muchas escenas de efectos especiales y el efecto impactante de la tecnología, en realidad, es mucho más que eso, es un tratado claro y conciso de qué es el hombre, la relación entre el hombre, el cuerpo y el mundo.

Neo, el protagonista, trabaja para una compañía de software, pero tiene una segunda vida, busca la Verdad, y esto no le permite conectar e involucrarse con su vida en el mundo. Diríamos que tiene necesidades transpersonales, espirituales, necesita encontrarse a sí mismo en otro nivel de existencia.

Morpheus representa ese otro nivel de existencia. Es simbólicamente la Conciencia. El cuerpo humano es puramente un hardware sobre el que puede correr cualquier tipo de software. Mientras el mundo es la ejecución de un software, el hombre en el mundo vive la experiencia a modo de sueño. Es contingente, puede ser pero podría ser otra cosa, no necesita ser. Morpheus tiene el rol de decidir qué software carga en cada una de las personas en cada momento.

Utiliza la metáfora de Morpheus, Dios griego de los sueños. Él tiene la autoridad sobre qué sueño se vive en la tierra. Las capacidades de los humanos, por ejemplo, saber kung-fu o jugar a Go, son simplemente programas que se pueden cargar a voluntad.

El PNL, la programación neurolingüística, tiene el mismo principio. Aunque es muy difícil cambiar el programa ya instalado en el cerebro, es posible hacer mediante técnicas apropiadas.

Trinity está al lado de Morpheus, y hace de puente con el mundo terrenal. Utiliza la simbología del Espíritu Santo que, de forma amorosa, llega al mundo para crear conciencia de un Morpheus existente, y de una realidad onírica que subyace debajo de una realidad verdadera invisible.

Los Agentes son roles mundanos, dentro del sueño, que tienen la misión de no permitir la acción de Trinity y Morpheus. Ellos preservan la sensación de realidad que se tiene dentro del sueño. Es la metáfora del Ego humano, siempre presentando evidencias sobre la inexistencia del mundo real de Morpheus.

El Oráculo es la voz de la sabiduría desde el mundo. Representa la persona que ha apostado por la salvación y llega a ver. No se despega del mundo, pero puede compartir su visión con los demás, desde su posición más elevada. Siempre dice la verdad, pero habitualmente no es posible entenderla a corto plazo, siempre a largo plazo. El tiempo pone siempre los puntos sobre las íes y coloca a todos en su lugar.

Ahí está servida la acción. Neo se decide por el camino de la salvación y de la Verdad, apuesta todo el azul, se desapega de su vida mundana, olvida su pasado, renuncia a su futuro dentro del Matrix, para conquistar la Verdad. Los Agentes luchan con violencia y sin escrúpulos contra la acción de Morpheus y Trinity, atrayendo a Neo de vuelta a creer en el mundo. Dos formas paralelas de pensar y una incompatibilidad de coexistencia, un conflicto a resolver. Vamos por la cuarta película ya.

Según explica Morpheus, es posible cargar un programa de ropa, entrenamiento, apariencia física, cualquier cosa. Las apariencias del mundo no son otra cosa que una proyección mental del ser digital. Como las sombras y los objetos del mito de la caverna de Platón. Primero pensamos y luego proyectamos lo que pensamos, hasta el punto de creernos que tiene realidad separada a nosotros.

La realidad no es lo que podemos oler, ver o tocar. Esto son simples señales eléctricas que interpreta el cerebro. La percepción genera la ilusión de un mundo real, pero no es más que un sueño. En el mundo se vive dormido, utilizando la simbología del despertar y la iluminación como ese momento en el que se crea conciencia de que es un sueño y hay una realidad real que no percibíamos antes. Veíamos nubes, y al despejar, aparece el Sol.

Según Morpheus, lo real es, en contraposición, un desierto. Simboliza al vacío que se percibe a través de la meditación. Eso que queda cuando yo me desapego de todo lo que creo que soy pero que no soy.

La película mezcla ciencia ficción tecnológica con metafísica tradicional. A principios del siglo XXI se produjo la singularidad y apareció una raza de nuevas máquinas inteligentes. Tomaron el poder y subyugaron al hombre, convirtiéndole en una simple pila, su fuente de energía. Ya sin conciencia, sin experiencia, con solo vida biológica. Solo vale su calor corporal.

En una escena, una niña mira con detenimiento una cuchara. La mueve, la dobla, la deshace y la hace a voluntad. Le explica a Neo que no es cuestión de observar la cuchara. ¡Trata simplemente de ver la Verdad, la cuchara no existe! No es la cuchara la que se dobla, sino la percepción de quien la observa. Una vez comprendido, Neo es capaz de doblar la cuchara también.

Esta escena tiene la función de mostrar y demostrar la tesis principal, que la realidad no existe. La realidad que tenemos por tal, no es más que un sueño, una sombra de la realidad que existe a otro nivel. No existe el suelo que pisamos, no existe la silla sobre la que nos sentamos. No es que la niña doble la cuchara, Neo ve que la cuchara se dobla a causa de la acción de la niña. El sujeto de esta frase no es la niña, sino Neo.

Morpheus explica que Matrix está presente cuando pagamos los impuestos, cuando nos cortamos las uñas de los pies, cuando vamos a la Iglesia. Matrix nos hace esclavos, nacemos atados, aprisionados. Una prisión para la mente. No se puede transmitir, hay que verlo por uno mismo.

Como ejemplo, el Superior le dice a Neo: “Tiene usted un problema con la autoridad. Se cree usted muy especial y que, por algún motivo, las reglas no están hechas para usted. Obviamente se equivoca. Deberá tomar una decisión, señor Anderson. O decide estar puntualmente en su mesa de ahora en adelante, o deberá buscarse otro trabajo.”

Morpheus le dice: “Sé por qué estás aquí, Neo. Sé lo que has estado haciendo. Sé por qué apenas duermes, por qué vives solo y por qué, noche tras noche te sientas ante tu ordenador. Le buscas a él. Lo sé porque una vez estuve buscando lo mismo, pero cuando me encontró me dijo que en realidad no lo estaba buscando. Buscaba una respuesta.” Neo ya tenía la intuición de la existencia de la Verdad, ya estaba en su búsqueda.

Da a Neo una única oportunidad, sin vuelta atrás. Si toma la pastilla azul, la historia se acaba, le levanta en su cama y cree lo que quiera. Si toma la pastilla roja, se queda en el País de las Maravillas, y él mismo se encarga de enseñarle cuán profundo es el pozo del conejo blanco. Neo toma la pastilla roja, simbolizando el compromiso por la Verdad.

Quemando las naves, como Hernán Cortés. Se cuenta que el conquistador decidió la destrucción de sus barcos. Al inutilizar sus naves, dejó claro a sus hombres que la retirada era imposible. Es sinónimo de lanzarse a por un objetivo con convicción, renunciando a la posibilidad de dar marcha atrás ante un eventual fracaso. En realidad, Hernán Cortés no quemó su flota, sino que la hundió en la Playa de Villa Rica, pero evitó que su tropa regresara a Cuba y el miedo tomase la decisión por ellos. El episodio acabó entrando en Tenochtitlan y constituyendo el México moderno.

Es la simbología de la Confianza. Es lo que se le entrega a la verdad para que ésta sea su único objetivo, la confianza lleva a la verdad. La confianza, como la Fe, abarca a todo aquel que esté involucrado en la situación, pues sólo de esta manera se percibe la situación como significativa y como un todo.

Desde el Ego, la falta de confianza conduce directamente a las ilusiones, a ver exclusivamente dentro del Matrix. No hay conexión alguna entre la verdad y las ilusiones. Tanto las ilusiones como la verdad gozan de cohesión interna y constituyen un sistema de pensamiento completo en sí mismo, aunque totalmente desconectado del otro.

La confianza es lo opuesto al miedo, y forma parte del amor tal como el miedo forma parte del ataque. Neo va haciendo este viaje a lo largo de la película. Según va poco a poco creyendo que es el elegido, es capaz de liberarse del miedo, saltar de edificio a edificio y ser más eficiente en sus peleas con los Agentes. Ya no ve a través de los ojos del cuerpo. La confianza se vuelve el heraldo de la nueva percepción. Aquí, Trinity actúa de garante, es percibida y su presencia genera la confianza.

La gracia no se le otorga al cuerpo, sino a la mente. Y la mente que la recibe mira instantáneamente más allá del cuerpo. Así, la confianza brinda paz y la verdad que entra y embellece lo que ya fue preparado para la hermosura. La confianza es una de las metas del aprendizaje de Neo.

El amor aparece en una escena donde Trinity declara su amor por Neo, y decide besarlo. Por el amor, Neo resucita y vuelve al mundo para salvar a los hombres, simbología cristiana. Y destruye al Agente Smith, simbolizando al Ego.

Antes de “volar”, Neo se despide: “Sé que estáis ahí, agentes. Ahora puedo sentiros. Sé que tenéis miedo. Nos teméis. Teméis el cambio. No conozco el futuro. No vengo a deciros cómo va a terminar esto. Vengo a deciros cómo va a comenzar. Voy a colgar. Y contaré a esta gente lo que no queréis que vean. Les mostraré un mundo sin vosotros. Un mundo sin reglas ni controles, sin fronteras ni límites. Un mundo donde todo es posible. Lo que ocurra después es decisión que queda en vuestras manos…”.

Es la liberación final. Puedo esclavizar a un cuerpo, pero las ideas son libres y no pueden ser aprisionadas o limitadas en modo alguno, excepto por la mente que las concibió.

En 2021, tenemos Matrix Resurrections, la continuación. Keanu Reeves nos va a regalar 19 saltos desde un edificio de 46 pisos. Junto con Carrie-Anne Moss van a esquivar balas dentro de una piscina. Ahora Morpheus es Abdul-Mateen II. Veremos si también será un aprendizaje de autodescubrimiento, crecimiento y encuentro de mi propio camino.

Agradecer y amar


Hoy respiro y siento gratitud. He pensado que considero que mi situación es mejor que la de los demás, hay otros que sufren más, y me ha parecido triste y lamentable pensarlo. ¿Cómo voy a sufrir menos porque otro sufra más? Yo agradezco que desaparezca todo motivo de sufrimiento para todos.

En el amor no hay comparación posible.

Agradezco poder levantarme por la mañana y sentir el aire frio en mi cara.

Agradezco que existan las personas que me acompañan cada día.

Gracias por sentir que lo tengo todo.

Gracias por cada lección que recibo y por poder seguir aprendiendo.

Agradezco que me den las gracias.

Agradezco estar vivo y sano

Agradezco por cada detalle que me regala la vida.

Gracias por cada experiencia grandiosa.

Gracias por tener personas tan increíbles en mi vida.

Gracias por sonreír.

Gracias por este momento.

Gracias a la vida que me da tanto.

Gracias por sentir vínculo nutritivo

Agradezco mi capacidad de amar

Mi agradecimiento es completamente sincero

Gracias, muchas gracias, es muy amable de tu parte, realmente lo aprecio, gracias por todo, estoy muy agradecido, no puedo agradecer lo suficiente, no puedo expresar mi agradecimiento, eres un ángel, eres el/la mejor, tienes mi gratitud, me alegraste el día, me salvaste el día…

lunes, 13 de diciembre de 2021

Ubuntu y la libertad

Te lo dedico a ti, que eres mi musa, mi libertad, mi Ubuntu.

Hoy no sé si hacer una cosa o hacer otra. ¿Llevo el paraguas o salgo de casa sin él? En mi creencia, hay una diferenciación, un conflicto, la necesidad de decidir, son cosas separadas y no pueden coexistir a la vez. Me siento libre para elegir, pero frustrado por no ser capaz de elegir. ¿Por qué siento este conflicto de libertad? ¿Por qué me siento limitado? ¿Por qué disfruto del sentimiento de la libertad?

Ubuntu es una de las bases éticas de la cultura sudafricana. Se refiere a la definición de grupo, de colaboración, de la lealtad y de la manera de relacionarse. Surge del dicho popular «Umuntu, nigumuntu, nagumuntu» que en zulú significa «una persona es una persona a causa de los demás».

Se cuenta que un antropólogo propuso un juego a niños de una tribu africana. Colocó una cesta llena de frutas junto a un árbol y propuso a los niños que el primero que llegara a la cesta, ganaría toda la fruta. Dio la señal para que corrieran y todos y cada uno de los niños se tomaron de las manos para correr unidos, y después disfrutar el premio.

Cuando el antropólogo sugirió que uno de ellos podría haber sido el único ganador de la fruta, le respondieron: ¡Ubuntu! ¿Cómo uno de nosotros podría estar contento cuando los demás están tristes?

Ubuntu es más que solidaridad con el mundo, es sentirse parte del mundo, desaparece la idea de "los demás". 

Ubuntu no es incompatible con ser libre. No es cierto que si pienso Ubuntu tenga que dejar mi libertad individual. No es irrebatible que no pueda ser parte de mi valiosa comunidad y a la vez libre. No tengo que abandonar a mi grupo para poder yo expresarme libremente. Los prejuicios y los juicios de los demás no están necesariamente en conflicto con mis propias decisiones de crecimiento. ¡Qué bonito es tener una familia o comunidad donde es posible desarrollarse en libertad! ¡Qué bonito es desarrollarse en libertad y contribuir con ello al desarrollo de la familia o comunidad!

Decía Spinoza que la libertad es llegar a la consciencia de mi destino, entendido como la realidad, lo que no es posible cambiar, aceptarlo y disfrutarlo. Saber lo que en las estrellas está escrito para mí y subirme a su tren. No consiste en poder hacer lo que yo quiera, sino en querer siempre lo yo hago.

Esto rompe la idea de que yo puedo ser libre, hacer lo que me da la gana, y tomar decisiones racionalmente. No puedo hacer lo que quiera en el momento que quiera. Imploro por mi libre albedrío. Yo querría ser libre, pero no existe la posibilidad.

Y cada día un poco menos. Dos siglos después, Darwin nos quitó otra parte de ese libre albedrío, escribió que el hombre no es un ser especial, cualitativamente diferente de los animales. Y si no soy especial, soy solo el fruto de nuestro instinto y nuestra naturaleza.

Otro siglo después, Freud nos quitó otra parte más del libre albedrío. En su experiencia como psiquiatra, observó que mucha de nuestra decisión viene del inconsciente, que de alguna forma nos determina, y no viene de nuestras preferencias o nuestros gustos.

¿Somos libres? ¿O un simple producto de nuestra herencia genética, experiencia y educación, además de nuestra sombra del inconsciente? ¿No será que, cada vez que decidimos, lo hacemos porque hemos heredado un ADN, o porque tuvimos un trauma en el pasado, o porque nos educaron a comportarnos así o al revés? En este caso, no es mi entorno social y cultural el que me constriñe y anula mi libertad, sino que es muy difícil reinventarme a mí mismo porque desde dentro se me impide, es mi interior el que me pone bloqueos en el camino.

Libertad es una palabra muy bonita, es una palabra talismán, vacía de contenido real, y muy manida cultural y políticamente. Sin embargo, una de las patas críticas de la existencia humana, no puedo vivir sin ella. Hay que dotarla de contenido desde la vida personal de cada uno, solo así sirve para ofrecer la motivación necesaria para levantarse por las mañanas de la cama.

Desde la neurología, sabemos que tenemos una zona del cerebro que llamamos córtex prefrontal, donde tiene lugar la actividad de la mente consciente. Ese córtex prefrontal tiene a la conciencia por un mérito propio, nos la ganamos, la construimos a propósito, es nuestra creación. Eso parece, pero no es así, la consciencia es en realidad solo un medio auxiliar. La conducta la controla el sistema límbico, otra geografía del cerebro. Según la ciencia, tomamos las decisiones en el diencéfalo, esa zona geográfica donde moran las emociones, el enfado, el miedo, el asco, la alegría y la tristeza. Y también la confianza, el interés, la culpa, el orgullo, la complacencia y otras.

Todo esto yo lo resumo así: la libertad sí existe, pero eso no significa hacer lo que yo quiera y tomar decisiones sin limitación alguna, sin fronteras. La libertad es algo que yo puedo sentir, un mensaje que recibo desde mi estómago, un idioma, una forma de existir.

La libertad es liberación. Creo que existen todas esas constricciones de la experiencia y la educación, y de verdad son piedras en el camino, que, sin embargo, con la debida metodología, es posible eliminar esas lápidas, desvanecerlas de nuestras vidas. Crecer como personas significa pacientemente ir apartando todos esos obstáculos, hasta conquistar la libertad.

Me fascina ir detectando y apartando piedras dentro de mí, y sentir la cantidad de límites que, sin querer y sin saber, le he impuesto a mi percepción. Es impresionante toda la belleza que puedo ver cuando desaparece la niebla y puedo sentir los rayos del Sol en mi piel.

El primer paso hacia la libertad, según esta metodología, comprende separar nuestras creencias falsas de las verdaderas, etiquetar cada creencia en dos tipos. Yo creo que no soy suficiente. Yo creo que me puedo quedar solo. Yo creo que una persona me está atacando. Yo creo que fui abandonado emocionalmente por mis padres. Yo creo que en el trabajo está la salvación. Yo creo que comprar me da la felicidad y poseer tal objeto me libera de mi escasez respecto de algo. Las creencias falsas son piedras en mi camino. Ahí, la mente, de forma natural, repudiará las falsas, que dejarán de existir, se desvanecerán como si nada hubiera existido nunca.

También son piedras mis propios juicios. ¿Cómo evitar hacer juicios? Yo no me siento libre, mis juicios me aprisionan. Soy el carcelero que está más aprisionado que su preso, pues tiene que cuidar de él para que no escape. Si dejase de hacer juicios, dejaría de condenar a los demás y al mundo, liberaría a mi preso y me liberaría yo.

Me siento aprisionado por mis culpas, he oído muchas veces que soy culpable del sufrimiento de otras personas. Esas culpas me inducen miedo al abandono, siento que voy a dejar de ser aceptado y ser parte de una comunidad. Necesito limpiarme de ellas.

Así, juez y culpable, no puedo evitar sentirme más seguro repitiendo en el futuro lo que ya me ha pasado en el pasado. Virgencita, virgencita, que me quede como estoy. Más vale pasado en mano que cientos de presentes volando. Siento aprisionamiento. ¿Dónde está mi libre albedrío? Me siento como un toro al que empujan por un estrecho pasillo hacia su muerte, lenta, pero sin remisión.

Menos mal que hay más que esto. Yo, lo más seductor que he experimentado es el existencialismo de Sartre, él veía la más pura libertad. Para él, la vida es un proyecto, con principio, fin, objetivos y desarrollo. Igual que un artista proyecta su obra de arte, yo puedo esculpir mi vida con mi cincel.

Sartre presupone que el hombre puede controlar sus instintos, costumbres, deseos, ideas y las reacciones que le fueron inculcadas en su infancia. Solo necesita mucho método y algo de fuerza de voluntad, y puede construirse a sí mismo. La libertad es autodeterminación, y la autodeterminación es buena.

La autodeterminación o autorrealización es la capacidad de esculpirme a mí mismo. Es un bien tan importante que para la mayoría de las personas una felicidad determinada por otros no resulta una idea seductora. Cada cual debe crear y trabajar su propia felicidad. Si es regalada, pierde su valor. ¿Qué importancia tiene ganar si uno no puede perder?

Sartre hablaba de la libertad de las probabilidades. Es probable que podamos tener vidas diferentes, paralelas a las que ahora tenemos. Existe una salida a través de la claraboya. Existe el libre albedrío y la libertad. Yo creo que verlo así es posible, es sublime, aún sin negar la limitación por parte de nuestra herencia genética, experiencia y educación. Así, la libertad no es un sueño, una intelequia, una frustración, que no nos hace felices, sino que es eliminar el miedo y comenzar a volar.

Querer algo diferente puede ser oponerme a las leyes de la realidad, a lo que es real y es así porque sí. Esto viola mi libertad. Prefiero conducirme firmemente por la senda de la libertad, aprendiendo cómo descartar o mirar más allá de todo lo que me impediría seguir adelante, y haciéndolo de la mano de mi Maestro Interior.

No es fácil diferenciar aprisionamiento y libertad. La realidad nunca me va a fallar, porque es lo que es. La realidad no puede concebirse sin mí porque no es su voluntad estar sin mí. Mis sueños y mis falsas ilusiones sí acaban en frustración y sufrimiento. Forzar a que las cosas sean de otra manera es solo frustración, como el bambú cuando cambia de forma en el viento y vuelve a su forma cuando cesa el viento.

¿Qué es la libertad? Es sentir paz y dicha al reconocer lo que la realidad dispone para mí. Si experimento miedo y dolor, es que estoy tratando de cambiar lo que no puede ser de otra forma.

Esto puede sonar muy tétrico, a Edad Media, pero tiene excepciones. Hay un aspecto que tiene forma de realidad eternamente inmutable, que sí tiene carácter de realidad inviolable, y que intentar cambiar no genera sino sufrimiento. ¿Dónde está mi capacidad de cambiar? Puedo cambiar ese pequeño “nitty gritty” que compone la vida mundana del día a día, puedo hacerlo porque en definitiva no está más que en mi mente.

Las leyes me gobiernan porque gobiernan todo. No puedo excluirme, si bien puedo obedecer. Por ejemplo, no puedo mantener la ilusión de estar solo si estoy acompañado. En algún momento me daré cuenta de que el Universo es uno y único, y “estar solo” no tiene sentido. La Verdad manda, y mejor reconocerla y aceptarla.

La libertad necesita ser ejercida sin sacrificio ni sumisión, pero con la alegría de espíritu. Cuando me sacrifico por otra persona o meta, muchas veces lo hago de forma que genero un reproche y acabo esperando algo de vuelta. No puedo esperar nada a cambio, debe ser la generosidad pura. Si no es libre y con alegría, es mejor no hacerlo.

La libertad está en mí, pero sobre todo en los demás. Es a través de los demás que yo encuentro mi propia libertad, entendido de la siguiente forma. Crecer significa discriminar nuestras creencias, separar las falso de las verdaderas, es decir, la culpabilidad de la inocencia. Entonces, si en un caso, yo no veo inocencia en otro ser humano, es porque veo su pasado, no le veo a él, pues en el instante todos somos puramente inocentes. Es decir, le condeno, y al tiempo le estoy diciendo: "Yo que soy culpable, elijo seguir siéndolo".

Así, niego su libertad, y al hacer eso, he negado el testigo de la mía. Con igual facilidad podría haberlo liberado de su pasado y haber eliminado de su mente la nube de culpa que lo encadena a él. En su libertad habría encontrado la mía. El “te perdono” me genera a mí mi libertad. Creer en mí es tener confianza en el otro.

El segundo paso en el camino de la libertad es la liberación del pasado, igual que el primer paso comprende separar nuestras creencias falsas de las verdaderas. En el pasado hay culpa, y en el presente hay inocencia. La liberación del pasado, y por tanto, la ausencia de culpa es invulnerabilidad.

Es inevitable relacionar libertad y culpa como las dos asas del mismo concepto. Sobre todo en una sociedad como la nuestra donde la culpa está omnipresente y es socialmente bueno promover y generar culpa. Curiosamente, en oriente también está impregnada su cultura de culpabilidad, pero sus religiones tienen por objeto minimizarla, desvanecerla de las personas.

Mi liberación de la creencia de que algo puede hacerme daño, demuestra que los demás son inocentes, ellos no pueden hacer nada que me haga daño, y al no dejarles pensar que pueden, les enseño que la salvación, que he aceptado para mí mismo, es también suya. No hay nada que perdonar.

La libertad refulge cuando, libre de pasado, vivo el presente. En el instante santo me veo resplandeciendo con el fulgor de la libertad. Es decir, no necesita mucho tiempo el camino hacia la libertad, meramente un instante. Un momento sin pensamientos de pasado ni de futuro, en plena atención a lo que los sentidos me están diciendo ahora. Sin miedo.

El tercer paso da lugar al himno de la libertad que se escucha en todas partes. En la libertad, tengo la sensación de ser transportado más allá de mí mismo. He escapado realmente de toda limitación. Es una súbita pérdida de la conciencia corporal, y una experiencia de unión con otra cosa en la que mi mente se expande para abarcarla.

Esa otra cosa pasa a formar parte de mí al unirme a ella. Y tanto yo como ella nos completamos. Lo que realmente sucede es que he renunciado a la ilusión de una conciencia limitada. El amor, que instantáneamente reemplaza a ese miedo, se extiende. La paz es no cuestionar la realidad, sino simplemente aceptarla.

En estos instantes en que me libero de toda restricción física, experimento mucho de lo que sucede en el instante santo: un levantamiento de las barreras del tiempo y del espacio, una súbita experiencia de paz y alegría. Mas por encima de todo, pierdo toda conciencia del cuerpo y dejo de dudar acerca de si todo esto es posible o no.

En este lugar de refugio puedo ser yo mismo en paz, simplemente mediante una serena fusión.

Quiero sentir esta libertad,

me sobra mucho corazón.

Quiero sentir el viento paseando por la montaña.

Quiero disfrutar la luz de un día frío de invierno.

Quiero ver levantar las nubes bajas de la mañana de brumas.

Quiero mirar la tierra para no codiciar nada, no envidiar nada.

Quiero ver caballos en libertad con las crines al vuelo,

esos caballos son mis hermanos.

Quiero ver pasar humeante un tropel de potros salvajes.

Quiero observar águilas de esplendidos plumajes,

trayendo de las cumbres magníficas visiones,

con el sereno vuelo de las inspiraciones.

Quiero oler la fragancia de la resina del pino de Peguerinos.

Quiero abrazar a esos árboles casi centenarios.

Quiero escuchar mis pisadas sobre el suelo.

Quiero sentirme el orfebre del instante

al Sol que nunca juzga los motivos terrenales.

Quiero ver en la noche lo infinito que me queda por aprender.

Y quiero hacerlo de tu mano, amor,

vigilando tu sonrisa,

buscando a ciegas tus contornos,

soñando fundirme en tu piel deshabitada.

Solo quien te ha besado sabe que es inmortal.

¿Quién es el ser humano más libre de la tierra?

lunes, 6 de diciembre de 2021

La culpa es una bola azul



Hoy he pasado un día muy bonito con personas muy bonitas. Todo paz y harmonía. Y, sin embargo, algo duele en la zona del tuétano, es un dolor que se muestra en forma de crisis de ansiedad, que me lleva a comer sin tener hambre. 

Cuando lo analizo en detenimiento, se llama "culpa". Me siento culpable por ser feliz, por no hacer propiamente el duelo de personas que se van, es decir, me siento culpable por no sufrir. Me siento culpable por sentir paz y dicha.

Antes la culpa no existía, todo estaba bien, pero ahora empiezo a hacerme sensible a ella, la visualizo. No es mía, es herencia de una sociedad en la que vivo y que promueve el sentimiento de culpa, el miedo asociado y la necesidad de expiarlo. En esta cultura, la Expiación nos lleva a flagelarnos la espalda durante las fiestas de semana santa, y a entonar un credo de “por mi culpa, por mi gran culpa”.

Visualizo una red de personas interconectadas. Cada una tiene su momento de felicidad, pero en seguida recibe una bola azul de una conexión personal cercana. Esa bola con luz azul está muy caliente y quema. Por eso, el momento de felicidad se convierte en dolor y sufrimiento. 

Tanto duele que la persona siente profundamente la necesidad de lanzar la pelota a otra persona que esté en su red. Lo hace rápida e inconscientemente para no sentir arder sus manos, sin dedicar tiempo a pensar y decidir conscientemente, en modo de pura supervivencia.

Lanzando la pelota azul al próximo, parece que momentáneamente desaparece la quemadura y el dolor, ojalá, sin embargo, no se ha desprendido de ella, la pelota sigue estando en sus manos.

Las películas japonesas representan esto muy bien, pintan con precisión los ataques lanzando bolas de energía.


En psicoanálisis, hablamos de proyección. Proyectar la culpa propia hacia los demás parece que nos va a vaciar de culpa, pero no lo hace. No nos libera.

Solo nos libera la meditación. Observar cómo queman las manos, mirar con amor a esa bola azul, como si fuera un regalo de los Reyes Magos en Enero, y dejar que se diluya, que se desvanezca poco a poco. 

Los grilletes solamente se sueltan, soy la libertad, cuando me hago consciente de que la bola no existía, era una pura construcción mía. Había yo mismo construido algo, había creído que era real, y sufría por ello. ¡Qué juego más absurdo!

Calderón de la Barca decía que la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Soñamos con la pelota, soñamos que nos quemamos, solo queda despertar de ese sueño, y mirar las manos limpias, con llagas, sin el obstáculo, la bola azul.

Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte, ¡desdicha fuerte!

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.

 

Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Ahora que he aprendido, veo un juego interminable de pelotas en movimiento, y personas que no se dan cuenta de ello. Se lo digo, les apoyo en el proceso de comenzar a visualidad las bolas azules. 

Soy inocente. El camino hacia la paz está lleno de obstáculos, y, de éstos, el más difícil es la culpa. Su apariencia impenetrable, su ser de piedra, es una quimera, parece una montaña que se puede escalar para desde la altura ver mejor el sol, pero no es capaz ni siquiera de sostener una pluma. Cuando trato de tocarla, desaparece, trato de asirla y mis manos están vacías.

Es una nube que parece un mundo entero, una cuidad, un lago, una pradera, con pruebas sensibles de realidad, pero todo es imaginación. Cuando miro con detalle, lo que parecía amoroso se vuelve grotesco.

Yo lo construyo, y al ser mi construcción, me siento orgulloso y me creo que existe. Protejo mi culpa porque es mi bebé. Sufrir por no hacer el duelo puede parecer una prueba de amor, ¡qué orgulloso estoy de sufrir por amor! Voy a latigarme un poco más.

La nube de la culpa no es sólida ni impenetrable, hay un momento en que se desvanece y hay sol detrás. La culpa se encuentra con el perdón. Esa brillantez que veo es lo real. Soy inocente. Ya no está el pensamiento ni el dolor.

Al final de este viaje está la pradera soleada, con vida animal inocente, una vaca pariendo al sol, a su ritmo, en soledad, un toro montando una vaca, una casa de piedra entre pinos y sin cobertura … el instante eterno, el hogar, la paz.