Intro
La vivienda en
Madrid ha caído en precio un 15%. Netflix, Amazon y otras compañías en los
últimos meses han visto desarrollos brutales, creciendo a triple dígito. El 60%
de las empresas ya tienen una mayoría de trabajadores en online. Encontramos
problemas de desabastecimiento en la cadena de suministro de casi todos los
sectores productivos, Apple iPad, camiones…
Mientras tanto,
aparece la solidaridad de no solo médicos y personal sanitario, sino donantes
de contenidos, desde los Ballets del Bolshoi a muchos museos de arte.
El legado del
coronavirus es una visión diferente e innovadora de nuestra sociedad, economía
y medioambiente como bien común, y vemos ahora una legión de interés e
investigación por estos modelos de negocio. Es la década del altruismo y la
cooperación como formas alternativas de mercado.
https://soundcloud.com/manuelescwa/economia-compartida-bien-comun
La economía compartida y el bien común
Esta década se
explica por modelos de negocio como Airbnb, Car2go y Zilok. En estos modelos,
la propiedad privada sigue existiendo pero el uso ya no es privativo de la
propiedad sino de múltiples y sucesivos usuarios, y esto es posible gracias a
la capacidad de Internet de generar mercados de costes de transacción bajos y
accesos altos. Decimos que el gran bien común del siglo es Internet.
Compartición y
cooperación. Esta clase viene motivada por otro Premio Nobel, esta vez de
Economía en 2009, por cierto, el primero otorgado a una mujer, la
estadounidense Elinor Ostrom. Ostrom desafía la creencia anterior de que la
propiedad común es gestionada de manera pobre y debería ser regulada por el
Gobierno y privatizada. Analiza prados en ganadería, pesca, bosques y lagos, y concluye que los resultados en la gestión
cooperativa de los mismos son mejores de lo previsto. Frecuentemente desarrollan
sofisticados mecanismos de toma de decisiones y regulación para manejar el
conflicto, que los convierte en exitosos.
Entender el open
source software y el fenómeno Wikipedia es esencial para entender el siglo XXI.
En la sociedad del individualismo y el materialismo hay también toda una serie
de elementos como el espectro de radio, los espacios urbanos o el genoma humano
que son de todos. Como la pesca, la tierra y el agua, nadie los posee pero son
compartidos por todos.
David Bollier (*)
relata que en Hyderabad, India, una comunidad de mujeres vivían como
trabajadoras mal pagadas en una fábrica, hasta que se han liberado y convertido
en agricultoras, vendiendo semillas de colores. Son 5000 mujeres dedicadas a
cultivar semillas tradicionales, sin modificación genética. Además, vienen de
la casta dalit, una de las más pobres y de más bajo nivel social. Supone un
trabajo de recuperación de conocimiento popular, al contrario de las habituales
políticas gubernamentales de transferencia de tecnología.
Un bien común
necesita un recurso, una comunidad y un conjunto de protocolos sociales. Lo que
caracteriza este proyecto no solo es el conocimiento de un recurso común y una
política de uso colectivo sino además con enfoque a lo equitativo, acceso
universal y sostenibilidad. Son además rentables, es decir, rompen el mito de
que la única forma de gobernanza rentable es el mercado.
Es exitoso porque
hay amor hacia el recurso y porque las relaciones entre las personas son lo que
importa. Uno de los proyectos históricos de éxito es Linux. En 1991, Linus
Torvalds, con 21 años, finlandés, decidió diseñar un sistema operativo
completo. Un reto de esta magnitud parece solo conseguible por una gran
multinacional con un plan de negocio de mercado, sin embargo, un esfuerzo
colectivo de cientos de programadores sin ánimo de lucro voluntarios hizo
posible uno de los sistemas operativos mejores de la historia de la
computación.
Hoy son posibles
proyectos de crowdfunding, fundraising, el Global Village Construction Set
(equipos de granja siguiendo el modelo Linux)… No es fácil encontrar qué tienen
en común en términos de lecciones aprendidas, qué funciona y qué no, qué es
justo o qué es bueno. Cuál es la mejor forma de regar muchas hectáreas cuando
el recurso agua es escaso? Qué tipo de acceso es justo a un área de pesca? Qué
es justo hacer con vándalos y egoístas, los que tratan de beneficiarse sin
adquirir responsabilidades? Cómo evitar la sobreexplotación de un bosque? … Esta
clase va a intentar llegar a algunas conclusiones.
Por ejemplo, la
comunidad surfista de Hawaii tiene unos protocolos implícitos desarrollados por
las personas, igual que el monte Everest. En tanto que entornos peligrosos,
sería un caos sin ellos. Hay una etiqueta como comportamiento, un código de
violación e incluso un castigo. En el Himalaya, el respeto a la montaña es
compartido por la comunidad. La pregunta es quién es el legítimo “servant”, el
Estado o los montañeros? Cuál es el medio más eficaz para su protección? Un
bien común es un entendimiento compartido sobre los derechos de uso de un bien
compartido.
Desde la óptica
del Estado, la solución es constituir un cuerpo de policía que asegure el
cumplimiento de las reglas, y esto es más caro y menos eficaz que la
imaginación y el compromiso de los practicantes que de forma informal gobiernan
el recurso.
Es más, en la
cooperación, se convierte en hábito la negociación explícita del recurso, y la
costumbre se convierte en ley vernácula, es decir, un order efectivo y una
legitimación moral en sí. Por ejemplo, esperar una cola o la etiqueta en la
mesa que dicta no servirse la última porción, son constumbres ya
interiorizadas.
El bien común
viene asociado a un cuerpo de valores éticos representados por la participación,
la transparencia, la justicia, el acceso para uso personal… pero sobre todo la
adaptación, es un ser vivo que depende de las contingencias locales, y que
varía según el ecosistema, la economía y la historia cultural.
El conocido mito
de la tragedia de los bienes comunes (o dilema del prado) viene de una posible
mala gestión del recurso. Garret Hardin en Science, 1968, imaginaba un pasto,
una pradera verde. Si todos los ganaderos llenan la pradera lo más posible con
su ganado, llega un día en que se rebasa la capacidad. La pregunta es cuál es
la utilidad marginal de introducir un animal más? Si cada uno de los ganaderos
ven el problema desde la racionalidad, no encuentran el límite, se rebasa la
capacidad y acaba en tragedia. Como el recurso es limitado, es la ruina. Es
decir, la libertad de uso de un bien común trae la ruina para todos.
La imposibilidad
de la acción colectiva, en tanto que mito, queda implantado en el inconsciente
de todo estudiante de economía. Bien común es sinónimo de caos, ruina y
fracaso.
Para entender el
mito, es necesario diferenciar un régimen de acceso libre y abierto para todos,
de un sistema informal de límites, reglas, normas sociales y sanciones al “free
rider”, al beneficiario gratuito, al parásito, al polizón, al oportunista
egoísta e insolidario. El bien común necesita una comunidad que actúe como
sirviente (“servant”) del recurso.
Hay multitud de
juegos y argumentos para promover la eficacia de los mercados y demostrar el
mito de la tragedia del bien común.
Por ejemplo, el
dilema del prisionero estudia el comportamiento de individuos racionales para
con los dilemas sociales. Debería el prisionero cooperar con otros o debería
hacer un uso ilimitado del recurso? Concluye que el éxito mayor viene de
equilibrar una acción colaborativa y competitiva cuando se juega un numero
grande de veces. Pero es un juego y por tanto aislado de su sociedad, historia
y cultura. En el juego no hay comunicación ni confianza entre los jugadores.
Por eso no nos lleva a conclusiones reales a la hora de diseñar la gestión de
un bien común.
Ostrom dedicó su
investigación a entrevistar cooperativas reales. Preguntaba por qué mecanismo
se establecía el límite de cantidad de pesca? O cómo lidiaban con situaciones
de parasitismo oportunista. Cómo resuelve la comunidad los problemas de acción
colectiva?
Qué variables
facilitan el diseño de la auto-organización? Hacen esa auto-organización
sostenible en el tiempo? Qué problemas no se resuelven y es necesario la
intervención externa?
En Europa hemos
sabido desde hace un milenio gestionar nuestras montañas, nuestros bosques y
nuestro agua. El regadío compartido en el sur de España es una tradición,
habiendo sobrevivido crisis y años de sequía. Reglas como que solo se puede
pescar peces de un tamaño, recoger fruta después de una fecha o utilizar leña
caída del bosque se han desarrollado durante siglos. El bien común global (el
mar o la atmósfera) y digital sigue las mismas pautas, aunque por ejemplo
Internet se considera un bien reproducible a prácticamente coste cero, y por lo
tanto el problema del parasito es menos importante.
El mercado está
siempre tentado de ejecutar el confinamiento de los bienes comunes. Por
ejemplo, el agua potable podría ser un servicio público por parte de los
gobiernos, pero no faltan inversores comprando yacimientos acuíferos ni
gobiernos privatizando la gestión del agua municipal. Por ejemplo, Warner tiene
el copyright de la canción “cumpleaños feliz”.
El ciberespacio
tiene solo tres décadas de historia, pero es un espacio ideal para innovadores
e idealistas. Sorprendentemente demuestra capacidad enorme para promover la
compartición y la cooperación social. Como si fuera combustión espontánea,
nuevas especies de producción creativa crecen constantemente que no son basadas
en mercados ni controladas por los gobiernos.
La primera
revelación de este bien común digital online es el software de código abierto
como Perl, Sendmail, Apache o Linux. Después viene la blogosfera, las redes
sociales y Wikipedia, una especie de república digital en sí misma. Cada día
aumenta el contenido educacional libre abierto de libros de texto y materiales
de cursos.
Mucho de esto es
posible gracias a las licencias Creative Commons. Invierten la idea tradicional
de control estricto de uso a autorización legal de compartición. Es posible
crear contenidos que pueden ser compartidos libremente salvo para apropiación
privada o comercialización.
Por ejemplo, en
2012, Harvard University declaró públicamente su consejo a los profesores de no
publicar en journals que requerían acceso de pago. La espiral de viralidad que
empezó con el software abierto y las licencias CC sigue expandiéndose a
sectores como el diseño de ropa, muebles e incluso automóviles. Arduino permite
la customización abierta de placas de computación para los usos más
innovadores. Wikispeed tiene por objeto diseñar un coche de carreras modular y
sostenible. Crisis Commons organiza voluntarios en respuesta a desastres
naturales. Por ejemplo, la ciudad de Linz, Austria, se ha comprometido al uso
de Software Abierto y licencias CC en todos los sectores.
Hoy vemos
fermento de innovación alrededor del bien común como un nuevo paradigma de
desarrollo. Puede resultar la nueva visión del desarrollo humano. De alguna
forma rompe el gap entre medioambiente y nuestras políticas socioeconómicas
humanas, y nos alinea con el flujo de nuestro entorno, nos hace sostenibles,
nos hace regenerativos.
(*) Think like a commoner
Esperanzador
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