sábado, 29 de agosto de 2020

Valores, globalización y tecnología

Decía Kant que de poco sirve el conocimiento si no va asociado a una escala de valores. Cuando hablamos de tecnología, de sociedad o de relaciones internacionales, siempre hay algo en común: una prescripción de lo que el mundo debería ser y de las conductas que son más correctas. Del ser al deber ser. Esto supone que las personas trasciendan sus propios intereses y puedan ver más lejos. Existen los Derechos Humanos Universales? Cuándo es el uso de la fuerza legítimo?

Cuando nos ponemos el rol de empiricistas, tratamos de ver la realidad tal como es, y hacemos un gran esfuerzo por eliminar los valores asociados, que actuán como un sesgo, como un bias, como un velo que nos esconde parte de la realidad. Sin embargo, desde el constructivismo o la teoría crítica, los valores son el centro de los fenómenos.

La toma de decisiones es el centro de la actuación humana. Las decisiones no solo vienen de conocer profundamente la realidad y por tanto se toman informadas, sino porque conducen al deber ser. Hoy las decisiones son en esencia global, además de nacional y comunitario.

No existe tal cosa como una escala de valores única y compartida. Más bien, vivimos en un mundo de pluralismo de valores. Esto no quiere decir que no sea posible una base crítica por ejemplo al abuso de los Derechos Humanos. Esta base incuestionable viene ya históricamente de lejos, de la ética aristotélica basada en la virtud, los estoicos, el Jus Naturale, el Jus Gentium, el imperativo moral kantiano e incluso el contrato social.

No hay que confundir el respeto a las minorías y la apertura de mente necesaria para entender al prójimo y sentir en sus zapatos, con la imposibilidad de valores comunes. El relativismo moral sostiene que no es fácil encontrar ese común denominador que establezca una base sólida para la crítica.

Las religiones también han contribuido a proporcionar universalidad, por ejemplo, en la dignidad humana, la justicia o la equidad. La falta de consenso teológico no debería prevenirnos de ver las contribuciones que las religiones han hecho al mundo actual.

Según la visión estoica, todos somos parte de una comunidad humana independiente de la diversidad de las culturas. El imperio romano se construyó mucho sobre estas bases y la influencia de Séneca o Marco Aurelio. Es el Jus Gentium.

San Agustín y Santo Tomás de Aquino han contribuido a portar esas ideas a nuestro siglo XXI. Hobbes, Locke y Kant continuaron ese esfuerzo en los siglos XVII y XVIII. Para Kant, las dos grandes fuerzas son el cielo estrellado sobre nosotros y la ley moral interior.

De ahí vienen las cuatro fuentes del Derecho Internacional, la Ley Natural o Principios Generales, la Costumbre y Práctica (“Customary international practice”), la jurisprudencia y las Convenciones y Tratados voluntariamente aceptados.

Para Kant, la conducta moral es cognoscible, es posible conocerla a través de las capacidades limitadas del ser humano. El Imperativo Categórico Kantiano no limita la libertad del que toma la decisión, el comportamiento individual no está predeterminado, pero establece una obligación a observar la ley moral. Actúa según la máxima de convertir tus actos en ley universal. Trata a la humanidad y a tu persona como un fin en sí mismo, nunca como un medio.

En el siglo XIX, John Stuart Mill y la corriente utilitarista establecía el objetivo de las decisiones como maximizar el grado de satisfacción para la mayor cantidad de personas posibles. El contrato social supone que los individuos pueden acordar obligarse a sí mismos a unos principios específicos.

Para Thomas Hobbes, el humano como cazador en la naturaleza responde únicamente a principios de auto-interés. El rol de la autoridad soberana es promover la colaboración y los contratos, es la única forma de orden y seguridad.

Esto presenta algunos  dilemas habituales. Qué hacer cuando la distribución desigual de la riqueza maximiza el beneficio para la comunidad? Según John Rawls, la libertad, la oportunidad y el autorespeto deben ser distribuidas por igual en la sociedad, excepto si una desigual distribución de estos valores actúa como ventaja para todos.

Por ejemplo, es la guerra siempre algo a evitar o es a veces justificado? Puede legitimarse una acción violenta en defensa propia? Debe utilizarse solamente como último recurso? Puede en ciertos casos justificarse la muerte y la destrucción?

En el año 1948 se ratificó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas.

El hecho de que seis de sus treinta artículos tenga contenido socio-económico-cultural es la justificación para la expansión de la Organización de las Naciones Unidas, tratados y acuerdos.

Algunas veces las necesidades de los individuos en derechos humanos e intervenciones humanitarias basadas en Tratado son diferentes de las entendidas por la soberanía Estatal. A veces un Estado reclama un derecho bajo Ley Internacional en su jurisdicción sobre los individuos en su territorio, pero los promotores de derechos humanos ven bases legales y morales para la acción en contra. Por ejemplo, Naciones Unidas podría intervenir según los artículos 34, 41 y 42 del Charter.

 

2 comentarios:

  1. Interesantísimo toda la entrada. Esta claro que sin valores no se puede construir nada. Si precindimos de ellos y de las guías que nos proporcionan, lo que se construye no vale, es efímero. La frase kantiana siempre me pareció impecable. El cielo y las estrellas y la ley moral que hay dentro de cada uno de nosotros. Hay que la para vivir con ella.si no te separas nunca puedes incluso ser feliz

    ResponderEliminar
  2. Hay que encontrarla para vivir con ella. Sin dictados, sin exigencias, simplemente coexistencia amable

    ResponderEliminar