Durante la década
del 2000 nos preocupaba mucho la brecha digital. La diferencia de implantación
de las tecnologías entre desarrollados y menos desarrollados del planeta era
muy grande, entre regiones, países y a nivel nacional. Aunque esta falta de igualdades no se ha
resuelto, la imagen ha cambiado, ahora los costes cada vez menores de las
tecnologías de la información y la comunicación (ICTs) están llevando a la
descentralización y la distribución masiva.
En la década del
2020 tenemos que plantearnos otra serie de preguntas de supervivencia (*):
- ·
Es el
Estado responsable proveedor de la seguridad en el ciberespacio para sus
ciudadanos?
- ·
La
aparición de estados virtuales y de economía en red implica un declive en la
violencia entre Estados?
- ·
En
este caso, deja de ser importante el concepto de seguridad?
- ·
Podemos
ser optimistas y pensar que va a seguir creciendo la zona de paz internacional
en el mundo?
- ·
Es
cierto que la sociedad de la información da más relevancia a las firmas
internacionales, a los grupos de interés, a los movimientos sociales, a las
redes transnacionales y a los individuos?
- ·
Tenía
razón Castells cuando preveía que estos actores no estatales podrían cubrir la
necesidad de seguridad?
Tradicionalmente
se entiende por seguridad nacional la ausencia de amenazas a los valores
fundamentales de una sociedad. La
disciplina de las Relaciones Internacionales puede en casos decir algo al respecto, por ejemplo, desde el Neorealismo de
Kenneth Waltz o la Teoría de Interdependencia Compleja de Keohane y Nye.
El sociólogo Manuel Castells es uno de los primeros profetas de la era digital. Para él, la información es un recurso para la productividad en la nueva economía del conocimiento. Ya en los años 90 preveía que los servicios cruciales como la banca, el turismo, el agua y la distribución de energía iban a ofrecerse a través de Internet en el ciberespacio. Era la pérdida de soberanía de los Estados. La cantidad de mensajes, de distribución de reportes entre países es de tal magnitud que los estados pierden la capacidad de monitorizar esa información.
Ya en el siglo XXI aparece la idea optimista de la tecnología como capaz de ofrecer soluciones técnicas a los problemas de la sociedad, además de incorporar el concepto de miedo, como en las películas 2001, odisea en el espacio, war games, terminator, y Matrix.
Podemos entender en
este fenómeno tres posiciones complementarias:
Primero, la
visión tradicionalista o realista, que
desde la perspectiva Estado-céntrica y orientada al Ejército militar, mantiene
que, aunque está aumentando el crimen transnacional y el cambio climático, la
respuesta puede solo venir del Estado.
Según la
perspectiva del realismo, incluso neorrealismo, en relaciones internacionales,
el Estado es la unidad primaria de análisis, siempre racional para satisfacer
las necesidades de sus ciudadanos, basado en los valores fundamentales de poder
y seguridad. La era digital no es entendida como una disrupción que cambie
estos fundamentos, de forma parecida a como se entiende la globalización. Se
entiende como un epifenómeno no central. Desde esta perspectiva, la visión del
mundo es pesimista, anarquía, ausencia de gobierno central y múltiples
intereses. Para los realistas, las tecnologías de la información son una
cuestión puramente económica y no una amenaza.
Segundo, los
liberales y teoría crítica mantienen que nuevos retos y amenazas en la esfera
política, social, económica y medioambiental y la aparición de ONGs y
movimientos sociales llevan a entender la “seguridad humana” (“human security”)
de forma diferente.
Las perspectivas
liberales y neoliberales asumen un pluralismo de actores internacionales, y
sostienen la necesidad de instituciones internacionales que establezcan, sin
obligar, reglas de comportamiento para los Estados. Estas instituciones
contemplan una serie amplia de campos, yendo más allá del simple comportamiento
hobbesiano de supervivencia en un entorno anárquico. Comunidades virtuales, blogs,
foros y contenido audiovisuales tienen aquí una relevancia extrema. Aunque
estas redes no retan el rol fundamental del Estado, tienen un efecto más sutil,
dejan la soberanía relegada a la integridad territorial.
Desde la óptica
de Naciones Unidas, el neoliberalismo neokantiano enfatiza lo positivo de la
interdependencia y la interconectividad, por ejemplo el comercio o el turismo,
frente a los riesgos y vulnerabilidades de la sociedad de la información. La tecnología es un vehículo de ilustración y
cambio pacífico.
Los retos de la
era digital son mejor entendidos por Nye y Keohane y su teoría de la
interdependencia compleja. Para ellos, aunque el impacto de la revolución de la
información y el coste de la interdependencia se mide económicamente, los
poderes en la era digital son suaves, es decir, es posible obtener lo que uno
desea mediante la atracción más que a través de la coerción y la compra
monetaria. El poder suave que aparece en el mundo digital emana de la cultura
del país y las ideas políticas. Según
Nye, los poderes suaves descansan en la habilidad de construir las preferencias
de los demás, especialmente cuando las redes de comunicación globales
trascienden las fronteras de la soberanía.
Tercero, hay otras perspectivas, como la constructivista, interpretativa, post-estructuralista, o postmoderna que se diferencian de realistas y liberales. Ya no creen en la racionalidad como método epistemológico ni en interacciones basadas en el interés. Asumen el valor central de la interpretación y la distorsión de la realidad social en la era de la información, es decir, hay identidades, intereses, normas e instituciones que son construidos socialmente, en el sentido de Berger y Luckman. Es una realidad viva y cambiante.
Cada uno de los
actores desarrolla normas y creencias de lo que está bien y está mal, crea
identidades que separa el “nosotros” del “ellos”, y forma intereses asociados.
Todo esto es muy dinámico, porque un cambio de creencias lleva a un cambio de
intereses. Según Adler, no siempre es posible llegar a una teoría universal,
sino a veces solo a generalizaciones condicionales.
La seguridad en
la era digital viene entonces definida por amenazas de identidad y culturales.
La amenaza se entiende en un sentido amplio, tanto en términos de ataque a una
infraestructura, como un “bug”, fallo técnico, un colapso funcional o el famoso
problema del año 2000.
La Escuela de
Copenhague introduce otras amenazas relacionadas con el lenguaje político en la
formalización de agendas y relaciones políticas, a veces legitimando medidas
como el secreto, uso de la fuerza o invasión de la privacidad.
El análisis
constructivista en el mundo virtual enfatiza imágenes y símbolos, y no
solamente cables y ordenadores. La guerra digital, como en los juegos de
ordenador, transciende fronteras y
distancias geográficas, y por tanto la virtualidad cambia la percepción y
comportamiento de la guerra. En el terreno práctico, esto supone tener que
tomar decisiones en un entorno de cambios que estamos todavía intentando
entender.
Quedan muchas
preguntas sin contestar desde la disciplina de las Relaciones Internacionales:
- Cuál
es el impacto de la revolución de la información en la seguridad de los
individuos?
- Qué
es la política de las amenazas en la era digital?
- Cómo responden los gobiernos y las organizaciones internacionales?
- Cómo
impacta en la confianza en actividades públicas y privadas online?
- Cómo
puede regularse a nivel internacional el flujo de datos?
- Cuál
es el impacto de Blockchain, Inteligencia Artificial y Big Data?
Debatiremos todas ellas.

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