domingo, 23 de agosto de 2020

Las Relaciones Internacionales en la Era Digital

 


Durante la década del 2000 nos preocupaba mucho la brecha digital. La diferencia de implantación de las tecnologías entre desarrollados y menos desarrollados del planeta era muy grande, entre regiones, países y a nivel nacional.  Aunque esta falta de igualdades no se ha resuelto, la imagen ha cambiado, ahora los costes cada vez menores de las tecnologías de la información y la comunicación (ICTs) están llevando a la descentralización y la distribución masiva.

En la década del 2020 tenemos que plantearnos otra serie de preguntas de supervivencia (*):

  1. ·        Es el Estado responsable proveedor de la seguridad en el ciberespacio para sus ciudadanos?
  2. ·        La aparición de estados virtuales y de economía en red implica un declive en la violencia entre Estados?
  3. ·        En este caso, deja de ser importante el concepto de seguridad?
  4. ·        Podemos ser optimistas y pensar que va a seguir creciendo la zona de paz internacional en el mundo?
  5. ·        Es cierto que la sociedad de la información da más relevancia a las firmas internacionales, a los grupos de interés, a los movimientos sociales, a las redes transnacionales y a los individuos?
  6. ·        Tenía razón Castells cuando preveía que estos actores no estatales podrían cubrir la necesidad de seguridad?

Tradicionalmente se entiende por seguridad nacional la ausencia de amenazas a los valores fundamentales de una sociedad.  La disciplina de las Relaciones Internacionales puede en casos decir algo al respecto, por ejemplo, desde el Neorealismo de Kenneth Waltz o la Teoría de Interdependencia Compleja de Keohane y Nye.

El sociólogo Manuel Castells es uno de los primeros profetas de la era digital. Para él, la información es un recurso para la productividad en la nueva economía del conocimiento.  Ya en los años 90 preveía que los servicios cruciales como la banca, el turismo, el agua y la distribución de energía iban a ofrecerse a través de Internet en el ciberespacio. Era la pérdida de soberanía de los Estados. La cantidad de mensajes, de distribución de reportes entre países es de tal magnitud que los estados pierden la capacidad de monitorizar esa información.

Ya en el siglo XXI aparece la idea optimista de la tecnología como capaz de ofrecer soluciones técnicas a los problemas de la sociedad, además de incorporar el concepto de miedo, como en las películas 2001, odisea en el espacio, war games, terminator, y Matrix.

Podemos entender en este fenómeno tres posiciones complementarias:

Primero, la visión tradicionalista  o realista, que desde la perspectiva Estado-céntrica y orientada al Ejército militar, mantiene que, aunque está aumentando el crimen transnacional y el cambio climático, la respuesta puede solo venir del Estado.

Según la perspectiva del realismo, incluso neorrealismo, en relaciones internacionales, el Estado es la unidad primaria de análisis, siempre racional para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos, basado en los valores fundamentales de poder y seguridad. La era digital no es entendida como una disrupción que cambie estos fundamentos, de forma parecida a como se entiende la globalización. Se entiende como un epifenómeno no central. Desde esta perspectiva, la visión del mundo es pesimista, anarquía, ausencia de gobierno central y múltiples intereses. Para los realistas, las tecnologías de la información son una cuestión puramente económica y no una amenaza.

Segundo, los liberales y teoría crítica mantienen que nuevos retos y amenazas en la esfera política, social, económica y medioambiental y la aparición de ONGs y movimientos sociales llevan a entender la “seguridad humana” (“human security”) de forma diferente.

Las perspectivas liberales y neoliberales asumen un pluralismo de actores internacionales, y sostienen la necesidad de instituciones internacionales que establezcan, sin obligar, reglas de comportamiento para los Estados. Estas instituciones contemplan una serie amplia de campos, yendo más allá del simple comportamiento hobbesiano de supervivencia en un entorno anárquico. Comunidades virtuales, blogs, foros y contenido audiovisuales tienen aquí una relevancia extrema. Aunque estas redes no retan el rol fundamental del Estado, tienen un efecto más sutil, dejan la soberanía relegada a la integridad territorial.

Desde la óptica de Naciones Unidas, el neoliberalismo neokantiano enfatiza lo positivo de la interdependencia y la interconectividad, por ejemplo el comercio o el turismo, frente a los riesgos y vulnerabilidades de la sociedad de la información.  La tecnología es un vehículo de ilustración y cambio pacífico.

Los retos de la era digital son mejor entendidos por Nye y Keohane y su teoría de la interdependencia compleja. Para ellos, aunque el impacto de la revolución de la información y el coste de la interdependencia se mide económicamente, los poderes en la era digital son suaves, es decir, es posible obtener lo que uno desea mediante la atracción más que a través de la coerción y la compra monetaria. El poder suave que aparece en el mundo digital emana de la cultura del país y las ideas políticas.  Según Nye, los poderes suaves descansan en la habilidad de construir las preferencias de los demás, especialmente cuando las redes de comunicación globales trascienden las fronteras de la soberanía.

Tercero, hay otras perspectivas, como la constructivista, interpretativa, post-estructuralista, o postmoderna que se diferencian de realistas y liberales. Ya no creen en la racionalidad como método epistemológico ni en interacciones basadas en el interés.  Asumen el valor central de la interpretación y la distorsión de la realidad social en la era de la información, es decir, hay identidades, intereses, normas e instituciones que son construidos socialmente, en el sentido de Berger y Luckman. Es una realidad viva y cambiante.

Cada uno de los actores desarrolla normas y creencias de lo que está bien y está mal, crea identidades que separa el “nosotros” del “ellos”, y forma intereses asociados. Todo esto es muy dinámico, porque un cambio de creencias lleva a un cambio de intereses. Según Adler, no siempre es posible llegar a una teoría universal, sino a veces solo a generalizaciones condicionales.

La seguridad en la era digital viene entonces definida por amenazas de identidad y culturales. La amenaza se entiende en un sentido amplio, tanto en términos de ataque a una infraestructura, como un “bug”, fallo técnico, un colapso funcional o el famoso problema del año 2000.

La Escuela de Copenhague introduce otras amenazas relacionadas con el lenguaje político en la formalización de agendas y relaciones políticas, a veces legitimando medidas como el secreto, uso de la fuerza o invasión de la privacidad.

El análisis constructivista en el mundo virtual enfatiza imágenes y símbolos, y no solamente cables y ordenadores. La guerra digital, como en los juegos de ordenador,  transciende fronteras y distancias geográficas, y por tanto la virtualidad cambia la percepción y comportamiento de la guerra. En el terreno práctico, esto supone tener que tomar decisiones en un entorno de cambios que estamos todavía intentando entender.

Quedan muchas preguntas sin contestar desde la disciplina de las Relaciones Internacionales:

  1.       Cuál es el impacto de la revolución de la información en la seguridad de los individuos?
  2.       Qué es la política de las amenazas en la era digital?
  3.       Cómo responden los gobiernos y las organizaciones internacionales?
  4.       Cómo impacta en la confianza en actividades públicas y privadas online?
  5.       Cómo puede regularse a nivel internacional el flujo de datos?
  6.       Cuál es el impacto de Blockchain, Inteligencia Artificial y Big Data?

Debatiremos todas ellas.

(*) International Relations and Security in the Digital Age, Routledge Advances in Iternational Relacions and Global Policy. Johan Eriksson and Giampiero Giacomello.2008

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