La luz del entorno en el que vivimos marca nuestra salud. Sobre todo la presencia de luz azul. Tiene más importancia de lo que pensamos, y todo porque hay un tercer tipo de células en nuestra retina llamadas melanopsina que detecta la luz y desencadena una serie de cambios en nuestro organismo.
Estar expuestos
al sol cuando nos levantamos ayuda a resetear nuestros ciclos circadianos,
aumentar la concentración de una serie de proteinas, activar nuestro aparato
digestivo y las funciones que nos ayudan a realizar actividades motoras y
mentales.
Eliminar la
exposición a la luz azul después de la puesta de sol nos ayuda a producir
melatonina y dormir mejor, a desactivar nuestro aparato digestivo y permitirle
que se limpie y regenere, y a poner nuestro cuerpo en cetosis, que ayuda a
deshacer la grasa para convertirla en energía y a la autofagia, que convierte
células y tejidos inservibles de nuestro cuerpo en energía, así deconstruyendo
para construir.
Gestionar la
cantidad de luz azul en nuestras vidas nos lleva a sentir unificación del
cuerpo y mente, a sentirnos bien y equilibrados. Y a aumentar la longevidad.
Satchin Panda, de
India, lo explica mediante los ciclos circadianos. Aunque es un concepto ya
presente hace milenios en los Vedas (‘Tirtha’ y ‘Sandhya‘), se ha popularizado
en Europa los últimos años, desde que Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael
W. Yound recibiesen el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 2017 por probar
científicamente la realidad genética de los ciclos circadianos.
Existen algunos
genes en cada uno de nuestros órganos que cambian de on a off según la hora del
día, el día o la noche, el anabolismo y el catabolismo, la alimentación y la
autofagia. Así, el cuerpo y la mente tienen dos formas de funcionar, la creación
y la deconstrucción, en uno se expande mientras en otro se limpia y se prepara.
La longevidad y
la salud se expresan como la alineación de nuestros hábitos y costumbres con
nuestro ciclo circadiano. El siglo anterior tuvo el mérito de arrancar con una
expectativa de vida de 47 años y aumentarla hasta los 80. La mayor parte de la
mortandad se explicaba por gérmenes y bacterias, y el siglo nos regaló toda una
teoría y práctica para eliminar este riesgo.
En el siglo XXI,
el riesgo está en la diabetes, obesidad, corazón, depresión y la ansiedad.
Salud significa respetar los tres ritmos, el de la comida, el sueño y la
actividad.
No es verdad que
quedarse una noche trabajando, o comer en medio de la noche un día sea letal,
pero sí puede mermar nuestras capacidades cognitivas toda la semana, generar
irritación, fatiga, indigestión, …

No hay comentarios:
Publicar un comentario