jueves, 12 de mayo de 2022

Capítulo 37.8. La separación de la unidad

 


Estos días estoy viviendo una experiencia exasperante,

más allá de molesta, indigna y desilusionante, una traición máxima,

donde lo que yo más sólido podía considerar,

aquello que hundía mis raíces en la tierra más compacta,

se ha desvanecido en un segundo ha dejado de ser duro para ser etéreo,

ya no es presente, se ha ido al pasado, que deja de existir.

Fue real en su instante eterno, pero ahora es una ilusión,

una gran mentira, un magnífico engaño,

prometía grandes premios que nunca llegaron para quedarse,

sino que ascendieron al cielo cual nube blanca,

cada pequeña mentira iba construyendo una burbuja gigantesca,

que ahora ha explotado sin dejar rastro más allá de una gota desconcertada,

era la luna llena que nos hacía sentir uno, ahora es cuarto menguante.

Hay dolor y sufrimiento,

donde había unidad ahora hay una separación artificial, social y de decisión,

incomunicación e incompatibilidad,

no quedan fuerzas centrípetas, solo las centrífugas,

el alejamiento trae falta y ausencia, es un malestar físico casi real,

a mi pequeño tigre le duele el cuerpo, y no encuentra su compota de manzana.

El sufrimiento bien entendido sirve básicamente para sufrir,

y es una llamada al siguiente nivel de batalla,

tal vez es verdad que el ser humano no ha llegado aquí para dormir, sino para encontrarse y crecer.

Este crescendo tiene forma de viaje, y comienza cuando nazco, incluso antes,

hay un momento en el que soy uno,

vivo en un paraíso donde todo es bienestar, soy bebé en el seno materno,

no carezco de nada, no tengo necesidades de ninguna clase.

Astutamente, por unas razones u otras, en un relámpago descubrí la separación,

me dí cuenta de que yo estaba separado de lo que no era yo,

Octavio Paz lo llama la otredad y lo define como la escisión primordial,

un sentimiento de confusión al perder la unidad del ser humano.

Si yo me identifico con mi cuerpo y no con el resto, me separo,

me percibo aislado y desvalido, empiezo a tener miedo.

A partir de ahí, continúo dividiendo,

y mi yo se convierte en la separación de mente y cuerpo,

empieza a hacer calor y frío, día y noche, risa y llanto, cóncavo y convexo, …

todo es un conflicto entre opuestos.

Para la separación construyo dos variables esenciales, el espacio y el tiempo,

y categorizo sin cesar entre aquí y allí, grande y pequeño, antes y después,

introduzco las nociones de grados, aspectos e intervalos.

Después de millones de categorizaciones, definiciones, vallas y fronteras,

llego a la existencia en el mundo, al Samsara, tal como colectivamente lo conocemos,

donde hay vasos de cristal y hormigón caliente,

como hombre me encuentra perdido, pasmado, fascinado, aturdido y acomplejado,

dividido entre el amor y el aborrecimiento de su universo de opuestos,

tengo miedo, angustia y dolor.

Y empiezo a integrar,

el camino de la expiación comienza cuando cambio de sentido,

empiezo a romper las diferencias,

y en algún momento regreso al nirvana donde aparece la conciencia de ser,

la unidad otra vez, y ya no hay más separación,

conquisto la paz y la serenidad.

Madurar significa derribar todas las vallas y los muros,

que con tanta devoción he levantado,

cuantas más separaciones, más vallas y más fronteras,

más pequeño es el yo y más grande es lo demás,

por eso, empezar a romper la separación es percibido como ir creciendo el yo,

conquistando terreno, y por tanto como un canto a la libertad.

Eros contra Tánatos,

podría haber habido amor incondicional y confianza,

pero se unió a la escena el ego,

a veces, el camino de la sabiduría avanza y recibo puntos,

otras veces retrocedo, como en el parchís mi ficha es comida y regreso a la casilla de salida,

como en un rito de iniciación, voy transcendiendo y evolucionando de nivel en nivel,

empezando por el nivel cero, que llamo cobre.

El nivel cobre es la construcción del ego,

voy creando el mundo tal como lo conozco,

cuando quiero saber qué es una flor, la corto, la separo de la naturaleza,

creo separación entre la flor y la no flor,

en el nivel cobre, la conciencia de unidad no es más que una aberración,

un estado alterado de conciencia, un algo que necesita corrección.

El cuerpo no es otra cosa que mi propiedad como mente,

puede deteriorarse y desintegrarse, es tercamente impermanente,

y por tanto sucio y traicionero,

yo busco lo inmutable y fijo,

construyo mi ego, una imagen de mí mismo, pero incierta,

llena de aspectos infantiles, emocionales, racionales e irracionales.

Hay un desván de deseos e impulsos en el ego que son extraños, amenazadores y prohibidos,

yo decido esconderlos,

es el Dios Baco romano, del deseo, del vino, del resentimiento y de la noche,

se convierte en una zona enemiga, que niego, fuera de mí, separada,

es mi sombra.

El nivel plata empieza cuando yo me hago consciente de mi insatisfacción ante la vida,

la farsa social me pesa y empiezo a tener conciencia de realidades más profundas,

en esta fase me hago amigo de mi sombra,

levanto la tapa del recipiente donde llevo mis secretos,

y observo todos aquellos deseos y proyecciones escondidas.

Permito mi depresión, ansiedad, abandono, vergüenza… y las estimulo,

el no puedo se convierte en quiero, desaparecen los tengo que.

El nivel oro ve nacer al centauro,

como describe Ken Wilber en “No Boundary: Eastern and Western Approaches to Personal Growth”

(La conciencia sin fronteras), 1979,

mitad hombre mitad caballo, que representa la ruptura de la frontera mente cuerpo.

El jinete no monta su caballo, sino que es uno con su caballo,

no es una mente que controla su cuerpo, sino una unidad psicosomática.

Recuperar el cuerpo significa que yo no soy solo mi movimiento voluntario,

ahora muevo el brazo,

pero también lato el corazón y crezco el pelo,

la enfermedad deja de poder existir.

Descubro que quiero deshacer mi Ego,

quiero fluir con la vida, identificar las señales que se me ofrecen,

intuir mi destino y seguir lo que está escrito para mí,

pero mi Ego se empeña en hacerlo diferente,

en nadar contra corriente y en no creer en la confianza del amor.

Mi Ego cree que sin él no hay salvación posible,

es agotador vivir desde el Ego, en un mar de duda y miedo.

El cuarto nivel, platino, supone adentrarme en mundos,

que no cumplen las coordenadas habituales,

están más allá de su alcance.

Jung, por ejemplo, encontró imágenes primordiales o arquetipos,

es decir, estructuras mentales que son comunes a todos los individuos y culturas,

esa realidad es transpersonal,

la conciencia se eleva sobre la mente, las emociones y el cuerpo,

dejo de identificarme con ellos para llegar a ser una especia de testigo transpersonal.

En el platino, mis deseos, síndromes de abandono y resentimientos,

empiezan a relativizarse, ya no son cuestión de vida o muerte,

porque en mí hay un ser más insondable y primordial,

a quien no afecta la sinusoide de cambios impertinentes,

la insoportable levedad del ser,

trasciendo mi dolor, emociones y miedos.

Toda sensación de separación desaparece,

la separación ya solo puede entenderse como un error de percepción, no existía,

era solo una forma equivocada que me llevaba a entenderme como ser carente y necesitado,

subsano la separación y restituyo la plenitud de la mente,

vuelvo a ser invulnerable al miedo,

tengo en mí la insuperable defensa eficaz contra todo pensamiento de separación.

El nivel diamante derrumba finalmente las fronteras restantes,

la ola del mar se convierte en acuosidad,

en la conciencia de unidad, no hay espacio ni tiempo, todo es intemporal,

no hay testigo sino una simple luz.

Lo que parecía nivel diamante lleno de unidad y ausencia de tiempo,

era una ilusión óptica que al desenchufar desaparece,

era una simulación muy creíble en un superordenador gigante con resolución muy detallada,

super renderizada calidad premium,

que se vuelve negra después de un cortocircuito en la red de energía,

era Matrix,

no había exhalado todavía la edad del cobre.

Dicen que el amor romántico es el último bastión del ego,

y que solo su desapego es la última batalla antes de poder trepar la escalera del centauro,

ta veo crecer mis cuatro pezuñas con cascos sanos.

¡Galopa, caballo de pólvora!


Capítulo 1.7. Mi viaje

 


Mi vida sigue siendo un viaje,

con un comienzo y un ir construyendo instante a instante situaciones acumulativas,

nunca tejiendo sin hilo, de forma que cada acción tiene una influencia en la siguiente,

como en el juego del parchís, la ficha puede volver a la casilla de salida,

como en el juego de la oca, puedo caer en la cárcel,

no todo va hacia delante, sino a veces se estanca y otras va hacia atrás.

No me gusta mirarlo en el tiempo ni en el espacio,

son constructos que sirven en circunstancias,

pero no para entender el viaje de mi vida.

Mi vida no es lineal,

lo que ha pasado antes no es la causa siempre de lo que viene después,

y lo que ocurre en un lugar es la consecuencia de lo que ocurre en otro,

una mariposa aletea aquí, y un muro se derriba allá.

Ponerlo en palabras es un reto, porque, aunque veo una conexión lógica,

hay muchos de los episodios que pertenecen más al terreno de los milagros,

donde el tiempo, el espacio y la lógica hacen aguas,

no por eso pierden su significado.

El antropólogo Joseph Campbell,

según The hero´s journey: A voyage of self discovery, by Stephen Gilligan and Robert Dilts,

después de analizar mitos del mundo,

describe que todo viaje tiene una estructura común,

empieza por recibirse la llamada (algo en mí me dice que el camino va por allí),

y sentir la resistencia (eso no es para mí, mejor me quedo en mi zona de comfort),

hasta comprometerme.

Lleva a la iniciación, cruzando el límite de la no vuelta atrás,

y a la búsqueda de guardianes, de aliados, de compañeros.

El clímax implica encarar y transformar a los demonios,

esos monstruitos que se ponen en el camino,

desarrollar el ser interior, desplegar nuevos recursos y herramientas,

para transformarse en mariposa y, finalmente, volver a casa con el regalo para compartirlo.

En mi caso hubo una llamada,

tuve la suerte de ser expuesto a ciertas experiencias,

que necesitaban una fuerza o vitalidad vital única.

Como dice Eckart Tolle, la función del alma es despertar,

que no he venido a este mundo a dormir.

Yo me digo que, a una cierta edad, si puedes, sé,

y si no, sigue actuando hasta que agonices de cansancio y aburrimiento.

Mi vida puede verse como una sucesión de crisis, visiones, y retos de supervivencia,

que precisamente han desembocado en crecimiento, y lo siguen haciendo.

Después de una pérdida, emana una fuerza vital que llama a la recuperación,

tras una herida, algo quiere ser sanado.

Todo esto me viene con inspiración, con alegría y con pasión,

como cuando escucho a Beethoven,

y me inspira a entender sucesivas piezas estéticas de la vida.

La llamada me viene siempre con esa mezcla orgásmica explosiva,

de sufrimiento y alegría entreverados,

al contrario de los sueños del ego para conseguir bienes o personas, utilizar y manipular,

sueños que me vienen con vacío y tristeza.

Mi alma solo quiere despertar, sanar, conectar y crear,

transcender, ser algo humildemente superior a ser normal.

Muchas veces me ha sonado a demasiado esfuerzo, a no saber,

a falta de sentir que estaba preparado,

y me he resistido a escuchar los signos de la vida.

Familia, educación y sociedad han ayudado mucho a mi falta de capacidad de aceptación del reto,

bajo la insignia de la prudencia, la lógica, la gestión del riesgo, las expectativas y lo racional,

se me ha transmitido que el reto es irrealizable,

y yo he visto prudente aceptar su imposibilidad,

los demás lo han visto egocéntrico y yo me he creído mi falta de humildad.

Menos mal que la obstinación, como decía Hermann Hesse,

la creatividad y la ayuda del cuerpo somatizando, han trabajado a mi favor,

mi cuerpo es sabio, y equivocarme de camino me ha hecho expresarme con un virus,

un hueso fracturado, o asma.

El ejemplo del asma es bueno, lo que empecé viendo como hándicap,

acabé observándolo con agradecimiento,

entre otros regalos, me concedió evitar mi vida militar,

no fue mi elección, la vida eligió y mi cuerpo lo canalizó posible.

Cruzar las barreras me ha abierto las puertas de nuevos derroteros,

desconocidos, inciertos, impredecibles y sombríos,

ahí, al otro lado de la puerta, no hay zona de comfort, ahí es más difícil y doloroso.

Tener dos hijos recién nacidos en mis brazos,

me ha llevado a querer irrevocablemente implantar mi poder arquetípico en la vida,

tener un hijo marca un punto de no retorno, es una decisión de por vida,

y en lo demás ocurre algo muy parecido,

tomar la decisión significa quemar las naves y eliminar la posibilidad del retorno,

solamente queda una dirección y un sentido para la marcha, y es hacia delante.

Al otro lado de la puerta, las herramientas desarrolladas anteriormente, dejan de servir,

formas de reaccionar, modos de resolución de problemas, respuestas verbales,

movimientos corporales, etc. se vuelven disfuncionales,

la mente consciente se convierte en un saco de patatas inútil,

y hay que cimentar nuevos recursos,

rescatarlos del desván de la sombra y el inconsciente de la mente,

y aceptar que vienen fuertes y funcionales,

nunca sin parálisis, confusión y tembleque.

Recuerdo esconderme en la esquina de un garaje,

y llorar ante la imposibilidad de entender y poder reaccionar adecuadamente,

a la situación absurda pero real que la vida me presentaba,

estaba erigiendo nuevos recursos en mi vida,

lo experimentaba con parálisis, confusión y tembleque.

Me es importante no hacer este camino solo,

y rodearme de personas que me recuerdan quién soy y para qué estoy aquí,

estas personas tienen experiencia en los recursos que yo voy a necesitar,

y me recuerdan que el viaje es posible, que no hay límites ni miedos,

son amigos, pero también profesores, superiores y mentores,

y en algunos casos, gurús que me han enseñado herramientas básicas como la meditación,

o personajes históricos como Mahatma Gandi.

Me he encontrado con muchos bloqueos, y nunca ha sido mi intención dominar ni destruir,

sino como mi maestro Hector me enseñó,

redirigir la energía procedente de ellos con sutileza hasta cambiar la dirección de su fuerza,

eso siempre ha implicado una transformación relacional,

utilizando cada pequeña acción para transformarme a mí mismo y al mundo.

No es posible hacer esto sin conciencia, sin saber quién soy en cada momento,

quién soy en esencia, qué no soy ni nunca podría ser,

dejar que el vacío se apodere de mi mente para que pueda hablar mi intuición.

El orgasmo interesante de esta historia no es el final,

por el contrario, son esos pequeños tenues y aparentemente etéreos momentos,

en los que han aparecido los bloqueos y se han lanzado transformaciones sustanciales.

Los bloqueos son externos reales,

también internos y no por eso menos reales,

tienen forma de energía o fenómeno,

obligatoriamente tienen algo en común,

me dan miedo, me intimidan, y me producen ira, frustración, culpa, vergüenza,

tristeza o sufrimiento, o todo a la vez.

Lo que hace difícil de resolver el problema es que el bloqueo es un espejo de mí mismo,

y, aún con apariencia de crisis financiera, relación tóxica con un jefe,

accidente de tráfico o enfermedad corporal,

me enseña mi propia sombra, todos esos terroristas internos con los que convivo con dificultad,

mis padres, mi exmujer o mi sensación de abandono.

Como siempre hay transformación,

ha sido muy importante poder compartirla como profesor,

he encontrado esa vocación o esa necesidad de transmitir a los demás mi viaje,

y la oportunidad de aprender de los demás, más que de mí mismo.

Esta es la dinámica de mi vida,

me gusta vivir, salir, viajar, experimentar, exponerme, equivocarme,

tener algunos éxitos y muchos fracasos,

a la vez que todas esas experiencias ganadas necesitan digerirse en mí,

y no tengo mejor digestión que compartirlas con los demás,

se dice que al cielo se entra en pareja, no solo.

Exijo compartirlo con todos,

primero con mi familia, aunque paradójicamente éste es el reto más delicado,

porque nadie es líder en su propia tierra,

luego, con mis amigos y personas que confían en mí en los momentos espinosos de sus vidas,

y a las que dedico tiempo y devoción a acompañar en su camino,

“Nunca el juglar de la tierra tañe bien a fiesta”

“Nadie es profeta en su tierra” es un refrán de origen bíblico,

implica la urgencia de abandonar el propio hogar y mi tierra para alcanzar algo,

no soy excepción en haber intentado, dentro de mi propio entorno,

aconsejar en función del bien común y no he sido valorado por mi comunidad,

no he alcanzado a reunir los medios para ser escuchado ni entendido.

De esta suerte, he emprendido camino fuera de mi lugar de origen,

como según el evangelio de San Lucas,

Jesús de Nazaret viajó 40 días en el desierto, para después regresar,

y anunciar el cumplimiento de las escrituras.

Quienes bien le conocían, lo tomaron como una herejía,

y lo llevaron afuera para tirarlo al despeñadero,

él escapó de entre la multitud enardecida,

y a partir de ahí, salió a predicar y sanar enfermos a Cafarnaúm,

donde, allí lejos, sí fue escuchado y respetado.

También comparto mi experiencia en mis clases como profesor,

donde, aunque tradicionalmente se pide un ámbito de comunicación unidireccional,

en realidad es más que bidireccional, yo les transmito y ellos reciben,

pero no se puede dar sin recibir,

ellos me dan por lo menos tanto como reciben, y yo aprendo, como mínimo tanto como enseño.

Existe una Verdad con mayúscula, pero la vida es un camino,

y esta Verdad toma diferentes formas a lo largo de la vereda,

lo que es verdad en un periodo, deja de serlo en otro,

por esto, enseñar no puede ser unidireccional, es escuchar activamente,

y percibir en qué momento de su vereda está cada persona en cada momento,

para compartir la Verdad absoluta, pero en la forma de la verdad del momento.

Por ejemplo, en un acompañamiento de pareja,

es cierto que tener conflictos con otra persona es una oportunidad de sanación,

que se aprende mucho de uno mismo,

que cada uno de esos conflictos son oportunidades de sacar de la sombra lo que proyecto,

hacerlo consciente y empujarlo por el camino de la sanación.

Esto es Verdad, pero deja de ser verdad en otro momento del camino,

puede suceder que deje de haber conflicto,

que la unión de pareja ya esté basada en el propósito conjunto de encontrar la Verdad,

y que ya haya un caminar con el paso acompasado,

allí, el conflicto ya no es una oportunidad porque ya no tiene lugar.

El viaje supone aceptar que todos tenemos una historia que merece la pena ser vivida,

y esto se da cuando además de una historia hay un proyecto, un propósito,

un sentido, una aventura,

y no es un proyecto mío, sino un proyecto que la vida tiene para mí,

y que ilumina un itinerario, un camino de crecimiento.

Como decía Teresa de Avila en “Las Moradas”,

el camino tiene periodos de sequedad,

un sentirse perdido que aparece en los inicios, pero también más tarde y en todo momento,

la sensación es de no saber,

no tener motivación a pesar de haber vivido momentos de efervescencia,

y de mucho enamoramiento.

En el camino hay sequedad, y es importante no perderme, pedir ayuda y dejarme ayudar,

vivir de las rentas, un gusto del pasado no es suficiente motivación para continuar con energía,

caminar con los demás es un signo de madurez,

como el otoño y el invierno, que, pareciendo oscuridad,

preparan para la primavera posterior luminosa.

Mi mayor obstáculo es la inconstancia,

sin aliciente fuerte, no me es fácil perseverar,

sin fruto muy inmediato, me es difícil encontrar la motivación para seguir,

volver a empezar y no rendirme es cuestión de vocación,

eso explica la idea de que vivir me capta, me hace sentir bien, me hace respirar hondo,

a mí, caminar, conversar y meditar me ayudan a manejar estas infidelidades.


Capítulo 37.7. Perdido en el mercado - Ecuanimidad

 


Sueño que tengo 5 años y me pierdo en el mercado de Prosperidad,

mi madre está comprando y yo he salido a explorar,

veo muchos adultos yendo y viniendo, escucho mucho ruido,

vienen olores de todos los lados, no puedo hacer sentido de dónde estoy ni dónde tengo que ir,

solo grito pidiendo una mano que me sea de confianza,

y me saque de este laberinto interminable.

Cuando me despierto, sigo en un mundo ruidoso,

no puedo hacer sentido de dónde estoy ni dónde tengo que ir,

continúo necesitando esa mano que me da confianza y me guía fuera del caos mundanal.

Ahora no la tengo, pero recuerdo que existía en mi mundo de niño, y la anhelo,

había una mano que me llevaba y yo me dejaba llevar,

era muy bonito sentir ser guiado, poder casi cerrar los ojos y dejarme llevar.

A lo largo de los años, he buscado esa mano en muchas manos,

pensado que podía confiar,

y me he equivocado muchas veces,

el continuo cambio ha seguido siendo ruidoso y laberíntico,

yo sigo sin tener el mapa que me permite escapar.

Mi conclusión es la siguiente,

después de analizar altos, bajos, ciclos, cambios, transformaciones, mutaciones,

evoluciones, decadencias, éxitos y fracasos, con suficiente repetición,

empiezo a preguntarme:

¿No habría otro modo transitar a través de la vida,

sin estar siempre atrapado dentro de estos altibajos?

¿Sin tener la sensación de estar siempre en vilo, en la cuerda floja?

Todo lo que suba y baje no me interesa,

lo observo, dejo que se vaya, que se diluya, como si nunca hubiese existido.

¿No tendría el mercado una salida?

Sí la hay,

se llama armonía, estabilidad y equilibrio, la búsqueda de la unidad,

significa poner la atención en lo que siento en mi interior,

independientemente de lo que pase fuera,

¿Cómo me siento en mi vida ahora mismo?

¿Cómo puedo conseguir que mis sentimientos respecto a mi vida no tengan fluctuaciones?

Si logro esta ecuanimidad, y recibo un regalo, no me pongo demasiado eufórico,

ni tengo un subidón de felicidad,

sino trabajo el agradecimiento, con menor subida emocional.

Si alguien me da una mala noticia, en lugar de enfadarme y ponerme triste,

dentro de mí no me dejo caer, intento permanecer.

Convierto la onda sinusoidal de la vida en una línea plana,

sigo teniendo sentimientos expresivos,

sin esto querer necesariamente decir salirme de mi estabilidad emocional.

En este estado estable puedo construir mi vida,

puedo ganar un premio sin salirme de mi centro,

puedo ser insultado sin perderme a mí mismo,

soy inamovible, invulnerable.

¿Tu mano es mi mano?


Capítulo 37.5.1. La tramoya del amor

 


El amor es una fuerza tan poderosa que es capaz de cambiar el mundo físico,

el poder de la mente es valiente y tiene un impacto en el mundo tal como lo veo,

mis pensamientos marcan una huella en los demás,

en este sentido, cuando amo con templanza, modifico mi biología.

¿Qué pasaría en nuestras neuronas y órganos,

si miráramos con un microscopio mientras pensamos en amor?

Desde la neurociencia, es un problema describir emociones y sentimientos,

es más fácil buscar los ingredientes químicos que nos provocan ciertas emociones.

Hay sustancias transmisoras, los llamados neurotransmisores,

que transmiten la emoción de una célula nerviosa a otra,

sabemos, por ejemplo, que cuando amamos, disparamos los niveles de la acetilcolina,

la dopamina, la serotonina y la noradrenalina, que son los que nos causan excitación.

Acrecentamos la cantidad de acetilcolina, que es como el deportista y el entrenador,

lleva la excitación a los músculos y estimula las glándulas sudoríparas.

Aumentamos la serotonina, que es el diplomático y mediador,

regula la tensión arterial y el ritmo de sueño y vigilia,

con eso, causamos bienestar y felicidad,

más allá que la que ya genera la mente en el enamoramiento,

en el miedo, por el contrario, provocaríamos su disfunción y sería causante de migrañas.

Los neurocientíficos saben que el amor causa cambios biológicos en ciertas áreas cerebrales,

que gobiernan el apetito sexual, en el hipotálamo, en las mujeres, en el núcleo ventromedial,

y en los hombres en el núcleo preóptico medial.

Con la mente, a través del enamoramiento, incrementamos los niveles de oxitocina,

el efecto de liberar oxitocina es comparable a un opiáceo, excita y relaja,

se la llama «hormona de la fidelidad» y «hormona del vínculo»,

un bloqueador de oxitocina acabaría con la fidelidad,

me volvería lujuriosos en conducta de copulación indiscriminada,

si se me inyectase vasopresina, hormona parecida a la oxitocina,

le encontraría el gusto a la fidelidad.

En situación de amor incondicional,

la mente utiliza la oxitocina para que actúe como adhesivo de larga duración,

en las mujeres desencadena el parto,

determina el aporte de lactancia e intensifica la relación con el hijo,

en la pareja, genera en las relaciones sexuales una unión de larga duración, genera apego.

Además, el amor interviene en el córtex singular, región involucrada en la atención;

en el sistema mesolímbico, que constituye una especie de centro de gratificación;

y en las feniletilaminas, que permiten los sentimientos exaltados.

El amor extiende la dopamina, que estimula la euforia,

es estimulante y motivadora,

regula la circulación sanguínea y el estado hormonal,

en cambio, el desamor está relacionada con las psicosis,

por ejemplo, un nivel extremadamente alto de dopamina,

tiene alta correlación con la esquizofrenia.

También la noradrenalina, que es un acelerador,

aumenta la presión sanguínea y actúa en la excitación.

El amor amplía los niveles de dopamina y noradrenalina,

a la vez que disminuye el de la serotonina, de efectos sedantes,

lo que origina cierta sensación de vértigo.

A todo ello hay que añadir que el amor provoca una buena dosis de sustancias embriagadoras,

como la endorfina y el cortisol.

El efecto biológico se reduce al cabo de cierto tiempo; en promedio de tres a doce meses,

las relaciones duran más por el poder puro de la mente,

porque a partir de ese momento, el éxito de la relación de pareja,

se basa únicamente en el amor mental,

y la única sustancia bioquímica que permanece es la oxitocina.

Se dice que Pasteur, químico, bacteriólogo y pionero de la microbiología moderna,

consintió a su muerte en 1895 el concepto de homeostasis,

que significa que las enfermedades las originan los microorganismos,

perturbando el trabajo de órganos y tejidos,

pero que también incluyó la pregunta

¿si en nuestra sangre, en nuestro intestino, en nuestro cuerpo,

existen miles de millones de microbios, por qué unas veces nos enferman y otras no?

El cuerpo se vuelve susceptible a los agentes infecciosos,

solo si se perturba el medio interno, la capacidad inmunitaria del organismo.

Este es el cimiento de la medicina china desde hace más de treinta siglos,

el Taoísmo nos señala que la enfermedad se provoca por un estancamiento de la energía,

si la energía circulara libremente en el cuerpo, la enfermedad no podría enraizar.

Parecido ocurre en el amor,

¿si en nuestra sangre, en nuestro cuerpo existen miles de millones de neurotransmisores,

por qué unas veces me enamoran y otras no?

Según el Tao, el amor se provoca por una ruptura de bloqueos en la energía,

si la energía circula libremente en el cuerpo, el amor puede enraizar.

Con este objetivo, en China se practican ejercicios,

que mantienen libre y armoniosa la circulación del Qi y la sangre, el Chi Kung y Tai Chi Yang,

éstos elevan la frecuencia vibratoria, regulan la energía interna, sanan,

y posibilitan el enamoramiento.

 


Capítulo 37.6. Limpiar la casa - el ingenio y la tramoya de la proyección

 


El día es lo contrario de la noche, y no tiene sentido sin ella,

pienso el mundo en dual,

convierto todo en relaciones de opuestos, y desde ahí comprendo el mundo.

Hay veces que pequeñas cosas pueden desencadenar una crisis de pareja,

¿Qué es lo que no funciona correctamente?

Se acaba solucionando por la calle del medio,

poniendo el instante por delante del problema,

creando conciencia de que el amor es superior a la circunstancia,

y de que realmente no quiero la crisis,

a pesar de ello, no está mal reconocer qué ha pasado y por qué.

El problema aparece a nivel del Ego,

y no es en otro sitio donde debe estar la comprensión y la disolución del problema.

Un día, yo decidí, tuve el impulso de limpiar y ordenar la casa,

era el momento adecuado para remangarme, tenía la dosis de entusiasmo necesaria,

estaba en contacto con mi propio impulso, sin duda lo quería hacer,

por supuesto, había una parte de mí que prefería salir a pasear al sol,

pero el impulso de limpiar era mayor.

Recibí ayuda externa y ambos empezamos con devoción a preparar la fregona,

el recogedor, las bayetas y los líquidos detergentes,

nos repartimos la tarea y nos miramos con la alegría de quien se entiende,

y se siente bien juntos, con complicidad.

Lo que pasó después fue el reconocimiento del desorden superior,

y por eso empecé a reconsiderar la tarea,

parte del desorden tenía que ver fuera de su sitio objetos,

que representan para mí recuerdos, buenos momentos y muchas alegrías,

me empecé a entregar a ensoñaciones con lo que había experimentado en el pasado,

o lo que podría experimentar con ellos, y a ponerme nervioso.

Poco a poco el impulso empezó a dar paso a la alienación respecto al trabajo,

a pensarme fuera del objetivo como un simple robot,

y empecé a proyectarlo,

empecé a construir el pensamiento, inconscientemente,

de que alguien quería que yo pusiese orden, alguien externo a mí,

comenzaba a sentirme molesto con toda la actividad, nervioso, ansioso y acelerado.

Para poder ejecutar la proyección,

solo necesitaba un candidato adecuado que retomase mi propio impulso proyectado,

y así me olvidaría totalmente de mi propio impulso,

sabía, cada vez con mayor certeza, que otra persona me estaba presionando para la limpieza,

y tal presión no podía sino generarme ira.

La otra persona era la víctima perfecta,

desprevenida, ella inocentemente me preguntó si utilizar un líquido u otro,

y yo grité algo impertinente,

un instante negro que se cerró con un cruce de miradas y un darse cuenta de lo ridículo del gesto.

Sentía que no era yo, sino ella, quien quería limpiar y ordenar,

la proyección estaba completada, el impulso no era mío, sino externo, suyo,

yo lo había proyectado, lo había colocado al otro lado de la verja,

y desde allí parecía que me atacaba,

ella me estaba presionando,

obviamente, no era otra cosa que mi propio impulso proyectado.

El impulso se había convertido en presión,

si yo no hubiera tenido el impulso, no podría haber sentido presión de nadie,

simplemente habríamos decidido dejar la tarea para otro momento en el futuro.

Es bastante probable que ella también tuviese el impulso y estuviese ejerciendo presión,

pero estoy convencido de que, si la causa no hubiera sido mi propio impulso,

su presión me hubiera pasado desapercibida,

era la mejor candidata para recibir mi proyección, pero no dejaba de ser una proyección,

perdí la ecuanimidad por causa de mis propias emociones.

¿Qué aprendo de esta vivencia?

Que cuando me siento presionado, es porque tengo más impulso y energía de lo que creo,

me siento presionado significa tengo más impulso de lo que creía,

dado que está solo en mí y no en nadie más,

es únicamente mi decisión si sigo el impulso o pospongo.

La proyección funciona siempre igual,

empieza por un impulso o un deseo de mí hacia los demás,

al proyectarlo, parece que viene de los demás hacia mí, como un boomerang,

mi propia energía me vuelve,

no es que yo actúe, es que me siento empujado a actuar.

Eso es porque al nacer construimos una frontera artificial entre mi yo y mi no yo,

si desarrollásemos la conciencia de unidad, destruiríamos esa frontera ilusoria,

sentiríamos que somos uno con los demás,

mientras esté en el modo Ego, el ataque me viene desde fuera.

Hay otra característica que suele aparecer, siento que me falta aquello que proyecto,

si siento que no tengo impulso para limpiar,

es porque tengo más de lo que me creo, lo escondo, lo ignoro, creo que no existe,

como antes, tiene que ver con la frontera ilusoria que tengo creada entre yo y el no yo,

lo que yo soy disminuye, lo que yo no soy aumenta.

Otra característica más es que lo que proyecto lo defiendo enérgicamente,

aunque sea una visión errónea de la realidad,

si alguien intentara explicarme que estoy proyectando, recibiría mi ataque,

sería más fuerte mi necesidad de demostrar,

que mi proyección está ahí fuera amenazándome.

Es mi fuerte resistencia para admitir mi propia sombra,

entendida como el conjunto de esos impulsos que se quedan en el inconsciente,

que yo no alcanzo y que proyecto sin querer,

son aspectos que proyecto porque me disgustan, no soy capaz de aceptar que los tengo.

Por ejemplo, ¿Qué pienso cuando escucho reacción hacia el mundo gay?

no es exactamente que quien lo lanza sea gay,

pero sí que reconoce una cierta tendencia a ello, siente miedo,

y lo proyecta para intentar quitárselo de encima,

reconoce una potencialidad de sí mismo que subrepticiamente le aterra,

aunque sea netamente secundaria, la proyecta hacia fuera.

¿Por qué digo que alguien es estúpido, pervertido o inmoral?

porque algo hay que aborrezco en mí mismo y que está relacionado con lo que rechazo en él,

“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, dice el dicho popular.

De forma parecida, la sensación de “tengo que hacer el sacrificio por ti”,

puede llegar a ser visto como una obligación que me viene impuesta desde fuera,

en tanto que impuesta artificialmente, puede convertirse en resentimiento,

a pesar de ser un fenómeno ilusorio, puede acabar en crisis,

se ha proyectado el deseo,

aunque si careciese completamente del deseo de ayudar, no podría sentirme en absoluto obligado.

Quiero ayudar, pero sin admitirlo,

¿Por qué no admitir algo bondadoso?

en el fondo, debe haber un impulso paternal o maternal que no está debidamente interiorizado,

que forma parte de mi sombra,

al no verlo por estar en la sombra inconsciente, lo rechazo e intento sacarlo.

De forma parecida, sentir que el mundo es un lugar hostil,

y lleno de violencia surge del mismo mecanismo de la proyección,

de mi sombra no aceptada,

significa probablemente que hay una potencialidad de hostilidad en mí,

y acabará, si no creo conciencia, siendo proyectada.

Sentirme rechazado, que los demás no me quieran, o sean críticos,

viene de la mano de sentir que yo no tengo rechazo frente a los demás,

soy cordial y no critico a nadie,

hay una oposición de contrarios entre lo que pienso y mi inconsciente alberga,

pensar que yo carezco y los demás rebosan de ello, es un síntoma nítido,

si no me doy cuenta del juego, puedo potenciar la característica inconsciente mía,

y cada vez sentir más rechazo exterior, en un círculo vicioso,

del que solo salgo creando conciencia.

Detectar mi proyección es una maravillosa oportunidad de conocer mi mundo interior,

la sombra se convierte en un síntoma,

estoy atento a cualquier elemento que me moleste,

que me haga reaccionar emocionalmente,

lo diviso y lo observo.

Si analizo profundamente cada caso,

cada momento en que algo me produce emoción, negativa o positiva,

puedo llegar a convertir cada síntoma en su impulso causa,

convierto el “tengo que” en “quiero”,

por ejemplo, la presión en el trabajo,

significa que tengo el impulso de hacer mi trabajo con devoción,

encuentro siempre en ello una oportunidad de desarrollo.

En general, aunque suene absurdo, es buena práctica pensar siempre en el opuesto,

si odio a alguien, es bueno plantearme que le amo,

por muy extraño que parezca,

si me gusta algo, tal vez no lo soporto en mi sombra inconsciente,

toda acción tiene su opuesto,

ver ambos opuestos juntos es una excelente manera de llegar a la visión no dual de la realidad,

la unidad viene como consecuencia de integrar los opuestos.

La mejor terapia para crear esta conciencia de la sombra y la proyección,

es el análisis transaccional de T. Harris y Eric Berne,

la metodología mantiene la idea de inconsciente freudiano,

lo integra con categorías más profundas del ser,

siendo respetuoso con las intuiciones más recónditas humanas,

permitiendo al maestro interior,

según “La conciencia sin fronteras”, de Ken Wilber.

Meditar la proyección me lleva a la conclusión de necesidad de respeto hacia los demás,

no me puedo olvidar de que el viaje hasta aquí ha sido acompañado por otras personas,

llego a limpiar y ordenar juntos porque estamos juntos en esta meta del desarrollo.

Además, había un maestro interior que me guiaba el camino,

todo esto no fue fruto del simple ego,

no ocurrió porque el simple azar tiró los dados y salió el siete,

sucedió porque tenía que suceder.

Por eso, es mejor levantar la mirada y mirar cara a cara a los demás,

porque en sus manos está mi salvación.

Desde la óptica de la proyección,

detesto la arbitrariedad aleatoria de la otra persona porque la comparto con él o ella,

y ambos juntos nos quedaremos en la arbitrariedad o conquistaremos el Cielo,

nunca será posible el camino en solitario,

le miro con la inocencia nacida del perdón, con confianza,

juntos levantaremos la mirada o no en absoluto.

En lugar de guardar resentimiento por el mal del otro,

elijo aceptar el regalo que me hace,

mi enemigo es mi amigo,

lo acepto porque él o ella son los únicos que tienen la llave de perdonarme,

como yo la de perdonarles,

será ofrecido y, a la vez, recibido.

Es sabio el consejo de que libero al que perdono,

y, al tiempo, participo de lo que doy,

me uno a él con alegría y elimino toda traza de culpa de su trastornada y angustiada mente,

es la fuente de mi paz, mi descanso y mi quietud.


Capítulo 37.5. Mi sexualidad

 

En términos tradicionales, la sexualidad es una cuestión biológica externa,

y no está sujeta a elección, así nacemos, así hacemos,

la sexualidad se ejerce, requiere exploración,

me mueve hacia la búsqueda del placer.

Me está cambiando la sexualidad,

y creo que tiene que ver con desde dónde la practico,

tiene mucho que ver con la relación que yo tengo con mi propio cuerpo,

sobre todo, con quién soy,

¿Soy yo mi cuerpo?

¿Me identifico con mi cuerpo?

¿Mi identidad está fundamentada en lo que mi biología es capaz de hacer?

Tiene que ver con mis creencias,

¿Qué es lo que yo considero valioso?

¿Tener razón?

¿Competir en el juego culpa-ataque?

¿Siento atracción por la culpa? ¿El poder? ¿Las posesiones?

La sexualidad tiene una parte que es una expresión de estas creencias.

Crecer y desarrollarme viene muchas veces asociado a irse del cuerpo para llegar al espíritu,

y me parece erróneamente que desarrollo significa obtener paz,

a cambio de sacrificar el placer que el cuerpo me proporciona.

Crecer es más que eso, es encontrarme con mi propio ser,

una vez retirados los velos que esconden el ser,

y que tienen que ver con los miedos, las creencias y esa intelequia que llamo ego,

y hacerlo a través del cuerpo y del placer, convirtiéndolos en un medio hacia un fin.

Crecer es el viaje del héroe que recorre Indiana Jones,

se arrodilla ante las fuerzas superiores de la naturaleza,

esto le da fuerzas para cruzar un puente, o cualquier otro reto,

hasta el final del camino no puede tomar la copa de la vida,

que no es de oro, sino la de un carpintero, la copa de su ser,

se ha encontrado a sí mismo.

Desde el realismo subjetivo, yo soy quien conoce el mundo,

el cual, no tiene entidad real fuera de mí, sino que es uno para cada persona,

lo existente es una creación, un reflejo, una manifestación,

de algo no material, real, no físico, ni químico, ni biológico:

es el caso de las ideas en Platón en el Mito de la Caverna, la Idea Absoluta en Hegel,

el mundo de voluntad y la representación de Schopenhauer,

o la subjetividad de los individuos en el constructivismo.

Tampoco el cuerpo existe, es una simple proyección de mi mente,

por tanto, no es capaz de producirme placer,

el placer está en mi mente, no viene de mi cuerpo,

el cuerpo es un medio que abraza y besa,

todo está en la mente, no en el cuerpo.

No se trata de sacrificar la esperanza de recibir placer del cuerpo,

por el contrario, el placer del cuerpo es una sombra de la plenitud del ser,

me transporta a lo eterno, fluyo a través de todo lo demás.

Yo deseo eso, encontrar la paz a través de lo eterno que hay en mí,

no quiero el dolor de la culpa,

elijo la sexualidad diferente con la relación apropiada,

para poder compartirlo, para que nos ayude en nuestro camino hacia lo eterno.

Juntos podemos superar cualquier obstáculo, nos encontramos ya dentro del portal,

podemos pasar todas las barreras, porque nos hemos unido a lo ilimitado,

es el fin de la culpa.

Yo soy un vagabundo en busca de paz,

quiero paz y serenidad, y la he buscado donde ahora veo que no había,

existe una sexualidad basada en la escasez,

me falta algo, tengo miedo a que me falte, y lo lleno de sexualidad,

ahora veo lo que he experimentado,

que identificarme con mi cuerpo es una invitación al dolor,

aunque haya placer, ambos se confunden.

El Ego dice que el placer corporal es felicidad, pero también susurra: Es la muerte.

Proporciona sensaciones que empiezan y se acaban,

que alegran pero que también pueden frustrar, son incompletas a veces.

Ocurre para satisfacer una pulsión física,

satisfacer algo que va a morir, que llamamos placer,

es una ilusión de placer que es dolor,

lo que anhelamos es sentir la plenitud, que no es carente, que no necesita algo que le estimule,

algo que es la misma fuente ya.

Desde un punto de vista Advaita Vedanta,

el Ego me incita a que proyecte mis resentimientos, intentando expulsarlos de mí,

para que me pueda liberar a mí mismo,

para convencerme de que esto es posible,

le ordena a mi cuerpo que busque dolor en el ataque contra otro,

lo llama placer y te lo trae en bandeja de oro como liberación del sufrimiento.

Y así se usa parte de la sexualidad,

desde el Ego, se ve al cuerpo como un objeto,

un objeto que me satisface,

¿Cómo? tratando de liberarme de la culpa,

sucumbir a la atracción de la culpabilidad es la manera de escaparse del dolor,

ojalá funcionase, pero el dolor no desaparece,

identificarme con el cuerpo supone que, en algún momento,

se va a producir una traición en alguna forma.

Hay una desconexión, una desunión, que hace se convierta en un ataque,

en algo doloroso, que puede derivar en una sexualidad muy desconectada,

estoy dándole valor a ese placer físico que creo me va a liberar,

pero desde ese lugar es un ataque, estoy separado del otro.

Cuando la sexualidad es desde la disposición del sistema de pensamiento Ego,

hay un cansancio y unas ganas de dormir, ese descanso no es paz.

Necesito reprogramar el valor que le he dado al cuerpo y a la sexualidad,

la única forma de romper este círculo vicioso es soltar, ahí está la armonía celeste,

es una experiencia distinta,

una relación es soltar las experiencias para abrirse a nuevas experiencias,

lo que me dolía me deja de doler, eso es perdonar.

¿Por qué razón es el cuerpo tan importante?

Llego a la conclusión de que es un simple medio de comunicación,

transmite las sensaciones que yo deseo,

como cualquier otro medio de comunicación, solo transmite los mensajes que se le da.

Como a Miguel Strogoff, quien portaba un mensaje del zar,

en el que se advertía de la invasión tártara,

los contenidos de los mensajes le son completamente indiferentes,

su función es tomar un papel aquí y dejarlo en otro lugar en un determinado momento.

El acto íntimo puede ser un acto de comunicación,

donde no es la sensación física lo que es altar,

porque la mente no está interesada en identificarse con eso,

es identificarme con la unión.

Desde la comunicación, ocurre la vida,

no es cansancio, es vida,

no dan ganas de dormir,

sino el reconocimiento que el universo solo se regula mediante las leyes universales,

y no las mundanas,

es un acto de comunión en el que el cuerpo va perdiendo importancia,

hasta desvanecerse.

Reconozco que tal solo con mirarte ya estamos en ese lugar de unión,

no necesitamos el cuerpo,

es un reconocimiento de nuestro ser, plenitud y felicidad.

Cuando te veo desde lo más profundo del corazón, pasando por alto las formas,

aparece otra experiencia, ahí es diferente,

mi Maestro interior, reinterpreta, conduce a la inocencia, a casa.

Dice el Tao que un hermano es todos los hermanos,

cuando dos personas se unen en esa relación santa, todo el universo está ahí,

los impulsos físicos sexuales son impulsos milagrosos distorsionados,

cada vez que se dispara la libido, es un anhelo de unión, de amar, de fusión, de ser,

pero que se distorsiona en la expresión física,

ahí veo la inocencia y puedo reconducirla.

Cada vez que lo siento, siento que necesito algo,

necesidad, deseo, necesidad, porque soy carente,

pero yo no soy un ser carente, eso no puede ser verdad,

soy un ser pleno, respiro,

¿qué hay aquí? Hay paz, para investigar cada uno.

Si siento pulsión sexual y no puedo, mi mente no está entrenada ahí,

y tengo un desahogo físico,

es fundamental que no me sienta culpable por ello,

no es nada malo, se va a redirigir mi mente,

sin dar importancia a los momentos intermedios,

es como tomarse un café.

Crecer es soltar el especialismo, que todo sea lo mismo, soltarse,

desapegarse.

Amar supone trascender la separación entre seres a través de la sexualidad,

yo no amo al otro, yo soy el otro.

Como dice Ramana Maharshi, un jivanmukta, un hombre liberado, hindú, del siglo XIX,

no hay otro,

estar iluminado es escuchar al maestro interior,

la voz que me dicta, el espíritu santo,

liberarme es ver al otro como parte de mí mismo.

Es el éxtasis, que va mucho más allá del orgasmo,

es el momento de disolución en el otro,

en India, se llama el samadhi, la integración total, la unión de sujeto y objeto,

cesa la fluctuación de la mente y experimento el flujo único de mi conciencia,

doy sin expectativas, me doy totalmente al ser,

sin miedo a pérdidas, porque todo está en mí.

Solo existe encuentro y presencia constante en cada momento,

no tengo que buscar porque no soy un ser carente,

no necesito que nadie me complete,

no necesito mi media naranja porque tú eres yo y yo soy tú.

El orgasmo biológico lleva escrita su propia muerte,

explota todo el sistema energético para morir al hacerlo,

su salvación también está escrita,

y consiste en revertir toda su fuerza en la unión con la energía vital,

y disparar un estado ampliado de conciencia.

Consiste en mantener sostenidamente la energía preorgásmica,

como si durante un instante infinito estuviera a punto de tener un climax,

esto une no solo en el cuerpo físico, sino también en la mente y las emociones,

es la unión de las almas en coherencia con el amor universal.

Lo que empieza en una mirada clara, una sonrisa luminosa, el contacto cálido,

la caricia amable y el beso sutil,

continúa manteniendo el placer, como avivar el fuego sin quemarse.

La energía sexual se llama Kundalini,

y el orgasmo tiene por objeto llegar a un estado energético acumulativo,

que es necesario para despertar el libre flujo,

por todos los centros de energía del organismo,

los chakras.

 


Capítulo 37.4. El amor a los demás

 

Una vez conquistado el amor propio, se extiende,

comienza la relación con los demás, ellos y ellas lo notan, ven el cambio,

¿Cómo entiendo yo el hecho de que alguien me ataque?

¿Cómo reacciono cuando percibo deslealtad, bulling, o simplemente soy ignorado?

Ser vulnerable me trae la enfermedad,

con otras personas intento nunca ponerme de parte de la enfermedad en presencia de ellos,

nunca me pongo a su nivel de miedo,

por mucho que él o ella crean en su enfermedad y su miedo,

que lo vean como absolutamente real,

creer que un ser está enfermo es adorar al mismo ídolo que él adora,

pero yo creo en el amor, no en la idolatría.

Poli Délano escribe: “Verse y amarse locamente fue una sola cosa,

ella tenía los colmillos largos y afilados,

él tenía la piel blanda y suave: estaban hechos el uno para el otro”,

hay un amor que no es tal, sino codependencia,

donde uno tiene necesidades falsas perfectamente compatibles con las necesidades falsas del otro,

ese pseudo amor es interés, no es incondicional.

El pseudo amor se experimenta desde el ego,

y siempre exige derechos recíprocos, ya que es competitivo en vez de amor,

se muestra dispuesto a hacer tratos, pero no puede comprender,

que ser igual a otro significa que no es posible hacer ningún trato al respecto.

Otra forma de pseudo amor es el sacrificio,

sacrificarse tampoco es amor,

el "sacrificio" que considero una purificación,

es algunas veces la raíz de un amargo resentimiento,

cuando no se hace desde el puro amor,

además, también a veces hace sentirse culpable al otro, y eso es un ataque,

puede pasar que cada uno piense que ha sacrificado algo por el otro y lo odie por ello,

puede confundirse estar enamorado del otro con estar enamorado del sacrificio,

por ese sacrificio que se impone a sí mismo,

a veces exige que el otro acepte la culpabilidad y que se sacrifique a sí mismo también.

Tales relaciones sólo dan la impresión de estar intactas,

pues para el ego lo único que las relaciones significan es que los cuerpos están juntos,

mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz,

para él, la mente es algo privado,

y el cuerpo es lo único que se puede compartir.

Las ideas son básicamente algo sin importancia,

salvo si con ellas se puede atraer o alejar el cuerpo de otro,

todo aquello que hace que el otro se sienta culpable,

y que le impida irse debido a la culpabilidad es "bueno",

lo que lo libera de la culpabilidad es "malo", pues se "marcharía".

Estas alianzas son nacidas del miedo a la soledad.

Mi confusión entre lo que es el sacrificio y lo que es el amor es tan aguda,

que resulta imposible concebir el amor sin sacrificio,

sin embargo, el amor no produce culpabilidad en absoluto,

y lo que produce culpabilidad no puede ser amor,

estar con un cuerpo no es estar en comunicación.

El sacrificio no es amor sino ataque,

solo siendo consciente, el miedo al amor desaparecería,

una vez que se ha eliminado la idea del sacrificio ya no podrá seguir habiendo culpabilidad,

pues si hay sacrificio, alguien siempre tiene que pagar para que alguien gane,

la única cuestión pendiente es a qué precio y a cambio de qué.

El único gesto posible de amor es entre iguales,

no es posible dar amor sin recibirlo a la vez,

todo es uno y lo mismo, no hay fronteras, nada va sin volver,

para poder tener, da todo a todos.

Todo pensamiento amoroso que recibo de los demás es verdadero,

lo restante, cualquier queja, insulto o ira,

es simplemente una petición de ayuda y de curación por su parte,

sea cual sea la forma que adopte,

¿Cómo puede estar justificado reaccionar con ira ante la súplica de un ser humano?

ninguna reacción podría ser apropiada,

excepto estar dispuesto a ayudarle,

pues eso, y sólo eso, es lo que está pidiendo.

Cualquier otra cosa que le ofrezca,

me estaría arrogando el derecho de atacar su realidad,

al interpretarla como mejor me parezca,

al final, esto supone para mi propia mente un peligro,

si creyese que una petición de ayuda es otra cosa, reaccionaría ante esa otra cosa,

y mi reacción, por consiguiente, sería inadecuada.

No hay nada que me impida reconocer todas las peticiones de ayuda,

exactamente como lo que son,

excepto mi necesidad imaginaria de atacar,

esta necesidad es lo único que hace que esté dispuesto,

a entablar interminables "batallas" contra la realidad,

en las que niego que la necesidad de curación sea real.

Decirme que no juzgue lo que no entiendo es ciertamente un buen consejo,

nadie que sea externo puede entender desde dentro,

nadie que sea parte interesada puede ser un testigo imparcial,

porque la verdad se habría convertido para él en lo que él quiere que sea la verdad,

si no estoy dispuesto a percibir una petición de ayuda como lo que es,

es porque no estoy dispuesto a prestar ayuda ni a recibirla,

no solamente eso, dejar de reconocer una petición de ayuda es negarme a recibir ayuda,

¿Mantendría yo que no la necesito?

respondiendo a su súplica puedo yo ser ayudado.

La única reacción apropiada hacia un ser humano es apreciarlo,

no puedo sino estar agradecido,

tanto por sus pensamientos de amor como por sus peticiones de ayuda,

pues ambas cosas, si las percibo correctamente, son capaces de traer amor a mi conciencia.

¡Cuán simple es, entonces!

no hay sino una sola manera de reaccionar,

que no intente "ayudar" a mi manera,

pues así no puedo ayudarme a mí mismo,

mas que oiga sus ruegos que claman por la ayuda,

así reconozco la necesidad que yo mismo tengo.

Estoy proyectando,

las interpretaciones que hago de las necesidades de otra persona,

son las interpretaciones que hago de las mías propias,

al prestar ayuda la estoy pidiendo,

y debo percibir tan sólo una necesidad en mí.

Al aplicar cada vez más la interpretación del amor a las reacciones de otros,

cobro mayor conciencia de que su criterio es igualmente aplicable a las mías,

pues, reconocer el miedo no es suficiente para poder escaparme de él,

aunque sí es necesario para demostrar la necesidad de escapar,

tengo aún que transformar el miedo en verdad.

Me va a servir infinito la interpretación que hace el amor de los motivos de los demás,

al haberme enseñado a aceptar únicamente los pensamientos de amor de otros,

y a considerar todo lo demás como una petición de ayuda,

me ha enseñado que el miedo en sí es una petición de ayuda,

esto es lo que realmente quiere decir reconocer el miedo,

si yo no lo protejo, el amor lo reinterpreta, y lo desvanece.

En esto radica el valor principal de aprender a percibir el ataque como una petición de amor,

he aprendido que el miedo y el ataque están inevitablemente interrelacionados,

cuando tengo miedo, ataco.

Si el ataque es lo único que da miedo,

y considero al ataque como la petición de ayuda que realmente es,

me doy cuenta de la irrealidad del miedo,

el miedo es una súplica de amor.

El miedo es un síntoma de profunda sensación de pérdida,

si al percibirlo en otros aprendo a subsanar esa sensación de pérdida,

se elimina la causa básica del miedo.

Me enseño a mí mismo que no hay miedo en mí,

el medio para erradicar mi miedo se encuentra en mí.

El miedo y el amor son las únicas emociones que soy capaz de experimentar,

una es falsa, a erradicar,

menos mal que las defensas que son inservibles se abandonan automáticamente.

El amor siempre conduce al amor,

los enfermos imploran amor, se sienten agradecidos por él,

y en su alegría, resplandecen con agradecimiento.

Si deseo contemplar el amor, que es la realidad,

¿qué mejor cosa podría hacer que reconocer siempre la súplica de amor subyacente?

¿Y de qué mejor manera podría darme cuenta de su realidad,

que respondiendo a esa súplica dando amor?

De esta manera, reemplazo al miedo por el amor,

y mi sueño de separación por el hecho innegable de la unidad, del Ubuntu.

El amor Ubuntu despliega un festín sobre una mesa cubierta con un mantel inmaculado,

en un plácido jardín donde sólo se oye un cántico angelical y un suave y feliz murmullo,

es un banquete en honor de nuestra relación santa,

en el que todo el mundo es un invitado de honor,

y en un instante eterno todos bendecimos la mesa juntos,

al unirnos fraternalmente ante ésta.



Capítulo 37.3. El amor a mí mismo

 

El amor empieza por mí mismo, por el amor propio,

una vez en el camino de reconocer el amor, se va extendiendo a los demás,

de esta manera y no de otra entiendo el amor al prójimo,

no es posible extender un amor que no se tiene,

voy a hablar del amor como experiencia individual y luego de su extensión a los demás.

Siempre experimento que el amor no puede sino extenderse,

una vez que yo estoy en mi centro, desde el amor,

este amor se extiende hacia afuera,

simplemente porque no puede ser contenido,

nunca deja de fluir porque es ilimitado.

Hay que confiar, pero una vez en la confianza,

es bello reconocer que el amor a uno mismo, sin querer, sin poder impedirlo,

empieza a dibujar círculos concéntricos desde uno hasta los demás y hasta el infinito,

sin extensión no puede haber amor,

por medio de mis creaciones extiendo mi amor.

El obstáculo al amor es el miedo,

si me muevo con miedo, mis pulmones se comprimen, se me arquea la espalda,

veo peligros y riesgos, y me asusto,

sin embargo, si actúo desde el amor, se me abre el pecho, bajan las pulsaciones,

se despeja la duda, se reavivan los colores,

me emociono de alegría por cualquier detalle y me siento uno con los demás.

El miedo procede de una falta de amor, es el amor perfecto quien expulsa el miedo,

si hay miedo, es que no hay amor, por eso el miedo no es nada realmente y el amor lo es todo,

no me cuesta nada hacer el cambio,

desde el miedo, un segundo de chasquear los dedos y ya, estoy en el amor.

Hay algunas creencias que me paran de actuar irremediablemente siempre así,

y que necesito urgentemente modificar,

honestamente, a veces me es más difícil decir "te quiero” que "te odio",

asocio el amor con la debilidad y el odio con la fuerza,

y parece que el verdadero poder es realmente la debilidad,

estaría desamparado en presencia del amor,

y quiero salvarme del amor porque creo que éste me aniquilaría,

tengo miedo de que pueda alejarme completamente de mí mismo, y empequeñecerme,

porque creo que la magnificencia radica en el desafío y la grandeza en el ataque,

detrás de esto no está más que mi necesidad de pedir ayuda.

Éstas son algunas de mis experiencias cuando siento amor,

veo que el amor es todo o no es nada,

no existe tal cosa como un poquito de amor, o un amor más difícil que otro,

no hay escalas de amor,

es como acercar un bolígrafo al papel, o escribes o no escribes,

no hay escalas de grises en esto,

el amor es incapaz de hacer excepciones,

salvo en el miedo parece tener sentido la idea de las excepciones,

son amedrentadoras porque las engendra el miedo,

o estás embarazada o no lo estás,

el amor produce alegría, el miedo no, no hay intermedios,

una lealtad parcial es imposible.

Actuar desde el amor me hace invulnerable,

me ofrece la ecuanimidad necesaria ante cualquier falta de paz procedente de afuera,

por mucho que perdone, sigue habiendo ataques del mundo de fuera,

y vienen cuando menos los espero y en la forma que menos espero,

toneladas de ecuanimidad me permiten visualizar esos ataques,

entrando por un oído y saliendo por el de enfrente,

y dejando tanta paz como se llevan, irónicamente hablando,

en definitiva, recordar el amor, me trae invulnerabilidad.

El amor no se construye y no se encuentra,

el amor incondicional se da solo, no hay que ganárselo, no se consigue con méritos,

es aceptación y no se rige por virtudes ni defectos,

no espera nada a cambio, ni dolor, ni ingratitud, ni felicidad,

es o no es.

Para ganar tengo que dar,

no regatear, pues regatear es imponer límites en lo que se da, y eso no es,

yo recibo dones, una puesta de sol, un cielo dramático en Madrid,

un sorbito de agradecimiento,

pero no recibo regalos en modo alguno limitados,

tampoco mis regalos pueden ser limitados.

La solidaridad no es más que un pálido reflejo de un amor,

mucho más poderoso y todo-abarcador,

sentirme con los demás es la verdadera expresión del amor,

podría pensar en el amor que los animales sienten por sus crías,

y en la necesidad que sienten de protegerlas,

se debe a que las consideran parte de sí mismos,

y nadie repudia lo que considera parte de sí mismo,

ubuntu.

La sanación significa reinterpretar todo lo que percibo como temible,

y reconstruirlo como amoroso y cierto,

cuando me decido a hacer este intercambio,

reemplazo simultáneamente la culpabilidad por la dicha,

la crueldad por el amor y el dolor por la paz,

consiste únicamente en desatar las cadenas que aprisionan mi voluntad para liberar.

Mi ego no puede aceptar esta libertad,

se opone a ella siempre que puede y en cualquier forma que puede,

todos los pensamientos no amorosos tienen que ser des-hechos,

palabra ésta que el ego ni siquiera puede entender,

hice mi ego sin amor, y él no me ama.

Construyo un castillo para mirar desde la altura,

y con él me separo del mundo, me veo diferente, sobre mi propio pedestal,

tan orgulloso como me siento, me doy cuenta de que he dejado al amor en el camino.

La salud del cuerpo también es el resultado de abandonar todo intento de utilizar el cuerpo,

sin amor,

igualmente, la salud es el comienzo de la correcta perspectiva,

con respecto a la vida bajo la dirección de mi Maestro Interior,

que sabe lo que ésta es, al ser la Voz de la Vida Misma.

La decisión de despertar refleja la voluntad de amar,

puesto que toda curación supone la sustitución del miedo por el amor.

El amor, como formulaba Johann Wolfgang von Goethe,

“Liebe will ich liebend loben, Jede Form, sie kommt von oben”,

viene de arriba, y yo soy solo el medio a través del cual se expresa,

no lo puedo aceptar nada más como mi voluntad,

pues, veo el amor en mí y lo veo en todas partes porque está en todas partes,

veo su abundancia en todos, ellos forman parte de mí,

tal como yo formo parte del Todo.

Examino el mundo que he fabricado y juzgo su valor imparcialmente,

¿Es quizá digno de ser lo que merezco?

¿Protege tal mundo mi paz e irradia amor?

¿Evita que mi corazón se vea afectado por el miedo,

y me permite dar siempre sin experimentar ninguna sensación de pérdida?

¿Me enseña que esa forma de dar es mi dicha?

Ése es el único ambiente en el que puedo ser feliz.