jueves, 12 de mayo de 2022

Capítulo 37. Ubuntu y la libertad

 

Te lo dedico a ti, que eres mi musa, mi libertad, mi Ubuntu.

Hoy no sé si tomar una decisión u otra,

¿Llevo el paraguas o salgo de casa sin él?


en mi creencia, hay una diferencia, un conflicto, la necesidad de decidir,

son sucesos separados y no pueden coexistir a la vez,

me siento libre para elegir, pero frustrado por no ser capaz de elegir,

¿Por qué siento este conflicto de libertad?

¿Por qué me siento limitado?

¿Por qué disfruto del sentimiento de la libertad?

Ubuntu es una de las bases éticas de la cultura sudafricana,

se refiere a la definición de grupo, de colaboración, de la lealtad,

y de la manera de relacionarse,

surge del dicho popular «Umuntu, nigumuntu, nagumuntu»,

que en zulú significa «una persona es una persona a causa de los demás.

Se cuenta que un antropólogo propuso un juego a niños de una tribu africana,

colocó una cesta llena de frutas junto a un árbol,

y propuso que el primero que llegara a la cesta, ganaría toda la fruta,

dio la señal para que corrieran y todos,

 y cada uno de los niños se tomaron de las manos para correr unidos, y después disfrutar el premio.

Cuando el antropólogo sugirió que uno de ellos podría haber sido el único ganador de la fruta,

le respondieron: ¡Ubuntu!

¿Cómo uno de nosotros podría estar contento cuando los demás están tristes?

Ubuntu es más que solidaridad con el mundo, es sentirme parte del mundo,

desaparece la idea de "los demás".

Ubuntu no es incompatible con ser libre,

no es cierto que si pienso Ubuntu tenga que dejar mi libertad individual,

puedo ser parte de mi valiosa comunidad y a la vez libre,

no tengo que abandonar a mi grupo para poder yo expresarme libremente,

los prejuicios y los juicios de los demás,

no están necesariamente en conflicto con mis propias decisiones de crecimiento,

¡Qué bonito es tener una familia o comunidad donde es posible desarrollarse en libertad!

¡Qué bonito es desarrollarse en libertad y contribuir con ello al desarrollo de la familia o comunidad!

¿Qué es la libertad?

Dice Spinoza que la libertad es llegar a la consciencia de mi destino,

entendido como la realidad, lo que no es posible cambiar, aquello que ocurre sí o sí,

aceptar y disfrutarlo,

saber lo que en las estrellas está escrito para mí,

subirme a un tren que me lleva donde él va, cuando él va, no donde yo quiero,

no consiste en poder hacer lo que yo quiera, sino en querer siempre lo que yo hago.

Esto rompe la idea de que yo puedo ser libre, hacer lo que dicta mi voluntad,

y tomar decisiones racionalmente, con la mente,

no puedo hacer lo que quiera en el momento que quiera,

imploro por mi libre albedrío,

yo querría ser libre, pero no existe la posibilidad.

Y cada día soy un poco menos libre,

la historia de la filosofía me ha ido quitando grados de libertad.

Dos siglos después, Darwin me quitó otra parte de ese libre albedrío,

escribió que el hombre no es un ser especial,

cualitativamente diferente de los animales,

y si no soy especial, soy solo el fruto de mi instinto y mi naturaleza,

ellas me guían para que yo obedezca.

Otro siglo después, Freud me quitó otra parte más de mi libre albedrío,

en su experiencia como psiquiatra,

observó que mucha de nuestra decisión viene del inconsciente,

que de alguna forma me determina,

no tomo las decisiones según mis preferencias ni mis gustos,

sino por los recuerdos traumáticos acumulados en mi inconsciente que yo no recuerdo.

¿Soy libre?

¿O soy un simple producto de mi genética, experiencia y educación,

además de la sombra de mi inconsciente?

¿No será que, cada vez que decido, lo hago porque he heredado un ADN,

o porque tuve un trauma en el pasado,

o porque me educaron a comportarnos así o al revés?

en este caso, no es mi entorno social y cultural el que me constriñe y anula mi libertad,

sino que es muy difícil reinventarme a mí mismo porque desde dentro me lo impido,

es mi interior el que me pone bloqueos en el camino.

Libertad es una palabra muy bonita, es una palabra talismán,

vacía de contenido real, y muy manida cultural y políticamente,

sin embargo, uno de los cimientos de la existencia humana,

no puedo vivir sin ella,

tengo que dotarla de contenido desde mi vida personal,

solo así sirve para ofrecer la motivación necesaria para levantarme por las mañanas de la cama.

Desde la neurología, sé que tengo una zona del cerebro que llamo córtex prefrontal,

donde tiene lugar la actividad de la mente consciente,

ese córtex prefrontal tiene a la conciencia por un mérito propio, me la gano,

la construyo a propósito, es mi creación,

eso parece, pero no es así, la consciencia es en realidad solo un medio auxiliar,

la conducta es controlada desde el sistema límbico, otra geografía del cerebro,

según la ciencia, tomo las decisiones en el diencéfalo,

esa zona geográfica donde moran las emociones,

el enfado, el miedo, el asco, la alegría y la tristeza,

y también la confianza, el interés, la culpa, el orgullo, la complacencia y otras.

Todo esto yo lo resumo así: la libertad sí existe,

eso no significa hacer lo que yo quiera y tomar decisiones sin limitación alguna, sin fronteras,

la libertad es algo que yo puedo sentir, un mensaje que recibo desde mi estómago,

un idioma, una forma de existir.

La libertad es liberación,

creo que existen todas esas constricciones de la experiencia y la educación,

y de verdad son piedras en el camino,

con la debida metodología, es posible eliminar esas lápidas, desvanecerlas de mi vida,

crecer como personas significa pacientemente ir apartando todos esos obstáculos,

hasta conquistar la libertad.

Me fascina ir detectando y apartando piedras dentro de mí,

y sentir la cantidad de límites que, sin querer y sin saber,

le he impuesto a mi percepción,

es impresionante toda la belleza que puedo ver cuando desaparece la niebla,

y puedo sentir los rayos del Sol en mi piel.

El primer paso hacia la libertad, según esta metodología,

comprende separar nuestras creencias falsas de las verdaderas,

etiquetar cada creencia en estos dos tipos,

yo creo que no soy suficiente,

yo creo que me puedo quedar solo,

yo creo que una persona me está atacando,

yo creo que fui abandonado emocionalmente por mis padres,

yo creo que en el trabajo está la salvación,

yo creo que comprar me da la felicidad y poseer tal objeto me libera de mi escasez respecto de algo.

Las creencias falsas son piedras en mi camino,

la mente, de forma natural, repudiará las falsas, que dejarán de existir,

se desvanecerán como si nada hubiera existido nunca.

También son piedras mis propios juicios,

¿Cómo evitar hacer juicios?

Yo no me siento libre, mis juicios me aprisionan,

soy el carcelero que está más aprisionado que su preso,

pues tiene que cuidar de él para que no escape,

al juzgar y aprisionar el mundo que veo, acabo aprisionándome yo,

si dejase de hacer juicios, dejaría de condenar a los demás y al mundo,

liberaría a mi preso y me liberaría yo.

Me siento aprisionado por mi culpa,

he oído muchas veces que soy culpable del sufrimiento de otras personas,

esas culpas me inducen miedo al abandono,

siento que voy a dejar de ser aceptado y ser parte de una comunidad,

necesito limpiarme de ellas.

Así, juez y culpable,

no puedo evitar sentirme más seguro repitiendo en el futuro lo que ya me ha pasado en el pasado,

virgencita, virgencita, que me quede como estoy,

más vale pasado en mano que cientos de presentes volando,

siento aprisionamiento,

¿Dónde está mi libre albedrío?

me siento como un toro al que empujan por un estrecho pasillo hacia su muerte,

lentamente, pero sin remisión.

Menos mal que hay más que esto,

lo más seductor que he experimentado es el existencialismo de Sartre,

él veía la más pura libertad,

para él, la vida es un proyecto, con principio, fin, objetivos y desarrollo,

igual que un artista proyecta su obra de arte, yo puedo esculpir mi vida con mi cincel.

Sartre presupone que el hombre puede controlar sus instintos,

costumbres, deseos, ideas y las reacciones que le fueron inculcadas en su infancia,

solo necesita mucho método y algo de fuerza de voluntad, y puede construirse a sí mismo.

La libertad es autodeterminación, y la autodeterminación es buena,

la autodeterminación o autorrealización es la capacidad de esculpirme a mí mismo,

es un bien tan importante que, para la mayoría de las personas,

una felicidad determinada por otros no resulta una idea seductora,

cada cual debe crear y trabajar su propia felicidad,

si es regalada, pierde su valor,

¿Qué importancia tiene ganar si uno no puede perder?

Sartre habla de la libertad de las probabilidades.

es probable que pueda tener vidas diferentes, paralelas a las que ahora tengo,

existe una salida a través de la claraboya, dice Dick Turpin,

existe el libre albedrío y la libertad,

yo creo que verlo así es posible, es sublime,

aún sin negar la limitación por parte de nuestra herencia genética, experiencia y educación,

la libertad no es un sueño, una intelequia, una frustración, que no nos hace felices,

sino que es eliminar el miedo y comenzar a volar.

Querer algo diferente puede ser oponerme a las leyes de la realidad,

a lo que es real y es así porque sí,

esto viola mi libertad,

prefiero conducirme firmemente por la senda de la libertad,

aprendiendo cómo descartar o mirar más allá de todo lo que me impediría seguir adelante,

y haciéndolo de la mano de mi Maestro Interior.

No es fácil diferenciar aprisionamiento y libertad,

la realidad nunca me va a fallar, porque es lo que es,

la realidad no puede concebirse sin mí porque no es su voluntad estar sin mí,

mis sueños y mis falsas ilusiones sí acaban en frustración y sufrimiento,

forzar a que las cosas sean de otra manera es solo frustración,

como el bambú cuando cambia de forma en el viento y vuelve a su forma cuando cesa el viento.

La libertad es, pues, sentir paz y dicha al reconocer lo que la realidad dispone para mí,

si experimento miedo y dolor,

es que estoy tratando de cambiar lo que no puede ser de otra forma.

Definitivamente, hay una realidad eternamente inmutable,

que sí tiene carácter de realidad inviolable,

y que intentar cambiar no genera sino sufrimiento.

Las leyes me gobiernan porque gobiernan todo,

no puedo excluirme, si bien puedo obedecer,

por ejemplo, no puedo mantener la ilusión de estar solo si estoy acompañado,

en algún momento me daré cuenta de que el Universo es uno y único,

y “estar solo” no tiene sentido,

la Verdad manda, y mejor reconocerla y aceptarla.

Esto puede sonar muy tétrico, a Edad Media, pero tiene fisuras,

¿Dónde está mi capacidad de decidir?

yo puedo cambiar ese pequeño “nitty gritty” que compone la vida mundana del día a día,

puedo hacerlo porque en definitiva no está más que en mi mente.

La libertad necesita ser ejercida sin sacrificio ni sumisión, pero con la alegría de espíritu,

cuando me sacrifico por otra persona o meta,

muchas veces lo hago de forma que genero un reproche y acabo esperando algo de vuelta,

no puedo esperar nada a cambio, debe ser la generosidad pura,

si no es libre y con alegría, es mejor no hacerlo.

La libertad está en mí, pero sobre todo en los demás,

es a través de los demás que yo encuentro mi propia libertad,

entendido de la siguiente forma,

crecer significa discriminar mis creencias, separar las falsas de las verdaderas,

es decir, la culpabilidad de la inocencia,

entonces, si en un caso, yo no veo inocencia en otro ser humano,

es porque veo su pasado, no le veo a él,

pues en el instante todos somos puramente inocentes,

es decir, le condeno, y al tiempo le estoy diciendo:

"Yo que soy culpable, elijo seguir siéndolo".

Así, niego su libertad, y al hacer eso, he negado el testigo de la mía,

con igual facilidad podría haberlo liberado de su pasado,

y haber eliminado de su mente la nube de culpa que lo encadena a él,

en su libertad habría encontrado la mía,

el “te perdono” me genera a mí mi libertad,

creer en mí es tener confianza en el otro.

El segundo paso en el camino de la libertad es la liberación del pasado,

igual que el primer paso comprende separar nuestras creencias falsas de las verdaderas,

en el pasado hay culpa, y en el presente hay inocencia,

la liberación del pasado, y por tanto, la ausencia de culpa es mi invulnerabilidad.

Es inevitable relacionar libertad y culpa como las dos asas del mismo concepto,

sobre todo, en mi sociedad, donde la culpa está omnipresente,

y es socialmente bueno promover y generar culpa,

en oriente también está impregnada su cultura de culpabilidad,

pero sus religiones tienen por objeto minimizarla, desvanecerla de las personas.

Mi liberación de la creencia de que algo puede hacerme daño,

demuestra que los demás son inocentes, ellos no pueden hacer nada que me haga daño,

y al no dejarles pensar que pueden,

les enseño que la salvación, que he aceptado para mí mismo, es también suya,

no hay nada que perdonar.

La libertad refulge cuando, libre de pasado, vivo el presente,

en el instante santo me veo resplandeciendo con el fulgor de la libertad,

es decir, no necesita mucho tiempo el camino hacia la libertad, meramente un instante,

un momento sin pensamientos de pasado ni de futuro,

en plena atención a lo que los sentidos me están diciendo ahora,

sin miedo.

El tercer paso da lugar al himno de la libertad que se escucha en todas partes,

en la libertad, tengo la sensación de ser transportado más allá de mí mismo,

he escapado realmente de toda limitación,

es una súbita pérdida de la conciencia corporal,

y una experiencia de unión con otra cosa en la que mi mente se expande para abarcarla.

Esa otra cosa pasa a formar parte de mí al unirme a ella,

y tanto yo como ella nos completamos,

lo que realmente sucede es que he renunciado a la ilusión de una conciencia limitada,

el amor, que instantáneamente reemplaza a ese miedo, se extiende,

la paz es no cuestionar la realidad, sino simplemente aceptarla.

En estos instantes en que me libero de toda restricción física,

experimento mucho de lo que sucede en el instante santo:

un levantamiento de las barreras del tiempo y del espacio,

una súbita experiencia de paz y alegría,

mas, por encima de todo, pierdo toda conciencia del cuerpo,

y dejo de dudar acerca de si todo esto es posible o no.

En este lugar de refugio puedo ser yo mismo en paz, simplemente mediante una serena fusión.

Quiero sentir esta libertad,

me sobra mucho corazón.

Quiero sentir el viento paseando por la montaña.

Quiero disfrutar la luz de un día frío de invierno.

Quiero ver levantar las nubes bajas de la mañana de brumas.

Quiero mirar la tierra para no codiciar nada, no envidiar nada.

Quiero ver caballos en libertad con las crines al vuelo,

esos caballos son mis hermanos.

Quiero ver pasar humeante un tropel de potros salvajes.

Quiero observar águilas de esplendidos plumajes,

trayendo de las cumbres magníficas visiones,

con el sereno vuelo de las inspiraciones.

Quiero oler la fragancia de la resina del pino de Peguerinos.

Quiero abrazar a esos árboles casi centenarios.

Quiero escuchar mis pisadas sobre el suelo.

Quiero sentirme el orfebre del instante

al Sol que nunca juzga los motivos terrenales.

Quiero ver en la noche lo infinito que me queda por aprender.

Y quiero hacerlo de tu mano, amor,

vigilando tu sonrisa,

buscando a ciegas tus contornos,

soñando fundirme en tu piel deshabitada.

Solo quien te ha besado sabe que es inmortal.

¿Quién es el ser humano más libre de la tierra?

lunes, 9 de mayo de 2022

Capítulo 36. La culpa es una bola azul

 



Hoy he pasado un día muy bonito con personas muy bonitas,

todo paz y harmonía,

y, sin embargo, algo duele en la zona del tuétano,

es un dolor que se muestra en forma de crisis de ansiedad,

que me lleva a comer sin tener hambre.

Cuando lo analizo en detenimiento, se llama "culpa",

me siento culpable por ser feliz,

por no hacer propiamente el duelo de personas que se van,

es decir, me siento culpable por no sufrir,

me siento culpable por sentir paz y dicha.

Antes la culpa no existía, todo estaba bien,

pero ahora empiezo a hacerme sensible a ella, la visualizo,

no es mía, es herencia de una sociedad en la que vivo y que promueve el sentimiento de culpa,

el miedo asociado y la necesidad de expiarlo,

en esta cultura, la Expiación me lleva a flagelarme la espalda durante las fiestas de semana santa,

y a entonar un credo de “por mi culpa, por mi gran culpa”.

Visualizo una red de personas interconectadas,

cada una tiene su momento de felicidad,

pero en seguida recibe una bola azul de una conexión personal cercana,

esa bola con luz azul está muy caliente y quema,

por eso, el momento de felicidad se convierte en dolor y sufrimiento.

Tanto duele, que la persona siente profundamente la necesidad

de lanzar la pelota a otra persona que esté en su red,

lo hace rápida e inconscientemente para no sentir arder sus manos,

sin dedicar tiempo a pensar y decidir conscientemente, en modo de pura supervivencia.

Lanzando la pelota azul al próximo,

parece que momentáneamente desaparece la quemadura y el dolor, ojalá,

sin embargo, no se ha desprendido de ella, la pelota sigue estando en sus manos.

Las películas japonesas representan esto muy bien,

pintan con precisión los ataques lanzando bolas de energía.



En psicoanálisis, hablamos de proyección,

proyectar la culpa propia hacia los demás parece que me va a vaciar de culpa,

pero no lo hace, no me libera,

solo me libera la meditación,

observar cómo queman las manos, mirar con amor a esa bola azul,

como si fuera un regalo de los Reyes Magos en enero,

y dejar que se diluya, que se desvanezca poco a poco.

Los grilletes solamente se sueltan,

soy la libertad,

cuando me hago consciente de que la bola no existía, era una pura construcción mía,

había yo mismo construido algo, había creído que era real, y sufría por ello,

¡Qué juego más absurdo!

Calderón de la Barca decía que la vida es sueño, y los sueños, sueños son,

sueño con la pelota, sueño que me quemo, solo queda despertar de ese sueño,

y mirar las manos limpias, con llagas, sin el obstáculo, la bola azul.

Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte, ¡desdicha fuerte!

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Ahora que he aprendido, veo un juego interminable de pelotas en movimiento,

y personas que no se dan cuenta de ello,

se lo digo, les apoyo en el proceso de comenzar a visualidad las bolas azules.

Soy inocente.

El camino hacia la paz está lleno de obstáculos, y, de éstos, el más difícil es la culpa,

su apariencia impenetrable, su ser de piedra, es una quimera,

parece una montaña que se puede escalar para desde la altura ver mejor el sol,

pero no es capaz ni siquiera de sostener una pluma,

cuando trato de tocarla, desaparece, trato de asirla y mis manos están vacías.

Es una nube que parece un mundo entero, una cuidad, un lago, una pradera,

con pruebas sensibles de realidad, pero todo es imaginación,

cuando miro con detalle, lo que parecía amoroso se vuelve grotesco.

Yo lo construyo, y al ser mi construcción, me siento orgulloso y me creo que existe,

protejo mi culpa porque es mi bebé,

sufrir por no hacer el duelo puede parecer una prueba de amor,

¡qué orgulloso estoy de sufrir por amor!

voy a latigarme un poco más.

La nube de la culpa no es sólida ni impenetrable,

hay un momento en que se desvanece y hay sol detrás,

la culpa se encuentra con el perdón,

esa brillantez que veo es lo real

soy inocente,

ya no está el pensamiento ni el dolor.

Al final de este viaje está la pradera soleada, con vida animal inocente,

una vaca pariendo al sol, a su ritmo, en soledad,

un toro montando una vaca, una casa de piedra entre pinos y sin cobertura …

el instante eterno, el hogar, la paz.



Capítulo 35. Qué soy



Tengo que tomar una decisión respecto a mis hijos,

ha ocurrido algo y tengo que compartirlo con ellos,

tengo que cuidarles para que no sufran,

pero también tengo que ser sincero y auténtico con ellos,

es un dilema.

Tengo que acompañarlos en su digestión de la nueva situación,

pero no quiero que sientan incertidumbre,

¿Tengo que esforzarme en hacerlo bien, o puedo confiar en su crecimiento como personas,

con capacidad de enfrentarse a las cosas con aprendizaje?

La película “Only you”, 1994, muestra el dilema de la libertad o el destino,

la adolescente Faith recibe la información de que su destino es un hombre llamado Damon Bradley,

a partir de ahí lo busca sin pausa,

en un momento, en olvido,

está a punto de casarse con la persona que socialmente es apropiada,

sin embargo, el destino ataca en el momento justo,

y Faith abandona las convenciones familiares y sociales para embarcarse en la exploración,

suena el teléfono y es el mismo Damon, tomando un vuelo a Venecia,

una llamada, una señal, para que Faith persiga su rastro por toda Italia.

Me pregunto si mi vida está escrita, lo visualizo como si estuviera escrita en las estrellas,

o si, por el contrario, está en mis manos construirla,

¿Existe ese libro gigante en la noche estrellada donde se dicta lo que me está ocurriendo?

¿Puedo relajarme y dejar de construir, confiando en que la construcción va a seguir sin mi liderazgo?

No dudo de mi libre albedrío,

yo puedo tomar decisiones y las tomo constantemente, yo construyo mi vida,

puedo incluso decidir en contra de ese libro,

la pregunta es: ¿Existe ese libro?

Me visualizo como un niño que, desvalido, cede su mano a un gigante,

y se deja, despreocupado, llevar,

ya solo tengo que ocuparme de disfrutar de lo sublime del paisaje,

confiando en que voy con quien y a donde tengo que ir.

Yo puedo construir estrategias y erigir edificios del “deber ser” kantiano,

en los que las cosas sean como a mí me gustaría, y se desarrollen como yo querría,

pero al lado está la humilde realidad, la que existe sí o sí, la que no puedo cambiar,

ver la realidad y aceptarla como real, me permite “soltar”, “desapegarme”, “fluir”.

El río dirige su corriente hacia el mar,

yo puedo nadar en contra,

pero solo voy a conseguir agotarme para seguir estando en el mismo sitio,

¿Qué tal tumbarse estilo muerto y dejar que la corriente me lleve?

La psicología positiva lo llama estado de flow o “be in the zone”,

en este estado mental, en mi actividad del día a día me siento inmerso, enfocado y energético,

me siento involucrado y contento,

estoy absorbido en lo que hago,

desaparece el tiempo.

Me dejo en las manos de mi destino,

es como estar en el cielo,

es paz y certidumbre,

prefiero la certidumbre, aunque lleve un “flavour” oscuro, que la incertidumbre,

la incertidumbre me mata.

En estado de Flow, desaparece mi ansiedad y mis miedos,

ya no siento la oscuridad de mi depresión,

ya no siento la culpa de nada,

es liberador, se me sueltan los grilletes y las cadenas.

Ya no siento el dolor, se ha ido mi sufrimiento,

no hay tristeza, ya no puedo perder nada,

ha muerto la muerte,

dejo mi mano a ese gigante que me guíe,

la realidad manda, yo acepto.

Quiero que este pensamiento esté siempre ahí conmigo,

quiero entrenar mi mente para que este pensamiento sea parte de mí,

que sea mi hábito para la resolución de problemas que se me presenten,

quiero vivir mi presente y confiar en mi gigante,

hacerle mi maestro interior,

quiero paz y amor. 


Capítulo 34. El destino y el flow

 



Tengo que tomar una decisión respecto a mis hijos,

ha ocurrido algo y tengo que compartirlo con ellos,

tengo que cuidarles para que no sufran,

pero también tengo que ser sincero y auténtico con ellos,

es un dilema.

Tengo que acompañarlos en su digestión de la nueva situación,

pero no quiero que sientan incertidumbre,

¿Tengo que esforzarme en hacerlo bien, o puedo confiar en su crecimiento como personas,

con capacidad de enfrentarse a las cosas con aprendizaje?

La película “Only you”, 1994, muestra el dilema de la libertad o el destino,

la adolescente Faith recibe la información de que su destino es un hombre llamado Damon Bradley,

a partir de ahí lo busca sin pausa,

en un momento, en olvido,

está a punto de casarse con la persona que socialmente es apropiada,

sin embargo, el destino ataca en el momento justo,

y Faith abandona las convenciones familiares y sociales para embarcarse en la exploración,

suena el teléfono y es el mismo Damon, tomando un vuelo a Venecia,

una llamada, una señal, para que Faith persiga su rastro por toda Italia.

Me pregunto si mi vida está escrita, lo visualizo como si estuviera escrita en las estrellas,

o si, por el contrario, está en mis manos construirla,

¿Existe ese libro gigante en la noche estrellada donde se dicta lo que me está ocurriendo?

¿Puedo relajarme y dejar de construir, confiando en que la construcción va a seguir sin mi liderazgo?

No dudo de mi libre albedrío,

yo puedo tomar decisiones y las tomo constantemente, yo construyo mi vida,

puedo incluso decidir en contra de ese libro,

la pregunta es: ¿Existe ese libro?

Me visualizo como un niño que, desvalido, cede su mano a un gigante,

y se deja, despreocupado, llevar,

ya solo tengo que ocuparme de disfrutar de lo sublime del paisaje,

confiando en que voy con quien y a donde tengo que ir.

Yo puedo construir estrategias y erigir edificios del “deber ser” kantiano,

en los que las cosas sean como a mí me gustaría, y se desarrollen como yo querría,

pero al lado está la humilde realidad, la que existe sí o sí, la que no puedo cambiar,

ver la realidad y aceptarla como real, me permite “soltar”, “desapegarme”, “fluir”.

El río dirige su corriente hacia el mar,

yo puedo nadar en contra,

pero solo voy a conseguir agotarme para seguir estando en el mismo sitio,

¿Qué tal tumbarse estilo muerto y dejar que la corriente me lleve?

La psicología positiva lo llama estado de flow o “be in the zone”,

en este estado mental, en mi actividad del día a día me siento inmerso, enfocado y energético,

me siento involucrado y contento,

estoy absorbido en lo que hago,

desaparece el tiempo.

Me dejo en las manos de mi destino,

es como estar en el cielo,

es paz y certidumbre,

prefiero la certidumbre, aunque lleve un “flavour” oscuro, que la incertidumbre,

la incertidumbre me mata.

En estado de Flow, desaparece mi ansiedad y mis miedos,

ya no siento la oscuridad de mi depresión,

ya no siento la culpa de nada,

es liberador, se me sueltan los grilletes y las cadenas.

Ya no siento el dolor, se ha ido mi sufrimiento,

no hay tristeza, ya no puedo perder nada,

ha muerto la muerte,

dejo mi mano a ese gigante que me guíe,

la realidad manda, yo acepto.

Quiero que este pensamiento esté siempre ahí conmigo,

quiero entrenar mi mente para que este pensamiento sea parte de mí,

que sea mi hábito para la resolución de problemas que se me presenten,

quiero vivir mi presente y confiar en mi gigante,

hacerle mi maestro interior,

quiero paz y amor. 

Capítulo 33. La indefensión

 



Estoy viviendo una miríada de cambios profundos, uno de los cambios más visuales,

es entender el siglo XX como un siglo de extrovertidos para extrovertidos,

y el siglo XXI un siglo de introvertidos para introvertidos,

el cambio de extrovertido a más introvertido.

Donde mi foco antes estaba en el exterior,

creyendo sin dudar la existencia fehaciente de un mundo fuere de mí,

ahora, por la pandemia o por la madurez, el foco empieza a mudar a mi mundo interior.

Ahí, la importancia básica es mi maestro interior,

la experiencia dentro de mí mismo,

sobre la creencia básica de que el mundo exterior,

es solo un conjunto de partículas y ondas electromagnéticas,

y la realidad la construye la percepción del hombre,

esa percepción procesa los impulsos recibidos y los convierte en formas y emociones,

si yo veo algo, soy yo quien construyo la emoción de alegría,

y ese algo sin la emoción que yo le pongo es nada.

Mis emociones parecen venir de fuera,

sin embargo, son creadas por la percepción de mi mente,

en base a mis experiencias anteriores, proyecciones futuras,

creencias sociales, valores educativos…

toda emoción es una quimera, una invención, una construcción de la mente racional.

Por ejemplo, ayer mi mente decidió construir un ataque,

yo podía ver claro que una persona externa a mí me estaba atacando,

y mi reacción era una incómoda posición de necesidad de defenderme,

de devolver el ataque, de alejarme de esa persona, de bloqueo hacia su acción.

Mi posición de defensa era dolorosa,

¿Por qué esa persona sin razón aparente querría hacerme sentir molesto?

¿De dónde venía toda esa injusticia?

¿Por qué yo debía reatacar para mantener mi dignidad, mi Ego y mi autoestima?

Desde la perspectiva de un mundo interior, todo esto es muy diferente,

lo único evidente en esa situación es que yo estaba experimentando,

una emoción desagradable de ser atacado,

no es fuera,

es siempre de dentro, como decía mi amigo Héctor.

Era yo que estaba construyendo en mi mente el ataque,

a pesar de percibirlo que venía desde fuera,

seguramente, yo construía ese ataque porque mi niño interior herido,

percibió alguna vez ataque durante el embarazo o la infancia,

y mis neuronas quedaron así entrelazadas,

de forma que ya siempre repito esa sensación de ser atacado,

cuando ya no existe ese ataque.

Los mastines españoles son perros grandes, cariñosos, leales a su dueño,

de mirada amable y comportamiento juguetón,

la práctica en los pueblos es pegarles de pequeños, maltratarles y racionarles comida y agua,

hoy ilegal la práctica,

estos perros maltratados mutan su comportamiento en bestias agresivas,

son capaces de percibir atacantes y reaccionar muy violentamente,

destrozando cualquier víctima,

son muy peligrosos.

A través de mi niño interior maltratado,

el tigre que llevo dentro me ataca cada cierto tiempo,

y yo vivo una parte de mi existencia defendiéndome de mi tigre,

y agrediéndole de vuelta,

es agotador vivir en esa lucha incesante, en un círculo vicioso de culpa,

víctima, percepción de ataque, defensa, ataque, culpa…

De pronto, tengo un momento en el que me siento culpable, y ello me parece insostenible,

así que decido inconscientemente victimizarme,

y proyectar la carga sobre otra persona que esté cerca,

no hay mejor defensa que un buen ataque,

y así, refuerzo la sensación de culpa, y convierto el momento en una rueda sin fin.

Desde mi maestro interior, sé que nadie me ha atacado,

y que solo en el convencimiento profundo de que el ataque que percibo ahora nunca existió,

soy capaz de perdonar al prójimo,

perdonar en el sentido más básico de la palabra,

significando convencido de que no ha existido ataque real.

Perdonando ese comportamiento y esa persona,

se produce el milagro de hacer desaparecer el ataque,

es una experiencia intensa,

en la que es posible pasar de un claro ataque a olvidar completamente la emoción,

en un momento de ecuanimidad,

dejo de reaccionar negativamente ante algo externo,

una vez disuadido de que está solo en mis sueños, en mi imaginación.

Ayer percibí un ataque muy doloroso,

al que pude quebrar la reacción emocional en mi mente,

en relación causa efecto, ataque lleva a reacción emocional,

y ésta es una casi ley, muy importante de romper.

Una vez reducido el enemigo, el ataque, apareció otra persona con armas contra mí,

según iba reduciendo, los enemigos iban creciendo,

de uno en uno, como puestos en fila.

Como en una película de Bruce Lee,

no tenía brazos ni piernas suficientes como para bloquear los sucesivos ataques recibidos,

la sensación era más parecida a una película de ciencia ficción, incluso film de miedo.

Muchas horas después, la tormenta fue convirtiéndose en cielo azul y paz,

después de la tormenta siempre escampa,

la sensación era de dicha, felicidad y paz,

había sido capaz de deshacer todos y cada uno de los ataques,

el viaje a través de la sombra veía ya luz al final del túnel.

La paz resultante se llamaba indefensión,

ya no necesita defenderme de nada, porque ya no había nada que me estuviese atacando,

mi tigre se había echado a dormir agotado.

En mi paz, todas las personas a las que había conseguido perdonar,

se me imaginaban hermosos,

nada podía yo valorar tanto ni tener en tanta estima,

no había comparación con la pesadilla anterior,

los gigantes volvían a ser molinos, y esta vez soleados y bellos,

mi corazón cantaba de alegría,

el mundo real era resplandeciente, puro y nuevo.

La cocina había quedado hecha un caos después de cocinar,

pero el detergente y el proceso la habían retornado resplandeciente y bien oliente,

la belleza brota conforme contemplo el mundo con los ojos del perdón,

las quimeras que había tergiversado mi percepción habían quedado,

por lo menos temporalmente, eliminadas,

ya no me sentía anclado al pasado.

Perdonar no es otra cosa que recordar únicamente los pensamientos amorosos,

que di en el pasado, y aquellos que se me dieron a mí,

todo lo demás debe olvidarse,

al final, me llevaré solo eso, el karma,

mis pensamientos amorosos y el impacto de mis acciones.

Traigo tenebrosas figuras de mi pasado,

las traigo y las oigo,

si las conservo es porque así lo elijo,

no puedo entender de dónde llegaron ni cuál es su propósito,

solo sé que representa el mal que creo que se me infligió,

las traigo solo para poder devolver mal por mal,

con la esperanza de pensar que otro es culpable sin que ello me afecte a mí,

esas tenebrosas figuras hablan de venganza.

Es malvado, porque todo lo que me recuerda resentimientos pasados me atrae,

y me parece que es amor,

esas relaciones así formadas son más corporales que espirituales,

en realidad, la relación no se entabla con la persona que parece,

sino con otra que en el pasado generó los percibidos maltratos.

Esa relación no la forjo con otra persona, sino precisamente para excluirla,

pues la relación es con unos sueños inexistentes,

en la unión con esas fantasías gozo de una dicha ininterrumpida,

el perdón deja solamente los pensamientos amorosos, y con ello, transforma el pasado en presente.

En mi indefensión radica mi seguridad,

en mi indefensión soy fuerte,

y descubro lo que mis defensas ocultan,

el propósito de todas mis defensas es impedir que reciba el regalo que para mí hay hoy.

Las Artes Marciales me han enseñado que la indefensión nunca puede ser atacada,

porque reconoce una fuerza tan inmensa,

que ante ella el ataque es absurdo,

un juego tonto de un niño cansado,

cuando tiene tanto sueño que ya ni se acuerda de lo que quiere.

Mahatma Gandhi, el fundador del movimiento de la no violencia,

dice “Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir,

pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”,

y en esa frase se basa toda su filosofía.

Más allá de los sueños, reconozco que no necesito defensas,

soy inexpugnable, el ataque no tiene sentido alguno,

la indefensión me protege,

en mi luz soy invulnerable.

A veces pienso que mostrarme indefenso es como estar en el hogar de mi infancia,

en mi hay un niño interior que anda buscando la casa de su padre,

sabiéndose un extraño fuera de ella,

en ella, no se juzga, no se ataca y solo se ama incondicionalmente,

sin tener que hacer méritos, solo por haber nacido en ella,

tan solo pide unos segundos de respiro,

un intervalo en el que pueda volver a respirar el aire de la casa.

Ese niño necesita mi protección,

su vocecilla es una llamada de auxilio ahogada,

en los estridentes sonidos y destemplados ruidos del mundo.

Yo no le voy a fallar,

ese niño es mi indefensión, mi fortaleza,

él confía en mí.

 

Él es un niño pequeño, y yo he podido aprender de él cuán fuerte es aquel que viene sin defensas, ofreciendo amor a sus enemigos. Acepto su indefensión a cambio de todas las armas bélicas que mi mente ha construido. Voy a volver a casa con él y gozar de paz por un rato.

 

Nos vamos a sentar a la mesa y voy a ponerle un plato a él simbólicamente.

Capítulo 32. Somos uno

 



Hay veces que las distancias desaparecen,

y me siento uno con la naturaleza, con otra persona o incluso con la humanidad entera,

¿Qué tipo de sentimiento es ese?

En lugar de reconocer que mi yo acaba donde acaba mi piel,

parece que se extiende y lo hace hasta el infinito,

así, lo que es bueno para mí y lo que es bueno para mi no-yo es lo mismo.

No existe separación, todos formamos parte de una misma Identidad,

desde los presocráticos griegos sabemos que todo empezó en un momento,

que no había espacio ni tiempo, un punto en el que no había diferencias,

todo era lo mismo, todos estábamos allí juntitos,

el Big Bang hizo que ese punto se expandiera y apareció el mundo,

cada vez extendiéndose más en el espacio.

Desde entonces la vida ocurre a forma de dialéctica,

dos fuerzas opuestas que encuentran su equilibrio,

por un lado, la expansión del Universo y creación del mundo,

por otro lado, la vuelta a casa, al encuentro en la Unidad,

nuestra mente tiene dos capacidades,

una que ve la diferencia, la racionalidad,

y otra que ve la unidad, la intuición.

Por eso, cuando alguien sufre, sufrimos todos,

no es el concepto de empatía,

a través del cual yo puedo ponerme en los zapatos de otra persona y sentir como él,

es otro concepto más extremo, por el cual yo soy la otra persona,

la otra persona es yo,

y todos pertenecemos a una misma única unidad.

De forma parecida, cuando yo tengo pensamientos, los tiene el otro,

y cuando el otro tiene un pensamiento, lo tenemos todos,

no es posible hablar del pensamiento privado,

sino que solo hay un pensamiento del que participamos todos.

Cuando alguien está en paz y es feliz,

esa felicidad también repercute sobre la gran familia,

cuando alguien es amado,

también los beneficios repercuten potencialmente en todos nosotros,

maltrata al prójimo y te estas maltratando a ti mismo,

ama al prójimo y te estas amando a ti mismo.

Como dice la sabiduría popular, “haz bien y no mires a quien”,

“los humanos y los árboles somos hijos de la misma tierra”,

“no hagas a los demás aquello que no quieras que te hagan a ti” o

“trata al otro como tú quieres ser tratado”.

En Filosofía, hablamos de Panteísmo como símbolo de una Gran Madre,

en cuyo seno están contenidas todas las cosas,

de la que todas las cosas emanan y hacia la que retornan,

en un ciclo eterno,

esto es también el Tao chino.

La idea de emanar es de Aristóteles,

el proceso de emanar de las cosas produce la separación,

lo que se denomina Dualidad del mundo,

en esta cultura, la especie humana queda completamente aislada de su matriz,

inventa un mundo “objetivo” y material,

que está fuera y es independiente del ser humano,

Friedrich Nietzsche lo describe como “¿Qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol?

En esta Dualidad, hay diferenciación,

la palabra “naturaleza” significa “todo lo que el ser humano no es”,

“todo lo que no ha sido creado por la mano del hombre”.

Vivir en la separación es una quimera, una pretensión, pero no es posible,

Werner Heisenberg en 1925 afirmaba la imposibilidad de cualquier observador,

de medir una partícula sin modificarla en el proceso de observación,

la mecánica cuántica rompe esa idea de mundo objetivo posible.

Ya no es obvio que exista el otro enfrente de mí y con independencia de mí,

las actitudes, comportamientos e intenciones que yo veo en el otro, probablemente no existan,

el dualismo muere cuando Erwin Schrödinger, fundador de la mecánica cuántica,

enuncia: "el sujeto y el objeto son uno solo.”

Desde el Romanticismo alemán, Fichte a Schelling, no se sostiene una dualidad,

sino un proceso participativo, esencialmente interdependiente,

entre el hombre y lo externo a él,

la realidad no está separada, no es autónoma.

La forma no existe en sí misma, sino solo como información,

un sistema, tanto un ser humano como un átomo,

está constituidos por una cantidad de información integrada,

a mayor cantidad de información, mayor complejidad del sistema,

y mayor conciencia de éste,

Rupert Sheldrake lo llama campos mórficos.

Volvemos al Ser del filósofo presocrático Parménides,

en su visión no-dual, el Ser es aquello que es, y no puede ser de otra forma,

el Ser es la vida, una, eterna, siempre presente,

que está más allá de las formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte.

Plotino lo llama Uno,

es indescriptible, la unidad, lo más grande,

hasta tal punto que a veces le denomina Dios, único, infinito,

es principio y última realidad, la Unidad que funda la existencia de todas las cosas,

es ilimitado, perfecto y no tiende a acabarse, por lo tanto, es una sola realidad.

Según (Eckhart Tolle, El poder del ahora, 1997),

el Ser está embebido en cada persona o cosa,

sólo se le puede conocer cuando la mente se acalla, cuando estoy presente,

completa e intensamente en el Ahora,

trata de sentir lo que significa ser

no esto en el universo, soy universo.

La unión es una percepción sublime,

intuir esta unión es la liberación de la oscuridad,

entrar en comunión viene asociado a entender la dicha y la paz,

la Unión es la reconciliación después de la separación,

da miedo, pero es la única liberación,

es el amor.

Capítulo 31. La pareja

 



Dicen los psicólogos que las relaciones de pareja sanas se apoyan en el respeto,

en valorar al otro y respetar sus sentimientos, opiniones, amigos, actividades e intereses,

la pareja se establece de común acuerdo entre dos personas,

basada en el interés y el afecto, y en cuidarse mutuamente.

Durante muchos años, creo que he tenido medias parejas,

con respeto, interés, afecto y cuidado mutuo,

me llenaban en ciertos o muchos aspectos, he vivido mucho, he aprendido mucho,

he sonreído a la vida,

pero no dejaban de estar impregnadas de ansiedad, desesperación, culpa y ataques.

Los ataques y la culpa van unidos,

lo que yo he vivido es “me siento culpable, te ataco a ti para traspasarte la culpa”,

ha sido por ambas partes, y de forma bastante inconsciente,

en cosas nimias y en las grandes cosas,

este juego yo lo he visto en el lenguaje,

con una violencia que nunca es física ni fácil de detectar,

muchas veces coloreado con toques de humor,

disfrazado de confianza con solera por el tiempo común vivido,

y el desarrollo de costumbres comunes y fáciles.

En perspectiva, llego a una muy importante conclusión,

veo que el ataque siempre ha ido hacia mi libertad, mi invulnerabilidad,

y mi capacidad de ver más allá,

no solo molestaba que me gustase dormir con el aire fresco, renovado y frío,

sino que lo que de verdad era atacado era aquello que me hacía erguir mi espalda,

caminar sin mirar hacia atrás y decidir sin dudar.

En esos tipos de relaciones, es muy difícil liberarse y crecer,

es común normalizar esas formas de amar mezcladas con láminas de resentimiento,

confundo el amor con los celos, con la sensación de propiedad,

y con la necesidad de cumplir ciertas necesidades físicas, psicológicas y sociales.

He visto a esa parte de resentimiento hacerse consciente,

y parecía que iba a desaparecer en ese camino,

la mayoría de las veces se convertía en culpa, en mal sentimiento, cargo de conciencia,

pero sin hacer por corregirlo.

La seguridad es un elemento crítico en una relación,

estas relaciones crean la ilusión de seguridad,

es doloroso buscar la seguridad allá donde no está.

Ya no quiero esto.

Al mismo tiempo, otra característica de las medio relaciones es sentir empatía de forma errónea,

es decir, sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento de la otra persona,

pues el sufrimiento es precisamente lo que debo negarme a comprender.

Así, se justifican comportamientos inadmisibles,

el triunfo de la debilidad no es lo que deseo ofrecer,

la verdadera empatía es aquella en la que le permito

que se valga de su capacidad para ser fuerte y no débil,

no trato de ser Su maestro, yo soy el estudiante,

permite que me ofrezca Su fortaleza.

He descubierto que el ingrediente de éxito en una pareja es la indefensión,

una relación es tal en tanto que no me defiendo,

sin defenderme, esto no deja de impresionarme, me siento invulnerable,

y al ser invulnerable tampoco tengo la necesidad de atacar, ni de sentirme culpable,

ni de jugar al juego de la competición,

ni de tener que convertirme en algo especial para ser digno de ser amado.

Ahora creo mucho más en el amor inmutable incondicional,

y mucho menos en las relaciones que están sujetas a tantos cambios y variaciones,

porque si tanto cambian, es que están motivadas por los miedos,

el miedo a quedarme solo, el miedo a necesitar ser especial a los ojos de la sociedad,

el miedo a no ser suficiente para los requisitos de la educación…

el amor y el miedo no van bien en la misma frase.

Además, no puedo amar sólo a algunas partes de la realidad,

y al mismo tiempo entender el significado del amor,

esto me gusta, aquello quiero cambiarlo,

es la actitud pueril de creer que el mundo debe ser de otra manera,

pero como no lo es, me frustro y me salen emociones como la ira, la tristeza o el asco.

La verdadera relación de amor es aquella que se percibe como unión y no como separación,

se siente que se achica hasta desaparecer la distancia hasta el otro yo,

desaparecen los pensamientos privados, para hacerse públicos y compartidos.

En la unidad, la comunicación es perfecta,

no hay que decir las cosas para que se entiendan,

porque si no se entienden de natural,

tratar de convencer será el comienzo del siguiente juego ataque-culpa.

Vivir el instante, dejando al lado el pasado y el futuro es amor,

en el instante se vive la eternidad, y allí no hay nada especial,

no hay otras personas que sean diferentes,

no hay nadie ni nada por lo que competir,

no existe la quimera artificial de ganadores ni perdedores.

Al aparcar el pasado, allí se quedan también los valores,

y sin valores, todas las personas somos iguales y semejantes,

solo entonces se puede empezar a escuchar al corazón.

 

Capítulo 1.6. Mi maestro interior

 



Intento reflejar el camino de mi vida,

no hubiera sido posible sin la pauta generosa de mi Maestro Interior,

esa energía intangible a quien doy la mano para dejarme guiar,

y que me lleva sin duda, sin miedo y sin pausa a lo largo de mi camino.

Tengo la certeza de que este camino de crecimiento, lo he conformado yo,

por supuesto que me han orientado lecturas luminosas,

que he recibido consejos pertinentes por parte de mis profesores y maestros,

y que he admirado el tesón de otros buscadores de sentido,

a cuyo lado he recorrido muchos trechos,

mi impresión es que he sido yo y solo yo quien ha caminado,

guiado por mi intuición, mi Maestro Interior.

Siempre me ha costado un triunfo compartirlo,

he experimentado que todo esto es muy difícil de entender en nuestra sociedad occidental,

demasiado intelectualizada e invadida por necesarias explicaciones lógicas.

Solo puedo evitar la generalizada presencia de la racionalidad,

si despierto al Maestro Interior que llevo dentro y le dejo hablar,

cuando no está tapado, mi Maestro Interior me hace mucho más sabio de lo que creo,

y sé bien qué es lo que se espera de mí y qué debo hacer.

Mi Maestro Interior no me dice nada que no sepa ya,

solo me recuerda lo que ya se,

me pone ante la evidencia real para que sonría,

gracias a él, he descubierto que todo sin excepción es una aventura,

tener un hijo, cultivar una amistad, hacer un viaje… es una aventura,

dar un paseo, leer un cuento o cocinar es una aventura,

cualquier instante, aun el más gris, es una aventura ilimitada,

en lo ordinario, es posible encontrar la aproximación sustancial y milagrosa. 

Lo que siempre he evitado es la rutina,

he buscado la creatividad y la capacidad para vislumbrar y rescatar el descubrimiento,

si no recuerdo el pasado, todo lo que miro es siempre nuevo y diferente,

en mi vida, he buscado con obstinación participar de ese cambio continuo,

que llamo «existencia», como única promesa sensata de felicidad.

Tuve la oportunidad de pasar unos años haciendo trabajo de cooperación en campos de refugiados,

in entrar en detalles, son áreas limitadas donde viven familias durante décadas,

desde un punto de vista occidental, en extrema pobreza, sin agua potable,

sin servicio de basuras, sin sistema de alcantarillado, sin permisos para trabajar,

y muchas veces con sistemas sanitarios y alimenticios insuficientes.

Una tarde de invierno, casi de noche,

llegaba yo con muchas ganas a impartir mis clases de inglés a un grupo de niños de diversas edades,

no estoy seguro de cuánto aprenderían ellos,

pero sí tengo certeza de que yo aprendía mucho más de su idioma local,

y por supuesto, de la vida.

Llegué al campo con mi coche nuevo y mi móvil recién comprado,

allí se quedó el coche aparcado, con el móvil en el salpicadero,

y accidentalmente con la puerta abierta,

las dos horas que yo estuve en el centro social con mis alumnos.

Cuando salí, lo que vi no era creíble a mis ojos,

dentro del habitáculo había niños, muchos niños, una increíble cantidad de niños,

en ese momento no pensé en la tapicería de cuero blanca, pero si en mi móvil,

seguramente no estaría ya.  

Como occidental, en seguida hice la adecuada planificación económica,

con lo que yo había pagado por el móvil,

una familia de refugiados en el campo podría sobrevivir muchos meses,

incluso años,

incluidos hijos, padres, abuelos y algún primo,

mi mente me convenció de verlo como una donación, como cooperación,

como un acto de caridad ante aquellas pobres personas.

Para ser honesto, me encantaba jugar con aquellos niños,

hablábamos, les subía a mi espalda, corríamos, jugábamos,

tanto así que finalmente olvidé el móvil,

y la preocupación racional alrededor del desafortunado malentendido.

Más tarde, después de jugar y compartir un zumo con una de las familias dentro de su hogar,

ocurrió algo que cambiaría para siempre mi sistema de comprensión de la vida,

se aproximó un niño a mí y puso en mi mano el antes ansiado móvil,

me dijo que su abuela nunca había visto uno y había ido a enseñárselo,

se me cayó toda mi educación a mis pies.

Me arrepentí de todos mis pensamientos dementes,

y comprendí en una fracción de segundo que todos los seres humanos somos iguales,

que es una oportunidad de crecimiento sentir que cualquiera se acerca a mí,

y que tendría confianza en las guías de mi Maestro Interior.

Soy un avezado explorador de mi conciencia, y percibí con deleite todos esos cambios,

pero no basta percibir, hay que observar lo que sucede dentro,

he aprendido que cuanto más observo, más acepto,

la observación y la contemplación son motores de cambio,

dos décadas más tarde, tomo nota de ellos para así compartir la transformación de mi biografía.

domingo, 8 de mayo de 2022

Capítulo 30. Mi intuición.

 


Tengo algunas actividades en el día a día que sigo haciendo,

y por las que siento un rechazo.

Siento una falta de coherencia entre lo que hago y quién soy en el mundo,

y lo que algo de mí, en mi interior, parece decirme.

Me pregunto a qué se refiere esa coherencia interna,

que está tan asociada a estar contento.

¿Qué dice mi corazón?

En tanto que ser humano, tengo una habilidad interior, aunque a veces despreciada,

para conocer, entender y percibir de manera clara e inmediata,

que no precisa de la intervención de la razón.

Puedo tomar decisiones sin necesidad de analizar ventajas ni inconvenientes,

comparar posibilidades ni evaluar el impacto,

mi corazón habla, no estoy paranoico.

Por ejemplo, hablamos de la intuición femenina o de alguien que juega y gana en bolsa por intuición,

escucho esa voz interna que me guía y me dice lo que voy a hacer.

Mi corazón no se calla ni debajo del agua,

vivir con mi intuición, me hace vivir puro y rápido,

popularmente lo entendemos como “presentimiento”, “corazonada” o “voz interna”,

es muy diferente de la razón, que usa la lógica y el análisis,

y que necesita tiempo para llegar a una decisión final.

En artes marciales, y en los deportes en general, la intuición es fundamental,

solo aparcando la capacidad de análisis y dando el protagonismo a la intuición,

es posible actuar suficientemente rápido y con coherencia,

lo contrario los convierte en deportes de sillón.

Mi intuición se caracteriza por dar respuestas rápidas y automáticas,

porque usa el contenido del inconsciente para evaluar y reaccionar frente a un estímulo o situación,

sin esperar la reacción racional o consciente,

me permite conocer de inmediato algún aspecto de la realidad que me rodea.

Se me manifiesta a través del cuerpo, con emociones o sentimientos,

mucho antes de que yo pueda describir lo que sucede en palabras.

El tipo de pensamiento que predomina en una persona con intuición es el pensamiento lateral,

soy creativo y flexible,

en la mayoría de los casos no puedo comprender ni explicar de dónde surgen mis conocimientos.

La característica más bella de la intuición es que, gracias a la neuroplasticidad cerebral,

es posible su aprendizaje a través de técnicas como la meditación;

en ese proceso de aprendizaje, el objetivo es identificar esa capacidad y empezar a creer en ella.

Como ser humano sé y conozco,

y la intuición es una capacidad más para el conocimiento,

que equilibro con otros tipos de conocimientos,

como el conocimiento sensitivo, el que proviene de los cinco sentidos,

y el racional, la capacidad de lógica y análisis.

Pero la pregunta es de dónde viene la intuición,

¿Es una pura asociación de experiencias pasadas del individuo?

¿Actúa en base a creencias y valores?

¿Es una entidad de fuera de este mundo que me habla?

¿Es como aprender a escuchar a mi sangre?

Históricamente, la intuición es anterior a la racionalidad en el hombre,

todavía no éramos capaces de relacionar dos ideas diferentes,

y ya escuchábamos esa voz que nos dotaba de sentido al mundo.

Platón y Aristóteles aceptan tanto el pensar intuitivo (nous o noesis),

como el pensar discursivo o dianoia (lógico racional).

Platón destaca el nous como superior,

y a la dianoia le adjudica un lugar secundario que sirve de ayuda para alcanzar al primero.

Aristóteles, por primera vez, recomienda considerar el equilibrio entre ambos,

la coherencia corazón y razón.

Más tarde, en el siglo XVIII,

ha sido objeto de estudio de los filósofos del racionalismo, empirismo y criticismo,

en la actualidad es estudiada por la psicología y la neurología.

Descartes entendía que comprendemos el mundo a través de nuestra capacidad deductiva,

es decir, primero establecemos axiomas, que son creencias básicas,

y segundo, construimos una demostración encadenando axiomas,

muy revolucionario para su época,

la intuición, según Descartes, unida al método deductivo,

sirve de criterio universal para establecer la plena evidencia,

para mi humilde opinión, los axiomas solo llegan a conocerse de un modo puramente intuitivo,

sin demostración posible,

es decir, que sin intuición no hay conocimiento posible.

Para Spinoza, la intuición intelectual denota un conocimiento superior, racional, de la Naturaleza,

conocimiento limpio no obscurecido por las pasiones,

Spinoza consideraba la intuición el “tercer grado” del conocimiento,

el más fidedigno e importante, que aprehende la esencia de las cosas,

su concepto de intuición es a veces mistificado,

a causa de que la intuición significa un conocimiento súbito, instantáneo,

de los fenómenos de la naturaleza,

el hallazgo inesperado de la solución para un determinado problema.

Plotino, San Agustín y después Santo Tomás aceptaron que,

además de existir esa intuición intelectual, otra intuición emotiva,

la que trata de captar el valor del objeto, lo que vale, si es bueno o malo, bello o feo, sublime...

Posteriormente Hume y Fichte introdujeron la intuición volitiva,

la que me permite saber lo que quiero, la que me guía en mi acción.

En el siglo XVIII, Kant describe la intuición intelectual como

aquella que permite conocer directamente realidades, fuera de la experiencia sensible,

capacidad que él rechaza,

considera que intuición es la capacidad que surge ante un objeto dado cuando afecta al espíritu,

sólo la sensibilidad produce intuición,

solamente confía en la intuición empírica y la intuición pura,

la intuición empírica es la que se relaciona con un objeto a través de las sensaciones o fenómenos,

es decir, nuestros sentidos,

no es completa porque los sentidos nos pueden engañar,

a veces, vemos una cuchara dentro de un vaso de agua como quebrada,

cuando en realidad es una sola pieza,

la intuición es pura cuando no pertenece a una sensación y cuando es “a priori”,

antes de que hayamos visto el objeto,

una forma pura de la sensibilidad.

Hacia 1840, el materialismo dialéctico ofrece otra aproximación diferente,

detrás de la intuición está la experiencia, los hechos,

los conocimientos adquiridos anteriormente que, acumulándose imperceptiblemente,

en un determinado grado, presentan “súbitamente” la solución de cualquier problema.

Abarcar intuitivamente la esencia de los fenómenos, hallar la solución de cualquier problema,

sólo es posible gracias a una gran experiencia en el pasado y a profundos conocimientos,

el materialismo dialéctico refuta, pues,

la intuición tratada como una forma especial, divina, innata del conocimiento.

En la tradición alemana idealista, Schelling o Hartman,

la intuición es una facultad especial de meditación interna,

un estado de inspiración en el que el hombre puede, según ellos,

conocer la verdad sin la actividad lógica de la conciencia,

la intuición interpretada de esta manera tiene el carácter de una facultad mística,

del conocimiento irracional.

Los idealistas entienden una facultad de contemplación espiritual,

un estado de revelación que permitiría al hombre conocer la verdad,

sin intervención de la actividad racional, lógica, de la conciencia,

así interpretada, reducen la intuición a una facultad mística, misteriosa, de conocimiento irracional.

Ya en el siglo XX, el francés Henri Bergson lo describe como:

“La simpatía intelectual mediante la que el ser se transporta al interior del objeto,

para coincidir en lo que tiene de único y, en consecuencia, de inexpresable”,

es el modo de conocimiento que capta la realidad verdadera, la interioridad, la duración,

la continuidad, lo que se mueve y hace.

La intuición es el método fundamental de la filosofía moderna,

solo se puede filosofar mediante la intuición,

aprendiendo de esa voz interna que nos habla sobre el mundo y sobre nosotros mismos,

se convierte en método,

desarrollado por los filósofos idealistas como Fichte, Schelling, Hegel y Schopenhauer.

En la fenomenología de Husserl, a la razón le resulta imposible captar el sentido de la vida,

vivida desde la perspectiva humana, desde la duración,

y recurre a la vivencia directa de la misma, a la intuición,

entendida como posibilidad del espíritu humano de acceder al corazón mismo de las cosas.

Husserl se refiere a la «intuición eidética» como conocimiento directo de la esencia,

que no se apoya en los hechos;

al contrario, el conocimiento de éstos requiere el previo de la esencia,

pasando de aquéllos a éstas por medio de la «reducción fenomenológica o eidética».

El psiquiatra Karl Jaspers caracteriza la intuición,

en la actitud intuitiva se ve, se aprehende,

se vivencia el sentimiento gozoso de la plenitud y de lo sin-límite.

Entregándome, contemplo, esperando, aprehendo,

mi ver es vivenciado como experiencia “creativa” del crecer,

resulta claro que mi voluntad, mi finalidad, el consciente trazado de mis metas,

entorpece y estrecha,

“que el ser-dado es una habilidad y don de la propia naturaleza,

mucho más que el mérito del trazado de metas de la voluntad, disciplina y principios,

a no ser del principio de entregarse por de pronto sin cuestionamiento,

cuando el instinto dice que algo debe ser intuitivamente puesto de manifiesto.

La actitud intuitiva no es un veloz mirar hacia algo, sino un sumergirse,

no es corroborado nuevamente con una mirada lo que ya sabíamos,

sino que nos apropiamos de algo nuevo, pleno.”

(Psychologie der Weltanschauungen (PdW), München, Piper, 1985, p. 64-65.)

La instantaneidad y la inmediatez suponen la pareja de la intuición,

lo que intuyo es precisamente de una vez,

suelo tener la intuición de que sé, en un instante, algo determinado,

“se nos aclaró la película”,

“captamos que este lugar no es para nosotros”.

La fotografía capta de un solo golpe el instante,

en el que se retrata todo un conjunto complejo de cosas,

tal vez el rostro de una niña afgana en un campo de refugiados en Afganistán,

bajo las consecuencias de la desolación,

como en la foto de la niña Sharbat Gula, realizada por Steve Curry en 1984.

Lo que descubro mediante la intuición es, en general, algo nuevo,

y por eso no subsumible de inmediato bajo categorías racionales conocidas,

la intuición es inmediata e instantánea, es un sumergirse en el objeto,

perpetuando el instante.

El espacio tiene relevancia ontológica, como lo dice Heidegger en Ser y tiempo,

la racionalidad como actitud mantiene al objeto en una lejanía,

en cambio la actitud intuitiva lo “desaleja”, manteniéndolo en una cercanía,

casi lo incorpora al sujeto que lo conoce,

esa cercanía se percibe como ausencia de espacio y tiempo.

Lo que intuimos es incomunicable,

cualquier tipo de explicaciones no hacen sino rodearlo,

a la actitud intuitiva la caracteriza a su vez una receptividad,

ya que en ella estamos a la espera y entregados a que algo se nos revele.

La intuición permite aprehender cosas, fenómenos, situaciones y asuntos muy complejos,

de una vez, de un solo golpe, como si un rayo de luz nos atravesara,

esa captación de lo esencial, propia de la intuición, requiere de una pasividad,

de un estar entregado a que algo se me revele,

pero, agreguemos, una entrega tal sin esperar algo en concreto,

ya que entonces se daría el peligro de que, con mi expectativa e ilusión,

construyera algo que supuestamente se me está revelando.

Visto de esta forma, de lo que se trata, más que de una receptividad,

es lisa y llanamente de una pasividad,

ya que es ella la que mejor expresa una detención de la actividad,

por sobre todo racional, también emocional del sujeto.

La intuición, en alemán ‘Anschauung’,

es la capacidad que tiene la mente humana de ver unidad en la diversidad,

mientras que la lógica racional me lleva a dividir y separar,

la intuición parece borrar el tiempo y el espacio para verlo todo unido.

¿Quién, así descrita, no querría vivir siempre instalado en la intuición?

¿Quién se conformaría con la versión reducida que ofrece la mente racional?

Y es que el corazón intuitivo y la mente racional ven dos mundos radicalmente diferentes,

incoherentes, difícilmente reconciliables.

La racionalidad ve un mundo de limitaciones atrapado en el espacio y en el tiempo,

en el que el miedo reina y la acción viene motivada por el miedo a la escasez,

todo es invadido por la duda,

es un devenir donde todo cambia todo el tiempo,

y nada tiene esencia más allá de la continua transformación,

esto nos hace sufrir.

Muy diferente, la intuición me presenta una visión estable, eterna,

me muestra el instante y la comunicación profunda,

claridad y concisión,

la intuición solo ve unidad donde la racionalidad ve separación,

es la luz frente a la oscuridad.

La intuición se me muestra como una Voluntad con mayúsculas,

más allá de mi cuerpo y mi comprensión, que me habla, que me dicta, que me lleva de la mano,

y lo hace de forma amorosa.

Es una voz que me habla si aprendo a escucharla,

he descubierto que alrededor del corazón y aparato digestivo,

tengo un número de neuronas mayor de lo que pensaba,

tal vez venga de ese cerebro alternativo esa voz.

La intuición me ofrece una Visión con mayúsculas y un Conocimiento,

que metafóricamente entiendo como luz,

veo una luz envolver el mundo con amor,

y al miedo borrarse de todos los semblantes,

conforme los corazones se alzan y reclaman la luz como suya.

La intuición me es dada a priori, solo por haber nacido y estar vivo,

ahora es el momento de reclamarla,

es el momento de despertar y empezar a creer en ella,

cuando lo siento en mi interior,

florezco como un capullo que estaba esperando el sol,

el momento es ahora.

La intuición es mi timón,

la alarma que me pone en alerta,

cuando los días me atrapan en los quehaceres y mi atención se pierde en lo finito,

¡cuántas cosas detecto cuando me mantengo despierto!

Esa corazonada inerte latente... razón invisible… contiene verdad guardada,

es una idea brillante, constante, que la mente golpea,

esboza verdades,

es fuerza, pureza y franqueza,

nadie ni nada llega a nuestra puerta por casualidad,

leo tus ojos y veo amor y eternidad.