Te lo dedico a ti, que eres mi musa, mi libertad, mi Ubuntu.
Hoy no sé si tomar una decisión u otra,
¿Llevo el paraguas o salgo de casa sin él?
en mi creencia, hay una diferencia, un conflicto, la
necesidad de decidir,
son sucesos separados y no pueden coexistir a la vez,
me siento libre para elegir, pero frustrado por no ser capaz
de elegir,
¿Por qué siento este conflicto de libertad?
¿Por qué me siento limitado?
¿Por qué disfruto del sentimiento de la libertad?
Ubuntu es una de las bases éticas de la cultura sudafricana,
se refiere a la definición de grupo, de colaboración, de la
lealtad,
y de la manera de relacionarse,
surge del dicho popular «Umuntu, nigumuntu, nagumuntu»,
que en zulú significa «una persona es una persona a causa de
los demás.
Se cuenta que un antropólogo propuso un juego a niños de una
tribu africana,
colocó una cesta llena de frutas junto a un árbol,
y propuso que el primero que llegara a la cesta, ganaría
toda la fruta,
dio la señal para que corrieran y todos,
y cada uno de los
niños se tomaron de las manos para correr unidos, y después disfrutar el
premio.
Cuando el antropólogo sugirió que uno de ellos podría haber
sido el único ganador de la fruta,
le respondieron: ¡Ubuntu!
¿Cómo uno de nosotros podría estar contento cuando los demás
están tristes?
Ubuntu es más que solidaridad con el mundo, es sentirme
parte del mundo,
desaparece la idea de "los demás".
Ubuntu no es incompatible con ser libre,
no es cierto que si pienso Ubuntu tenga que dejar mi
libertad individual,
puedo ser parte de mi valiosa comunidad y a la vez libre,
no tengo que abandonar a mi grupo para poder yo expresarme
libremente,
los prejuicios y los juicios de los demás,
no están necesariamente en conflicto con mis propias
decisiones de crecimiento,
¡Qué bonito es tener una familia o comunidad donde es
posible desarrollarse en libertad!
¡Qué bonito es desarrollarse en libertad y contribuir con
ello al desarrollo de la familia o comunidad!
¿Qué es la libertad?
Dice Spinoza que la libertad es llegar a la consciencia de
mi destino,
entendido como la realidad, lo que no es posible cambiar, aquello
que ocurre sí o sí,
aceptar y disfrutarlo,
saber lo que en las estrellas está escrito para mí,
subirme a un tren que me lleva donde él va, cuando él va, no
donde yo quiero,
no consiste en poder hacer lo que yo quiera, sino en querer
siempre lo que yo hago.
Esto rompe la idea de que yo puedo ser libre, hacer lo que dicta
mi voluntad,
y tomar decisiones racionalmente, con la mente,
no puedo hacer lo que quiera en el momento que quiera,
imploro por mi libre albedrío,
yo querría ser libre, pero no existe la posibilidad.
Y cada día soy un poco menos libre,
la historia de la filosofía me ha ido quitando grados de
libertad.
Dos siglos después, Darwin me quitó otra parte de ese libre
albedrío,
escribió que el hombre no es un ser especial,
cualitativamente diferente de los animales,
y si no soy especial, soy solo el fruto de mi instinto y mi
naturaleza,
ellas me guían para que yo obedezca.
Otro siglo después, Freud me quitó otra parte más de mi
libre albedrío,
en su experiencia como psiquiatra,
observó que mucha de nuestra decisión viene del
inconsciente,
que de alguna forma me determina,
no tomo las decisiones según mis preferencias ni mis gustos,
sino por los recuerdos traumáticos acumulados en mi
inconsciente que yo no recuerdo.
¿Soy libre?
¿O soy un simple producto de mi genética, experiencia y
educación,
además de la sombra de mi inconsciente?
¿No será que, cada vez que decido, lo hago porque he
heredado un ADN,
o porque tuve un trauma en el pasado,
o porque me educaron a comportarnos así o al revés?
en este caso, no es mi entorno social y cultural el que me
constriñe y anula mi libertad,
sino que es muy difícil reinventarme a mí mismo porque desde
dentro me lo impido,
es mi interior el que me pone bloqueos en el camino.
Libertad es una palabra muy bonita, es una palabra talismán,
vacía de contenido real, y muy manida cultural y
políticamente,
sin embargo, uno de los cimientos de la existencia humana,
no puedo vivir sin ella,
tengo que dotarla de contenido desde mi vida personal,
solo así sirve para ofrecer la motivación necesaria para
levantarme por las mañanas de la cama.
Desde la neurología, sé que tengo una zona del cerebro que
llamo córtex prefrontal,
donde tiene lugar la actividad de la mente consciente,
ese córtex prefrontal tiene a la conciencia por un mérito
propio, me la gano,
la construyo a propósito, es mi creación,
eso parece, pero no es así, la consciencia es en realidad
solo un medio auxiliar,
la conducta es controlada desde el sistema límbico, otra
geografía del cerebro,
según la ciencia, tomo las decisiones en el diencéfalo,
esa zona geográfica donde moran las emociones,
el enfado, el miedo, el asco, la alegría y la tristeza,
y también la confianza, el interés, la culpa, el orgullo, la
complacencia y otras.
Todo esto yo lo resumo así: la libertad sí existe,
eso no significa hacer lo que yo quiera y tomar decisiones
sin limitación alguna, sin fronteras,
la libertad es algo que yo puedo sentir, un mensaje que
recibo desde mi estómago,
un idioma, una forma de existir.
La libertad es liberación,
creo que existen todas esas constricciones de la experiencia
y la educación,
y de verdad son piedras en el camino,
con la debida metodología, es posible eliminar esas lápidas,
desvanecerlas de mi vida,
crecer como personas significa pacientemente ir apartando
todos esos obstáculos,
hasta conquistar la libertad.
Me fascina ir detectando y apartando piedras dentro de mí,
y sentir la cantidad de límites que, sin querer y sin saber,
le he impuesto a mi percepción,
es impresionante toda la belleza que puedo ver cuando
desaparece la niebla,
y puedo sentir los rayos del Sol en mi piel.
El primer paso hacia la libertad, según esta metodología,
comprende separar nuestras creencias falsas de las
verdaderas,
etiquetar cada creencia en estos dos tipos,
yo creo que no soy suficiente,
yo creo que me puedo quedar solo,
yo creo que una persona me está atacando,
yo creo que fui abandonado emocionalmente por mis padres,
yo creo que en el trabajo está la salvación,
yo creo que comprar me da la felicidad y poseer tal objeto
me libera de mi escasez respecto de algo.
Las creencias falsas son piedras en mi camino,
la mente, de forma natural, repudiará las falsas, que
dejarán de existir,
se desvanecerán como si nada hubiera existido nunca.
También son piedras mis propios juicios,
¿Cómo evitar hacer juicios?
Yo no me siento libre, mis juicios me aprisionan,
soy el carcelero que está más aprisionado que su preso,
pues tiene que cuidar de él para que no escape,
al juzgar y aprisionar el mundo que veo, acabo
aprisionándome yo,
si dejase de hacer juicios, dejaría de condenar a los demás
y al mundo,
liberaría a mi preso y me liberaría yo.
Me siento aprisionado por mi culpa,
he oído muchas veces que soy culpable del sufrimiento de otras
personas,
esas culpas me inducen miedo al abandono,
siento que voy a dejar de ser aceptado y ser parte de una
comunidad,
necesito limpiarme de ellas.
Así, juez y culpable,
no puedo evitar sentirme más seguro repitiendo en el futuro
lo que ya me ha pasado en el pasado,
virgencita, virgencita, que me quede como estoy,
más vale pasado en mano que cientos de presentes volando,
siento aprisionamiento,
¿Dónde está mi libre albedrío?
me siento como un toro al que empujan por un estrecho
pasillo hacia su muerte,
lentamente, pero sin remisión.
Menos mal que hay más que esto,
lo más seductor que he experimentado es el existencialismo
de Sartre,
él veía la más pura libertad,
para él, la vida es un proyecto, con principio, fin,
objetivos y desarrollo,
igual que un artista proyecta su obra de arte, yo puedo
esculpir mi vida con mi cincel.
Sartre presupone que el hombre puede controlar sus
instintos,
costumbres, deseos, ideas y las reacciones que le fueron
inculcadas en su infancia,
solo necesita mucho método y algo de fuerza de voluntad, y
puede construirse a sí mismo.
La libertad es autodeterminación, y la autodeterminación es
buena,
la autodeterminación o autorrealización es la capacidad de
esculpirme a mí mismo,
es un bien tan importante que, para la mayoría de las
personas,
una felicidad determinada por otros no resulta una idea
seductora,
cada cual debe crear y trabajar su propia felicidad,
si es regalada, pierde su valor,
¿Qué importancia tiene ganar si uno no puede perder?
Sartre habla de la libertad de las probabilidades.
es probable que pueda tener vidas diferentes, paralelas a
las que ahora tengo,
existe una salida a través de la claraboya, dice Dick
Turpin,
existe el libre albedrío y la libertad,
yo creo que verlo así es posible, es sublime,
aún sin negar la limitación por parte de nuestra herencia
genética, experiencia y educación,
la libertad no es un sueño, una intelequia, una frustración,
que no nos hace felices,
sino que es eliminar el miedo y comenzar a volar.
Querer algo diferente puede ser oponerme a las leyes de la
realidad,
a lo que es real y es así porque sí,
esto viola mi libertad,
prefiero conducirme firmemente por la senda de la libertad,
aprendiendo cómo descartar o mirar más allá de todo lo que
me impediría seguir adelante,
y haciéndolo de la mano de mi Maestro Interior.
No es fácil diferenciar aprisionamiento y libertad,
la realidad nunca me va a fallar, porque es lo que es,
la realidad no puede concebirse sin mí porque no es su
voluntad estar sin mí,
mis sueños y mis falsas ilusiones sí acaban en frustración y
sufrimiento,
forzar a que las cosas sean de otra manera es solo
frustración,
como el bambú cuando cambia de forma en el viento y vuelve a
su forma cuando cesa el viento.
La libertad es, pues, sentir paz y dicha al reconocer lo que
la realidad dispone para mí,
si experimento miedo y dolor,
es que estoy tratando de cambiar lo que no puede ser de otra
forma.
Definitivamente, hay una realidad eternamente inmutable,
que sí tiene carácter de realidad inviolable,
y que intentar cambiar no genera sino sufrimiento.
Las leyes me gobiernan porque gobiernan todo,
no puedo excluirme, si bien puedo obedecer,
por ejemplo, no puedo mantener la ilusión de estar solo si
estoy acompañado,
en algún momento me daré cuenta de que el Universo es uno y
único,
y “estar solo” no tiene sentido,
la Verdad manda, y mejor reconocerla y aceptarla.
Esto puede sonar muy tétrico, a Edad Media, pero tiene fisuras,
¿Dónde está mi capacidad de decidir?
yo puedo cambiar ese pequeño “nitty gritty” que compone la
vida mundana del día a día,
puedo hacerlo porque en definitiva no está más que en mi
mente.
La libertad necesita ser ejercida sin sacrificio ni
sumisión, pero con la alegría de espíritu,
cuando me sacrifico por otra persona o meta,
muchas veces lo hago de forma que genero un reproche y acabo
esperando algo de vuelta,
no puedo esperar nada a cambio, debe ser la generosidad pura,
si no es libre y con alegría, es mejor no hacerlo.
La libertad está en mí, pero sobre todo en los demás,
es a través de los demás que yo encuentro mi propia
libertad,
entendido de la siguiente forma,
crecer significa discriminar mis creencias, separar las falsas
de las verdaderas,
es decir, la culpabilidad de la inocencia,
entonces, si en un caso, yo no veo inocencia en otro ser
humano,
es porque veo su pasado, no le veo a él,
pues en el instante todos somos puramente inocentes,
es decir, le condeno, y al tiempo le estoy diciendo:
"Yo que soy culpable, elijo seguir siéndolo".
Así, niego su libertad, y al hacer eso, he negado el testigo
de la mía,
con igual facilidad podría haberlo liberado de su pasado,
y haber eliminado de su mente la nube de culpa que lo
encadena a él,
en su libertad habría encontrado la mía,
el “te perdono” me genera a mí mi libertad,
creer en mí es tener confianza en el otro.
El segundo paso en el camino de la libertad es la liberación
del pasado,
igual que el primer paso comprende separar nuestras
creencias falsas de las verdaderas,
en el pasado hay culpa, y en el presente hay inocencia,
la liberación del pasado, y por tanto, la ausencia de culpa
es mi invulnerabilidad.
Es inevitable relacionar libertad y culpa como las dos asas
del mismo concepto,
sobre todo, en mi sociedad, donde la culpa está omnipresente,
y es socialmente bueno promover y generar culpa,
en oriente también está impregnada su cultura de
culpabilidad,
pero sus religiones tienen por objeto minimizarla,
desvanecerla de las personas.
Mi liberación de la creencia de que algo puede hacerme daño,
demuestra que los demás son inocentes, ellos no pueden hacer
nada que me haga daño,
y al no dejarles pensar que pueden,
les enseño que la salvación, que he aceptado para mí mismo,
es también suya,
no hay nada que perdonar.
La libertad refulge cuando, libre de pasado, vivo el
presente,
en el instante santo me veo resplandeciendo con el fulgor de
la libertad,
es decir, no necesita mucho tiempo el camino hacia la
libertad, meramente un instante,
un momento sin pensamientos de pasado ni de futuro,
en plena atención a lo que los sentidos me están diciendo
ahora,
sin miedo.
El tercer paso da lugar al himno de la libertad que se
escucha en todas partes,
en la libertad, tengo la sensación de ser transportado más
allá de mí mismo,
he escapado realmente de toda limitación,
es una súbita pérdida de la conciencia corporal,
y una experiencia de unión con otra cosa en la que mi mente
se expande para abarcarla.
Esa otra cosa pasa a formar parte de mí al unirme a ella,
y tanto yo como ella nos completamos,
lo que realmente sucede es que he renunciado a la ilusión de
una conciencia limitada,
el amor, que instantáneamente reemplaza a ese miedo, se
extiende,
la paz es no cuestionar la realidad, sino simplemente
aceptarla.
En estos instantes en que me libero de toda restricción
física,
experimento mucho de lo que sucede en el instante santo:
un levantamiento de las barreras del tiempo y del espacio,
una súbita experiencia de paz y alegría,
mas, por encima de todo, pierdo toda conciencia del cuerpo,
y dejo de dudar acerca de si todo esto es posible o no.
En este lugar de refugio puedo ser yo mismo en paz,
simplemente mediante una serena fusión.
Quiero sentir esta libertad,
me sobra mucho corazón.
Quiero sentir el viento paseando por la montaña.
Quiero disfrutar la luz de un día frío de invierno.
Quiero ver levantar las nubes bajas de la mañana de brumas.
Quiero mirar la tierra para no codiciar nada, no envidiar
nada.
Quiero ver caballos en libertad con las crines al vuelo,
esos caballos son mis hermanos.
Quiero ver pasar humeante un tropel de potros salvajes.
Quiero observar águilas de esplendidos plumajes,
trayendo de las cumbres magníficas visiones,
con el sereno vuelo de las inspiraciones.
Quiero oler la fragancia de la resina del pino de
Peguerinos.
Quiero abrazar a esos árboles casi centenarios.
Quiero escuchar mis pisadas sobre el suelo.
Quiero sentirme el orfebre del instante
al Sol que nunca juzga los motivos terrenales.
Quiero ver en la noche lo infinito que me queda por
aprender.
Y quiero hacerlo de tu mano, amor,
vigilando tu sonrisa,
buscando a ciegas tus contornos,
soñando fundirme en tu piel deshabitada.
Solo quien te ha besado sabe que es inmortal.
¿Quién es el ser humano más libre de la tierra?










