sábado, 7 de mayo de 2022

Capítulo 29. Mis relaciones de pareja – el sacrificio


 

De acuerdo con la terapia Gestalt, detrás de la culpa hay resentimiento,

y detrás de éste, se esconde una exigencia,

el remordimiento es un sentimiento que me puede acompañar durante mucho tiempo,

y hacerme mucho daño a nivel mental y psicológico.

En mis relaciones sentimentales del pasado también me ha ocurrido,

en estas relaciones, he sentido ira y violencia contra mí,

“Ahora dejo de hablarte”, “Ahora te grito”, “Ahora te amenazo”,

“Ahora te pongo una demanda judicial”, “Y es por tu culpa”.

Nulla poena sine culpa, "no hay pena sin culpa".

La culpa, en el Derecho Penal, se refiere a la acción delictiva que se comete,

sin el debido cuidado para evitar el daño, pero sin intencionalidad por parte del sujeto activo,

por el contrario, el dolo supone actuar de manera deliberada e intencionada para cometer un delito,

yo soy inocente.

Si lo siento es probablemente porque lo estoy proyectando,

y eso es lo que yo estoy haciendo con ellos, es como un espejo.

Pasa a veces que veo con claridad algo en los demás,

y me doy cuenta de que en realidad está en mi interior,

antes veo la paja en ojo ajeno que viga de hierro en el mío,

me es imposible digerirlo y decido escupirlo fuera sobre otras personas.

¿Estoy yo intentando obtener algo y mantengo al dador aferrado mediante la culpa?

¿Creo que la separación, la ira y la violencia gana amigos?

¿Creo que puedo conservarlos haciéndoles sentir culpables?

¿Me debería percatar ya de que es lo que estoy haciendo?

Cuando sea capaz de crear consciencia sobre el mecanismo culpa-atracción,

esta extraña relación se convertirá en una atracción enfermiza y poco atractiva,

cambiando o disolviéndose.

Lo que antes era real y sólido, ahora deja de ser interesante y pide abandonar, al no ser ya valioso,

es una monstruosidad y no le corresponde estar en mi mente sana,

antes mi violencia parecía protegerme, creaba distancia y separación, ahora se hace la luz.

He tenido últimamente un episodio de extremada violencia contra mí,

con gritos, amenazas y denuncias judiciales,

he llorado y me ha provocado un ataque de ansiedad,

en ese momento de sanación, he roto la cadena que me unía a la culpa,

dejo de pensar que la violencia viene de su parte y dejo de culpabilizarlos,

dejo yo de proyectar mi culpa,

dejo yo de ser culpable para ser inocente.

Aprendo lo que significa el sacrificio,

si me sacrifico a mí mismo me engrandezco, considero que así me purifico,

ésta es probablemente la creencia básica más dañina que yo he tenido,

lo es porque, a manera de colateral, me ha generado resentimiento en el proceso,

a veces incluso un amargo rencor,

he empezado queriendo salvar a los demás y he acabado desarrollando un resentimiento hacia ellos,

lo veo en mi al haber creído sacrificar mi vida por los demás,

sin éxito. 

Al sacrificarme y sentir resentimiento, aparece una necesidad de ataque,

eso sí, mezclado y edulcorado con expresiones de amor,

y hacer sentir culpable a otro es un ataque directo, aunque no parezca serlo.

“Te he dado los mejores años de mi vida”,

“te he dado las decisiones más importantes de mi vida”,

las he oído en mi familia, pero también podrían ser palabras mías.

Me siento culpable y culpabilizador,

al sentirme culpable, espero ser atacado, y habiendo pedido eso, me siento atraído por el ataque,

el ataque constante se hace vicio,

y las relaciones devienen tóxicas.

En tales relaciones enfermas,

la atracción de lo que no deseo parece ser mucho mayor que la atracción de lo que sí deseo,

el ego se antepone al amor,

cada uno piensa que ha sacrificado algo por el otro y lo odia por ello,

en lugar de estar enamorado, estoy enamorado del sacrificio que yo hago.

Este es el juego: Por este sacrificio que me impongo a mí mismo,

exijo que el otro me acepte la culpa y se sacrifique a sí mismo también, cerrando así el círculo.

Un hercúleo “te perdono” rompe este círculo vicioso,

y para ello hay que tener confianza en que perdonar no rompe la relación,

perdonar no rompe,

o sí la rompe, pero probablemente para después poder reconstruir una relación de amor de verdad,

tal vez hay que perder el miedo a romper.

Es necesario romper la creencia de que la culpa mantiene a todas sus relaciones intactas,

continuamente atacando y negando el perdón.

Una relación no está intacta solo porque lo cuerpos estén juntos,

pues pensamiento y sentimiento importan.

Para el Ego, mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz,

para él, la mente es algo privado, y el cuerpo es lo único que se puede compartir,

todo aquello que hace que el otro se sienta culpable,

y que le impida irse debido a la culpa es "bueno",

lo que lo libera de la culpa es "malo",

pues dejaría de creer en la cercanía de los cuerpos y se marcharía.

La unión se basa en el sacrificio y el sufrimiento,

me casé con violencia y miedo a la soledad,

probablemente, creía que mitigaba mi culpa proyectándola en la otra,

quizás, atacaba y hería con temas sin importancia, de forma inconsciente,

y exigía el sacrificio de ella.

Tal vez, la violencia y la ira se convirtieron en el mecanismo de relación,

y al formarse la unión en el Altar, creí que tenía el derecho,

la furia fue mucho mayor.

Estar con un cuerpo no es estar en comunicación,

era una locura creer que yo iba a ser abandonado si me comunicaba verdaderamente,

me encontraba a salvo en el miedo,  

y en peligro cuando me comunicaba,

pensaba que la soledad se superaba mediante la culpa,

y que la comunicación honesta y auténtica era causa suficiente para la soledad.

Ya no queda nada de aquello,

quiero crecer de la condenación y la culpa a la comunicación verdadera y el perdón,

y vivir el instante, porque en el aquí y ahora la culpa no es atractiva.

Al haber comunicación no hay soledad,

he dejado de decir “lo siento” y “perdóname”, para decir “te perdono”,

la culpa es como un saco de ladrillos: solo hay que descargarlo.

Ya sé lo que es descargar mi culpa, he experimentado un instante indescriptible,

un instante eterno,

ha sido indescriptible porque así lo hemos deseado dos personas, nosotros,

y la grandeza nos lo ha regalado,

ha sido como si se obrase a través de nosotros.

Podemos vivir un instante indescriptible para siempre,

empezando desde ahora hasta la eternidad,

que cada momento sea de recibir y dar perfecta comunicación,

que en cada momento nuestra mente sea receptiva, tanto para recibir como para dar,

nuestras mentes están en comunicación,

sin tratar de cambiar nada, sino simplemente aceptando todo.

Me ha gustado mucho que entre nosotros no ha habido pensamientos privados,

hemos renunciado a ellos,

no hemos tenido pensamientos que no hayamos compartido,

y los que yo he tenido no me los he reservado exclusivamente para mí.

No sería posible compartir solo la mitad y quedarme con pensamientos que no deseo compartir,

así es la comunicación completa.

A veces hemos tenido pensamientos de culpa molestos, no pasa nada por tenerlos,

pero lo bonito es que no hemos deseado conservarlos privados,

eso es inocente.

No quiero ocultarte nada,

me encanta cuando me preguntas qué estoy pensando,

me ayuda a dejar de proteger pensamientos que podría negarme a compartir sin darme cuenta,

es mejor dejar que la pureza de nuestra relación los desvanezca con su fulgor,

deseo que no seamos rehén de nada ni de nadie.

Hemos empezado un largo viaje juntos tú y yo.

 

Un amor con límites es solo una ilusión innecesaria, el amor incondicional no tiene límites.

Tú me ayudas mucho a ser auténtico y puro en mi ser. Muchas gracias.

 

 

Capítulo 28. Mis relaciones con los demás – la proyección y el espejo

 



Hoy es luna llena y en la tradición del Tao significa la Verdad absoluta,

es paz, serenidad y fortaleza, también la unidad.

La unidad con mayor fortaleza es la unión con los padres,

y con los míos hay una profunda relación de amor,

ellos estaban ahí para traerme a este mundo,

crearme ese andamio “scafolding” que significa alimentación y cobijo,

vivieron mi adolescencia y observaron cómo desplegaba las alas para volar a la vida,

bendiciéndome.

Crecer es dejar de culpar a mis padres y de sentirte víctima,

independientemente de si ellos lo hacen bien o lo hacen mal,

sin juzgar, sin ser ni reo ni juez,

entro en mí y en lo que yo percibo,

hago como si ellos no existieran y solo existiera mi mente.

Necesito saber si, inconscientemente, soy yo quien les está echando la culpa,

y si soy yo quien está generando la violencia hacia ellos,

aunque percibo que son ellos, que ellos me culpan violentamente de sus miserias.

Hoy pongo en duda mi percepción, pues sé que engaña,

sé que mis experiencias siempre vienen determinadas por mi forma de ver y entender la vida,

por mis creencias y las creencias de mi sistema familiar.

Mi percepción me dice que ellos se han sacrificado por mí,

y por tanto, en su frustración, me atacan y me exigen,

pero quizás, soy yo que les estoy atacando al sentirme que me sacrifico por ellos.

Tal vez soy yo quien está generando la relación distante,

a pesar de que lo percibo por su parte.

¿Yo me sacrifico por ellos? 

¿Qué parte de mí se ha sacrificado en mi niñez y adolescencia,

y se sigue sacrificando y qué parte es mi esencia?

¿Por qué yo no conecto en pensamientos y sentimiento con ellos?

¿Les puedo perdonar?

Mi niño interior vivió a menudo el conflicto de querer algo,

pero necesitar comportarse de forma diferente,

y esa era una vivencia dolorosa.

La educación es necesaria porque vivimos en sociedad,

y los comportamientos deben ser modulados hacia zonas de convivencia posibles,

sin embargo, en la mente poco formada de un niño, es percibida con dolor y desagrado.

Hasta hoy, tengo la percepción de una relación especial con mis padres,

basada en la culpabilidad,

comunicarme con ellos me produce una sensación inequívoca de culpa,

soy consciente de que nada debo, nada he hecho mal intencionadamente,

ni nada racional apoya el hecho de que yo no sea suficiente,

pero, me siento culpable.

Cuando ellos me envían la culpa, así como si fuera un regalo,

yo, primero, asumo mi cuota de responsabilidad,

y evalúo mi error, lo acepto y aprendo de él,

trato de afrontar la situación con objetividad,

entender que todo forma parte del aprendizaje,

comprender la complejidad de las circunstancias,

y en algunos casos incluso pedir disculpas si es necesario,

así como corregir mi negligencia e imprudencia en mis acciones,

con mucha dosis de empatía hacia los ellos,

y a cómo pueden sentirse como consecuencia de mis actos,

y me sigo sintiendo culpable cuando nos comunicamos,

y creo que ellos intentan a través de mi culpabilidad,

mantener la relación conmigo para que yo no me pueda ir

si yo lo hago todo mal, me tengo que quedar para redimirlo.

Siento que me culpan de su propio sufrimiento,

de mi escasa capacidad para educar a mis propios hijos,

de mi equivocada comprensión sobre lo que es la vida,

de las decisiones erróneas que tomo,

y de un conjunto de cosas de las que no soy consciente,

pero que voy poco a poco dándome cuenta.

Tengo la sensación interna permanente con ellos de haber hecho algo malo,

de ser mala persona, de hacer daño a los demás,

de haber infringido alguna ley, principio ético o norma,

tanto en situaciones reales como imaginarias,​

produciéndome un malestar continuado.

No es sano sentirme juzgado ni que yo juzgue a nadie,

cada uno está en su búsqueda de su camino de liberación y piensa y obra en esa dirección,

todos estamos en ese camino y caminamos unidos de la mano,

suspender el juicio, abstenerse de juzgar, es la verdadera prueba de amor hacia ellos.

Me pongo en el lado de la víctima ante ellos,

siento que ellos tienen conmigo una relación que se deriva del ego y la culpa,

no basada en el amor incondicional, laxa por definición,

como padres, yo he esperado generosidad muchas veces,

pero he visualizado interés y manipulación.

Hoy a mí me toca trabajar una mochila de culpabilidad que mi padre ha decido tirarme,

¡qué regalo!,

me ha llamado esta mañana para recordarme lo mal padre que soy dejando a Manuel solo en casa,

yo soy inocente, no hago más que cuidar bien de mis hijos,

con todo respeto le devuelvo su mochila y yo la dejo ir,

“te perdono, papá”.

Si soy auténtico y puro en mi ser:

“Gracias por tratar de hacerme sentir culpable, papá,

porque nunca más cambiaré de rumbo para intentar complacerte.”,

crecer es dejar de culpar a los padres.

Capítulo 27. Aquí y ahora

 



Cuanto más difícil es el mundo,

más fuerte siento la necesidad de liberarme y abrir la puerta del ahora,

concentrar mi foco mental en mi aquí y ahora.

Decían en China que ellos no tienen psicólogos,

y lo justifican diciendo que no tienen depresión,

cuando yo pregunté qué entienden como depresión me contestaron algo muy esclarecedor,

que la depresión es un exceso de pasado en el individuo.

Ellos no parecen sufrir ese pensamiento constante y vicioso,

que me hace revivir las malas experiencias del pasado una y otra vez,

en forma de tortura sin solución.

Asimismo, tampoco tienen ansiedad ni estrés,

en China se entiende como exceso de futuro en el individuo,

tampoco parecen tener ese miedo constante a la incertidumbre, al riesgo, al qué pasará.

Solo existe el aquí y el ahora.

En todas las filosofías orientales y muchas occidentales,

se pone el énfasis fundamental y foco en el aquí y ahora,

sin permitir a la mente divagar hacia otros pensamientos ilusorios imaginados del pasado y el futuro.

Conquistar el ahora tiene muchos beneficios, como la ausencia de miedo,

solo es posible sentir miedo al recordar el pasado o proyectar el futuro,

y como dicen en China, la curación de la depresión, la ansiedad y el estrés.

Algunos teólogos dicen que quizás el ahora sea un sinónimo de Dios.

Eckart Tolle, en el Poder del Ahora, lo expresa como una oda a los sentidos,

entiende que la forma de estar en el ahora supone poner foco mental,

en uno o varios de los sentidos, la vista, el oído, el tacto, … para percibir la realidad,

sin mente, solo los sentidos desnudos.

Significa que, si utilizamos la memoria para percibir,

estamos leyendo lo que la memoria dice sobre el pasado,

y no vemos la realidad de aquí y ahora.

Leer el pasado implica una proyección al futuro;

en él no podemos hacer nada, es solo fuente de ansiedad.

Todo lo que se proyecta al futuro se ve como incertidumbre y como impotencia,

no hay nada que hacer, no se puede cambiar, no es posible diseñar el futuro,

de ahí la sensación de dolor y sufrimiento permanente.

El sufrimiento viene de la mano del miedo,

no poder hacer nada da miedo, al vernos sujetos pasivos de la vida,

fardos en la montaña rusa.

De forma parecida a como ocurre con el futuro,

vivir excesivamente en el pasado nos hace sentir la impotencia de cambiarlo,

lo revivimos, pero no podemos modificarlo,

querríamos, nos empeñamos en haber dicho otra frase o haber actuado de manera diferente,

y eso da miedo y depresión, a la larga enfermedad.

Es solamente en el ahora donde, una vez instalados, podemos reaccionar,

lanzar nuestros automatismos corporales,

ver, sentir e incluso actuar para cambiar las cosas y hacer que el mundo sea diferente.

El poder del ahora es el poder de la felicidad,

la atención plena y el mindfulness son técnicas que tienen este objetivo,

una de las técnicas es la respiración,

concentrarme en la respiración implica empezar a mirar hacia dentro,

y dejar de mirar en la memoria, evadiendo el pasado y el futuro,

por eso la respiración trae ese estado de meditación,

que incluso los científicos son capaces de medir como un cambio de constantes vitales,

la expresión electromagnética del cuerpo cambia en estado de meditación,

la meditación genera y cambia el estado de ánimo,

la meditación es el ahora.

Otras técnicas Vipassana incluyen, por ejemplo,

concienciarse de las distintas partes del cuerpo, desde los dedos de los pies a la frente,

hacerse consciente de lo que está pasando en cada elemento del cuerpo,

se potencian los sentidos,

se da valor y realidad a los mensajes que recibimos de nuestros sentidos,

ignorando aquellas capacidades mentales que nos están apuntando hacia el pasado y el futuro.

A un sabio le preguntaron:

“¿qué puede hacer un sabio como tú que no pueda hacer cualquier otra persona?”

Y el anciano le contestó: “Cuando yo como, solo como. Cuando duermo, solo duermo.

Y cuando hablo contigo, solo hablo contigo. Eso es todo.”

Parece que eso también puedo hacerlo yo, pero no es obvio,

cuando duermo, pienso en lo malo del día o en lo que espera la mañana siguiente,

cuando como, estoy pensando qué hacer más tarde,

y cuando hablo, pienso qué respuestas daré en lugar de escuchar,

para ser sabio, el secreto está en vivir cada momento del presente,

ser consciente de lo que vives y así poder disfrutar de cada minuto de la vida.

Esto no se entiende con la mente racional sino más bien con la intuición última,

que los humanos tenemos en tanto que humanos.

Es fascinante darme cuenta de cuánto tiempo paso dedicado al pasado y al futuro,

y cuánto de poco vivo la realidad que tengo delante.

En general, mi mente está absorbida con pensamientos del pasado,

en realidad, nadie ve nada,

lo único que ve son sus propios pensamientos proyectados afuera,

por eso, la mente no puede captar el ahora.

El único pensamiento completamente verdadero que se puede tener acerca del pasado,

es que no está aquí ni ahora,

pensar acerca del pasado, por lo tanto, es pensar en ilusiones inventadas.

Según Helen Schucman, el poder del ahora es sanar el pasado y liberar el futuro,

permitir que el presente se acepte tal como es, como un regalo,

el único tiempo que queda es el ahora,

aquí y ahora es donde el mundo queda liberado,

pues al dejar que el pasado quede cancelado y al liberar el futuro de los viejos temores, yo encuentro escape.

El pasado es un enorme monstruo temible,

es una gran ilusión sin existencia actual,

me ataca cuando me despisto,

¿y quién se defendería a sí mismo a menos que se creyera atacado?

me defiendo del pasado y eso es insensato,

le otorgo absoluta realidad al pasado,

intento lidiar con mis atacantes como si fuesen reales.

Vivir el ahora requiere reconocer que vivo defendiéndome de ataques imaginados,

como Quijote cuando ve monstruos en los molinos de viento.

Lo mismo hago cuando trato de planificar el futuro,

reactivar el pasado y organizar el presente de acuerdo con mis deseos,

actúo basándome en la creencia de que tengo que protegerme de lo que está ocurriendo,

porque ello encierra una amenaza para mí,

nadie andaría por el mundo cargando con una pesada armadura,

si no fuese porque el terror le encoge el corazón,

porque ve un malvado detrás de cada esquina.

La confianza me salva del monstruo,

es la única defensa que me promete un futuro tranquilo,

sin ningún vestigio de sufrimiento y lleno de un júbilo,

que es cada vez mayor, a medida que esta vida se vuelve un instante bello,

solo la confianza puede dirigir el futuro con dignidad,

el eterno presente.

¿Por qué me empeño en no atender mi aquí y ahora?

Me cuesta un triunfo estar en el ahora,

para mí, la gran dificultad para vivir el ahora es la culpabilidad,

actúa de forma que trae el pasado al presente, y lo hace con muy poderosa fuerza,

y así asegura la continuidad, haciendo que el futuro sea igual que el pasado.

Dicho de otra manera, la culpa,

la noción de pagar por lo que he hecho en el pasado, en el futuro,

hace que el pasado se vuelva el factor determinante del futuro,

ahí no hay hueco para el ahora,

que se queda tan sólo una breve transición hacia el futuro,

la culpa me lleva a interpretar el presente en función del pasado,

y a llevar el pasado hasta el futuro,

un futuro sin valor.

En esta forma de vivir sin ahora, donde el ahora no significa nada,

persisto en recordar viejas heridas,

en reaccionar reiteradamente ante ellas como una vez lo hice,

siento un rechazo fuerte a liberarme del pasado,

y un intento de proteger la imagen propia,

reaccionando como si el pasado todavía estuviese aquí y fuera muy valioso,

no me puedo desapegar de él porque es muy valioso.

El pasado me dicta mis reacciones hacia aquellos con los que me encuentro,

tomando como punto de referencia el pasado,

empañando así la realidad actual.

A veces incluso reacciono ante algunas personas como si se tratase de una persona diferente,

y esto sin duda impide conocerlas tal como son,

podría, por ejemplo, sentir ira contra alguien nuevo a quien conozco con bigote,

solo porque un día tuve un profesor con bigote que no me consideraba en clase,

sin querer suplantamos su personalidad en nuestra mente, dejamos de ver con los ojos.

¿Y qué es lo peor? Que me niego a mí mismo el mensaje de liberación,

que cada persona me ofrece en el ahora,

porque yo creo que las personas y las situaciones llegan para traer un regalo,

la oportunidad de sanar algo en mí,

en tanto que esas personas, algo relacionado con quien me trae el regalo,

pero también sobre otras del pasado,

a quienes indirectamente relaciono por razones inconscientes.

Cuando algo me duele o me molesta en una situación, hay dos formas de enfrentarlo,

una es con ira, enfado y queja,

otra es preguntarme cuál es la causa de ese dolor y qué hay de trauma en ello,

y por fin cómo es posible sacar al consciente algo que estaba en el inconsciente.

Mi reacción en la situación concreta viene en forma de sombra,

esa sombra que sale al consciente es algo valioso que hay que sanar,

es mi niño interior hablando,

y no es real, sé que no puede ejercer dominio sobre mí ahora,

esas ilusiones, delirios, espejismos y quimeras me incitan a atacar ahora,

como represalia por un pasado que no existe,

y no existe porque fue formado por un niño pequeño en el miedo y con su cerebro sin formar,

o en una situación sin conciencia ni análisis,

y en una circunstancia muy diferente del ahora.

Si no veo esto y decido defenderme,

es una decisión que una vez más acarreará dolor en el futuro,

es crucial aprender que todo el dolor del pasado es una ilusión, una ofuscación, una alucinación,

me he construido esa novela por un engaño, es ficción, un espectro irreal.

Aprendo a dudar,

en Descartes adquiere un carácter metodológico,

al conferir a la verdad sólo un valor provisional,

en tanto no se alcance alguna verdad de la que no se pueda dudar.

Me obligo a ver la incertidumbre ante la verdad o falsedad de un enunciado sobre mi pasado,

los escépticos griegos consideraban la duda como la condición suficiente para suspender el juicio.

Hago un elogio a la duda,

dudar es sospechar de cómo interpreté los recuerdos del pasado,

para darle una oportunidad a la verdad,

tener el coraje de la verdad,

esa es la duda filosófica.

En la duda y la sospecha, dejo de conservar mis pesadillas,

y puedo despertar y darme cuenta de que pertenecen al pasado.

El propósito del tiempo es que éste finalmente se haga innecesario,

la función del tiempo es temporal,

ya que el ahora es lo que más se aproxima a la eternidad en este mundo,

en la realidad del "ahora", sin pasado ni futuro,

es donde se puede empezar a apreciar lo que es la eternidad,

así lo pensé cuando enseñaba Cálculo Infinitesimal para Ingenieros.

¿Qué hago? La sanación no se puede llevar a cabo en el pasado,

tiene que llevarse a cabo en el ahora para así liberarme del futuro,

tengo que encontrar mi ahora.

Percibir verdaderamente es ser consciente de toda la realidad,

a través de la conciencia de la propia realidad,

para que esto tenga lugar no debe haber ninguna ficción,

percibo a los otros solamente como se ven ahora, ahora mismo, en este instante.

Pongo muchos esfuerzos y mucha meditación,

en repasar lo que veo en el ahora,

y reconocer si recuerdo el pasado cuando contemplo o percibo la realidad que está aquí ahora.

Lo que estoy percibiendo, ¿viene de mis ojos o de mi memoria?

Consideramos "natural" utilizar las experiencias pasadas,

como punto de referencia desde las que juzgar el ahora,

la Estadística nos permite cuantificar el pasado y pretender predecir el futuro,

pero todo esto, con todo el respeto, no me sirve a mi para disfrutar de mi ahora,

cuando observo a la culpa cumplir su función de ocultar mi realidad,

siento necesario renacer, abandonando el pasado y contemplar el ahora sin condenar.

Dudar el pasado puede llevar a comenzar a ver al otro libre de su pasado,

y percibirlo como que ha renacido,

y, puesto que compartimos pasado, compartimos también esa liberación,

ellos se liberan y yo me libero.

Eso es dejar los juicios y la condenación.

En el ahora no hay juicio,

se encierra lo único que es verdad eternamente,

en el ahora, se encuentran todas las cosas que son eternas, las cuales son una,

el ahora me muestra a mis hermanos bajo una luz que me uniría a ellos,

escribo en todas las pareces que me rodean la palabra “ahora”,

me la tatúo en el brazo.

viernes, 6 de mayo de 2022

Capítulo 26. Mis límites y los milagros

 



Vivo en un mundo de límites,

esto no se puede, aquello no es posible,

me lo prohíben las leyes de la física, las leyes de los abogados,

o las normas y costumbres que nos han transmitido en la educación y en la familia,

de pequeño no nos dejaban a los chicos llevar el pelo largo,

a las chicas corto.

La libertad es solo tal en tanto que no colisiona con la libertad del prójimo,

es una libertad limitada.

Tiendo a amputarme trozos de mí para no dañar al prójimo y tengo cicatrices en el cuerpo.

Vegeto en un mundo donde lo que está aquí está separado de lo que está allí,

y lo que sucede en el pasado está ordenado en una línea secuencial,

que va desde el pasado al futuro.

Lo que ocurre en un momento no ocurre en otro,

y yo no puedo ejercer ningún efecto en lo que ocurrió en el pasado o en el futuro,

estoy limitado en la cuadrícula del espacio y del tiempo.

Me aprisionan también las leyes del volumen y de la masa, no pueden ser transgredidas,

si una viga de hierro cae sobre una caja de vidrio no podemos dudar del resultado esperado.

Estoy limitado por la relación causa y efecto, que reina en el lenguaje y la realidad,

existen consecuencias y no hay resultado sin esfuerzo y dedicación previa,

solo hay sacrificio y es imposible el amor incondicional,

ese que nos merecemos sí o sí, por ser humanos,

y no porque tengamos que hacer méritos para recibirlo.

Me limita la idea de opuesto,

por la que hay elementos excluyentes imposibles de coexistir,

que me lleva a entender nuestro mundo así,

no entiendo la luz si no es un opuesto a la oscuridad, ni la limpieza sin la suciedad.

Si yo gano, tú pierdes. Si tú ganas, yo pierdo.

¿No habría un hueco para la cooperación y la colaboración,

de forma que, si nosotros ganamos, nosotros ganamos?

En su vertiente social, el límite es la herramienta reina,

necesitamos convivir sin conflicto,

la necesaria convergencia hace que se expulse todo outlier,

toda persona diferente, con necesidades, capacidades o visiones distintas

ha de encuadrarse en límites prediseñados o ser medicada para que no moleste,

es disfuncional.

Sin embargo, mi intuición me dice que esto tiene ranuras por las que se cuela una realidad diferente,

en la que no existen los límites y en la que la libertad no tiene excepciones.

Veo sus manifestaciones,

hay testigos que me hablan de ello,

como si hubiera un testigo que me certificase que de verdad existe,

siento que es de verdad, siento mariposas en el estómago.

Veo que mi pensamiento tiene una implicación,

el hecho de que yo piense algo, trae de pronto la consecuencia de que algo en el mundo cambia,

no puedo negar el fenómeno, si bien no tiene sentido en ese mundo de limitaciones.

Yo percibo momentos en los que los problemas crecen y la situación se llena de limitaciones,

hasta ser imposible la salida,

esto me genera una sensación de agobio y ansiedad,

de dar vueltas siempre sobre el mismo eje,

y volver continuamente al mismo punto.

Ésta es la razón por la que lo juegos de Escape son tan populares,

siempre existe una salida, que persistentemente está en un cambio de percepción,

en otra realidad diferente, en un nivel separado,

al crear esa realidad diferente se produce el milagro de la solución.

Dar es lo mismo que recibir,

esto no tiene sentido en un mundo en el que un vaso se cae siempre hacia abajo

y nunca hacia arriba,

cuando doy siento estar recibiendo, y cuando recibo no puedo dejar de dar,

doy y recibo en un mismo acto.

Hoy me intereso por esos resquicios por los que se salen los milagros,

se rompen las leyes y desaparece el espacio y el tiempo,

esos momentos son a la vez instante y eternidad, y

lo más fascinante es que en ellos no cabe el miedo,

o, de otra forma, el milagro es la liberación de los miedos.

Escalar una pared, conducir moto o vivir un momento sensual

son claros ejemplos donde no existe el miedo, no existen los límites,

esto le puede sonar muy contraintuitivo a quien cree en el peligro,

pero la prueba es que existen los escaladores, y muchos, y con la cabeza muy bien amueblada.

También lo es un momento de luz mental,

cuando estoy esperando a que el semáforo se ponga en verde,

en ese micro-momento de esbozada sonrisa no hay espacio ni tiempo,

hay percepción verdadera.

Al pensar en esa realidad alternativa, sonrío.

Curiosamente, no existe tal cosa como medio milagro, ni tampoco uno más difícil que otro,

o se dan o no se dan, blanco o negro,

o estoy en el mundo de los límites o fuera de él.

Casi siempre proceden del amor,

siento esa fuerza que une todo, ese todo que es uno,

la naturaleza que es una sola e integrada,

ver al prójimo como mi hermano,

ver a mi hermano como alguien intentando sanar igual que yo lo hago,

es amor, y todo lo que ahí sucede es un milagro.

Cuando sucede un milagro, siento que no he sido yo el que ha ejecutado,

sino más bien, algo se ha canalizado a través de mí, las musas me han inspirado,

a la griega usanza, así se relata en la Odisea,

alguien actúa a través de mí,

es decir, para hacer milagros, hay primero que elegir dejarse guiar,

suelto, confío y me dejo llevar de su mano.

Todavía quedan atisbos de resentimientos en mi mente que me limitan,

pero el milagro me permite ver a la otra persona libre de su pasado,

y así percibir que ha renacido.

Sus errores se encuentran en el pasado, y al percibirlo sin ellos lo libero,

y puesto que su pasado es también el mío, comparto esa liberación.

Yo puedo hacer milagros, entendidos de una forma natural, correctiva, sanadora y universal.

Que sean correctivos significa que son capaces de identificar el error,

romper las creencias falsas que llevan a comportamientos dementes y absurdos,

ahí veo la esencia,

al corregir las creencias falsas, es posible sanar comportamientos, actitudes y personalidades,

el milagro es el remedio y la curación el resultado.

No hay nada que no se pueda lograr cuando desaparece el miedo,

necesito concienciarme de que hay un miedo asociado a toda situación indeseada,

y que exponerme prematuramente a un milagro podría precipitarme al pánico,

en algún lugar escondido, tengo la creencia de que los milagros son algo temible.

Se puede decir que, para obrar un milagro, es:

primero, necesario salirse del miedo,

segundo, dejarse actuar por la musa inspiradora,

tercero, romper las creencias falsas, y

finalmente olvidarse del espacio y el tiempo, concentrándose en el ahora presente.

Romper las creencias falsas significa que mi tarea como obrador de milagros

es negar la negación de la verdad,

solo así, puedo empezar a pensar con la mente milagrosa y a sanar la percepción errónea.

El Ego sigue poniéndose en el camino,

he construido mucho con dedicación y sacrificio,

que veo se desvanece como si nunca hubiera existido,

un castillo de arena en la playa que se vuela cuando viene la tormenta,

duele, me siento apegado a ello,

a la vez que siento que me estoy agarrando a una plantita sin raíces,

que jamás me podrá sostener como un árbol con metros de raíz.

El vehículo de los milagros es el mantra del perdón,

porque los que han sido perdonados lo tienen todo.

El mantra “te perdono” hecho rutina lleva a suspender el juicio,

¿quién soy yo para entender y enjuiciar a otro?

y a entrar en mentalidad milagrosa.

La repetición hace la perfección,

no es extraño que el mantra se practique repitiendo y repitiendo hasta 108 veces,

108 son las deidades del Hinduismo,

108 es el doble del número de letras del lenguaje sánscrito,

Krishna tenía 108 siervos Gopis,

1 es el universo, 0 el vacío y 8 el infinito,

muchos templos budistas tienen 108 escalones,

e incluso en Nepal dejándolo escrito y hecho ondear con banderas.

El mantra me lleva a percibir al otro como en la misma necesidad de sanación que yo,

en el mismo camino hacia la luz, y así concibo que no haya nada que perdonar.

No puedo obrar milagros sin creer en ellos,

y sin tener la confianza en que pueden cambiar,

no solo las creencias sino las acciones y el mundo.

Un milagro es capaz de curar una mente dividida,

donde antes había una mente en la que yo soy yo y tú eres tú, y sufro por ello,

aparece una mente que se conecta.

Necesito los milagros en mi vida porque tengo necesidades,

yo puedo emitir cualquier petición de ayuda y que un milagro responda,

si no responde es porque la necesidad no era real sino adquirida,

pero si responde es porque la necesidad era verdad,

nunca podría quejarme de que un milagro no se ha cumplido,

simplemente es que era falso, mi ser no lo deseaba.

No hay situación a la que los milagros no sean aplicables,

y al aplicarlos a todas las situaciones el mundo real es mío,

en esta percepción, acepto que la sanación es posible, completa y radiante,

el milagro enseña que he optado por la inocencia, la libertad y la dicha.

Y más cuando es compartido con mi hermano,

el instante milagroso dura una eternidad,

compartido, un instante es liberación que ofrezco y que recibo.

¿Debemos educar solamente en límites o también en milagros?


Capítulo 25. Hasta luego, Héctor

 



Hola Héctor,

te has ido hace dos días y ya te echo de menos,

gracias Ana María, tu compañera inseparable.

Hace 25 años que nos conocemos,

tú dabas tu clase de Tai Chi en la calle Floridablanca, yo pasaba ese sábado por la calle y os vi,

me uní a la clase que tú practicabas en silencio, hablamos después y llegamos a un acuerdo,

yo aprendía Tai Chi de ti y tú montaña conmigo.

Ese pacto de caballeros mano a mano nos llevó a empezar a subir a la montaña

y practicar en la cima, y el pacto siempre se ha mantenido vivo, tácito pero presente.

Respirar en la Cruz de Abantos, las Machotas o en el Pico del Fraile ya nunca ha sido lo mismo.

Tu energía sigue fuerte, aunque tu cuerpo ya no esté,

te siento, te escucho, te entiendo, me llena igual la conversación.

Han dejado huella nuestras conversaciones sobre el Tao, sobre la vida y sobre la Sanación.

Te formaste en la Escuela Transpersonal de José María Doria,

pero tu poder sanador ya lo traías de nacimiento,

eres todo amor, siempre con esa sonrisa expresiva y esa autenticidad profunda.

Me sigues hablando sobre el Ego y la arrogancia,

cada vez que alguien me contacta, me llama o incluso me ataca,

te recuerdo diciendo que es una oportunidad que me da la vida

para enfrentarme a algo y para sanar y crecer.

La vida me trae esos regalos desde la mañana a la noche para que yo juegue.

Contigo aprendo que soy arrogante cuando desprecio un regalo y

cuando decido poner mi tiempo y mi dedicación en otra persona o actividad,

además porque acaba en frustración y vacío.

Aprendo a visualizar lo que el destino tiene para mí, y a seguirlo a ciegas.

Así nunca hay soledad, sino un mundo de hermanos y encuentros.

En el Tai Chi desarrollas la energía interna y se desvanece el Ego.

Tienes que dejar de ser tú para poder ser.

Si lo piensas con tu mente, es demasiado lento, ya es demasiado tarde.

Permite que tus brazos, tu cuerpo y tu energía se muevan solos.

Deja que el Universo haga su Voluntad.

Héctor, te comparto mi sensación de que me falta un apoyo.

Tu energía está, pero sigo necesitando la conversación con voz y cuerpo.

Tu energía me dice: “Manuel, recuerda que…”.

Tú me aconsejas dejarme sentir, permitirme sentir la pérdida y el dolor y lo que venga,

y darle espacio a que aparezca lo real,

que es toda la amistad que yo siento por ti.

Hemos jugado, hemos disfrutado y nos queda todavía un camino eterno, sin final.

Como tú dices, “Be water, my friend!”.

Capítulo 24. Mi culpa

 



La culpa es una nube que no me deja ver el sol,

solo en la liberación de la culpa, sin nube, aparece obvio y visible el sol y la verdad,

así finalmente hay una mente libre que no puede sufrir,

sufrimiento/culpa/liberación son las tres patas de la silla que sujetan la vida.

Para mí la culpa es la inductora de los miedos a las represalias y al abandono,

es más, sin culpa solo queda dicha,

sin crueldad solo queda amor,

sin dolor solo queda paz.

La pregunta es, si yo debo sentir culpa por haber tomado decisiones equivocadas,

¿O malintencionadas? ¿O ignorantes?,

yo creo que los seres humanos somos impecables,

y que es una blasfemia percibirnos como culpables.

Dice Helen Schucman que sólo tú puedes privarte a ti mismo de algo,

y yo entiendo que significa dejar de echar la culpa a algo que está fuera,

y evitar la tendencia de albergar a la culpa dentro, que tampoco es así,

la culpa debe ser des-hecha, no recolocada en otra parte.

Además, si no me sintiese culpable no podría atacar,

pues la condenación es la raíz del ataque.

Condenar es hacer un juicio sobre alguien que es indigno de amor y merecedor de castigo,

la paz y la culpabilidad son conceptos antitéticos.

El sentimiento de culpa es terrible,

aunque la mayoría de las veces está soterrado en el fondo del inconsciente y no aparece.

Yo tengo ese sentimiento de culpa con mi madre,

a ella la considero una persona sabia, con consciencia y experiencia, con amor,

interesantemente, a mí me habla en clave,

como si fuera el Buda de hace siglos hablando desde la puesta de sol,

me hace bien recibir su sabiduría,

pero, algunas veces, por el contrario, lo único que veo es una máscara.

Su máscara dice: “No nos dejemos adentrar en donde deberíamos adentrarnos

y sanar lo que está esperando ser sanado”,

“No hablemos de lo que tenemos que hablar”,

“Mantengámonos en una distancia, yo desde mi pedestal de gurú sabelotodo”,

Un día me dijo una frase:

“Parece que tú todavía no has creado consciencia sobre el daño que me has hecho

durante muchos años, y el impacto tan negativo que eso tiene en mí”,

“No veo ninguna señal de que hayas reflexionado y seas consciente

de tantas faltas de consideración y respeto que se sucedieron durante tiempo

y sus graves consecuencias para mí.

Tengo la sensación de que el alto grado de violencia emocional de tu entorno

te ha hecho considerar que la ira y la agresividad, aparte de otros, en la convivencia son “normales”.

Yo solo le contesté: “Mamá, somos Uno con Dios. Y damos gracias. Vivamos en paz.”

Esto podía haberme enterrado en una capa de culpa por mucho tiempo,

no ha sido así, por el contrario, es un regalo que la vida me ha hecho,

el universo me ha traído la oportunidad de iluminar una zona antes oscura de mí,

me ha obsequiado con un trabajo de niño interior, en forma de meditación,

ha abierto algunas puertas de mi inconsciente que estaban cerradas,

puertas que yo no había descubierto y me ha permitido sentir.

Y en ese sentir, se sana.

La veo como una persona, somos todos uno, ni inferior ni superior,

hace lo que puede, sobrevive como puede, busca su salvación como puede,

en ese proceso le perdona sinceramente.

Es interesante que ella tiene que decir esa frase para que yo me ponga,

y note que ahí hay algo, que me lleve a meditar,

para que yo busque, para que yo me haga consciente,

y tenga conversaciones interesantes conmigo mismo cuando tenía 5 años.

La vida me regala estas oportunidades, donde al principio parece que el día empieza mal,

pero que, sin embargo, es al contrario, empieza el día bien,

empieza el día con un juguete nuevo.

Veo la igualdad en ella, independientemente de lo que su personaje esté manifestando,

y me trae la conexión que entre ella y yo hay,

ese cordón umbilical que nunca se ha cortado del todo,

no hay inferioridad ni superioridad,

simplemente no me creo la frase, sino que trabajo yo mismo en mi meditación,

una de esas conversaciones conmigo mismo a los 5 años de edad, ha sido especialmente bonita.

Eran las 5 de la mañana y yo estaba sin dormir, dándole vueltas no estaba claro a qué,

sin poder dormir;

claramente había algo por lo que no me dormía,

se me ocurrió hacer algo,

me coloqué en un lado de la cama, en el lado en que yo habitualmente habito, y tenía 5 años,

ahí se canalizaba perfectamente mi niño de 5 años con sus cosas, con su madre, su entorno,

hablando en alto en medio de la noche,

me cambié al otro lado de la cama, y le hablé como adulto,

fue una conversación con varios cambios.

Tenía que ver con la culpa:

“siéntete culpable, latígate, conciénciate de tus faltas, mereces tu castigo”,

soy culpable, he hecho las cosas mal.

Sin embargo, no podía aceptarlo, yo había hecho bien, lo que había podido, soy invulnerable,

había una sensación muy fuerte de dolor,

también de no, yo no soy culpable, no, yo no he hecho nada malo a ti,

si sufres lo haces por ti, no porque yo haya hecho nada erróneo,

sentí muy fuerte el no aceptar su mensaje.

Me daba cuenta de que, en otras ocasiones, en otras conversaciones con mi madre,

yo me hago humilde y adopto mi culpa,

no es pose, sino que de verdad lo siento.

Digo falsamente humilde porque esa no es verdadera humildad,

con ello, ella se apacigua, se calma y deja de atacar,

esta vez, sentí algo profundo de no, ya no voy a volver a hacerlo.

No tenía sentido decírselo a ella,

no siento que sea la conversación que quiero tener con ella sino conmigo mismo,

me doy cuenta de que por mucho que quiera separarme de mis padres,

de todo el mundo, pero sobre todo de mis padres,

son los dos entes más difíciles de separación posible,

esto es así, desgraciadamente y afortunadamente, es así,

estamos conectados sí o sí,

es fundamental estar a bien, hacer las paces, quitar los conflictos y las diferencias.

A veces, he sido humilde y he hecho lo que ella quería, y con eso la he hecho feliz,

pero no, así no le hago ningún favor, ni a mí ni a ella,

esa falsa humildad le hace a ella pequeña,

crea inferioridad,

es denigrarla.

Para sanar la culpa, es necesario que mi madre canalice frases como “me haces sufrir”,

incluyendo una serie larga de detalles que son pruebas fehacientes para ella,

al final, está muy escondido, pero hay una parte de mí que siente esa culpa,

y una parte que siente que, si yo lo hiciera de forma diferente, sería más fácil para ella.

Ahí aparece el testigo de mi hermana,

que aconseja hacerlo de la otra manera,

al ser yo mismo, auténtico, causo revoltijo a mi alrededor,

bienvenido ese revoltijo porque es un detonante de crecimiento,

estamos todos ayudándonos a crecer, son grandes maestros.

Por eso la conversación con ella no hace falta,

ella es solo la canalización del hecho,

se trata de mí, de mi mente,

soy inocente,

y puedo ser yo, llego a mi autenticidad,

a ella le llegará por la vía indirecta,

ella solo percibe que el mensaje no es contestado, percibe el vacío,

contestar no sería más que enredarnos en el conflicto mundano y generar más separación,

ella no percibirá, y si no lo percibe es que no querrá ver,

no estará en su momento de hacerse consciente,

todo empieza por el trabajo en mí mismo.

Aprendo a tener cuidado con este pensamiento que aparece en mí mismo:

“tú me haces infeliz, tú con tu crianza me generaste traumas,

tú cuando me hablas así me haces sufrir”,

echando la culpa a que lo de fuera nos da y nos quita,

otras personas no nos pueden dar ni quitar, no pueden ponernos en diferente estado de ánimo.

Perdonar funciona,

hay un perdón intransitivo,

que significa que mi madre no ha hecho lo que yo creo que ha hecho,

yo lo he percibido erróneamente,

el sufrimiento es mío y no es causado por nada exterior;

también hace falta un “te perdono” con un cómo detrás,

y el cómo concreto con mi madre es “te perdono porque somos iguales”,

ambos buscando nuestra salvación, ambos hijos del Universo y hermanos, somos lo mismo.

Eso es razón para perdonar,

no porque ella haya hecho o no,

no hay que hacer para, no tenemos que hacer méritos.

Te perdono porque somo uno,

siento que yo no recibo ni doy perdón como consecuencia de una acción.

¿Cómo te perdono?

Sintiendo nuestra conexión, ella no puede hacerme sufrir a mí,

entonces no hay nada que perdonar,

se deshace aquello que perdonar.

Así se deshacen cosas,

sabiéndome inocente puedo dormir mucho mejor que sintiéndome culpable.

Y a la larga me quedan buenas moralejas.

Quizás exagero si digo que el pasado no existe, que solo existe el aquí y el ahora,

el pasado solo existe porque existe culpa,

la culpabilidad determina que serás castigado en el futuro porque hiciste algo malo en el pasado,

la culpabilidad, pues, es una forma de conservar el pasado y el futuro en mi mente,

esto tiene una consecuencia durísima,

siempre que revivo el pasado, no es necesariamente porque fue bonito,

sino porque allí se produjo una culpa.

Al sanar la culpa, se olvida el pasado.

Cuando siento culpa y su fuente reside en el pasado,

es que no estoy mirando en mi interior, el pasado no está en mi interior,

y no tiene sentido en el ahora.

La culpa del pasado es solo una invención mía de mi mente,

que está llamada a desvanecerse y olvidar,

la culpa puede ser desvanecida porque es solo una locura sin sentido.

La culpa me resulta intolerable, soy inocente, y por ello, invulnerable.

Además, que proyecto para deshacerme de la culpa,

culpabilizo a los demás,

no puedo soportar la culpa en mí, y la veo en otras personas,

es decir, que los que considero culpables, se convierten en los testigos de mi propia culpabilidad,

y es en mí donde únicamente la puedo ver, pues está ahí hasta que sea des-hecha.

La culpabilidad se encuentra siempre en mi mente, la cual se ha condenado a sí misma,

seguir proyectando culpabilidad no permite su desvanecimiento.

A un hombre le culpabilizaron de que había ejecutado mal la matrícula universitaria de su hija y,

¿Cómo respondió?

diciendo que la culpa era suya por haberse ido de viaje.

A otro hombre se le cayó un vaso cuando movió sin querer el codo, ¿cómo respondió?

echando la culpa a otra persona de que había dejado el vaso demasiado cerca del borde,

eso es proyectar la culpa,

podemos proyectar, pero solo es tapar la fuerza de maldad que existe en nosotros.

Pecado y castigo.

Creer que alguien ha cometido un pecado contra mí,

significa creer que yo mismo me ataría en ese mismo pecado.

Creer en el castigo, significa que estaría proyectando la responsabilidad de la culpa sobre otro,

y ello refuerza la idea de que está justificado culpar.

Proyectar es solo esconder, porque la culpa también es intransitiva,

siento culpa punto,

como si hubiera un surtido de ideales a los que he fallado,

unos “tengo que” que no he satisfecho, simplemente no puedo identificar su fuente.

Aprendo que ese “secreto por el que me siento culpable” no es nada,

y si lo saco a la luz, la Luz lo desvanece,

la nube y sus miedos se desvanecen, es la vuelta a casa.

Capítulo 23. Tengo miedo – me duele el mundo

 



Tengo miedo.

Lo he descubierto recientemente, antes no era consciente de su existencia en mí,

tengo miedo cuando me pongo a trabajar,

tengo miedo de irme a dormir,

tengo miedo de despertar y tener que enfrentar el nuevo día,

Mafalda dice que le duele el mundo.

No es sensación de miedo a, sino sensación de miedo, sin acusativo ni dativo,

un verbo intransitivo,

es una sensación de vértigo y no importa lo que hay al final del abismo,

es miedo y no miedos.

Lo he leído, pero no me convence, según la psicología, el miedo es una emoción humana natural,

poderosa y primitiva, que implica una respuesta bioquímica,

el miedo nos alerta sobre la presencia de peligro o la amenaza de daño,

ya sea que ese peligro sea físico o psicológico.

A veces, el miedo proviene de amenazas reales,

pero también puede originarse en peligros imaginarios,

en cuyo caso, el miedo puede ser un síntoma de algunas afecciones de salud mental,

como el trastorno de pánico, el trastorno de ansiedad social, las fobias

y el trastorno de estrés postraumático (TEPT).

A mí, lo que antes se me mostraba en forma de angustia, incertidumbre, desasosiego,

ansiedad o nervios,

ahora lo veo con la óptica del miedo, que es otra cosa que lo que dice la psicología.

Yo antes evadía esos momentos incómodos entreteniéndome con alguna superficialidad,

alguna película, alguna conversación o el teléfono,

ahora el miedo tiene otro significado y no lo quiero,

trae consigo la necesidad de resolverlo;

de entender miedo por qué y de sustituirlo por amor y creatividad.

Ahora quiero liberarme del miedo,

poder vivir sin esa sensación que entorpece y que limita mi vida

quiero poder pensar en creativo sin esa sensación corporal de temblor en el estómago,

quiero encontrar al guía interior mío que me enseñe el camino sin que me palpite el estómago,

quiero no tener que comer para fracasadamente alejar esa sensación de miedo.

Quiero incluso quitarme el miedo de mirarme adentro,

reconozco una insondable cavidad dentro de mí

que alberga recuerdos, traumas, proyectos, visiones, a mi niño interior, el inconsciente freudiano.

Está bien tapada y no sale sino en momentos realmente complicados,

pero, veo que hay que abrir, dejar salir, airear los traumas, dejarlos respirar,

hasta dejar la cavidad limpia y digna de ser la sala de visita.

Me parece posible des-hacer el miedo,

tengo la sensación de que el miedo ha sido fabricado, que no estaba ahí antes de forma natural,

y de que he sido yo quien ha construido mis miedos.

Conjeturo que yo podría ponerme delante de ellos

y comenzar la labor de desarmar cada una de sus piezas,

supongo que puedo dedicar el tiempo e invertir mi dedicación,

para convertir el miedo en espacio libre y que habrá merecido la pena la transformación.

Un abrazo puede quitar el miedo, y lo hace de forma radical,

puedo sentir los flujos energéticos desapareciendo a través del sumidero,

encontrar el abrazo especial que logra este proceso es quizás lo más mágico que nunca pueda darse.

En mí, el miedo también se desvanece cuando me enfoco en el presente,

cuando me enfoco en lo que mis sentidos están enviando a mi mente

y evito que sea mi mente la que llena mis pensamientos de pasados y de futuros,

el tacto, la vista, el olor…

Cuando empiezo a destripar mi miedo, me encuentro con mis padres,

no ser suficiente frente a las expectativas que ellos me han generado en la vida,

desde pequeño he vivido en la creencia de que mis padres

tenían una forma de entender la vida para mí no tan buena,

y, por tanto, yo me he impuesto el objetivo de cambiar, de mejorarla.

Se parece a la sensación de cuando un coche me adelanta en la carretera

y se queda pegado delante obligándome a reducir la velocidad,

cuando alguien me adelanta, espero verlo desaparecer en el horizonte

y sentir la liberación de su presencia limitadora.

Yo tengo miedo de haber necesitado adelantar,

pero no ser capaz de acelerar hasta perderme en el horizonte,

esa creencia de padres insuficientes con miedo a yo no ser suficiente

es un juego mental como tela de araña en el que yo he estado atrapado.

Cuando excavo en mis miedos me encuentro con mi sentido de la culpa,

no ser suficiente, no ser capaz de dar amor a los demás tal como se me requiere,

tal como yo me lo exijo, tal como mis creencias me dicen que es apropiado,

tal como es obligatorio.

La culpa me lleva a cargar mochilas sobre mis espaldas,

con los comportamientos de otras personas, mis hijos, otros;

son así, actúan inapropiadamente, porque yo no he hecho lo suficiente. 

Hay una creencia básica detrás de esto, que el mundo es un lugar hostil,

y que yo estoy abandonado a mi suerte,

me duele el mundo hostil que me ataca y me exige,

en esos momentos el amor llega a rescatarme y me saca del pozo,

los pensamientos de amor que significan entender cada ataque, cada resentimiento, cada acción

desde un punto de vista amoroso,

me contradicen esa creencia básica y me hacen sentirme libre.

Cada pequeña acción, palabra o frase, es posible entenderla desde dos ópticas diferentes,

desde la hostilidad con ataque y abandono, y desde el amor.

Es una decisión radical en cada momento,

o doy el siguiente paso con el pie derecho o lo doy con el izquierdo,

es un entrenamiento de la mente constante, como en las COES, decidir siempre el pie del amor.

Esa vía amorosa, ese pie entrañable, consiste en dejar de juzgar y en perdonar,

cuando dejo de juzgar a los demás y a mí mismo,

solo me queda ver el niño interior que siempre ha estado conmigo, ese ser maravilloso,

así pierdo momentáneamente el miedo a ser rechazado y a no ser querido.

La acción es amorosa cuando entendemos al otro como un igual,

sin complejos de inferioridad ni superioridad, sin debilidades ni fortalezas, sin poder,

si el otro es igual, es natural perdonar.

Ese niño interior es entrañable y amoroso,

me encantaría ser capaz de despejar los obstáculos que me impiden experimentar su presencia,

ese niño interior es un fin en sí mismo,

quiero quitarme las creencias que me lo impiden dictándome otros objetivos más importantes

o más urgentes,

deseo dejar de pensar que tengo que hacer méritos para conseguir algo de reputación y de prestigio,

anhelo dejarme el honor y la honra en la cuneta,

para abrazar a mi niño interior cariñosamente y dejarnos ir juntos de la mano.

Me gusta ser capaz de hablar de mis miedos, de sacarlos del cuarto oscuro,

a veces asocio el miedo y la oscuridad,

como si la oscuridad fuera capaz de ocultar lo que está ahí,

se me ha inculcado creer que lo que no puedo ver con los ojos del cuerpo no existe,

y con esa creencia no es posible ver ni la energía, ni el espíritu ni el miedo.

Des-hacer el miedo se me parece a encender la luz y ver a mi niño interior,

acurrucado en un rincón abrazado a sus piernas,

expresión amarga y ojos grandes,

pidiendo ayuda para salir de ello.

Encender la luz no hace que el miedo desaparezca,

pero supongo es un buen primer paso para acabar des-haciéndolo.

Sueño con liberarme del miedo,

con sentir ese estado de Whatsapp en el que mi miedo ha sido ya abolido,

en ese estado hay luz, ganas, ilusión y un mundo ilimitado a disfrutar,

en ese estado, mis sentidos funcionan con intensidad, me dictan el camino,

y no existe pasado ni futuro, se hace camino al andar.

La luz me produce un estado de suspensión completa, aunque temporal, de la duda y el miedo,

es temporal, como el hambre o el deseo,

cuando tengo hambre como y se des-hace la situación,

pero, coma lo que coma, antes o después, el hambre reaparece,

y es necesario empezar por el principio, comprar, cocinar, comer, limpiar,

así en un círculo sin salida.

La duda y el miedo desaparecen temporalmente cuando encuentran su alimento,

hasta que vuelven a la presencia.

La liberación del miedo me exige pensar que la oscuridad podría ocultar,

pero la realidad es que no hay nada que yo tenga para ocultar, aunque pudiese hacerlo;

cuando ya no esté dispuesto a ocultar nada,

podré entrar en un estado de comunión en el que se dé la paz y la dicha.

¿Qué significa exactamente dejar de ocultar nada?

¿Significa compartir todo con todos y conmigo?

¿Significa dejar de percibir y juzgar, y hacerlo en voz alta?

¿Significa poner en público mis miedos y mis pensamientos?

¿Significa esperar que los demás entiendan y acepten mis sombras,

sin importarme que me tilden de loco?

Quizás significa entender que no hay pensamiento privado,

que el pensamiento es público y que somos uno,

y que los pensamientos del ego no existen porque solo son una creación mía,

quizás.

Mi miedo es intransitivo,

es posiblemente mi propia invención,

depende de mis propias creencias que he inventado yo mismo,

y que no tienen existencia en mi exterior,

es difícil controlar por mí mismo los efectos de mi miedo, si he sido yo su creador,

y no puedo dejar de creer en lo que yo he inventado.

Tal vez los miedos son falsos porque no existen en absoluto,

es posible que esas creencias fueran creadas en algún momento de la infancia o antes,

posiblemente funcionales en aquel momento, pero nunca más revisados y deconstruidos.

El amor perfecto expulsa el miedo y atrae ser libre,

creo en mi capacidad de entrenar mi mente para pensar siempre en amoroso,

para decidir lanzar el pie entrañable,

y creo que eso produce una sensación máxima de libertad y falta de ataduras.

Según Helen Schucman, en un momento se dio una separación y un desvío hacia el miedo,

nos separamos de nuestra verdadera fuente de luz que llevamos dentro,

el Jardín del Edén, la condición que existía antes de la separación,

era un estado mental en el que no se necesitaba nada;

cuando Adán dio oídos a las mentiras de la serpiente, lo único que oyó fueron falsedades;

y tuvo miedo, sobre Adán se abatió un sueño profundo del que todavía no ha despertado,

todo eso puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos,

porque no es más que una percepción falsa.

¿Son falsas mis creencias de que para mis padres no eran suficientes?

¿De que yo no era o no soy suficiente para sus expectativas?

¿De que yo tengo que hacer méritos para ganarme algo?

¿De que si no trabajas no tienes dinero y no comes?

¿De que, si eres antisocial, te vas a quedar solo y sufrirás por ello?

Podría hablar de la curación del miedo,

como si fuera un fallo de la glándula tiroides,

debe haber una forma de encontrar un cirujano que corte, extirpe y cierre,

de forma que tras un posoperatorio uno encuentre la paz, la dicha y la felicidad.

Pero no lo hay.

A pesar de los enormes avances en neurociencia, y las explicaciones conquistadas sobre la ansiedad,

muy poco progreso veo desde el punto de vista terapéutico,

no hay pastillas ni tratamiento que tenga que ver con el cuerpo. Nada.

Dice Helen Schucman en “un curso de milagros” que el miedo es un signo de tensión,

que surge cuando hay conflicto entre lo que deseas y lo que haces,

al corazón le resulta intolerable y la parte de la mente que quiere hacer otra cosa se enfurece,

esto suscita una sensación de coerción que produce furia y da lugar a proyecciones,

siempre que tienes miedo es porque estás indeciso.

Para mí, esta es la punta de la lanza en mi vida,

puedo identificar el deber ser, más o menos tengo claro qué se espera de mí,

que me han exigido familiar y socialmente,

lo que no tengo claro es lo que es,

lo que yo soy no está claro porque solo es posible escucharlo a través de la percepción,

y éste es un órgano en el que no puedo confiar.

A veces mi ser viene tapado por mis ideas de educación, mis padres y mi zona de comfort,

sin duda, seguir a las expectativas de los demás y a lo que es igual que en el pasado,

no es la solución.

A veces mi ser viene tapado por mis propias convicciones, principios y valores,

tampoco es por ahí,

eso es más el deber ser.

El ser solo aparece cuando uno se limpia de principios y valores,.

“No se preocupe, señora, tengo mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”,

dijo Groucho Marx.

“Be wáter, my friend”, dijo Bruce Lee.

Que se me permita aquietarme y así poder escuchar la Verdad,

solo cuando tengo paz y tranquilidad externas, pero sobre todo internas,

tengo la visión de la Verdad.

Yo reconozco que estoy experimentando esta forma de miedo,

y que el miedo procede de una falta de amor;

la curación del miedo significa encontrar esa verdad con mayúsculas y seguirla,

una vez descartada la percepción y el deber ser.

El sacrificio proviene del miedo,

algunas de mis acciones se parecen a sacrificios,

no están motivadas por el amor sino por la percepción de alguna escasez,

por miedo a perder algo.

Creo que puedo perder cosas, me siento en vilo en algunos aspectos,

y pudiese ser que se desmoronase el castillo de un momento a otro,

ésta es la sensación de miedo que me lleva a autosacrificarme,

la experiencia me dice que nunca es suficiente,

nunca el sacrificio consigue un castillo indestructible que no pueda desmoronarse,

sacrificarme no me ha eliminado el miedo.

Los que tienen miedo pueden ser muy crueles,

es así que el miedo y la escasez llevan al sacrificio y a la crueldad,

pero raramente provee de los regalos y de los premios que había prometido,

¿Sacrificio para qué?