Hoy me duele y sé por qué es,
todo dolor viene de la
separación,
me siento con una mano y
un pie en el puente, con el arnés puesto y la cuerda colgando,
todos me miran esperando
mi decisión,
ya he decidido que voy a
saltar del puente al vacío,
pero no acabo de saltar,
ya, salta, salto.
Es como estar conduciendo por el barro, me voy hundiendo,
solo necesito dar un
volantazo brusco y apretar el acelerador,
o rompo o no sobrevivo.
De lo mío separado a lo
de todos compartido hay la solidaridad,
me fascina la
solidaridad de médicos y personal sanitario,
los donantes de
contenidos audiovisuales, el Ballet del Bolshoi, los museos de arte,
es una visión diferente
e innovadora de nuestra sociedad, economía y medioambiente,
como bien común,
es la década del
altruismo y la cooperación como formas alternativas de mercado,
de la economía
compartida y el bien común,
de modelos de negocio
como Airbnb, Car2go y Zilok,
donde la propiedad
privada sigue existiendo,
pero el uso ya no es
privativo de la propiedad sino de múltiples y sucesivos usuarios,
posible gracias a la
capacidad de Internet de generar mercados
de costes de transacción
bajos y accesos altos,
decimos que el gran bien
común del siglo es Internet, compartición y cooperación.
El Premio Nobel de
Economía en 2009, por cierto, el primero otorgado a una mujer,
fue recibido por la
estadounidense Elinor Ostrom,
quien desafía la
creencia anterior de que la propiedad común
es gestionada de manera
pobre y debería ser regulada por el Gobierno y privatizada,
analiza prados en
ganadería, pesca, bosques y lagos,
y concluye que los
resultados en la gestión cooperativa de los mismos
son mejores de lo
previsto,
frecuentemente
desarrollan sofisticados mecanismos de toma de decisiones
y regulación para
manejar el conflicto, que los convierte en exitosos.
Entender el software open
source y el fenómeno Wikipedia
es esencial para
entender el siglo XXI,
en la sociedad del
individualismo y el materialismo hay también toda una serie de elementos,
como el espectro de
radio, los espacios urbanos o el genoma humano,
que son de todos,
como la pesca, la tierra
y el agua, nadie los posee pero son compartidos por todos.
David Bollier (*) relata
que en Hyderabad, India,
una comunidad de mujeres
vivía como trabajadoras mal pagadas en una fábrica,
hasta que se han
liberado y convertido en agricultoras, vendiendo semillas de colores,
son 5000 mujeres
dedicadas a cultivar semillas tradicionales, sin modificación genética,
vienen de la casta
dalit, una de las más pobres y de más bajo nivel social,
supone un trabajo de
recuperación de conocimiento popular,
al contrario de las
habituales políticas gubernamentales de transferencia de tecnología.
Un bien común necesita
un recurso, una comunidad y un conjunto de protocolos sociales,
lo que caracteriza este
proyecto no solo es el conocimiento de un recurso común
y una política de uso
colectivo,
sino un enfoque a lo
equitativo, acceso universal y sostenibilidad,
es además rentable, es
decir,
rompen el mito de que la
única forma de gobernanza rentable es el mercado.
Es exitoso porque hay
amor hacia el recurso,
y porque las relaciones
entre las personas son lo que importa.
Uno de los proyectos
históricos de éxito es Linux,
en 1991, Linus Torvalds,
con 21 años, finlandés,
decidió diseñar un
sistema operativo completo,
un reto de esta magnitud
parece solo conseguible por una gran multinacional
con un plan de negocio
de mercado,
sin embargo, un esfuerzo
colectivo de cientos de programadores,
sin ánimo de lucro,
voluntarios,
hizo posible uno de los
sistemas operativos mejores de la historia de la computación.
Hoy son posibles
proyectos de crowdfunding, fundraising,
el Global Village
Construction Set (equipos de granja siguiendo el modelo Linux)…
no es fácil encontrar
qué tienen en común en términos de lecciones aprendidas,
qué funciona y qué no,
qué es justo o qué es bueno,
¿Cuál es la mejor forma
de regar muchas hectáreas cuando el recurso agua es escaso?
¿Qué tipo de acceso es
justo a un área de pesca?
¿Qué es justo hacer con
vándalos y egoístas, los que tratan de beneficiarse sin adquirir
responsabilidades?
¿Cómo evitar la
sobreexplotación de un bosque? …
yo opto por la
cooperación.
Por ejemplo, la
comunidad surfista de Hawái,
tiene unos protocolos
implícitos desarrollados por las personas,
igual que el monte
Everest,
en tanto que entornos
peligrosos, sería un caos sin ellos,
hay una etiqueta como
comportamiento, un código de violación e incluso un castigo,
en el Himalaya, el
respeto a la montaña es compartido por la comunidad,
la pregunta es: ¿quién
es el legítimo “servant”, el Estado o los montañeros?
¿Cuál es el medio más
eficaz para su protección?
Un bien común es un
entendimiento compartido
sobre los derechos de
uso de un bien compartido.
Desde la óptica del
Estado, la solución es constituir un cuerpo de policía,
que asegure el
cumplimiento de las reglas,
y esto es más caro y menos
eficaz que la imaginación y el compromiso de los practicantes,
que de forma informal
gobiernan el recurso.
Es más, en la
cooperación, se convierte en hábito la negociación explícita del recurso,
y la costumbre se
convierte en ley vernácula,
es decir, un orden
efectivo y una legitimación moral en sí,
por ejemplo, esperar una
cola o la etiqueta en la mesa,
que dicta no servirse la
última porción, son costumbres ya interiorizadas.
El bien común viene
asociado a un cuerpo de valores éticos,
representados por la
participación, la transparencia, la justicia,
el acceso para uso
personal…
pero, sobre todo, la
adaptación, es un ser vivo que depende de las contingencias locales,
y que varía según el
ecosistema, la economía y la historia cultural.
El conocido mito de la
tragedia de los bienes comunes (o dilema del prado)
viene de una posible
mala gestión del recurso,
Garret Hardin en
Science, 1968, imaginaba un pasto, una pradera verde,
si todos los ganaderos
llenan la pradera lo más posible con su ganado,
llega un día en que se
rebasa la capacidad,
la pregunta es: ¿cuál es
la utilidad marginal de introducir un animal más?
Si cada uno de los
ganaderos ven el problema desde la racionalidad,
no encuentran el límite,
se rebasa la capacidad y acaba en tragedia,
como el recurso es
limitado, es la ruina,
es decir, la libertad de
uso de un bien común trae la ruina para todos.
La imposibilidad de la
acción colectiva, en tanto que mito,
queda implantado en el
inconsciente de todo estudiante de economía,
bien común es sinónimo
de caos, ruina y fracaso.
Para entender el mito,
es necesario diferenciar
un régimen de acceso
libre y abierto para todos,
de un sistema informal
de límites, reglas, normas sociales
y sanciones al “free
rider”, al beneficiario gratuito, al parásito, al polizón,
al oportunista egoísta e
insolidario.
El bien común necesita
una comunidad que actúe como sirviente (“servant”) del recurso.
Hay multitud de juegos y
argumentos para promover la eficacia de los mercados
y demostrar el mito de
la tragedia del bien común.
Por ejemplo, el dilema
del prisionero estudia el comportamiento de individuos racionales
para con los dilemas
sociales,
analiza qué incentivos tienen
dos encausados de crimen
para delatar a su cómplice
o proclamar su inocencia,
es un juego no cooperativo,
de suma no nula, del tipo equilibrio de Nash,
¿debería el prisionero
cooperar con otros o debería hacer un uso ilimitado del recurso?
la conclusión es que el
éxito mayor viene de equilibrar una acción colaborativa y competitiva
cuando se juega un
numero grande de veces,
pero es un juego y por
tanto aislado de su sociedad, historia y cultura.
En el juego no hay
comunicación ni confianza entre los jugadores,
por eso no nos lleva a
conclusiones reales a la hora de diseñar la gestión de un bien común.
Ostrom dedicó su
investigación a entrevistar cooperativas reales,
preguntaba por qué
mecanismo se establecía el límite de cantidad de pesca,
cómo lidiaban con
situaciones de parasitismo oportunista,
cómo resolvía la
comunidad los problemas de acción colectiva,
qué variables facilitaban
el diseño de la auto-organización,
cómo hacían esa
auto-organización sostenible en el tiempo,
qué problemas no se
resuelven y es necesario la intervención externa.
En Europa hemos sabido
desde hace un milenio gestionar nuestras montañas,
nuestros bosques y nuestra
agua,
el regadío compartido en
el sur de España es una tradición,
habiendo sobrevivido
crisis y años de sequía,
reglas como que solo se
puede pescar peces de un tamaño,
recoger fruta después de
una fecha o utilizar leña caída del bosque,
se han desarrollado
durante siglos.
El bien común global (el
mar o la atmósfera) y digital sigue las mismas pautas,
aunque por ejemplo
Internet se considera un bien reproducible a prácticamente coste cero,
y por lo tanto el
problema del parasito es menos importante.
El mercado está siempre
tentado de ejecutar el confinamiento de los bienes comunes,
por ejemplo, el agua
potable podría ser un servicio público por parte de los gobiernos,
pero no faltan
inversores comprando yacimientos acuíferos,
ni gobiernos
privatizando la gestión del agua municipal.
Por ejemplo, Warner
tiene el copyright de la canción “cumpleaños feliz”.
El ciberespacio tiene
solo tres décadas de historia,
pero es un espacio ideal
para innovadores e idealistas,
sorprendentemente
demuestra capacidad enorme
para promover la
compartición y la cooperación social,
como si fuera combustión
espontánea,
nuevas especies de
producción creativa crecen constantemente,
que no son basadas en
mercados ni controladas por los gobiernos.
La primera revelación de
este bien común digital online
es el software de código
abierto como Perl, Sendmail, Apache o Linux,
después viene la
blogosfera, las redes sociales,
y Wikipedia, una especie
de república digital en sí misma,
cada día aumenta el
contenido educacional libre abierto
de libros de texto y
materiales de cursos.
Mucho de esto es posible
gracias a las licencias Creative Commons,
invierten la idea
tradicional de control estricto de uso a autorización legal de compartición,
es posible crear
contenidos que pueden ser compartidos libremente,
salvo para apropiación
privada o comercialización.
Por ejemplo, en 2012,
Harvard University declaró públicamente
su consejo a los
profesores de no publicar en journals que requerían acceso de pago
la espiral de viralidad
que empezó con el software abierto y las licencias CC
sigue expandiéndose a
sectores como el diseño de ropa, muebles e incluso automóviles.
Arduino permite la
customización abierta de placas de computación
para los usos más
innovadores,
Wikispeed tiene por
objeto diseñar un coche de carreras modular y sostenible,
Crisis Commons organiza
voluntarios en respuesta a desastres naturales,
la ciudad de Linz,
Austria, se ha comprometido
al uso de Software
Abierto y licencias CC en todos los sectores.
Quiero promover la
innovación alrededor del bien común,
como un nuevo paradigma
de desarrollo,
puede resultar la nueva
visión del desarrollo humano,
de alguna forma rompe el
gap entre medioambiente
y nuestras políticas
socioeconómicas humanas,
y nos alinea con el
flujo de nuestro entorno, nos hace sostenibles, nos hace regenerativos.
(*) Think like a
commoner



