miércoles, 20 de octubre de 2021

Relacionarme con los demás – la proyección y el espejo

 

Hoy es luna llena y en la tradición del Tao significa la Verdad absoluta. Es paz, serenidad y fortaleza, también la unidad.

La unidad con mayor fortaleza es la unión con los padres. Y con los míos hay una profunda relación de amor, ellos estaban ahí para traerme a este mundo, crearme ese andamio “scafolding” que significa alimentación y cobijo, vivieron mi adolescencia y observaron cómo desplegaba las alas para volar a la vida, bendiciéndome.

Crecer es dejar de culpar a tus padres y de sentirte víctima. Independientemente de si ellos lo hacen bien o lo hacen mal, sin juzgar, sin ser ni reo ni juez, voy a centrarme en mi y en lo que yo percibo. Voy a hacer como si ellos no existieran y solo existiera mi mente.

Necesito saber si, inconscientemente soy yo quien les está echando la culpa y si soy yo quien está generando la violencia hacia ellos, aunque percibo que son ellos, que ellos me culpan violentamente de sus miserias.

Hoy pongo en duda mi percepción, pues sé que engaña, sé que mis experiencias siempre vienen determinadas por mi forma de ver y entender la vida, por mis creencias y las creencias de mi sistema familiar.

Mi mente me dice que ellos se han sacrificado por mí y por tanto, en su frustración, me atacan y me exigen. Pero quizás, soy yo que les estoy atacando al sentirme que me sacrifico por ellos. Tal vez soy yo quien está generando la relación tóxica, a pesar de que lo percibo por su parte. ¿Yo me sacrifico por ellos?  ¿Qué parte de mi se ha sacrificado en mi niñez y adolescencia, y se sigue sacrificando y qué parte es mi esencia? ¿Por qué yo no conecto en pensamientos y sentimiento con ellos? ¿Les puedo perdonar?

Mi niño interior vivió a menudo el conflicto de querer algo, pero necesitar comportarse de forma diferente, y esa era una vivencia dolorosa. La educación es necesaria porque vivimos en sociedad y los comportamientos deben ser modulados hacia zonas de convivencia posibles. Sin embargo, en la mente poco formada de un niño, es percibida con dolor y desagrado.

Hasta hoy, tengo la percepción de una relación especial con mis padres, basada en la culpabilidad. Comunicarme con ellos me produce una sensación inequívoca de culpa. Soy consciente de que nada debo, nada he hecho mal intencionadamente ni nada racional apoya el hecho de que yo no sea suficiente. Pero me siento culpable.

Cuando ellos me envían la culpa, así como si fuera un regalo, yo, primero, asumo mi cuota de responsabilidad. Y evalúo mi error, lo acepto y aprendo de él. Trato de afrontar la situación con objetividad, entender que todo forma parte del aprendizaje, comprender la complejidad de las circunstancias y en algunos casos incluso pedir disculpas si es necesario. Así como corregir mi negligencia e imprudencia en mis acciones.

Con mucha dosis de empatía hacia los ellos y a cómo pueden sentirse como consecuencia de mis actos. Pero me siento culpable cuando nos comunicamos y creo que ellos intentan a través de mi culpabilidad mantener la relación conmigo para que yo no me pueda ir.

Siento que me culpan de su propio sufrimiento, de mi escasa capacidad para educar a mis propios hijos, de mi equivocada comprensión sobre lo que es la vida, de las decisiones erróneas que tomo, y de un conjunto de cosas de las que no soy consciente pero que voy poco a poco dándome cuenta.

Tengo la sensación interna permanente con ellos de haber hecho algo malo, de ser mala persona, de hacer daño a los demás, de haber infringido alguna ley, principio ético o norma, tanto en situaciones reales como imaginarias,​ produciendo un malestar continuado.

De acuerdo con la Terapia Gestalt, detrás de la culpa hay resentimiento y detrás de éste, se esconde una exigencia. El remordimiento es un sentimiento que nos puede acompañar durante mucho tiempo y hacernos mucho daño a nivel mental y psicológico.

En mis relaciones sentimentales del pasado también me ha ocurrido. En estas relaciones, he sentido ira y violencia contra mí. “Ahora dejo de hablarte”. “Ahora te grito”. “Ahora te amenazo”. “Ahora te pongo una demanda judicial”. “Y es por tu culpa”.

Nulla poena sine culpa, "no hay pena sin culpa". La culpa, en el Derecho Penal, se refiere a la acción delictiva que se comete sin el debido cuidado para evitar el daño, sin intencionalidad por parte del sujeto activo.  Por el contrario, el dolo supone actuar de manera deliberada e intencionada para cometer un delito. Yo soy inocente.

No es sano sentirme juzgado ni que yo juzgue a nadie, cada uno está en su búsqueda de su camino de liberación y piensa y obra en esa dirección. Todos estamos en ese camino y caminamos unidos de la mano. Suspender el juicio, abstenerse de juzgar, es la verdadera prueba de amor hacia ellos.

Me pongo en el lado de la víctima ante ellos. Siento que ellos tienen conmigo una relación que se deriva del ego y la culpa, no basada en el amor incondicional, laxa por definición. Como padres, yo he esperado generosidad muchas veces, pero he visualizado interés y manipulación.

Si lo siento es probablemente porque lo estoy proyectando y eso es lo que yo estoy haciendo con ellos. Es como un espejo. Pasa a veces que vemos con claridad algo en los demás y nos damos cuenta de que en realidad está en nuestro interior, nos es imposible digerirlo y decidimos escupirlo fuera sobre otras personas.

¿Estoy yo intentando obtener algo y mantengo al dador aferrado mediante la culpa? ¿Creo que la separación, la ira y la violencia gana amigos? ¿Creo que puedo conservarlos haciéndoles sentir culpables? ¿Me debería percatar ya de que es lo que estoy haciendo?

Cuando sea capaz de crear consciencia sobre el mecanismo, esta extraña relación se convertirá en una atracción enfermiza y que atrae poco. Lo que antes era real y sólido, ahora deja de ser interesante y pide abandonar, al no ser ya valioso. Es una monstruosidad y no le corresponde estar en mi mente sana.

Antes mi violencia parecía protegerme, creaba distancia y separación, ahora se hace la luz. He tenido últimamente un episodio de extremada violencia contra mí, con gritos, amenazas y denuncias judiciales. He llorado y me ha provocado un ataque de ansiedad. En ese momento de sanación he roto la cadena que me unía a la culpa. Dejo de pensar que la violencia viene de su parte y dejo de culpabilizarlos. Dejo yo de proyectar mi culpa, dejo yo de ser culpable para ser inocente.

Aprendo lo que significa el sacrificio. Si me sacrifico a mí mismo me engrandezco, considero que así me purifico. Este es probablemente la creencia básica más dañina que yo he tenido. Lo es porque, a manera de colateral, me ha generado resentimiento en el proceso, a veces incluso un amargo rencor. Lo veo en mi al haber creído sacrificar mi vida por los demás.  

Al sacrificarme y sentir resentimiento, aparece una necesidad de ataque, eso sí, mezclado y edulcorado con expresiones de amor. Mas, hacer sentir culpable a otro es un ataque directo, aunque no parezca serlo. “Te he dado los mejores años de mi vida”, “te he dado las decisiones más importantes de mi vida”, las he oído en mi familia, pero también podrían ser palabras mías.

Me siento culpable y culpabilizador. Al sentirme culpable, espero ser atacado, y habiendo pedido eso, me siento atraído por el ataque. El ataque constante se hace vicio. Aparecen las relaciones tóxicas.

En tales relaciones enfermas, la atracción de lo que no deseo parece ser mucho mayor que la atracción de lo que sí deseo. Cada uno piensa que ha sacrificado algo por el otro y lo odia por ello. En lugar de estar enamorado, estoy enamorado del sacrificio que yo hago.

Este es el juego: Por este sacrificio que me impongo a mí mismo, exijo que el otro me acepte la culpa y se sacrifique a sí mismo también, cerrando así el círculo.

“Te perdono” rompe este círculo vicioso, pero para ello hay que tener confianza en que perdonar no rompe la relación. Perdonar no rompe. O sí la rompe, pero probablemente para después poder reconstruir una relación de amor de verdad. Tal vez hay que perder el miedo a romper.

Es necesario romper la creencia de que la culpa mantiene a todas sus relaciones intactas, continuamente atacando y negando el perdón. Una relación no está intacta solo porque lo cuerpos estén juntos, pensamiento y sentimiento importan.

Para el Ego, mientras el cuerpo esté ahí para recibir su sacrificio, él es feliz. Para él, la mente es algo privado, y el cuerpo es lo único que se puede compartir. Todo aquello que hace que el otro se sienta culpable y que le impida irse debido a la culpa es "bueno", lo que lo libera de la culpa es "malo", pues dejaría de creer en la cercanía de los cuerpos y se marcharía.

La unión se basa en el sacrificio y el sufrimiento. Me casé con violencia y miedo a la soledad. Probablemente, creía que mitigaba mi culpa proyectándola en la otra. Quizás, atacaba y hería con temas sin importancia, de forma inconsciente, y exigía el sacrificio de ella. Tal vez, la violencia y la ira se convirtieron en el mecanismo de proyectar mi culpa sobre la otra. Y al formarse la unión en el Altar, creí que tenía el derecho, la furia fue mucho mayor.

Estar con un cuerpo no es estar en comunicación.  Era una locura creer que yo iba a ser abandonado si me comunicaba verdaderamente. Me encontraba a salvo en la culpa y en peligro cuando me comunicaba. Pensaba que la soledad se superaba mediante la culpa, y que la comunicación honesta y auténtica era causa suficiente para la soledad.

Quiero crecer de la condenación y la culpa a la comunicación y el perdón. Y vivir el instante, porque en el aquí y ahora la culpa no es atractiva. Al haber comunicación no hay soledad. He dejado de decir “lo siento” y “perdóname”, para decir “te perdono”. La culpa es como un saco de ladrillos: solo hay que descargarlo.

Ya sé lo que es, he experimentado un instante indescriptible. Un instante eterno. Ha sido indescriptible porque así lo hemos deseado dos personas, nosotros, y la grandeza nos lo ha regalado. Ha sido como si se obrase a través de nosotros.

Podemos vivir un instante indescriptible para siempre, empezando desde ahora hasta la eternidad. Que cada momento sea de recibir y dar perfecta comunicación. Que en cada momento nuestra mente sea receptiva, tanto para recibir como para dar. Nuestras mentes están en comunicación, sin tratar de cambiar nada, sino simplemente aceptando todo.

Me ha gustado mucho que entre nosotros no ha habido pensamientos privados. Hemos renunciado a ellos. No hemos tenido pensamientos que no hayamos compartido, y los que yo he tenido no me los he reservado exclusivamente para mí. No sería posible compartir solo la mitad y quedarme con pensamientos que no deseo compartir. Así es la comunicación completa.

A veces hemos tenido pensamientos de culpa molestos, no pasa nada por tenerlos, pero lo bonito es que no hemos deseado conservarlos privados. Eso es inocente. 

No quiero ocultarte nada. Me encanta cuando me preguntas qué estoy pensando, me ayuda a dejar de proteger pensamientos que podría negarme a compartir sin darme cuenta. Es mejor dejar que la pureza de nuestra relación los desvanezca con su fulgor. Deseo que no seamos rehén de nada ni de nadie.

Hemos empezado un largo viaje juntos tú y yo. Hoy a mí me toca trabajar una mochila de culpabilidad que mi padre ha decido tirarme. ¡Qué regalo! Me ha llamado esta mañana para recordarme lo mal padre que soy dejando a Manuel solo en casa. Yo soy inocente, no hago más que cuidar bien de mis hijos. Con todo respeto le devuelvo su mochila y yo la dejo ir. “Te perdono, papá”. Si soy auténtico y puro en mi ser: “Gracias por tratar de hacerme sentir culpable, papá, porque nunca más cambiaré de rumbo para intentar complacerte.”. Crecer es dejar de culpar a los padres.

Un amor con límites es solo una ilusión innecesaria, el amor incondicional no tiene límites.

Tú me ayudas mucho a ser auténtico y puro en mi ser. Muchas gracias.


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